La mejor determinación para el año (y para los años venideros)


MetasMuchos de nosotros empezamos el nuevo año con ciertas determinaciones o promesas que nos hacemos a nosotros mismos y que estamos convencidos que tales decisiones nos ayudarán a mejorar nuestras vidas de alguna manera.  Sin embargo, muy a menudo nuestro compromiso no pasa del mes de Marzo.  Es algo raro ya que siempre escogemos algo que nos va a beneficiar,  ya sea el perder peso, mantener un buen estado físico, comer saludablemente, etc.  Entonces ¿cuáles es el problema?  Indudablemente se trata de la disciplina, o la falta de disciplina. Las Escrituras nos recuerdan que “el Espíritu  está dispuesto pero el cuerpo (la carne) es débil” (Mateo 26:41).  La carne también nos ha envuelto en problemas que tratamos de corregir, y tal corrección involucra una batalla constante ya que la condición en la que estamos es habitual.  La solución debería ser obvia: dejar un mal hábito implementado un buen hábito, un hábito que eliminaría tal mal hábito. ¿Es eso obvio?  Claro que lo es.  ¿Es algo fácil? Por supuesto que no. Aquí, una vez más, el mayor obstáculo es la falta de autocontrol.  Aunque existen algunas personas quienes son asombrosamente disciplinadas, la mayoría de nosotros necesitamos ayuda.

Antes que todo debemos reconocer el concepto de la disciplina: necesitamos hacer ciertas cosas y no hacer otras.  En otras palabras, necesitamos hacer decisiones correctas.  Esto también es obvio, pero el significado de la palabra “obvio” hoy en día es empañado por las excusas que se han expresado a través de los mitos psicoterapéuticos, como la determinación psíquica o las llamadas adicciones. En realidad todo se reduce al concepto de elección.  Nosotros somos los que decidimos comer sanamente o no, decidimos hacer ejercicio o no, elegimos el beber o no, y también decidimos  someternos o no someternos a cualquier actividad que nos pueda crear problemas de salud.

Otra clase de ayuda es nuestra motivación.  ¿Qué nos puede motivar a hacer la decisión correcta?  La respuesta que el mundo secular nos da es “en uno mismo”.  Aunque algunos han tenido un éxito limitado en “la creencia en uno mismo”, por lo menos por un tiempo limitado, esa actitud en última instancia conduce a la preocupación por uno mismo solamente y otras formas de auto-indulgencia. La forma bíblica es ser motivado por “el amor a otros” en vez del “amor a uno mismo.” Si deseamos ser más saludables porque sabemos que los riesgos que uno toma con la salud pueden crear todas clases de complicaciones no solamente en nosotros mismos sino también en otros miembros de la familia, eso significa que nuestro interés y nuestro amor por ellos puede ser una suficiente motivación para tomar las decisiones correctas en lo que respecta a nuestra salud.

Esperemos que las simples verdades expresadas en el párrafo anterior sean de algún valor para poder confrontar y resolver los problemas que afectan la salud de todos nosotros.  Sin embargo, éste artículo está dirigido a la autodisciplina que está relacionada con la parte espiritual más que a la parte física.  La parte física está relacionada principalmente a nuestro corto tiempo aquí en esta tierra, mientras que la parte espiritual tiene consecuencias temporales y eternas.  El apóstol Pablo nos dice:

“Desecha las fábulas profanas y de viejas. Ejercítate para la santidad; porque el ejercicio corporal para poco es provechoso, pero la santidad para todo aprovecha, pues tiene promesa de esta vida presente, y de la venidera.”  (1 Timoteo 4:7,8).

En algunas versiones bíblicas el término “disciplina” es usado en vez de “ejercicio.”  En otras palabras, necesitamos disciplinarnos hacia la divinidad y santidad.  Esa es la mejor resolución que podemos dar para el año 2013 y para los años venideros.  En realidad, es crítico para nuestra productividad espiritual y también para nuestra protección (y supervivencia espiritual en algunos casos) a medida que la apostasía devora a los que profesan ser Cristianos y hasta seduce a los verdaderos creyentes (Mateo 24:24) en estos últimos días antes del regreso del Señor por Su novia, la iglesia.

¿Cómo podemos nosotros “disciplinarnos” hacia la divinidad o santidad?  Las buenas noticias es que es bastante simple: leer la Palabra de Dios y hacer lo que la Palabra nos instruye. Mejor aún,  Dios nos da la gracia para ayudarnos a hacer  que  Palabra nos instruya.  En Mateo 26:41 Jesús exhorta a Sus discípulos a “Estar alerta y a  Orar.”   Ellos no cumplieron con ninguna de estas dos instrucciones.  Todas las actividades que nos lleven a la santidad deben comenzar, continuar y concluir en oración, sin ninguna metodología legalista, sino simplemente como una comunicación personal con el Señor, pidiendo Su ayuda.  Si la oración no está allí, tal obra va a ser simplemente un trabajo de la carne y el resultado puede ser catastrófico. La palabra que el profeta Zacarías dio a Zorobabel nos indica la manera en que cada creyente debe hacer cuando va a hacer un acto guiado por Dios: “Esta es palabra de Jehová a Zorobabel, que dice: No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos.” (Zacarías 4:6).  Zorobabel, era el que estaba encargado de la reconstrucción del templo durante tiempos difíciles y el Señor se comunicaba con él a través de Zacarías, diciendo que él (Zorobabel) iba a cumplir con tal obra con el poder del Espíritu Santo.  Dios está más que capacitado para ayudarnos en cada tarea o en cada misión, aún en la disciplina que se requiere para leer Su Palabra.

Si hay algo que podemos identificar como un lubricante que ha causado el deslizamiento del Cristianismo al pozo de la apostasía, podemos decir que es la ignorancia de la Palabra de Dios.  Esto es bastante sorprendente ya que está ocurriendo en un tiempo en el cual existen más Biblias y mucho más acceso a las Escrituras que en cualquier otro tiempo de la historia.  Y aún así la mayoría de Cristianos son analfabetos bíblicos, saben cómo leer, tienen Biblias, pero no les prestan atención.  Muchos de ellos se contentan con aprender ciertas frases o ciertas porciones de la Biblia, obteniendo tal conocimiento de un sermón o de un evangelista en la radio o en la televisión en vez de leer la Biblia por ellos mismos.  Muchas veces cuando los creyentes se reúnen para un”estudio Bíblico” en pequeños grupos, muy a menudo estudian libros escritos por populares autores Cristianos, o puede que estudien el último sermón que el pastor ha predicado.  Esto no quiere decir que estas actividades no tengan ningún valor, pero para muchos creyentes  tales actividades desplazan el estudio directo de la Escrituras.

En el libro de Apocalipsis 21: 4-5, el apóstol Juan, bajo la inspiración del Espíritu Santo, nos da una anticipación de aquello que los creyentes van a experimentar en la ciudad santa, “la nueva Jerusalén: “Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron. Y el que estaba sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas. Y me dijo: Escribe; porque estas palabras son fieles y verdaderas”.  Las palabras de Dios son realmente “fieles y verdaderas”.  Aquí no existe ninguna clase de adivinanza y tampoco las Escrituras contienen especulaciones u opiniones de la humanidad.  Muchos Cristianos tienen sus propias ideas acerca del cielo, por ejemplo,  han obtenido en libros de populares predicadores y algunos de ellos puede que estén correctos, mientras que otros pueden estar totalmente equivocados.  El dilema para el creyente quien ha obtenido la información bíblica de “segunda mano” y pone a tal creyente en una situación en la que no va a saber discernir entre las ideas del hombre y la verdad de Dios.

¿Qué tan crítica es esta situación?  Dos veces en el libro de Proverbios encontramos la siguiente exhortación: “Hay camino que al hombre le parece derecho; Pero su fin es camino de muerte” (Proverbios 14:12; 16:25).  Podemos decir sin lugar a dudas que cuando el Espíritu Santo repite algo en la Biblia, debemos prestar  atención en especial.  La frase “camino de muerte” no se refiere necesariamente a la muerte física. La muerte es separación.  En la muerte física, el alma y el espíritu son separados del cuerpo.  Ambos proverbios pueden ser entendidos que aquello “que al hombre le parece derecho” significa la separación de la verdad de Dios.  Eso inevitablemente nos lleva a lo que Jesús le dijo a Sus discípulos concerniente a la apostasía de los últimos tiempos: ” Respondiendo Jesús, les dijo: Mirad que nadie os engañe” (Mateo 24:4).  Si los creyentes están confiando en otras personas por la verdad bíblica en vez de estudiar la Palabra de Dios por ellos mismos, su fe va a ser vicaria, es decir, no será su propia fe.  La consecuencia será que ellos estarán vulnerables a ser engañados y van a ser condicionados a seguir las ideas de un hombre, en vez de aprender aquello que el Señor nos dice en Su Palabra.  Además,  ellos de esa manera no pueden ser Bereanos.

Es interesante que cuando Jesús quería reprender a los líderes religiosos Judíos, Él les habló de la fe de ciertos Gentiles como el centurión Romano (Mateo 8:5-10), la mujer Cananea (Mateo 15:22-28), los cuales poseían una fe que no había sido encontrada en Israel.  Por otra parte, en Hechos 17:10-11, Lucas halaga a los Judíos en la sinagoga de la ciudad Griega, Berea, para exhortar así a los Cristianos emular a los Bereanos Judíos y cuando estos respondieron a las enseñanzas de Pablo: “Inmediatamente, los hermanos enviaron de noche a Pablo y a Silas hasta Berea. Y ellos, habiendo llegado, entraron en la sinagoga de los judíos. Y éstos eran más nobles que los que estaban en Tesalónica, pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así”.  La razón por la cual algunos Cristianos al ser “alimentados a cucharadas” bíblicas, no pueden ser Bereanos es obvia: ellos no están leyendo la Biblia por ellos mismos, por lo tanto no tienen una base bíblica sobre la cual ellos puedan cuestionar lo que se les está enseñando. Y aún cuando tal falsa enseñanza es totalmente descarada ellos simplemente no están capacitados para discernir la verdad bíblica del error.

Sin un estudio disciplinado de las Escrituras, no hay nada que pueda prevenir a que un Cristiano sea seducido espiritualmente y tampoco hay protección para los verdaderos creyentes de ser seducidos por la apostasía y aún sin querer ellos pueden estar contribuyendo al desarrollo de la religión del Anticristo.

El apóstol Pablo nos dio una advertencia refiriéndose a una condición que hemos visto se ha manifestado a tal punto en nuestros días que perturba la mente: ” Porque llegará el tiempo en que no van a tolerar la sana doctrina, sino que, llevados de sus propios deseos, se rodearán de maestros que les digan las novelerías que quieren oír” (2 Timoteo 4:3).

La doctrina sana es simplemente seguir las instrucciones de Dios encontradas en Su Palabra.  Todo lo que hemos escrito en este artículo es para destacar aquello que Pablo profetizaba y sobre el desgano hacia la sana doctrina que es prevalente hoy en día en nuestras iglesias.  ¿Cómo pueden los Cristianos mantener la sana doctrina si ellos no tienen un estudio de las Escrituras que es disciplinado, coherente y en oración? ¿Cómo aquellos quienes no leen la Biblia y por lo tanto no obedecen sus instrucciones puedan tener una idea de lo que constituye una sana doctrina?  Indudablemente no pueden.  Las consecuencias son muchas y todas son espiritualmente destructivas.  Al final de cuentas, ellos no van a agradar al Señor.  Jesús preguntó: “¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo?” (Lucas 6:46).  Juan añade: ” Y en esto sabemos que nosotros le conocemos, si guardamos sus mandamientos. El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él; pero el que guarda su palabra, en éste verdaderamente el amor de Dios se ha perfeccionado; por esto sabemos que estamos en él” (1 Juan 2:3-5).  ¿Acaso nosotros nos atreveríamos a responder: “Lo siento Señor, no sé realmente las cosas que tú dijiste, aparte de las cuales otros me han dicho?”

Todos aquellos quienes han nacido de nuevo, quienes han entendido el evangelio y quienes han puesto su fe en Su Salvador Jesucristo, quien pagó la pena máxima por sus pecados, han empezado su nueva vida en Cristo como bebés espirituales.  Ellos necesitan alimento espiritual para poder crecer en la fe. La comida que ellos necesitan no es la que está “procesada” por el hombre sino que necesitan “de toda Palabra que sale de la boca de Dios” (Mateo 4:4).  En ése crecimiento también está involucrado el desarrollar una relación personal e íntima con Jesucristo.  Relaciones personales e íntimas no son vicarias; no requieren una tercera persona como mediador  para que facilite esta relación.  La relación es estrictamente entre Jesús y el creyente, y se desarrolla a medida que el creyente crece en el conocimiento de nuestro Señor y Salvador a través de Su Palabra. Jesús dijo: “Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos” (Juan  8:31).   ¿Cómo alguien pueda crecer en una relación con Jesús si no hay comunicación, si  no lo conoce directamente?  La Biblia nos proporciona la comunicación directa de parte de nuestro Señor como también el conocimiento de Él.  El apóstol Pedro escribe: ” Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia” (2 Pedro 1:3).

El vivir una vida como Cristiano bíblico no es complicada, ni tampoco es tan difícil que solo alguien con ciertos atributos, gran inteligencia u otras calificaciones la pueda vivir.  Por otra parte, como ya se ha dicho, sí, debe haber un compromiso, una obligación  a la persona de Jesucristo.  También debe haber un deseo de hacer lo que a Él le agrade.  Sí, podemos decir, nuestro espíritu está dispuesto pero carecemos de disciplina.  Aún así, de la misma manera en que el padre clamó por la sanación de su hijo: “Creo; ayuda mi incredulidad” (Marcos 9:24), así también Jesús nos ayudará a superar nuestra falta de disciplina, si nosotros realmente lo deseamos.

Por lo tanto, mientras que nosotros resolvemos dedicar el tiempo necesario a leer y estudiar las Escrituras diariamente en este año,  la estrategia para hacer esto es bastante simple: Yo recomiendo leer el Nuevo Testamento completo un par de veces y después empezar a leer el Antiguo Testamento.  La forma o el paso de cada uno puede variar,  la constancia  es lo más importante.  La meta es hacer la lectura diaria un hábito que nos motive a continuar.  El objetivo es familiaridad: mientras más leamos, más familiarizados vamos a estar con el Señor y vamos a saber lo que Él desea y lo que Él requiere que hagamos.  Mientras más leamos, encontraremos que las Escrituras se interpretan a sí mismas y eso va a aumentar nuestro entendimiento de la Palabra de Dios.  Una vez más, no existe una mejor determinación para este año y para los años venideros.

LA MEJOR DETERMINACIÓN PARA EL AÑO 2013 (Y PARA LOS AÑOS VENIDEROS)

Título en inglés: “THE BEST 2013 (AND BEYOND) RESOLUTION”

Fuente: The Berean Call

Autor: Dave HuntThe Berean Call

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