La Ley y la Gracia


La ley y la gracia son dos maneras opuestas con las que Dios trata con la raza humana. Podemos describirlos como principios distintos bajo los que Él prueba al hombre. O pensamos acerca de ellos como pactos que Él ha hecho con Su pueblo: “Pues la ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo” (Jn. 1: 17).

Bajo el principio de la ley, el hombre recibe lo que se gana o merece. Bajo la gracia se le libra de lo que se merece y recibe riquezas más allá de toda descripción; todo ello como un don de gracia. Los dos principios son descritos así en Romanos 4:4,5

Pero al que obra, no se le cuenta el salario como gracia, sino como deuda; mas al que no obra, si no cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia.

La gracia y la ley son mutuamente exclusivas; esto es, no pueden ser mezcladas. “…y si por gracia, ya no es por obras; de otra manera la gracia ya no es gracia” (Ro. 11:6).

La leyes un pacto condicional. Dios dice: “Si obedecéis, os premiaré, pero si desobedecéis, tendré que castigaros.” La gracia es un pacto incondicional. Dios dice: “Os bendeciré de pura gracia.”

La ley dice haz, mientras que la gracia dice cree. Pero creer no impone una condición; constituye simplemente una respuesta razonable de una criatura a su Creador. Y no es meritorio; nadie puede enorgullecerse de haber creído en el Señor. Sería una necedad no creer en la única persona digna de confianza en el universo.

Bajo la ley se demanda la santidad, pero no se provee ningún poder para vivir una vida santa. Bajo la gracia se enseña la santidad (fit. 2:11, 12) y se provee el necesario poder. Alguien lo ha expresado así: “La ley exige una capacidad de aquel que no la tiene y le maldice si no puede ejercitarla. La gracia de capacidad al que no la tiene y le bendice en su ejercicio.”

La ley trae una maldición: “Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas” (Gá. 3:10). La gracia trae bendición: “Siendo justificados gratuitamente por Su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús” (Ro. 3:24).

Bajo la ley se potencia la vanagloria, pero bajo la gracia ésta es eliminada. “¿Dónde, pues, está la jactancia? Queda excluida. ¿Por cuál ley? ¿Por la de las obras? No, sino por la ley de la fe” (Ro. 3:27).

No puede haber ninguna seguridad de la salvación bajo la ley; nadie podría saber si había efectuado las buenas obras suficientes o el tipo necesario de buenas obras. Bajo la gracia existe una plena seguridad debido a que la salvación es un don; y ¡uno sabe cuándo ha recibido un don!

Una persona bajo la ley no podría tener una verdadera seguridad debido a que no podría hallarse segura de que continuaría cumpliendo los requisitos. Bajo la gracia el creyente goza de seguridad eterna (Jn. 10:27-29), debido a que su salvación depende de la obra de Cristo.

No hay salvación por la ley. Dios nunca dispuso que nadie se salvara mediante tal principio. El propósito de la leyes mostrar al hombre que es un pecador. “Pero medio de la ley es el conocimiento del pecado” (Ro. 3:20), no el conocimiento de la salvación.

La salvación es por la gracia (Ef. 2:8, 9). Es el don libre y sin reservas por parte de Dios a aquellos que reciben al Señor Jesucristo como la única esperanza para ellos de ir al cielo.

Bajo la ley se potencia el pecado (Ro. 7:8-13); bajo la gracia es despreciado. Cuando el hombre pecador es puesto bajo la ley, inmediatamente quiere hacer aquello que está prohibido. Ello no es por culpa de la ley, sino que es la respuesta del pecado en la naturaleza del hombre. Bajo la gracia, el pecado es despreciado. La memoria de lo que nuestros pecados le costaron al Salvador hace que nos alejemos de ellos.

Bajo la ley nunca termina el trabajo. Esta es la razón por la que el sábado, el séptimo día, venía después de toda una semana de esfuerzos. La gracia nos habla de una obra acabada, por lo que empezamos nuestra semana con el día del Señor, nuestro día de descanso.

La ley nos dice qué es lo que el hombre debe hacer. La gracia nos revela lo que Dios ha hecho en Cristo.

La leyes un sistema de esclavitud (Gá. 4: 1-3); la gracia es un sistema de libertad (Gá. 5:1). Los hombres son siervos bajo la ley; los hombres bajo la gracia son hijos.

La ley dice: “Amarás… ” La gracia dice: “Porque tanto amó Dios… ”

La ley dice: “Haz esto, y vivirás.” La gracia dice: “Vive, y harás.”

Bajo la ley un hijo rebelde era echado fuera de la ciudad y apedreado (Ot. 21: 18-21). Bajo la gracia el hijo pródigo puede confesar su pecado y volver de nuevo a la comunión de su padre (Le. 15:21-24).

Bajo la ley las ovejas mueren por el pastor. Bajo la gracia, el pastor muere por las ovejas (Jn. 10: 11).

La superioridad de la gracia se ha descrito de la siguiente manera: La gracia no consiste en buscar hombres para poderlos aprobar, porque no es de la gracia sino de la justicia el aprobar la bondad, SI no que consiste en buscar hombres condenados, culpables, sin excusa, e inermes a los que poder salvar, santificar y glorificar.

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Tomado de: ¿Cuál es la diferencia? Por William MacDonald

2 comentarios en “La Ley y la Gracia

  1. ivan

    muy buena aclaración en cuanto ala gracias que Dios sienpre los bendiga y le de más sabiduria para que uno pueda ententer la palabra de Dios …

  2. Me parece interesante este tema la ley y la gracia , antiguo y nuevo testamento, sin embargo cabe aclarar que si bien la gracia entro debido a la entrega de Jesucristo para el perdon de nuestros y debido a ello Jesus puedo habitar en nuestros corazones es importante aclarar que la ley Dios sigue vigente porque de no ser asi correrriamos el riesgo de perdernos del Camino que nos preparò o tiene preparado. Dios ama a sus Hijos los corrige y perfecciona de ahi la justificacion de la ley. Sin bien la ley y la gracia son dos terminos opuestos son necesarios para vivir en armonia con Dios!!

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