Cómo se ve la vida cristiana bajo el control del Espíritu Santo? (Parte 2)


LA VIDA CRUCIFICADA HACE POSIBLE DE MANERA CRECIENTE ESTA ABUNDANCIA, Gálatas 5:24-26

Es sumamente significativo que Pablo siga con el Gá. 5:24. Éste es el gran “cómo” de poder llevar tal vida. El verso debe rezar así: “Pero los que son de Cristo Jesús crucificaron [tiempo aoristo/pasado] la carne con sus pasiones y deseos”. Se da por sentado que por ya haber tomado esa identificación con Jesús en muerte al pecado y vivo en Cristo Jesús fluye la obra del Espíritu. La cruz y nuestra identificación con él en la muerte al principio del pecado (Ro. 6:1,2) resulta en nuestra participación en su vida resucitada, descrita arriba como el fruto del Espíritu. Es participación en su propia vida resucitada, no nuestra mera imitación de él por nuestros pobres esfuerzos. Esto de la toma de fe de Romanos 6:6, 11-14.

Pablo vuelve a la amonestación que “si vivimos rumbo al Espíritu, andemos también por el Espíritu” (v. 25). Juntamente con la exhortación de buscar siempre el rumbo al Espíritu, nos recuerda que no demos lugar a la carne. “No nos hagamos vanagloriosos, irritándonos unos a otros, envidiándonos unos a otros”. Vuelve a la verdad que la victoria no es una condición automática sino que requiere el andar por fe en base de la cruz. Esto es una realización de la vida cristiana. La victoria en Cristo es nuestra con tal que llevemos la vida crucificada con Cristo. De allí el Espíritu Santo nos la hace más que posible. ¡A Dios sean las gracias!

UNA PALABRA DE CAUTELA FRENTE A LO QUE PUEDE SER UN POSIBLE PELIGRO

Nos corresponde una palabra de precaución solemne. El Espíritu Santo, quien inspiró las Sagradas Escrituras, se mueve siempre para glorificar a Cristo, el crucificado y resucitado Hijo de Dios. No habla por su propia cuenta. Magnifica a Jesús. Hace su obra en base de las Escrituras cultivando en nosotros la fe y la obediencia que traen siempre su poder transformador.

Pero cuando el «toque» del Espíritu Santo es buscado separado de la vida resucitada de Cristo resultan excesos, extravagancias y peligros espirituales muy grandes. Tantas veces la llenura del Espíritu es buscada por los esfuerzos nuestros con el fin de lograr una “bendición” personal, un don aun legítimo, una “experiencia” ofrecida. Elevar el hablar en lenguas a tal lugar, como si fuera la única evidencia de la llenura del Espíritu, no es bíblico. No niego que Dios pueda dar los dones que él quiere y que edifiquen al cuerpo de Cristo, la iglesia. Pero puede ser peligrosa la distorsión o una verdad fuera del balance bíblico. He visto tales casos que han resultado mal.

Hoy en día en muchas partes hay la costumbre común en los cultos de “avivamiento” o del evangelismo masivo de tumbar a la gente como si fuese comprobación del poder del Espíritu. Tal caída de ninguna manera es de Dios, ni produce la santidad, ni mucho menos la humildad. Es la espuma de las emociones que no cambian el corazón. Tal llega a ser un “show”. El resultado no es duradero. Puede que hubiera habido algunas expresiones de grande emoción en algunos avivamientos históricos, tales como los de Juan Wesley y Charles Finney; pero tales emociones estaban por el margen de la obra del Espíritu, nunca la esencia del movimiento de Dios.

Tristemente aquellos que promueven la siempre «nueva ola del Espíritu», lo hacen con el fin de establecer su “reino” y engrandecer su ministerio. No se aprovecha de dar los nombres de los famosos televangelistas que han caído en pecado a pesar de las grandes pretensiones que hacían. Frecuentemente en tales cultos el egoísmo del evangelista eclipsa el honor que Cristo solo merece. Se oyen doctrinas dudosas como si se hubiera recibido alguna visión o profecía que compete con las mismas Escrituras. En mis sesenta años de ministerio en el Canadá, los Estados Unidos y en muchas partes de América Latina, he visto y he oído de estos dizques movimientos del Espíritu.

La señora Jesse Penn-Lewis, quien Dios usó poderosamente en el verdadero avivamiento de Gales en 1905, aconseja en base de sus observaciones a primera mano: [Parafraseo lo que recuerdo de sus muy sanos escritos que me guiaron en mi adolescencia.] “El Espíritu se comunica directamente con nuestro espíritu, no con el fin de darnos una sensación en el cuerpo. Si puede haber un gozo espiritual que desborde en nuestros afectos, no es esa emoción por buscarse, sino que es nuestro espíritu siendo tocado con el fin de que él produzca en nosotros la santidad, la humildad y el amor.” La obra del Espíritu Santo es con el fin de hacernos más como Cristo en nuestro diario vivir.

El enemigo de nuestra alma puede falsificar casi cualquier experiencia humana o aun el milagro, tales como los adivinos de Egipto (Éxodo 7:22). Dios no necesita los fenómenos ni los milagros para crear la fe y establecer su poder. Puede todo lo que quiere, pero sólo permite lo que no peligre al creyente. Dios prefiere mucho que aprendamos a andar por fe y no por vista.

Al final de cuentas ¿dónde reside el Espíritu Santo? Reside en nuestro espíritu ya vivificado en la regeneración. Cristo lo afirma: “Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura de su interior correrán ríos de agua viva. Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él; pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido glorificado” (Juan 7:37-39). “Pero el que se une al Señor, un espíritu es con él” (1 Co. 6:17). “El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios” (Ro. 8:17). Finalmente Pablo eleva esta doxología: “Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo. Fiel es el que os llama, el cual también lo hará” (1 Ts. 5:23, 24).

Fuente: Obrero Fiel

Por Dr. G Ernesto Johnson
Usado con permiso

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