La Reina Valera 1960… Los Apócrifos (Parte 3)


PROCESO HISTÓRICO

Algunos de los llamados Padres de la Iglesia hicieron un estudio cuidadoso en relación con los libros inspirados, y los no inspirados. En el año 395 d.C. se había confeccionado 11 catálogos de los libros que se consideraban inspirados por Dios, y en ninguno aparecen los libros apócrifos. He aquí una relación de los mencionados catálogos:

  1. De Melitón de Sardis Año 177
  2. De Orígenes “230
  3. De Atanasio “326
  4. De Cirilo “348
  5. De Hilario de Pointiers “358
  6. Del Concilio de Laodicea “363
  7. De Epifanio “368
  8. De Gregorio Nacianceno “370
  9. De Anfiloquio “380
  10. De Rufino “395
  11. De Jerónimo “395

Un sínodo convocado en Laodicea en el año 363 d.C prohibió la lectura de los libros apócrifos en las iglesias.

De un extenso artículo sobre la formación e historia del canon escrito por el católico R. J. Foster entresacamos los siguientes párrafos:

“Todos los libros contenidos en la Biblia hebrea son llamados protocanónicos, mientras que los que están sólo en la lengua griega se llaman deuterocanónicos… los alejandrinos pudieron aceptar como inspirados libros que no aparecían aceptables a los doctores de Jerusalén… Parece un poco extraño que las primeras listas de los libros canónicos dadas por los escritores cristianos contengan sólo las Escrituras protocanónicas… Es evidente que Melitón (de Sardis) transcribe el canon tal como lo encontró en Palestina, donde ya en esta época los libros deuterocanónicos habían sido excluidos del canon… Desde comienzo del siglo IV entramos en un período de confusión e incertidumbre, (en relación con los apócrifos)… Algunos padres, condescendiendo demasiado con el concepto rígido de canonicidad, se inclinaron a recibir como canónicos solamente los libros reconocidos por los judíos, relegando los deuterocanónicos a la categoría de libros útiles para la edificación… San Atanasio…San Cirilo de Jerusalén, San Epifanio, y San Gregorio Nacianceno tampoco admiten los libros deuterocanónicos… A causa de su estancia en Palestina y de sus conocimientos hebraicos, San Jerónimo puso todo el peso de su gran autoridad de parte de la no canonicidad de los libros deuterocanónicos. Con frecuencia se niega a aceptar todo libro que no esté en la Biblia hebrea, y en su “Prologus Galeatus”, que sirve de introducción a los libros de Reyes, afirma que Sabiduría, Eclesiástico, Tobías y Judit no están en el canon… Algunos escritores de prestigio siguieron la opinión avalada a su juicio por la autoridad de San Jerónimo, incluso el papa San Gregorio el Magno el cual se inclinó a compartir esta opinión. Desde el siglo XVIII el canon breve (hebreo) ha ganado cada vez más aceptación, pero la cuestión aún no ha sido zanjada… Tal es la actitud general…y querer negarlo es oponerse a la evidencia”(1)

Todos los párrafos anteriores, tomados de un libro católico, presentan evidencias demoledoras en contra de los libros apócrifos. Nótese la importancia por la cual todos concuerdan en la validez del canon hebreo. Lo que no esté en este canon no forma parte de los libros inspirados.

LA VERSIÓN GRIEGA

¿Tiene la Iglesia Romana y las Sociedades Bíblicas algún argumento de peso a favor de los libros apócrifos? El único argumento que presenta es el siguiente. Dice que los apócrifos entraron a formar parte de la versión griega llamada Septuaginta de los Setenta.

Debemos tener en cuenta que esta versión fue promovida por el rey de Egipto, Tolomeo II Filadelfo. Este Rey, gran amante de las letras, ordenó traducir los libros religiosos hebreos para su famosa biblioteca de Alejandría La traducción se hizo en Alejandría, y con el tiempo, se agregaron a la mencionada versión 15 libros no inspirados.

De la versión griega se hizo una traducción al latín, que vino a ser considerada como la versión Itala. De los 15 libros apócrifos que formaban parte de la versión griega, 10 pasaron a la versión latina, y fueron excluidos los 5 siguientes que eran: La Ascensión de Isaías, Los Jubileos, La Epístola de Jeremías, el tercero de Macabeos y Enoc. Dámaso, obispo de Roma, encomendó a Jerónimo, el cristiano mas destacado de su época, que preparase una versión de la Biblia, y este se fue a Belén (Palestina), en donde – veinte años entregado a la tarea que le habían encomendado con gran celo y dedicación. De aquel trabajo surgió la Vulgata Latina, que vio la luz alrededor del año 400 d.C. Jerónimo se opuso a que se incluyeran en esta versión los libros apócrifos, pero algunos, que estaban familiarizados con la versión Itala, ejercieron tanta presión para que se incluyeren los apócrifos en la nueva versión, que por último triunfaron, a pesar de tener la oposición de Jerónimo, y contra su voluntad, se insertaron estos libros.

En el año 1545 se convoco el Concilio de Trento, y dice el historiador católico F. Díaz Carmona, en la página 272 de su Historia de la Iglesia Católica Romana, que aquel Concilio “empezó fijando de nuevo el canon de la Biblia” En efecto, el Concilio discutió el problema de los libros apócrifos y acordó excluir de la Vulgata 3 de los 10 libros que habían agregado: El tercero y el cuarto de Esdras y la Oración de Manasés.

Al afirmar que el Concilio fijó de nuevo el canon de la Biblia, se da por sentado que modificó acuerdos de concilios anteriores. En la practica, como vemos, el hecho de que los apócrifos hayan sido agregados a la versión griega no transforma su naturaleza ni le confiere ningún mérito, y la evidencia la tenemos en el hecho de que de los 15 libros apócrifos agregados a la mencionada versión, 8 fueron excluidos, y la exclusión de esos 8 demuestra que los que agregaron los 15 procedieron irresponsablemente. Los mismos motivos que tuvieron para quitar los 8, los hay para excluir los 7 restantes. No hay un solo argumento de valor o peso a favor de los libros apócrifos.

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Esta es la anteúltima parte del documento del Rev. Domingo Fernández y de la sección “Los Apócrifos”. Si haz llegado a esta entrada sin haber leído las anteriores busca en las etiquetas “Reina Valera” y vas a tener todos los “post” (entradas) de este material.

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