Cristo gobierna mi vida


Introducción:

Con seguridad el reconocer a Jesucristo como Señor es un paso importante de entrega y sumisión que todo creyente en algún momento debe enfrentar y tomar. Dos versículos claves que llevan implícito este tema importante son: Jo. 24:15; Ro. 12:1.

También es cierto que Cristo, a medida que le permitamos, se hará cargo crecientemente de nuestras vidas y gradualmente llegará a controlarlas completamente. Este es el tema de “Mi Corazón, El Hogar de Cristo”. Los versículos siguientes enfatizan estos conceptos: Ex. 23:30; Os. 6:3; 2 Co. 2:18; Fil. 3:12, Col. 3:10; 2 P. 3:18

En la epístola de Pablo a los Efesios, encontramos estas palabras: “para que (Dios) os dé, conforme a las riquezas de Su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por Su Espíritu; para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones” Ef. 3:16,17. Oh, tal como otro ha traducido: “para que Cristo pueda establecerse y estar como en casa por la fe en vuestros corazones”.

Sin duda una de las doctrinas cristianas más notorias es que Jesucristo mismo a través de la presencia del Espíritu Santo en realidad entrará en un corazón, se establecerá y estará allí como en su casa. Cristo hará del corazón humano su morada.

Nuestro Señor les dijo a sus discípulos: “El que me ama mi Palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada en él” (Jn. 14:23). Les era difícil para ellos entender lo que él estaba diciendo. ¿Cómo era posible que él hiciera su morada con ellos es este sentido?

Es interesante notar que nuestro Señor utilizó aquí la misma palabra que les dio en la primera parte de Jn. 14: “voy, pues a preparar un lugar para vosotros… para que donde yo estoy, vosotros también estéis”. Nuestro Señor les estaba prometiendo a los discípulos que, tal como él estaba yendo al cielo a prepararles un lugar y un día les daría la bienvenida, ahora  sería posible que ellos le prepararan un lugar para él en sus corazones y haría su morada con ellos.

Ellos no podían entender esto, ¿cómo podía ser?

Luego vino el día de Pentecostés. El Espíritu de Cristo fue dado a la Iglesia y ellos entendieron. ¡Dios no mora en el Templo de Herodes en Jerusalén!, Dios no mora en un templo hecho de manos, Dios moraría en los corazones humanos. El cuerpo del creyente sería el templo del Dios viviente y el corazón humano sería el hogar de Jesucristo. Me es difícil pensar en un privilegio más elevado que el hacer para Cristo un hogar en mi corazón, para darle la bienvenida, para servirle, agradarle y para tener comunión con él allí. Una noche que jamás olvidaré, invité a Cristo a entrar en mi corazón. ¡Qué entrada hizo! No fue una cosa espectacular, emocional, pero sí muy real. Entró en la oscuridad de mi corazón y encendió la luz. Encendió un fuego en el corazón frío y desvaneció la frialdad. Comenzó una música donde había habido silencio y llenó el vacío con su propia comunión amorosa, maravillosa. ¡Nunca me he arrepentido y lamentado de haberle abierto la puerta a Cristo y nunca lo haré — no, para toda la eternidad!

Esto, por supuesto, es el primer paso para hacer del corazón la casa de Cristo. El ha dicho: “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo” Ap. 3:20. Si estás interesado en hacer de tu vida una morada para el Dios viviente, déjame alentarte para que invites a Cristo a entrar en tu corazón, y él seguramente lo hará.

Después que Cristo entró en mi corazón y en el gozo de esa relación recientemente hallada, le dije: “Señor, quiero que este corazón mío sea tuyo, quiero que te establezcas aquí y te sientas perfectamente como en casa. Todo lo que tengo te pertenece. Permíteme que te la haga conocer y te presente los diferentes aspectos de la casa para que pueda estar más pleno.” El estuvo muy feliz de venir, por supuesto, y más feliz aún de que se le diese un lugar en el corazón.

La Biblioteca

El primer cuarto fue el estudio; la biblioteca, llamémosla el estudio de la mente. Ahora bien, en mi casa este cuarto de la mente es muy pequeño, con paredes muy gruesas. Pero es un cuarto importante. En un sentido, es el cuarto de control de la casa. El entró conmigo y miró los libros en los estantes, las revistas sobre la mesa, los cuadros sobre la pared. A medida que yo seguía su mirada, me ponía incómodo. Era muy extraño que no me había sentido mal acerca de esto antes, pero ahora que él estaba allí mirando las cosas, me sentía avergonzado. Había allí algunos libros que sus ojos eran demasiado puros para mirarlos. Había una gran cantidad de basura y literatura sobre la mesa que no eran asuntos para que leyese un creyente; y en cuanto a los cuadros sobre la pared — las imaginaciones y pensamientos de mi mente — estas eran vergonzosas.

Me volví hacia él y le dije: “Maestro, sé que este cuarto necesita un cambio radical. ¿Me ayudarías a hacer lo que sea para llevar todo pensamiento a la obediencia a Cristo?”

“Claro”, dijo él. “Alegremente te ayudaré. Esa es una de las razones por las cuales estoy aquí. Ante todo, toma todo lo que estás leyendo y viendo que no sea útil, puro, bueno y verdadero, ¡y tíralo! Ahora coloca sobre los estantes vacíos los libros de la Biblia. Llena la biblioteca con las Escrituras y medita en ellas de día y de noche. Y en cuanto a los cuadros sobre la pared, tendrás dificultad para controlar estas imágenes, pero hay una ayuda.” Me dio un retrato completo de sí mismo. “Cuélgalo en el medio,” dijo “sobre la pared de la mente”. Lo hice y he descubierto a través de los años que cuando mis pensamientos están centrados en Cristo mismo, su pureza y poder hacen que retrocedan las imaginaciones impuras. Así que él me ha ayudado a someter mis pensamientos a la obediencia.

Deseo sugerirte que si tú tienes dificultad con este pequeño cuarto de la mente, traigas a Cristo dentro de él. Llénalo de la Palabra de Dios, medita sobre ella y siempre guarda delante del mismo la presencia inmediata del Señor Jesús.

¿Qué podría encontrar Cristo en la sala de mi corazón, en el taller, o bien en el salón de juegos; qué se te ocurre que encontraría en el armario del pasillo?

Puedes tener la alegoría completa acá, genial para ser usada en medio de grupos de estudio bíblico, células, o bien, discipulados.

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