La Interpretación del texto bíblico está al alcance de todos.


Este libro se ha escrito para beneficio de aquellos que se complacen verdaderamente en estudiar la Biblia, y que se preguntan si lo están haciendo correctamente. Sin duda que habrás oído decir alguna vez: “Cada cual tiene su propia interpretación de la Biblia”, o quizá: “Las dos cosas en que la gente jamás se pone de acuerdo son: la religión y la política”.

De ser verdad tales afirmaciones el cristianismo no tendría sentido y la Biblia no tendría mensaje alguno que damos. Si una persona puede hacer que la Biblia diga lo que a él se le ocurra, la Biblia no le podrá servir de guía; sólo será un arma en sus manos que sirve para prestarle apoyo a sus propias ideas. La Biblia no fue escrita con tal propósito.

El grueso de los libros sobre el tema de la interpretación bíblica son bastante largos y complicados. Han sido escritos para quienes están familiarizados con el hebreo, el aramaico y el griego, o sea aquellos idiomas en los cuales fueron escritos originalmente los manuscritos de la Biblia.

Por tanto, enfocan el tema de un modo exhaustivo y erudito.

Allí veríamos, por ejemplo, explicaciones detalladas de las alegorías, símiles, metáforas y otros recursos retóricos. Profundizan, también, en las distintas tendencias teológicas como son: el impacto de la neo-ortodoxia sobre la iglesia contemporánea o los efectos del liberalismo cuando niega lo sobrenatural.

Este libro pretende presentar las leyes bíblicas de interpretación más básicas en términos sencillos. Provee, pues, una herramienta funcional para todo cristiano que desee comprender y aplicar las Escrituras por sí solo.

Toda persona vive su vida y da por sentado ciertas presuposiciones fundamentales. Estas pueden variar de una situación a otra. Si emprendieras un viaje al Japón, por ejemplo, en alguna línea aérea conocida, tendrías que suponer al menos cuatro cosas:

1. Que el piloto sabe pilotear el avión.

2. Que el avión llegará a su destino sin contratiempos.

3. Que las autoridades inmigratorias del Japón reconocerán la validez de tu pasaporte y visa.

4. Que podrás cumplir las metas establecidas al proponerte el viaje.

De igual modo, en nuestro estudio de las leyes o reglas de interpretación de la Biblia debemos dar por sentado también cuatro cosas:

1. Que la Biblia tiene autoridad para decir 10 que dice.

2. Que la Biblia contiene sus propias leyes de interpretación, las que al ser entendidas y aplicadas correctamente, darán como resultado el significado correcto de cualquier pasaje.

3. Que la meta primordial de la interpretación bíblica es descubrir 10que quiso decir el autor del libro en cuestión.

4. Que el idioma puede ser vehículo para transmitir verdades espirituales.

Estas presuposiciones aparecerán con frecuencia de una u otra manera en los principios enumerados en este libro.

Algunas son principios a la vez que presuposiciones, por lo cual aparecerán como reglas.

Dar por sentado los puntos que hemos mencionado producirá una diferencia marcada en la manera de enfocar un estudio bíblico. Todo cristiano consciente y aplicado tiene como meta estudiar, interpretar y poder aplicar correctamente las Escrituras. Antes de observar de qué modo estas cuatro suposiciones afectan el estudio de la Biblia y los principios que de ellas derivan, vale la pena subrayar que hay cuatro pasos básicos en el estudio correcto de la Biblia:

Observación, que responde a la pregunta: ¿Qué vemos aquí? El estudiante indaga el texto como un detective. No hay detalle que no tenga su importancia. Se investiga hasta la minucia más recóndita. Luego se enumeran cuidadosamente todos los descubrimientos, a fin de permitir una ulterior meditación y comparación.

Interpretación, que responde a la pregunta: ¿Qué significa? En este paso el intérprete bombardea el texto con preguntas como: ¿Qué significado tenían estos detalles para la gente a la cual fue destinado este pasaje? ¿Por qué dijo esto el autor? ¿Cómo funciona esto? ¿Cuál es la idea principal que trata de comunicar el escritor?

Correlación, que responde a la pregunta: ¿Cómo se relaciona esto con todas las otras cosas que dice la Biblia? El estudiante de la Biblia debe ir más allá de un simple examen cuidadoso del pasaje en sí. Debe coordinar su estudio con todo lo demás que la Biblia diga sobre el mismo tema.

Una interpretación precisa y correcta de cualquier tema bíblico tendrá en cuenta todo lo que la Biblia diga al respecto.

Aplicación, que responde a la pregunta: ¿Qué significa esto para mí? Esta es la meta hacia la cual apuntan los tres pasos anteriores. Como dijo cierta vez un perito en estos asuntos: “La observación y la interpretación sin su correspondiente aplicación es un embarazo malogrado”. La Biblia es Dios hablándonos. Su palabra requiere respuesta.

Esa respuesta no puede ser otra que una obediencia plena a la voluntad revelada de Dios.

Estos cuatro pasos del estudio bíblico deben darse orientados por las reglas básicas de interpretación. Dijo el salmista: “Con todo mi corazón te he buscado; no me dejes desviarme de tus mandamientos. En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti” (Salmo 119: 10, 11). Sus palabras expresan el deseo profundo del cristiano consagrado, cuya meta es la de saturarse de tal modo con la Palabra de Dios que empieza a pensar y a actuar de un modo semejante a Dios. Para lograrlo, el estudiante bíblico debe familiarizarse de tal modo con estas reglas básicas que se conviertan en parte integral de sus investigaciones escriturales.

Las reglas de interpretación que hemos de considerar se dividen en cuatro categorías: generales, gramaticales, históricas y teológicas.

Los principios generales de interpretación (cap. 2) son aquellos que encaran el tema global de la interpretación. Son de aplicación universal en vez de estar limitados por ciertas consideraciones especiales, como ocurre con los enumerados bajo las otras secciones.

Los principios gramaticales de interpretación (cap. 3) son los que tratan del lenguaje usado en el propio texto bíblico. Establecen las normas fundamentales para el entendimiento de las palabras y oraciones en el pasaje que se estudia.

Los principios históricos de interpretación (cap. 4) se ocupan del trasfondo o contexto histórico en el cual se escribieron los libros de la Biblia. Las diversas situaciones políticas, económicas y culturales tienen su importancia al considerar los aspectos históricos de nuestro estudio de la Palabra de Dios.

Los principios teológicos de interpretación (cap. 5) establecen pautas para la formulación de la doctrina cristiana.

Son amplias por necesidad, pues la doctrina tiene que tener en consideración todo lo que la Biblia dice sobre cada tema en particular. Aunque algo complicadas, no por ello tienen menos importancia, pues contribuyen de manera decisiva a formar ese conjunto de creencias que llamamos “nuestras convicciones”.

Regla No. 1 Partimos del supuesto de que la Biblia tiene autoridad.

En asuntos de religión el cristiano se suscribe, consciente o inconscientemente, a una de las siguientes manifestaciones como autoridad de última apelación: a la tradición, a la razón, o a las Escrituras. La posición oficial e histórica de la iglesia católica romana ha sido que la tradición es la autoridad última y final. La doctrina de la virgen María nos da un ejemplo. Lo que la Biblia dice respecto a María se interpreta de acuerdo a la tradición que al respecto dicha iglesia ha sostenido a través de los siglos.

El racionalismo ha ocupado el centro del escenario en un gran sector del protestantismo. “Liberalismo” y modernismo” son dos de los apelativos que han sido aplicados para describir estas corrientes del pensamiento religioso.

Para ellos, el tribunal último de apelación es la mente humana y las construcciones “lógicas” que ella construye.

Se rechaza lo que la mente no puede aceptar como razonable.

De igual modo, la razón es la que tiene que decidir lo que es o no es fundamental para la fe en Dios. Por ejemplo, una persona que se suscribe a tal enfoque puede llegar a la conclusión de que creer en el nacimiento virginal de Cristo no es ni racional ni esencial, y descartar en consecuencia la enseñanza bíblica al respecto.

El cristiano “evangélico” [término que deriva de su creencia en la veracidad absoluta de los Evangelios y demás libros de la Biblia] ve en la Biblia la autoridad suprema, fuera de la cual no hay apelación posible. Acepta la creencia en el nacimiento virginal [v.g, sin pecado original] de Jesús porque la Biblia lo enseña. Considera que lo que la iglesia ha creído en el pasado respecto a la virgen María debe ser evaluado a la luz de la correcta interpretación de las Sagradas Escrituras y no a la inversa.

Con lo dicho no queremos dar a entender que no hay cierta validez en cada una de las tres manifestaciones de autoridad. Los que se adhieren a una u otra de las corrientes mencionadas estarían muy de acuerdo en la importancia de una con respecto a las otras. Pero lo que interesa es lo siguiente: si surge un conflicto entre las conclusiones de uno y otro, ¿qué punto de vista habrá de imperar? Si la tradición, la razón y las Escrituras difieren en cuanto a asuntos como los mencionados, ¿cuál de las tres tendrá la última palabra? La primera regla de interpretación nos dice, en efecto, que la Biblia es el tribunal supremo de apelación para estos casos.

El problema de la autoridad de la Biblia se vincula a menudo con el asunto de la inspiración de las Escrituras.

Uno no puede someterse a la autoridad de la Biblia si esta no es la Palabra inspirada de Dios. Justamente este punto salió a relucir en cierta ocasión durante el ministerio de Jesucristo sobre la tierra. Nos dice el relator que Cristo enseñaba “como quien tiene autoridad” (Mateo 7:29).

¿Pero en qué se basaba esa autoridad? ¿Cómo podemos saber si en verdad es el Cristo, el enviado de Dios, que dice ser?

En respuesta a estas acuciantes preguntas Jesús dijo: “El que quiere hacer la voluntad de Dios, conocerá si la doctrina es de Dios, o si yo hablo por mi propia cuenta” (Juan 7: 17). En otras palabras, Jesús les quiso decir que “si hacen lo que yo quiero que hagan, entonces sabrán si lo que yo digo es verdad”. Si hacen, sabrán. El hacer viene antes que el saber. El compromiso precede al conocimiento. Hace ya varios siglos, San Agustín lo expresó con estas palabras: “Creo, por tanto sé”.

Esta cuestión de la autoridad tiene que ver con la voluntad, con la obediencia y con la acción. En cambio, la inspiración de las Escrituras tiene que ver con el intelecto, el entendimiento y el conocimiento. Las preguntas respecto a la inspiración deben plantearse con posterioridad a la aceptación de la autoridad. Solamente así sabrás que Jesús es el Cristo, luego de hacer lo que Él te pide, así también sólo sabrás que la Biblia es la Palabra inspirada de Dios luego de someterte a su autoridad y obedecerla.

El requisito de que el compromiso preceda al conocimiento no es exclusividad de la fe cristiana. Es también experiencia común y cotidiana para todos nosotros. En el capítulo introductorio ya conversamos respecto al uso de los supuestos. Usamos la ilustración de un viaje al Japón en avión. Al dar por sentado los supuestos allí mencionados en realidad nos comprometimos antes de saber lo que de verdad ocurriría. No estábamos seguros de que las autoridades japonesas nos permitirían entrar al país. Dimos por sentado que lo harían y nos comprometimos con ese supuesto antes de saberlo con certeza.

Para ampliar la ilustración, digamos que antes de partir fuéramos al piloto y le preguntáramos respecto a la confiabilidad de la enorme aeronave.

– ¿Realmente me llevará a Tokio? -preguntamos.

– ¡Claro que sí! -nos asegura el capitán.

Indagamos un poco más.

– ¿Pero, qué del avión de ustedes que se cayó en el océano Pacífico hace unos meses? ¿Me puede usted garantizar que este avión llegará sano y salvo al Japón?

-No, no lo puedo garantizar -dice el capitán-, pero aborde el avión y cuando lleguemos (si es que llegamos), entonces lo sabrá con certeza.

Este es el compromiso que precede al conocimiento.

Estamos dispuestos a comprometemos y arriesgamos porque de aquí al Japón es largo trecho para nadar.

En el estudio bíblico, pues, tenemos que comenzar con la cuestión de la autoridad. Esta pregunta -y la de la inspiración que le sigue naturalmente- encuentra su respuesta cuando nos sometemos a la Palabra de Dios. Podremos estudiar la inspiración como tema aparte, pero sólo sabremos que la Biblia es la Palabra inspirada de Dios cuando nos coloquemos bajo su autoridad, dispuestos a obedecerla.

Al querer someternos a lo que las Escrituras nos dicen, debemos entender que en la Biblia la autoridad se expresa de diversas maneras:

1. Uno de los personajes actúa con autoridad y el pasaje luego nos explicará si ese acto es o no es aprobado. Por ejemplo, en el jardín del Edén “la serpiente dijo a la mujer [con autoridad]: No moriréis” (Génesis 3:4). Sabemos que lo que dijo la serpiente no era verdad pues de hecho murieron Adán y Eva.

El rey David quiso edificar un templo para honrar a Dios, y el profeta Natán le dijo: “Anda, y haz todo lo que está en tu corazón, porque Jehová está contigo” (2 Samuel 7:3). Natán le dijo con voz de autoridad que lo podía hacer, pero leemos luego que su consejo no fue autorizado, pues Dios realmente no quería que David edificase el templo (vv. 4-17).

Luego del Concilio de Jerusalén (Hechos 15), el apóstol Pedro visitó a la iglesia de Antioquía en Siria, y comió en la mesa junto con los gentiles [v.g. los no judíos]. Pablo luego dijo de Pedro: “Antes que viniesen algunos de parte de Jacobo, comía con los gentiles; pero después que vinieron, se retraía y se apartaba, porque tenía miedo de los de la circuncisión [los judíos cristianos]” (Gálatas 2: 12). Sabemos que su acción de separarse de los cristianos gentiles estaba equivocada, pues Pablo lo reprendió por ello y luego explicó en qué consistía su error.

2. Puede darse el caso de que un personaje bíblico actúe con autoridad y que el pasaje no indique si se aprueba o no. En tal caso la acción debe juzgarse basándose en lo que enseña al respecto el resto de la Biblia. Por ejemplo, Abraham y Sara se fueron a Egipto en cierta ocasión debido a la gran hambre que imperaba en Canaán (Génesis 12:10-20).

Temiendo que el Faraón lo matase para hacer suya a la hermosa Sara, Abraham le dijo a su mujer: “Dí que eres mi hermana, para que me vaya bien por causa tuya, y viva mi alma por causa de ti” (Génesis 12: 13). ¿Fue cobarde esta acción de Abraham? El pasaje no lo dice. Quedamos sujetos a nuestras propias conclusiones sacadas de lo que dicen al respecto el resto de las Escrituras.

Tendrás que decidir por tu propia cuenta si Abraham erró en sus acciones o no, y de esto justamente trata la interpretación de la Biblia. Este estudio no quiere darte esa interpretación “correcta”, sino simplemente ayudarte a escoger por ti mismo cuál es la base correcta de la cual derivar tus conclusiones.

Luego de que Lot perdiera a su mujer, cuando Dios destruyó a Sodoma y Gomorra, él y sus dos hijas se fueron a vivir a una cueva en las montañas sobre Zoar. Temerosas de que jamás se casarían, y morirían así sin hijos, las dos hijas decidieron resolver por sí mismas el asunto. En noches sucesivas emborracharon a su padre y provocaron una relación sexual con él, una por noche. Quedaron embarazadas de él y dieron a luz sus hijos Moab y Ben-ammi, engendrados por su propio padre (véase Génesis 19:30-38).

Sin embargo, Pedro dice de Lot que era un hombre justo. “Y si ¡Dios! condenó por destrucción a las ciudades de Sodoma y de Gomorra, reduciéndolas a ceniza y poniéndolas de ejemplo a los que habían de vivir impíamente, y libró al justo Lot, abrumado por la nefanda conducta de los malvados” (2 Pedro 2:6-7). ¿Fue, entonces, un acto correcto aquel que tuvo lugar en la cueva de Zoar? El pasaje no lo dice. Pero las Escrituras sí tienen mucho que decir en otros pasajes respecto al tipo de comportamiento que se manifestó en aquella cueva, y podemos evaluar la acción basados en esas enseñanzas.

3. Dios, o uno de sus representantes, es quien declara el pensamiento y la voluntad de Dios. Estas declaraciones se presentan a menudo bajo el formato de mandamientos. Por ejemplo, Jesús dijo: “Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros” (Juan 13:34,35).

Sin embargo, algunos mandatos sólo son aplicables a circunstancias inmediatas y no de aplicación universal.

Dios le dijo a Noé: “Hazte un arca de madera de gofer; harás aposentos en el arca, y la calafatearás con brea por dentro y por fuera” (Génesis 6: 14). Jesús le dijo en cierta ocasión a dos de sus discípulos: “Id a la aldea que está enfrente de vosotros, y luego hallaréis una asna atada, y un pollino con ella; desatadla, y traédmelos” (Mateo 21: 2). El hecho de que Dios le dijera a Noé que construyera un arca no significa que es su voluntad que salgamos corriendo a construir un arca; ni tampoco vamos a ir de aquí para allá desatando asnas con sus pollinos para traerlos a Jesús. El contexto y la naturaleza del mandato nos indican si es o no de aplicación universal.

Toda la Escritura está investida de autoridad, pero hay porciones que nada tienen que ver con nosotros. Debemos cuidarnos, por supuesto, de no usar razonamientos arbitrarios para evadir el tener que obedecer lo que sabemos es la voluntad de Dios para nosotros, o sea para ti y para mí.

El hombre secular [no religioso] se aleja cada vez más de los absolutos bíblicos. Esto crea, a su vez, cierta presión para que la iglesia cristiana revise nuevamente su enfoque de los mandatos bíblicos respecto a cosas como el divorcio y una gran diversidad de cuestiones morales. Con demasiada frecuencia este enfoque “revisado” difiere muy poco de la crasa inmoralidad que produjo la destrucción de Sodoma y Gomorra. Tales tendencias provienen de no querer someter la voluntad y la vida a la autoridad de la Biblia.

Para el cristiano auténtico, la Biblia es y será siempre su máxima fuente de autoridad.

Extracto del libro: Entendamos 24 principios básicos para interpretar la Biblia por Walter Henrichsen

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3 comentarios en “La Interpretación del texto bíblico está al alcance de todos.

  1. Alejandro Ceballo

    Agradesco su apoyo que me han brindado al enviarme sus comentarios y sugerencias de materiales, han sido de gran bendicion en mi ministerio que desempeo en mi iglesia, que Dios les siga bendiciendo abumdantemente. saludos………….

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