Venciendo la Tentación


La Definición de la Tentación.

Primero debemos pasar a definir lo que es la tentación para saber cómo vencerla. El Dr. Scofield la define en sus notas como: “…Incitación al mal (por ej. Gn. 3:1-6; Mt. 4:1; 1 Co. 10:13; 2 Co. 11:3,4; Stg. 1:14)” Debemos tener presente que la tentación no es pecado, el pecado está en darle lugar precisamente a la tentación. La tentación es aquello que apela a nuestra naturaleza pecaminosa, lo que Santiago llama concupiscencia. Stg. 1:13,14; Gá. 5:17 El Dr. José Jordán la define en tres términos que nos ilustran muy bien:

  1. La Tentación es un principio claro. El Dr. José Jordán cita a Dietrich Bonhoeffer hablando sobre este tema: “Con una fuerza irresistible, el deseo trata de dominar la carne. De pronto se enciende un fuego, que hace encender la carne. No hay diferencia si se trata de un deseo sexual, o ambición o vanidad, o afán de venganza, o de alcanzar fama y posiciones, o ambición de dinero, o un extraño deseo por la belleza del mundo natural. El gozo del Señor parece extinguirse dentro de nosotros y, en ese momento, procuramos toda nuestra alegría en las cosas creadas. Dios nos parece irreal. Lo único cierto es el diablo. […] Perdemos la facultad de discernir claramente y de tomar una decisión. Es allí donde todo mi ser se rebela contra la Palabra de Dios.” Es un principio claro porque todos seremos tentados en diferentes puntos de nuestra vida según las áreas débiles nuestras.
  2. La Tentación es un problema común. “No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana…” 1 Co. 10:13. Algunos tienen la tendencia a pensar que la tentación sólo afecta a los jóvenes y a los carnales, sólo a los que son débiles y fluctuantes en su fe. Pero Dios, por medio del apóstol Pablo, dice que la tentación es un problema común. El ser tentado no significa que soy débil en una área, débil seré cuando caiga en ella, pero ser tentado pone en evidencia que dentro mio mora el bien como el mal, es decir, que están presentes las dos naturalezas, el viejo hombre como le llama Pablo en Efesios, y el nuevo hombre que nació cuando vine a Cristo.
  3. La Tentación es un proceso cautivador. Quiere decir que conlleva la idea de atracción o seducción.” Stg. 1:13,14. La tentación va a seducirme y va a buscar que pueda caer en ella. Así como puede ser algo claramente condenado en la Escritura, también puede ser algo correcto pero fuera de la voluntad y el teimpo de Dios. Un ejemplo es Cristo en el desierto, la voluntad de Dios era que estuviera sin comer, si oía la voz del Tentador y convertía las piedras en pan eventualmente eso hubiera sido pecado, no por el milagro, ni por la acción de comerlo; porque con toda seguridad nuestro Señor comió una vez que salió del desierto; el pecado estaba en hacerlo fuera del tiempo y espacio que nuestro Padre Celestial había determinado.

La Diversidad de la Tentación.

La tentación puede venir al creyente por tres medios específicos, fuentes que les conocemos como “los enemigos del creyente”. Las fuentes de la tentación para todo creyente son por tanto el mundo, (1 Jn. 2:.15,16; 1 Pe. 2:10,12,13); la carne, ( Ro. 8:5,6; Ef. 2:2,3); y Satanás, (1 Pe. 5:8)

El creyente cede al mundo amándole, esa es la exhortación hecha en 1 Jn. 2:15, 16; no se debe amar al mundo, ese amor debe ser depositado en la persona de Jesucristo, Jn. 14:15. La palabra “amor” en ambos textos del apóstol Juan es ‘agape’, eso significa que mi amor por Dios debe ser sacrificial, de entrega total, sin guardarme nada; así nos amó El muriendo en la cruz. ¿Cómo paga el creyente? En lugar de ejercer ese amor hacia Cristo lo ejerce hacia el mundo. ¡Cuántos hijos de Dios viven siendo esclavos del pecado, y el pecado ha hecho su obra en ellos destruyéndoles! ¡Esto porque el creyente amó al mundo de una manera desinteresada sin guardarse nada!

El creyente cede ante la carne porque la mantiene “viva”. La exhortación del apóstol Pablo en su carta a los Colosenses es: “Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros…”(Col. 3:5) Argumentar que “soy así”, “no puedo cambiar siendo viejo”, “toda una vida lo he hecho”, “todo el mundo lo hace”, “qué tiene de malo”, etc. en muchas ocaciones funciona como excusa escondiendo una debilidad de mi carne que no he querido “matar”.

El creyente cede ante el Diablo cuando no se somete a Dios. “Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros.” (Stg. 4:7) La mejor manera de enfrentar al Diablo no es ordenándole que nos deje en paz porque no lo hará. La mejor manera es obedeciendo a Dios, siendo fiel a su Palabra, viviendo de la manera como vivió Cristo. Santiago en su carta nos dice que la respuesta del Enemigo será huír de nosotros, eso es cierto porque así lo hizo con nuestro Señor Jesucristo en el decierto, la Escritura dice que entonces le dejó, pero nuestro Señor le resitió con la obediencia a la voluntad de Dios y usando Su Palabra.

La Derrota de la Tentación.

  1. Tenemos a la persona de Dios para vencer. 1 Jn. 4:4
  2. Tenemos la promesa escritural en cada situación para vencer. 1 Co. 10:13
  3. Tenemos la Palabra de Dios para vencer. Sal. 119:11
  4. Tenemos la plegaria para vencer. Mt. 26:41
  5. Tenemos los procedimientos para vencer.
    1. El Mundo. Prv. 4:14-16; 24:1; Ro. 12:1,2; 2 Co. 6:14; 2 Ti. 2:4
    2. La Carne. Sal. 119:9-11; Ro. 7:18,19; 13:14; Gá. 5:16; Ef. 6:18; 2 Pe. 2:11
    3. Satanás. Ef. 4:26; 6:11; Stg. 4:7; 1 Pe. 5:9

El Dr. José Jordán termina su librillo “No muerdas el anzuelo, triunfantes sobre la tentación” con lo siguiente: “No muerdas el anzuelo; puedes vencer la tentación. Pero para lograrlo, debemos comprender que es un principio claro y un problema común. Es un proceso cautivador que sigue un modelo permanente, pero, ¡gracias a Dios!, tenemos una promesa y una provisión permanente.”

2 comentarios en “Venciendo la Tentación

    1. Muchísimas gracias Mauro por tus bendiciones y buenos deseos para este ministerio. Es nuestro mayor anhelo que el material que tienes a tu disposición de gran bendición para ti y para los que están alrededor de ti. Recomiéndanos. Bendiciones, gracias por tus comentarios, nos anima a continuar adelante.

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