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¿Cuál es el “Don de Dios”?


Un estudio de Efesios 2:8,9

“Porque por gracia sois salvos por medio de la fe;

y esto no de vosotros,

pues es DON DE DIOS;

no por obras, para que nadie se gloríe.”

(Efesios 2:8-9)

¿Cuál es “EL DON DE DIOS” al que se refieren estos versículos? Esta es una pregunta clave que debe ser respondida con cuidado. Hay muchos que enseñan que, en este pasaje, Pablo se estaba refiriendo a la FE como el DON DE DIOS. Ellos dicen que una persona no puede ser salva a menos que Dios le de al pecador el don de la fe salvadora. Muchos de estos maestros [usualmente instruidos en la Teología Reformada o Teología del Pacto] insisten que la regeneración precede a la fe (es decir, que una persona debe haber nacido de nuevo antes de que pueda creer). Este punto de vista es inconsistente con la clara enseñanza de la Biblia. Por ejemplo, Juan 1:12 no dice: “Mas cuantos fueron regenerados, a ellos ÉL dio poder para creer en Su Nombre, a los que fueron hechos hijos de Dios”. También Juan 20:31 dice, “para que creyendo, tengáis vida”. No dice, “para que teniendo vida, podáis creer” (que es lo que uno esperaría que dijera, si la regeneración precediera a la fe). Para un estudio más detallado sobre esto ver ¿La Regeneración precede a la Fe?

¿Qué es “el don de Dios” en Efesios 2:8-9? ¿Es la fe o es alguna otra cosa?

La clave para entender Efesios 2:8-9 es identificar correctamente el antecedente del  pronombre “esto” (touto). El pronombre “esto” (v.8), ¿se refiere a la fe o se refiere a lasalvación? Hay quienes dicen que la “fe” es el don de Dios y hay otros que dicen que la “salvación” es el don de Dios. Consideraremos ahora estas dos maneras de interpretar este pasaje, como también otros dos puntos de vista que son una variación de los primeros dos:

#1 – La Fe es el Don de Dios

“Porque por gracia sois salvos por medio de la FE; y ESTA FE no es de vosotros, esta fe es don de Dios; esta fe no es por obras, para que nadie se gloríe” (en este caso el antecedente del pronombre se identifica como “fe”).

#2 – La Salvación es el Don de Dios

“Porque por gracia SOIS SALVOS por medio de la fe; y ESTA SALVACIÓN no es de vosotros, esta salvación es don de Dios; esta salvación no es por obras, para que nadie se gloríe” (en este caso el antecedente del pronombre es identificado como “salvación”, lo cual es la idea del verbo principal “sois salvos”).

La salvación es el don de Dios y este don es recibido por fe personal. El don es la salvación; y este don se recibe por fe.

Variación de la Postura #1

Hay una tercera postura que, al igual que la postura #1, dice que el don de Dios es la fe, pero que, al contrario del punto de vista #1, dice que la salvación, no la fe, “no es por obras”. Esta es la opinión de Charles Hodge y otros. Estos hombres comprenden que Pablo nunca diría que “la fe no es por obras” (por motivos que analizaremos más adelante) y por eso se ven obligados a colocar un paréntesis forzado y artificial en el medio de estos versículos. Esta opinión puede formularse como sigue:

“Porque por gracia sois salvos por medio de la fe (y esta fe no es de vosotros, esta fe es el don de Dios), no por obras (es decir, esta salvación no es por obras), para que nadie se gloríe”.

Si el pronombre se refiere realmente a la “fe”, entonces es mejor ser consistente con “fe” en todo el versículo. El motivo del paréntesis es que hombres como Hodge se dan cuenta que es difícil decir que la “fe no es por obras” y esta dificultad será analizada más adelante. Esta opinión de Charles Hodge y de otros es en realidad una variación del primer punto de vista mencionado, que dice que la “fe” es el antecedente del pronombre (“esto”). Ellos enseñan que la “fe” es el don de Dios. Ellos están en lo cierto al decir que la salvación no es por obras; ellos están equivocados cuando dicen que este pasaje enseña que la fe es el don de Dios.

Variación de la Postura #2

Hay una cuarta postura que dice que todo el proceso de salvación (incluyendo la fe) es el don de Dios: “él (el pecador que viene a Cristo) se da cuenta que todo el proceso de salvación es un don de Dios, incluso la gracia de Dios y su propia elección de creer (Efesios 2:8-9). Juan Calvino también era de esta opinión. Calvino no creía que ese pronombre se refiriera a la “fe”. El creía que se refería a la “salvación por gracia mediante la fe” (todo el proceso de salvación, incluida la fe). ¿Es la salvación el don de Dios? Esta postura diría que “sí”. ¿Es la fe el don de Dios? Esta postura diría nuevamente que “sí”, porque la fe es considerada parte de la totalidad del proceso de salvación. De modo que, según esta opinión, no solo la salvación, sino también la recepción de la salvación (“fe”), serían el don de Dios.

Este punto de vista confunde el don con la recepción del don. Esto conduce a un problema obvio. Pongámonos en el lugar del pecador. Si la fe en Cristo es el don de Dios, ¿cómorecibo esta fe? En lugar de preguntar, “¿Qué debo hacer para ser salvo?”, debo preguntar “¿Qué debo hacer para creer?” Si la fe es el don de Dios, ¿cómo obtengo este don? ¿Debo orar a Dios pidiendo el don de la fe? ¿O me siento y hago nada, con la esperanza de que sea uno de los escogidos a quienes será dado este don? ¿Cómo obtengo el don de la fe salvadora? Esto es muy confuso y nos impide poner nuestra mirada donde debemos ponerla, esto es en Jesucristo y ÉL crucificado.

Identificando el Antecedente

Algunos podrán argumentar que “fe” es el antecedente más próximo: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros” (Efesios 2:8). Es cierto que “fe” es el antecedente más próximo, pero puesto que hay numerosos casos en el Nuevo Testamento donde el antecedente más próximo no es el correcto, debemos ser cuidadosos al aplicar esta “regla”. Hay otras consideraciones más importantes.

Esta es la regla que la gramática griega exige seguir: Los pronombres están de acuerdo con sus antecedentes en género y número. Su caso está determinado por el propio artículo.

Esta regla es un fuerte argumento contra la afirmación de que el antecedente es “fe” porque “fe” no está de acuerdo con el género del pronombre. El pronombre “esto” (v.8) esNEUTRO, y la palabra “fe” (v.8) es FEMENINO. Si Pablo hubiese querido que sus lectores entendieran que el pronombre se refería a “fe”, entonces no hay razón para que no usara la forma femenina del pronombre. Si Pablo hubiese usado la forma femenina del pronombre, habría quedado claro y obvio que la FE es el don de Dios. Pablo no usó la forma femenina del pronombre.

¿Por qué usó Pablo el pronombre neutro? ¿Cuál es el antecedente? Si Pablo quería referirse a la idea contenida en el verbo principal (la idea de ser SALVO), habría sido perfectamente normal y apropiado usar el género neutro. Habría sido muy natural para Pablo decir, “Porque por gracias SOIS SALVOS por medio de la fe, y esta cosa de la cual estoy hablando, es decir, la salvación, no es de vosotros, es don de Dios…”  Si Pablo quería que el pronombre se refiriera a la idea contenida en el verbo, correspondía que usara la forma neutra.

Debemos ponderar con cuidado Efesios 2:8-9 para identificar correctamente el antecedente. Debemos preguntar, “¿De qué está hablando Pablo en Efesios 2:8-9? ¿Cuál es su punto principal?” Es obvio que Pablo está hablando de CÓMO UNA PERSONA ES SALVA. La idea principal de la frase se encuentra en el verbo “SOIS SALVOS”. ¿Cómo es salva una persona?

Efesios 2:8-9 responde esta pregunta clave. La salvación es por gracia. La salvación es mediante la fe. La salvación no es de vosotros. La salvación es el DON DE DIOS. La salvación no es por obras. Pablo no está dando una disertación sobre la fe, sino está dando una breve disertación sobre la salvación. Su tema principal es la SALVACIÓN. La fe es mencionada porque no puedes responder la pregunta “¿CÓMO ES SALVA UNA PERSONA?” sin mencionar la fe. Una persona es salva por creer en el Señor Jesucristo (Hechos 16:31). El don de Dios de la salvación tiene que ser recibido personalmente y es recibido por fe en el Señor Jesucristo.

EL DON DE DIOS – El Uso en el Nuevo Testamento

La Biblia se explica a sí misma. No necesitamos depender únicamente de Efesios 2:8 para descubrir qué es el don de Dios. Hay muchos otros pasajes en el Nuevo Testamento que nos dicen claramente cuál es el don de Dios. ¿Cómo se usa la expresión “don de Dios” en otras partes del Nuevo Testamento por Pablo y por otros?

Un estudio de otros lugares en que se usa la palabra “don” en el Nuevo Testamento indica lo siguiente:

δωρον  un don, un presente (sustantivo neutro)

Esta palabra se usa en referencia al “don de Dios” una sola vez, y se encuentra en el pasaje que estamos considerando (Efesios 2:8). Sin embargo, hay otras palabras griegas relacionadas que se han traducido como “don” y son las siguientes:

δωρεα  un don (sustantivo femenino)

Juan 4:10—el don de Dios es vida eterna (comparar v.14)

Hechos 2:38; 8:20, 10:45, 11:17—el don de Dios es el Espíritu Santo.

Romanos 5:15,17—estos versículos hablan del don de la justicia (justificación) y vida (comparar versículos 18, 21).

2 Corintios 9:15—este versículo habla del don inefable de Dios, que es Jesucristo.

Nótese que esta palabra nunca se usa para la fe.

δωρημα un don, un presente (sustantivo neutro)

Esta palabra nunca se usa para la FE, sino se usa para el don de Dios de la salvación o justificación (ver Romanos 5:16).

καρισμα un don dado gratuita y benignamente (sustantivo neutro)

Romanos 6:23—el don de Dios es vida eterna (comparar Romanos 5:15-16).

Esta palabra nunca se usa para FE (excepto en 1 Corintios 12:9, que habla del don transitorio del don de fe que obra milagros, pero no de la fe que salva).

* * * * * * *

Por lo tanto, en ningún otro lugar del Nuevo Testamento la palabra “DON” se refiere a la fe que salva, aunque reconocemos que si no fuera por la misericordia de Dios y Su benevolente capacitación e iluminación, no podría ejercitarse la fe salvadora (Juan 6:44, 65; Romanos 9:16, Mateo 11:27; 16:16-17; Hechos 16:14; etc.).

Hemos visto entonces que en el Nuevo Testamento hay muchos pasajes que hablan de la  SALVACIÓN (o justificación o vida eterna) como siendo el don de Dios, especialmente en los escritos de Pablo. En vista de esto, es más seguro identificar “el don de Dios” en Efesios 2:8 con la SALVACIÓN, a menos que hubiera algunas razones obvias para hacer otra cosa. Si Efesios 2:8 se refiriera a que la fe es el don de Dios, este sería el único lugar en el Nuevo Testamento en el que Pablo dijera algo así.

Puesto que el pronombre está en género neutro (que no está de acuerdo con el género femenino de la palabra “fe”) y puesto que el Nuevo Testamento, en otras partes, dice que la salvación es el don de Dios, tenemos buenas razones para concluir que, en Efesios 2:8, el don de Dios es la salvación.

“No por obras” – el Uso en el Nuevo Testamento

“No por obras, para que nadie se gloríe” (Efesios 2:9). ¿Qué cosa no es por obras? ¿Pablo está diciendo que la fe no es por obras o está diciendo que la salvación no es por obras? Nuevamente es útil hacer un estudio del empleo que Pablo hace en el Nuevo Testamento:

En Romanos 3:20 Pablo dice que la justificación no es por obras.En Romanos 3:27 Pablo dice que la justificación no es por obras.En Romanos 3:28 Pablo dice que la justificación es sin obras.

En Romanos 4:2, 6 Pablo dice que la justificación no es por obras.

En Romanos 9:11 Pablo dice que la elección no es por obras.

En Romanos 9:32 Pablo dice que la justicia no es por obras.

En Romanos 11:6 Pablo dice que la elección no es por obras.

En Gálatas 2:16 Pablo dice que la justificación no es por obras.

En 2 Timoteo 1:9 Pablo dice que la salvación y el llamamiento de Dios no son conforme a nuestras obras.

En Tito 3:5 Pablo dice que la salvación no es por obras.

Si Efesios 2:9 significa que la SALVACIÓN NO ES POR OBRAS, eso estaría en armonía con todos los pasajes mencionados. Pablo repite muchas veces que la salvación no es por obras, pero en ningún otro lugar en el Nuevo Testamento dice Pablo que “la fe no es por obras”. Pablo dice una y otra vez que la salvación (justificación) no es por obras, pero él nunca dice que la fe no es por obras. Sería torpe decir algo así. Que la fe no es por obras es tan obvio, que no es necesario decirlo. Como ha dicho John Eadie, “tu puedes decir que la salvación no es por obras, pero no puedes decir con propiedad que la fe no es por obras.” Por esto es que hombres como Hodge se ven obligados a poner un paréntesis en este pasaje: “sois salvos mediante la fe (y esto no de vosotros, pues es don de Dios) no por obras.” Hodge quiere que este versículo diga que la fe es el don de Dios (porque esto está de acuerdo con su Teología Reformada). Sin embargo, Hodge sabe que Pablo nunca diría que “la fe no es por obras”.

La Biblia dice repetidas veces que no somos salvos por obras (ver los versículos citados arriba). La Biblia también dice repetidas veces que somos salvos o justificados por fe (Romanos 5:1; etc.). Si un hombre no es salvo por obras, sino por fe, entonces es obvio que la fe no es una obra: “mas al que no obra, sino cree…” (Romanos 4:5). La fe y las obras no van juntas. La fe no es una obra. La obra es algo por lo cual nos podemos atribuir méritos. La obra es algo por lo cual podemos recibir recompensa. Obra es algo de lo cual nos podemos jactar. La obra es meritoria. La fe no es meritoria. Una persona no puede “merecer reconocimientos” o “jactarse” de su fe, porque la fe no es meritoria (no merece recompensa u honor). La fe no es algo de lo cual una persona pueda ufanarse. La fe no puede atribuirse méritos. La fe da todos los méritos a Cristo. La fe reconoce que Cristo recibe todo el mérito y alabanza y honor, porque ÉL lo hizo todo. La fe no es algo “bueno” que hace el hombre, sino es simplemente un reconocimiento de parte del hombre de que “no puedo hacer nada bueno, y que, por lo tanto, necesito un Salvador”. Solamente alguien que ignora totalmente el evangelio y el significado de “la fe”, podría tratar de atribuirse méritos por su fe. El hecho de creer no tiene mérito alguno.

Decir que la fe es una obra, es totalmente contrario a lo que el Nuevo Testamento enseña sobre la salvación. La salvación “no es por obras” y es totalmente “sin obras” (Romanos 3:28; 4:6). Los que creen, son los que “NO OBRAN” (Romanos 4:5). ¿Qué es lo que hacen entonces? Ellos DESCANSAN simplemente en la obra acabada de Cristo, quien lo hizo todo y lo pagó todo.

Si Efesios 2:9 habla de que la fe “no es por obras”, entonces este es el único lugar en el Nuevo Testamento en que Pablo hace una afirmación de esta naturaleza. Por otra parte, si este versículo está diciendo que la salvación no es por obras, esto estaría de acuerdo con lo que Pablo enseña frecuentemente en otras partes y este sería uno de los muchos versículos del Nuevo Testamento que enseña esta verdad.

Como ejemplo práctico, piense en cómo compartimos el mensaje de salvación con los que están perdidos. Muchas veces les decimos que la salvación no es por obras. Todas las religiones falsas enseñan algún tipo de salvación por medio de algún sistema de obras. Cuando compartimos el evangelio le decimos claramente a la gente que la salvación no es por obras y queno hay nada que ellos pueden hacer para ganar su salvación o para ganarse el favor de Dios. Por otra parte, no le decimos al pecador: “Amigo, la fe no es por obras. No puedes hacer nada para creer.” No, la fe es algo que el pecador debe hacer. El pecador es responsable de tomar a Dios por Su Palabra y descansar sobre la EXCELENCIA (quien ÉL es), la OBRA(lo que ÉL ha hecho) y la PALABRA (lo que ÉL ha dicho) del Salvador. Aunque la fe no es una obra meritoria, es algo que el hombre tiene que hacer: “Entonces le dijeron: ¿Qué debemos hacer para poner en práctica las obras de Dios? Respondió Jesús y les dijo: Esta es la obra de Dios, que CREÁIS en el que él ha enviado” (Juan 6:28-29). Es algo que el hombre es responsable de hacer y si no lo hace, es condenado (Juan 8:24; 3:18).

La Fe Salvadora

En Efesios 2:8, la fe no es el don. La fe es como recibimos el don. La fe es la mano del corazón que se extiende y recibe lo que, en Su benevolencia, Dios da. La fe es la respuesta del hombre a la bondadosa provisión y promesa de Dios. Fe es tomar a Dios por Su Palabra y descansar totalmente en Jesucristo, en QUIÉN ES ÉL, EN LO QUE ÉL HA HECHO y EN LO QUE ÉL HA DICHO.

Algunos calvinistas extremos tienden a hablar de la fe como de algo que el hombre no puede hacer. Esto es el resultado de una comprensión equivocada de la incapacidad del hombre. La pregunta que hizo el carcelero de Filipo era esta: “¿Qué debo hacer para ser salvo?” (Hechos 16:30). Algunos contestarían de esta manera: “¡Nada! No puedes hacer nada. Estás muerto y eres absolutamente incapaz de responder a Dios hasta que seas regenerado. No tienes ninguna parte en la salvación. Dios tiene que hacerlo todo. No puedes ejercer una fe salvadora”. Esta respuesta puede estar de acuerdo con el sistema teológico que uno tenga,  pero tiene un problema. Esto no es como respondieron Pablo y Silas a la pregunta. Pablo y Silas dijeron al carcelero que había algo que él podía hacer y que él era responsable de hacer: “CREE en el Señor Jesucristo” (Hechos 16:31 y comparar como respondió Pedro a una pregunta similar en Hechos 2:37-38).

Sea cual sea el sistema teológico que uno tenga, Hechos 16:31 es muy claro. Dios tiene que salvar; el hombre tiene que creer. Salvar es algo que tiene que hacer Dios. Creer es algo que el pecador tiene que hacer. Dios no cree en lugar del hombre. Aún William Hendricksen (que es Reformado en su teología y que cree que la fe es el don de Dios en Efesios 2:8), dice, “tanto la responsabilidad de creer como su diligencia son nuestras, porque Dios no cree por nosotros”. Otra ilustración podría ser el relato de las serpientes mortíferas en el desierto en Números 21. ¿Deberíamos decir que los israelitas no tuvieron que hacer su parte para liberarse de las mortíferas serpientes? ¡Por cierto que no! Su parte era MIRAR; la parte de Dios era SANAR. Ellos miraron y Dios los sanó.

La fe es cuando el pecador reconoce humildemente su desesperada necesidad y se da cuenta de que Dios tiene que realizar toda la salvación. La salvación es totalmente obra deDios; la fe es totalmente responsabilidad del hombre. El hombre no contribuye a su salvación. Es obra de Dios. Dios no contribuye a la incredulidad del hombre. Es obra del hombre. Solo Dios puede salvar; el hombre tiene que creer. Los que son salvos, sólo pueden dar gracias a Dios; los que se pierden, sólo pueden culparse a sí mismos. Dios recibe todo el mérito por la salvación del hombre; el incrédulo tiene que cargar con toda la culpa y la responsabilidad por su condenación eterna. La persona salva dice con gratitud, “Estoy en el cielo por causa de Dios”. La persona perdida tendrá que reconocer, “Estoy en el infierno por culpa mía”. Su condenación no se basa en que Dios lo rechazó a él, sino en que él rechazó a Dios (Marcos 16:16; 2 Tesalonicenses 2:10,12; Juan 5:40).

Jamás nadie estará en la presencia de Dios diciendo, “Estoy condenado porque Dios nunca me dio el don de la fe.” Tal excusa nunca será pronunciada. Todos los hombres son responsables de creer. A todos los hombres se les manda creer y arrepentirse (1 Juan 3:23 y Hechos 17:30). Dios dice, “Mirad a mí” (eso es fe), y sed salvos, todos los términos de la tierra” (Isaías 45:22). De acuerdo con 1 Timoteo 2:4, Dios quiere que TODOS LOS HOMBRES VENGAN a ÉL (y venir a Cristo es lo mismo que creer en ÉL –Juan 6:35). Los hombres son responsables de creer y de venir y de arrepentirse. Los hombres son condenados por toda la eternidad por no hacer esto (Juan 8:24; 3:18; etc.).

D. L. Moody dijo en una oportunidad, “Algunos dicen que la fe es el don de Dios. También lo es el aire, pero tú tienes que aspirarlo; también el pan, pero tú tienes que comerlo; también el agua, pero tú tienes que beberla. Algunos desean alguna especie de sentimientos milagrosos. Eso no es fe. ‘La fe es por el oír, y el oír, por la Palabra de Dios’. No se trata de que yo me siente a esperar que la fe me sobrevenga… soy yo quien debo tomar a Dios por Su Palabra”.

De acuerdo con el apóstol Pablo, fe es “estar plenamente convencido de que Dios es poderoso para hacer todo lo que ha prometido” (Romanos 4:20-21). Dios ha prometido salvar a todos los que se acercan a ÉL por medio de Cristo (Hebreos 7:25), y el hombre de fe está totalmente persuadido y convencido de que Dios hará esto. Nótese también que Romanos 4:3 y Romanos 4:5 hablan de “su fe” (la fe de Abraham), no la fe de Dios. Un estudio del verbo “creer” en el Nuevo Testamento revela que el sujeto del verbo es el hombre (siempre son hombres o personas los que creen) y el verbo se usa en su forma activa, lo que significa que son los hombres y las mujeres, niños y niñas, los que deben llevar a cabo la acción del verbo. Tales personas deben creer. Dios los responsabiliza por hacer o no hacer tal cosa.

¿Qué Diferencia Hace Todo Esto?

¿Por qué está mal decir que la FE es el don de Dios? ¿Hay realmente alguna diferencia? ¿Cuáles son las implicaciones prácticas de decir tal cosa?

Recomendaría un artículo escrito por Roy L. Aldrich titulado “El Don de Dios”. El autor demuestra convincentemente que la interpretación de Efesios 2:8 que dice que la FE es el DON DE DIOS lleva a la doctrina de la fe del hiper calvinismo, la que a su vez lleva a un plan de salvación que no es según las Escrituras. Shedd dice, “El calvinismo sostiene que la fe es totalmente de Dios, y que es uno de los resultados de la regeneración” (Dogmatic Theology, Vol. II, p.472). Esto tiene por resultado un plan de salvación extraño. Según Shedd, por cuanto el pecador no puede creer, él es instruido a realizar los siguientes deberes: 1) Leer y escuchar la Palabra divina; 2) Aplicar con seriedad su mente a la verdad; 3) Orar por el don del Espíritu Santo por convicción y regeneración (Dogmatic Theology, Vol.II, p.512-513). Arthur Pink está de acuerdo con Shedd diciendo que el creyente debe “pedir a Dios que le conceda el don del arrepentimiento y la fe” (“La Soberanía de Dios”). Aquí va el excelente comentario de Roy Aldrich: “La tragedia de esta posición es que pervierte el evangelio. El pecador es instruido equivocadamente a pedir a Dios lo que Dios ya le está exhortando que reciba. Se le está diciendo, en realidad, que la condición para la salvación es la oración en vez de la fe”.

Otra ilustración de esto viene del púlpito del Dr. John MacArthur, un maestro de la Biblia muy popular en América. El Dr. MacArthur cree y enseña que la fe es el don de Dios. Esta enseñanza tiene algunas implicancias prácticas y afectará la manera en que una persona presenta el evangelio.

Si la fe es el don de Dios, ¿CÓMO OBTENGO LA FE? ¿No hago nada con la esperanza de que Dios soberanamente me la otorgue? O, ¿clamo a Dios y le pido que me de el don de la fe salvadora? Aparentemente, el Dr. MacArthur mantiene esta segunda opción. Al final de uno de sus mensajes él dio una invitación para salvación y dijo lo siguiente: “La fe es un don de Dios…es permanente…la fe, que Dios da, engendra obediencia… Dios te la da y ÉL la sostiene…quiera Dios concederte la verdadera fe salvadora, un don permanente que comienza en humildad y quebrantamiento por el pecado y termina en obediencia para justicia. Esa es la verdadera fe y es un don que solamente Dios puede dar, y si la deseas, ora y pide que ÉL te la conceda”.

Nótese lo que MacArthur está haciendo. El no le está diciendo al pecador que crea en el Señor Jesucristo (Hechos 16:31), sino que ORE y PIDA A DIOS que le de el DON DE LA FE. Esto pervierte el evangelio de Cristo haciendo que la condición de la salvación sea la oración en lugar de la fe. A los pecadores se les manda que crean en Cristo. No se les manda que oren por el don de la fe.

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Efesios 2:8-9 no es complicado. Es uno de los primeros pasajes que memoricé como nuevo creyente. Siempre entendí que significaba que la salvación era el don gratuito de Dios, y que la fe era el medio por el cual yo recibía ese don. Solo cuando empecé a leer a ciertos teólogos, me di cuenta que había otra interpretación. Que Dios nos ayude a no complicar ni corromper el mensaje de salvación, un mensaje tan directo y sencillo, que hasta un niño lo puede entender.

 

Fuente: middletownbiblechurch.org

Autor: George Zeller,  Marzo 2000

Usado con permiso

Enseña MacArthur una salvación por gracia o por obras? (Parte 2)


El Sermón del Monte (Mateo 7:13-14)

Tal como lo explica MacArthur, “la salvación es una elección que cada persona debe efectuar, pero no es solo una decisión momentánea en el sentido en que, a menudo, la consideramos…en la culminación de todo lo que tenia para decir en el Sermón del Monte, el Señor demanda que cada persona elija entre seguir al mundo por el camino de fácil transitar, o seguirle a él por el camino difícil. En ninguna otra parte de la Escritura encontraras una definición más clara del evangelio según Jesús” (p. 180).

MacArthur enseña que “Cristo es la puerta; Él es el camino (página 181). Por primera vez en su libro finalmente llega a mencionar el evangelio tal como lo define Pablo en 1 Corintios 15. Acertadamente observa “que es la única base de la salvación. La muerte de Cristo sobre la Cruz pagó el precio por nuestros pecados (1 Corintios 15:3), y su resurrección revele que había conquistado la muerte (1 Corintios 15:20)” (p. 181).

Aún así, MacArthur insiste en que “entrar por la puerta estrecha no es fácil. El señala que, cuando se le preguntó: “Señor, ¿son pocos los que se salvan?”, el Señor respondió: “Esforzaos a entrar por la puerta angosta” (Lucas 13:23). Luego agrega que la palabra griega traducida “esforzaos” implica “una lucha agonizante, intensa, con un propósito” (p. 182). “El reino de Dios no es para personas que quieren a Jesús sin ningún cambio en sus vidas. Es solo para aquellos que lo buscan de todo corazón, aquellos que agonizan por entrar. Muchos de los que se acercan a la puerta, al descubrir el costo se alejan. No sea que alguna persona objete que esto es salvación por el esfuerzo humano, recuérdese que es solamente la capacitación de la gracia divina la que otorga el poder a una persona para que atraviese la puerta. En el quebrantamiento de un arrepentimiento concedido divinamente, en la pobreza de un espíritu humilde conferido divinamente, el poder de Dios se convierte en la fuente” (p. 183).

MacArthur es inexorable en cuanto a que “la salvación requiere una transformación total…produce un cambio de vida (p. 183). …Cuando una persona se convierte en creyente le declara la guerra al infierno, y el infierno devuelve el ataque. El seguir a Cristo puede costar la vida misma de una persona—ciertamente costará la vida de uno en el sentido espiritual. Necesitan solicitarlo los quebrantados de corazón y comprometidos” (p. 185).

No hay duda que, al final del Sermón del Monte, el Señor coloca dos puertas delante de la gente, dos caminos que conducen a dos destinos. Tal como lo declara MacArthur, Cristo es la puerta y el camino, pero asume que el “esforzarse” para entrar es una referencia en cuanto a agonizar por cambiar el estilo de vida de uno. Esto no tiene por que ser verdad en absoluto. La manera de entrar es confiar en Jesucristo. La idea de esforzarse es la de, buscar con vehemencia hacerlo, convertido en una prioridad, y evitar ser indiferente en cuanto a ello. La idea que Jesús establece es la de esforzarse para entrar, lo cual se hace per la fe, no esforzarte para que cambies tu vida. ¿Esforzarte para cambiar tu estilo de vida no sería salvación por el esfuerzo propio?

El Sermón del Monte (Mateo 7:21.23)

Jesús advirtió que no todo el que dice “Señor, Señor”, o que inclusive hace milagros poderosos, entrara en el reino de los cielos (Mateo 7:21-22). Él les dirá, “nunca os conocí…hacedores de maldad” (Mateo 7:23), y no hicieron la voluntad de mi Padre que está en los cielos (Mateo 7:21). El comentario de MacArthur sobre este pasaje es que lección aquí es que, si una persona vive una vida injusta de desobediencia, no importa lo que digas, o las buenas cosas que haya hecho, es un incrédulo en peligro de condenación eterna. Esta es una advertencia muy fuerte, pero es una parte indispensable del evangelio según Jesús”. Por medio de eso, quiere decir que una persona que dice sin hacer, y escucha sin obedecer, no es creyente (pp. 189-192). “Esta es una repetición final del tema central del Sermón del Monte—que aquellos que no manifiestan una justicia genuina no entraran en el reino de los cielos” (p. 192).

Debemos admitir que las personas a las cuales Jesús les habló en Mateo 7:21-23 practicaban el libertinaje, pero ese no era el problema radical de ellos. Su problema fundamental era que no habían hecho “la voluntad de mi Padre que está en los cielos” (Mateo 7:21) y, consecuentemente, nunca habían conocido a Cristo (Mateo 7:23). La pregunta es: ¿Cuál es la voluntad de mi Padre que está en los cielos?”

Esa es una frase poco común en el Nuevo Testamento. La Escritura habla a menudo de la voluntad de Dios, pero solo raras ocasiones acerca de la voluntad del Padre. Jesús mismo nos dice: “Y este es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero. Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en el, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero” (Juan 6:39-40). La voluntad del Padre es creer en el Hijo y, así, conocerle. Esa es la idea de Mateo 7:21-23.
Obsérvese cuidadosamente que MacArthur está enseñando que obedecer a Cristo es una parte “indispensable” (p. 189) del evangelio. MacArthur define al que obedece come “el que considera la responsabilidad, el que entiende a que se está comprometiendo, y quiere hacerlo bien. Este es el hombre que oye y obedece” (Mateo 7:24) (p. 194). Aunque MacArthur dice repetidas veces que no cree en la salvación por obras, lo que dice en este capítulo, como así también en otros lugares del libro, suena come que si cree. Lo que escribe es, en su mejor aspecto, descuidado y confuso, y en Io peor del mismo, la salvación por obras. El sí dijo que alguien lo acusaría de enseñar la salvación por obras (pagina xiii). Con seguridad uno puede ver por qué pensó eso.

Discipulado

La tesis de MacArthur es que “cada creyente es discípulo” (p. 196). Cualquier distinción entre creyente y discípulo es “puramente artificial” (p. 196), y un llamado al discipulado cristiano definitivamente demanda “dedicación total”. Es una consagración plena sin guardarse nada de manera consciente o deliberada” (p. 197). Lo que sigue es un poco confuso. En cierto memento parece estar argumentando que estos son requisitos del discipulado o condiciones de la salvación. Por ejemplo, dice: “Nuestro Señor aún les enseñó que implicaba la fe de ellos en la salvación, y les recordaba constantemente del compromiso que habían hecho cuando escogieron seguirle a Él” (p. 198). Por otra parte, señala que discipulado significa confesar a Cristo delante de los hombres, y luego pregunta: “¿Significa eso que la confesión delante de los hombres es una condición para convertirse en un creyente verdadero? No, pero quiere decir que una característica de todo creyente genuino es que él o ella si confiese a Cristo delante de los hombres… La confesión es una obra humana; es impulsada por Dios, subsecuente al acto de creer, pero inseparable del mismo. Nuevamente, es una característica de la fe verdadera, no una condición adicional de la salvación” (pp. 198, 199).

El niega que la confesión sea una condición para convertirse en creyente, pero declara que es “inseparable” del hecho de creer. ¡A menos que el “creer” no sea necesario para la salvación, esto es una confusión total!

La falacia en el argumento de MacArthur es que no hay diferencia entre ser “creyente” y “ser discípulo”, entre la filiación y el discipulado. Pero la Escritura enseña que, en el momento en que una persona cree, se le da la dádiva de la vida eterna (Juan 3:16; Juan 3:37, etc.). Ser discípulo es algo totalmente diferente. La palabra griega traducida “discípulo” quiere decir aprendiz, alumno. Cuando se utiliza para designar a un aprendiz de Cristo, el término tiene una variedad de significados. En un sentido, su significado evoluciona. Al principio, se usa en un sentido general con relación a cualquier persona que aprende de Cristo (Mateo 8:21; Lucas 16:17; Juan 4:1).

Aparentemente, algunos de estos discípulos ni siquiera eran salvos (Juan 6:60-66). Todos estos aprendieron de Cristo, pero no viajaron con Él. La palabra discípulo también se utiliza específicamente con relación a los doce apóstoles que abandonaron sus ocupaciones y viajaron con Cristo (Mateo 4:18-20; Mateo 10:1; etc.). Así que, en los evangelios, un discípulo era cualquier persona, desde un simple aprendiz que no confiaba en Cristo hasta un compañero constante que viajaba con Él. Algunos, obviamente, no aprendieron mucho; por lo tanto, Cristo tuvo que definir que era un verdadero aprendiz, es decir, un discípulo genuino.

Para aprender realmente, una persona debe hacer más que llamarse estudiante y escuchar a un maestro. Hay una vasta diferencia entre anotarse en una clase y verdaderamente aprender la lección. En el caso de aprender de Cristo, uno debe comenzar confiando en él (Juan 8:30). Pero simplemente confiar en Cristo para la vida eterna no garantiza que esa persona aprendiera de él; por eso, “…Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en Él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra serás verdaderamente mis discípulos” (Juan 8:31). La palabra traducida “verdaderamente” quiere decir “realmente”. El verdadero discípulo no es solo uno que ha confiado en Cristo (Juan 8:30), sino uno que también ha comenzado a obedecer los mandatos de Cristo (Juan 8:31). En otras palabras, Jesús les dijo a los que creyeron y por lo tanto, tenían vida eterna: Ahora bien, si realmente quieren aprender, deben continuar en mi Palabra, es decir, obedecerme. Hay, pues, una diferencia entre ser “creyente” y ser “discípulo”.

Debería ser claramente obvio que hay una diferencia entre ser creyente y ser discípulo. En el memento en que una persona confía en Cristo, se le otorga el don de la vida eterna (Juan 4:10 Romanos 6:23). Es justificado “gratuitamente” (Romanos 3:24; Apocalipsis 22:17). Por otra parte, ser discípulo tiene un precio (Lucas 14:28). Esto no es una paradoja, es una simple declaración de hecho.

Si aun existe alguna duda en cuanto a que haya una diferencia entre ser creyente y ser discípulo. Considérese cuidadosamente Mateo 28:19, 20. Unido al mandato de “hacer discípulos aparecen tres verbos: ir, bautizar y enseñar. El ir incluye presentarles a Cristo a las personas (comparar Marcos 16:15, 16). El bautismo identifica al creyente con el cuerpo de creyentes, tal como un anillo de bodas identifica a la persona como casada. Enseñar es, por supuesto, instrucción. El proceso del discipulado, pues, involucra presentación de Cristo a la persona, identificación con el cuerpo de Cristo, e instrucción en los mandatos de Cristo. Para decir lo mismo de, otro modo, para que una persona sea discípulo, debe confiar en Cristo, ser bautizado, y comenzar a obedecer sus mandamientos. Si ser discípulo es lo mismo que ser creyente, entonces, para ir al cielo uno debe ser bautizado y obedecer los mandatos de Cristo.

Señorío

MacArthur afirma que “ciertamente la palabra Señor significa deidad dondequiera que la Escritura, en conexión con el mensaje del evangelio, denomina a Jesús `Señor’. La verdad de que Cristo es Dios es un componente fundamental del mensaje del evangelio. Ninguna persona que niegue la deidad de Cristo puede ser salva (1 Juan 4:2, 3)” (p. 208). Luego dice que “pero en la idea de deidad esta inherente la autoridad, el dominio y el derecho de mandar. Una persona que vive en rebelión contra la autoridad de Cristo no lo reconoce como Señor en ningún sentido (comparar Tito 1:16)” (p. 208, 209). Insistiendo pues, en que el señorío “involucra las ideas de dominio, autoridad, soberanía y el derecho a gobernar”, MacArthur defiende que en la frase “confiese que Jesús es Señor de Romanos 10:9, está implícita la idea de que “la persona que se allega a Cristo para la salvación debe hacerlo en obediencia a Él, es decir, con una disposición a someterse a Él como Señor” (p. 207).

La palabra “Señor” en el Nuevo Testamento tiene una variedad de significados, incluyendo “señor”, “dueño”, “amo”, y “Dios”. Cuando se utiliza en relación a Cristo, frecuentemente significa “Dios”. La razón de esto, y la prueba de esto, es simple. En el Antigua Testamento, los judíos no pronunciaban el nombre personal de Dios. En lugar de eso, decían “Señor” (Jehová). En la Septuaginta, la traducción griega del Antiguo Testamento, el término “Señor” se utiliza para el nombre de Dios; así que, la palabra “Señor” simplemente significa Dios. Al llamar a Jesucristo “el Señor Jesucristo”, el Nuevo Testamento le está atribuyendo deidad. Esa no es solo la opinión de los dispensacionalistas. Están de acuerdo no menos que todos estos: el obispo Westcott, B. B. Warfield, J. Gresham Machen y, más recientemente el artículo en el Nuevo Diccionario de Teología Neotestamentaria (para citas y referencias véase El Señorío para Salvación ¿Es Bíblico? de G. Michael Cocoris, pp. 13,15). Tal como llegué a la conclusión en ese folleto sobre Señorío para Salvación publicado en 1983:

La idea es que el Nuevo Testamento está defendiendo que Jesucristo es Señor, es decir, que él es Dios y que como el Dios-hombre, es nuestro Salvador. La palabra “Señor”, en la frase “Cree en el Señor Jesucristo”, no se diferencia de un equivalente moderno tal como “pon tu confianza en el Presidente Reagan”. El término “Presidente es su título. Indica su posición y su capacidad para cumplir sus promesas. En forma similar, el término “Señor”, cuando se aplica a Jesucristo, indica su posición como Dios y, por lo tanto, su capacidad para salvarnos y concedernos la vida eterna (p. 15).

Quizá seria titil una ilustración. Utilizando el método de MacArthur, alguien podría decir que “Tenemos que creer en el Señor Jesucristo. El significado de Cristo es que Él es el futuro Rey davídico del reino. Por lo tanto, la implicancia es que, si no crees en Cristo come el futuro rey, no puedes ser salvo”.

Ni los términos que Jesús utilizó, ni la doctrina que enseñó, pueden sustentar la conclusión de que el evangelio según Jesús era el señorío para la salvación. Mas bien, Jesús mismo dijo: Todo el que cree en el unigénito tiene vida eterna (Juan 3:16).

Escrito por: Dr. Miguel Cocoris

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La doctrina que Jesús enseñó (Parte 2)


Esta es la continuación del último artículo de este tema (Salvación por Señorío). Más abajo puede acceder a todos los artículos.

EL SERMON DEL MONTE (Mateo 7:13-14)

Tal como lo explica MacArthur, “la salvación es una elección que cada persona debe efectuar, pero no es solo una decisión momentánea en el sentido en que, a menudo, la consideramos…en la culminación de todo lo que tenia para decir en el Sermón del Monte, el Señor demanda que cada persona elija entre seguir al mundo por el camino de fácil transitar, o seguirle a él por el camino difícil. En ninguna otra parte de la Escritura encontraras una definición más clara del evangelio según Jesús” (p. 180).

MacArthur enseña que “Cristo es la puerta; Él es el camino (página 181). Por primera vez en su libro finalmente llega a mencionar el evangelio tal como lo define Pablo en 1 Corintios 15. Acertadamente observa “que es la única base de la salvación. La muerte de Cristo sobre la Cruz pagó el precio por nuestros pecados (1 Corintios 15:3), y su resurrección revele que había conquistado la muerte (1 Corintios 15:20)” (p. 181).

Aún así, MacArthur insiste en que “entrar por la puerta estrecha no es fácil. El señala que, cuando se le preguntó: “Señor, ¿son pocos los que se salvan?”, el Señor respondió: “Esforzaos a entrar por la puerta angosta” (Lucas 13:23). Luego agrega que la palabra griega traducida “esforzaos” implica “una lucha agonizante, intensa, con un propósito” (p. 182). “El reino de Dios no es para personas que quieren a Jesús sin ningún cambio en sus vidas. Es solo para aquellos que lo buscan de todo corazón, aquellos que agonizan por entrar. Muchos de los que se acercan a la puerta, al descubrir el costo se alejan. No sea que alguna persona objete que esto es salvación por el esfuerzo humano, recuérdese que es solamente la capacitación de la gracia divina la que otorga el poder a una persona para que atraviese la puerta. En el quebrantamiento de un arrepentimiento concedido divinamente, en la pobreza de un espíritu humilde conferido divinamente, el poder de Dios se convierte en la fuente” (p. 183).

MacArthur es inexorable en cuanto a que “la salvación requiere una transformación total…produce un cambio de vida (p. 183). …Cuando una persona se convi­erte en creyente le declara la guerra al infierno, y el infierno devuelve el ataque. El seguir a Cristo puede costar la vida misma de una persona—ciertamente costará la vida de uno en el sentido espiritual. Necesitan solicitarlo los quebrantados de corazón y comprometidos” (p. 185).

No hay duda que, al final del Sermón del Monte, el Señor coloca dos puertas delante de la gente, dos caminos que conducen a dos destinos. Tal como lo declara MacArthur, Cristo es la puerta y el camino, pero asume que el “esforzarse” para entrar es una referencia en cuanto a agonizar por cambiar el estilo de vida de uno. Esto no tiene por que ser verdad en absoluto. La manera de entrar es confiar en Jesucristo. La idea de esforzarse es la de, buscar con vehemencia hacerlo, conver­tido en una prioridad, y evitar ser indiferente en cuanto a ello. La idea que Jesús establece es la de esforzarse para entrar, lo cual se hace por la fe, no esforzarte para que cambies tu vida. ¿Esforzarte para cambiar tu estilo de vida no sería salvación por el esfuerzo propio?

EL SERMON DEL MONTE (Mateo 7:21.23)

Jesús advirtió que no todo el que dice “Señor, Señor”, o que inclusive hace milagros poderosos, entrara en el reino de los cielos (Mateo 7:21-22). Él les dirá, “nunca os conocí…hacedores de maldad” (Mateo 7:23), y no hicieron la voluntad de mi Padre que está en los cielos (Mateo 7:21). El comentario de MacArthur sobre este pasaje es que lección aquí es que, si una persona vive una vida injusta de desobediencia, no importa lo que digas, o las buenas cosas que haya hecho, es un incrédulo en peligro de condenación eterna. Esta es una advertencia muy fuerte, pero es una parte indispensable del evangelio según Jesús”. Por medio de eso, quiere decir que una persona que dice sin hacer, y escucha sin obedecer, no es creyente (pp. 189-192). “Esta es una repetición final del tema central del Sermón del Monte—que aquellos que no manifiestan una justicia genuina no entraran en el reino de los cielos” (p. 192).

Debemos admitir que las personas a las cuales Jesús les habló en Mateo 7:21-23 practicaban el libertinaje, pero ese no era el problema radical de ellos. Su problema fundamental era que no habían hecho “la voluntad de mi Padre que está en los cielos” (Mateo 7:21) y, consecuentemente, nunca habían conocido a Cristo (Mateo 7:23). La pregunta es: ¿Cuál es la voluntad de mi Padre que está en los cielos?”

Esa es una frase poco común en el Nuevo Testamento. La Escritura habla a menudo de la voluntad de Dios, pero solo raras ocasiones acerca de la voluntad del Padre. Jesús mismo nos dice: “Y este es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero. Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en el, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero” (Juan 6:39-40). La voluntad del Padre es creer en el Hijo y, así, conocerle. Esa es la idea de Mateo 7:21-23.

Obsérvese cuidadosamente que MacArthur está enseñando que obedecer a Cristo es una parte “indispensable” (p. 189) del evangelio. MacArthur define al que obedece come “el que considera la responsabilidad, el que entiende a que se está comprometiendo, y quiere hacerlo bien. Este es el hombre que oye y obedece” (Mateo 7:24) (p. 194). Aunque MacArthur dice repetidas veces que no cree en la salvación por obras, lo que dice en este capítulo, como así también en otros lugares del libro, suena come que si cree. Lo que escribe es, en su mejor aspecto, descui­dado y confuso, y en Io peor del mismo, la salvación por obras. El sí dijo que alguien lo acusaría de enseñar la salvación por obras (pagina xiii). Con seguridad uno puede ver por qué pensó eso.

DISCIPULADO

La tesis de MacArthur es que “cada creyente es discípulo” (p. 196). Cualquier distinción entre creyente y discípulo es “puramente artificial” (p. 196), y un llamado al discipulado cristiano definitivamente demanda “dedicación total”. Es una consagración plena sin guardarse nada de manera consciente o deliberada” (p. 197). Lo que sigue es un poco confuso. En cierto momento parece estar argumentando que estos son requisitos del discipulado o condiciones de la salvación. Por ejemplo, dice: “Nuestro Señor aún les enseñó que implicaba la fe de ellos en la salvación, y les recordaba constantemente del compromiso que habían hecho cuando escogieron seguirle a Él”  (p. 198). Por otra parte, señala que discipulado significa confesar a Cristo delante de los hombres, y luego pregunta: “¿Significa eso que la confesión delante de los hombres es una condición para convertirse en un creyente verdadero?

No, pero quiere decir que una característica de todo creyente genuino es que él o ella si confiese a Cristo delante de los hombres… La confesión es una obra humana; es impulsada por Dios, subsecuente al acto de creer, pero inseparable del mismo. Nuevamente, es una característica de la fe verdadera, no una condición adicional de la salvación” (pp. 198, 199).

El niega que la confesión sea una condición para convertirse en creyente, pero declara que es “inseparable” del hecho de creer. ¡A menos que el “creer” no sea necesario para la salvación, esto es una confusión total!

La falacia en el argumento de MacArthur es que no hay diferencia entre ser “creyente” y “ser discípulo”, entre la filiación y el discipulado. Pero la Escritura enseña que, en el momento en que una persona cree, se le da la dádiva de la vida eterna (Juan 3:16; Juan 3:37, etc.). Ser discípulo es algo totalmente diferente. La palabra griega traducida “discípulo” quiere decir aprendiz, alumno. Cuando se utiliza para designar a un aprendiz de Cristo, el término tiene una variedad de significados. En un sentido, su significado evoluciona. Al principio, se usa en un sentido general con relación a cualquier persona que aprende de Cristo (Mateo 8:21; Lucas 16:17; Juan 4:1). Aparentemente, algunos de estos discípulos ni siquiera eran salvos (Juan 6:60-66). Todos estos aprendieron de Cristo, pero no viajaron con Él. La palabra discípulo también se utiliza específicamente con relación a los doce apóstoles que abandonaron sus ocupaciones y viajaron con Cristo (Mateo 4:18-20; Mateo 10:1; etc.). Así que, en los evangelios, un discípulo era cualquier persona, desde un simple aprendiz que no confiaba en Cristo hasta un compañero constante que viajaba con Él.

Algunos, obviamente, no aprendieron mucho; por lo tanto, Cristo tuvo que definir que era un verdadero aprendiz, es decir, un discípulo genuino.

Para aprender realmente, una persona debe hacer más que llamarse estudiante y escuchar a un maestro. Hay una vasta diferencia entre anotarse en una clase y verdaderamente aprender la lección. En el caso de aprender de Cristo, uno debe comenzar confiando en él (Juan 8:30). Pero simplemente confiar en Cristo para la vida eterna no garantiza que esa persona aprendiera de él; por eso, “…Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en Él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra serás verdaderamente mis discípulos” (Juan 8:31). La palabra traducida “verdad­eramente” quiere decir “realmente”. El verdadero discípulo no es solo uno que ha confiado en Cristo (Juan 8:30), sino uno que también ha comenzado a obedecer los mandatos de Cristo (Juan 8:31). En otras palabras, Jesús les dijo a los que creyeron y por lo tanto, tenían vida eterna: Ahora bien, si realmente quieren aprender, deben continuar en mi Palabra, es decir, obedecerme. Hay, pues, una diferencia entre ser “creyente” y ser “discípulo”.

Debería ser claramente obvio que hay una diferencia entre ser creyente y ser
discípulo. En el momento en que una persona confía en Cristo, se le otorga el don de la vida eterna (Juan 4:10 Romanos 6:23). Es justificado “gratuitamente” (Romanos 3:24; Apocalipsis 22:17). Por otra parte, ser discípulo tiene un precio (Lucas 14:28). Esto no es una paradoja, es una simple declaración de hecho.

Si aun existe alguna duda en cuanto a que haya una diferencia entre ser creyente y ser discípulo. Considérese cuidadosamente Mateo 28:19, 20. Unido al mandato de “hacer discípulos aparecen tres verbos: ir, bautizar y enseñar. El ir incluye presentarles a Cristo a las personas (comparar Marcos 16:15, 16). El bautismo identifica al creyente con el cuerpo de creyentes, tal como  un anillo de bodas identifica a la persona como casada. Enseñar es, por supuesto, instrucción. El proceso del discipulado, pues, involucra la presentación de Cristo a la persona, la identificación con el cuerpo de Cristo, e la instrucción en los mandatos de Cristo. Para decir lo mismo de otro modo, para que una persona sea discípulo, debe confiar en Cristo, ser bautizado, y comenzar a obedecer sus mandamientos. Si ser discípulo es lo mismo que ser creyente, entonces, para ir al cielo uno debe ser bautizado y obedecer los mandatos de Cristo.

SEÑORÍO

MacArthur afirma que “ciertamente la palabra Señor significa deidad donde­quiera que la Escritura, en conexión con el mensaje del evangelio, denomina a Jesús `Señor’. La verdad de que Cristo es Dios es un componente fundamental del mensaje del evangelio. Ninguna persona que niegue la deidad de Cristo puede ser salva (1 Juan 4:2, 3)” (p. 208). Luego dice que “pero en la idea de deidad esta inherente la autoridad, el dominio y el derecho de mandar. Una persona que vive en rebelión contra la autoridad de Cristo no lo reconoce como Señor en ningún sentido (comparar Tito 1:16)” (p. 208, 209). Insistiendo pues, en que el señorío “involucra las ideas de dominio, autoridad, soberanía y el derecho a gobernar”, MacArthur defiende que en la frase “confiese que Jesús es Señor de Romanos 10:9, está implícita la idea de que “la persona que se allega a Cristo para la salvación debe hacerlo en obediencia a Él, es decir, con una disposición a someterse a Él como Señor” (p. 207).

La palabra “Señor” en el Nuevo Testamento tiene una variedad de significados, incluyendo “señor”, “dueño”, “amo”, y “Dios”. Cuando se utiliza en relación a Cristo, frecuentemente significa “Dios”. La razón de esto, y la prueba de esto, es simple. En el Antiguo Testamento, los judíos no pronunciaban el nombre personal de Dios. En lugar de eso, decían “Señor” (Jehová). En la Septuaginta, la traducción griega del Antiguo Testamento, el término “Señor” se utiliza para el nombre de Dios; así que, la palabra “Señor” simplemente significa Dios. Al llamar a Jesucristo “el Señor Jesucristo”, el Nuevo Testamento le está atribuyendo deidad. Esa no es solo la opinión de los dispensacionalistas.  Están de acuerdo no menos que todos estos: el obispo Westcott, B. B. Warfield, J. Gresham Machen y, más recientemente el artículo en el Nuevo Diccionario de Teología Neotestamentaria (para citas y referencias véase El Señorío para Salvación ¿Es Bíblico? de G. Michael Cocoris, pp. 13,15). Tal como llegué a la conclusión en ese folleto sobre Señorío para Salvación publicado en 1983:

La idea es que el Nuevo Testamento está defendiendo que Jesucristo es Señor, es decir, que él es Dios y que como el Dios-hombre, es nuestro Salvador. La palabra “Señor”, en la frase “Cree en el Señor Jesucristo”, no se diferencia de un equivalente moderno tal como “pon tu confianza en el Presidente Reagan”. El término “Presidente es su título. Indica su posición y su capacidad para cumplir sus promesas. En forma similar, el término “Señor”, cuando se aplica a Jesucristo, indica su posición como Dios y, por lo tanto, su capacidad para salvarnos y concedernos la vida eterna (p. 15).

Quizá sería útil una ilustración. Utilizando el método de MacArthur, alguien podría decir que “Tenemos que creer en el Señor Jesucristo. El significado de Cristo es que Él es el futuro Rey davídico del reino. Por lo tanto, la implicancia es que, si no crees en Cristo como el futuro rey, no puedes ser salvo”.

Ni los términos que Jesús utilizó, ni la doctrina que enseñó, pueden sustentar la conclusión de que el evangelio según Jesús era el señorío para la salvación. Mas bien, Jesús mismo dijo: Todo el que cree en el unigénito tiene vida eterna (Juan 3:16).

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“No desecho la gracia de Dios; pues si por la ley fuese la justicia, entonces por demás murió Cristo.” (Gálatas 2:21).

Cuando nosotros comparamos el Cristianismo Bíblico con las religiones del mundo, usando las Escrituras para guiarnos, podemos ver que existe una brecha, una abertura, una separación que no se puede unir. En realidad, uno puede llegar a la conclusión que existen solamente dos religiones en el mundo: el Cristianismo Bíblico y todas las otras religiones. (Nota: Menciono el Cristianismo bíblico como “religión” solamente por el propósito de comparación; una religión es un sistema creado por el hombre, mientras que el Cristianismo bíblico es lo que Dios ha revelado a la humanidad).

Estas dos “religiones” están totalmente apartadas en lo que se refiere a lo que enseñan acerca de la salvación. La pregunta sería ¿cómo puede uno llegar al cielo o al paraíso o Valhala o Nirvana, o a cualquier otro lugar que la gente cree que existe después de la vida? Cada una puede colocarse bajo una o dos categorías: El Logro Humano o el Éxito Divino o para simplificarlo, las religiones de “hacer” y las religiones de “haber hecho.” Me estoy refiriendo a la realidad que hay cosas o acciones que uno debe ejercer (El Logro Humano), o no hacer nada porque ya todo está hecho (Éxito Divino) para ganar nuestra entrada al cielo.

El Cristianismo bíblico es el único que se puede catalogar como Éxito Divino. Todas las otras religiones del mundo tienen que ser catalogadas como Acciones o Logro Humano. Consideremos primero algunas de las religiones principales como el Hinduismo, el Budismo, el Islam, el Judaísmo y otras denominaciones o sectas que profesan ser Cristianas.

El Hinduismo tiene aproximadamente 330 millones de dioses a quienes uno los tiene que aplacar, satisfacer a través de ciertos rituales. Hace un par de años tomé una excursión un templo hindú en las afueras de la ciudad de Chicago. El estacionamiento de carros estaba lleno de automóviles de último modelo. El templo tenía piedras que habían sido importadas de Italia. El dinero no fue ningún problema. Dentro del templo la congregación consistía en doctores, abogados, ingenieros, entre otros, y de acuerdo a mi guía estaban sirviendo comidas a los ídolos, al dios mono y a Ghanesa, el dios elefante.

El Hinduismo es un sistema de obras, es decir, las cosas que uno debe hacer para llegar a moksha, el cielo hindú. Esto incluye la práctica de yoga, que contrario a lo que muchos han escuchado, nunca ha sido designado para mejorar la salud física sino que es un conducto para renunciar al cuerpo físico con la esperanza de separarse uno mismo de la esfera o del campo físico. Esto se supone que lo va a unir a uno a Brahmán, la deidad suprema del Hinduismo. La reencarnación, que es un sistema que supuestamente facilita entrar al cielo a través de muchos nacimientos, muertes, etc., es una de las enseñanzas de esta religión.

El Budismo también es acerca de obras. Buda creyó que la clave para alcanzar Nirvana, que se supone es el estado de perfecta paz y felicidad, es a través de un entendimiento de las Cuatro Verdades Nobles y la práctica del Camino Noble que consta de ocho partes.

En realidad, las cuatro Verdades Nobles declaran que debemos padecer sufrimiento por nuestros deseos o nuestros antojos. Estas “Verdades” dicen que el sufrimiento parará cuando nosotros también paremos de complacer estos deseos. De acuerdo al Budismo, podemos alcanzar todo esto practicando el Camino Noble de ocho partes, que tiene elementos de “la correcta actitud, la correcta intención, el correcto discurso, la correcta acción, la correcta vida, el correcto esfuerzo, la correcta actitud mental y la correcta concentración”. Todo esto puede lograrse por el hombre si él “hace las cosas correctas” para así poder alcanzar Nirvana.

En lo que respecta al Islam, el paraíso se puede obtener cuando Alá compare la buenas obras de un creyente con las malas obras en una balanza durante el día del juicio. El Corán declara: “Por esas cosas que son buenas extrae las cosas que son malas” (Surah 11:114). Es un proceso cuantitativo. Las buenas obras tienen que ser más que las malas obras o las obras buenas tienen que eliminar las obras malas. Nuevamente citando al Corán: El balance en ese día será verdadero: Aquellos cuyas buenas obras sean bastantes, prosperarán. Aquellos cuyas obras malas sean más que las otras, perderán sus almas” (Surah 7:8, 9). Aquí hay un ejemplo interesante acerca de lo que un Musulmán va a encontrar cuando llegue al paraíso: En Abril 3, 1991, la revista Egipcia Akher Saa, escribió los resultados de un debate entre cuatro periodistas mujeres y el doctor Abdu-Almonim Al-Nimr, el cual tiene una cátedra bastante alta en la universidad Islámica de Al-Azher. Una de las periodistas le preguntó: “¿Es el hijab (el velo o la cubierta de cabeza) obligatorio para las mujeres del Islam? Si yo no llevo puesto el hijab ¿me iré al infierno a pesar de todas mis buenas obras? Estoy hablando acerca de una mujer decente que no lleva puesto el hijab”. A lo que el Dr. Al-Nimr respondió, “Los reglamentos u obligaciones del Islam son muchas, mi hija y Alá nos pide que demos cuenta de todas ellas. Lo que quiere decir es que si tú cumples con una obligación ganas un punto. Si tú no cumples con una obligación pierdes un punto. Si tú oras ganas un punto; si tú no ayunas pierdes un punto, y así es”. Él continuó diciendo, “Yo no he inventado una teoría nueva… para cada hombre existe un libro en el cual todas sus obras buenas y obras malas están registradas… aún en la forma de cómo tratamos a nuestros hijos.”

La periodista dijo: “Eso quiere decir, que si no llevo el hijab, no entraré en el infierno sin tomar en cuenta el resto de mis obras buenas”. El Dr. Al-Nimr contestó: “Mi hija, nadie sabe quién va a entrar al fuego del infierno. Yo puedo ser uno de los primeros que entre. El Califa Abu-Bakr Al-Sadik dijo: ‘Yo no confiaría en los planes de Alá, aún si uno de mis pies está entrando en el paraíso, ¿quién puede determinar qué obra es aceptable y qué obra no lo es?.’ Tú haz todo lo que puedas hacer y la decisión va a estar con Alá. Tú puedes pedirle para que te acepte”.

En el Judaísmo, uno puede llegar al cielo si uno mantiene la ley y sus ceremonias. Obviamente, eso no es coherente con lo que el Tanakh (el Antiguo Testamento) enseña, pero aún así ha sido la práctica del Judaísmo por un milenio. Como Jesús dijo: “Pues en vano me honran, Enseñando como doctrinas, mandamientos de hombres” (Mateo 15:9).

Sus palabras también aplican a un número de denominaciones “Cristianas” y sectas que ponen énfasis en obras como algo necesario para adquirir la salvación. Los Testigos de Jehová, los Mormones, los Adventistas del Séptimo Día, la iglesia de los adherentes de Cristo, los Católicos Romanos, los miembros de la iglesia Rusa Ortodoxa y la iglesia Ortodoxa del Este, los Luteranos y muchos otros, todos los cuales incluyen algo que debe ser hecho o es necesario para obtener la salvación, ya sea el bautismo, los sacramentos o pertenecer a su organización y cumplir con sus requerimientos.

Durante los primeros 30 años de mi vida como Católico Romano yo viví bajo un sistema religioso de leyes, muchas de las cuales estaba obligado a cumplir y mantener. Empezó con el bautismo. Si uno no es bautizado, de acuerdo a la iglesia Católica, uno no puede entrar al cielo. También la iglesia dice que aunque el bautismo es requerido, no es una garantía. Existen muchas otras reglas que un Católico tiene que cumplir.

Yo tengo un libro en mi oficina que se llama el Código de la Ley Canónica. Contiene 1,752 leyes, muchas de ellas afectan el destino eterno. Los pecados reconocidos por la Iglesia Católica Romana son clasificados en dos categorías: mortales y veniales. Un pecado mortal es aquel que condena a una persona al infierno, si tal persona muere sin que la absolución haya sido dada por un sacerdote. Un pecado venial no tiene que ser confesado a un sacerdote, pero ya sea confesado o no, todos los pecados se suman al castigo temporal de la persona y deben ser expiados ya sea aquí en la tierra o a través de un sufrimiento físico o buenas obras, o si no serán purgados en las llamas del purgatorio después de la muerte.

Existen obligaciones que un Católico debe cumplir en lo que se refiere a las creencias y a las obras. Por ejemplo, uno es requerido creer que María fue concebida sin pecado (un evento llamado la Inmaculada Concepción). Si un Católico no cree en eso ha cometido un pecado mortal, que por supuesto tiene la pena máxima de condenación eterna. La fiesta de la Inmaculada Concepción es un día sagrado de obligación, un día en el cual todos los Católicos están requeridos en asistir a misa. Si uno no asiste misa ese día puede resultar en haber cometido un pecado mortal.

Todas las creencias que se han mencionado, y muchas otras, consisten en hacer algo o no hacer para poder llegar o ir al “cielo”. Todas están basadas en esfuerzo humano. Pero ¿qué podemos decir del Cristianismo bíblico? ¿En qué forma es diferente? La respuesta la podemos encontrar en el libro a los Efesios 2:8-9:

“Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras para que nadie se gloríe.”

Esto parece bastante explícito. Nuestra salvación no tiene nada que ver con lo que nosotros podamos lograr. El versículo 8 nos dice que es por la gracia que somos salvados. La gracia es algo que no nos merecemos. Si existe algún mérito, entonces, no puede ser gracia. Es un regalo, es un don de Dios y si es un regalo de Dios no puede ser de obras. Esto debe ser bastante obvio. Si en un lugar de trabajo, un trabajador ha trabajado arduamente por todo un mes y si el empleador o jefe, le da al trabajador su pago por ese mes y dice, “¡Buen trabajo, aquí está tu regalo!” Bueno, eso no es así, ya que el trabajador ha trabajado por su pago. Eso no ha sido un regalo.

En Romanos 4:4 podemos leer que “cuando alguien trabaja, no se le toma en cuenta el salario como un favor sino como una deuda,” y su salario no tiene nada que ver con gracia o como si fuera un regalo. Un trabajador que ha hecho un buen trabajo puede sentir cierto orgullo por el trabajo que ha logrado, pero todo eso es contrario a la gracia o a un regalo. La gracia elimina toda clase de mérito y un regalo u obsequio elimina la posibilidad que eso haya sido ganado o ahorrado por medio de obras.

La enseñanza de Pablo a los Efesios es afirmado en su epístola a Tito, capítulo 3, versos 4-7:

“Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres, nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación del Espíritu Santo, el cual derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo nuestro Salvador, para que justificados por Su gracia, viniésemos a ser herederos conforme a la esperanza de la vida eterna”.

Podemos ver que esto en coherente con Efesios 2:8-9. No es por nuestras obras que somos salvos, no es por obras de bondad y de rectitud que hemos hecho, sino es por Su misericordia hacia nosotros que somos salvos.

Se pueden ustedes imaginar, cuando era yo un Católico Romano y condicionado a una vida llena de reglas y rituales de parte de la iglesia, pues tuve una gran dificultad el creer que solamente era por fe, la única razón por la cual podría entrar al cielo. No tenía sentido eso para mí en ese tiempo.

Bueno, no solamente ahora todo tiene sentido sino que es el único camino por el cual uno puede ser salvo. Es un milagro que tiene sentido.

Antes que todo, ¿qué es lo que impide a una persona el ir al cielo o pasar la eternidad con Dios? Sabemos que la respuesta es el “pecado.” Podemos citar ciertos versículos que se pueden aplicar aquí: todos hemos pecado (Romanos 3:23); la paga del pecado es muerte (Romanos 6:23); el pecado nos separa de Dios (Isaías 59:2); el alma que peca morirá (Ezequiel 18:20); (el pecado) da a luz la muerte (Santiago 1:15).

En Génesis 2, Dios explica a Adán las consecuencias de desobedecerlo. Le dijo a Adán que no comiera cierta fruta en el Jardín del Edén. Era un mandamiento que estaba relacionado a la obediencia y al amor, no era que estaba privando a Adán de algo, como la serpiente implicaba. Recordemos que Jesús dijo: “El que Me ama obedecerá mi palabra” (Juan 14:23), es decir Sus enseñanzas. Nuestro amor por Dios es demostrado por nuestra obediencia.

¿Cuál era el castigo de Dios por la desobediencia? (Génesis 2:17) “más del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás.” Adán y Eva se amaban a ellos mismos más que amaban a Dios, porque ellos no obedecieron Su palabra. Ellos le desobedecieron, y la consecuencia fue la muerte. En las Escrituras, la muerte siempre incluye separación, y en el juicio de Dios dos aplicaciones se pueden encontrar: 1) la muerte física (la degeneración del cuerpo, llegando a la separación del alma y del espíritu), y 2) separación eterna de Dios.

Adán y Eva no murieron instantáneamente, pero el proceso de la muerte empezó en ése instante para ellos y para toda la creación. Sin embargo, su relación espiritual con Dios cambió inmediatamente y para siempre. El juicio de parte de Dios por el pecado es eterno: separación de Dios para siempre. Es un castigo infinito. Y Dios, que es perfecto en todos Sus atributos, incluyendo justicia, tuvo que ejecutar el castigo. Él no podía pasar esto por alto y darles una segunda oportunidad. Eso hubiera significado que Dios no cumplía con Su palabra. El castigo tuvo que ser ejecutado.

Entonces, ¿qué podía hacer Adán y Eva? Nada, excepto, el morir físicamente y espiritualmente, lo que significaba que iban a estar separados de Dios para siempre. ¿Y qué podía hacer el resto de la humanidad dándonos cuenta que todos hemos pecado? Nada. Bueno, uno puede preguntar ¿qué pasaría si todos nosotros hiciéramos buenas obras que puedan cancelar nuestros pecados? ¿supongamos que asistiéramos a la iglesia muy a menudo? ¿o si nos bautizáramos? ¿O si hiciéramos actividades religiosas? ¿O si recibiéramos los sacramentos? Nada de estas cosas nos va a ayudar. ¿Por qué no? Porque esas actividades no pueden pagar el castigo que Dios ha impuesto. Entonces, ¿qué podemos hacer? No hay nada que podamos hacer, excepto el sufrir el castigo de estar separados de Dios para siempre.

Nuestra situación sería absolutamente un caso perdido excepto que Dios tenga, además de ser perfectamente justo, otros atributos. ¡Él es también perfecto en amor y en misericordia! “Porque tanto amó Dios al mundo, que dio a Su Hijo unigénito, para que todo el que cree en Él no se pierda, sino que tenga vida eterna” (Juan 3:16).

Dios dio a Su Hijo para que Él pagara el castigo o la pena máxima por nosotros. Y eso es exactamente lo que hizo Jesús en la cruz. Es incomprensible para nosotros que durante aquellas tres horas de oscuridad (cuando Jesús clamó con gran voz “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?”) Él tomó los pecados del mundo y sufrió la ira, la cólera de Su Padre por nosotros. En la cruz Él sufrió la muerte por cada uno de nosotros, es decir, que Él experimentó y pagó la pena máxima por los pecados del mundo.

Cuando la divina tarea terminó, Jesús dijo “Consumado es,” esto quiere decir que la pena máxima ha sido pagada en su totalidad. Fue una labor divina porque era algo que solamente Dios podía haber hecho. Dios se convirtió en un ser humano y murió físicamente, porque la muerte física era parte del castigo. Y aún así, como Dios-Hombre, Él sufrió en su totalidad el castigo o la pena máxima que cada pecador debería sufrir, el estar separado de Dios para siempre.

La justicia de Dios demanda retribución. O pagamos nosotros lo que la justicia de Dios requiere o aceptamos a Jesús por fe y recibimos los beneficios de su sacrificio. Romanos 6:23 nos dice: “Porque la paga del pecado es muerte, mientras que la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús, nuestro Señor”. La Biblia no puede ser más clara al decir que la salvación puede ser solamente “el regalo de Dios” y que nosotros podemos aceptar ese regalo solamente por fe.

Cualquier mérito que nosotros queramos hacer para merecer salvación por medio de nuestras obras no solo es inútil, sino que es imposible. “Porque el que cumple con toda la ley pero falla en un solo punto ya es culpable de haberla quebrantado toda” (Santiago 2:10). Peor aún, sería el negar el castigo infinito que Dios ha impuesto, un rechazo del regalo que Dios nos ha hecho y repudiar lo que Cristo ha logrado por nosotros.

Hubo un tiempo en el cual la mayoría de los evangélicos estaban de acuerdo. Eso ya no es el caso ahora ya que la apostasía adquiere más ímpetu en estos últimos días. Recientemente una encuesta de más de 40,000 americanos reveló que el 57 por ciento de aquellos que se identifican como evangélicos no creen que Jesús es el único camino al cielo. Al ser Jesús el único que provee el cumplimiento divino, todo lo demás pasa a ser una vana ilusión del hombre de querer alcanzar salvación por sí mismo, sin la ayuda de Dios.

Título en inglés: “The Work-Salvation Delusion”

© Periódico Publicado en junio del 2010 escrito por T. A. McMahon

Fuente: The Berean Call

Traducción: José Victor Delgado

 

 

El evangelio a los perdidos… la gracia a los salvos


Miremos a la cruz.gif¿Quisiera un buen paradigma para el ministerio?

El mensaje de Pablo hace énfasis en el evangelio para los perdidos y la gracia para los salvos.  Al estar estudiando la vida de Pablo, especialmente en sus últimos años, encuentro dos temas predominantes entretejidos como hilos en el tapiz de su ministerio.

En primer lugar, su mensaje ofrece el evangelio a los perdidos.  “Sabed, pues, esto, varones hermanos: que por medio de él se os anuncia perdón de pecados, y que de todo aquello de que por la ley de Moisés no pudisteis ser justificados, en él es justificado todo aquel que cree” (Hechos 13:38-39). Se imagina el impacto que podrían tener nuestras iglesias si cada creyente se comprometiera a compartir el evangelio una vez a la semana con alguien que expresa una necesidad.

En segundo lugar, su mensaje incluye grandes cantidades de gracia para los salvos.  Así como los perdidos no entienden el evangelio, los salvos rara vez entienden la gracia.  Hay muy pocas actividades tan agotadoras y poco gratificantes que cristianos intentando agradar a las personas que los rodean tratando de cumplir con sus imposibles demandas legalistas.   Que trampa tan trágica y lo triste es que miles de personas están atrapadas en ella.  ¿Cuándo aprenderemos?  ¡La gracia nos ha liberado!  Ese mensaje fluye con frecuencia en los sermones y testimonios personales del apóstol Pablo.

La gente sin Cristo necesita escuchar cómo pueden cruzar el puente de una vida vacía y llena de culpabilidad a una vida abundante de misericordia, gracia, paz y perdón.  Nosotros ayudamos a construir este puente cunado comunicamos el evangelio con paciencia y amor. Usted no necesita un título del seminario.  No necesita conocer mucho vocabulario religioso.  En su propia manera auténtica, honesta y desprotegida comparta con la gente lo que Cristo ha hecho por usted.  ¿Quién sabe?  Podría ser que en un futuro no muy lejano usted pueda conocer el gozo de ayudar a un pecador sin Cristo a encontrar el camino que lo lleve del obscuro calabozo de la muerte a cruzar el puente hacia la esperanza liberadora de la nueva vida en Cristo.

Una vez que ellos lleguen, por favor déjelos libres. Suéltelos a la libertad maravillosa que nos da la gracia.  No los asfixie con muchas reglas y reglamentos que los pondrá en un período de prueba y en una maniobra de contención hasta que “arreglen y enderecen sus vidas.”  Hacernos santos es el trabajo del Espíritu Santo, no nuestro.  Usted debe ser fiel en compartir el evangelio a los perdidos y dar gracia a los salvos.  Después, deje los resultados en las manos del Señor.

Ese fue el paradigma de Pablo.

Autor: Charles Swindoll

Fuente: Obrero Fiel (usado con permiso)

 

 

 

La doctrina que Jesús enseñó


Esta es una entrega más del material “Apologética del Evangelio de la Gracia”, este busca refutar la tesis planteada por el Dr. John F. MacArtur en su libro “El Evangelio según Jesucristo”.

El Sermón del Monte (Mateo 7:13-14)

Tal como lo explica MacArthur, “la salvación es una elección que cada persona debe efectuar, pero no es solo una decisión momentánea en el sentido en que, a menudo, la consideramos…en la culminación de todo lo que tenia para decir en el Sermón del Monte, el Señor demanda que cada persona elija entre seguir al mundo por el camino de fácil transitar, o seguirle a él por el camino difícil. En ninguna otra parte de la Escritura encontraras una definición más clara del evangelio según Jesús” (p. 180).

MacArthur enseña que “Cristo es la puerta; Él es el camino (página 181). Por primera vez en su libro finalmente llega a mencionar el evangelio tal como lo define Pablo en 1 Corintios 15. Acertadamente observa “que es la única base de la salvación. La muerte de Cristo sobre la Cruz pagó el precio por nuestros pecados (1 Corintios 15:3), y su resurrección revele que había conquistado la muerte (1 Corintios 15:20)” (p. 181).

Aún así, MacArthur insiste en que “entrar por la puerta estrecha no es fácil. El señala que, cuando se le preguntó: “Señor, ¿son pocos los que se salvan?”, el Señor respondió: “Esforzaos a entrar por la puerta angosta” (Lucas 13:23). Luego agrega que la palabra griega traducida “esforzaos” implica “una lucha agonizante, intensa, con un propósito” (p. 182). “El reino de Dios no es para personas que quieren a Jesús sin ningún cambio en sus vidas. Es solo para aquellos que lo buscan de todo corazón, aquellos que agonizan por entrar. Muchos de los que se acercan a la puerta, al descubrir el costo se alejan. No sea que alguna persona objete que esto es salvación por el esfuerzo humano, recuérdese que es solamente la capacitación de la gracia divina la que otorga el poder a una persona para que atraviese la puerta. En el quebrantamiento de un arrepentimiento concedido divinamente, en la pobreza de un espíritu humilde conferido divinamente, el poder de Dios se convierte en la fuente” (p. 183).

MacArthur es inexorable en cuanto a que “la salvación requiere una transformación total…produce un cambio de vida (p. 183). …Cuando una persona se convierte en creyente le declara la guerra al infierno, y el infierno devuelve el ataque. El seguir a Cristo puede costar la vida misma de una persona—ciertamente costará la vida de uno en el sentido espiritual. Necesitan solicitarlo los quebrantados de corazón y comprometidos” (p. 185).

No hay duda que, al final del Sermón del Monte, el Señor coloca dos puertas delante de la gente, dos caminos que conducen a dos destinos. Tal como lo declara MacArthur, Cristo es la puerta y el camino, pero asume que el “esforzarse” para entrar es una referencia en cuanto a agonizar por cambiar el estilo de vida de uno. Esto no tiene por que ser verdad en absoluto. La manera de entrar es confiar en Jesucristo. La idea de esforzarse es la de, buscar con vehemencia hacerlo, convertido en una prioridad, y evitar ser indiferente en cuanto a ello. La idea que Jesús establece es la de esforzarse para entrar, lo cual se hace per la fe, no esforzarte para que cambies tu vida. ¿Esforzarte para cambiar tu estilo de vida no sería salvación por el esfuerzo propio?

El Sermón del Monte (Mateo 7:21.23)

Jesús advirtió que no todo el que dice “Señor, Señor”, o que inclusive hace milagros poderosos, entrara en el reino de los cielos (Mateo 7:21-22). Él les dirá, “nunca os conocí…hacedores de maldad” (Mateo 7:23), y no hicieron la voluntad de mi Padre que está en los cielos (Mateo 7:21). El comentario de MacArthur sobre este pasaje es que lección aquí es que, si una persona vive una vida injusta de desobediencia, no importa lo que digas, o las buenas cosas que haya hecho, es un incrédulo en peligro de condenación eterna. Esta es una advertencia muy fuerte, pero es una parte indispensable del evangelio según Jesús”. Por medio de eso, quiere decir que una persona que dice sin hacer, y escucha sin obedecer, no es creyente (pp. 189-192). “Esta es una repetición final del tema central del Sermón del Monte—que aquellos que no manifiestan una justicia genuina no entraran en el reino de los cielos” (p. 192).

Debemos admitir que las personas a las cuales Jesús les habló en Mateo 7:21-23 practicaban el libertinaje, pero ese no era el problema radical de ellos. Su problema fundamental era que no habían hecho “la voluntad de mi Padre que está en los cielos” (Mateo 7:21) y, consecuentemente, nunca habían conocido a Cristo (Mateo 7:23). La pregunta es: ¿Cuál es la voluntad de mi Padre que está en los cielos?”

Esa es una frase poco común en el Nuevo Testamento. La Escritura habla a menudo de la voluntad de Dios, pero solo raras ocasiones acerca de la voluntad del Padre. Jesús mismo nos dice: “Y este es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero. Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en el, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero” (Juan 6:39-40). La voluntad del Padre es creer en el Hijo y, así, conocerle. Esa es la idea de Mateo 7:21-23.

Obsérvese cuidadosamente que MacArthur está enseñando que obedecer a Cristo es una parte “indispensable” (p. 189) del evangelio. MacArthur define al que obedece come “el que considera la responsabilidad, el que entiende a que se está comprometiendo, y quiere hacerlo bien. Este es el hombre que oye y obedece” (Mateo 7:24) (p. 194). Aunque MacArthur dice repetidas veces que no cree en la salvación por obras, lo que dice en este capítulo, como así también en otros lugares del libro, suena come que si cree. Lo que escribe es, en su mejor aspecto, descuidado y confuso, y en Io peor del mismo, la salvación por obras. El sí dijo que alguien lo acusaría de enseñar la salvación por obras (pagina xiii). Con seguridad uno puede ver por qué pensó eso.

Discipulado

La tesis de MacArthur es que “cada creyente es discípulo” (p. 196). Cualquier distinción entre creyente y discípulo es “puramente artificial” (p. 196), y un llamado al discipulado cristiano definitivamente demanda “dedicación total”. Es una consagración plena sin guardarse nada de manera consciente o deliberada” (p. 197). Lo que sigue es un poco confuso. En cierto memento parece estar argumentando que estos son requisitos del discipulado o condiciones de la salvación. Por ejemplo, dice: “Nuestro Señor aún les enseñó que implicaba la fe de ellos en la salvación, y les recordaba constantemente del compromiso que habían hecho cuando escogieron seguirle a Él” (p. 198). Por otra parte, señala que discipulado significa confesar a Cristo delante de los hombres, y luego pregunta: “¿Significa eso que la confesión delante de los hombres es una condición para convertirse en un creyente verdadero? No, pero quiere decir que una característica de todo creyente genuino es que él o ella si confiese a Cristo delante de los hombres… La confesión es una obra humana; es impulsada por Dios, subsecuente al acto de creer, pero inseparable del mismo. Nuevamente, es una característica de la fe verdadera, no una condición adicional de la salvación” (pp. 198, 199).

El niega que la confesión sea una condición para convertirse en creyente, pero declara que es “inseparable” del hecho de creer. ¡A menos que el “creer” no sea necesario para la salvación, esto es una confusión total!

La falacia en el argumento de MacArthur es que no hay diferencia entre ser “creyente” y “ser discípulo”, entre la filiación y el discipulado. Pero la Escritura enseña que, en el momento en que una persona cree, se le da la dádiva de la vida eterna (Juan 3:16; Juan 3:37, etc.). Ser discípulo es algo totalmente diferente. La palabra griega traducida “discípulo” quiere decir aprendiz, alumno. Cuando se utiliza para designar a un aprendiz de Cristo, el término tiene una variedad de significados. En un sentido, su significado evoluciona. Al principio, se usa en un sentido general con relación a cualquier persona que aprende de Cristo (Mateo 8:21; Lucas 16:17; Juan 4:1). Aparentemente, algunos de estos discípulos ni siquiera eran salvos (Juan 6:60-66). Todos estos aprendieron de Cristo, pero no viajaron con Él. La palabra discípulo también se utiliza específicamente con relación a los doce apóstoles que abandonaron sus ocupaciones y viajaron con Cristo (Mateo 4:18-20; Mateo 10:1; etc.). Así que, en los evangelios, un discípulo era cualquier persona, desde un simple aprendiz que no confiaba en Cristo hasta un compañero constante que viajaba con Él. Algunos, obviamente, no aprendieron mucho; por lo tanto, Cristo tuvo que definir que era un verdadero aprendiz, es decir, un discípulo genuino.

Para aprender realmente, una persona debe hacer más que llamarse estudiante y escuchar a un maestro. Hay una vasta diferencia entre anotarse en una clase y verdaderamente aprender la lección. En el caso de aprender de Cristo, uno debe comenzar confiando en él (Juan 8:30). Pero simplemente confiar en Cristo para la vida eterna no garantiza que esa persona aprendiera de él; por eso, “…Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en Él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra serás verdaderamente mis discípulos” (Juan 8:31). La palabra traducida “verdaderamente” quiere decir “realmente”. El verdadero discípulo no es solo uno que ha confiado en Cristo (Juan 8:30), sino uno que también ha comenzado a obedecer los mandatos de Cristo (Juan 8:31). En otras palabras, Jesús les dijo a los que creyeron y por lo tanto, tenían vida eterna: Ahora bien, si realmente quieren aprender, deben continuar en mi Palabra, es decir, obedecerme. Hay, pues, una diferencia entre ser “creyente” y ser “discípulo”. Debería ser claramente obvio que hay una diferencia entre ser creyente y ser discípulo. En el memento en que una persona confía en Cristo, se le otorga el don de la vida eterna (Juan 4:10 Romanos 6:23). Es justificado “gratuitamente” (Romanos 3:24; Apocalipsis 22:17). Por otra parte, ser discípulo tiene un precio (Lucas 14:28). Esto no es una paradoja, es una simple declaración de hecho.

Si aun existe alguna duda en cuanto a que haya una diferencia entre ser creyente y ser discípulo. Considérese cuidadosamente Mateo 28:19, 20. Unido al mandato de “hacer discípulos aparecen tres verbos: ir, bautizar y enseñar. El ir incluye presentarles a Cristo a las personas (comparar Marcos 16:15, 16). El bautismo identifica al creyente con el cuerpo de creyentes, tal como un anillo de bodas identifica a la persona como casada. Enseñar es, por supuesto, instrucción. El proceso del discipulado, pues, involucra presentación de Cristo a la persona, identificación con el cuerpo de Cristo, e instrucción en los mandatos de Cristo. Para decir lo mismo de, otro modo, para que una persona sea discípulo, debe confiar en Cristo, ser bautizado, y comenzar a obedecer sus mandamientos. Si ser discípulo es lo mismo que ser creyente, entonces, para ir al cielo uno debe ser bautizado y obedecer los mandatos de Cristo.

Señorío

MacArthur afirma que “ciertamente la palabra Señor significa deidad dondequiera que la Escritura, en conexión con el mensaje del evangelio, denomina a Jesús `Señor’. La verdad de que Cristo es Dios es un componente fundamental del mensaje del evangelio. Ninguna persona que niegue la deidad de Cristo puede ser salva (1 Juan 4:2, 3)” (p. 208). Luego dice que “pero en la idea de deidad esta inherente la autoridad, el dominio y el derecho de mandar. Una persona que vive en rebelión contra la autoridad de Cristo no lo reconoce como Señor en ningún sentido (comparar Tito 1:16)” (p. 208, 209). Insistiendo pues, en que el señorío “involucra las ideas de dominio, autoridad, soberanía y el derecho a gobernar”, MacArthur defiende que en la frase “confiese que Jesús es Señor de Romanos 10:9, está implícita la idea de que “la persona que se allega a Cristo para la salvación debe hacerlo en obediencia a Él, es decir, con una disposición a someterse a Él como Señor” (p. 207).

La palabra “Señor” en el Nuevo Testamento tiene una variedad de significados, incluyendo “señor”, “dueño”, “amo”, y “Dios”. Cuando se utiliza en relación a Cristo, frecuentemente significa “Dios”. La razón de esto, y la prueba de esto, es simple. En el Antigua Testamento, los judíos no pronunciaban el nombre personal de Dios. En lugar de eso, decían “Señor” (Jehová). En la Septuaginta, la traducción griega del Antiguo Testamento, el término “Señor” se utiliza para el nombre de Dios; así que, la palabra “Señor” simplemente significa Dios. Al llamar a Jesucristo “el Señor Jesucristo”, el Nuevo Testamento le está atribuyendo deidad. Esa no es solo la opinión de los dispensacionalistas. Están de acuerdo no menos que todos estos: el obispo Westcott, B. B. Warfield, J. Gresham Machen y, más recientemente el artículo en el Nuevo Diccionario de Teología Neotestamentaria (para citas y referencias véase El Señorío para Salvación ¿Es Bíblico? de G. Michael Cocoris, pp. 13,15). Tal como llegué a la conclusión en ese folleto sobre Señorío para Salvación publicado en 1983: La idea es que el Nuevo Testamento está defendiendo que Jesucristo es Señor, es decir, que él es Dios y que como el Dios-hombre, es nuestro Salvador. La palabra “Señor”, en la frase “Cree en el Señor Jesucristo”, no se diferencia de un equivalente moderno tal como “pon tu confianza en el Presidente Reagan”. El término “Presidente es su título. Indica su posición y su capacidad para cumplir sus promesas. En forma similar, el término “Señor”, cuando se aplica a Jesucristo, indica su posición como Dios y, por lo tanto, su capacidad para salvarnos y concedernos la vida eterna (p. 15).

Quizá seria titil una ilustración. Utilizando el método de MacArthur, alguien podría decir que “Tenemos que creer en el Señor Jesucristo. El significado de Cristo es que Él es el futuro Rey davídico del reino. Por lo tanto, la implicancia es que, si no crees en Cristo come el futuro rey, no puedes ser salvo”.

Ni los términos que Jesús utilizó, ni la doctrina que enseñó, pueden sustentar la conclusión de que el evangelio según Jesús era el señorío para la salvación. Mas bien, Jesús mismo dijo: Todo el que cree en el unigénito tiene vida eterna (Juan 3:16).

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Sistema de Salvación de MacArthur

Introducción

Nicodemo

La Mujer junto al pozo

Llamamiento de Mateo

El ciego frente al Señor Jesucristo

El Joven Rico, Zaqueo, Judas y la Multitud

Las Parábolas según MacArthur

La doctrina que Jesús enseñó (parte 1)

 

Las Riquezas de Su Gracia


Contemplar lo que Dios ha hecho bondadosamente por pecadores
merecedores del infierno debe animar y emocionar
a todo hijo de Dios comprado con sangre.

Como el escritor del himno ha dicho, “¡Cuán gran deudor a la gracia diariamente siento ser!” (Robert Robinson). Pablo, al referirse a la redención y al perdón que los creyentes tienen en Cristo, habló de “las RIQUEZAS de SU GRACIA” (Efesios 1:7). En otra parte él dice, “Pero por la gracia de Dios soy lo que soy” (1 Corintios 15:10). Dios ha dado a cada creyente consolación eterna (eterno aliciente) y buena esperanza por gracia (2 Tesalonicenses 2:16-17). “Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que VOSOTROS con su pobreza fueseis ENRIQUECIDOS (2 Corintios 8:9).

Muchos creyentes fallan en apreciar las RIQUEZAS que tienen. Se cuenta la historia de un viejo minero que se pasó toda su vida buscando plata en las montañas del Viejo Oeste. Estaba tan empecinado con su búsqueda, que su esposa y sus hijos lo abandonaron. Cuando murió, las pocas personas que vinieron a su entierro encontraron entre sus posesiones una nota que les instruía a que lo sepultaran bajo su cabaña. Al excavar la tierra con las palas, un material gris y lustroso comenzó a aparecer. Era el famoso Comstock Silver Vein (la mina de plata de Comstock), la más rica de la historia de California. Ese minero había sido un billonario durante toda su vida, pero no sabía la riqueza que tenía y nunca la reclamó. El no sabía cuán rico era.

Todo verdadero creyente es un billonario espiritual. La Biblia dice que Cristo se hizo pobre (y murió por nosotros) para que nosotros con Su pobreza fuésemos ENRIQUECIDOS (2 Corintios 8:9). El creyente, que es un hijo del Rey, muchas veces anda por allí viviendo como un MENDIGO en vez de vivir como un PRÍNCIPE. Dios quiere que sepamos cuán RICOS somos por causa de SU inmaculada gracia: “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo” (Efesios 1:3). ¡Nosotros hemos sido bendecidos con toda bendición espiritual!

No podemos poseer nuestras posesiones si no sabemos en qué consisten. No podemos andar como es digno de nuestro llamado (Efesios 4:1), si no sabemos en qué consiste nuestro llamamiento. Los grandes hechos y verdades que se encuentran en la Palabra de Dios deben ser mantenidos por fe. Debemos vernos a nosotros mismos como Dios nos ve en Cristo. Debemos reclamar por fe lo que ya nos ha sido dado en Cristo. La gracia de Dios nos enseña y nos instruye cómo hemos de vivir (Tito 2:11-12). El método de instrucción de Dios es primero mostrarnos y enseñarnos lo que ÉL ha hecho por nosotros por gracia y luego se nos exhorta a andar de acuerdo a ello. Efesios 5:8 ilustra ésto muy bien: “Porque en otro tiempo (antes, refiriéndose a nuestro estado no regenerado, antes de ser salvos) erais tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor; andad como hijos de luz”. Debemos andar a la luz de LO QUE SOMOS. Debemos “ser lo que somos”. Nuestra CONDICIÓN actual debe equipararse a nuestra gloriosa POSICIÓN. Mientras más nos adueñamos por fe de los gloriosos hechos de nuestra POSICIÓN en Cristo, tanto más ésto afectará nuestro actual estado y CONDICIÓN, al tiempo que caminamos al paso del Señor.

Que los ojos de nuestro entendimiento sean alumbrados, para que sepamos cual es la esperanza de Su llamado, y cuales son las riquezas de la gloria de su herencia en los santos y cual es la supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos (ver Efesios 1:18-19).

Para apreciar plenamente las riquezas de la gracia de Dios, debemos contrastar nuestra actual posición en Cristo con nuestro anterior estado no regenerado, cuando estábamos separados de Cristo y muertos en pecado. Las glorias de la gracia de Dios resplandecen con más brillo contra el negro trasfondo de nuestro estado pasado y de la condición en la cual estábamos antes de encontrar al Salvador. Dios nunca quiere que olvidemos lo QUE ÉRAMOS antes de nuestra salvación: “Por lo tanto, ACORDAOS de que en otro tiempo vosotros, los gentiles en cuanto a la carne, erais llamados incircunsición por la llamada circuncisión hecha con mano en la carne. En aquel tiempo ESTABAIS sin Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo” (Efesios 2:11-12 y compare Tito 3:3). De modo que, antes de considerar nuestras riquezas en Cristo, consideremos…….

61 COSAS QUE ERAN VERDAD EN CUANTO A MÍ ANTES DE QUE YO FUERA SALVO…..

  1. Yo estaba en el camino espacioso que lleva a la perdición (Mateo 7:13)
  2. Yo estaba perdido (Lucas 19:10; 2 Corintios 4:3)
  3. Yo estaba ya condenado por causa de mi incredulidad (Juan 3:18; compare 1 Corintios 11:32)
  4. Yo amaba las tinieblas (Juan 3:19)
  5. Yo estaba bajo la ira de Dios (Juan 3:36) esperando la ira venidera de Dios (Lucas 3:7; Efesios 5:6; Colosenses 3:6)
  6. Yo era un adorador ignorante (Juan 4:22)
  7. Yo era un hacedor de lo malo merecedor de juicio (Juan 5:29; compare 3 Juan 11)
  8. Yo era del mundo y de abajo (Juan 5:29)
  9. Yo estaba aún en mis pecados (Juan 8:21,24; compare Juan 20:23)
  10. Yo era un hijo del diablo (Juan 8:44)
  11. Yo rechazaba a Cristo (Juan 12:48)
  12. Yo aborrecía a Cristo (Juan 15:18) y aborrecía a quienes pertenecen a Cristo (Juan 17:14)
  13. Yo estaba bajo el poder de Satanás (Hechos 26:18; 1 Juan 5:19)
  14. Yo era malagradecido, no dando honor a Dios (Romanos 1:21)
  15. Yo era injusto (Romanos 1:29-31; 3:10; 1 Corintios 6:9-10)
  16. Yo estaba bajo pecado (Romanos 3:9) y enfermo de pecado (Lucas 5:31-32)
  17. Yo era inútil (Romanos 3:12; compare Filemón 11)
  18. Yo estaba sin temor de Dios (Romanos 3:18)
  19. Yo era culpable ante Dios (Romanos 3:19)
  20. Yo era un pecador (Romanos 3:23; 5:8)
  21. Yo era débil (Romanos 5:6)
  22. Yo era impío (Romanos 5:6; 4:5)
  23. Yo era enemigo de Dios (Romanos 5:10; Colosenses 1:21)
  24. Yo era un esclavo del pecado (Romanos 6:17,20; Juan 8:34)
  25. Yo merecía la muerte (Romanos 6:23; compare 2 Tesalonicenses 1:8-9)
  26. Yo estaba en la carne (Romanos 7:5; 8:8)
  27. Yo estaba en peligro de perecer (1 Corintios 1:18, 2 Corintios 2:15; Lucas 13:3,5)
  28. Yo era un hombre natural que consideraba las cosas de Dios como locura (1 Corintios 1:18; 2:14)
  29. Yo estaba bajo el anatema de Dios (1 Corintios 16:22)
  30. Yo estaba enceguecido por el dios de este siglo (2 Corintios 4:4)
  31. Yo formaba parte del presente siglo malo (Gálatas 1:4)
  32. Yo estaba muerto en delitos y pecados (Efesios 2:1,5; Colosenses 2:13)
  33. Yo andaba siguiendo la corriente de este mundo (Efesios 2:2)
  34. Yo era un hijo de desobediencia (Efesios 2:2)
  35. Yo era un hijo de ira (Efesios 2:3)
  36. Yo estaba sin Cristo (Efesios 2:12)
  37. Yo estaba alejado de la ciudadanía de Israel (Efesios 2:12)
  38. Yo era ajeno a los pactos de la promesa (Efesios 2:12,19)
  39. Yo no tenía esperanza (Efesios 2:12) y no tenía fundamento (Lucas 6:48)
  40. Yo estaba sin Dios en el mundo (Efesios 2:12)
  41. Yo estaba lejos (Efesios 2:13)
  42. Yo andaba en la vanidad de mi mente (Efesios 4:17)
  43. Yo tenía mi entendimiento entenebrecido (Efesios 4:18; Romanos 1:21)
  44. Yo estaba ajeno de la vida de Dios (Efesios 4:18, Colosenses 1:21)
  45. Yo era ignorante (Efesios 4:18)
  46. Yo estaba ciego y endurecido (Efesios 4:18)
  47. Yo estaba entregado a la lascivia (Efesios 4:19)
  48. Yo estaba viciado conforme a los deseos engañosos (Efesios 4:22)
  49. Yo era de las tinieblas y de la noche (Efesios 5:18; 1 Tesalonicenses 5:5; 1 Juan 2:11)
  50. Yo estaba bajo la potestad de las tinieblas (Colosenses 1:13; Lucas 1:79, Hechos 26:18)
  51. Yo era alguien que no conocía a Dios (1 Tesalonicenses 4:5)
  52. Yo era insensato (Tito 3:3, Romanos 1:22)
  53. Yo era desobediente (Tito 3:3)
  54. Yo estaba extraviado (Tito 3:3)
  55. Yo era esclavo de concupiscencias y deleites diversos (Tito 3:3)
  56. Yo vivía en malicia y envidia (Tito 3:3)
  57. Yo era aborrecible y aborrecía uno a otro (Tito 3:3)
  58. Yo era una oveja descarriada (1 Pedro 2:25)
  59. Yo vivía en la carne conforme a las concupiscencias de los hombres (1 Pedro 4:2)
  60. Yo andaba en lascivias, concupiscencias, abominables idolatrías, etc. (1 Pedro 4:3)
  61. Yo era sensual, no teniendo al Espíritu (Judas 19)
  62. (añada a la lista) ______________________________________
  63. ____________________________________________________
  64. ____________________________________________________
  65. ____________________________________________________
  66. ____________________________________________________

A la luz de nuestro estado y condición anterior de inconversos, note cuán importante es la pequeña palabra “pero” en estos preciosos pasajes:

“En los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás. Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos)” (Efesios 2:2-5).

“Porque nosotros también éramos en otro tiempo insensatos, rebeldes, extraviados, esclavos de concupiscencias y deleites diversos, viviendo en malicia y envidia, aborrecibles, y aborreciéndonos unos a otros. Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres, nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo” (Tito 3:3-5).

“En aquel tiempo estabais sin Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo. Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo” (Efesios 2:12-13).

¡MARAVILLOSA GRACIA DE NUESTRO AMANTE SEÑOR!

Habiendo recordado nuestra condición impía y nuestro estado no regenerado anterior, ahora estamos listos para considerar las grandes cosas que Dios ha hecho por nosotros en Su gracia, salvando nuestras almas y completándonos. Este listado de ningún modo es original. Por ejemplo, Lewis Sperry Chafer tiene una lista similar en su libro titulado Salvación. Este listado tampoco es completo o exhaustivo. Hemos enumerado 215 cosas, pero hay más. Puedes añadir a esta lista por medio de tu propio estudio de las Escrituras a medida que encuentres otras cosas que son verdaderas acerca de ti ahora que eres salvo. Este estudio puede ser usado como ayuda devocional. Uno o dos de los siguientes puntos pueden ser considerados cada día al meditar sobre las riquezas de la gracia de Dios. Considera ésto como “PÍLDORAS DE VITAMINA ESPIRITUALES” y toma una o dos cada día. A través del día acuérdate de quién eres y de lo que posees en Cristo. Como santo, vive santamente. Como hijo de Dios, camina de una manera tal que honre a tu Padre celestial. “¡A Dios sea la gloria! ¡ÉL ha hecho grandes cosas!” ¡No olvides QUIÉN ERES! Considera lo siguiente:

215 COSAS QUE SON VERDAD EN CUANTO A MÍ AHORA QUE SOY SALVO:

  1. Mi salvación ha sido completamente consumada (Juan 19:30)
  2. Tengo vida eterna como una posesión presente (Juan 5:24; 6:47; 1 Juan 5:11-13)
  3. Tengo a Jesucristo como mi posesión presente (1 Juan 5:12)
  4. Conozco al único Dios verdadero (Juan 17:3; 1 Juan 2:3; 5:20)
  5. He sido salvo por SU gracia (Efesios 2:1-10)
  6. He sido justificado por Su gracia (Tito 2:3)
  7. He pasado de muerte a vida (Juan 5:24; 1 Juan 3:14)
  8. He recibido vida de Dios (Efesios 2:1,5; Colosenses 2:13)
  9. He sido hecho apto para el cielo (Colosenses 1:12)
  10. Tengo el perdón de pecados (Efesios 1:7; Colosenses 1:14)
  11. Mis pecados han sido quitados (Juan 1:29; Hebreos 9:26, 1 Juan 3:5)
  12. Mis pecados han sido completamente purificados (Hebreos 1:3)
  13. Mis pecados nunca serán recordados por Dios (Hebreos 8:12; 10:17)
  14. He sido lavado (1 Corintios 6:1; Tito 3:5; Apocalipsis 1:5)
  15. Andaré con Cristo con vestiduras blancas (Apocalipsis 3:4-5)
  16. Fui sanado por Sus heridas (1 Pedro 2:24)
  17. Todos mis pecados han sido perdonados (Colosenses 2:13; 1 Juan 2:12)
  18. He sido completamente justificado (Romanos 4:5; 8:30; 1 Cor. 6:11; Gal.2:16; Tito 3:7)
  19. Estoy reconciliado con Dios (2 Corintios 5:18-19; Colosenses 1:20)
  20. He sido hecho cercano por la sangre de Cristo (Efesios 2:13)
  21. He sido redimido por su sangre (1 Ped.1:18,19; Efesios 1:7; Col. 1:14)
  22. He sido redimido de la maldición de la ley (Gálatas 3:13)
  23. He sido redimido de toda iniquidad (Tito 2:14)
  24. He sido comprado por precio (1 Corintios 6:20; 7:23)
  25. He sido librado de tan gran muerte (2 Corintios 1:10)
  26. He sido librado del presente siglo malo (Gálatas 1:4)
  27. He sido librado de la potestad de las tinieblas (Colosenses 1:13)
  28. He sido librado de la ira venidera (1 Tesalonicenses 1:10)
  29. No vendré a condenación o juicio (Juan 5:24; Rom. 8:1)
  30. Soy un hijo de Dios (Juan 1:12; Rom. 8:16; Gal. 3:26; 1 Juan 3:1,2)
  31. Soy primicia de sus criaturas (Santiago 1:18)
  32. Pertenezco a Jesucristo (Gálatas 3:29; 5:24)
  33. He sido adoptado (Gálatas 4:5; Rom. 8:15,23)
  34. Soy heredero de Dios y coheredero con Cristo (Rom. 8:17; Tito 3:7).
  35. Soy heredero de la gracia de la vida (1 Pedro 3:7)
  36. Todo me pertenece (1 Corintios 3:21-23)
  37. Poseo todas las cosas (2 Corintios 6:10)
  38. Heredaré todas las cosas (Apocalipsis 21:7)
  39. He sido enriquecido en todo por Cristo (1 Cor. 1:5; 2 Cor. 9:11)
  40. Soy un coheredero (Efesios 3:6)
  41. Soy rico por causa de Cristo (2 Corintios 8:9; Apocalipsis 2:9)
  42. He sido bendecido con toda bendición espiritual (Efesios 1:3)
  43. He recibido una herencia (Ef.1:11,14; Heb.1:14; 9:15; 1 Ped.1:4)
  44. He sido puesto para alcanzar salvación (1 Tes. 5:9; Heb.1:14)
  45. Yo soy SU herencia (Efesios 1:18)
  46. Soy copartícipe de la promesa en Cristo por medio del evangelio (Efesios 3:6)
  47. Soy una nueva criatura (creación) en Cristo (2 Cor.5:17; Ef.2:10; 4:24; Col. 3:10)
  48. He sido renovado por el Espíritu Santo (Tito 3:5)
  49. He sido acepto en el Amado (Efesios 1:6)
  50. He sido sentado en lugares celestiales con Cristo (Efesios 2:6)
  51. Soy para alabanza de Su gloria (Efesios 1:6,12)
  52. Soy luz en el Señor (Efesios 5:8)
  53. Soy un hijo de luz (Efesios 5:8)
  54. Soy una “persona propia” de Dios, Su propiedad adquirida (Tito 2:14; 1 Pedro 2:9)
  55. Soy un sacerdote que puede ofrecer sacrificios espirituales (Heb.13:15-16; 1 Ped.2:5,9; Ap. 1:6; 5:10, 20:6)
  56. Soy un rey que reinará (Apocalipsis 1:9; 5:10; 20:6)
  57. Tengo el privilegio de tener comunión con el Padre y con el Hijo (1 Juan 1:3)
  58. Yo permanezco en Cristo (Juan 6:56, 1 Juan 3:24; 4:13,15,16)
  59. Cristo permanece en mí (Juan 6:56; Gal.2:20; 1 Juan 3:24; 4:12-16)
  60. Yo estoy en Cristo (Juan 14:20; 2 Cor. 5:17)
  61. Cristo está en mi (Juan 14:20; Col.1:21; Rom.8:10, 1 Juan 4:4)
  62. El espíritu de Dios mora en mí (Rom 8:9; 1 Cor. 3:16; Efesios 2:21-22)
  63. No vivo según la carne sino según el Espíritu (Rom. 8:9)
  64. Mi “vaso de barro” contiene un gran Tesoro (2 Cor.4:7)
  65. Mi cuerpo es templo del Espíritu Santo (1 Corintios 6:19)
  66. He sido bendecido con el don y el sello del Espíritu Santo (2 Cor. 1:22; Efesios 1:13-14; Gal.4:6; 1 Tes. 4:8; Tito 3:6; 1 Juan 3:24; 4:13)
  67. Tengo la unción del Santo (1 Juan 2:20, 27)
  68. Soy uno de los “llamados” por Jesucristo (Rom.1:6; 8:28-30; Judas 1:1; Ap. 17:14)
  69. He sido llamado a la comunión con el Hijo de Dios (1 Corintios 1:9)
  70. He sido llamado a la gloria eterna (1 Pedro 5:10)
  71. He sido llamado con un llamamiento santo (2 Timoteo 1:9)
  72. Soy participante del supremo, celestial llamamiento (Fil. 3:14; Heb. 3:1)
  73. He sido llamado de las tinieblas a Su luz admirable (1 Pedro 2:9)
  74. Dios me conocía desde antes (Romanos 8:9; 1 Pedro 1:2)
  75. Dios me predestinó para ser hecho conforme a la imagen de Cristo (Rom. 8:9; Ef. 1:5,11)
  76. Yo ya he sido glorificado de acuerdo al propósito de Dios (Rom. 8:30)
  77. Estoy eternamente seguro en el amor de Dios (Romanos 8:38-39)
  78. He sido escogido en Cristo (Ef. 1:4; Col.3:12; 1 Tes.1:4; 1 Ped. 2:9; Ap. 17:14)
  79. He sido escogido para salvación (2 Tes. 2:13)
  80. Yo estoy completo en Cristo (Colosenses 2:10)
  81. Soy un amado por Dios (Colosenses 3:12; 2 Tes. 2:13)
  82. Yo soy castigado y disciplinado por mi Padre celestial (Hebreos 12:6-7)
  83. Formo parte de aquel grupo del cual Cristo no se avergüenza de llamar Sus “hermanos” y “amigos” (Hebreos 2:11; Juan 15:14-15)
  84. Soy un hijo de Abraham (Gálatas 3:7)
  85. Soy linaje de Abraham (Gálatas 3:29)
  86. Disfruto de la bendición de Abraham (Gálatas 3:29)
  87. Soy un hijo de la promesa (Gálatas 4:28, 31)
  88. Soy fiel (Apocalipsis 17:14)
  89. Soy una oveja de Su manada (Lucas 12:32; Heb. 13:20; 1 Pedro 2:25)
  90. Soy un miembro de Su cuerpo (1 Cor. 10:17; 12:27; Ef. 3:6; 4:25; 5:30)
  91. Soy una piedra en Su edificio (Ef. 2:20-22; Hebreos 3:6; 1 Pedro 2:5)
  92. Soy un pámpano en la Vid (Juan 15:1-7)
  93. Soy un hijo del reino (Mateo 13:38; compare Marcos 10:14-15)
  94. He nacido de nuevo en Su familia (Jn. 1:12-13; Stg.1:18; 1 Ped.1:3,23; 2:2; 1 Juan 5:1)
  95. Soy del pueblo de Dios porque ÉL me reclama como Suyo (1 Ped. 2:10; Ap. 21:7)
  96. Soy conciudadano de los santos (Efesios 2:19)
  97. Fui bautizado en Cristo (Romanos 6:3; Gálatas 3:27)
  98. Fui identificado con Cristo en Su muerte (Rom.6:3-6; 8-11; 2 Cor 5:14; Col.2:12,20; 3:3)
  99. Fui identificado con Cristo en Su resurrección (Rom. 6:5, 8,11; 2 Cor 5:15; Gal. 2:20; Col.2:12; 3:1)
  100. Yo morí al pecado (Romanos 6:2)
  101. Mi “viejo hombre” fue crucificado con Cristo (Romanos 6:6)
  102. He sido crucificado con Cristo (Gálatas 2:209
  103. He crucificado la carne con sus pasiones y deseos (Gálatas 5:24)
  104. Estoy vivo para Dios (Romanos 6:11,13; Gálatas 2:19,20)
  105. Cristo es mi vida (Fil. 1:21; Col. 3:4)
  106. Puedo andar en vida nueva (Romanos 6:4)
  107. Puedo servir bajo el régimen nuevo del Espíritu (Romanos 7:6)
  108. Puedo vivir a la justicia (1 Pedro 2:24)
  109. Yo morí a la ley (Romanos 7:4, Gálatas 2:19)
  110. Estoy libre de la ley (Romanos 7:6)
  111. No estoy bajo la ley, sino bajo la gracia (Romanos 6:14)
  112. Tengo la ley de Dios escrita en mi corazón (Hebreos 10:16)
  113. Estoy unido a Cristo (Romanos 7:4)
  114. Soy un participante de Cristo (Hebreos 3:14)
  115. Estoy identificado con Cristo en Sus padecimientos (2 Ti. 2:12; Fil.1:29; 1 Ped.2:20; 4:12-13; 1 Tes. 3:3; Rom. 8:18; Col. 1:24)
  116. El conocimiento de Dios es manifestado por mí (2 Corintios 2:14)
  117. El olor (aroma) de Cristo es dado a conocer por mí (2 Cor. 2:15-16)
  118. Soy una carta de Cristo (2 Corintios 3:3)
  119. Estoy siendo transformado en la gloriosa imagen de Cristo (2 Corintios 3:18)
  120. Estoy siendo perfeccionado (Filipenses 1:6)
  121. Mi hombre interior es renovado de día en día (2 Corintios 4:16)
  122. Estoy revestido de Cristo (Gálatas 3:27)
  123. No soy del mundo (Juan 17:14, 16)
  124. El mundo me es crucificado a mí (Gálatas 6:14)
  125. Yo estoy crucificado al mundo (Gálatas 6:14)
  126. Estoy apartado para el evangelio de Dios (Romanos 1:1)
  127. He sido apartado y santificado en Cristo Jesús (1 Cor.1:2; 6:11; Heb.10:10; Judas 1)
  128. Soy santo (Col.3:12; Hebreos 3:1; 1 Pedro 2:9; Ap. 20:6)
  129. Estoy vestido en Su justicia (Apocalipsis 19:8)
  130. Soy un santo (1 Cor. 1:2; Filipenses 1:1; Col. 1:2; Rom. 1:7)
  131. Soy irreprensible y sin mancha en Cristo (Ef. 5:27, Col. 1:22; Judas 24)
  132. He sido perfeccionado para siempre (Hebreos 10:14)
  133. No soy mío (1 Corintios 6:19)
  134. He sido llamado a santificación (1 Tes. 4:7)
  135. Soy un ciudadano del cielo (Filipenses 3:20)
  136. Soy un extranjero y peregrino en este mundo (Heb. 11:13; 1 Ped. 2:11)
  137. He sido trasladado al reino de Su amado Hijo (Colosenses 1:13)
  138. He sido circuncidado en mi corazón (Col 2:11, Fil. 3:3; compare Deut. 10:16)
  139. Mi Dios, que es fiel, me santificará por completo (1 Tes. 5:23-24)
  140. Mi Dios, que es fiel, me guardará del mal (2 Tes. 3:3; 2 Ti. 4:18)
  141. Cristo me ha libertado, libre de verdad (Juan 8:32-36; Gal. 5:1; 1 Cor. 7:22)
  142. Jesucristo es mi Libertador (Romanos 7:24-25)
  143. He sido libertado del pecado (Rom. 6:7, 18, 22)
  144. La ley del Espíritu de vida me ha librado de la ley del pecado y de la muerte (Rom. 8:2)
  145. Soy siervo o esclavo de Dios (Rom. 6:22)
  146. Soy siervo o esclavo de Cristo (1 Cor. 7:22)
  147. Soy siervo o esclavo de la justicia (Rom. 6:18)
  148. He sido llamado a libertad (Gal. 5:13)
  149. Tengo la mente de Cristo (1 Cor. 2:16)
  150. Tengo dominio propio (2 Ti. 1:7)
  151. Cristo me ha dado entendimiento (1 Juan 5:20)
  152. Tengo la justicia de Cristo (2 Cor. 5:21)
  153. Tengo todo lo suficiente en todas las cosas (2 Cor. 9:8)
  154. Tengo todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad (2 Pedro 1:3)
  155. Puedo estar siempre contento, porque tengo a Cristo (Hebreos 13:5)
  156. Tengo toda la armadura y las armas que necesito (2 Cor. 10:4; Ef. 6:10-17)
  157. Tengo la toda-suficiente gracia de Dios (2 Cor. 12:9)
  158. Tengo gracia para ayuda en tiempo de necesidad (Hebreos 4:16)
  159. Tengo el poder de Dios (Efesios 1:19; 3:20)
  160. Tengo entrada al Padre (Ef. 2:18; Heb. 4:16)
  161. Tengo un Gran Sumo Sacerdote (Hebreos 2:17-18; 3:1; 4:14-16; 8:1; 10:21)
  162. Tengo un Intercesor que no falla (Heb. 7:25; 9:24; Rom. 8:34)
  163. Tengo un Abogado justo para con el Padre en caso de pecar (1 Juan 2:1)
  164. Tengo paz para con Dios (Rom. 5:1)
  165. Cristo es mi paz (Efesios 2:14)
  166. Tengo descanso para mi alma (Mateo 11:28-29; Heb. 4:9)
  167. Soy guiado por el Espíritu de Dios (Romanos 8:14)
  168. Puedo soportar las pruebas y tentaciones (1 Cor. 10:13)
  169. Recibo consuelo y certeza del Espíritu (Rom. 8:16; Heb. 6:18)
  170. Recibo consolación de Dios (2 Cor. 1:3-7)
  171. Soy serenado por Su paz (Fil. 4:7)
  172. Recibo conocimiento y verdad por el Espíritu (1 Cor. 2:12)
  173. No estoy angustiado (2 Cor. 4:8)
  174. No estoy desesperado (2 Cor. 4:8)
  175. No estoy desamparado (2 Cor 4:9)
  176. No estoy en tinieblas (1 Tes. 5:4)
  177. Mi competencia proviene de Dios (2 Cor. 3:5)
  178. Dios es mi fortaleza (2 Cor. 12:9-10; Fil. 4:13)
  179. Dios es mi Ayudador (Heb. 13:6)
  180. Pertenezco al Dios soberano que hace que todo ayude para mi bien (Rom. 8:28)
  181. Todas las cosas son por mi  (2 Cor. 4:15)
  182. Dios está por mí (Romanos 8:31)
  183. Dios suple todas mis necesidades (Fil. 4:19)
  184. Soy un colaborador de Cristo (1 Cor. 3:9; 2 Cor. 6:1)
  185. Soy hechura Suya (Efesios 2:10)
  186. Dios obra en mí (Fil. 2:13; Heb. 13:21)
  187. La Palabra de Dios obra en mí (1 Tes. 2:13)
  188. He sido sellado por Dios (2 Cor. 1:22; Ef. 1:13)
  189. Estoy sobre la Roca, Cristo Jesús (Mateo 16:18; 1 Cor. 3:11)
  190. Estoy afirmado y confirmado en Cristo (2 Cor. 1:21; 2 Tes. 3:3)
  191. Soy guardado por el poder de Dios (1 Pedro 1:5)
  192. Soy guardado en Jesucristo (Judas 1)
  193. Soy guardado de caer (Judas 24)
  194. Tengo una casa eterna hecha por Dios en los cielos (2 Cor. 5:1)
  195. Mi nombre está para siempre escrito en los cielos (Lucas 10:20)
  196. Soy más que un vencedor (Romanos 8:37)
  197. Tengo la victoria por medio de Cristo (1 Cor. 15:57)
  198. He  vencido al mundo (1 Juan 5:4-5)
  199. Yo siempre triunfo en Cristo (2 Cor. 2:14)
  200. En mí mora el Cristo victorioso que es mayor que Satanás (1 Juan 4:4)
  201. Satanás no puede tocarme (1 Juan 5:18)
  202. Tengo una esperanza viva (1 Pedro 1:3)
  203. Tengo un futuro glorioso (Rom. 8:18; 2 Tes. 2:14)
  204. He recibido consolación eterna y buena esperanza por gracia (2 Tes. 2:16)
  205. Seré preservado para Su reino celestial (2 Ti. 4:18)
  206. Estoy recibiendo un reino inconmovible (Hebreos 12:28)
  207. Hay un lugar en el cielo reservado para mí (Juan 14:2,3; 1 Pedro 1:4)
  208. Comeré del árbol de la vida (Ap. 2:7)
  209. No sufriré daño de la muerte segunda (Ap. 2:11; 20:6)
  210. Recibiré un nombre nuevo (Ap. 2:17; 3:12)
  211. Tendré autoridad sobre las naciones (Ap. 2:26; 5:10)
  212. Mi nombre no será borrado del libro de la vida (Ap. 3:5)
  213. Seré una columna en el templo de Dios (Ap. 3:12)
  214. Me sentaré con Cristo en Su trono (Ap. 3:21)
  215. Estaré con mi Dios para siempre (Ap. 21:3-4)
  216. (añada a la lista) ______________________________________
  217. ____________________________________________________
  218. ____________________________________________________
  219. ____________________________________________________
  220. ____________________________________________________

Recopilado por George Zeller

Usado con permiso.

El evangelio de la cruz


Motivo a todo aquel que llegó a este blog que tome unos minutos para ver el siguiente video.

En este video comprederás de una manera clara y sencilla cómo ser salvo, que seguridad puedo tener que mis pecados sean perdonados por nuestro Señor Jesucristo y pasar a ser una nueva criatura.

Otra razón para verlo es para tener un método excelente para la presentación clara del evangelio.

Agradezco al Ministerio de Palabra de Vida México por proveer de este material para compartirlo con ustedes. Dios les bendiga.

Enseña MacArthur una salvación por gracia o por obras?


La respuesta a la pregunta, “¿Qué deba hacer para ser salvo?” va a plasmarse en una definición de ciertos términos bíblicos tales come arrepentimiento, fe y discipulado. MacArthur trata acerca de estos términos en una sección importante de su libro, a la cual denomina “Jesús Califica su Evangelio”. ¿Qué dice MacArthur en cuanto a lo que Jesús quería significar por medio de arrepentimiento, fe verdadera, discipulado, señorío y el Sermón del Monte? ¿Puede su opinión ser respaldada con el significado de esos términos y con el texto de la Escritura?

ARREPENTIMIENTO

MacArthur lamenta que escritores come Ryrie, Constable y yo hayamos “rede­finido el arrepentimiento de una manera que elimina sus ramificaciones morales”. Continua diciendo que “lo describen como simplemente un cambia de mentalidad en cuanto a quien es Cristo. Esta ciase de arrepentimiento no tiene nada que ver con dar las espaldas al pecado o abandonar el yo. Esta completamente despojado de cualquier reconocimiento de culpabilidad personal, cualquier intento de obedecer a Dios, o cualquier deseo de verdadera rectitud” (p. 161). ¿Qué es, pues, el arrepen­timiento?
MacArthur admite que “literalmente quiere decir pensamiento posterior’ o ‘cambio de idea’, pero bíblicamente su significado no se detiene allí…siempre habla de un cambio de propósito y, específicamente, un alejamiento del pecado. En el sentido que Jesús lo utilizó, el arrepentimiento requiere un repudio hacia la antigua vida, y un volverse a Dios para la salvación” (p. 162). “También el arrepentimiento no es simplemente una actividad mental; el arrepentimiento genuino involucra el intelecto, las emociones y la voluntad” (p. 163). Luego, MacArthur cita a Geerhar­dus Vos quien dijo: “De las tres palabras que se utilizan en los evangelios griegos para describir el proceso, una enfatiza el elemento emocional del lamento y pena por el malvado curso de la vida pasada…la segunda expresa una inversión de toda la actitud mental… la tercera denota un cambio en la dirección de la vida, siendosustituida una meta por otra” (p. 163, 164). “Ningún evangelismo que omita el mensaje del arrepentimiento puede ser, adecuadamente, denominado evangelio, porque los pecadores no puede venir a Cristo sin que haya un cambio radical de corazón, mente y voluntad. Eso demanda una crisis espiritual que conduce a una cambio completo, y a la postre, a una transformación total. Es la única clase de conversión que reconoce la Escritura” (p. 167). “No hay salvación fuera del arrepentimiento que renuncia al pecado” (p. 168).

Así que, MacArthur enseñaque el arrepentimiento “siempre involucra un sentimiento de remordimiento. …Es un cambio de dirección en la voluntad hu­mana, una decisión voluntaria de abandonar toda injusticia, y en lugar de ello, procurar la justicia. El arrepentimiento tampoco es meramente una obra humana; es como cada elemento de la redención, un don de Dios otorgado soberanamente… Hechos 11:18; 2 Timoteo 2:25. Si Dios es el que otorga el arrepentimiento, no puede ser vistocomo una obra humana” (p. 163).

¿Confundido? Con elobjeto de ser salvo debes cambiar tu forma de pensar, lamentarte por tu pecado, darle las espaldas al pecado, abandonar toda injusticia, y procurar la justicia. Aún así, no es una obra humana. Dios, soberanamente, te otorga eso. Si es así, ¿qué haces, pues, para conseguir que Dios te dé arrepentim­iento?

En el Nuevo Testamento hay solo dos palabras griegas, no tres, que se traducen como “arrepentimiento”, (la tercera palabra que Geerhardus Vos mencionó nunca se traduce “arrepentimiento” y quiere decir “tornarse o ser convertido”. Obviamente es diferente a arrepentirse porque se utiliza en la misma frase junto al arrepentimiento (ver Hec.3:19; 11:21). Una de las dos palabras traducidas “arrepentimiento” en el Nuevo Testamento quiere decir “lamentarse, sentirse apenado por algo que has hecho”, pero nunca se utiliza como condición para la salvación (solo aparece seis veces. Comparar Mateo 21:29; 21:32; 27:3; 2 Corintios 7:8 (dos veces) Hebreos 7:21. En una de estas referencias Judas se arrepintió-Mateo 27:3). El error de la evaluación de Geerhardus Vos es que vuelca el significado de las tres palabras en un solo significado. Luego hace de ese significado la definición de arrepentimiento en cada oportunidad que aparece.

La palabra traducida “arrepentimiento” que se utiliza en pasajes soteriológicos simplemente describe un cambio de pensamiento o actitud interior. Mantey, de gran fama en gramática griega dijo: “significa pensar de manera diferente o tener una actitud diferente hacia el pecado y hacia Dios, etc” (Doctrina Cristiana Básica, p 193). Westcott, el famoso erudito griego, dijo: “se deduce por tanto, que “arrepentimiento de obras muertas” expresa ese cambio de mentalidad completo-de actitudes espirituales-que lleva a que el creyente abandone estas obras y busque otro respaldo para la vida” (Westcott, sobre Hebreos 6:1, p. 144). Plummer denomina arrepentiento a “un cambio de mentalidad interior” (en su comentario sobre Lucas 3:8). En realidad, Geerhardus Vos, el autor citado por MacArthur, está de acuerdo en este punto en particular. El define la palabra traducida “arrepentimiento” en los versículos para salvación como una “ inversión de toda la actitud mental” (ver p. 163).

En mi libro sobre evangelismo, lo resumí de esta manera: ”Cuando alguien cambia de idea, tal vez haya emociones—y tal vez no las haya. Y cuando alguien cambia de idea, se espera un cambio en el curso de sus acciones, pero ambas cosas son los resultados del arrepentimiento, y no la naturaleza del arrepentimiento” (Evangelismo: Un Enfoque Bíblico, p. 66). Posteriormente en ese capítulo, señalé que Berkhof dijo: “Según la Escritura, el arrepentimiento es totalmente una actitud interior, y no se debería confundir con un cambio de vida que surge de ello. La confesión de pecado y la restauración en las equivocaciones son frutos del arrepen­timiento” (Teología Sistemática, p. 487). Berkhof tiene razón. Es obvio que el arrepentimiento no es un cambio en el comportamiento, porque laEscritura habla de arrepentirse y (dar frutos dignos de arrepentimiento (ver Lucas 3:8; Hechos 26:20). Por lo tanto, por definición, arrepentimiento no es un cambio en el comportamiento. El arrepentimiento es la raíz, el cambio de comportamiento es el fruto. (Para un debate más detallado sobre el tema del arrepentimiento, véase “Que Es Arrepentimiento en Evangelismo: Un Enfoque Bíblico p. 65-72).

LA FE VERDADERA

Según MacArthur, el error del enfoque popular actual hacia el evangelismo es que “la apelación del evangelio está unida a una explicación totalmente inadecuada de lo que significa creer. La definición moderna de fe elimina el arrepentimiento, borra el elemento moral del creer, olvida la obra de Dios en el corazón del pecador, hace optativa una confianza progresiva en el Señor” (p. 171). Su opinión es que la Escritura describe la fe como un regalo (Hechos 11:18; 2 Timoteo 2:25; Efesios 2:8, 9; Filipenses 1:29; Juan 6:44). Por lo tanto, “como un don divino, la fe no es ni pasajera ni impotente. Es una cualidad permanente que garantiza su perdurabilidad hasta el final” (p. 173), y obedece. “La fe que Dios concede incluye tanto voluntad como la habilidad para someterse a su voluntad (comparar Filipenses 2:13). En otras palabras, la fe acompaña a la obediencia” (p. 173). Luego cita a Berkhof el cual, dice él, ve tres elementos de la fe genuina—un elemento intelectual que es la convicción y afirmación de la verdad, “y un elemento volitivo (Fiducia) que es la determinación de la voluntad para obedecer a la verdad” (p. 173). MacArthur, luego, llega a la conclusión que “el creyente verdadero obedecerá” Debido a que todos guardamos vestigios de la carne pecaminosa, ninguno obedecerá perfectamente…, pero el deseo de hacer lavoluntad de Dios estará siempre presente en los creyentes verdaderos…la fe siempre produce un anhelo de obedecer” (p.”…Claramente, el concepto bíblico de la fe no se puede separar de la obedi­encia” (p.174). Cita a Bultman, quien dijo que “creer es obedecer” (p. 175). El insiste en que “la obediencia es La manifestación inevitable de la fe verdadera” (p.175)

MacArthur reclama que “las bienaventuranzas de Mateo 5:3-12 revelan el carácter de la fe verdadera tanto como cualquier pasaje de la Escritura que yo conozco” (p. 176). Aquí, pues, está la opinión de MacArthur en cuanto a cómo es la fe verdadera: “Su característica fundamental es la humildad—pobreza do espíritu, un quebrantamiento, un conocimiento de la bancarrota espiritual—los creyentes genuinos se ven a sí mismos como pecadores; saben que no tienen nada para ofrecerle a Dios que compre su favor. Esa es la razón por la cual se lamentan (Mateo 5:4). Con la pena que acompaña al arrepentimiento verdadero, destroza al creyente haciéndolo manso (versículo 5). Tiene hambre y sed de justicia (versículo 6). Cuando el Señor satisface esa hambre, hace misericordioso al que cree (versículo 6), puro de corazón (versículo 7), y pacificador (versículo 9). El crey­ente, finalmente, es perseguido e injuriado por causa de la justicia (versículo 10). Esa es la descripción de Jesús en cuanto a la fe verdadera. Comienza con la humildad y alcanza la complacencia en obediencia. La obediencia que produce la fe verdadera es más que exterior; es una obediencia que brota del corazón…esta clase de justicia no evita simplemente los actos de adulterio; se extiende hasta aun evitar, los pensamientos adúlteros. Evita el odio tanto como el asesinato” (p. 177).

MacArthur concluye que “la fe obedece, la incredulidad rebela. El fruto de la vida de una persona revela si es creyente o incrédula_ No hay término medio). En el sentido bíblico, el simple hecho de conocer y afirmar hechos, aparte de la obedien­cia a la verdad, no es creer” (p. 178).

La explicación de fe de MacArthur es contraria a la definición protestante tradicional sobre la fe, y su respaldo sacado de Berkhof no se presenta con precisión. Una evaluación en cuanto a cómo maneja la fe requiere, por lo menos, tres puntos: (1) una explicación de la definición teológica clásica de la fe; (2) un análisis de la cita de Berkhof; y (3) una pregunta exploratoria.

En su comentario sobre Romanos, Charles Hodge, el famoso teólogo dePrince­ton del siglo diecinueve, dio la definición de la fe salvadora que ha sido reconocida durante cientos de años par los teólogos protestantes. Dijo:

Esa fe, porlo tanto, queestá conectada con la salvación, incluye conocimiento, es decir, una percepción de la verdad y de sus cualidades, el asentim­iento o la persuasión en cuanto a la verdad del objeto de la fe; y confianza o seguridad. El ejercicio o condición mental expresados por la palabrafe, tal coma se utiliza en laEscritura, no es un mero asentimiento o simple confianza. Es la percepción inteligente, la recepción y la confianza en la verdad tal como se revela en el evangelio(Comentario sobre la Epístola a los Romanos, p. 29).

En resumen, la definiciónteológica clásica de la fe es (1) reconocimiento de la verdad;’ (2) recepción de la verdad; y (3) confianza en la verdad. La fe es confianza, no obediencia. La fe que salva es confianza en Jesucristo y en su muerte como elpago por el pecado, másninguna otra cosa.

MacArthur cita a Berkhof reclamando que el había dicho que el tercer elemento, el elemento volitivo, en la fe era “la determinación de la voluntad para obedecer a la verdad” (p. 173). Obsérvese que él no encerró esas palabras entre comillas. ¿Quçe dijo Berkhof en realidad? Bajo el título “Los Elementos de la Fe” da una lista de (a) un elemento intelectual; (b) un elemento emocional; y (c) un elemento volitivo (paginas 503-505). Bajo este tercer elemento, Berkhof escribió:

Este es el elemento que completa el concepto de fe. La fe no es simplemente una cuestión del intelecto, ni del intelecto y las emociones combinados; es una cuestión de la voluntad, determinando la dirección del alma, un acto del alma yendo hacia su objeto, y apropiándose de este. Sin esta actividad, el objeto de la fe, el cual el pecador reconoce como verdadero y real, y que se aplica completamente a sus necesidades presentes, queda fuera de sí y de su fe salvadora. Es una cuestión de vida o muerte el hecho de apropiarse del objeto. Este tercer elemento consiste en una confianza personal en Cristo como Salvador y Señor, incluyendo una entrega a Cristo del alma culpable y corrompida, y una recepción y apropiación de Cristo como la fuente de perdón y vida espiritual (Teología Sistemática de Berkhof, p.505).

Hay mas en cuanto a la cita de Berkhof. Continua a Io largo del resto de la pagina 505 y se extiende a la pagina 506. La palabra obedecer no aparece niuna sola vez en este extenso párrafo sobre el elemento volitivo de la fe. Por el contrario,
el describe este tercer elemento de la fe come “confianza personal…apropiación de Cristo” y “una entrega del alma culpable y corrompida”, pero nada, absolutamente nada, se dice acerca de la obediencia. El hecho, es que Berkhof define el elemento volitivo de la fe como Fiducia, una palabra latina que significa confianza. MacArthur efectúa una cita perjudicial de Berkhof.

Tengo una pregunta punzante. Si las bienaventuranzas de Mateo 5 revelan el verdadero carácter de la fe tan bien come cualquier pasaje, ¿por qué la “fe” no aparece allí por lo menos una vez? ¿No está ese pasaje hablando de ser bienaventurados, una palabra griega que significa “feliz”, en lugar de ser salvos?

Escrito por: Dr. Miguel Cocoris

Puedes conseguir el material completo en PDF acá.

Las Parábolas según MacArthur


No todas las parábolas que Jesús contó tratan acerca de la salvación, pero, según MacArthur, varias de ellas lo hacen. Las parábolas que él escoge explicar son utilizadas para defender el señorío para salvación. Nuevamente, escuchemos la exposición de MacArthur sobre las parábolas, y luego observemos las parábolas en sí mismas.
Esta exposición se basa sobre su libro “El Evangelio según Jesucristo”, las páginas que se mencionan más abajo corresponden a ese libro.

Los Terrenos

MacArthur interpreta los primeros tres tipos de terreno en la parábola del sembrador de Mateo 13 como ilustraciones de las personas que no llegan a ser salvas. En su opinión, sólo la última clase que da fruto es una ilustración de aquellos que fueron salvos. La idea que establece a partir de este pasaje es que “el fruto es la prueba definitiva de la salvación verdadera” (p.127). Él dice que “si no hay fruto espiritual, o si el fruto es malo, el árbol debe estar podrido o, trasladando la imagen a la metáfora de un campo, si el terreno no produce granos, es una tierra sin valor símbolo de un corazón no redimido” (p.126). “…no todos los creyentes siempre darán tanto fruto como debería o podría, pero cada uno es fructífero hasta cierta medida. Los creyentes a veces son desobedientes y, por supuesto, todavía pecan, pero al fin y al cabo los creyentes se identifican por sus frutos.” (p.127).

¿Cómo sabe MacArthur que el Señor tenía la intención de enseñar que los tres primeros tipos de terreno representaban a personas que no eran salvas? Excepto en lo referente al simbolismo que tiene que ser interpretado, el relato de Mateo no nos dice nada acerca de la condición espiritual de los cuatro tipos de terreno. El relato de Lucas, no obstante, si lo hace. Según el relato de Lucas, el diablo quitó la palabra del corazón de los que estaban junto al camino “para que no crean y se salven” (Lucas 8:12). Por lo tanto, sabemos que el primer grupo no era salvo. El relato de Lucas revela que el segundo tipo eran aquellos que “creen por algún tiempo” (Lucas 8:13). Si el primer tipo hubiese sido salvo por creer, y solamente por creer, entonces tenemos todo el derecho de asumir que, si el segundo tipo creyó, fueron salvos aún si solamente continuaron haciéndolo por algún tiempo. Del tercer tipo se dice que el fruto no llegó a ser maduro (Lucas 8:14), implicando que eran salvos pero inmaduros. El cuarto y último grupo, por supuesto, eran creyentes fructíferos en alguno u otra medida. La única manera en que MacArthur puede llegar a la conclusión de que este pasaje está enseñando que dada creyente debe producir cierto grado de fruto es introducir este concepto dentro del pasaje. El pasaje en sí no dice eso; en realidad, dice exactamente lo opusto. Enseña que un creyente puede ser infructuoso (ver 2 Pedro 1:8,9). Por supuesto, la idea general de esta parábola es que no deberíamos ser infructuosos, sino fructíferos. Ser buen terreno. Ser oidores y hacedores de la Palabra para que puedan ser fructíferos.

El Trigo y la Cizaña

Según MacArthur “el mensaje del Trigo y la cizaña es simplemente que Dios no autoriza ninguna actividad que por la fuerza, sacaría del mundo a los incrédulos “ (p.131). “…aún así, esta parábola, no está diciendo que deberíamos despreocuparnos hasta el juicio final por las diferencias entre el trigo y la cizaña. No nos impulsa a que aceptemos la cizaña como trigo. No permite la indiferencia por los pecados de los perdidos, ni sugiere que nos olvidemos de que hay malezas en el campo, ni que desatendamos los peligros que representan. Simplemente nos dice que dejemos en manos del Señor y de sus ángeles el juicio y retribución finales. Al final, el trigo verdadero inevitablemente será identificado por el fruto que produce. …El fruto que (los creyentes) lleven será diferente al fruto dado por los hijos del maligno” (p.133)

MacArthur tiene razón al decir que esta parábola está enseñando que más tarde Dios separará el trigo de la cizaña, y que nosotros, mientras tanto, no deberíamos intentar por la fuerza sacar del mundo a los incrédulos. También tiene razón cuando dice que “hasta que la semilla madura, (la cizaña) es casi imposible distinguir del trigo verdadero, aun bajo el más cuidadoso escrutinio” (p.130), razón por la cual precisamente la inspección del fruto es una tarea difícil, si no a veces imposible.

Piénsalo. Una cizaña puede parecerse al trigo, un incrédulo puede ser moralista y religioso como un creyente. Esa es una de las razones principales por las cuales debemos enfocar a las personas hacia la obra de Cristo en la cruz, y no hacia las obras de ellos; y hacia la Palabra para tener seguridad, y no hacia la experiencia.

El Tesoro y la Perla

Admitiendo el hecho de que es difícil ser dogmático en cuanto al significa de las parábolas que no fueron específicamente explicadas por el Señor, la opinión de MacArthur es que el tesoro y la perla valiosa de Mateo 13 están enseñando el costo de la salvación. “Ambas parábolas establecen la idea de que un pecador que comprende las riquezas invalorables del reino, para obtenerlo gustosamente cederá cualquier otra cosa que aprecia” (p.135). La opinión de MacArthur es que la salvación es un intercambio: “la fe, tal como él (Cristo) la caracteriza, no es nada menos que un intercambio completo de todo lo que nosotros somos por todo lo que Él es” (p. 135) “Así, en un sentido nosotros pagamos el precio final para la salvación. Cuando nuestro yo pecaminoso es clavado a la cruz, es un abandono total de la voluntad propia así como el grano de trigo que cae en la tierra y muere, de manera que pueda llevar mucho fruto (comparar Juan 12:24). Es un intercambio de todo lo que nosotros somos por todo lo que Cristo es. Y ello denota una obediencia implícita, una entrega plena al señorío de Cristo. Ninguna otra cosa se puede calificar como fe salvadora” (p.149)

Si tú insistes en que la salvación es un don gratuito, MacArthur estará de acuerdo, y aún así al mismo tiempo defiende que es costosa. El dice que “la vida eterna es, en verdad, un don gratuito (Romanos 6:23). La salvación no puede ser ganada con buenas acciones ni comprada con dinero. Ya ha sido comprada por Cristo, quien pagó el rescate con su sangre, pero eso no quiere decir que no haya costo el lo que hace al impacto de la salvación en la vida espiritual. Esta paradoja puede ser difícil, pero no obstante, es cierta: la salvación es tanto gratuita como costosa” (p.140). ¿Es preciso el análisis de MacArthur?

MacArthur considera que el hombre que hall6 el tesoro en el campo, y el mer­cader que busca perlas, se refieren a un pecador en busca de la salvación, pero en las otras parábolas de Mateo 13, por ejemplo en las parábolas del sembrador y del trigo y la cizaña, el sembrador es el Hijo del Hombre (ver 13:37). Por la tanto, en este contexto es más natural interpretar que el buscador de perlas y el mercader son el Hijo del Hombre. Jesucristo, el Hijo del Hombre, dio todo, simbolizado aquí en el hecho de vender todo para comprar a su pueblo, representado aquí por media del tesoro escondido en el campo, y por la perla. En Éxodo, Dios denominó a Israel “mi especial tesoro” (ver Éxodo 19:5; también Salmo 135:4). Es perfectamente consis­tente con la Escritura el hecho de hablar de que Cristo nos compr6. Es incongruente hablar de que nosotros compramos a Cristo o la salvación. Si estas parábolas son acerca del Hijo del Hombre y no de los pecadores, entonces la interpretación de MacArthur simplemente es incorrecta. Además, la salvación no es un intercambio (p. 135); es un regalo (Romanos 6:23). La salvación no puede ser al mismo tiempo gratuita y costosa para la misma persona.

La Parábola del Primero y el Postrero

En Mateo 20:1-16, Jesús contó una parábola acerca de un terrateniente que empleó obreros para su villa. Aunque los empleó a diferentes horas del día, les pagó a todos el mismo salario, concluyendo que el postrero seria primero, y el primero postrero. Sega MacArthur, “las epístolas describen diferentes recompensas para el servicio, pero esta no es la idea que establece esta parábola. El tema aquí es la cualidad de la vida eterna” (p. 146). “Todo el que entra en el reino tiene vida eterna, tal como cualquier otra persona” (p. 145).

También dice que “la verdad importante que se debe captar es que la fe salvadora es un intercambio de todo lo que nosotros somos por todo Jo que Cristo es. Es necesario que entendamos que eso no significa que hacemos un trueque por la vida eterna. No compramos la salvación sometiendo nuestra vida, ni se da el don de la vida eterna en proporción a la calidad o extensión de la vida que sometamos. Todo el que le entrega su todo a Cristo, obtiene a cambio todo lo que Cristo tiene para dar” (p. 143).
La parábola del primero y el postrero es acerca de un trabajo por una paga. Por lo tanto, no es acerca del evangelio (Romanos 11:6). Interpretar esta parábola como una historia acerca de las recompensas estaría mucho más de acuerdo con la apariencia de esta parábola y la enseñanza del Nuevo Testamento. La interpretación de MacArthur y su aplicación para la salvación, pues, confunden la idea de esta parábola. La parábola no es, en absoluto, acerca de la salvación; es sobre las recompensas.

Lo Perdido y lo Hallado

Las parábolas de la oveja perdida, la moneda perdida y el hijo perdido, en Lucas 15, “marca la idea de que Dios no está sentado en actitud pasiva mientras la gente va camino al infierno” (p. 150). “Dios está buscando a los perdidos, los que recono­cen su pecado y se vuelven hacia Él, hallaran que Él está corriendo hacia ellos con los brazos abiertos” (p. 155).

Con respecto al hijo pródigo, MacArthur escribe: “Aquí aparece una ilustración perfecta de la naturaleza de la fe salvadora. Obsérvese la sumisión incondicional del joven, su absoluta humildad, y su disposición inequívoca para hacer todo lo que el padre requiriese de su parte. El pródigo, que comenzó demandando una herencia anticipada, ahora estaba dispuesto a servir a su padre coma un esclavo de amor. Dio un giro completo. Su conducta reflejaba una entrega incondicional. Un abandono completo del yo y una sumisión completa al padre. Esta es la esencia de la fe salvadora. …Su arrepentimiento fue un giro completo y total. Se hizo pobre en espíritu. Se lamente por su pecado. Su arrogancia dio paso a la mansedumbre y humildad. Fue un hombre diferente al que originariamente dejó el hogar” (p. 153).

MacArthur tiene razón, las tres parábolas de Lucas 15 ilustran que Dios está buscando a los perdidos. Jesús contó estas tres parábolas para responder a la pregunta de por qué estaba comiendo con publicanos y pecadores (ver Lucas 15:1). En esencia, estaba enseñando que comía con los pecadores porque estaban perdidos, y Él los estaba buscando. Pero la declaración de MacArthur de que el hijo pródigo “es una ilustración perfecta de la naturaleza de la fe salvadora” pasa por alto una observación fundamental. ¿No es significativo el hecho de que eI hijo pródigo pensó en hacer una promesa de servicio (Lucas 15:19), pero que el padre no se la requirió, y la habría rechazado porque lo aceptaba como hijo, no como esclavo (ver versículo 22)? En realidad, el hijo nunca le dijo al padre en cuanto a lo que tenía intención de hacer porque el padre estaba tan contento de verlo que lo interrumpió (ver versículo 21). El hijo regresó al padre, y el padre lo recibió como estaba y le dio el lugar de un hijo, no de un esclavo. Para ser especifico, sin importar cuales fueran las intenciones del hijo, las expectativas del padre eran diferentes. El hijo fue recibido incondicionalmente en base a la elección del padre, no las intenciones o el comportamiento del hijo.

Estas cinco parábolas que refirió Jesús no enseñan acerca del señorío para la salvación. Algunas de ellas contienen verdades magnificas y gloriosas referentes al evangelismo tal como el deseo del padre de salvar a los perdidos, pero no revelan que Jesús demandara que, con el objeto de ser salve, una persona se alejara del pecado y se sometiese a su señorío. ¡De hecho, algunas de ellas no tienen absolu­tamente nada que ver con la salvación!

Escrito por: Dr. Miguel Cocoris

Puedes conseguir el material completo en PDF acá.

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