Cómo se ve la vida cristiana bajo el control del Espíritu Santo? (Parte 1)


LA SUPREMACÍA DEL ESPÍRITU SANTO EN LA VIDA DEL CREYENTE

Pablo introdujo la persona del Espíritu en Gálatas con dos preguntas muy penetrantes: “¿Recibiste el Espíritu Santo por las obras de la ley, o por el oír con fe?” y una vez más “¿Habiendo comenzado por el Espíritu, ahora vais a acabar por la carne?” (Gá. 3:2, 3). Luego dice: “Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba, Padre!”. Nótese que aquí no clamamos nosotros ¡Abba, Padre! sino el mismo Espíritu clama: ¡Abba, Padre! Fíjese en otro orden en Romanos 8:15 donde nosotros clamamos: ¡Abba, Padre! ¡Qué clamor tan íntimo en que compartimos nosotros en la intimidad de la Trinidad. Tal es nuestra victoria en la vida cristiana bajo el control del Espíritu Santo.

EL FRUTO DEL ESPÍRITU EN SU PLENITUD

La primera cosa que nos llama la atención es la calidad del fruto en comparación a las obras de la carne. En lugar de ser obras malas como son las de la carne, el fruto resulta en una vida cristocéntrica en abundancia. Las obras de la carne hablan de la fuerza humana, el producto del ser humano. El fruto del Espíritu resulta en la dinámica divino interior que manifiesta la imagen de Cristo. Las diferencias son tan grandes como las tinieblas a la luz. Las obras requieren el esfuerzo humano; el fruto fluye de una vital conexión con el Espíritu mismo. Nos recuerda de la enseñanza de Jesús en el Aposento Alto: “Yo soy la vid verdadero, y mi

Padres es el labrador. . . y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto. . .

Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer” (Juan 15:1, 2, 5).

John B. Lightfoot, el exégeta maestro inglés, sugiere la siguiente división posible de las nueve virtudes del Espíritu. Significativamente hay tres agrupaciones de tres, el número que lleva la marca de la Trinidad.

La primera es el amor, gozo y paz; son los hábitos de la mente de Cristo en nosotros en términos más generales;

La segunda es la paciencia, benignidad y bondad; son las cualidades especiales de la mente de Cristo en el creyente en relación con los demás que le rodean;

La tercera es la fe, mansedumbre, templanza; son los principios generales en la mente de Cristo que dirigen la conducta, honestidad, gentileza y templanza del creyente. Este fruto del Espíritu es nada más ni nada menos que Cristo que mora en al creyente. El Espíritu Santo nos revela a Cristo. No tiene otra misión.

Lo que se puede decir con toda certidumbre es que las virtudes, sin excepción, son reflejo y eco de la vida resucitada de Cristo que mora en nosotros. Tal ha sido y sigue siendo la misma vida de Cristo. No nos debe sorprender porque el maestro mismo nos dijo: “Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir. El me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber. Todo lo que tiene el Padre es mío, y os lo hará saber” (Juan 16:13-15).

EL FRUTO DEL ESPÍRITU SANTO: AMOR, GOZO Y PAZ; LA MENTE DE CRISTO EN NOSOTROS

Algunos creen que los nueve aspectos del fruto se encierran en el amor mismo, ya que Dios es amor.

El amor, ágape, es Dios buscando el bienestar espiritual en sus criaturas. El Espíritu despliega esa motivación en todo momento. Mi mentor, L. E. Maxwell, solía leernos 1 Corintios 13 de esta manera: “Cristo en mí es sufrido, Cristo en mí es benigno, Cristo en mí no tiene envidia, Cristo en mí no es jactancioso, Cristo en mí nos envanece” y así sucesivamente por el resto del capítulo. He hecho lo mismo con centenares de mis alumnos.

El gozo es ese estado de ánimo constante frente a toda situación adversa o favorable. En el aposento alto, bajo la sombra de la cruz y al ser traicionado por Judas, Cristo consuela a sus débiles discípulos diciendo: “estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido” (Juan 15:11).

La paz es esa cualidad de perfecto reposo en los brazos de Cristo en todo momento, duro o dulce. Del mismo modo dijo Jesús en el aposento alto, hablando del Espíritu Santo, el Consolador: “La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón ni tenga miedo” (Juan 14:27).

EL FRUTO DEL ESPÍRITU SANTO: PACIENCIA, BENIGNIDAD Y BONDAD; LA MENTE DE CRISTO EN NOSOTROS PARA CON OTROS

La paciencia es esa virtud pasiva que bajo mucha presión no pierde su ánimo sino que sirve a quien pueda sin ningún pensamiento de mérito o recompensa. Tiene que ser una virtud divina porque el ser humano no la tiene para nada del mundo. El Espíritu basta para tal paciencia.

La benignidad es una virtud de gentileza hacia el prójimo. Es la virtud de aguantarlo todo sin responder con amargura ni decepción. Otra vez es imposible al ser humano, pero el Espíritu lo provee en la persona de Cristo.

La bondad es una dinámica positiva que da energía en toda situación contraria. Varias veces Pablo habla de la bondad de Dios. “Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres, nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho. . . y por la renovación del Espíritu Santo” (Tito3:4-5).

EL FRUTO DEL ESPÍRITU SANTO: LA MENTE DE CRISTO EN NOSOTROS; CUALIDADES QUE DIRIGEN NUESTRA CONDUCTA

La fe no se refiere a lo que creemos sino nuestra fidelidad ante Dios en todo aspecto de la vida. Esa dependencia nos hace constantes, disciplinados en hábito y carácter. Tal honradez y honestidad es una virtud que resulta en que todos pueden tener la plena confianza en nosotros.

La mansedumbre es la sensibilidad, la debida ternura ante todo tipo de persona. Es un ánimo de consideración que pone al otro por encima de sus intereses. Pablo en la defensa de su ministerio dice: “Yo Pablo os ruego por la mansedumbre y ternura de Cristo, yo que estando presente ciertamente soy humilde entre vosotros, mas ausente soy osado para con vosotros” (2 Co. 10:1).

La templanza es ese espíritu de autodisciplina, autocontrol en toda situación. Pablo reta a Timoteo con la confianza de que; “Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de domino propio [templanza]” (2 Ti. 1:7).

Es de notar bien que todas estas cualidades son fruto del Espíritu. No se originan en nuestros mejores esfuerzos religiosos. Sólo Cristo en nosotros puede irradiar estas cualidades que tanto nos hacen falta. Es de notar también que Pablo no diga absolutamente nada con respecto a los milagros, visiones, profecías, dones, ni experiencias personales. El Espíritu produce en ti y en mí la misma imagen de Cristo.

Fuente: Obrero Fiel

Por Dr. G Ernesto Johnson
Usado con permiso

Un comentario en “Cómo se ve la vida cristiana bajo el control del Espíritu Santo? (Parte 1)

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