La Biblia como literatura (parte 1)


Queremos compartir una manera dinámica de cómo disponernos para estudiar la Escritura, en otras entradas compartiremos métodos de estudio bíblico. Cada uno de estos puntos están basados en el libro de Miguel Berg, “El Placer de estudiar la Biblia”.

Los frutos del estudio bíblico quedan determinados en gran parte por la manera en que se estudia la Biblia.

Es de primera importancia que el estudio sea de carácter original y directo. Desde luego, esto debe estar combinado con consultas a ayudas suplementarias como concordancias, diccionarios, comentarios. Etc. Sin embargo, a fin de cuentas el estudio del texto bíblico es tarea de cada creyente. Es responsabilidad personal de cada cristiano. A cada hijo de Dios le corresponde crecer personalmente en el conocimiento de la Palabra de Dios; y uno de los primeros pasos en este crecimiento progresivo es el de convertirse en estudiante independiente de la Biblia. Para tener un entendimiento más profundo de las Escrituras y un armazón dentro del que se puedan estudiar en forma más fructuosa, debemos considerar y aceptar el concepto de la Biblia como literatura. Las Sagradas Escrituras fueron inspiradas por Dios y el Espíritu Santo supervisó su composición. Dios ordenó que su revelación fuera comunicada al hombre principalmente en forma escrita. Esto trajo como resultado una literatura transformadora en la que Dios revela su plan de salvación al hombre perdido. Sin embargo, lo importante aquí es que está escrita en forma de libro o libros y, por lo tanto, contiene las características generales de la literatura. Esto sin negar en lo más mínimo sus cualidades sobrenaturales y únicas como revelación especial de Dios. Sin embargo, esto significa que deben tenerse en cuenta sus cualidades literarias para comprender en forma profunda y adecuada su mensaje. En el proceso, el Espíritu Santo utiliza este conocimiento para persuadimos y transformamos por medio de su obra de iluminación, enseñanza y convicción. En la consideración de la Biblia como literatura se presentarán los siguientes temas: (1) La unidad del mensaje bíblico. (2) El contenido y la forma de la Biblia. (3) La base estructural de la Biblia. (4) Las leyes de composición de la Biblia.

LA UNIDAD DEL MENSAJE BÍBLICO
Una de las características singulares de las Escrituras, en vista de la diversidad de autores humanos, es la unidad de su mensaje. Está claro que esta unidad no se logró por medio de la selección de un compilador de libros de la misma naturaleza. Más bien, la Biblia creció en el decurso de los siglos hasta alcanzar finalmente la calidad de completa en que hoy la conocemos. A través de todo su texto corre el “hilo carmesí de la expiación” que determina la pauta de la historia, la biografía, el testimonio y la doctrina. Cristo es el fin y la suprema revelación de la Biblia. Aunque la Biblia es en muchos aspectos una unidad literaria, pudiera decirse más propiamente que está compuesta de obras literarias individuales. Cada uno de estos libros constituye normalmente una unidad de estudio. Repetimos que ha agradado a Dios entregar a la humanidad una revelación de sí mismo en forma de literatura. Por lo tanto, el estudiante de la Biblia debe tener una clara comprensión de la forma literaria externa como guía esencial para la comprensión del espíritu y contenido del libro. El escritor bíblico, aunque inspirado por el Espíritu de Dios, no podía incluir todo lo que pudiera decirse sobre un tema en particular. En cambio es guiado a seleccionar sólo aquello que sirva al propósito inmediato y a componer el material seleccionado en el orden que mejor se ajuste a tal propósito. Este principio es cierto ya sea que Moisés estuviera componiendo un esbozo biográfico, el autor de las Crónicas escribiendo una histórica épica, o Pablo dictando un discurso lógico. Los resultados de este principio de selección son variados. Por ejemplo, en algunas partes de Jeremías no se sigue intencionalmente el orden cronológico. Marcos en ocasiones prefiere juntar dos incidentes en su Evangelio, aunque una comparación con Mateo y Lucas nos revela que hay un espacio de varios días de actividad entre los dos sucesos. En cada caso la estructura literaria depende de la selección hecha por el autor según le inspirara el Espíritu Santo y no del tratamiento completo del tema o el orden cronológico. Por lo tanto, es evidente que el estudio bíblico completo comienza con este estudio de la estructura del libro, puesto que dicha estructura es el producto de los propósitos y la selección del material hechos por el autor inspirado. ¿Cómo estudia uno la substancia o estructura de un libro de la Biblia?

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Tomado del libro: “El Placer de estudiar la Biblia”

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