El valor doctrinal de los primeros capítulos del Génesis (Parte 5)


Esta es la última entrega del material de: “El valor doctrinal de los primeros del Génesis”

Otras tres características interesantes en los primeros capítulos de Génesis merecen una breve reflexión.

La primera característica es que Génesis asevera la unidad original del idioma de la raza humana (G. 11:1) Max Muller, un etnólogo y filólogo altamente reconocido, declara que todas nuestras lenguas, a pesar de sus diversidades, tienen que haber originado de una fuente común (ver Saphir, Unidad Divina, p. 206; Dawson, El Origen del Mundo, p. 286; Guinness, El Programa Divino, p. 75).

La segunda característica es que aquel milagro de profecía etnológica por No. en Génesis 9:26,27, en el que se nos predice en un resumen sublime las tres grandes divisiones de la raza humana, y sus destinos históricos. Las tres grandes divisiones: la camítica, la semítica y la jafética. Estos son los tres grupos étnicos de toda la raza humana agrupados por la ciencia moderna. Los hechos de la historia han corroborado lo que fue predicho en Génesis hace cuatro mil años. Las naciones camíticas, incluyendo la caldea, la babilónica y la egipcia fueron naciones corrompidas, profanas y sensuales. Las semíticas han sido las religiosas con la l.nea del Mes.as que vino. Las jaféticas han sido las grandes razas dominantes, incluyendo todas las grandes monarqu.as mundiales, sea de los tiempos antiguos como modernos, los griegos, romanos, godos, celtas, teutónicos, británicos y americanos, y por recientes investigaciones y descubrimientos, las razas de la India, China y Japón. Así fue que Cam hijo de Noé Perdió todo imperio hace ya siglos. Sem y su raza la adquirió ética y espiritualmente a través del Profeta, Sacerdote y Rey, el Mesías, mientras que Jafet, en su abarcamiento mundial y supremacía imperial, ha representado el dominio industrial, comercial y político.

La tercera característica es la promesa gloriosa dada a Abraham, el hombre a quien el Dios de gloria apareció y en cuya simiente, personal y encarnada, el mundo entero había de ser bendecido. La personalidad de Abraham es la explicación del monote.smo de las tres grandes religiones del mundo. Como persona en toda la historia del mundo, dice Max Muller, Abraham se alza el segundo en majestad, detrás de solo un Hombre. Aparte de esa promesa la historia milagrosa de la raza hebrea es inexplicable. En él se centra, sobre él cuelga, el hecho central de todo el Antiguo Testamento, la promesa del Salvador y Su gloriosa salvación (G. 11:3; 22:18; G. 3:8-16) Por lo tanto, en una edad cuando los críticos levantan sus ideas temerarias aseveran certidumbres en cuanto a sus excéntricas hipótesis, los cristianos deberíamos alzarnos con coraje, contendiendo fervientemente por los resultados asegurados de la revelación de los primeros capítulos de Génesis. El intento del modernismo de salvar lo sobrenatural en la segunda parte de la Biblia, mitificando lo sobrenatural en la primera parte, es tan poco sabio como fatal. En vez de rebajar la nota dominante de fe en medio de un coro de dudas, admitiendo que un capítulo es dudoso porque algún estudioso lo haya puesto en entredicho, o que una doctrina es menos genuina porque alguien ha sacado al vuelo una hipótesis que no se puede verificar, serla mejor plantarnos en nuestro territorio con tales hombres como Romanes, Lord Kelvin, Virchow, y Liebig, en sus ideas de un Poder Creador, y ponernos al lado de Cuvier, el eminente científico francés, que dijo que Moisés, que aunque fue criado en toda la ciencia de Egipto, fue superior a su era, y nos ha dejado una historia del origen del universo, la exactitud de la cual se verifica así misma cada día de manera razonable. Y también Sir William Dawson, eminente científico canadiense, que declaró que las Escrituras en todos sus detalles no contradicen ninguno de los resultados recibidos de la ciencia, pero anticipa muchos de sus descubrimientos; y el profesor Dana, el eminente científico americano, que dijo, después de examinar los primeros capítulos de Génesis como geólogo: “Encuentro que está perfectamente de acuerdo con la ciencia conocida”. O, mejor que toda opinión errable, es mejor escuchar a Aquel que dijo: “Porque si vosotros creyeseis a
Moisés, creeríais a mí; porque de í. escribió él. Y si a sus escritos no creéis,
¿Cómo creeréis a mis palabras?” (Jn 5:46, 47).

Artículo de: Dyson Hague, M. A. Publicado con el permiso de sus autores. Edicions Cristianes Bibliques.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s