El valor doctrinal de los primeros capítulos del Génesis (Parte 4)


Estamos compartiendo una entrega más del valor doctrinal del libro del Génesis, nos queda una última entrega.

Además, en esta sublime revelación de Génesis tenemos la base para la doctrina de:

  1. La unidad de la raza humana.
  2. La caída del hombre en el pecado.
  3. El plan de la redención.

En cuanto al primer punto

Sir William Dawson ha dicho que la Biblia s.lo sabe de un Adam. Adam no fue un mito, ni un nombre étnico. .l fue un hombre de verdad, hecho por Dios; no un ser evolucionado, desarrollado de un antropoide peludo en cierto continente imaginario de Lemuria. La Biblia solo sabe de una especie de hombre, de una pareja primaria. Esto lo confirma. El Señor Jesucristo en Mateo 19:4. Fue reafirmado por Pablo en Hechos 17:26, sea cual sea la lectura que escoja, y en Romanos 5:12; 1 Corintios 15:21,47,49. Tampoco hay base para suponer que la palabra Adam se use en un sentido colectivo, y de ah. dejar lugar para las hipótesis del desarrollo evolutivo de una gran cantidad de parejas humanas. Ambas cosas tanto en la fisiología como en la etnología, además de otras ciencias que tendrían que ver con el tema, confirman la unidad de la raza humana (Saphir, p. 206).

En cuanto a la caída del hombre.

La base de la hamarteología y la antropología está ligada a estos tres capítulos de Génesis, pues nos enseñan que el hombre fue creado en su origen para tener comunión con Dios, y fuera su ser dicotómico o tricotómico, .l como humano estaba totalmente capacitado para una amistad y comunión personal e inteligente con su Hacedor, y estaba unido con Él en los vínculos del amor y del conocimiento. Cada elemento de la historia bíblica se certifica a sí misma como narrativa histórica. Puesto en Edén por su Dios, con un trabajo que hacer, y una orden-prueba, el hombre era perfecto en potencia, pero con la posibilidad de caída. El hombre cayó aunque era la voluntad de Dios que el hombre se levantara de aquella posse non peccari humana como agente de libre albedrío hasta el non posse peccari Divino (Augustín, De Civitate Dei, Libro 22, cap. 30). El hombre cayó por la desobediencia, y por el poder de un engañador sobrenatural llamado aquella serpiente antigua, el diablo y Satanás, quien desde Génesis 3 hasta Apocalipsis 19 aparece como el enemigo implacable de la raza humana, y la cabeza de aquel grupo de ángeles caídos que abandonaron su primera posición por el pecado del orgullo.

Esta historia es incomprensible si sólo es un mito. El gran teólogo holandés, Van Oosterzee dice: “La narrativa se presenta a sí misma con la sencillez de lo que es historia. Tal clase de ropaje histórico-fantástico de una idea puramente filosófica concuerda poco con el espíritu genuino de las antigüedades de los judíos” (Dog. ii, p. 403). Aún más incomprensible es la narrativa si, siendo meramente una alegoría sobre un fruto, una serpiente, una mujer, un árbol, comer, etc., hiciera referencia a cosas diferentes a las que se mencionan en la Biblia. Es verdadera historia. Jesús lo trata como tal, y sin duda él no se equivocaría en Su identificación de un mito o una historia verídica; y el apóstol Pablo, que sin lugar a duda no tejió Romanos 5 y 1 Corintios 15 con fábulas ingeniosas. Es la única explicación satisfactoria para la corrupción de la raza. La muerte ha reinado desde los d.as de Adam.

No obstante, esta narrativa acerca de la caída se alza como una barrera contra todo maniqueismo, contra todo aquel pelagianismo que declara que el hombre al fin y al cabo no es tan malo, y se mofa de la doctrina del pecado original contenida en todas las confesiones de nuestras iglesias: que cada humano desde su nacimiento está en posesión de esta naturaleza pecaminosa (ver, ej., Art. IX de “La Iglesia Anglicana”). La penalidad y el horror del pecado, la corrupción de nuestra naturaleza humana, y desesperación de nuestro estado pecaminoso son temas claramente estipulados en las Sagradas Escrituras, y son deducciones del apóstol inspiradas divinamente de este hecho de la entrada del pecado y de la muerte a través de la desobediencia y de la caída de Adam, la cabeza original de la raza humana. La raza está en una situación pecaminosa (Ro 5:12). La humanidad es una unidad solidaria en este sentido. Como la rama, la hoja y el fruto viven en y por la raíz, así en Adam, como dice Anselmo, una persona hizo pecaminosa a su naturaleza, en su posteridad su naturaleza hizo pecaminosa a los hombres. Pascal lo expresó excepcionalmente bien: “El pecado original es una necedad a los ojos del hombre, pues sin ello, ¿Quién podría haber dicho lo que el hombre es? Toda su condición depende de este punto imperceptible” (Pensamientos, cap. XIII- 11). Esta historia del Génesis es, además, el fundamento de la doctrina de las Escrituras en cuanto a toda responsabilidad humana y su rendimiento de cuentas ante Dios. Una antropología rebajada siempre significa una teología rebajada. Pues si el hombre no fue una creación directa de Dios, si fue un mero desarrollo indirecto por medio de procesos lentos y dolorosos de quién sabe qué, cómo, porqué y cuándo, entonces se acabó el marco principal de rendir cuentas ante Alguien sobre temas morales. En fechas recientes, el profesor D. A. Curtis dijo: “El concepto fatalista de la vida moral y personal del ser humano es el regalo mortífero de la evolución naturalista a nuestra era.

En cuanto a nuestra redención

El tercer capítulo de Génesis es la base de toda Soteriología. Si no hubo caída, no hubo condenación, ni separación y ninguna necesidad de reconciliación. Si no hay necesidad de reconciliación, no hay necesidad de redención; y si no hay necesidad de redención, la Encarnación fue un hecho innecesario, y la crucifixión una necedad (G. 3:21). El apóstol Pablo entrelaza la caída de Adam con la muerte de Cristo de tal forma, que sin la caída de Adam la ciencia de la teología es vaciada de su característica más destacada, la propiciación. Si el primer Adam no fue hecho un alma viviente y cayó, entonces no hay razón para la obra del Segundo Hombre, el Señor que vino del cielo. El rechazo de la historia de Génesis como mito, tiende al rechazo del Evangelio de la salvación. Se quita una de la piedras angulares de la doctrina cristiana, si es abandonada la realidad histórica de Adam y Eva, pues la caída siempre permanecer. en el punto de partida para la revelación especial, de la salvación por gracia y de la necesidad de la regeneración personal. En ella yace la semilla de todo el Evangelio apostólica.

Finalmente, tenemos en Génesis 2 el fundamento doctrinal de aquellos grandes fundamentales, la necesidad del trabajo y empleo, el descanso del Día del Señor, la ordenanza divina del matrimonio y la vida familiar de la humanidad. El día semanal de descanso fue provisto para el hombre por su Dios, y está implantado al principio mismo de la revelación como ordenanza divina, así como también el matrimonio y el hogar. Nuestro Señor Jesucristo acredita la narrativa Mosaica de la creación de Adam y Eva, se refiere a ella como la explicación de la Voluntad Divina en cuanto al divorcio, y apoya con Su propio sello infalible una de las cuestiones éticas más importantes: la monogamia. Así pues, los grandes elementos de la vida tal y como lo quiso Dios, los tres factores universales de la vida feliz, sana y útil, la ley, el empleo, el amor, todas están instituidas en el principio del Libro de Dios.

Puedes seguir la continuación de este tema a través de la “etiqueta de la nube” que indica Génesis.

Artículo de: Dyson Hague, M. A. Publicado con el permiso de sus autores. Edicions Cristianes Bibliques.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s