Valor doctrinal de los primeros capítulos del Génesis (Parte 2)


El Libro de Génesis es el fundamento sobre el cual descansa la totalidad de la estructura de las Escrituras. El fundamento de los fundamentos está en los primeros tres capítulos, que forman en sí mismos un monógrafo completo de revelación. Y de esta subestructura final, los primeros tres versículos del primer capítulo son el fundamento.

Con tales palabras de grandiosa sobrenaturalidad en el primer versículo de Génesis, tenemos una revelación de Dios como la primera causa: el Creador del universo, del mundo y del hombre. Dios, el glorioso Ser, surge sin explicación, sin apología ni aclaración. Es una revelación del Dios uno, personal, viviente. En las filosofías antiguas sobre el origen del universo no hay rastro alguno del concepto de tal clase de Ser, menos aún de tal clase de Creador, pues todos los demás sistemas comenzaron y terminaron con concepciones panteístas, materialistas o hilozoísticas. La Palabra Divina sobresale como única al declarar la idea absoluta de un Dios vivo, sin ningún intento de demostrar ese hecho. La espiritualidad, infinidad, omnipotencia y santidad del Ser Divino: todo yace allí. como semilla germinal. No, sino más aún Se puede decir que aquí yace como semilla germinal la doctrina de la unidad de Dios en la Trinidad, posteriormente revelada en todos sus detalles. Aquella profundísima y final revelación está envuelta aquí en lo primero y principal. El hecho de Dios, en el comienzo del Génesis, no se da como deducción de la razón o generalización filosófica: es una revelación. Es una revelación de aquella verdad primaria que es recibida por la mente humana universal como verdad que no necesita pruebas, y que es capaz de aceptarla, pero que al ser recibida, es verificada ante la mente inteligente por la mente inteligente, a través de una fuerza irresistible, no sólo con argumentos ontológicos y cósmicos, sino también con argumentos teleológicos y morales. Aquí tenemos, en este primer versículo de Génesis, no sólo un postulado aparte de la Revelación, sino tres grandes verdades que han constituido la gloria de nuestra religión.

  1. La Unidad de Dios. En contradicción a todos los politeísmos y dualismos de la filosofía y paganismo moderno o antiguo.
  2. La Personalidad de Dios. En contradicción a aquel panteísmo, sea materialista o idealista, que reconoce la cercanía de Dios en el mundo, pero niega Su trascendencia. Pues en todas sus evoluciones multitudinarias, el panteísmo tiene esta distinción peculiar, que niega la personalidad de Dios, y excluye del mundo vivo la necesidad de un Mediador, un Sustituto por el pecado y un Salvador personal.
  3. La Omnipotencia de Dios. En contradicción, no sólo a aquellas concepciones denigrantes de los dioses antropomórficos del mundo antiguo, sino también a todos los ídolos de talla humana que millones de paganos adoran actualmente. Dios hizo las estrellas y los soles que, en su amor ciego e infatuado, quisieran adorar. Así pues, contradiciendo todas las concepciones y evoluciones humanas, se alza, no un mero abstracto deísta, sino el único y sólo Dios, verdadero y vivo. Se le nombra por el nombre Elohim, el nombre de la Majestad Divina, el Ser Adorable, nuestro Creador y Gobernador; el mismo Dios quien en unos pocos versículos más tarde es revelado como Jehová-Elohim, Jehová siendo el nombre que le relaciona con Sus Pactos, el Dios de revelación y gracia, el Señor Eterno en Su Existencia, el Dios y Padre de todos nosotros (Green, La Unidad de Génesis, pp. 31-32; Enciclopedia Bíblica de Fausset, p. 258).

Una de las teorías del modernismo es que la ley de la evolución se puede ver a través de la Biblia en el desarrollo de la idea de Dios. ¿El desarrollo de la idea de Dios? Hay una revelación expansiva, cada vez más rica y completa de los atributos y procederes y caminos y obras de Dios; pero no de la idea de Dios. El Dios de Génesis 1:1 es el Dios de Salmo 90, de Isa.as 40:28, de Hebreos 1:1 y de Apocalipsis 4:11.

“En el principio creó. Dios los cielos y la tierra”. Aquí, en una sublime revelación, se encuentra el fundamento doctrinal de la creación del universo, y la contradicción de las concepciones antiguas y modernas de la eternidad de la materia. Sólo Dios es eterno.

Bien puede uno creer la historia de un erudito japonés que tomó un libro extraño, y con maravilla leyó la primera frase: “En el principio creó. Dios los cielos y la tierra”. Le chocó el hecho de que en aquella frase sola había más filosofía de carácter teológico, que pudiera satisfacer la mente y el alma, que en todos los libros sagrados del Oriente.

Esa única frase separa la Escrituras de los demás productos humanos. La filosofía más sabia de los antiguos, sea platónico-aristotélica o gnóstica, nunca alcanzó La concepción de un mundo creado por Dios en el sentido de una creación absoluta.

Fuera de la Biblia no se puede encontrar ningún registro acerca del origen del cosmos que incluya la idea de que Dios creara los cielos y la tierra como acto de Su voluntad y como decreto de Su Personalidad eterna. Ex nihilo nihil fit. El c.nit alcanzado por sus especulaciones filosóficas fue un tipo de teoría atómica: que de átomos cósmicos y gérmenes y huevos poseídos de fuerzas inexplicables de desarrollo surgió el cosmos actual a través de largos períodos evolutivos. También se creía casi de manera universal que la materia ha existido desde la eternidad. La Biblia enseña que el universo no fue causa sui ni una mera evolución pasiva de Su naturaleza, ni una mera transición de una forma de existencia a otra, de la no-existencia a convertirse en ser existente, sino que fue una creación directa del Dios personal, vivo y activo, que creó todas las cosas de la nada, por el decreto de Su voluntad, y por la instrumentalidad del eterno Logos. En glorioso contraste a la ciencia agnóstica con su credo lamentable: “Creo que detrás y por encima y alrededor del fenómeno de la materia y energía está el misterio sin resolver del universo”, el cristiano alza su triunfante solución: “Creo que en el principio Dios creó los cielos y la tierra” (Jn 1:1-3; He 1:1; Col 1:16). El primer versículo de la Biblia es una prueba de que el Libro es de Dios.

También sucede lo mismo con los versículos que siguen al primero. Evidentemente, Génesis no es historia científica.

Es un relato escrito para mostrar a la humanidad que el mundo fue hecho por Dios para que fuera habitada por el hombre, y que se fue formando paso a paso para el uso de los hijos de Dios. Así pues, el proceso sublime de creación registra los pasos sucesivos, partiendo del caos sin forma que contenía en condición embrionaria todos los elementos básicos, sea químicos o mecánicos, aire, tierra, fuego y agua.

Génesis los relata en el siguiente orden:

  1. La creación mediante un acto directo de Dios de la materia en sus formas gaseosas, acuosas, terrestres y minerales (G. 1: 1-10; cf. Col 1:16; He 11:3).
  2. Surgen, por el poder creativo de Dios, las formas más bajas de vida marina y terrestre (G. 1:11-13).
  3. La creación, por un acto directo de Dios, de las formas más altas de vida, acuática y terrestre; los grandes monstruos marinos y reptiles gigantescos –el sheretjim y el tanninim- (Dawson, El Origen del Mundo, p. 213; G. 1:20-21).
  4. Surgen, por el poder creativo de Dios, los animales terrestres de organización más compleja: los herbívoros y los mamíferos y carnívoros más pequeños (G. 1:24-25).
  5. Y finalmente, la creación del hombre por medio de un acto de Dios (G. 1:26, 27). No el primero sino el último. El último para quien fue creado lo primero, como el poeta Browning lo expresa. En este punto encontramos la comparabilidad de Génesis y la ciencia, pues este orden sublime es justamente el orden que han estado aseverando los científicos más eminentes del siglo XIX y XX.

También es interesante que la palabra hebrea para expresar una creación absolutamente nueva solamente se usa en conexión con la introducción de la vida (G. 1:1, 2,27). Estos tres puntos donde las Escrituras introducen la idea de una creación absolutamente nueva son los mismos tres puntos básicos en los que los campeones de la evolución hallan un muro infranqueable a sus intentos de conectarlas.

Puedes seguir la continuación de este tema a través de la “etiqueta de la nube” que indica Génesis.

Artículo de: Dyson Hague, M. A. Publicado con el permiso de sus autores. Edicions Cristianes Bibliques.

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