¿Qué nos enseña la crisis financiera mundial?


ImagenEl tsunami financiero global hará que la mayoría de las naciones se acerquen más entre sí y que esto, posiblemente muy pronto, cree las condiciones para la toma de poder de los últimos diez reyes.
WILFRED J. HAHN

En primer lugar, nada de lo que sucedió fue por casualidad. Con razón podemos culpar por ello a los políticos y a los que los votaron. Todo observador con suficiente sentido común lo confirmará: el mundo sencillamente cosecha lo que ha sembrado.

Un segundo y decisivo significado de la crisis financiera global es que está íntimamente ligada a la última gran carrera hacia la unión global económica y monetaria, y la acelera. De eso podemos responsabilizar a los “principados (y) potestades… en las regiones celestes” (Ef 6:12), pero también a las élites de sus cómplices de carne y sangre. ¿Por qué? Porque la crisis presente servirá, como suele pasar, de catalizador, uniendo más estrechamente a las naciones en su gran mayoría. Probablemente, la misma pronto creará las condiciones para que los diez reyes de los últimos días tomen el poder.

En tercer lugar, ya que la profecía sobre los diez reyes se tendrá que cumplir, el mundo primero entrará en un tiempo de multipolaridad. ¿Qué es multipolaridad? Significa que el poder mundial estará repartido por partes iguales sobre muchos países y que no habrá dominio absoluto de una sola nación (o de algunas naciones poderosas). Porque ciertamente no sería posible el funcionamiento de una estructura de poder mundial de diez reyes, como la describe la Biblia, si hubiera una superpotencia capaz de ignorar o socavar el orden mundial (vea Dn 2:41-42; 7; Ap 12; 13; 17).

¿Será que América del Norte se encuentre en un proceso de descenso para librar el camino para el venidero mundo multipolar bajo los diez reyes? La profecía bíblica confirma que eso sucederá. En algún momento y de alguna manera, América del Norte tendrá que descender hasta llegar a ser una potencia relativamente pequeña. Ese proceso puede llevar mucho tiempo; no obstante, las circunstancias son tales que ese desplazamiento de poder en el escenario del mundo, también podría suceder muy repentinamente.

La Biblia hace declaraciones sumamente claras y firmes sobre el futuro, pero no nos da indicaciones exactas en cuanto al tiempo. Sin lugar a dudas, el mundo al final vivirá un completo colapso financiero y económico. Y ese día podría estar muy cercano. Aun así, en el momento podemos suponer con buenas razones que un colapso financiero global de ese tipo todavía no se desencadenará en estos días.

Aunque una crisis financiera mundial nos parezca espantosa – y las condiciones básicas económicas podrían empeorar mucho todavía – el enorme colapso apocalíptico todavía no viene. Esto no quiere decir que pronto venga la calma (lo que la mayoría quiere escuchar), pero sí la Biblia nos da razones para tener paz interior y esperanza.

Es sumamente importante comprender esta perspectiva y aferrarse a ella. Si no estás firmemente arraigado en la perspectiva eterna, sabiendo bien cuáles son las “verdaderas riquezas”, serás como una caña en el viento, en estos últimos días caracterizados por seducción y problemas.

Si uno mira la situación desde el punto de vista de la crisis financiera mundial, entonces realmente ha sobrevenido el desastre al mundo – y a América del Norte le ha tocado la peor parte. Miles de millones de dólares se han perdido; el valor de los fondos de acciones ha colapsado; los fondos de pensiones ya no son capaces de asegurar los ingresos futuros de los norteamericanos; millones han perdido el trabajo e incontables personas han perdido su casa propia.

Ese tipo de sucesos, ampliamente difundidos por los medios de comunicación, fácilmente llevan a una histeria masiva, y es difícil no contagiarse por la misma. Los temores y las preocupaciones pronto amenazan con sofocar nuestra alma. Esta es una señal de los tiempos. Nadie niega que al mundo le han sobrevenido serios problemas económicos. Pero por lo menos podemos tomar una postura espiritual adecuada, que afirme lo que Cristo quería decir con Su pregunta en Lucas 12:25: “¿Y quién de vosotros podrá con afanarse añadir a su estatura un codo?”

Deberíamos estar concientes de que en tiempos de necesidad, la perspectiva espiritual y eterna (o sea, la que pone la mira en las cuestiones realmente importantes a largo plazo) rápidamente se va perdiendo. De este modo, actualmente, la agitada opinión común (especialmente en América del Norte) oscurece peligrosamente la visión de lo esencial.

Si un extraterrestre visitara este planeta y viera las enormes fluctuaciones que sufre recientemente el mercado financiero, seguramente se asombraría mucho de una civilización que es tan poco estable en la valorización de sus riquezas. Cuando leemos el diagnóstico que hace la Biblia, por supuesto lo entendemos mejor. Este mundo – en que vivimos los cristianos, pero cuyos valores no compartimos – es susceptible a la idolatría y a la hueca confianza de la gente en lo material. De hecho, es la soberbia extrema (la confianza de los hombres en sí mismos, en que su propia seguridad esté en los números) la que ha llevado al planeta al borde de la ruina.

Los acontecimientos globales, como los que ahora están ocurriendo, los debemos ver como parte del progreso humano hacia una meta – en realidad hacia una de varias metas que aun tenemos por delante, como nos lo dice la Biblia. Pero aun no es el comienzo de la gran apocalipsis, aunque la misma está cerca.

Algunos países están ante el hecho de que saldrán muy debilitados de la crisis financiera mundial, mientras que otros estarán en una posición mucho más fuerte. Por ahora se puede observar un desarrollo decisivo del mundo hacia una condición más fuertemente centralizada y coordinada a nivel global. Lo que hoy vivimos es simplemente parte de este proceso de larga duración.

Pero, ¿qué rol juegan los cristianos en esto? Muchos actualmente se alegran pensando que ellos no sufrirán ni las más mínimas dificultades en el tiempo de la Tribulación – sobre todo que no tendrán pérdidas financieras. ¿Por qué?  Porque sus corazones y sentidos están totalmente enredados en el materialismo y en la codicia. De esta manera, ellos demuestran ser de los que Apocalipsis 17:2 y 8 llama “moradores de la tierra”. Frente a esto, recordemos tres puntos:

• Sobre todo: que la venida del Señor está cerca. No importa lo que digan las teorías o especulaciones – en cualquier momento podemos encontrarnos frente a Él. Nuestro caminar por la tierra podría llegar a su fin en cualquier instante. Y ya no tendremos ninguna oportunidad de arreglar algo o de deshacernos de nuestra idolatría y mundanalidad. Porque entonces nos encontraremos ante el tribunal.

• A nosotros, seres humanos en este presente tiempo de salvación, no nos es dado conocer los tiempos exactos de los acontecimientos futuros. Tampoco nos es dado poder predecir el futuro cercano. Gracias sean dadas a Dios por eso. Si tuviéramos la capacidad de hacerlo (es decir, si fuéramos perfectos videntes), el mundo sería aún más caótico de lo que ya es. Solamente podría salir mal. Recordemos tan sólo la fatal inclinación del ser humano por el dinero, la seguridad y la independencia. Imagínate: Si supiéramos el tiempo exacto de los acontecimientos futuros, todos actuarían al mismo tiempo en base a esta información, aún cambiando así el futuro. Ese sería un mundo demente y todavía más inconstante de lo que es ahora. Como lo dice la Biblia: el amor al dinero es una fuerza enorme: “Porque raíz de todos los males es el amor al dinero” (1 Ti 6:10).

Podemos interpretar el tiempo en general y sabemos, por ejemplo, cuál es la meta hacia la cual se dirige el mundo; pero no nos es dado saber día ni hora de los acontecimientos. Es decir, si bien podemos establecer las teorías de que en algún momento podrá presentarse otro ciclo económico global y que el último “gran derrumbe financiero” recién sucederá en la época de la Tribulación, esto no nos da ninguna seguridad con respecto a lo que sucederá a corto plazo.

Sabemos con certeza que el mundo corre precipitadamente hacia la “súper-religión de los últimos días” – una fusión de Dios y el dinero – y que está camino a la perdición, moral, económica y espiritualmente. Pues tenemos al respecto las afirmaciones de la Palabra profética absolutamente confiable. Tenemos que contar con que sobrevengan a la humanidad conmociones financieras serias y alarmantes, y además guerras, pestes, terremotos, etc. Habrá mucho sufrimiento, y algunos se beneficiarán enormemente de las catástrofes.

• El adelanto económico del mundo sigue caracterizándose por el engaño y la corrupción. Los sucesivos booms económicos del mundo, las tentaciones de las “riquezas engañosas” (Mt 13:22), el elevado estándar de vida y las “preocupaciones de la vida” (Lc 21:34), al igual que la constante seducción que hace caer al hombre en la trampa del dinero de los últimos tiempos: todo esto influye en los sentimientos de los cristianos. Después de todo, ¿quién puede resistir una arremetida de ese tipo y aun así en todo momento estar listo para la venida de Cristo?

Debemos ver la crisis financiera como una señal del tiempo, como síntoma de una era extremadamente materialista y corrompida. Podemos suponer que esta era continuará hasta que el Señor regrese. Nuestro tiempo, en lo que tiene que ver con lo financiero, se caracteriza por el robo y la desesperación. Por eso, no pensemos que nuestro vivir en justicia sea “premiado” por el Señor en este tiempo. Pues si lo hacemos, ponemos en peligro nuestra fe y nos desanimamos. ¿Cuántos cristianos actualmente suponen que su bienestar material les será guardado porque ellos son creyentes?

Más allá de las muchas otras consecuencias catastróficas de la crisis financiera, muchos cristianos occidentales han perdido la fe en un Dios que sólo estaba para bendecirlos con riquezas materiales. La consecuencia es que justamente esa doctrina engañosa y corrompida es la razón de los problemas que experimenta el Occidente.

¿Cómo podemos estar seguros de resistir las tentaciones con las cuales el tiempo actual ataca nuestra fe? ¿Cómo podemos cuidarnos de querer negociar con Dios por nuestro bienestar? Para eso, sin lugar a dudas, tenemos que tomar absolutamente en serio la exhortación de Santiago: “Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada. Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra. No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor. El hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos” (Stg 1:5-8).

Traducido del inglés; extracto del libro Global Financial Apocalypse Prophesied de Wilfred Hahn

Fuente: Llamada de Media Noche

Un comentario en “¿Qué nos enseña la crisis financiera mundial?

  1. Excelente.Amen. Eventos como señala el escrito profetico y si podemos responder a la pregunta del Señor Jesucristo en Lucas 18:8…”HALLARA FE EN LA TIERRA, ÉL… unido igualmente, a la cantidad de falsos ministros de la Palabra…Realmente podemos decir que el Señor no tarda Su DESCENSO a buscar a Su su Iglesia. Amen. Adelante. Gracias por compartir e impartir la Palabra del Señor. Amen.

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