El valor doctrinal de los primeros capítulos del Génesis (Parte 3)


Proseguimos aseverando que, en esta revelación sublime, tenemos la doctrina fundamental para el comienzo de la humanidad.

El hombre fue creado, no evolucionó. O sea, no provino de una masa protoplasmática, ni de algún fermento marino, ni por descendencia de pez ni rana ni caballo ni simio; sino que surgió de la mano Divina instantánea, directa y completamente hecho. Cuando lees lo que dicen algunos escritores, profesadamente religiosos, acerca del hombre y sus orígenes bestiales, inconscientemente tus hombros decaen, tu corazón se enferma y difícilmente levantas cabeza. Tu dignidad como humano ha sufrido un duro golpe. Pero cuando lees Génesis, tus hombros se cuadran, tu rostro brilla con dignidad. Te sientes orgulloso de ser aquello que se llama hombre. Tu corazón y cabeza se levantan con nuevo ímpetu.

La Biblia se planta abiertamente en contra del desarrollo evolutivo del hombre, y su ascensión gradual a través de edades indefinidas desde lo animal. No está en contra de la idea del desarrollo de los planes del Creador en la naturaleza, ni de una variación de las especies en medio de su entorno y en el proceso del tiempo. Esto se observa en el Génesis, a través de la Biblia y en el mundo. Pero la Biblia sí se levanta abiertamente en contra de esta teoría rimbombante que asevera que todas las especies, sean de origen vegetal o animal, evolucionaron de formas bajas a través de largos procesos naturales. Para el cristiano el enfoque materialista de esta teoría es altamente ofensivo. De hecho, sustituye a Dios por una célula protoplasmática con capacidad para engendrar todo lo que hay. Más aún, incluso la teoría teísta evolucionista se opone a la Biblia y a la Ciencia por las siguientes razones:

1. No existe tal ley universal de desarrollo. Al contrario, la evidencia científica ahora está. a favor del deterioro progresivo. La flora y la fauna de este último período no muestra rastro alguno de mejora, e incluso el hombre, orgulloso como es, no ha mejorado nada que se pueda notar desde los albores de la historia. Los restos más tempranos encontrados por la arqueología en Egipto, Asiria y Babilonia no muestran un surgimiento lento de la barbarie. Que las especies puedan ser mejoradas artificialmente es una realidad, pero eso no equivale a la transmutación de especies (Dawson, El Origen del Mundo, pp. 227-277).

2. Nunca se ha descubierto ningún tipo nuevo. La ciencia está proclamando a gritos la verdad de Génesis 1:11, 12, 21, 24, 25 “según su género”; o sea, especie por especie. La geología, con sus quinientas especies o más de ganoides, proclama el hecho de la no transmutación de las especies. Si los estratos, como aseveran, cuentan la historia de edades incontables; es extraño que durante todas esas incontables edades el trilobites nunca produjo nada que no fuera un simple trilobites, y un amonites jamás produjo nada que no fuera un amonites. Las complejas excepciones artificiales de la ciencia moderna sólo sirven para confirmar la norma establecida (ver Townsend, El Colapso de la
Evolución).

3. Tampoco hay ningún rastro de una transmutación de especies. El hombre se desarrolla de una sola célula, y según dicen la célula de un mono no se puede distinguir de la célula humana.

Pero el hecho de que la célula humana produce un hombre y la célula de un mono produce un mono demuestra que hay una diferencia inmensurable entre ellas. Y el desarrollo de una célula hasta convertirse en un hombre no tiene nada que ver con la evolución de una especie hasta convertirse en otra. “Para la ciencia, las especies son unidades prácticamente incambiables” (El Origen del Mundo, pp. 227). El hombre es la .nica especie en su género, y el único representante de su especie. Se dice que el abandono de cualquier tipo original va seguido prontamente por la extinción de la familia.

Tampoco se ha encontrado el eslabón perdido. El difunto Robert Etheridge del Museo Británico, director del departamento geológico, y uno de los mejores paleontólogos británicos, ha dicho: “En todo aquel gran museo no existe ni una mota de evidencia sobre la transmutación de las especies. El noventa por cien de las habladurías de los científicos no está basado en la observación, y no está apoyado de ninguna manera por los hechos y datos reales”.

Y alguien asevera haber oído esta declaración vehemente del Profesor Virchow sobre la evolución: “Eso es todo un montón de tonterías. Estáis tan lejos como siempre en vuestros intentos de establecer una conexión entre el hombre y el simio”. Hay una gran cisma entre la teoría de la evolución y el sublime texto de Génesis 1:26,27. Estos versículos le dan al hombre su verdadero lugar en el universo como la consumación de la creación. Hecho del mismo polvo del suelo, y creado en el mismo día que el grupo más alto de los animales, el hombre tiene afinidades fisiológicas con la creación animal. Pero fue hecho a la imagen de Dios, y por lo tanto es trascendentalmente superior a cualquier animal. Hace muchos años, el gran científico francés De Quatrefages, dijo: “El hombre es un caminador, el mono es un escalador”. Mil cosas hace un hombre cada día que un mono no podría hacer si las intentara hacer durante diez mil años. El hombre tiene facultades de dise.ar, controlar, ordenar, construir y gobernar. El hombre tiene personalidad, entendimiento, voluntad, conciencia. El hombre está capacitado para conocer y relacionarse con Dios, y para adorar a Dios. El relato del Génesis sobre el hombre es la .nica base posible de revelación. La revelación de lo que es ser padre, de lo hermoso, lo veraz, lo bueno, de la pureza, la paz; todo es impensable para un caballo, un perro o un mono. El simio más civilizado no podría tener afinidad a tales ideas. No hay posibilidad de que pudiera engendrar tales conceptos, o de recibirlos si le fueran revelados. Es, además, la .nica base racional para la doctrina de la regeneración contra la idea de la evolución del carácter humano, y de la gran doctrina de la encarnación. El hombre, creado una vez a la imagen de Dios, por el poder regenerador del Espíritu Santo nace de nuevo y es hecho a la imagen de Dios Hijo.

Puedes seguir la continuación de este tema a través de la “etiqueta de la nube” que indica Génesis.

Artículo de: Dyson Hague, M. A. Publicado con el permiso de sus autores. Edicions Cristianes Bibliques.

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