Defensa con mansedumbre y reverencia


He leído recientemente en un blog que en República Dominicana se ha rechazado el cambio a la constitución política para legalizar las uniones homosexuales.

La Asamblea Revisora de la República Dominicana rechazó ayer 10 de junio llevar a la Constitución una propuesta que buscaba reconocer efectos civiles a los matrimonios que realicen todas las Iglesias asentadas en la República Dominicana. Asimismo aprobó que el matrimonio sólo puede ser entre un hombre y una mujer. (Énfasis agregado) (Nota completa)

Me alegra que la lucha la estemos dando en todo América. Comentaba en ese blog que el hijo de Dios debe de dar los pasos para defender los valores escriturales que afirmamos creer.

La Palabra de Dios nos dice en I Pe. 3:15 sino santificad a Dios el Señor en vuestros corazones, y estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros”. Esto significa que debemos estar preparados para presentar defensa ante todo aquel que lo demande.”

Debemos de entender que una manera que se nos demanda a presentar defensa es cuando en medio de la sociedad en la cual vivimos se quieren cambiar los valores cristianos sobre los cuáles nuestros padres la formaron.

Con mansedumbre podemos entender que la defensa que presentemos la debemos de hacer en pleno control de nuestras pasiones y entendiendo que lo que rechazamos son las ideas de quienes defienden lo que a la luz de la Palabra de Dios vemos que no es lo establecido por nuestro Padre Celestial.

En control de nuestras pasiones, porque en más de una oportunidad por defender una verdad claramente establecida en la Palabra de Dios caemos en el error de exaltar nuestros ánimos y entramos en discusiones acalorada; dando pie a aquellos que defienden semejantes aberraciones que nos acusen de homofobicos.

Con reverencia entendemos que lo Dios rechaza es el pecado en el ser humano, pero que sin lugar a dudas ama al pecador, Ro. 5:8; Jn. 3:16. Nuestra defensa debe ser igual, aunque odiemos el pecado que se está defendiendo, aunque sepamos los daños morales, sociales y espirituales para la sociedad misma es un error convertir la lucha en algo personal, es decir, en contra de las personas proponentes de esos cambios.

Como se ha mencionado antes, ellos ya han acuñado una frase, cualquier opocisión a sus ideas es una muestra de homofobia, lo cual no es cierto; pero por ello la Escritura nos enseña que debemos saber presentar defensa con la altura que le corresponde a un hijo de Dios.

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