El Valor Crítico de la Escritura (Parte 1-2)


“Él (Jesús) respondió y dijo: Escrito está: No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mateo 4:4).

Algunos de nosotros quienes hemos sido Cristianos por un cierto número de años, podemos algunas veces perder el valor crítico de la Biblia en nuestras vidas. No me estoy refiriendo a aquellos quienes su camino con el Señor se puede caracterizar como tibio, es decir ni frío ni caliente.  Me estoy refiriendo a aquellos quienes se consideran ser creyentes Cristianos Bíblicos  quienes atienden y participan en una iglesia que está cementada en la Biblia, quienes disfrutan de  comunión con verdaderos creyentes y quienes generalmente ven la manifestación de los frutos del Espíritu Santo en ellos mismos y en sus familias.

Aunque estas manifestaciones parecen ser las características de un verdadero Cristiano, también ellas pueden opacar la conciencia y el conocimiento de una persona hasta cierto grado y lo pueden apartar a uno de el verdadero valor de las escrituras.  Lo que yo tengo en mente al escribir este artículo es el hacer hincapié en algunas partes de la Biblia que tal vez hayamos escuchado anteriormente, pero puede que no estemos totalmente conscientes de lo importante que estas partes Bíblicas son.  La meta es el refrescar nuestra forma de pensar y nuestro agradecimiento hacia Dios por la comunicación supernatural que le ha dado a la humanidad.

Aquí mencionamos algunos reflexiones acerca de la palabra de Dios en la manera que afecta a toda la humanidad:

– Sin la Biblia, la gente estaría completamente engañada acerca de su condición moral.

– Sin la Biblia, la humanidad no tendría idea de cuál sería el propósito de sus vidas.

– Sin la Biblia, la humanidad estaría perdida, en  condición de desesperación o en una condición peor.

Para los Cristianos, sin embargo, si no tomáramos la palabra de Dios seriamente estaríamos sin dirección alguna acerca de lo que Dios desearía para nuestras vidas, acerca de nuestra condición moral y tampoco tendríamos las herramientas o el conocimiento necesario para tratar con los problemas diarios. En realidad, estaríamos en una situación muy parecida a los que no son creyentes.  En otras palabras, lo que nosotros pensemos acerca de la Biblia y la acción que tomemos c nuestra actitud hacia la Biblia son asuntos de suma importancia.

Como ya mencionamos, sin la Biblia la humanidad estaría casi sin idea alguna acerca de Dios. Y decimos la palabra “casi” porque la creación nos da ciertas indicaciones acerca de los atributos de Dios, en particular, Su omnipotencia y Su omnisciencia.  Aunque los evolucionistas están en contra del concepto del “diseño inteligente,” es obvio a cualquier mente razonable que la inteligencia que ha producido la creación debe ser toda poderosa y con todo conocimiento.  La inmensidad del universo y la increíble complejidad de los componentes celulares y moleculares de nuestras vidas nos indican que el Diseñador de todo esto debe ser también omnipresente.  En lo que se refiere a la creación, el libro de Romanos, capítulo 20 nos dice (aunque sea en términos generales) que la humanidad no tiene excusa alguna en lo que se refiere a nuestra responsabilidad hacia Dios, específicamente en términos de reconocimiento y de buscar y solicitar Su presencia en nuestras vidas.

También debemos tener en cuenta que Dios no ha dejado a la humanidad sin información específica acerca de lo que Él quiere que nosotros sepamos.  ¿Cuál es la información que Él nos ha dado?  En Su Palabra podemos leer acerca de Sus atributos, Su personalidad, Su propósito y Su plan para con la humanidad, y también Su relación (o la carencia de tal relación) con los seres que Él ha creado. Eso podríamos llamar la parte esencial de la Biblia pero hay mucho más que eso.  Además, a través de la lectura de la Biblia podemos aprender acerca de la naturaleza de los seres humanos cuando fueron creados originalmente, al igual que el cambio en la naturaleza de estos seres debido a la desobediencia de Adán y Eva, lo cual afectó a toda la creación.

La Biblia es un libro histórico. Nos relata desde la creación del hombre hasta cuando Dios separó y preparó a los Israelitas como su gente escogida a quienes Él enviaría al Salvador del mundo y a quienes el Mesías iría a regresar.

La Biblia es un libro profético, el cual declara los eventos más significantes que tomarán lugar en el futuro, incluyendo el retorno del Señor por Su iglesia, y que después de este evento ocurrirá una época sin precedentes de devastación y de tribulación sobre la tierra.  Después de este evento, aquellos que permanecerán en este mundo vivirán a través del milenio en el reino de Cristo, seguido por el final del mundo presente y la creación de un nuevo cielo y una nueva tierra (Apocalipsis 21:1).

La Biblia es un Manual de Instrucción, que instruye a la humanidad acerca de lo que Dios quiere que  sepamos y hagamos para vivir nuestras vidas rectamente, fructíferamente y en una manera que glorifique a nuestro Creador.

La Biblia es la única fuente objetiva de información para el desarrollo de una relación personal, íntima con Dios, quien es amor.  Es Su carta personal para nosotros, en ella podemos ver Sus palabras de consuelo,  corrección, dapoyo, bendiciones,  protección, perdón,  juicio,  misericordia y de gracia.

La Biblia nos revela la verdadera naturaleza y el verdadero corazón de cada ser humano.  Nos da  el significado verdadero en lo que se refiere a lo que es moralmente y espiritualmente correcto y lo que es moralmente y espiritualmente maligno.

Sin la Palabra de Dios y sin Su directa comunicación con Sus criaturas tendríamos solamente las especulaciones, opiniones y adivinanzas de los hombres acerca de lo que Dios es y de lo que Él desea para con nosotros y esto es sin mencionar las mentiras presentadas por el adversario principal de Dios: Satanás.  Y sabemos muy bien que la estrategia de Satanás desde su primer diálogo con Eva ha sido el alejar a la humanidad de la Palabra de Dios: “¿Conque Dios os ha dicho…?” (Génesis 3:1).

Pero ¿son la palabras escritas en la Biblia realmente las palabras de Dios?  Eso es lo que las Escrituras afirman. Desde Génesis hasta Apocalipsis, y en adición a más de 4,000 frases explícitas que mencionan: “Ha dicho el Señor” y “La Palabra del Señor vino hacia mí”,  podemos encontrar que Dios habla personalmente a varios profetas e individuos. Por ejemplo, en Jeremías 9:23-24, Dios da a conocer características acerca de sí mismo que están más allá de la habilidad del hombre para poder discernir sin la revelación dada por Dios mismo:

 Así dijo Jehová: No se alabe el sabio en su sabiduría, ni en su valentía se alabe el valiente, ni el rico se alabe en sus riquezas. Mas alábese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme, que yo soy Jehová, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra; porque estas cosas quiero, dice Jehová”.

Dios Padre habló a Jesús después de Su bautismo y en el Monte de la Trasfiguración.  Después de Su ascensión, Dios el Hijo habló a Saulo en el camino hacia Damasco y también habló a Juan en la isla de Patmos.

El apóstol Pablo declara a Timoteo que “Toda la Escritura ha sido dada por inspiración de Dios”.  Él también agradece a Dios por los creyentes en Tesalónica, porque cuando ellos recibieron las enseñanzas de Pablo, ellos la recibieron “no como la palabra, sino según es en verdad, la palabra de Dios, la cual actúa en vosotros los creyentes” ( 1 Tesalónica 2:13).  Pedro, refiriéndose a esta experiencia en el Monte de la Transfiguración, declaró, “Entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada, porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo” (2 Pedro 1:20-21).

Aunque tenemos una serie de declaraciones bíblicas afirmando la comunicación personal de Dios con la humanidad, sin embargo la Biblia da como prerrequisito algo que debe suceder antes que todo, antes que uno pueda entender Su comunicación y verdaderamente pueda conocer a Dios: Tenemos que nacer de nuevo. Hablando con Nicodemo, uno de los líderes religiosos Judíos, Jesús dijo, “De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios” (Juan 3:3).

Pablo explica porque ser nacido del Espíritu de Dios es el único  camino por el cual Dios puede ser conocido: “Porque el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente” (1 Corintios 2:14).

Una vez que aceptamos a Dios en nuestras vidas y por fe creemos y aceptamos el evangelio, las buenas noticias nos dice que Jesús, quien es Dios, se convirtió en hombre para así poder pagar la pena máxima por los pecados de la humanidad lo cual nos hace ser nacidos del Espíritu.  Nosotros nos convertimos en nuevas criaturas en Cristo, y en el cual el Espíritu Santo habita.  “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Corintios 5:17).

Si uno no tiene el Espíritu de Dios, lo que al hombre le queda es solamente la mente carnal para poder conocer a Dios, y con lo cual sería imposible.  Jesús declaró que “la carne para nada aprovecha (o para nada sirve)”  Pablo escribió: “Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu. Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu  es vida y paz” (Romanos 8:5-6).

No solamente la Biblia afirma que las palabras contenidas en este libro son la revelación directa de Dios hacia la humanidad, pero también afirma que las palabras de Dios son absolutamente verdaderas.  El Salmo 119:160 nos dice: “La suma de tu palabra es verdad, y eterno es todo juicio de tu justicia.”  Jesús oró al Padre, “Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad” (Juan 17:17).  No solamente la Biblia hace numerosas afirmaciones de ser la verdad de Dios, sino que también da apoyo a tales afirmaciones en una forma verídica, esto es llamado profecía.

En el libro de Isaías, Dios se establece a sí mismo como el Dio al hacerlos que profeticen futuros eventos, ya que eso es algo que solo Él puede hacerlo:

 Traigan, anúnciennos lo que ha de venir; dígannos lo que ha pasado desde el principio, y pondremos nuestro corazón en ello; sepamos también su postrimería, y hacednos entender lo que ha de venir. Dadnos nuevas de lo que ha de ser después, para que sepamos que vosotros sois dioses; o a lo menos haced bien, o mal, para que tengamos qué contar, y juntamente nos maravillemos” (Isaías 41:23-23).

 ¿Y quién proclamará lo venidero, lo declarará, y lo pondrá en orden delante de mí, como hago yo desde que establecí el pueblo antiguo? Anúncienles lo que viene, y lo que está por venir. No temáis, ni os amedrentéis; ¿no te lo hice oír desde la antigüedad, y te lo dije? Luego vosotros sois mis testigos. No hay Dios sino yo. No hay Fuerte; no conozco ninguno” (Isaías 44:7-8).

Casi una tercera parte de la Biblia contiene profecías detalladas de eventos futuros, la mayoría de ellos relacionados con Israel y también profecías acerca de la primera y segunda venida del Mesías. Israel, el Señor declara, será un testigo ante el mundo de la participación de Dios con la humanidad:  “Vosotros sois mis testigos, dice Jehová, y mi siervo que yo escogí, para que me conozcáis y creáis, y entendáis que yo mismo soy; antes de mí no fue formado dios, ni lo será después de mí” (Isaías 43:10). En otras palabras, Dios va a usar la tierra de Israel y a los Israelitas como “testigos” para ellos mismos y para el mundo entero para testificar no solamente que Dios existe sino que Él también está einvolucrado activamente en modelar la historia de Israel y al mismo tiempo en traer y manifestar Su propósito para toda la humanidad.

La profecía es una prueba convincente de la existencia de Dios, y también es evidencia que la Biblia es exactamente lo que afirma ser: ¡Su Palabra!  Alguien podría preguntar ¿y dónde está la prueba?  La respuesta está en el cumplimiento de lo que Dios ha profetizado.  Él anunció a Abraham (Génesis 12:1), y después a Isaac (Génesis 26:3), y después a Jacob (Génesis 28:13), que Él les daría la tierra “desde el río de Egipto hasta el río grande, el río Éufrates” (Génesis 15:18), y que esta tierra prometida sería de ellos.  Es una histórica realidad, como lo relata el libro de Josué,  los Israelitas tomaron posesión de la tierra que Dios había prometido.  Aunque Su promesa fue irrevocable, aún así Él les advirtió que si ellos cesaran de obedecerle, Él los desplazaría de la tierra por un tiempo: Tú Israel desobediente “serás arrancado de raíz, de la misma tierra que ahora vas a poseer”(Deuteronomio28:63).

Como la Biblia nos relata, ellos fueron desobedientes y Dios los desplazó de la tierra, lo que resultó en el cautiverio por los Asirios del Reino del Norte llamado Israel y el cautiverio por parte de Babilonia del Reino del Sur, conocido como Judá. Jeremías profetizó que los cautivos regresarían de Babilonia a Jerusalén “cuando los 70 años se hayan cumplido”(Jeremías 25:12).  Aún así, un desplazo aún más devastador fue profetizado: “Y Jehová te esparcirá por todos los pueblos, desde un extremo de la tierra hasta el otro extremo; y allí servirás a dioses ajenos que no conociste tú ni tus padres” (Deuteronomio 28:64).

Esto, la última diáspora importante, tomó lugar cuando el ejército Romano bajo el comando de Tito destruyó Jerusalén en 70 D.C.  No solamente los Judíos han sido dispersados por todo el mundo, como la Biblia lo había predicho, sino que también la Palabra de Dios nos da detalles en cuanto a la forma en que ellos iban a ser tratados: “Los perseguiré con espada, con hambre y con pestilencia, y los daré por escarnio a todos los reinos de la tierra, por maldición y por espanto, y por burla y por afrenta para todas las naciones entre las cuales los he arrojado”(Jeremías29:18). Esta clase de tratamiento sería conocido como el anti-semitismo, conducido por la Iglesia Católica durante los años de la Edad Media, y esta forma de actuar fue elevado a un nivel demoníaco por Hitler.  Este anti-semitismo en contra de los Judíos ha sido manifestado desde el siglo VII y continúa hoy en día por el Islam, aunque fue profetizado por Moisés hace 3,500 años: “Serás motivo de horror y objeto de burla y de ridículo en todas las naciones a las que el Señor te conduzca” (Deuteronomio 28:37).

Nos parecería que este desplazamiento al igual que las persecuciones y atentados de aniquilar a los Judíos, podrían haber puesto a Dios en una posición insostenible. Después de todo, Él prometió incondicionalmente a Abraham la tierra prometida: “Porque toda la tierra que ves, la daré a ti y a tu descendencia para siempre” (Génesis 13:15).  El Señor declaró también que aunque Israel no viviría sin castigo: “a ti no te destruiré, sino que te castigaré con justicia; de ninguna manera te dejaré sin castigo”(Jeremías 30:11), también el Señor les dice: “yo te salvaré de lejos, y a tu descendencia de la tierra de su cautividad. Y volverá Jacob, y descansará y será prosperado, y no habrá quien lo atemorice”(Jeremías 46:27).

El hecho que una dispersa,  diseminada y perseguida minoría pueda haber sobrevivido por más de 2,000 años y aún más al estar entre otras razas sin haber sido asimilada por ellas (especialmente cuando el haberlo hecho hubiera evitado represiones continuas) y que todavía se mantenga como un grupo único e identificable, es inconcebible; indudablemente va más allá de las probabilidades y es sin precedente en la historia mundial.  Si añadimos a esta asombrosa realidad que ellos serán reunidos de todos los rincones del mundo y serán traídos de regreso a la tierra que Dios les había prometido más de 3,000 años antes.  Pero como el mundo entero lo sabe, éste fenómeno tomó lugar “oficialmente” en 1948, cuando Israel fue reconocido como nación soberana.

La Palabra de Dios es indudablemente eso: las verdaderas palabras de Dios.  El cumplimiento de la profecía bíblica es un prueba innegable que la humanidad tiene un acceso directo al Dios de toda la creación. Esa realidad debería hacer la Biblia como el libro más excitante en el mundo, que en realidad lo es. Los creyentes quienes hayan perdido  esa emoción, ese entusiasmo, necesitan regresar a la lectura de la Palabra de Dios todos los días de sus vidas.

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Fuente: The Berean Call

Título en inglés: “THE  CRITICAL VALUE OF THE BIBLE”

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