El carácter del que hace discípulos


La Gran Comisión requiere de personas dedicadas. No depende de grandes programas, estrategias ni de buenas técnicas. Tampoco la idea está en tener la mejor tecnología, o la mejor infraestructura para el alcance de la misma; de lo único que necesita la Gran Comisión es de personas dedicadas, consagradas plenamente al Señor y dispuestas a realizar Su voluntad.

La forma más eficaz de alcanzar personas es a través de personas. Es precisamente en este punto cuando debemos de recordar que es lo que el Señor promete a aquellos que deciden comprometerse con este mandato, y es justamente la presencia de Jesucristo todos los días hasta el fin del mundo. Son las personas las que van a requerir de esa presencia, de hacer realidad esa promesa.

¿Cuál es la perspectiva qué debemos tener en todo esto? Simple y llanamente ser una persona que entiende lo que este proceso significa. Entender el costo y estar dispuesto a pagarlo.

La Gran Comisión es la formación de maestros. No debemos tener la idea que andamos en la búsqueda de simpatizantes, o adherentes a un movimiento, o simples seguidores; la Gran Comisión busca la formación de líderes, de maestros, para que estos puedan enseñar a otros.

Esto es algo que el escritor a los Hebreos esperaba de sus lectores, He. 5:11,12; ante una situación se esperaba que el trabajo que se hubiera hecho en ellos sería para que ya estuvieran enseñando a otros. Ese trabajo se había detenido porque ellos no habían sabido dar ese paso. Por eso afirmamos que la Gran Comisión es una labor de formación de maestros, no de niños fluctuantes. En la Gran Comisión debemos de buscar lo que apunta Pablo en 2 Ti. 2:2

“Adiestramiento para el discipulado es la obra espiritual de desarrollar  madurez en la vida de un cristiano y su reproducción en otro. Multiplicación es el adiestramiento para el discipulado de la tercera generación. Un multiplicador es un discípulo que está adiestrando a sus hijos espirituales para que se reproduzcan.”

El carácter del que hace discípulos

“Puesto que la clave para la transferencia de la vida consiste simplemente en pasar tiempo con el individuo y permitir que ocurra la demostración, la madurez de la persona que hace discípulos es extremadamente importante” Gary W. Kuhne

Pasaremos a considerar los pasajes de Tit. 1:5-9; I Ti. 3:1-7 y I Pe. 5:1-3

1.      Uno que hace discípulos tiene que ser irreprensible.

La idea es estar en las condiciones de no ser llamado a cuentas. El concepto de la palabra consiste en que la persona tiene un estilo de vida tal que no puede ser acusado de ningún cargo.

Esta característica está íntimamente relacionada con la impresión que mi vida causa en otros. La idea no es lograr ser absuelto si soy acusado de algo, sino, no estar nunca en la condición de acusado.

Un ejemplo es Timoteo en Hch. 16:2, era irreprensible ante los ojos de aquella comunidad, no hablamos de perfección, hablamos de reputación.

2.      Uno que hace discípulos tiene que ser devoto.

Cómo líderes debemos de ser fieles a nuestro cónyuge. Se exalta la lealtad, la pureza moral, la separación de los valores mundanos.

“Para algunos lectores es imposible aplicar literalmente este pasaje, por el hecho de no ser casados o de ser mujeres [sin embargo] la idea que desarrolla es la de entrega, la de ser devoto. El enfoque está en la cualidad de la relación, no solo en la singularidad de ella.” Gary W. Kuhne (Todas las citas de este autor son de su libro: “La Dinámica de Adiestrar Discípulos“)

“Los cristianos han de vivir por encima de las normas del mundo en el aspecto de la ética sexual. La madurez espiritual del cristiano es incompatible con la corriente del mundo en este aspecto de la vida.” Gene A. Getz (Todas las citas mencionadas de este autor son tomadas de su libro: “La Medida del Cristiano -Tito-“)

3.      El que se dedica a hacer discípulos tiene que ser respetado por su familia.

Igual al anterior, no es de aplicación universal, esto porque no todos están casados, ni tienen hijos. La idea no es la perfección en los niños, sino su tendencia hacia la fe en Cristo.

El problema que aquí se discute es un estilo de vida constante en que falta el respeto.

4.      El que hace discípulos no debe ser arrogante.

La idea acá es “ser dominado por el interés propio”, son los que soy ley a sí mismos. Siempre que puedan lograrán lo que quieran, los demás siempre están equivocados.

El requisito  lo que quiere decirnos es cuando se toma una postura arrogante y dogmática dónde no debe hacerse. Por ejemplo, es cuando una persona concluye que algo es cierto, por ende debe ser lo correcto y no cabe discusión alguna sobre el tema.

El apóstol Pedro los describe muy bien “[son] aquellos que, siguiendo la carne, andan en concupiscencia e inmundicia, y desprecian el señorío. Atrevidos y contumaces, no temen decir mal de las potestades superiores.”

Es claro que habrá momentos donde debemos ser rígidos, y otros dónde no serlo; para lograr discernir el sí o el no, habrá momentos que cometeremos errores. Estos errores nos darán un mayor beneficio si los afrontamos con la humildad debida, y no con una arrogancia absurda. Esto será de gran ejemplo para el discípulo que está aprendiendo.

5.      El que hace discípulos tiene que manejar la ira en forma correcta.

Significa: “ser inclinado a la ira”. La idea es de aquel que recurre prontamente a un espíritu desenfrenado para procurar dar solución a una situación.

Proverbios nos describe algunos casos:

  • Prv. 12:16 Aquel que es iracundo es calificado como necio.
  • Prv. 19:19 Aquel que recurre a la ira es capaz de llegar a mayores cosas y traer daños sobre otros.
  • Prv. 27:3, 4 Los tristes matices de la ira.
  • Prv. 29:11 El iracundo es esclavo a su propia debilidad.

6.      El que hace discípulos debe practicar la temperancia.

La idea de la palabra en griego no es solamente: “no dado al vino”, sino también, no ser controlado, esclavo de agentes externos; todo lo contrario, solamente del Espíritu Santo (Ef. 5:18). Esto es la temperancia.

El cristiano que está trabajando en su desarrollo espiritual no debe permitirse ser dominado por cualquier cosa que domine su cuerpo, nuble su pensamiento, o menoscabe su testimonio como cristiano. I Co. 6:12; 10:31

7.      El que hace discípulos no debe ser pendenciero.

La idea es que no debe ser una persona violenta, un golpeador. Es similar a no ser iracundo, sin embargo la palabra en el griego le da una dimensión diferente, no debe ser rencoroso.

Nos podemos volver pendencieros en temas interpersonales, doctrinales u otras esferas y lanzando contra estas personas agresiones físicas o verbales.

Por tal razón el mejor consejo es II Ti. 2:23-25

8.      El que hace discípulos no debe ser codicioso.

El enfoque particular de esta palabra griega está en las ganancias económicas o materiales. Se refiere a la idea de permitir que la vida sea dominada por el deseo del éxito en lo económico o material.

Esta actitud no sólo se refleja en la búsqueda de las ganancias económicas en el mundo secular, sino también en una preocupación no saludable con respecto a la economía de la iglesia. Es posible reemplazar la confianza en la continua provisión de Dios para nuestras necesidades por la tangible seguridad de una cuenta bancaria.

9.      El que hace discípulos debe ser hospedador.

El principio básico que respalda la práctica de la hospitalidad es el deseo de ayudar a las personas sin esperar alguna recompensa.

El principio consiste en estar dispuesto a ofrecer las cosas con las cuales Dios lo ha bendecido, pudiera ser la casa, el alimento, el dinero.

Es un reflejo parecido al amor de Cristo. Ro. 12:9-13; He. 13:1,2; I Pe. 4:8,9.

10.  El que hace discípulos debe ser amante de lo bueno.

Ser “amante de lo bueno” buscar lo bueno. Entonces la idea no es en estar dispuesto a hacer lo bueno, eso sería una actitud pasiva; la exhortación está para ser proactivo, es decir, buscar toda oportunidad para hacer lo bueno. Gá. 6:10; Ef. 2:10; Fil. 4:8.

El creyente maduro debe vencer con el bien el mal, Ro. 12:21.

11.  El que hace discípulos debe tener una mente sobria.

La palabra sobrio se utiliza, como adjetivo, para describir a una persona que domina sus facultades físicas, sicológica y espirituales.

El cristiano sobrio no está esclavo de los deseos carnales, ni de sus impulsos, ni de sus pasiones. La idea es que el discípulo debe ser dueño de sí mismo.

12.  El que hace discípulos ha de ser santo y justo.

Pablo no quería enseñar que los cristianos debemos de ser perfectos. Si somos honestos con nosotros mismos, aceptaremos que no estamos viviendo igual que Cristo en todos los aspectos de nuestra existencia.

Algunos creyentes ponen su confianza en una serie de reglas, o ritual religioso para medir su santidad, lo que se hace con esto es ignorar las cualidades internas, que son la clave para alcanzar la verdadera santidad.

La medida en que llevamos vidas santas depende de nuestra comunión con el Espíritu Santo y su plan para nuestra vida. El proceso para llegar a ser santos está íntimamente ligado con la forma que usamos nuestra mente. Ro. 12:1,2

Con respecto a: justo, en este contexto la idea es la persona que hace lo que es correcto o leal. Un buen ejemplo de la aplicación de esta palabra en este contexto es el caso de José, el esposo de María.

13.  El que hace discípulos tiene que tener dominio de sí mismo.

La idea es que sea dueño de sí mismo. Una idea más amplia aún es que el discípulo sea una persona disciplinada.

Debemos tener una vida disciplinada en todo nuestro ser integral, I Ts. 5:23.

El creyente debe tener control en su área física, sicológica y espiritual. Para todo esto debemos tener presente: Fil. 3:12-15; He. 12:1,2.

14.  El que hace discípulos debe de aferrarse a la Palabra.

“El hombre que fuera nombrado para ser anciano en Creta tenía que ser “retenedor de la palabra fiel”. No debía titubear en sus convicciones con respecto a la integridad de la misma, ni debía apartarse de su mensaje total.” Gene A. Getz.

Debo comprenderla, estar sometido a su verdad y autoridad; porque esto es algo que definitivamente debo de reproducir.

15.  El que hace discípulos ha de ser sano en la Palabra.

“Para tener una vida que sea digna de transferir, uno tiene que ser capaz de dar instrucción (o exhortar) con sana doctrina. Tiene que conocer la doctrina y ser capaz de comunicarla.” Gary W. Kuhne.

Debo saber conocer la doctrina bíblica para poder usarla personalmente,  aconsejar y corregir al discípulo.

16.  El que hace discípulos tiene que refutar el error.

Es aquel que asume la responsabilidad de refutar a los que se oponen a la sana doctrina. Hch. 20:28-31.

Sumando el concepto de “apto para enseñar” de I Ti. 3:2, la idea es la de tener la habilidad de instruir a otros de manera humilde, no arrogante, ni intimidadora, o a la defensiva; disponiéndose que en el ejercicio de su enseñanza puede también aprender. Este es el sentido de II Ti. 2:23ss.

Es un error pensar que “apto para enseñar” se refiere a la habilidad pedagógica de transmitir el conocimiento que se tiene.

17.  El que hace discípulos tiene que ser prudente.

La idea es la de una persona sensata, de buen juicio,  discreto, controlado, sensible.

Esta es la exhortación de Pablo a Tito para desarrollar esta virtud entre los líderes de Creta (Tit. 2:2-6), esta misma idea está presente en Ro. 12:3.

18.  El que hace discípulos tiene que saber manejar las cosas o sea gobernar.

La idea es que la persona debe ser un superintendente (RAE: persona a cuyo cargo está la dirección y cuidado de algo) de su casa.

El apóstol Pablo consideraba que una familia ordenada es la prueba verdadera de la madurez y habilidad de un hombre para dirigir a otros cristianos.

Esto implica que los hijos deben ser  razonablemente sumisos, respetuosos y obedientes; pero jamás se habla de una familia perfecta.

La atmósfera que Dios está exigiendo en el hogar es la que quiere que se reproduzca en la iglesia.

19.  El que hace discípulos no debe ser un nuevo convertido.

Todos estamos en la posibilidad de envanecernos y ser presa del orgullo, la diferencia con el neófito está en él está en condiciones más apropiadas para tener problemas con el orgullo, y no tener la suficiente madurez para discernir y así diagnosticarlo y atacarlo de manera oportuna. He. 5:14

La palabra envanecerse  nos la explica Gary W. Kuhne, en su libro: “La dinámica de adiestrar discípulos”:

“Inicialmente servía para describir lo que sucedía cuando una persona trataba de hacer fuego, y el humo subía y se metía en los ojos. La persona se alejaba de allí con lágrimas en los ojos. No estaba totalmente ciego. Todavía podía ver los objetos, pero no podía verlos como realmente eran. Todo era vago o borroso. […] El orgullo no lo ciega a uno totalmente, sino hasta el punto en que no ve las cosas como realmente son.”

20.  El que hace discípulos debe tener una buena imagen pública.

El concepto es simple, debe tener un buen testimonio de los de afuera.

Esto parece ser paradójico porque el mundo aborrecerá a todo discípulo genuino de Cristo (Jn. 17:14), si es así, ¿cómo podemos tenerlos como uno de los “termómetros” para elegir aquellos que desean trabajar en la vida de otros?

Eventualmente el mundo podría, o más bien, debería de odiarnos, pero lo que nunca deberían de hacer es desconfiar moralmente de nosotros, cuando Cristo fue crucificado, Pilato, tuvo que reconocer: “[Jesús] ¿qué mal ha hecho?” (Mt. 27:23). Y cuando es llevado a la cruz, el acta del decreto de condenación (Col. 2:14) de Cristo dice: “Este es Jesús, el Rey de los Judíos” (Mt. 27:37).

Fue condenado por la verdad, los dirigentes judíos no le querían por lo que Él proclamaba, pero no hallaron en Él tacha alguna.

21.  El que hace discípulos tiene que tener el deseo de servir a Dios.

Tengo realmente un entusiasmo de corazón por el hecho de ser obediente a la voluntad de Dios, en lo que queremos marcar el énfasis es en la actitud de uno hacia el servicio.

Mi servicio al Señor nace de un corazón agradecido hacia Él o por motivaciones incorrectas. Si hay un deseo genuino por nuestro servicio hacia Él, no habrá en nosotros ni condiciones (Lc. 9:57-62), ni pretensiones (Mr. 10:35-40).

22.  El que hace discípulos no debe estar motivado por el orgullo.

Cuán difícil se discernir la línea de respeto y admiración vs. la soberbia, la vanidad del que está en autoridad.

El líder ganará el respeto de los suyos por la gracia de Dios (Jo. 4:14), será responsabilidad del líder administrar esta gracia de Dios, o bien, usarla para su provecho.

23.  El que hace discípulos no debe ser dominante.

La idea de ser dominante se ve mejor en el señorío que se ejerce sobre otros (III Jn. 9, 10). Debemos guiar al rebaño, no empujarlo.

El resultado final que deja el ejercer dominio sobre los discípulos es la perpetua dependencia de éste sobre su mentor. Nosotros queremos formar líderes, no seguidores.

24.  El que hace discípulos tiene que ser un ejemplo.

Este punto resume todos los otros principios, los une a todos. Al asegurarnos en cumplir los anteriores principios podemos descansar que el ejemplo de uno es lo que debe ser.

Es acá donde comienza el ministerio de transferir una vida.

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