Libro de Job, el Reino y la Teología de la Prosperidad


A través de este artículo queremos poner de manifiesto, una vez más, las mentiras de la teología de la prosperidad.

En un concurso televisado hace algunos años, un grupo de infantes debía — cada uno— colocar diversas piezas de madera en el sitio correcto de un tablero. Uno de los pequeños llegó al último espacio redondo que le sobraba, pero con una pieza cuadrada en su mano. El dilema y la confusión eran aparentes en su rostro al darse cuenta de que había hecho todo mal desde el inicio del problema. Pero en lugar de ceder a lo obvio, hizo lo típicamente humano: tratar de meter la pieza a la fuerza en el espacio y golpearla con su pequeño puño con todas sus fuerzas.

¡Cuán a menudo los cristianos somos tentados a hacer lo mismo con una doctrina! Apenas pensamos tener la respuesta a algo, ¡horror!, y aparece un versículo que contradice toda la fórmula. Entonces, en vez de volver a la premisa básica (la primera pieza), tomamos el versículo, lijamos sus costados y simplemente lo acomodamos a la fuerza. Así armamos nuestro pequeño paquete doctrinal y pensamos que es irrefutable.

El dilema del justo que sufre, retratado en el libro de Job, es la última pieza con la que el Movimiento de la fe tiene que enfrentarse, si desea mantener intacta la universalidad de sus premisas. Así declaran al respecto que las dificultades de Job le cayeron por falta de fe, la cual a su vez fue causada por un problema de temor. Para ello citan Job 3:25: Porque el temor que me espantaba me ha venido. Y me ha acontecido lo que yo temía.

Jerry Savelle explica que Dios le dio riquezas a Job, pero que él mismo las destruyó debido a su temor. Fue su propia lengua la que lo metió en problemas, según dice. Pero, avanzando más en el libro, su confesión positiva le saca adelante. (1)

Entonces, de acuerdo con este punto de vista, los amigos que le consolaban habrían estado en lo correcto. Job se lo merecía, por haberse él mismo traído desgracia por su pecado de incredulidad y temor.

Pero revisemos el libro de Job y veamos cuál fue la causa de sus problemas.

Y Jehová dijo a Satanás: ¿No has considerado a mi siervo Job, que no hay otro como él en la tierra, varón perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal? (Job 1:8).

¿A qué temía Job? ¡Le temía a Dios y a su juicio! Y cuando dice en el capítulo 3: “y me ha acontecido lo que yo temía,” expresa —en el lenguaje poético del libro—, su pensamiento de que lo sucedido provino de Dios mismo.

Dios, en Job 2:3, indica que lo ocurrido no tenía causa en Job: ¿…para que lo arruinara sin causa?

La historia completa del desafío de Satanás y las simples respuestas de Dios acerca del carácter impecable de Job eliminan toda posibilidad de que sus problemas le vinieron por causa suya. La posición del Movimiento Palabra de fe acerca de este libro podría ser válida si se leyera que Dios hubiera dicho algo así: “Está bien, Satanás, tienes aquí un punto a favor. Job tiene un pequeño problema de temor, entonces tienes derecho de atacarlo.” Pero claro que algo así no se lee, más bien Dios dice: ¿…y que todavía retiene su integridad, aun cuando tú me incitaste contra él para que lo arruinara sin causa? (Job 2:3).

¿Por qué habría llamado perfecto Dios a Job, si tenía un problema de miedo e incredulidad? El temor a Jehová jamás constituye falta. Dios deja perfectamente en claro que los desastres sufridos por Job no provenían de sí mismo.

Otro uso muy peculiar del libro de Job se halla en el capítulo 36, versículo 11: Si oyeren, y le sirvieren, acabaran sus días en bienestar y sus años en dicha.

Nuevamente, Savelle exclama que si obedecemos y servimos a Dios, podremos pasar nuestra vida terrenal con prosperidad y placer. (2)

Savelle ignora que Dios no está diciendo nada de esto en el versículo 11. Es Eliú quien, en medio de su argumento erróneo, insiste en que los problemas de Job han sido causados por alguna perversidad secreta suya. En el versículo 17 del mismo capítulo, él dice: Mas tú has llenado el juicio del impío, en vez de sustentar el juicio y la justicia. O en otras palabras:”¡Mereces tu castigo, Job!”

¿Acaso el Señor confirma la premisa básica de Eliú? NO. Mi ira se encendió contra ti y tus dos compañeros: porque no habéis hablado de mí lo recto, como mi siervo Job (42:7). Luego Dios añade que Job debería orar por ellos:“…a él atenderé para no trataros afrentosamente” (v. 8).

Dios mismo afirma que las declaraciones de los consoladores de Job son completos desatinos. Parece como que si Dios le hubiera hecho regresar a Eliú a la pizarra para reexaminar su premisa de que no es posible que un hombre justo sufra enfermedad y pobreza. Es así como se concluye que las argumentaciones de Eliú en Job 36 son realmente ejemplos inspirados por Dios acerca de la locura humana, y no una declaración de la voluntad de Dios para los creyentes.

Toda la Biblia es palabra inspirada por Dios, pero no todo es una cita de Dios mismo. En ocasiones la Escritura registra las tonterías que la gente dijo o hizo, para que nosotros no caigamos en igual falta.

En el pensamiento del Movimiento de la prosperidad, no hay lugar para el sufrimiento de los creyentes obedientes. Se señala que ciertos textos bíblicos indican que el reino de Dios ya ha venido a la tierra en forma del Primer Adviento de Cristo. Versículos tales como Lucas 17:21 (porque he aquí el reino de Dios está entre vosotros) y Mateo 4:17 (el reino de Dios se ha acercado) son su base.

El razonamiento es el siguiente: Ya que Dios ha establecido su reino en la tierra con Jesús y sus seguidores, podemos acceder a todas las bendiciones del reino aquí y ahora, en la época actual. Al no existir enfermedad ni escasez en el cielo, tampoco debe haberlas entre nosotros. El reino es un asunto en tiempo presente.

Parece que existe un mal colocado énfasis en este punto. El reino no se ha establecido en su totalidad. Muchos versículos del Nuevo Testamento indican que el reino también es en el futuro.

El Señor Jesucristo que juzgará a los vivos y a los muertos en su manifestación y en su reino (2 Timoteo 4:1)… me preservará para su reino celestial (2 Timoteo 4:18)… es necesario que a través de muchas tribulaciones, entremos en el reino de Dios (Hechos 14:22).

Además, Pablo nos dice que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios (1 Corintios 15:50).

Por todo el Nuevo Testamento hay un tono futurista en cuanto al reino. Losmaestros de la Palabra se adelantan a los límites del desarrollo corriente delreino y quieren que se manifieste todo en el presente. Naturalmente queDios no desea la pobreza, la enfermedad, el dolor ni la tristeza en la tierra.

Pero la voluntad de Dios está en proceso de desarrollo y aún no ha llegado asu cumplimiento en la tierra.

Hasta los santos más piadosos experimentan dolor, tristeza u otros infortunios en su momento actual. Y los experimentan dentro de la voluntad presente de Dios, porque existen todavía dentro de una creación caída.

El hecho de que el reino aún no se cumpla en su totalidad, produce que ciertas áreas de nuestro entendimiento sean nebulosas. Así, cuando se enseña sobre este tema, se lo debe hacer con mucha cordura y moderación.

La Iglesia de Esmirna es otro obstáculo en las suposiciones de la Palabra de fe acerca de los ciudadanos del reino. Yo conozco tus obras, y tu tribulación y tu pobreza (pero tú eres rico), Apocalipsis 2:9. Aquí Jesús otorga su reconocimiento a la Iglesia de Esmirna por sus riquezas espirituales, a pesar de su pobreza. Si la palabra “rico” se estuviera refiriendo a riqueza material, entonces “pobreza,” por contraste, tendría que significar destitución espiritual. Pero Dios no alabaría su pobreza espiritual.

Tampoco no dice que su riqueza espiritual dependa de su pobreza material. Este texto no apoya ni una doctrina de prosperidad ni una de pobreza tampoco. Indica que la bendición espiritual estaba con ellos, a pesar de sus circunstancias económicas.

Los judíos dispersos de Palestina después del Pentecostés tampoco vivían en prosperidad, de acuerdo con Santiago 2:5-6:

¿No ha elegido Dios a los pobres de este mundo para que sean ricos en fe y herederos del reino que ha prometido a los que le aman? Pero vosotros habéis afrentado al pobre. ¿No os oprimen los ricos, y no son ellos los mismos que os arrastran a los tribunales?”

La actitud de Santiago se muestra incongruente con la doctrina de laprosperidad del siglo XX.

Por eso nos distanciamos justificadamente del absurdo ascetismo medieval,el cual surgió de una interpretación desequilibrada de dichos textos.Asimismo rechazamos el equivalente desequilibrio que resulta deldistorsionado punto de vista acerca del reino de Dios tal como lo presenta elMovimiento Palabra de fe.

Artículo escrito por: Rev. Roger L. Smalling, D. Min. Reproducido con autorización

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Notas:

1. Savelle, Jerry, Living In Divine Prosperity, Harrison House, p. 50.

2. Savelle, Jerry, Prosperity of the Soul, Harrison House, p. 22.

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Un comentario en “Libro de Job, el Reino y la Teología de la Prosperidad

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