Noé encontró Gracia


Excelente artículo sobre la liviandad del cristianismo (cristianismo light), de tomar el pecado con liviandad; de menospreciar, o minimizar el jucio de Dios.

Ateos alegan que de acuerdo al “mito” del Jardín del Edén, lo maligno empezó de una manera demasiado inocente para que sea la raíz de donde ha germinado toda la maldad que existe en la tierra.  Adán y Eva solamente comieron la fruta prohibida, un acto tan inofensivo que realmente no merece darle tanta importancia.  “Eva me convenció, Señor y yo lo hice para compartir con ella, pero sólo probé un bocado…Pero la serpiente me engañó, Señor; Yo pensé que me haría sabio.. y era deliciosa y nutritiva”

¿Cómo un acto tan simple pueda traer tan terribles consecuencias como los horrores del egoísmo, los celos, la lujuria, la lascivia, el odio, la cólera, la venganza, el crimen, las guerras, las enfermedades, los sufrimientos y la muerte que ha plagado a la humanidad desde el principio de los siglos?  Lo que afirma la Biblia no tiene sentido y es tan absurdo que en realidad cuesta trabajo creerlo.  ¿Por ésta pequeña equivocación, Dios se enojó y los echó del jardín? ¿Por qué Dios no los perdonó? ¿Por qué no les dio otra oportunidad? ¿No hubiera sido esto más razonable?

Durante el proceso de responder tales preguntas vamos a encontramos el verdadero significado de la Biblia.   Las preguntas en sí demuestran una actitud pasiva y condescendiente hacia el pecado y una actitud de falta de respeto a la autoridad y ésta actitud se ha impregnado en nuestra sociedad y aún en las iglesias evangélicas.  La frase “dame otra oportunidad” ha resultado ser el mantra de la raza humana, repetido constantemente por todos, desde los niños desobedientes hasta los peores criminales suplicando a un juez.  Dios sabía que el “dar otra oportunidad” sólo alienta a los que quiere hacer el mal.  Pero desdichadamente ésta ridícula excusa está siendo aceptada por padres de familia, escuelas, cortes, sicólogos y en general gente con buenas intenciones, con resultados desastrosos.

Una terrible epidemia, lo que la Biblia llama “pecado”, ha arrasado a la humanidad.  El valor de enfrentar la verdad cara a cara, desdichadamente está ausente de la mayoría de los púlpitos de las iglesias de hoy en día.  Muy pocos son los que se atreven a llamar ésta actitud un acto de rebeldía contra nuestro Creador ante el cual debemos arrepentirnos.  El juicio de Dios y el venidero día del juicio final es demasiado negativo para mantener interés en nuestras congregaciones modernas.  Cuan uno habla de Dios tal plática tiene que ser positiva, alentadora, tranquilizadora.  El hablar de “estar separado de Dios” no conviene y a la gente que no atiende a la iglesia por lo general, no va a ser atraída a asistir a la congregación si son confrontadas con sugerencias de acusaciones de culpabilidad.  Los sermones deben inspirar a los oyentes para que se sientan cómodos hacia Dios y hacia ellos mismos y también deben ser cortos y entretenidos y deben enfocar la “buena vida” que el mundo en general ansía tanto por obtener.

Pero “la buena vida” no es tal cosa, es algo ilusorio, como una burbuja de plástico definido y auspiciado por la televisión con sus comedias y comerciales, y éste tipo de “vida” es vendido al público por una industria que evade la verdadera verdad y nos quiere aislar de la  verdad bíblica en que el Espíritu de la Verdad nos condenaría: “en cuanto al pecado, a la justicia y al juicio” (Juan 16:8)  Este tipo de vida que nos presenta la televisión y los medios de difusión en general, es como un juego en que se invita al público en general a participar y lo que se hace es glorificar al pecado, ( o quitarle toda culpabilidad o hacerlo gracioso) burlarse de la familia y pretender que el sufrimiento, el dolor y la muerte no son parte de “nuestro mundo”, y tal vez sean parte de otro tiempo, otro lugar en el cual uno no tenga que confrontar ésas cosas, al menos no por ahora.

El mundo real está habitado por seres egoístas y desobedientes, descendientes del par original que se rebeló en contra de Dios siguiendo el liderato de la serpiente.  Lo que las iglesias de hoy en día están haciendo es ocultar a todo costo la horrible verdad que el hombre ha sido el seguidor del diablo y a estado a su servicio desde el principio.  Nosotros tratamos de resolver nuestros problemas con tecnología, organizando un comité tras otro, una conferencia tras otra, hacer hincapié de la necesidad de tener paz mundial, más frases atractivas, afirmaciones positivas para satisfacer nuestro autoestima y amor propio y a todo esto se le puede añadir un poquito de religión, no importa cual sea, con tal que esté de moda por el momento.

Dios ha hablado con sabiduría y amor, sus criaturas se han rebelado y “la rebeldía es tan grave como la adivinación” (1 Samuel 15:23)  Esto ha sido la historia de la humanidad.  El mundo está empeorando, no mejorando, y el juicio de Dios pronto va a llegar.  Pero a la diferencia de Adán y Eva quienes se avergonzaron y trataron de esconderse de Dios, sus descendientes desafían abiertamente al Dios todo poderoso y hacen alarde de su amotinamiento es su propia cara.  Ellos, por intermedio de su tecnología y sus medios de difusión y entretenimiento, han echado a Dios de éste mundo y lo arrancarían de Su Trono en el cielo su pudieran.

Los árboles detrás de los cuales Adán y Eva trataron de esconderse, han pasado a través de una metamorfosis y se han ahora transformado en una jungla de asfalto, con apartamentos y oficinas en edificios altos, con monumentos exaltando al prodigio humano, como desafiando a Dios.  Estos humanos embriagados en su orgullo y soberbia están tan ocupados en su jactancia de tantos éxitos que no se dan cuenta que desesperadamente necesitan arrepentirse y regresar a Dios y a sus términos a través de la fe en Él que murió por sus pecados.  Esparcido por toda ésta jungla humana siempre ha existido brotes de religión, como pequeños “hongos”aquí y allí, algunos más venenosos que otros.  Y ahora algo nuevo ha aparecido, algo que se asemeja a hongos gigantes.  Estas son las famosas mega-iglesias llenas de congregantes a quienes se les enseña una manera “positiva” de esconderse de Dios.  Él es alabado con los labios, pero no existe el arrepentimiento necesario hacia Él o hacia una fe real en Cristo como el Salvador de los pecadores.

En vez de exponer el desdén que la cultura moderna tiene hacia Dios y a su rectitud y la glorificación de ésta sociedad hacia el pecado, la iglesia acepta ésta decadencia como parte necesaria de “un paquete completo” que forma parte de un “Evangelio” que se les puede ofrecer y puede ser aceptado por las personas a quienes se les quiere atraer y que no tienen conocimiento de la Verdad.  Nuestra necesidad de aceptar a Cristo como un refugio, de la tormenta desencadenada por la ira de Dios, no es mencionada.  El mensaje que éstas iglesias proyectan no es el venir a Cristo para obtener perdón y de ser rescatado de pasar la eternidad en el Lago del Fuego, pero sino cómo ser más feliz en ésta tierra.  Este tipo de cristianismo es empaquetado como “espiritualidad”, una comodidad popular hoy en día y puesta a la venta a cualquier persona que quiera ser “bendecida”.  Lo que realmente importa en todo esto es el reconocimiento del pecado en nuestras vidas, una realidad tan latente y presente y algo que el mundo y la iglesia evangélica trata de huir desesperadamente y a su vez están adoptando la filosofía de hacer sentir bien a la gente como si fuera un remedio que puede curar todos los males.

Esta filosofía, éste mensaje impostor, equivocado y falso está enfocado a la parte egoísta de las personas y desdichadamente  no es el monopolio de sólo algunas iglesias sino que la mayoría de iglesias evangélicas han adoptado ésta manera de conducir sus servicios y compartir lo que ellos creen es el evangelio.  Mientras que nuestras iglesias en éste país están constantemente preocupadas con el crecimiento de la congregación en otras partes del mundo millones están padeciendo por su fe en Cristo y este sufrimiento está siendo completamente ignorado.  Los cientos de miles que están siendo asesinados por los musulmanes en el sur de Sudán, en la Nigeria del norte, en Indonesia y en otros países musulmanes, se horrorizarían si supieran que lo que más les importa a los cristianos en América es sentirse bien acerca de uno mismo y cuando no pueden lograr esto siempre tienen la opción de ir a la terapia de sicólogos cristianos.

El capítulo sexto de Génesis nos presenta una asombrosa representación: después de unas cuantas generaciones después de la creación de Adán y Eva, los descendientes (quienes seguramente estaban concientes de la expulsión de Jardín del Edén) resultaron ser tan malignos que Dios estaba preparado para destruirlos a todos.  Y Él lo hubiera hecho sino hubiera sido por un hombre: “Pero Noé contaba con el favor del Señor” (Génesis 6:8)  ¡Sólo un hombre de entre millones de seres humanos había obtenido gracia de Dios!

¿Cómo ha podido haber pasado eso? ¿Acaso Dios reserva su gracia sólo para unas cuantas personas? No, la gracia de Dios es ofrecida libremente a todos, no se le puede ganar ni merecer o sino, no sería gracia.  Entonces uno puede decir ¿por qué fue sólo Noé quien encontró gracia?  Para encontrar la respuesta a ésa pregunta tenemos que escudriñar las Palabra de Dios en los evangelios de Mateo (7:7) y Lucas (11:9) y nos daremos cuenta que Noé sabía que él era un pecador y que necesitaba la gracia de Dios y fue él sólo por su propio albedrío que se dedicó a buscarla. ¡Noé fue el único que buscó la gracia de Dios!

Cientos de veces en el Antiguo Testamento aparecen la palabra hebrea “matsa” que es traducida como “encontrada”.  Leemos en la Palabra de Dios: “Busquen al Señor mientras se deje encontrar, (matsa) llámenlo mientras esté cercano.  Que abandone el malvado su camino, y el perverso sus pensamientos.  Que se vuelva al Señor, a nuestro Dios, que es generoso para perdonar, y de él recibirá misericordia” (Isaías 55:6, 7)  “me buscarán y me encontrarán (matsa) cuando me busquen de todo corazón” (Jeremías 29:13)

Tenemos que reconocer nuestra culpabilidad delante de la sagrada perfección de Dios y venir a Él en profundo arrepentimiento buscando Su Gracia, no tratando de ganarla, ni tratando de merecerla, pero obteniendo Su misericordia en Su trono de gracia.  En vez de presentar éste evangelio de arrepentimiento y de perdón, lo que se hace hoy en día es presentar a un Dios al cual uno puede acudir para poder obtener la felicidad, el éxito y las bendiciones de éste mundo.  Nosotros no podremos apreciar la gracia de Dios hasta que nos demos cuenta que Su juicio recto, justo, está por venir sobre éste mundo actual como lo estuvo durante los días de Noé.  “Busquen al Señor todos los humildes de la tierra…tal vez encontrarán refugio en el día de la ira del Señor” (Sofonías 2:3).

Nosotros urgentemente necesitamos entender algo de la magnitud de lo que es el pecado, de lo maligno, de la gran maldad que existe en éste mundo, si queremos apreciar Su redención.  El amor de Dios, Su gracia y Su misericordia comparada con lo maligno hace manifestar y demostrar su terrible realidad. La obvia existencia de lo maligno es prueba poderosa de la existencia de Dios y de Su santidad.  Dios dice: “yo formo la luz y las tinieblas, traigo bienestar y traigo calamidad… (Isaías 45:7)  ¿Dios crea calamidades? ¿Dios crea lo maligno?  Sí, en la misma manera que la luz revela la oscuridad.

Una persona que haya vivido en el fondo de la tierra, en una cueva, en una oscuridad completa, no podría saber que él ha vivido en la oscuridad hasta que alguien venga a la cueva con una luz y revele la oscuridad.  De la misma manera, la bondad de Dios, Su santidad perfecta y Su rectitud revela todo lo maligno por lo que realmente es.  Sin Dios y sin la conciencia que Él nos ha dado, no podríamos reconocer lo maligno y nosotros sabemos que éste mundo está lleno de maldad.

Acabo de finalizar un libro titulado “El día del Juicio: Islam, Israel y las naciones”.  Es un esposé de lo maligno más allá de lo que uno se pueda imaginar manifestado especialmente como anti-semitismo y odio hacia Israel de parte del Islam y otras naciones, incluyendo la continua traición de los Estados Unidos.  El Juicio del Señor va a venir a todas las naciones por su maltrato de parte de ellas a su gente escogida.  Él declara: “Reuniré a todas las naciones (incluyendo a los Estados Unidos) y…entraré en juicio contra los pueblos en cuanto a mi propiedad, mi pueblo Israel, pues lo dispersaron entre las naciones y se repartieron mi tierra (como cada ‘tratado de paz’ lo ha hecho y el actual ‘mapa del camino’ a la paz quiere hacerlo)” (Joel 3:2).

El peor aspecto de lo maligno es cuando se hace pasar por bueno y se justifica con mentiras.  Por ejemplo, se publicó un aviso del tamaño completo de una página en la publicación “National Catholic Reporter”(El Reportero Católico Nacional) en Abril 26, 1996, haciéndose pasar por noticias neutrales, atacaba a Israel y al mismo tiempo justificaba los asesinatos y la destrucción hecha por los musulmanes y culpaban a Israel por el supuesto maltrato de los “palestinos” en la ciudad de Hebrón. (es en éste sitio donde están enterrados Abraham, Isaac, Jacob y sus esposas, pero no hay ningún árabe o musulmán, sin embargo los musulmanes han tomado control de éste lugar y han edificado allí una mezquita)  Este anuncio dice que los problemas comenzaron cuando los judíos “empezaron a mudarse a Hebrón hace 20 años”.  La realidad es que, aunque fueron echados periódicamente por invasores, los judíos han estado allí por cerca de 3,000 años.  Los árabes llegaron a este lugar después del séptimo siglo durante la conquista de los musulmanes e inmediatamente comenzaron a brutalizar a los residentes judíos por que rehusaban convertirse al Islam.  Este maltrato ha continuado por 1,300 años.

Durante el terrible “Progrom” (Programa de Exterminación) que ocurrió en Hebrón en 1929 (uno de tantos) las sinagogas fueron profanadas, 67 judíos fueron asesinados y el resto se vieron obligados a huir.  Judíos fueron masacrados en el territorio de “Palestina”.  Típico de lo que ocurrió es un reporte del jefe de policía británico de la ciudad de Hebrón:

“Cuando escuché gritos…subí por lo que era como un pasaje a través de un túnel y vi a un árabe en el acto de tratar de degollar a un niño con una espada.  Apenas me vio él lanzó su espada hacia mí pero falló…Yo le disparé…Detrás de él estaba una mujer judía cubierta en sangre, con un hombre al cual lo reconocí ya que era un policía árabe llamado Issa Sheril de Jaffa…estaba parado junto a la mujer con un puñal en su mano.  Él me vio y se escondió en un cuarto cercano y se encerró y no me dejaba entrar gritando en el idioma árabe, ‘Su Señoría, yo soy un policía’.  Yo entré en el cuarto y le disparé”. (Citado en Peters, ‘Del Tiempo Inmemorial’ página 315)

Años después, muy cautelosamente, algunos judíos empezaron a regresar a ésta ciudad de Hebrón, una de las ciudades más santas de su historia, la ciudad donde los patriarcas están enterrados.  En 1948, Israel fue atacado por seis naciones árabes.  Jordania capturó el Banco Oeste y con éste territorio también capturó Hebrón.  Todos los residentes judíos fueron expulsados, las sinagogas destruidas.  Fue durante la guerra de seis días, en 1967, cuando finalmente los judíos pudieron regresar y el Reportero Católico Nacional castiga y critica a los judíos por haber recuperado una de las ciudades más importantes en la historia de Israel y para el colmo culpa a los 400 residentes judíos, los cuales están rodeados de 120,000 musulmanes, de ser los que causan problemas.  Lo maligno es identificado como bueno y los sermones de las iglesias evangélicas ni siquiera reconocen ésta falsedad.

La persecución de los judíos en la Europa dominada por la Iglesia Católica Romana fue relativamente apacible si uno lo compara con lo que los judíos han soportado por 1,300 años en los países musulmanes.  La matanza ha incluido más de un millón de ármenos en las últimas décadas del siglo 19 y las primeras décadas del siglo 20 y esto ocurrió muchas veces con la aprobación tácita de las Naciones Occidentales.  Durante la gran masacre de 1915, “mujeres turcas fueron dadas un puñal para que dieran la última puñalada a un moribundo armenio para poder ganarse crédito con Alá por haber matado a un cristiano”.  Durante la destrucción de Smyrna por Ataturk en Septiembre de 1922, aproximadamente 200,000 habitantes armenios y griegos fueron masacrados mientras que barcos de guerra ingleses, americanos, italianos y franceses estaban anclados en el puerto y rechazaban a las víctimas que huían hacia ellos por socorro y auxilio.  ¡Los países occidentales no querían ofender a la Turquía musulmana!

En el libro titulado “El Deterioro de Asia”, George Horton, el Cónsul americano en ésa condenada ciudad y testigo visual de las atrocidades del Islam, escribe: “Una de las más profundas impresiones que yo tuve a consecuencia de lo que pasó en Smyrna  fue de un sentimiento de vergüenza que yo pertenezco a la raza humana”.  Nos hace recordar el sexto capítulo de Génesis.  En el Prólogo del libro, James W. Gerard, antiguo embajador americano en Alemania, describe el libro de Horton como “una salvaje exterminación de la civilización cristiana (por musulmanes) a través de todo el Imperio Bizantino…”  El mismo Horton escribe, “Este proceso de exterminación fue planeado cuidadosamente, a través de un considerable período de tiempo, con un propósito definido, con un sistema establecido y bien detallado; y fue ejecutado con una crueldad inexpresable…”

El pecado es una horrible realidad, aún cuando uno observa la aversión que tienen muchos famosos pastores evangélicos al no querer enfrentar ésta realidad.  Los sermones “positivos” que se predican hoy en día en las mega-iglesias, hacen una burla del juicio que Dios muy pronto va a desatar en éste mundo malvado.  El tratar de sosegar y adormecer a los pecadores inculcándoles una manera de pensar que todo está bien, es engañarlos de la realidad que Jesús murió por todos ellos y haciendo esto también se les impide que ellos busquen y encuentren refugio en Cristo de la ira que se avecina.

Autor: Dave Hunt

Fuente: The Berean Call

 

 

 

 

 

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