La Biblia se interpreta a sí misma; son las Escrituras quienes mejor interpretan a las Escrituras.


Esta es la regla # 2 de los principios generales de interpretación bíblica dados en el libro: “Entendamos 24 principios básicos para interpretar la Biblia”.

La Biblia nos relata que uno de los primeros intérpretes de la Palabra de Dios fue el diablo. “Pero la serpiente era astuta, más que todos los animales del campo que Jehová Dios había hecho; la cual dijo a la mujer: ¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto? Y la mujer respondió a la serpiente: Del fruto de los árboles del huerto podemos comer; pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comeréis de él, ni le tocaréis, para que no muráis. Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis; sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal” (Génesis 3: 1-5).

Dios había dicho anteriormente: “De todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás” (Génesis 2: 16, 17). Satanás no negó estas palabras. Más bien las tergiversó, y les dio un sentido que no tenían. Esta clase de error se produce por omisión y por adición.

Omisión: consiste en citar sólo aquella parte del pasaje que conviene y omitir el resto. La Biblia nos habla de dos clases de muerte: la física y la espiritual. La muerte física es la separación del alma del cuerpo. La muerte espiritual es la separación del alma de Dios. Cuando Dios le dijo a Adán: “Ciertamente morirás” (Génesis 2: 17), se refería a la muerte tanto espiritual como física. Cuando la serpiente, en cambio, le dijo a Eva: “No moriréis” (Génesis 3:4), intencionadamente omitió toda referencia a la muerte espiritual.

Adición: consiste en decir más de lo que la Biblia dice en realidad. En su conversación con Satanás, Eva cita lo que Dios le había dicho a su marido. Pero agrega a lo dicho por Dios la frase: “ni le tocaréis” (Génesis 3:3). Uno puede tergiversar las Escrituras para hacer que digan más de lo que en realidad dicen. Muchas veces la razón del “agregado” radica en el deseo de hacer que el mandato de Dios parezca irrazonable y por tanto indigno de ser obedecido.

Cuando estudias la Biblia, deja que te hable por sí sola. Ni quites ni añadas. Que la Biblia sea su propio comentario. Compara Escritura con Escritura.

Isaías dice, por ejemplo: “Por tanto, el Señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel” (Isaías 7: 14). En el idioma hebreo en que fue escrito originalmente este libro, la palabra que nuestra versión y otras traducen como “virgen” puede en realidad ser traducida indistintamente como “mujer joven” o como “virgen”. Mateo el evangelista cita este mismo versículo en relación con el nacimiento virginal de Jesucristo (Mateo 1:23). En el griego, sin embargo, la palabra sólo admite un significado: “virgen”. En otras palabras, Mateo nos interpreta lo dicho por Isaías y nosotros traducimos la expresión del profeta mediante el vocablo “virgen”.

 Esta segunda regla tendrá su mayor aplicación en las grandes verdades de la Biblia, más bien que en versículos específicos. Una de esas verdades es la de la seguridad de la salvación. Podríamos citar versículos separados que presten su apoyo a ambas posiciones, si se pierde o no la salvación. Pablo dijo a los Gálatas: “De la gracia habéis caído” (Gálatas 5:4). Al leer esto, lógicamente podríamos pensar que es posible perder la salvación luego de obtenida.

Pero por otra parte, Jesús dijo: “Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre” (Juan 10:27-29).

¿En cuál de los dos versículos nos apoyamos? Un estudio a fondo del tema de la seguridad de la salvación, al comparar Escritura con Escritura, nos confirmará que el que cree puede tener la certeza de  haber sido salvado una vez para siempre a base de la obra terminada de Cristo en la cruz del Calvario.

Otra aplicación de esta regla tiene que ver con el uso de las referencias que nuestras Biblias dan al margen o al pie de la página. Cuando estudiamos un capítulo o un párrafo de la Biblia debemos buscar el sentido del mismo primordialmente en el contexto. Las referencias mencionadas tienen su utilidad, pero principalmente en lo que se refiere al pensamiento central del pasaje en vez de sólo a una palabra o frase.

Por ejemplo, al estudiar la crucifixión de Cristo en Mateo 27: 27-50, debemos buscar las referencias que tengan que ver con el versículo 35: “Cuando le hubieron crucificado, repartieron entre sí sus vestidos, echando suertes”. Un buen sistema de referencias incluiría, en este caso, el Salmo 22: 18, que es el versículo del Antiguo Testamento que aquí se cita. Pero también hará mención de Marcos 15:24, Lucas 23:33, 34 y Juan 19:23, 24, pasajes todos que relatan las crucifixión en forma paralela a los otros Evangelios. Otras referencias de orden secundario serían: Josué 7: 21, 1 Reyes 11: 29 y Daniel 7:9 que se refieren al tema “vestidos”.

Pero en todos estos ejemplos permanece incólume el principio fundamental: deja que las Escrituras expliquen a las Escrituras. La Biblia se interpretará a sí misma si se estudia correctamente.

Tomado de: Entendamos 24 principios básicos para interpretar la Biblia.

Comentario de las Cartas Pastorales por el Dr. J. Vernon McGee


Compartimos los estudios del Dr. J. Vernon  y de su ministerio: “A través de la Biblia”, en esta ocasión las notas y comentarios de las cartas pastorales del apóstol Pablo, a entender por esto: 1 Timoteo, 2 Timoteo y Tito.

También puedes ir a este link y tener otros estudios de este mismo autor.

Estos estudios están disponibles en Obrero Fiel, el audio de acá está ligado con esa página. Lo puedes oír desde acá mismo.

La descarga de los archivos lo puedes hacer más abajo en el link que disponemos para este fin.

Comentarios de la carta a 1 Timoteo

Capítulo 1 – ESCUCHAR COMENTARIO DEIntroducción…..1:1-2 …..1:3-7…..1:8-17…..1:18-2:5

Capítulo 2 – ESCUCHAR COMENTARIO DE 1:18-2:5…..2:6-15

Capítulo 3 – ESCUCHAR COMENTARIO DE 3:1-8…..3:8-16

Capítulo 4 – ESCUCHAR COMENTARIO DE 4:1-6…..4:7-16

Capítulo 5 – ESCUCHAR COMENTARIO DE 5:1-19…..5:19-6:21

Capítulo 6 – ESCUCHAR COMENTARIO DE 5:19-6:21

Comentarios de la carta a 2 Timoteo

Capítulo 1 – ESCUCHAR COMENTARIO DE Introducción-1:6…..1:7-18

Capítulo 2 – ESCUCHAR COMENTARIO DE 2:1-13…..2:11-26

Capítulo 3 – ESCUCHAR COMENTARIO DE 3:1-8…..3:9-17

Capítulo 4 – ESCUCHAR COMENTARIO DE 4:1-5…..4:6-22

Comentarios de la carta a Tito

Capítulo 1 – ESCUCHAR COMENTARIO DE TitoIntroducción-1:1…..1:2-7…..1:8-16

Capítulo 2 – ESCUCHAR COMENTARIO DE 2:1-15

Capítulo 3 – ESCUCHAR COMENTARIO DE 3:1-15

 

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Partimos del supuesto de que la Biblia tiene autoridad


Esta es la regla # 1 de los principios generales de interpretación bíblica dados en el libro: “Entendamos 24 principios básicos para interpretar la Biblia”.

En asuntos de religión el cristiano se suscribe, consciente o inconscientemente, a una de las siguientes manifestaciones como autoridad de última apelación: a la tradición, a la razón, o a las Escrituras. La posición oficial e histórica de la iglesia católica romana ha sido que la tradición es la autoridad última y final. La doctrina de la virgen María nos da un ejemplo. Lo que la Biblia dice respecto a María se interpreta de acuerdo a la tradición que al respecto dicha iglesia ha sostenido a través de los siglos.

El racionalismo ha ocupado el centro del escenario en un gran sector del protestantismo. “Liberalismo” y “modernismo” son dos de los apelativos que han sido aplicados para describir estas corrientes del pensamiento religioso. Para ellos, el tribunal último de apelación es la mente humana y las construcciones “lógicas” que ella construye. Se rechaza lo que la mente no puede aceptar como razonable. De igual modo, la razón es la que tiene que decidir lo que es o no es fundamental para la fe en Dios. Por ejemplo, una persona que se suscribe a tal enfoque puede llegar a la conclusión de que creer en el nacimiento virginal de Cristo no es ni racional ni esencial, y descartar en consecuencia la enseñanza bíblica al respecto.

El cristiano “evangélico” [término que deriva de su creencia en la veracidad absoluta de los Evangelios y demás libros de la Biblia] ve en la Biblia la autoridad suprema, fuera de la cual no hay apelación posible. Acepta la creencia en el nacimiento virginal [v.g, sin pecado original] de Jesús porque la Biblia lo enseña. Considera que lo que la iglesia ha creído en el pasado respecto a la virgen María debe ser evaluado a la luz de la correcta interpretación de las Sagradas Escrituras y no a la inversa.

Con lo dicho no queremos dar a entender que no hay cierta validez en cada una de las tres manifestaciones de autoridad. Los que se adhieren a una u otra de las corrientes mencionadas estarían muy de acuerdo en la importancia de una con respecto a las otras. Pero lo que interesa es lo siguiente: si surge un conflicto entre las conclusiones de uno y otro, ¿qué punto de vista habrá de imperar? Si la tradición, la razón y las Escrituras difieren en cuanto a asuntos como los mencionados, ¿cuál de las tres tendrá la última palabra? La primera regla de interpretación nos dice, en efecto, que la Biblia es el tribunal supremo de apelación para estos casos.

El problema de la autoridad de la Biblia se vincula a menudo con el asunto de la inspiración de las Escrituras. Uno no puede someterse a la autoridad de la Biblia si esta no es la Palabra inspirada de Dios. Justamente este punto salió a relucir en cierta ocasión durante el ministerio de Jesucristo sobre la tierra. Nos dice el relator que Cristo enseñaba “como quien tiene autoridad” (Mateo 7: 29). ¿Pero en qué se basaba esa autoridad? ¿Cómo podemos saber si en verdad es el Cristo, el enviado de Dios, que dice ser?

 En respuesta a estas acuciantes preguntas Jesús dijo: “El que quiere hacer la voluntad de Dios, conocerá si la doctrina es de Dios, o si yo hablo por mi propia cuenta” (Juan 7: 17). En otras palabras, Jesús les quiso decir que “si hacen lo que yo quiero que hagan, entonces sabrán si lo que yo digo es verdad”. Si hacen, sabrán. El hacer viene antes que el saber. El compromiso precede al conocimiento. Hace ya varios siglos, San Agustín lo expresó con estas palabras: “Creo, por tanto sé”.

Esta cuestión de la autoridad tiene que ver con la voluntad, con la obediencia y con la acción. En cambio, la inspiración de las Escrituras tiene que ver con el intelecto, el entendimiento y el conocimiento. Las preguntas respecto a la inspiración deben plantearse con posterioridad a la aceptación de la autoridad. Solamente así sabrás que Jesús es el Cristo, luego de hacer lo que Él te pide, así también sólo sabrás que la Biblia es la Palabra inspirada de Dios luego de someterte a su autoridad y obedecerla.

El requisito de que el compromiso preceda al conocimiento no es exclusividad de la fe cristiana. Es también experiencia común y cotidiana para todos nosotros. En el capítulo introductorio ya conversamos respecto al uso de los supuestos. Usamos la ilustración de un viaje al Japón en avión. Al dar por sentado los supuestos allí mencionados en realidad nos comprometimos antes de saber lo que de verdad ocurriría. No estábamos seguros de que las autoridades japonesas nos permitirían entrar al país. Dimos por sentado que lo harían y nos comprometimos con ese supuesto antes de saberlo con certeza.

Para ampliar la ilustración, digamos que antes de partir fuéramos al piloto y le preguntáramos respecto a la confiabilidad de la enorme aeronave.

– ¿Realmente me llevará a Tokio? -preguntamos.

– ¡Claro que sí! -nos asegura el capitán. Indagamos un poco más.

– ¿Pero, qué del avión de ustedes que se cayó en el océano Pacífico hace unos meses? ¿Me puede usted garantizar que este avión llegará sano y salvo al Japón?

-No, no lo puedo garantizar -dice el capitán-, pero aborde el avión y cuando lleguemos (si es que llegamos), entonces lo sabrá con certeza.

Este es el compromiso que precede al conocimiento. Estamos dispuestos a comprometemos y arriesgamos porque de aquí al Japón es largo trecho para nadar.

En el estudio bíblico, pues, tenemos que comenzar con la cuestión de la autoridad. Esta pregunta -y la de la inspiración que le sigue naturalmente- encuentra su respuesta cuando nos sometemos a la Palabra de Dios. Podremos estudiar la inspiración como tema aparte, pero sólo sabremos que la Biblia es la Palabra inspirada de Dios cuando nos coloquemos bajo su autoridad, dispuestos a obedecerla.

Al querer someternos a lo que las Escrituras nos dicen, debemos entender que en la Biblia la autoridad se expresa de diversas maneras:

  1. Uno de los personajes actúa con autoridad y el pasaje luego nos explicará si ese acto es o no es aprobado. Por ejemplo, en el jardín del Edén “la serpiente dijo a la mujer [con autoridad]: No moriréis” (Génesis 3:4). Sabemos que lo que dijo la serpiente no era verdad pues de hecho murieron Adán y Eva.

El rey David quiso edificar un templo para honrar a Dios, y el profeta Natán le dijo: “Anda, y haz todo lo que está en tu corazón, porque Jehová está contigo” (2 Samuel 7:3). Natán le dijo con voz de autoridad que lo podía hacer, pero leemos luego que su consejo no fue autorizado, pues Dios realmente no quería que David edificase el templo (vv. 4-17).

Luego del Concilio de Jerusalén (Hechos 15), el apóstol Pedro visitó a la iglesia de Antioquía en Siria, y comió en la mesa junto con los gentiles [v.g. los no judíos]. Pablo luego dijo de Pedro: “Antes que viniesen algunos de parte de Jacobo, comía con los gentiles; pero después que vinieron, se retraía y se apartaba, porque tenía miedo de los de la circuncisión [los judíos cristianos]” (Gálatas 2: 12). Sabemos que su acción de separarse de los cristianos gentiles estaba equivocada, pues Pablo lo reprendió por ello y luego explicó en qué consistía su error.

  1. Puede darse el caso de que un personaje bíblico actúe con autoridad y que el pasaje no indique si se aprueba o no. En tal caso la acción debe juzgarse basándose en lo que enseña al respecto el resto de la Biblia. Por ejemplo, Abraham y Sara se fueron a Egipto en cierta ocasión debido a la gran hambre que imperaba en Canaán (Génesis 12: 10-20). Temiendo que el Faraón lo matase para hacer suya a la hermosa Sara, Abraham le dijo a su mujer: “Dí que eres mi hermana, para que me vaya bien por causa tuya, y viva mi alma por causa de ti” (Génesis 12: 13). ¿Fue cobarde esta acción de Abraham? El pasaje no lo dice. Quedamos sujetos a nuestras propias conclusiones sacadas de lo que dicen al respecto el resto de las Escrituras.

Tendrás que decidir por tu propia cuenta si Abraham erró en sus acciones o no, y de esto justamente trata la interpretación de la Biblia. Este libro no quiere darte esa interpretación “correcta”, sino simplemente ayudarte a escoger por ti mismo cuál es la base correcta de la cual derivar tus conclusiones.

Luego de que Lot perdiera a su mujer, cuando Dios destruyó a Sodoma y Gomorra, él y sus dos hijas se fueron a vivir a una cueva en las montañas sobre Zoar. Temerosas de que jamás se casarían, y morirían así sin hijos, las dos hijas decidieron resolver por sí mismas el asunto. En noches sucesivas emborracharon a su padre y provocaron una relación sexual con él, una por noche. Quedaron embarazadas de él y dieron a luz sus hijos Moab y Ben-ammi, engendrados por su propio padre (véase Génesis 19:30-38).

Sin embargo, Pedro dice de Lot que era un hombre justo. “Y si [Dios! condenó por destrucción a las ciudades de Sodoma y de Gomorra, reduciéndolas a ceniza y poniéndolas de ejemplo a los que habían de vivir impíamente, y libró al justo Lot, abrumado por la nefanda conducta de los malvados” (2 Pedro 2:6-7). ¿Fue, entonces, un acto correcto aquel que tuvo lugar en la cueva de Zoar? El pasaje no lo dice. Pero las Escrituras sí tienen mucho que decir en otros pasajes respecto al tipo de comportamiento que se manifestó en aquella cueva, y podemos evaluar la acción basados en esas enseñanzas.

  1. Dios, o uno de sus representantes, es quien declara el pensamiento y la voluntad de Dios. Estas declaraciones se presentan a menudo bajo el formato de mandamientos. Por ejemplo, Jesús dijo: “Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros” (Juan 13:34,35).

Sin embargo, algunos mandatos sólo son aplicables a circunstancias inmediatas y no de aplicación universal. Dios le dijo a Noé: “Hazte un arca de madera de gofer; harás aposentos en el arca, y la calafatearás con brea por dentro y por fuera” (Génesis 6: 14). Jesús le dijo en cierta ocasión a dos de sus discípulos: “Id a la aldea que está enfrente de vosotros, y luego hallaréis una asna atada, y un pollino con ella; desatadla, y traédmelos” (Mateo 21: 2). El hecho de que Dios le dijera a Noé que construyera un arca no significa que es su voluntad que salgamos corriendo a construir un arca; ni tampoco vamos a ir de aquí para allá desatando asnas con sus pollinos para traerlos a Jesús. El contexto y la naturaleza del mandato nos indican si es o no de aplicación universal.

Toda la Escritura está investida de autoridad, pero hay porciones que nada tienen que ver con nosotros. Debemos cuidarnos, por supuesto, de no usar razonamientos arbitrarios para evadir el tener que obedecer lo que sabemos es la voluntad de Dios para nosotros, o sea para ti y para mí.

El hombre secular [no religioso] se aleja cada vez más de los absolutos bíblicos. Esto crea, a su vez, cierta presión para que la iglesia cristiana revise nuevamente su enfoque de los mandatos bíblicos respecto a cosas como el divorcio y una gran diversidad de cuestiones morales. Con demasiada frecuencia este enfoque “revisado” difiere muy poco de la crasa inmoralidad que produjo la destrucción de Sodoma y Gomorra. Tales tendencias provienen de no querer someter la voluntad y la vida a la autoridad de la Biblia.

Para el cristiano auténtico, la Biblia es y será siempre su máxima fuente de autoridad.

Comentario de Tesalonicenses por el Dr. J. Vernon McGee


Compartimos los estudios del Dr. J. Vernon  y de su ministerio: “A través de la Biblia”, en esta ocasión las notas y comentarios de las dos cartas a los Tesalonicenses.

También puedes ir a este link y tener otros estudios de este mismo autor.

Estos estudios están disponibles en Obrero Fiel, el audio de acá está ligado con esa página. Lo puedes oír desde acá mismo.

La descarga de los archivos lo puedes hacer más abajo en el link que disponemos para este fin.

Comentarios de la carta a 1 Tesalonicenses

Capítulo 1 – ESCUCHAR COMENTARIO DEIntroducción…..1:2-3…..1:4-6…..1:5-10

Capítulo 2 – ESCUCHAR COMENTARIO DE 2:1-7…..2:7-12…..2:13-20

Capítulo 3 – ESCUCHAR COMENTARIO DE 3:1-12…..3:13-4:8

Capítulo 4 – ESCUCHAR COMENTARIO DE 3:13-4:8…..4:7-12…..4:13-18…..4:13

Capítulo 5 – ESCUCHAR COMENTARIO DE 5:1-11…..5:11-28

Comentarios de la carta a 2 Tesalonicenses

Capítulo 1 – ESCUCHAR COMENTARIO DE Introducción-1:3…..1:3-12

Capítulo 2 – ESCUCHAR COMENTARIO DE 2:1-9…..2:10-17

Capítulo 3 – ESCUCHAR COMENTARIO DE 3:1-6…..3:7-18

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La Interpretación del texto bíblico está al alcance de todos


Una de las grandes necesidades en esta hora volcánica es la de tener a mano un enfoque directo y sin ambages de la interpretación de la Biblia. Necesitamos alimento sólido y no meras migajas de otra mesa. Tenemos que aprender el arte de masticar en vez de chupar en pomos la leche espiritual. Tenemos que pensar con cierta honestidad moral individual en vez de continuar con el proceso común del lavado religioso de cerebros. Cierto líder cristiano lo ha expresado con claridad: “El cristianismo solía ser la diana que nos llamaba a días de vida santa, pensamientos elevados y sólido estudio bíblico. En cambio, ahora sólo es una invitación tímida y llena de disculpas a un diálogo superficial”.

Walt Henrichsen está convencido de que la Santa Biblia es una necesidad vital para el cristiano y no simplemente una ostentación especulativa. De ahí que vuelca en su libro todo lo que tiene y todo lo que puede dar concentrándose en los resultados y no sólo en la actividad del conocimiento de la Palabra de Dios.

El autor ve las dimensiones reales de las cosas pero logra expresarlas en un nivel sencillo. Como teólogo, pastor, profesor de Biblia, consejero y padre de familia ha colocado estos “dulces” en el anaquel más bajo donde todos podemos aprender a estirar la mano y comer.

Frank E. Gaebelein lo ha expresado bien al decir: “El cristianismo es de un modo singular la religión de un solo libro. Quítennos la Biblia y habrán destruido el medio que Dios ha escogido para presentar era tras era su revelación al ser humano. Luego, entonces, es requisito indispensable para el crecimiento en la vida cristiana el conocimiento de la Biblia”.

La interpretación bíblica es algo más que un pasatiempo intelectual que divierte a los teólogos. Ella abre nuestras vidas a la presencia de Cristo. Es la vida cristiana llevada en su plenitud. Hemos de gozar de esa vida al aprender las “reglas de procedimiento” básicas y comunicárselas a otros. Nuestras gracias a Walt Henrichsen por haber sacado esta materia de las bibliotecas de los seminarios e institutos bíblicos y del vocabulario erudito, para volcarlo en lenguaje cotidiano y colocarlo al alcance en que cada uno de nosotros está viviendo hoy.

Robert D. Foster

[…] Sin duda que habrás oído decir alguna vez: “Cada cual tiene su propia interpretación de la Biblia”, o quizá: “Las dos cosas en que la gente jamás se pone de acuerdo son: la religión y la política”.

De ser verdad tales afirmaciones el cristianismo no tendría sentido y la Biblia no tendría mensaje alguno que damos. Si una persona puede hacer que la Biblia diga lo que a él se le ocurra, la Biblia no le podrá servir de guía; sólo será un arma en sus manos que sirve para prestarle apoyo a sus propias ideas. La Biblia no fue escrita con tal propósito.

El grueso de los libros sobre el tema de la interpretación bíblica son bastante largos y complicados. Han sido escritos para quienes están familiarizados con el hebreo, el aramaico y el griego, o sea aquellos idiomas en los cuales fueron escritos originalmente los manuscritos de la Biblia. Por tanto, enfocan el tema de un modo exhaustivo y erudito. Allí veríamos, por ejemplo, explicaciones detalladas de las alegorías, símiles, metáforas y otros recursos retóricos. Profundizan, también, en las distintas tendencias teológicas como son: el impacto de la neo ortodoxia sobre la iglesia contemporánea o los efectos del liberalismo cuando niega lo sobrenatural.

Este libro pretende presentar las leyes bíblicas de interpretación más básicas en términos sencillos. Provee, pues, una herramienta funcional para todo cristiano que desee comprender y aplicar las Escrituras por sí solo.

Toda persona vive su vida y da por sentado ciertas presuposiciones fundamentales. Estas pueden variar de una situación a otra. Si emprendieras un viaje al Japón, por ejemplo, en alguna línea aérea conocida, tendrías que suponer al menos cuatro cosas:

  1. Que el piloto sabe pilotear el avión.
  2. Que el avión llegará a su destino sin contratiempos.
  3. Que las autoridades inmigratorias del Japón reconocerán la validez de tu pasaporte y visa.
  4. Que podrás cumplir las metas establecidas al proponerte el viaje.

De igual modo, en nuestro estudio de las leyes o reglas de interpretación de la Biblia debemos dar por sentado también cuatro cosas:

  1. Que la Biblia tiene autoridad para decir lo que dice.
  2. Que la Biblia contiene sus propias leyes de interpretación, las que al ser entendidas y aplicadas correctamente, darán como resultado el significado correcto de cualquier pasaje.
  3. Que la meta primordial de la interpretación bíblica es descubrir loque quiso decir el autor del libro en cuestión.
  4. Que el idioma puede ser vehículo para transmitir verdades espirituales.

Estas presuposiciones aparecerán con frecuencia de una u otra manera en los principios enumerados en este libro. Algunas son principios a la vez que presuposiciones, por lo cual aparecerán como reglas.

 Dar por sentado los puntos que hemos mencionado producirá una diferencia marcada en la manera de enfocar un estudio bíblico. Todo cristiano consciente y aplicado tiene como meta estudiar, interpretar y poder aplicar correctamente las Escrituras. Antes de observar de qué modo estas cuatro suposiciones afectan el estudio de la Biblia y los principios que de ellas derivan, vale la pena subrayar que hay cuatro pasos básicos en el estudio correcto de la Biblia:

Observación, que responde a la pregunta: ¿Qué vemos aquí? El estudiante indaga el texto como un detective. No hay detalle que no tenga su importancia. Se investiga hasta la minucia más recóndita. Luego se enumeran cuidadosamente todos los descubrimientos, a fin de permitir una ulterior meditación y comparación.

Interpretación, que responde a la pregunta: ¿Qué significa? En este paso el intérprete bombardea el texto con preguntas como: ¿Qué significado tenían estos detalles para la gente a la cual fue destinado este pasaje? ¿Por qué dijo esto el autor? ¿Cómo funciona esto? ¿Cuál es la idea principal que trata de comunicar el escritor?

Correlación, que responde a la pregunta: ¿Cómo se relaciona esto con todas las otras cosas que dice la Biblia? El estudiante de la Biblia debe ir más allá de un simple examen cuidadoso del pasaje en sí. Debe coordinar su estudio con todo lo demás que la Biblia diga sobre el mismo tema. Una interpretación precisa y correcta de cualquier tema bíblico tendrá en cuenta todo lo que la Biblia diga al respecto.

Aplicación, que responde a la pregunta: ¿Qué significa esto para mí? Esta es la meta hacia la cual apuntan los tres pasos anteriores. Como dijo cierta vez un perito en estos asuntos: “La observación y la interpretación sin su correspondiente aplicación es un embarazo malogrado”. La Biblia es Dios hablándonos. Su palabra requiere respuesta. Esa respuesta no puede ser otra que una obediencia plena a la voluntad revelada de Dios.

Estos cuatro pasos del estudio bíblico deben darse orientados por las reglas básicas de interpretación. Dijo el salmista: “Con todo mi corazón te he buscado; no me dejes desviarme de tus mandamientos. En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti” (Salmo 119: 10, 11). Sus palabras expresan el deseo profundo del cristiano consagrado, cuya meta es la de saturarse de tal modo con la Palabra de Dios que empieza a pensar y a actuar de un modo semejante a Dios. Para lograrlo, el estudiante bíblico debe familiarizarse de tal modo con estas reglas básicas que se conviertan en parte integral de sus investigaciones escriturales.

Las reglas de interpretación que hemos de considerar se dividen en cuatro categorías: generales, gramaticales, históricas y teológicas.

Los principios generales de interpretación (cap. 2) son aquellos que encaran el tema global de la interpretación. Son de aplicación universal en vez de estar limitados por ciertas consideraciones especiales, como ocurre con los enumerados bajo las otras secciones.

Los principios gramaticales de interpretación (cap. 3) son los que tratan del lenguaje usado en el propio texto bíblico. Establecen las normas fundamentales para el entendimiento de las palabras y oraciones en el pasaje que se estudia.

Los principios históricos de interpretación (cap. 4) se ocupan del trasfondo o contexto histórico en el cual se escribieron los libros de la Biblia. Las diversas situaciones políticas, económicas y culturales tienen su importancia al considerar los aspectos históricos de nuestro estudio de la Palabra de Dios.

Los principios teológicos de interpretación (cap. 5) establecen pautas para la formulación de la doctrina cristiana. Son amplias por necesidad, pues la doctrina tiene que tener en consideración todo lo que la Biblia dice sobre cada tema en particular. Aunque algo complicadas, no por ello tienen menos importancia, pues contribuyen de manera decisiva a formar ese conjunto de creencias que llamamos “nuestras convicciones”

Tomado del libro: Entendamos 24 principios básicos para interpretar la Biblia

Las Dispensaciones


Este es el capítulo # 20 del libro de Lewis Sperry Chafer, “Grandes Temas Bíblicos, 52 doctrinas claves de la Biblia sintetizadas y explicadas”. También es conocido como: Temas Doctrinales, o bien, Doctrinas Fundamentales.

A. EL SIGNIFICADO DE LAS DISPENSACIONES

En el estudio de las Escrituras es importante entender que la revelación escritural se divide en períodos bien definidos. Estos están claramente separados, y reconocer estas divisiones y sus propósitos divinos constituye uno de los factores más importantes en la verdadera interpretación de las Escrituras. Estas divisiones se conocen como “dispensaciones”, y en períodos de tiempo sucesivos se pueden observar diferentes dispensaciones.

Una dispensación puede definirse como una etapa en la revelación progresiva de Dios y constituye una administración o regla de vida distinta. Aunque el concepto de una dispensación y de una época en la Biblia no es precisamente la misma, es obvio que cada período tiene su dispensación. Las épocas se mencionan a menudo en la Biblia (Ef. 2: 7; 3:5, 9; He. 1:2). La Biblia también hace distinción de épocas (Jn. 1:17; cf. Mt. 5:21-22; 2 Co. 3:11; He. 7:11-12).

Es probable que el reconocimiento de las dispensaciones arroje más luz sobre el mensaje total de las Escrituras que ningún otro aspecto del estudio bíblico. Muy a menudo sucede que el hecho de tener un claro entendimiento de las, dispensaciones y de los propósitos que Dios ha revelado en ellas ha llegado a ser el principio de un valioso conocimiento de las Escrituras y de un interés personal en la Biblia misma. La relación del hombre con su Creador no es la misma en todas las edades. Ha sido necesario someter al hombre caído a ciertas pruebas. Esto es en parte el propósito de Dios a través de las edades, y el resultado de las pruebas afrontadas por el hombre ha sido en cada caso una incuestionable demostración tanto de la pecaminosidad como del absoluto fracaso espiritual y moral del género humano. Y en el día final toda boca se cerrará, porque a través de muchos siglos de experiencia se habrá comprobado la maldad o insensatez de todos los pensamientos del corazón del hombre.

Cada dispensación comienza, por lo tanto, con el hombre divinamente establecido en una nueva posición de privilegio y responsabilidad, y termina con el fracaso humano que trae como consecuencia la manifestación del justo juicio de Dios. Si bien es cierto que existen algunos hechos, tales como el carácter santo de Dios, que permanecen invariables para siempre y que de consiguiente son los mismos en cada edad, haya la vez diferentes instrucciones y responsabilidades que se limitan en cuanto a su aplicación a determinado período.

En relación con todo esto el estudiante de la Biblia debe reconocer la diferencia entre aplicación primaria y aplicación secundaria de la Palabra de Dios. Solamente aquellas porciones de las Escrituras que son destinadas directamente para el hijo de Dios en este tiempo de gracia deben ser objeto de una aplicación primaria o personal al cristiano. Se demanda que dichas instrucciones reciban detallado cumplimiento. Cuando se trata de aplicación secundaria debe observarse que, mientras es cierto que pueden extraerse lecciones espirituales de cada porción bíblica, esto no significa que el cristiano esté en la obligación ante Dios de cumplir aquellos principios que fueron la expresión de la voluntad divina para la gente de otras dispensaciones. El hijo de Dios en el actual período de gracia no está en la misma situación de Adán o de Abraham, o de los israelitas en el tiempo de la Ley; ni es llamado tampoco a seguir aquella manera peculiar de vida que según las Escrituras se demandará de los hombres cuando el Rey haya regresado a establecer su reino terrenal.

Siendo que el hijo de Dios depende completamente de la instrucción contenida en las páginas de la Biblia para dirigir sus pasos en la vida diaria, y siendo que los principios revelados en las diferentes dispensaciones son tan diversos y a veces tan contradictorios, es de gran importancia para él reconocer las porciones bíblicas que se aplican directamente a su propio caso, si es que va a vivir de acuerdo a la voluntad divina y para la gloria de Dios. En la consideración del testimonio total de la Biblia, es casi tan importante para el creyente que desea hacer la voluntad divina conocer lo que no le concierne directamente como aquello que tiene directa referencia a él. Es obvio que, aparte del conocimiento de la verdad dispensacional, el creyente no podrá adaptarse inteligentemente al presente propósito de Dios en el mundo. Sólo ese conocimiento le salvará de caer en aquella sujeción a la ley que caracterizó a la dispensación pasada o de querer llevar a cabo en la actualidad el programa de transformación mundial perteneciente a la dispensación por venir.

Debido a la imperfección de las traducciones, algunas verdades importantes se hallan ocultas para el que lee solamente el texto corriente de la Biblia. Por ejemplo, la palabra griega aion, que significa una “edad” o dispensación, se traduce “mundo” en unas cuarenta ocasiones. Por ejemplo, cuando se dice en Mateo 28:20 “hasta el fin del mundo”, la referencia no es al fin del mundo material, lo que a su debido tiempo tomará lugar (2 P. 3:7; Ap. 20:11; Is. 66:22), sino más bien al fin de esta edad. El fin del mundo no se acerca, sino el fin de la presente edad. Según las Escrituras hay en todo siete grandes dispensaciones, y es evidente que nosotros estamos viviendo cerca del fin de la sexta de ellas. La edad del reino milenial (Ap. 20:4, 6) está todavía por venir.

Una dispensación se caracteriza más o menos por las nuevas responsabilidades que Dios le señala al hombre al principio de ella y por los juicios divinos con que la misma termina. Las siete dispensaciones son las siguientes: 1) Inocencia, 2) conciencia, 3) gobierno, 4) promesa, 5) ley, 6) gracia, 7) reino milenial.

Al estudiar las dispensaciones hay ciertos principios esenciales para entender esta enseñanza. El dispensacionalismo se deriva de una interpretación normal o literal de la Biblia. Es imposible interpretar la Biblia en su sentido normal y literal sin darse cuenta de que hay diferentes eras y diferentes dispensaciones. Un segundo principio es el de la revelación progresiva, esto es, el hecho reconocido por prácticamente todos los estudiantes de la Escritura de que la revelación es dada en etapas. Tercero, todos los expositores de la Biblia necesitarán reconocer que una revelación posterior en cierto grado sustituye a una revelación primaria con un cambio resultante en reglas de vida en las cuales pueden cambiarse o modificarse y añadirse nuevos requisitos. Por ejemplo, mientras que Dios mandó a Moisés a matar un hombre por cortar leña en un sábado (Nm. 15:32-36), ninguno aplicaría este mandamiento hoy porque vivimos en una dispensación diferente. Aunque se distinguen frecuentemente siete dispensaciones en la Escritura, tres son más importantes que las otras; ellas son: la dispensación de la ley, gobernando a Israel en el Antiguo Testamento desde el tiempo de Moisés; la dispensación de la gracia, la era presente; y la futura dispensación del reino milenial.

B. DISPENSACIÓN DE LA INOCENCIA: ERA DE LIBERTAD

Esta dispensación comenzó con la creación del hombre (Gn. 1:26-27) y continúa hasta Génesis 3:6. En esta dispensación al hombre le fue dada la responsabilidad humana de ser fructífero, dominar la tierra, tener dominio sobre los animales, usar los vegetales para comer y cuidar del huerto del Edén (Gn. 1:28-29; 2:15). Sin embargo, fue dada una prohibición; se instruyó al hombre para que no comiese del árbol del conocimiento del bien y del mal (Gn. 2:17). Aunque al hombre se le concedió un estado bendito, un cuerpo, mente y naturaleza perfectos, y todo lo necesario para disfrutar de la vida, Eva sucumbió ante la tentación y comió el fruto prohibido y Adán se unió a ella en su acto de desobediencia (Gn. 3:1-6). Como resultado vino el juicio divino, la muerte espiritual, el conocimiento del pecado, el miedo hacia Dios y la pérdida del compañerismo.

Aun en estas circunstancias Dios introdujo el principio de la gracia con una promesa del Redentor (Gn. 3: 15) y proveyó túnicas de pieles, típica provisión de la redención (Gn. 3:21).

Ellos fueron expulsados fuera del huerto, pero se les permitió vivir sus vidas naturalmente (Gn. 3:23-24) y con el juicio de Dios sobre ellos comenzó una nueva dispensación. En la dispensación de la inocencia Dios reveló la falla del hombre, le dio la promesa de un Redentor que vendría, reveló su soberanía en juzgar a sus criaturas e introdujo el principio de gracia.

C. DISPENSACIÓN DE LA CONCIENCIA: ERA DE LA DETERMINACIÓN HUMANA

Esta dispensación, que comienza en Génesis 3:7 y se extiende hasta Génesis 8: 19, trajo nuevas responsabilidades sobre el hombre, establecidas en el así llamado pacto con Adán y Eva. Se emitió una maldición sobre Satanás (Gn. 3:14-15), pero también cayó una maldición sobre Adán y Eva (Gn. 3:16-19). Aunque no se revela un código detallado de moral dado al hombre en este tiempo, se le exigió que viviera de acuerdo a su conciencia y guardando el conocimiento de Dios a medida que le fuera dado. Sin embargo, bajo la conciencia, el hombre continuó fallando tanto como lo había hecho siempre. La conciencia podía convencer, pero no traería victoria (Jn. 8:9; Ro. 2:15; 1 Co. 8:7; 1 Ti. 4:2). Los hijos de Adán tenían su naturaleza pecaminosa manifestada en el hecho de rehusarse a traer un sacrificio de sangre (Gn. 4:7) y el asesinato de Abel por Caín (Gn. 4:8). La civilización resultante de Caín fue pecadora (Gn. 4:16-24), y la muerte física se convirtió en algo común (Gn. 5:5-31). La maldad del corazón humano alcanzó a tal estado que otra vez el juicio fue necesario (Gn. 6:5, 11-13). El juicio se manifestó sobre Caín (Gn. 4:10-15), y en la Humanidad en general en la muerte (Gn. 5). Finalmente Dios tuvo que traer el diluvio universal sobre la tierra (Gn. 7: 21-24).

Sin embargo, en este período también fue manifestada la gracia divina, puesto que algunos fueron salvos, como Enoc (Gn. 5:24), y la familia de Noé fue salva por el Arca (Gn. 6: 8-10; He. 11:7). La dispensación terminó con el diluvio en el cual solamente la familia de Noé fue salvada.

El propósito de Dios en esta dispensación fue el de demostrar nuevamente la caída del hombre bajo la nueva situación en la cual éste se desempeñaba bajo su conciencia. Sin embargo, en este período Dios preservó la línea del futuro Redentor, demostrando su soberanía en juzgar al mundo por medio del diluvio y manifestando su gracia a Noé y su familia.

D. DISPENSACIÓN DEL GOBIERNO HUMANO: PACTO CON NOÉ

Esta dispensación cubre el período desde Génesis 8:20 a 11:9. A Noé Dios le dio un pacto incondicional (Gn. 8:20-9:17), en el cual El prometió que no habría más destrucción por diluvio (Gn. 8:21; 9:11). Dios prometió que las estaciones en el curso de la naturaleza no cambiarían (Gn. 8:22) y le dio nuevamente al hombre el mandamiento de multiplicarse (Gn. 9:1) y de continuar su dominio sobre los animales (Gn. 9: 2); el comer carne era permitido ahora, aunque la sangre estaba prohibida (Gn. 9:4). Lo más importante fue el establecimiento de la esencia del gobierno, en el cual se le dio al hombre el derecho de matar a los asesinos (Gn. 9:5-6).

En este pacto, así como en los otros, hay fracaso humano, como lo indica la embriaguez de Noé (Gn. 9:1) y la irreverencia de Cam (Gn. 9: 22). Es un período de deterioro moral y religioso (Gn. 11:1-4). El gobierno humano, como la conciencia, fracasaron en reprimir el pecado del hombre, y el resultado fue la torre de Babel (Gn. 11:4). El juicio de Dios fue confundir su lengua (Gn. 11:5-7), y la civilización humana fue dispersada (Gn. 11:8-9).

En este período, sin embargo, la gracia fue evidente en cómo el remanente de Dios fue preservado y en la selección de Abraham (Gn. 11:10 – 12:3). También fue preservada la simiente de la mujer y Dios fue manifestado en forma soberana. La dispensación finalizó con el juicio de la Torre de Babel y los preparativos para la próxima dispensación. Es importante notar que ambos -la conciencia y el gobierno humano- continúan en dispensaciones posteriores.

Sólo Abraham y su simiente entran bajo la dispensación de la promesa. En general, la dispensación del gobierno humano reveló el fracaso del hombre bajo esta nueva regla de vida, el juicio selectivo de Dios, y se continuó manifestando la gracia divina.

E. DISPENSACIÓN DE LA PROMESA: PACTO CON ABRAHAM

Este pacto, que comienza en Génesis 11: 10, se extiende hasta Exodo 19:2. En él la responsabilidad humana fue dada en la forma de confiar en las promesas de Dios reveladas a Abraham. El contenido de su revelación divina incluía la promesa a Abraham (Gn. 12:1-2; 13:16; 15:5; 17:6); la promesa a Israel, la simiente de Abraham, de la que saldría una gran nación y el canal para el cumplimiento de la promesa de Dios (Gn. 12:2-3; 13:16; 15:5,18-21; 17:7-8; 28:13-14; Jos. 1:2-4); y una promesa de bendición a toda la tierra a través de Abraham (Gn. 12:3), El principio fue también establecido de manera que Dios bendijera a aquellos que bendijeran a Abraham y maldijera a aquellos que maldijeran la simiente de Abraham.

El pacto abrahámico es uno de los pactos importantes de la Biblia e incluye la provisión de que Israel sería una nación para siempre, tendría el título de su tierra para siempre, sería bendecida en cosas espirituales, estaría bajo la protección divina y tendría el signo especial de la circuncisión (Gn. 17:13-14).

El pacto era a la vez de gracia en principios e incondicional, por cuanto no dependía de la fidelidad humana, sino en la fidelidad de Dios. Solamente cumplidas parcialmente en el tiempo en que vivió Abraham, las bendiciones y promesas del pacto abrahámico continúan en su cumplimiento hacia el fin de la historia humana. Algunas de las bendiciones inmediatas del pacto para alguna generación particular estaban condicionadas a la obediencia, pero el pacto en sí era declarado como un pacto eterno (Gn. 17:7, 13, 19 1 Cr. 16: 16-17; Sal. 105: 10). El pacto con Abraham fue dirigido primeramente a Abraham y sus descendientes hasta donde estaba comprometida la responsabilidad dispensacional. El mundo como un todo continuaba bajo el gobierno humano y la conciencia como su responsabilidad primaria.

Bajo el pacto abrahámico, sin embargo, había un constante patrón de fracaso, el cual fue manifestado en la demora de ir a la Tierra Prometida (Gn. 11:31); en Abraham al ser el padre de Ismael (Gn. 16:1-16); y en descender a Egipto (Gn. 12:10 – 13:1). Es evidente, sin embargo, que Abraham creció en fe y en gracia y finalmente tenía la voluntad de sacrificar aun a su hijo Isaac en obediencia a Dios (Gn. 22). Siguiendo a Abraham, Isaac fracasó viviendo tan cerca de Egipto como era posible sin violar el mandamiento de Dios. (Gn. 26:6-16). De la misma manera, Jacob falló en no creer en la promesa hecha a su madre cuando él nació (Gn. 25:23; J 28:13-15, 20); él fue culpable de mentira, engaño y de regatear (Gn. 27:1-29), y eventualmente se movió fuera de la tierra hacia Egipto para evitar el hambre (Gn. 46:1-4).

En Egipto, Israel también le falló a Dios en sus quejas y falta de fe (Ex. 2:23; 4:1-.10; 5:21; 14:10-12; 15:24), en su deseo de volver a Egipto (Ex. 14:11-12) y en su constante murmuración (Ex. 15:24; 16:2; Nm. 14:2; 16:11, 41; Jos. 9:18). Su fracaso es evidente tanto en el momento en que fue dada la ley como posteriormente en su falla en cuanto a confiar en las promesas de Dios en Cades Barnea (Nm. 14). El fracaso bajo el período cuando la promesa abrahámica era especialmente su responsabilidad resultó en la pérdida temporal de la tierra, su esclavitud en Egipto, y en su viaje errante por el desierto antes de entrar en la tierra. Su fracaso estableció la etapa para la promulgación de la ley mosaica. En la dispensación de la promesa había mucha gracia divina ilustrada en el constante cuidado de Dios por su pueblo, su liberación de Egipto y la institución de la fiesta de la Pascua. La dispensación de la promesa termina en el momento en que fue dada la ley (Ex. 19), pero finaliza sólo en el sentido de ser el principio o prueba principal de responsabilidad. La dispensación de la promesa continúa hacia el fin de la historia, y muchas de sus promesas están aún en vigencia como un objeto de fe y esperanza. Las promesas hechas a Abraham son la base para las dispensaciones posteriores de la gracia y del reino. Hasta cierto punto las promesas nunca acaban y son cumplidas en un estado eterno. La dispensación de la promesa estableció claramente el principio de la soberanía divina, proveyó un canal de revelación divina especial para la nación de Israel, continuó la provisión de la redención y bendición divinas, reveló la gracia de Dios y prometió un testimonio para el mundo. Como las otras dispensaciones, sin embargo terminó en fracaso en lo que se refiere a la conformidad con la voluntad de Dios y preparó el terreno para la introducción de la ley como un ayo para traer a los creyentes a Cristo (Gá. 3:24).

F. LA DISPENSACIÓN DE LA LEY

La dispensación de la ley comienza en Éxodo 19:3 y se extiende a través de todo el período hasta el día de Pentecostés en Hechos 2, aunque la ley finalizó en un sentido en la cruz. Ciertas porciones como el evangelio de Juan y algunos pasajes selectos en los otros evangelios anticiparon, sin embargo, la era presente de la gracia.

La ley mosaica fue dirigida solamente a Israel, y los gentiles no eran juzgados por sus normas. La ley contenía un detallado sistema de obras, incluidas tres principales divisiones: los mandamientos (la voluntad expresada de Dios, Ex. 20: 1-26); los juicios (la vida social y civil de Israel, Ex. 21: 1 – 24: 11); y las ordenanzas (la vida religiosa de Israel, Ex. 24: 12 – 31: 18). El sistema de sacrificios y del sacerdocio que fue incluido era tanto legal como de gracia. El gobierno en esta dispensación era una teocracia, un gobierno por medio de Dios a través de sus profetas, sacerdotes y (más tarde) reyes. El pacto mosaico fue también de carácter temporal, en vigencia sólo hasta que Cristo viniese (Gá. 3:24-25). La naturaleza de la dispensación era condicional, esto es, la bendición estaba condicionada a la obediencia.

Por primera vez en la historia la Escritura reveló un completo y detallado sistema religioso bajo la ley, proveyó el terreno para la limpieza y el perdón, la adoración, y oración, y ofreció una esperanza futura.

Bajo la ley hubo constante fracaso. Esto es evidente especialmente en el período de los jueces, pero siguió hasta después de la muerte de Salomón y la división del reino de Israel en dos reinos. Hubo períodos cuando la ley fue completamente olvidada e ignorada y la idolatría reinaba en forma suprema. El Nuevo Testamento continúa el registro de fracasos, que culmina en el rechazo y crucifixión de Cristo, quien en su vida guardó la ley en forma perfecta.

Fueron infringidos muchos juicios durante la dispensación de la ley como se describe en Deuteronomio 28:1 – 30:20. Los mayores juicios fueron el cautiverio bajo Asiria y Babilonia, de los cuales retornaron en el tiempo debido. Los juicios de Israel también vinieron después del término de la dispensación e incluyeron la destrucción de Jerusalén en el año 70 d.C. y la dispersión mundial de Israel. La gran tribulación, otro tiempo de angustia para Jacob, está todavía por delante (Jer. 30:1-11; Dn. 12:1; Mt. 24:22).

Bajo la ley, sin embargo, también era administrada la gracia divina en aquel sistema de sacrificios que fue provisto como una vía de restauración para el pecaminoso Israel, y el Dios paciente se manifiesta en la provisión de profetas, jueces y reyes y en la preservación de la nación. En repetidas ocasiones el arrepentimiento de Israel fue aceptado por Dios, y a través de este período fue escrito el Antiguo Testamento. La bendición coronadora fue la venida de Cristo como el Mesías de Israel, a quien la nación entera rechazó.

En un sentido la dispensación de la ley terminó en la cruz (Ro. 10:4; 2 Co. 3:11-14; Gá. 3:19, 25). Pero en otro sentido no concluyó hasta el día de Pentecostés, cuando comenzó la dispensación de la gracia. Aunque la ley finalizó como una regla específica de vida, continúa siendo una revelación de la justicia de Dios y puede ser estudiada con provecho por los cristianos para determinar el carácter santo de Dios. Los principios morales que resaltan la ley continúan, puesto que Dios no cambia; pero los creyentes hoy día no están obligados a guardar los detalles de la ley, dado que la dispensación ha cambiado y la regla de vida dada a Israel no es la regla de vida para la iglesia. A pesar de ello, pueden hacerse varias aplicaciones de la ley, aunque una interpretación estricta sólo relaciona a la ley mosaica con Israel.

El propósito de la leyera proveer una regla justa de vida y traer el pecado a condenación. La experiencia de Israel bajo la ley demostró que la ley moral, cívica y religiosa no puede salvar o santificar. La ley nunca fue propuesta para proveer la salvación para el hombre, ya sea mientras estaba en vigencia o después, y por medio de su naturaleza era débil, por cuanto no podía justificar (Ro. 3:20; Gá. 2:16); no podía santificar o perfeccionar (He. 7: 18-19); estaba limitada en su vigencia y duración (Gá. 3:19); no podía regenerar

(Gá. 3:21-22), y sólo podía hacer manifiesto el pecado (Ro. 7: 5-9; 8:3; 1 Co. 15:56). La ley hizo posible que Dios demostrara que todos eran culpables y que toda boca calló (Ro. 3:19), e hizo evidente la necesidad de Cristo (Ro. 7:7-25; Gá.3:21-27).

G. DISPENSACIÓN DE LA GRACIA

La dispensación de la gracia comienza justamente en Hechos 2 y continúa a través del Nuevo Testamento, culminando con el arrebatamiento de la iglesia. Algunas enseñanzas concernientes a la dispensación de la gracia fueron introducidas antes, como en Juan 13-17. Las Escrituras que se relacionan con esta dispensación se extienden desde Hechos 1 hasta Apocalipsis 3.

La dispensación de la gracia fue dirigida solamente a la iglesia, puesto que el mundo como un todo continúa bajo la conciencia y el gobierno humanos. En ella, la salvación se revela que es por la fe únicamente, lo cual fue siempre verdad, pero ahora se hace más evidente (Ro. 1:16; 3:22-28; 4:16; 5:15-19). Las altas normas de gracia elevan a esta dispensación por sobre todas las reglas de vida previas (Jn. 13:34-35; Ro. 12:1-2; Fil. 2:5; Col. 1:10-14; 3:1; 1 Ts. 5:23).

Sin embargo, bajo la gracia el fracaso fue también evidente, puesto que la gracia no produjo ni la aceptación universal de Cristo ni una iglesia triunfante. De hecho, la Escritura predijo que habría apostasía dentro de la iglesia profesante (1 Ti. 4:1-3; 2 Ti. 3:1-13; 2 P. 2-3; Jud.). Aunque Dios está cumpliendo sus propósitos en llamar a gentes para su nombre de entre los judíos y gentiles, la porción profesan te pero no salva de la iglesia dejada atrás en el arrebatamiento será juzgada en el período entre el arrebatamiento y la venida de Cristo para establecer su reino (Mt. 24:1-26; Ap. 6-19). La iglesia verdadera será juzgada en el cielo en el tribunal de Cristo (2 Co. 5:10-11).

En esta edad presente la gracia divina es especialmente evidente en la venida de Cristo (Jn. 1:17), en la salvación del creyente y en nuestra posición ante Dios (Ro. 3:24; 5:1-2, 15-21; Gá. 1:1 – 2:21; Ef. 2:4-10), y en la naturaleza de la gracia como una regla de vida (Gá. 3:1 – 5:26).

La dispensación de la gracia termina con el arrebatamiento de la iglesia, el cual será seguido por el juicio de la iglesia profesante (Ap. 17:16). La era de la gracia es una dispensación diferente en lo que concierne a abarcar a creyentes judíos y gentiles. Por contraste, la ley de Israel era solamente para Israel, el gobierno humano era para el mundo entero, y la conciencia se extiende a toda la gente.

En la presente dispensación la ley mosaica está completamente cancelada en cuanto a su aplicación inmediata, pero continúa para testificar de la santidad de Dios y provee muchas lecciones espirituales para ser aplicadas. Aunque todas las dispensaciones contienen un elemento de gracia, la dispensación de la gracia es la suprema manifestación de ambas cosas, la totalidad de la salvación recibida y en cuanto a una regla de vida.

H. DISPENSACIÓN DEL REINO

La dispensación del reino comienza con la segunda venida de Cristo (Mt. 24; Ap. 19) y es precedida por un período de tiempo en el cual se incluye la tribulación, el cual hasta cierto grado es un período transitorio. Las Escrituras que se aplican a ello son todos los pasajes del reino futuro, ya sea en el Antiguo o Nuevo Testamento (siendo las principales Sal. 72; Is. 2:1-5; 9:6-7,11; Jer. 33:14-17; Dn. 2:44-45; 7:9-14, 18, 27; Os. 3:4-5;’ Zac. 14:9; Lc. 1:31-33; Ap. 19-20). En el reino, la responsabilidad humana será obedecer al rey, quien regirá con vara de hierro (Is. 11:3-5; Ap. 19:15). El reino será teocrático, esto es, una reglamentación de parte de Dios, y habrá un sistema renovado de sacrificios y sacerdocio (Is. 66:21-23; Ez. 40-48). Un rasgo excepcional de este período es que Satanás será atado y los demonios permanecerán inactivos (Ap. 20:1-3, 7). El reino, sin embargo, también será un período de fracaso (Is. 65:20; Zac. 14:16-19), y habrá rebelión al final del mismo (Ap. 20:7-9).

El juicio divino que sigue incluye la destrucción de los rebeldes por medio del fuego (Ap. 20:9) y la destrucción de la antigua tierra y cielo por fuego (2 P. 3: 7, 10-12).

En el reino milenial la gracia divina también se revela en el cumplimiento del nuevo pacto (Jer. 31:31-34), en cuanto a salvación (Is. 12), en prosperidad física y temporal (Is. 35), en abundancia de revelación (Jer. 31: 33-34), en perdón de pecado (Jer. 31:34) y en la recolección de Israel (Is. 11:11-12; Jer. 30:1-11; Ez. 39:25-29). El reino milenial termina con la destrucción de la tierra y cielo por fuego y es seguido por el estado eterno (Ap. 21-22).

La dispensación del reino difiere de todas las dispensaciones anteriores en que es la forma final de la prueba moral. Las ventajas de la dispensación incluyen un gobierno perfecto, la presencia inmediata y gloriosa de Cristo, el conocimiento universal de Dios y el término de los tiempos de salvación, y Satanás que permanece inactivo. En muchos puntos la dispensación del reino es suprema y trae a su consumación los tratos de Dios con el hombre. En las dispensaciones Dios ha demostrado cada significado posible de los tratos con el hombre. En cada dispensación el hombre fracasa y la gracia de Dios es suficiente.

En las dispensaciones se cumple el propósito de Dios de manifestar su gloria, en el mundo natural y en la historia humana. A través de la eternidad nadie podrá levantar la pregunta de si Dios podría haber dado al hombre otra oportunidad para alcanzar la salvación o la santidad por medio de su propia habilidad. Un conocimiento de las dispensaciones es, de acuerdo a ello, la clave para el entendimiento del propósito de Dios en la historia y el despliegue de la Escritura, la cual registra los tratos de Dios con el hombre y su revelación divina concerniente a sí mismo.

PREGUNTAS

  1. ¿Cuán importante es la doctrina de las dispensaciones?
  2. ¿Cómo puede definirse una dispensación?
  3. Contrastar una dispensación y una época en la Biblia.
  4. ¿Qué caracteriza en general el comienzo y el fin de cada dispensación?
  5. ¿Cómo puede distinguirse una aplicación primaria y secundaria de la Palabra de Dios?
  6. ¿Cómo ofrece la interpretación dispensacional una explicación de instrucciones escriturales que parecen contradictorias?
  7. ¿Qué siete dispensaciones se reconocen comúnmente en la Escritura?
  8. ¿Cómo se relaciona la interpretación normal o literal al dispensacionalismo?
  9. ¿Cómo se relaciona la revelación progresiva al dispensacionalismo?
  10. ¿Cómo explica el dispensacionalismo los cambios en las reglas de vida?
  11. ¿Cuáles dispensaciones son las más importantes?
  12. ¿Cuál era el requisito para el hombre bajo la dispensación de la inocencia?
  13. ¿Cómo se mostró la gracia en la dispensación de la inocencia?
  14. Explique la revelación de Dios en la dispensación de la Inocencia.
  15. ¿Hasta qué grado la dispensación de la conciencia revela el fracaso humano?
  16. ¿Cómo se mostró la gracia en la dispensación de la conciencia?
  17. ¿Cuáles fueron algunos de los resultados sobresalientes de la dispensación de la conciencia?
  18. ¿Cuál era el requisito para el hombre bajo la dispensación del gobierno humano?
  19. ¿Hasta qué punto el hombre fracasó bajo el gobierno humano?
  20. ¿Hasta qué punto se mostró la gracia en el gobierno humano?
  21. ¿Qué reveló la dispensación del gobierno humano?
  22. ¿En qué sentido las dispensaciones de la conciencia y el gobierno humano continúan hoy día?
  23. ¿Qué fue provisto en la dispensación de la promesa, y qué se requirió del hombre con respecto a ello?
  24. Explicar cómo la dispensación de la promesa no se ex tendió a toda la raza.
  25. Describir el fracaso humano bajo la dispensación de la promesa.
  26. ¿Cómo se mostró la gracia divina en la dispensación de la promesa?
  27. ¿Quiénes fueron colocados bajo la dispensación de la ley?
  28. Nombrar las divisiones principales de la ley.
  29. ¿Cuán completa era la ley como un sistema religioso detallado?
  30. Describir, en general, el fracaso de Israel bajo la ley.
  31. ¿Hasta qué grado se mostró la gracia bajo la ley?
  32. ¿Cuándo terminó la ley?
  33. Describir la extensión y la limitación del propósito de la ley.
  34. ¿A quiénes fue dirigida la dispensación de la gracia?
  35. Caracterizar las normas de gracia como una regla de vida.
  36. ¿Hasta qué grado fue el fracaso bajo la dispensación de la gracia?
  37. ¿Qué hace terminar la dispensación de la gracia?
  38. Contrastar la dispensación de la gracia con la dispensación de la ley.
  39. ¿Cuándo comienza la dispensación del reino?
  40. Nombrar algunos de los pasajes importantes de las Escrituras que se relacionan con el reino.
  41. ¿Cuáles son algunos de los rasgos excepcionales de la dispensación del reino?
  42. Describir el fracaso y juicio en el final de la dispensación del reino.
  43. ¿Qué se revela en el reino milenial concerniente a la gracia?
  44. ¿Cómo la dispensación del reino difiere de todas las dispensaciones precedentes?
  45. ¿Por qué la dispensación del reino fue un clímax adecuado al programa de Dios?

Escrito por: Lewis Sperry Chafer

Fuente: Grandes Temas Bíblicos, 52 doctrinas clave de la Biblia sintetizadas y explicadas

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Dios El Espíritu Santo: Su Plenitud


Este es el capítulo # 19 del libro de Lewis Sperry Chafer, “Grandes Temas Bíblicos, 52 doctrinas claves de la Biblia sintetizadas y explicadas”. También es conocido como: Temas Doctrinales, o bien, Doctrinas Fundamentales.

A. Definición De La Plenitud Del Espíritu Santo

En contraste con la obra del Espíritu Santo en la salvación tales como la regeneración, el morar, el sellamiento y el bautismo, la plenitud del Espíritu se relaciona a la experiencia cristiana, al poder y al servicio. Las obras del Espíritu en relación a la salvación son de una vez y para siempre, pero la plenitud del Espíritu es una experiencia repetida y se menciona frecuentemente en la Biblia.

En una escala limitada, se puede observar la plenitud del Espíritu en ciertos individuos antes de Pentecostés (Ex. 28:3; 31:3; 35:31; Lc. 1:15, 41, 67; 4:1). Sin lugar a dudas, hay muchos otros ejemplos donde el Espíritu de Dios vino sobre individuos y los capacitó en poder para el servicio. En el total, sin embargo, unos pocos fueron llenos del Espíritu antes del día de Pentecostés, y la obra del Espíritu parece estar relacionada al soberano propósito de Dios de cumplir alguna obra especial en los individuos. No hay indicación de que la plenitud del Espíritu hubiera estado abierta a cada uno que rindiera su vida al Señor antes de Pentecostés.

Comenzando con el día de Pentecostés, amaneció una nueva edad en la cual el Espíritu Santo obraría en cada creyente. Entonces todos fueron hechos morada del Espíritu y podrían ser llenados si El encontraba las condiciones propicias. Esta conclusión está confirmada por numerosas ilustraciones en el Nuevo Testamento (Hch. 2:4; 4:8,31; 6:3,5; 7:55; 9:17; 11:24; 13:9, 52; Ef. 5:18).

La plenitud del Espíritu puede definirse como un estado espiritual donde el Espíritu Santo está cumpliendo todo lo que El vino a hacer en el corazón y vida del creyente individual. No es un asunto de adquirir más del Espíritu, sino más bien que el Espíritu de Dios vaya tomando posesión del individuo. En lugar de ser una situación anormal y poco frecuente, como lo era antes de Pentecostés, el ser llenado por el Espíritu en la edad presente es normal, si bien no es lo usual, en la experiencia del cristiano. A cada cristiano se le ordena ser lleno del Espíritu (Ef. 5: 18), y el no estar llenos del Espíritu es estar en un estado de desobediencia parcial.

Hay una diferencia apreciable en el carácter y calidad en la vida diaria de los cristianos. Pocos pueden caracterizarse por estar llenos del Espíritu. Esta falta, sin embargo, no se debe a una falla de parte de Dios en su provisión, sino más bien es falla de la parte del individuo en apropiarse de esta provisión y permitir al Espíritu Santo llenar su vida. El estado de estar lleno del Espíritu debería de contrastarse con la madurez espiritual. Un cristiano nuevo quien haya sido salvo recientemente puede ser lleno con el Espíritu y manifestar el poder del Espíritu Santo en su vida. Sin embargo, la madurez viene sólo a través de experiencias espirituales, las cuales pueden extenderse toda una vida y abarcan un crecimiento en conocimiento, la continua experiencia de ser llenado con el Espíritu, y una madurez en juicio sobre cosas espirituales. Así como un niño recién nacido puede ser vehemente, de la misma manera un cristiano puede ser lleno con el Espíritu; pero, al igual que un recién nacido, sólo la vida y la experiencia pueden sacar a relucir las cualidades espirituales que pertenecen a la madurez. Este es el porqué de que numerosos pasajes de la Biblia hablen del crecimiento. El trigo crece hasta la cosecha (Mt. 13:30). Dios obra en su iglesia a través de hombres dotados con dones personales para perfeccionar a los santos para la obra del ministerio y para edificar el cuerpo de Cristo de manera que los cristianos puedan crecer en la fe y en estatura espiritual (Ef. 4: 11-16). Pedro habla de los bebés espirituales, que necesitan la leche espiritual para crecer (1 P. 2:2), y exhorta “crecer en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo” (2 P. 3:18).

Hay una relación obvia entre la plenitud del Espíritu y la madurez espiritual, y un cristiano lleno del Espíritu madurará más rápidamente que uno que no lo está. La plenitud del Espíritu y la madurez espiritual como resultado son los dos factores más importantes en la ejecución de la voluntad de Dios en la vida de un cristiano y también en el propósito de Dios de crearle para buenas obras (Ef. 2:10).

Por consiguiente, la plenitud del Espíritu se cumple en cada creyente cuando él está completamente rendido al Espíritu Santo, el cual mora en él, resultando en una condición espiritual en la cual el Espíritu Santo controla y dota de poder al individuo. Mientras que puede haber varios grados en la manifestación de la plenitud del Espíritu y grados en el poder divino, el pensamiento central en la plenitud es que el Espíritu de Dios es capaz de operar en y a través del individuo sin obstáculo, cumpliendo la voluntad perfecta de Dios para aquella persona.

El concepto de la plenitud del Espíritu es sacado a luz en un número de referencias en el Nuevo Testamento. Es ilustrado preeminentemente en Jesucristo, quien, de acuerdo a Lucas 4:1, era continuamente “lleno del Espíritu Santo”. Juan el Bautista tuvo la experiencia excepcional de ser llenado con el Espíritu desde que estaba en la matriz de su madre (Lc. 1:15), y ambos, su madre Elizabet y su padre Zacarías, fueron temporalmente llenos del Espíritu (Lc. 1:41, 67). Estos ejemplos están aún dentro del molde del Antiguo Testamento, en el cual la plenitud del Espíritu era una obra soberana de Dios que no estaba al alcance de cada individuo.

Comenzando con el día de Pentecostés, sin embargo toda la multitud fue llena con el Espíritu. En la Iglesia primitiva el Espíritu de Dios llenaba repetidamente a aquellos que buscaban la voluntad de Dios, como en el caso de Pedro (Hch. 4:8), el grupo de cristianos quienes oraban por valor y el poder de Dios (Hch. 4:31), y Pablo después de su conversión (Hch. 9:17). Algunos se caracterizan por estar en un continuo estado de plenitud del Espíritu, como se ilustra en los primeros diáconos (Hch. 6:3) y Esteban el mártir (Hch. 7:55) y Bernabé (Hch. 11:24). Pablo fue lleno con el Espíritu repetidas veces (Hch. 13:9), y así lo fueron otros discípulos (Hch. 13:52). En cada caso solamente los cristianos rendidos a Dios fueron llenados con el Espíritu.

A los creyentes del Antiguo Testamento nunca se les ordenaba ser llenados con el Espíritu, aunque en algunas ocasiones fueron amonestados, como Zorobabel, que la obra del Señor se cumple, “no con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos” (Zac. 4:6). En la era presente a cada cristiano se le ordena ser llenado con el Espíritu, como en Efesios 5:18: “No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu.” El ser llenados con el Espíritu, así como el recibir la salvación por fe, no se cumple, sin embargo, por esfuerzo humano, más bien es por permitir a Dios que cumpla su obra en la vida del individuo. En la Escritura está claro que un cristiano puede ser genuinamente salvo sin ser llenado con el Espíritu, y, por lo tanto, la plenitud del Espíritu no es una parte de la salvación misma. La plenitud del Espíritu también puede ser contrastada con la obra hecha de una vez y para siempre que es cumplida en el creyente cuando éste es salvo. La plenitud del Espíritu, si bien puede ocurrir en el momento de la salvación, ocurre una y otra vez en la vida de un cristiano consagrado, y debería ser una experiencia normal de que los cristianos tuviesen esta constante plenitud del Espíritu.

El hecho de que la plenitud del Espíritu es una experiencia repetida, se hace notorio en el tiempo presente del mandamiento en Efesios 5:18: “sed llenos del Espíritu”. Traducido literalmente es “manteneos siendo llenados por el Espíritu”. En el texto se compara con un estado de intoxicación en el cual el vino afecta al cuerpo entero, incluyendo a la actividad mental y a la actividad física del cuerpo. La plenitud del Espíritu no es, por lo tanto, una experiencia que sucede una vez y para siempre. No está correcto llamarla una segunda obra de gracia, puesto que ocurre una y otra vez. Indudablemente, la experiencia de ser llenado con el Espíritu por primera vez es muy fuerte en la vida del cristiano y puede ser un hito que eleve la experiencia cristiana a un nuevo nivel. Sin embargo, el cristiano depende de Dios para la continua plenitud del Espíritu, y ningún cristiano puede vivir en el poder espiritual de ayer.

De la naturaleza de la plenitud del Espíritu puede concluirse que la amplia diferencia en la experiencia espiritual observada en cristianos y los varios grados de conformidad a la mente y voluntad de Dios pueden ser atribuidos a la presencia o ausencia de la plenitud del Espíritu. El que desea hacer la voluntad de Dios debe, por consiguiente, entrar por completo en el privilegio que Dios le ha dado al ser morada del Espíritu y tener la capacidad de rendir completamente su vida al Espíritu de Dios.

B. Condiciones Para La Plenitud Del Espíritu

Frecuentemente se han señalado tres sencillos mandamientos como la condición para ser llenados con el Espíritu. En 1 Tesalonicenses 5: 19 se da el mandamiento: “No apaguéis al Espíritu.” En Efesios 4:30 se instruye a los cristianos: “y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención.” Un tercero, como instrucción más positiva, se da en Gálatas 5:16: “Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne.” Aunque otros pasajes arrojan luz sobre estas básicas condiciones para ser llenados con el Espíritu, estos tres pasajes resumen la idea principal.

  1. El mandamiento de “no apaguéis el Espíritu”, en 1 Tesalonicenses 5: 19, aunque no se explique en su contexto, está usando en forma obvia La figura del fuego como un símbolo del Espíritu Santo. En la forma en que se hace mención de apagar el fuego en Mateo 12: 20 y Hebreos 11: 34 se ilustra lo que se quiere decir.

De acuerdo a Efesios 6:16, “el escudo de la fe” es capaz de “apagar los dardos de fuego del maligno”. Por consiguiente, apagar el Espíritu es ahogar o reprimir al Espíritu y no permitirle que cumpla su obra en el creyente. Puede definirse simplemente como el decir “No”, o de no tener la voluntad de dejar al Espíritu conducirse a su manera.

El pecado original de Satanás fue la rebelión contra Dios (Is. 14:14), y cuando un creyente dice “yo quiero” en lugar de decir como Cristo dijo en Getsemaní: “No se haga mi voluntad, sino la tuya” (Lc. 22:42), entonces está apagando al Espíritu.

Para que pueda experimentar se la plenitud del Espíritu es necesario para un cristiano que rinda su vida al Señor. Cristo observó que un hombre no puede servir a dos señores (Mt. 6:24), y a los cristianos se les exhorta constantemente a que se rindan a sí mismos a Dios. Al hablar de la rendición a la voluntad de Dios en la vida de un cristiano, Pablo escribió en Romanos 6: 13: “Ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado como instrumentos de iniquidad, sino presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia.” Aquí se declara claramente la opción ante cada cristiano: él puede rendirse a sí mismo tanto a Dios como al pecado.

Un pasaje similar se encuentra en Romanos 12:1-2. Al presentar la obra de salvación y santificación en la vida del creyente, Pablo encarece a los romanos: “Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.” En ambos pasajes -Romanos 6:13 y 12:1- se usa la misma palabra griega. El tiempo del verbo está en aoristo, lo cual significa “rendirse a Dios de una vez y para siempre”. De acuerdo a esto, la experiencia de ser llenado con el Espíritu sólo puede ser llevada a cabo cuando un cristiano toma el paso inicial de presentar su cuerpo en sacrificio vivo. El cristiano ha sido preparado para esto por medio de la salvación, lo cual hace al sacrificio santo y aceptable delante de Dios. Es razonable de parte de Dios esperar esto habiendo muerto Cristo por este individuo.

Al presentar su cuerpo, el cristiano debe enfrentar el hecho de que no debe de conformarse exteriormente al mundo, sino que interiormente debe de ser transformado por el Espíritu Santo con el resultado de que su mente sea renovada para reconocer los valores espirituales

El es capaz de distinguir lo que no es la voluntad de Dios, de lo que es la “buena, agradable y perfecta voluntad de Dios” (Ro. 12: 2).

La rendición no se hace en referencia a algún punto en particular, sino que más bien discierne la voluntad de Dios para la vida en cada asunto particular. Es, por lo tanto, una actitud de estar deseoso de hacer cualquier cosa que Dios quiera que el creyente haga. Es el hacer la voluntad final de Dios en su vida y estar dispuesto a hacer cualquier cosa cuando sea, donde sea y como Dios pueda dirigirla. El hecho de que la exhortación “no apaguéis el Espíritu” está en tiempo presente indica que ésta debería ser una experiencia continua iniciada por el acto de la rendición.

Un cristiano que desea estar continuamente rendido a Dios encuentra que esta rendición se relaciona con varios aspectos. Es, en primer lugar, una rendición a la Palabra de Dios en sus exhortaciones y su verdad. El Espíritu Santo es el supuesto Maestro, y a medida que va conociendo la verdad, un creyente debe rendirse a ésta a medida que la va comprendiendo. El rehusar someterse a la Palabra de Dios hace que la plenitud del Espíritu sea imposible.

La rendición también se relaciona con la guía. En muchos casos la Palabra de Dios no es explícita en cuanto a decisiones que un cristiano tiene que enfrentar. Aquí el creyente debe de ser guiado por los principios de la Palabra de Dios, y el Espíritu de Dios puede darle la guía sobre las bases de lo que la Escritura revela. De acuerdo a ello, la obediencia a la guía del Espíritu es necesaria para la plenitud del Espíritu (Ro. 8:14). En algunos casos el Espíritu puede ordenar a un cristiano que haga algo y en otras ocasiones puede prohibirle que siga el curso de una acción. Una ilustración es la experiencia de Pablo, quien fue impedido de predicar el evangelio en Asia y Bitinia en las primeras etapas de su ministerio y más tarde se le instruyó que fuera a estas mismas áreas a predicar (Hch. 16:6-7; 19:10). La plenitud del Espíritu incluye el seguir la guía del Señor.

Un cristiano también debe de estar rendido a los hechos providenciales de Dios, los cuales a menudo acarrean situaciones o experiencias que no son deseadas por el individuo. De acuerdo a ello, un creyente debe de entender lo que es ser sumiso a la voluntad de Dios aun cuando ello implique el sufrimiento y sendas que en sí mismas no son placenteras.

La suprema ilustración de lo que significa ser llenado con el Espíritu y rendido a Dios es el Señor Jesucristo mismo. En Filipenses 2:5-11 se revela que Jesús, al venir a la tierra y morir por los pecados del mundo, estaba deseando ser lo que Dios había escogido, deseando ir donde Dios había es- cogido y deseando hacer lo que Dios había escogido.

Un creyente que desea ser llenado con el Espíritu debe tener una actitud similar en cuanto a rendición y obediencia.

  1. En conexión con la plenitud del Espíritu, se le exhorta también a “no contristar al Espíritu” (Ef. 4:30). Aquí se presume que el pecado ha entrado en la vida de un cristiano y como un hecho de su experiencia ha sobrevenido la falta de rendición. Para poder entrar en un estado en el que pueda ser llenado con el Espíritu, o para volver a tal estado, se le exhorta a que no continúe en su pecado, el cual contrista al Espíritu Santo. Cuando en el creyente el Espíritu de Dios es contristado, la comunión, guía, instrucción y poder del Espíritu son estorbados; el Espíritu Santo, aunque está morando, no está libre para cumplir su obra en la vida del creyente.

La experiencia de la plenitud del Espíritu puede ser afectada por las condiciones físicas. Un cristiano que físicamente está cansado, hambriento o enfermo puede no experimentar el gozo normal y la paz, los cuales son frutos del Espíritu. El mismo apóstol que exhorta a ser llenados con el Espíritu confiesa en 2 Corintios 1: 8-9 que ellos estuvieron “abrumados sobremanera más allá de nuestras fuerzas, de tal modo que aun perdimos la esperanza de conservar la vida”. De acuerdo a ello, aun un cristiano lleno con el Espíritu puede experimentar algún trastorno interior. Sin embargo, cuanto más grande sea la necesidad en las circunstancias del creyente, mayor es la necesidad de la plenitud del Espíritu y la rendición a la voluntad de Dios para que el poder del Espíritu pueda ser manifestado en la vida individual. Cuando un cristiano toma conciencia del hecho de que ha contristado al Espíritu Santo, el remedio está en cesar de contristar al Espíritu, como se expresa en Efesios 4:30 traducido literalmente. Esto puede cumplirse obedeciendo 1 Juan 1:9, donde se instruye al hijo de Dios: “Si confesamos nuestros pecados, El es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.” Este pasaje se refiere a un hijo de Dios que ha pecado contra su Padre Celestial. La vía de restauración está abierta porque la muerte de Cristo es suficiente, para todos sus pecados (1 Juan 2:1-2).

Así, la manera de volver a la comunión con Dios para un, creyente es confesar sus pecados a Dios, reconociendo nuevamente las bases para el perdón en la muerte de Cristo y deseando la restauración a una comunión íntima con Dios el Padre, así como también con el Espíritu Santo. No es un es un asunto de justicia en una corte legal, sino más bien una relación.” restaurada entre padre e hijo que se había descarriado. El pasaje asegura que Dios es fiel y justo para perdonar el pecado y quitarlo como una barrera que se interpone en la comunión cuando un cristiano confiesa sinceramente su iniquidad a Dios. Mientras que en algunas situaciones la confesión del pecado puede requerir que se vaya a los individuos que han sido ofendidos y corregir las dificultades, la idea principal es establecer una nueva relación íntima con Dios mismo. Confesando sus pecados, el cristiano debe de estar seguro de que del lado divino el perdón es inmediato. Cristo, como el intercesor del creyente y como el que murió en la cruz, ha hecho ya todos los ajustes necesarios del lado celestial. La restauración a la comunión está sujeta, por lo tanto, sólo a la actitud humana de confesión y rendición. La Biblia también advierte al creyente contra los serios resultados de estar contristando continuamente al Espíritu. Esto, a veces, resulta en el castigo de Dios para con el creyente con el propósito de restaurarle, como se menciona en Hebreos 12:5-6. Al cristiano se le advierte que, si él no se juzga a sí mismo, Dios necesitará intervenir con la disciplina divina (1 Co. 11:31-32). En cualquier caso, hay una pérdida inmediata cuando un cristiano está caminando fuera de la comunión con Dios, y existe el constante peligro del juicio severo de Dios como un padre fiel que trata con su, hijo errado.

  1. El andar en el Espíritu es un mandamiento positivo, en contraste a los mandamientos previos, los cuales son negativos. Caminar en el Espíritu (Gá. 5:16) es un mandamiento para apropiarse del poder y la bendición que es provista por el Espíritu que mora en el creyente. El andar en el Espíritu es un mandamiento en el tiempo presente, esto es, un cristiano debe de mantenerse andando por medio del Espíritu.

El nivel cristiano de la vida espiritual es alto, y él no es capaz de cumplir la voluntad de Dios aparte del poder de Dios. De acuerdo a ello, la provisión del Espíritu que mora hace posible para el cristiano el estar andando por medio del poder y la guía del Espíritu que vive en él.

El andar en el Espíritu es un acto de fe. Está dependiendo del Espíritu el hacer lo que sólo el Espíritu puede hacer. Las altas normas de la era presente -donde se nos ordena amar como Cristo ama (Jn. 13:34; 15:12) y donde se ordena que cada pensamiento sea traído a la obediencia en Cristo (2 Co. 10: 5)- son imposibles aparte del poder del Espíritu. De igual manera, las otras manifestaciones de vida espiritual -tales como el fruto del Espíritu (Gá. 5:22-23) y tales mandamientos como “estad siempre gozosos. Orad sin cesar” (1 Ts. 5: 16-17) y “dad gracias en todo, porque ésta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús” (1 Ts. 5:18)- son imposibles a menos que uno esté andando en el Espíritu.

Obtener una norma alta de vida espiritual es de lo más difícil porque el cristiano está viviendo en un mundo pecador y está bajo constante influencia maligna (Jn. 17:15; Ro. 12:2; 2 Co. 6:14; Gá. 6:14; 1 Jn. 2:15). De igual manera, el cristiano tiene oposición por el poder de Satanás y está comprometido en una lucha incesante con este enemigo de Dios (2 Co. 4:4; 11:14; Ef. 6:12).

Además del conflicto con el sistema mundial y con Satanás, el cristiano tiene un enemigo de dentro, su antigua naturaleza, la cual desea conducirle de vuelta a la vida de obediencia a la carne pecaminosa (Ro. 5:21; 6:6; 1 Co. 5:5; 2 Co. 7:1; 10:2-3; Gá. 5:16-24; 6:8; Ef. 2:3). Por estar la antigua naturaleza constantemente en guerra con la nueva naturaleza en el cristiano, sólo la continua dependencia en el Espíritu de Dios puede traer victoria. Así es que, aunque algunos han llegado a la conclusión errónea de que un cristiano puede alcanzar una perfección sin pecado, existe la necesidad de caminar constantemente en el Espíritu para que este poder pueda llevar a cabo la voluntad de Dios en la vida de un creyente. Al creyente le espera la perfección final del cuerpo y el espíritu en el cielo, pero la lucha espiritual continúa sin disminuir hasta la muerte o el traslado espiritual.

Todas estas verdades enfatizan la importancia de apropiarse del Espíritu andando en su poder y guía y dejando que el Espíritu tenga control y dirección de una vida cristiana.

C. Los Resultados De La Plenitud Del Espíritu

Cuando uno está rendido a Dios y lleno con el Espíritu vienen imprevisibles resultados.

  1. Un cristiano que camina en el poder del Espíritu experimenta una santificación progresiva, una santidad de vida en la cual el fruto del Espíritu (Gá. 5:22-23) está cumplido. Esta es la suprema manifestación del poder del Espíritu y es la preparación terrenal para el tiempo cuando el creyente,-en los cielos- será completamente transformado a la imagen de Cristo.
  2. Uno de los importantes ministerios del Espíritu es el de enseñar al creyente las verdades espirituales. Sólo mediante la guía e iluminación del Espíritu un creyente puede comprender la infinita verdad de la Palabra de Dios. Así como el Espíritu de Dios es necesario para revelar la verdad concerniente a la salvación (Jn. 16:7-11) antes de que una persona pueda ser salva, así el Espíritu de Dios guía también al cristiano a toda verdad (Jn. 16:12-14).

Las cosas profundas de Dios, verdades que sólo pueden ser comprendidas por un hombre enseñado por el Espíritu, son reveladas a uno que está andando por el Espíritu (1 Co. 2:9 – 3:2).

  1. El Espíritu Santo es capaz de guiar a un cristiano y aplicar las verdades generales de la Palabra de Dios a la situación particular del cristiano. Esto es lo que se expresa en Romanos 12: 2, demostrando “cuál es la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta”. Como el siervo de Abraham, un cristiano puede experimentar la declaración “guiándome Jehová en el camino” (Gn. 24:27). Una guía tal es la experiencia normal de los cristianos que están en una relación correcta con el Espíritu de Dios (Ro. 8:14; Gá. 5:18).
  2. La seguridad de la salvación es otro resultado importante de la comunión con el Espíritu. De acuerdo a Romanos 8:16, “el Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios” (cf. Gá. 4:6; 1 Jn. 3:24; 4:13). Es normal para un cristiano el tener la seguridad de su salvación, como lo ‘es para un individuo el saber que está físicamente vivo.
  3. Toda la adoración y el amor de Dios son posibles solamente cuando uno está andando por el Espíritu. En el contexto de la exhortación de Efesios 5: 18 los versículos siguientes describen la vida normal de adoración y comunión con Dios. Una persona fuera de la comunión no puede adorar verdaderamente a Dios aun cuando asista a los servicios de la iglesia en bellas catedrales y cumpla con el ritual de la adoración. La adoración es un asunto del corazón, y como Cristo le dijo a la mujer samaritana: “Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren” (Jn. 4:24).
  4. Uno de los aspectos más importantes de la vida de un creyente es su oración de comunión con el Señor. Aquí nuevamente el Espíritu de Dios debe guiar y dirigir si la oración ha de ser inteligente. Aquí también debe de comprenderse la Palabra de Dios si la oración ha de ser de acuerdo a la Palabra de Dios: La verdadera alabanza y acción de gracias son imposibles aparte de la capacitación del Espíritu. Además de la oración del creyente mismo, Romanos 8:26 revela que el Espíritu intercede por el creyente. De acuerdo a ello, una vida de oración efectiva depende del andar en el Espíritu.
  5. Además de todas las cualidades ya mencionadas, toda la vida de servicio de un creyente y el ejercicio de sus dones naturales y espirituales están dependiendo del poder del Espíritu. Cristo se refirió a esto en Juan 7:38-39, donde Él describió la obra del Espíritu como un río de agua viva fluyendo del corazón del hombre. De acuerdo a esto, un cristiano puede tener grandes dones espirituales y no usarlos por no estar andando en el poder del Espíritu. En contraste, otros con relativamente pocos dones espirituales pueden ser usados grandemente por Dios porque están andando en el poder del Espíritu. La enseñanza de la Escritura sobre la plenitud del Espíritu es, por lo tanto, una de las líneas de verdad más importantes que un cristiano debe comprender, aplicar y apropiarse de ella.

PREGUNTAS

  1. ¿Cómo contrastaría la plenitud del Espíritu con la obra del Espíritu Santo en la salvación?
  2. ¿Qué ejemplos de plenitud del Espíritu pueden observarse antes del día de Pentecostés?
  3. ¿Estaba la plenitud del Espíritu al alcance de todo aquel que se rindiera a Dios antes de Pentecostés?
  4. ¿Cómo la venida del Espíritu en el día de Pentecostés cambió la posibilidad de ser llenados con el Espíritu?
  5. Definir la plenitud del Espíritu.
  6. Contrastar el ser llenado con el Espíritu con la madurez espiritual.
  7. ¿Cualquier cristiano puede ser lleno del Espíritu?
  8. ¿Cuál es la relación entre la plenitud del Espíritu y la madurez espiritual?
  9. ¿En qué sentido hay tres grados de manifestación de la plenitud del Espíritu?
  10. ¿Qué ilustraciones destacables de ser llenados con el Espíritu se encuentran en el libro de los Hechos?
  11. ¿Cuál es el significado de la comparación de ser llenado con vino y ser llenado con el Espíritu?
  12. ¿Por qué es inexacto referirse a la plenitud del Espíritu como una segunda obra de gracia?
  13. ¿Qué es lo que quiere decirse por el mandamiento de “no apaguéis el Espíritu”?
  14. ¿Por qué es necesario rendirse a Dios para ser lleno con el Espíritu?
  15. Contrastar el paso inicial de presentar el cuerpo como un sacrificio vivo con la vida de continua rendición.
  16. Nombrar los varios aspectos de la rendición de un cristiano a Dios.
  17. ¿En qué sentido Cristo es el ejemplo supremo de la rendición a Dios?
  18. ¿Cuál es el significado del mandamiento “no contristéis al Espíritu”?
  19. ¿Cómo las circunstancias de un cristiano afectan su experiencia de ser llenado con el Espíritu?
  20. ¿Cuál es el remedio al haber contristado al Espíritu?
  21. ¿Por qué un cristiano confiesa su pecado confiando que será perdonado?
  22. ¿Cuáles son algunos de los serios resultados de continuar en un estado de contristar al Espíritu?
  23. Definir lo que significa andar en el Espíritu.
  24. ¿Cómo la elevada norma de vida espiritual en el cristiano hace que el andar en el Espíritu sea necesario?
  25. ¿Por qué es necesario andar en el Espíritu a la luz del hecho de que los cristianos viven en un mundo pecador?
  26. ¿Por qué el andar en el Espíritu es necesario en vista de la naturaleza pecaminosa del cristiano?
  27. ¿Por qué la necesidad de andar en el Espíritu demuestra que es imposible para un cristiano alcanzar la perfección sin pecado en esta vida?
  28. Nombrar y definir brevemente siete resultados de la plenitud del Espíritu.
  29. Nombrar las razones importantes para que un cristiano sea lleno del Espíritu.

Escrito por: Lewis Sperry Chafer

Fuente: Grandes Temas Bíblicos, 52 doctrinas clave de la Biblia sintetizadas y explicadas

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Dios El Espíritu Santo: Su Bautismo


Este es el capítulo # 18 del libro de Lewis Sperry Chafer, “Grandes Temas Bíblicos, 52 doctrinas claves de la Biblia sintetizadas y explicadas”. También es conocido como: Temas Doctrinales, o bien, Doctrinas Fundamentales.

A. El Significado Del Bautismo Del Espíritu Santo

Probablemente ninguna otra doctrina del Espíritu Santo ha creado más confusión que el bautismo del Espíritu. Mucho de esto se deriva del hecho de que el bautismo del Espíritu comenzó al mismo tiempo en que ocurrían otras grandes obras del Espíritu, tales como la regeneración, la morada y el sellamiento. También en algunas ocasiones el bautismo del Espíritu y la plenitud del Espíritu ocurren al mismo tiempo. Esto ha guiado a algunos expositores a hacer sinónimos de estos dos acontecimientos. El conflicto en la interpretación, sin embargo, se resuelve si uno examina cuidadosamente lo que la Escritura dice con relación al bautismo del Espíritu. En total hay once referencias específicas al bautismo del Espíritu en el Nuevo Testamento (Mt. 3:11; Mr. 1:8; Lc. 3:16; Jn. 1:33; Hch. 1:5; 11:16; Ro. 6:1-4; 1 Co. 12:13; Gá. 3:27; Ef. 4:5; Col. 2:12).

B. El Bautismo Del Espíritu Santo Antes De Pentecostés

Al examinar las referencias en los cuatro evangelios y en Hechos 1:5, se aclara que el bautismo del Espíritu es considerado en cada caso como un acontecimiento futuro, el cual nunca había ocurrido previamente. No hay mención del bautismo del Espíritu en el Antiguo Testamento, y los cuatro evangelios se unen con Hechos 1:5 en anticipar el bautismo del Espíritu como un evento futuro. En los evangelios, el bautismo del Espíritu se presenta como una obra la cual Cristo hará por medio del Espíritu Santo como su agente, como, por ejemplo, en Mateo 3:11, donde Juan el Bautista predice que Cristo “os bautizará en Espíritu Santo y fuego”. La referencia al bautismo por fuego parece hacer alusión a la segunda venida de Cristo y los juicios que ocurrirán en ese tiempo, y también se menciona en Lucas 3:16, pero no en Marcos 1:8 o en Juan 1: 33. A veces la intervención del Espíritu Santo se expresa por el uso de la preposición griega en, como en Mateo 3:11, Lucas 3:16 y Juan 1:33. Ya sea que la preposición se use o no, el pensamiento es claro en cuanto a que Cristo bautizó por el Espíritu Santo. Algunos han tomado esto como algo diferente del bautismo del Espíritu del que se habla en Hechos y en las Epístolas, pero el punto de vista preferible es que el bautismo del Espíritu es el mismo en todo el Nuevo Testamento.

El bautismo en cualquier caso es por medio del Espíritu Santo.

La norma de la doctrina es expresada por Cristo mismo cuando Él contrastó su bautismo, administrado por Juan, con el futuro bautismo de los creyentes por medio del Espíritu Santo, lo cual ocurriría después de su ascensión. Cristo dijo: “Porque Juan ciertamente bautizó con agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días” (Hch. 1:5).

C. Todos Los Cristianos Son Bautizados Por El Espíritu En La Edad Presente

A causa de la confusión en cuanto a la naturaleza y tiempo del bautismo del Espíritu, no siempre ha sido reconocido que cada cristiano es bautizado por el Espíritu dentro del cuerpo de Cristo en el momento de su salvación. Este hecho es destacado en el pasaje central sobre el bautismo del Espíritu en el Nuevo Testamento en 1 Corintios 12:13. Allí se declara: “Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu

En este pasaje la preposición griega “en” es traducida correctamente “por”, en lo que se llama el uso instrumental de esta preposición. Este uso instrumental es ilustrado por medio de la misma preposición en Lucas 4: 1, donde se dice que fue “llevado por el Espíritu al desierto”, y por la expresión “por vosotros” en 1 Corintios 6:2, por la expresión “por medio de El” en Colosenses 1: 16 y por la frase “en Dios Padre” en Judas 1. El argumento de que la preposición no es usada con respecto a personas en la Escritura está errado. De acuerdo a ello, si bien es verdad, como se indica en 1 Corintios 2:13, que por el bautismo del Espíritu entramos en una nueva relación del Espíritu, la enseñanza no es tanto que seamos traídos dentro del Espíritu como que por medio del Espíritu somos traídos dentro del cuerpo de Cristo. La expresión “todos nosotros” se refiere claramente a todos los cristianos, no a todos los hombres, y no de estar limitada a algún grupo de cristianos en particular. La verdad es más bien que cada cristiano desde el momento que es salvo es bautizado por el Espíritu dentro del cuerpo de Cristo. Así, Efesios 4:5 se refiere a “un Señor, una fe, un bautismo”. Mientras que los rituales del bautismo por agua varían, hay un solo bautismo del Espíritu. La universalidad de este ministerio se destaca tan por el hecho de que en la Escritura el cristiano nunca es exhortado a que sea bautizado por el Espíritu, mientras sí se le exhorta a ser lleno del Espíritu (Ef. 5:18).

D. El Bautismo Del Espíritu Dentro Del Cuerpo De Cristo

Por medio del bautismo del Espíritu se cumplen dos resultados importantes. El primero, que el creyente es bautizado o ubicado dentro del cuerpo de Cristo; relacionado esto es la segunda figura del bautismo en Cristo mismo. Estos dos resultados simultáneos del bautismo del Espíritu son tremendamente significativos. Por medio del bautismo: del Espíritu el creyente es colocado dentro del cuerpo Cristo en la unión viviente de todos los creyentes verdaderos en la edad presente. Aquí el bautismo tiene su significado primario en el hecho de ser ubicado, iniciado, y en que nos ha sido dada una relación nueva y permanente. Por consiguiente, el bautismo del Espíritu relaciona a los creyentes con todo el cuerpo de la verdad que se revela en la Escritura concerniente al cuerpo de Cristo. El cuerpo de los creyentes, formado así por el bautismo del Espíritu y aumentado a medida que los miembros adicionales son añadidos, se menciona frecuentemente en las Escrituras (Hch. 2:47; 1 Co. 6:15; 12:12-14; Ef. 2:16; 4:4-5, 16; 5:30-32; Col. 1:24; 2:19). Cristo es la Cabeza de su cuerpo y el Único que dirige sus actividades (1 Co. 11:3; Ef. 1:22-23; 5:23-24; Col. 1:18). El cuerpo así formado y dirigido por Cristo también es nutrido y cuidado por Cristo (Ef. 5:29; Fil. 4:13; Col. 2:19). Una de las obras de Cristo es la de santificar el cuerpo de Cristo en preparación para su presentación en gloria (Ef. 5: 25-27).

Como miembro del cuerpo de Cristo, al creyente se le dan también dones o funciones especiales en el cuerpo de Cristo (Ro. 12:3-8; 1 Co. 12:27-28; Ef. 4:7-16). Siendo colocado dentro del cuerpo de Cristo por medio del Espíritu Santo, no sólo es segura la unidad del cuerpo, sin distinción de raza, cultura o fondo social, sino que también es seguro que cada creyente tiene su lugar y función particulares y su oportunidad para servir a Dios sin el armazón de su propia personalidad y dones. El cuerpo como un todo es “unido entre sí” (Ef. 4: 16); esto es, aunque los miembros difieran, el cuerpo como un todo está bien planeado y organizado.

E. El Bautismo Del Espíritu En Cristo

En adición a su relación con respecto a los otros creyentes en el cuerpo de Cristo, el que es bautizado por el Espíritu tiene una nueva posición en cuanto a estar en Cristo. Esto fue anticipado en la predicción de Juan 14:20, donde Cristo dijo la noche antes de su crucifixión: “En aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros.” La expresión “vosotros en mí” anticipaba el futuro bautismo del Espíritu.

Como consecuencia de que el creyente está en Cristo, es identificado en lo que Cristo hizo en su muerte, resurrección y glorificación. Esto se presenta en Romanos 6:1-4, donde se declara que el creyente es bautizado en Jesucristo y en su muerte, y si lo es en su muerte, está sepultado y resucitado con Cristo. Esto ha sido tomado a menudo para representar el rito del bautismo por agua, pero en cualquier caso también representa la obra del Espíritu Santo, sin la cual el rito sería carente de significado. Un pasaje similar se encuentra en Colosenses 2:12. Nuestra identificación con Cristo a través del Espíritu es una base importante para todo lo que Dios hace por el creyente en el tiempo y la eternidad.

Dado que un creyente está en Cristo, él también tiene la vida de Cristo, la cual es compartida por la cabeza con el cuerpo. La relación de Cristo con el cuerpo como su Cabeza también se relaciona con la dirección soberana de Cristo de su cuerpo, del mismo modo como la mente dirige al cuerpo en el cuerpo humano de los creyentes.

F. El Bautismo Del Espíritu En Relación Con La Experiencia Espiritual

En vista del hecho de que cada cristiano es bautizado por el Espíritu en el momento de su salvación, está claro que el bautismo es una obra de Dios para ser comprendida y recibida por la fe. Aunque la experiencia espiritual subsiguiente puede confirmar el bautismo del Espíritu, el bautismo no es una experiencia en sí mismo. Por ser universal y relacionado con nuestra posición en Cristo, el bautismo es un acto instantáneo de Dios y no es una obra para ser buscada después de haber nacido de nuevo.

Se ha originado mucha confusión por la afirmación de que los cristianos deberían buscar el bautismo del Espíritu especialmente como se manifestaba en el hablar en lenguas en la Iglesia primitiva. Mientras que en los tres ejemplos en Hechos (caps. 2, 10 y 19) los creyentes hablaron en lenguas en el tiempo de su bautismo por el Espíritu, queda claro que esto fue excepcional y relacionado al carácter transitorio del libro.

En todos los otros ejemplos donde figura la salvación no hay mención del hablar en lenguas como algo que acompañe al bautismo del Espíritu.

Más adelante, es bastante claro que mientras que todos los cristianos son bautizados por el Espíritu, no todos los cristianos hablaron en lenguas en la Iglesia primitiva Por lo tanto, el concepto de buscar el bautismo del Espíritu como un medio de una obra excepcional de Dios en la vida del cristiano es sin fundamento escritural. Aun la plenitud del Espíritu no se manifiesta en hablar en lenguas, sino más bien en el fruto del Espíritu, como se menciona en Gálatas 5: 22-23. El hecho es que los cristianos corintios hablaron en lenguas sin estar llenos del Espíritu.

A veces se alega un error similar, el cual sostiene que hay dos bautismos del Espíritu, uno en Hechos 2 y el otro en 1 Corintios 12:13.

Una comparación de la conversión de Cornelio en Hechos lO-11 con Hechos 2 aclara que lo que le ocurrió a Cornelio, un gentil, fue exactamente lo mismo que lo que les había ocurrido a los discípulos en el día de Pentecostés. Pedro dice en Hechos 11:15-17: “y cuando comencé a hablar, cayó el Espíritu Santo sobre ellos también, como sobre nosotros al principio. Entonces me acordé de lo dicho por el Señor, cuando dijo: “Juan ciertamente bautizó con agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo. Si Dios, pues, les concedió también el mismo don que a nosotros que hemos creído en el Señor Jesucristo, ¿quién era yo que pudiese estorbar a Dios ?” Considerando que el bautismo del Espíritu coloca al creyente dentro del cuerpo de Cristo, es, pues, la misma obra de Hechos 2 a través de la presente dispensación.

El bautismo del Espíritu Santo es, por lo tanto, importante, puesto que es la obra del Espíritu que nos coloca en una nueva unión con Cristo y nuestros hermanos creyentes, una nueva posición en Cristo. Es la base para la justificación y para toda la obra de Dios, la cual presenta al final al creyente perfecto en gloria.

PREGUNTAS

  1. ¿Cómo distinguiría el bautismo del Espíritu, de la obra del Espíritu en la regeneración, morada y sellamiento?
  2. ¿Cómo distinguiría el bautismo del Espíritu de la plenitud del Espíritu?
  3. ¿Por qué ha habido confusión entre el bautismo del Espíritu y otras obras del Espíritu?
  4. ¿Cuál es el significado del hecho de que el bautismo en Espíritu en los cuatro evangelios y en Hechos 1 se mencione como una obra futura?
  5. ¿Qué evidencia puede alegarse respecto a que todos los cristianos son bautizados por el Espíritu en la edad presente?
  6. ¿Por qué nunca se exhorta a los cristianos que sean bautizados por el Espíritu?
  7. ¿Cuál es el significado de ser bautizado dentro del cuerpo de Cristo?
  8. ¿Cómo indica la figura del cuerpo de Cristo que Cristo dirige la Iglesia?
  9. ¿Cómo presenta la figura del cuerpo de Cristo dones especiales dados a los creyentes?
  10. ¿Qué verdades especiales son presentadas por el bautismo del Espíritu en Cristo?
  11. ¿Cómo se relaciona el bautismo en Cristo a nuestra identificación con El en su muerte, resurrección y glorificación?
  12. ¿Cómo el bautismo en Cristo sostiene la idea de que compartimos la vida eterna?
  13. ¿Por qué el bautismo del Espíritu no es en sí mismo una experiencia espiritual?
  14. ¿Es necesario el hablar en lenguas para ser bautizado por el Espíritu?
  15. ¿Es necesario hablar en lenguas para ser llenado por el Espíritu?
  16. ¿Qué es lo que está incorrecto en la enseñanza que el bautismo del Espíritu en Hechos 2 difiere del bautismo del Espíritu en 1 Corintios 12: 13?
  17. Resumir la importancia del bautismo del Espíritu como una obra relacionada con nuestra salvación.

Escrito por: Lewis Sperry Chafer

Fuente: Grandes Temas Bíblicos, 52 doctrinas clave de la Biblia sintetizadas y explicadas

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Dios El Espíritu Santo: Su Morada Y Sellamiento


Este es el capítulo # 17 del libro de Lewis Sperry Chafer, “Grandes Temas Bíblicos, 52 doctrinas claves de la Biblia sintetizadas y explicadas”. También es conocido como: Temas Doctrinales, o bien, Doctrinas Fundamentales.

A. Una nueva característica de la edad presente

Aunque el Espíritu de Dios estaba con los hombres en el Antiguo Testamento y era la fuente de sus nuevas vidas y los significados de la victoria espiritual, no hay evidencia de que todos los creyentes en el Antiguo Testamento tenían al Espíritu morando en ellos.

Esto se explica por el silencio en el Antiguo Testamento sobre esta doctrina y por la enseñanza expresa de Jesucristo, cuando contrasta la situación del Antiguo Testamento con la edad presente en las palabras “porque mora con vosotros, y estará en vosotros” (Jn. 14:17). El creyente como morada del Espíritu es una característica de la edad presente que se repetirá en el reino milenial, pero que no se encuentra en otro período.

B. La morada universal del Espíritu Santo en los creyentes

Aunque los cristianos pueden variar grandemente en poder espiritual y en la manifestación de frutos del Espíritu, la Escritura enseña plenamente que cada cristiano tiene al Espíritu de Dios morando en él desde el día de Pentecostés. Algunas demoras temporales de esta experiencia que se ven en algunas ocasiones en Hechos (8:14-17; 19:1-6) fueron circunstancias excepcionales, no normales, y debidas al carácter transitorio del libro de los Hechos. El hecho de su morada está mencionado en tantos pasajes en la Biblia que no debería ser cuestionado por nadie que reconozca la autoridad de la Escritura (Jn. 7:37-39; Hch. 11:17; Ro. 5:5; 8:9, 11; 1 Co. 2:12; 6:19-20; 12:13; 2 Co. 5:5; Gá. 3:2; 4:6; 1 Jn. 3:24; 4:13). Estos pasajes dejan en claro que antes del día de Pentecostés la dispensación del Antiguo Testamento -en la cual solamente algunos tenían ese privilegio estaba en vigencia, pero después de Pentecostés la obra normal del Espíritu ha sido el morar en cada cristiano.

Romanos 8:9 sostiene la morada universal del Espíritu declarando que en la era presente “si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de El”. De igual manera, en Judas 19 a los no creyentes se les describe como “no teniendo el Espíritu”. Aun los cristianos que están viviendo fuera de la voluntad de Dios y están sujetos al castigo de Dios, sin embargo tienen cuerpos, los cuales son los templos del Espíritu Santo. Pablo usa este argumento en 1 Corintios 6:19 para exhortar a los corintios carnales a que eviten los pecados contra Dios, porque sus cuerpos son hechos santos por la presencia del Espíritu Santo.

Se declara repetidamente que el Espíritu Santo es un don de Dios, y un don, por su naturaleza, es algo sin mérito de parte del que lo recibe (Jn. 7:37-39 Hch. 11:17; Ro. 5:5; 1 Co. 2:12; 2 Co. 5:5). De igual manera, el alto nivel de vida que se requiere de los cristianos que quieren caminar con el Señor presupone la presencia interna del Espíritu Santo para proveer la capacitación divina necesaria. Así como los reyes y sacerdotes eran ungidos y puestos aparte para sus tareas sagradas, de igual forma el cristiano es ungido por el Espíritu Santo en el momento de la salvación, y por la presencia interna del Espíritu Santo es puesto aparte para su nueva vida en Cristo (2 Co. 1:21; 1 Jn. 2:20, 27). El ungimiento es universal, ocurre en el momento de la salvación, y doctrinalmente es lo mismo que el morar del Espíritu.

La enseñanza de que uno es ungido en forma subsiguiente a la salvación y que es una segunda obra de gracia, o que sólo es posible cuando se está lleno del Espíritu Santo, no es la enseñanza de la Escritura.

C. Problemas en la doctrina del morar del Espíritu

El hecho de que cada creyente es morada del Espíritu ha sido a veces desafiado sobre la base de pasajes problemáticos. De acuerdo a tres pasajes en el Antiguo Testamento y los evangelios (1 5. 16:14; Sal. 51:11; Lc. 11:13), algunos han creído que uno que posea el Espíritu puede perderlo. La oración de David (Sal. 51:11) para que no le fuera quitado el Espíritu de Dios, como fue la experiencia de Saúl (1 5. 16:14), está basada en la vigencia del Antiguo Testamento. Entonces no era normal que todos le tuvieran consigo morando, y, de acuerdo a ello, lo que les había sido dado en forma soberana, de la misma manera podría serle quitado.

Tres pasajes en los Hechos parecen también implicar un problema en la morada universal del Espíritu. En Hechos 5:32 se describe al Espíritu Santo como Uno “el cual ha dado Dios a los que le obedecen”. Sin embargo, la obediencia, aquí, es la obediencia al Evangelio, puesto que la Escritura indica claramente que algunos quienes son parcialmente desobedientes aún poseen el Espíritu. La demora en administrar el Espíritu a aquellos quienes oyeron el evangelio a través de Felipe en Samaria fue ocasionada por la necesidad de conectar esta nueva obra del Espíritu con la de los apóstoles en Jerusalén. De acuerdo a esto, el dar el Espíritu fue demorado hasta que les impusieron las manos (Hch. 8:17), pero ésta no era la situación normal, como se ilustra en la conversión de Cornelio, quien recibió el Espíritu sin la imposición de manos. La situación en Hechos 19:1-6 parece referirse a aquellos quienes habían creído en Juan el Bautista, pero que nunca habían creído en Cristo. Ellos recibieron el Espíritu cuando Pablo impuso sus manos sobre ellos, pero otra vez ésta es más bien una situación anormal que normal y no se ha vuelto a repetir. El ungimiento en 1 Juan 2:20 (referido como “unción”) y en 1 Juan 2:27, si se interpreta correctamente, se relaciona al acto inicial de morar, más que a una obra subsiguiente del Espíritu. En cada ocasión de ungimiento en el Nuevo Testamento, ya sea que se refiera al período antes o después de Pentecostés, el ungimiento del Espíritu es un acto inicial (Lc. 4:18; Hch. 4:27; 10:38; 2 Co. 1:21; 1 Jn. 2: 20, 27). Así las dificultades en esta doctrina desaparecen con un estudio cuidadoso de los pasajes en los cuales se plantean los problemas.

D. El morar del Espíritu en contraste con otros ministerios

Dado que algunas obras del Espíritu acontecen simultáneamente en el creyente en el momento de su nuevo nacimiento, debe hacerse una cuidadosa distinción entre estas obras del Espíritu. Por consiguiente, el morar del Espíritu no es lo mismo que la regeneración del Espíritu, aunque acontecen al mismo tiempo. De igual manera, la regeneración y el morar del Espíritu Santo no son lo mismo que el bautismo del Espíritu, el cual será tratado próximamente. El morar del Espíritu no es lo mismo que la plenitud del Espíritu, puesto que todos los cristianos son morada del Espíritu pero no todos están llenos del Espíritu. Además, el morar del Espíritu sucede una vez y para siempre, mientras que la plenitud del Espíritu puede ocurrir muchas veces en la experiencia cristiana. El morar del Espíritu es, sin embargo, lo mismo que la unción del Espíritu y el sellamiento del Espíritu.

El hecho del morar del Espíritu o de su unción es un rasgo característico de esta era (Jn. 14:17; Ro. 7:6; 8:9; 1 Co. 6: 19-20; 2 Co. 1:21; 3:6; 1 Jn. 2:20, 27). Por medio del morar del Espíritu el individuo es santificado o apartado para Dios. En el Antiguo Testamento el aceite de la unción tipifica a la unción presente por medio del Espíritu, siendo el aceite uno de los siete símbolos del Espíritu.

  1. Cualquier cosa tocada con el aceite de la unción era, por lo tanto, santificada (Ex. 40:9-15). De igual manera, el Espíritu ahora santifica (Ro. 15:16; 1 Co. 6:11; 2 Ts. 2:13; 1 P. 1:2).
  2. El profeta era santificado con aceite (1 R. 9:16), de igual forma Cristo era un profeta por el Espíritu (Is. 61:1; Lc. 4:18), y el creyente es un testigo por el Espíritu (Hch. 1:8).
  3. El sacerdote era santificado con aceite (Ex. 40:15), igualmente lo fue Cristo en su sacrificio por medio del Espíritu (He. 9:14), y el creyente por medio del Espíritu (Ro. 8:26:12:1; Ef. 5:18-20).
  4. El rey era santificado con aceite (1 S.16:12-13), de la misma manera lo fue Cristo por medio del Espíritu (Sal. 45:7), y el creyente está llamado a reinar por medio del Espíritu.
  5. El aceite de la unción era para sanidades (Lc. 10:34), sugiriendo la sanidad del alma en la salvación por el Espíritu.
  6. El aceite hace que la cara brille, lo cual era el aceite del gozo (Sal. 45:7), y se requería el aceite fresco (Sal. 92:10). El fruto del Espíritu es gozo (Gá. 5:22).
  7. En el mobiliario para el tabernáculo se especifica el aceite para las lámparas (Ex. 25:6). El aceite sugiere el Espíritu, el pabilo al creyente como un canal, y la luz el brillo visible de Cristo. El pabilo debe descansar en el aceite; así el creyente debe caminar en el Espíritu (Gá. 5:16). El pabilo debe estar libre de obstrucción: así el creyente no debe resistir el Espíritu (1 Ts. 5:19). El pabilo debe estar arreglado; así el creyente debe ser limpiado por la confesión del pecado (1 Jn. 1:9).

El aceite de la santa unción (Ex. 30:22-25) estaba compuesto por cuatro especias añadidas al aceite como base. Estas especias representan virtudes peculiares que se encuentran en Cristo. Así, este compuesto simboliza al Espíritu tomando la misma vida y carácter de Cristo y aplicándola al creyente. Este aceite en ninguna manera podía ser aplicado a la carne humana (Jn. 3:6; Gá. 5:17). No podía ser imitado, lo cual indica que Dios no puede aceptar nada sino la manifestación de la vida, la cual es Cristo (Fil. 1:21). Cada artículo del mobiliario en el tabernáculo debía de ser ungido y, por consiguiente, apartado para Dios, lo que sugiere que la dedicación del creyente debe ser completa (Ro. 12:1-2).

E. El sellamiento del Espíritu

El morar del Espíritu Santo se representa como el sello de Dios en tres pasajes en el Nuevo Testamento (2 Co. 1:22; Ef. 1:13; 4:30). En cada consideración importante el sellamiento del Espíritu es enteramente una obra de Dios. A los cristianos nunca se les exhorta a buscar el sellamiento del Espíritu, puesto que cada cristiano ya ha sido sellado. El sellamiento del Espíritu Santo, por lo tanto, es tan universal como la morada del Espíritu Santo y ocurre en el momento de la salvación.

Efesios 1:13 dice: “Habiendo creído en El, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa.” En otras palabras, el creer y el recibir ocurren al mismo tiempo. No es, por lo tanto, ni un trabajo subsiguiente de la gracia ni una recompensa por la espiritualidad. Los cristianos efesios fueron exhortados: “Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual estáis sellados para el día de la redención” (Ef. 4:30). Aun cuando ellos pecaran y contristaran al Espíritu, sin embargo estaban sellados para el día de la redención, esto es, hasta el día de la resurrección o transformación, cuando recibieran nuevos cuerpos y ya no pecaran más.

Como el morar del Espíritu, el sellamiento del Espíritu no es una experiencia, sino un hecho para ser aceptado por la fe. El sellamiento del Espíritu es una parte tremendamente significativa de la salvación del cristiano e indica su seguridad, y que es propiedad de Dios. En adición a lo anterior, es el símbolo de una transacción terminada. El cristiano está sellado hasta el día de la redención de su cuerpo y su presentación en gloria. Tomado como un todo, la doctrina de la presencia moradora del Espíritu Santo como nuestro sello trae gran seguridad y confortamiento al corazón de cada creyente que entienda esta gran verdad.

PREGUNTAS

  1. ¿Qué evidencias sostienen la conclusión de que el morar del Espíritu en cada creyente es una característica distintiva de la edad presente?
  2. ¿Qué pasajes importantes en el Nuevo Testamento enseñan en forma incuestionable la morada universal del Espíritu Santo en los creyentes?
  3. ¿Por qué la morada del Espíritu Santo es necesaria para el alto nivel de vida espiritual del creyente?
  4. ¿Cómo puede definirse la unción del Espíritu?
  5. ¿Qué problemas en la doctrina del morar del Espíritu se levantan por medio de tales pasajes como 1 Samuel 16:14; Salmo 51:11; Lucas 11:13?
  6. ¿Cuál es la explicación de Hechos 5:32 en relación a la morada universal del Espíritu?
  7. ¿Por qué el dar del Espíritu Santo fue demorado de acuerdo a Hechos 8:17?
  8. ¿Cómo puede ser explicado el problema de Hechos 19:1-6 en relación a la morada universal del Espíritu?
  9. ¿Cómo puede contrastarse el morar del Espíritu Santo con la regeneración?
  10. ¿Cómo puede contrastarse el morar del Espíritu Santo con el bautismo del Espíritu?
  11. ¿Cómo puede contrastarse el morar del Espíritu con la plenitud del Espíritu Santo?
  12. ¿Cómo el aceite de la unción usado en el Antiguo Testamento tipifica la obra del Espíritu Santo?
  13. ¿Cuál es el significado de las cuatro especias añadidas al aceite santo de la unción en el Antiguo Testamento?
  14. ¿Cuál es la relación entre el morar y el sellar del Espíritu?
  15. Explicar el verdadero significado de Efesios 1:13.
  16. ¿Cómo se relaciona el sellamiento del Espíritu con la experiencia espiritual?
  17. ¿Cómo se relaciona el sellamiento del Espíritu con la seguridad eterna?

Escrito por: Lewis Sperry Chafer

Fuente: Grandes Temas Bíblicos, 52 doctrinas clave de la Biblia sintetizadas y explicadas

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Dios El Espíritu Santo: Su Regeneración


Este es el capítulo # 16 del libro de Lewis Sperry Chafer, “Grandes Temas Bíblicos, 52 doctrinas claves de la Biblia sintetizadas y explicadas”. También es conocido como: Temas Doctrinales, o bien, Doctrinas Fundamentales.

B. Regeneración por el Espíritu Santo

Por su naturaleza, la regeneración es una obra de Dios y los aspectos de su veracidad se declaran en muchos pasajes (Jn. 1:13; 3:3-7; 5:21; Ro. 6:13; 2 Co. 5:17; Ef. 2:5, 10; 4:24; Tit. 3:5; Stg. 1:18; 1 P. 2:9). De acuerdo a Juan 1:13, “no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios”. En muchos pasajes se le compara a la resurrección espiritual (Jn. 5:21; Ro. 6:13; Ef. 2:5). También se le compara a la creación, por cuanto es un acto creativo de Dios (2 Co. 5:17; Ef. 2:10; 4:24).

Las tres Personas de la Trinidad están involucradas en la regeneración del creyente. El Padre está relacionado con la regeneración en Santiago 1:17-18. Al Señor Jesucristo se le revela frecuentemente involucrado en la regeneración (Jn. 5:21; 2 Co. 5:18; 1 Jn. 5:12). Parece, sin embargo, que, como en otras obras de Dios donde las tres personas están involucradas, el Espíritu Santo es específicamente el Regenerador, como se declara en Juan 3:3-7 y Tito 3:5. Puede observarse un paralelo en el nacimiento de Cristo, en el cual Dios fue su Padre, la vida del Hijo estaba en Cristo y aun así fue concebido del Espíritu Santo.

C. Vida eterna impartida por la regeneración

El concepto central de la regeneración es que un creyente el cual en un principio estaba muerto espiritualmente ahora ha recibido vida eterna. Para describir esto se usan tres figuras. Una es la idea de nacer de nuevo, o la figura de renacer. En la conversación de Cristo con Nicodemo Él dijo: “Os es necesario nacer de nuevo.” Aparece en contraste con el nacimiento humano en Juan 1:13. En una segunda figura, la de la resurrección espiritual, se declara a un creyente en Cristo como “vivo de entre los muertos” (Ro. 6:13). En Efesios 2:5 se declara que Dios, “aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo”, literalmente “nos hizo vivos junto con Cristo”. En la tercera figura, la de la nueva creación, el creyente es exhortado a “y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad” (Ef. 4:24). En 2 Corintios 5:17 el pensamiento se hace claro: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.” Las tres figuras hablan de la nueva vida, la cual se recibe por fe en Cristo.

Dada la naturaleza del acto del nuevo nacimiento, la resurrección espiritual y la creación, está claro que la regeneración no es llevada a cabo por ninguna buena obra del hombre. No es un acto de la voluntad humana en sí misma, y no es producida por ninguna ordenanza de la iglesia tal como el bautismo por agua. Es enteramente un acto sobrenatural de Dios en respuesta a la fe del hombre.

De igual manera, la regeneración debe distinguirse de la experiencia que le sigue. La regeneración es instantánea y es inseparable de la salvación. Una persona salvada en forma genuina tendrá una experiencia espiritual subsiguiente, pero la experiencia es la evidencia de la regeneración, no la regeneración misma. En un sentido es posible decir que experimentamos el nuevo nacimiento, pero lo que queremos significar con esto es que experimentamos los resultados del nuevo nacimiento.

D. Los resultados de la regeneración

En muchos aspectos, la regeneración es el fundamento sobre el cual está edificada nuestra total salvación. Sin nueva vida en Cristo no hay posibilidad de recibir los otros aspectos de la salvación tales como la morada del Espíritu, la justificación, o todos los otros resultados ulteriores. Sin embargo, hay algunas características que son inmediatamente evidentes en el mismo hecho de la regeneración.

Cuando un creyente recibe a Cristo por la fe, es nacido de nuevo y en el acto del nuevo nacimiento recibe una nueva naturaleza. Esto es a lo que la Biblia hace referencia como al “nuevo hombre” (Ef. 4:24), del cual se nos exhorta a que “nos vistamos”, en el sentido de que deberíamos aprovecharnos de su contribución a nuestra nueva personalidad. A causa de la nueva naturaleza, un creyente en Cristo puede experimentar a menudo un cambio drástico en su vida, en su actitud hacia Dios y en su capacidad de tener victoria sobre el pecado. La nueva naturaleza está modelada en conformidad con la naturaleza de Dios mismo y es algo diferente de la naturaleza humana de Adán antes de pecar, la cual era completamente humana, aunque sin pecado. La nueva naturaleza tiene cualidades divinas y anhela las cosas de Dios. Aunque en sí misma no tiene el poder de cumplir sus deseos aparte del Espíritu Santo, da una nueva dirección a la vida y una nueva aspiración para alcanzar la voluntad de Dios.

Mientras que la regeneración en sí misma no es una experiencia, la nueva vida recibida en la regeneración da al creyente nueva capacidad para la experiencia. Antes fue ciego, y ahora puede ver. Antes estaba muerto, ahora está vivo a las cosas espirituales. Antes era extraño de Dios y fuera de la comunión; ahora tiene una base para la comunión con Dios y puede recibir el ministerio del Espíritu Santo. En la proporción que el cristiano se entrega a sí mismo a Dios y obtiene la provisión de Dios, su experiencia será maravillosa, una demostración sobrenatural de lo que Dios puede hacer con una vida que está rendida a Él.

Otro aspecto importante de tener la vida eterna es que es el terreno para la seguridad eterna. Aunque algunos han enseñado que la vida eterna puede perderse y que una persona que ha sido una vez salva puede perderse si se aparta de la fe, la misma naturaleza de la vida eterna y del nuevo nacimiento impiden una vuelta atrás en esta obra de Dios. Es primeramente una obra de Dios, no de hombre, que no depende de ninguna dignidad humana. Si bien la fe es necesaria, no es considerada una buena obra la cual merece la salvación, sino más bien abre el canal a través del cual Dios puede obrar en la vida individual. Así como el nacimiento natural no puede ser invertido, de la misma manera el nacimiento espiritual tampoco puede serlo; una vez efectuado, asegura al creyente que Dios siempre será su Padre Celestial.

De igual manera, la resurrección no puede ser revocada, puesto que somos elevados a una nueva orden de seres por un acto de Dios.

El nuevo nacimiento como un acto de la creación es otra evidencia que una vez que se realiza continúa para siempre. El hombre no puede en sí mismo anular esta creación. La doctrina de la seguridad eterna, de acuerdo a esto, descansa sobre la pregunta de si la salvación es una obra de Dios o del hombre, si es enteramente por gracia o basada en los méritos humanos. Aunque el nuevo creyente en Cristo puede fallar en lo que él debería ser como un hijo de Dios, así como se da en el caso del parentesco humano, esto no altera el hecho de que él ha recibido una vida que es eterna. También es cierto que la vida eterna que tenemos ahora se expresa sólo parcialmente en la experiencia espiritual. Tendrá su gozo final en la presencia de Dios en los cielos.

PREGUNTAS

  1. ¿Qué significa regeneración?
  2. ¿Qué pasajes importantes sobre la regeneración se encuentran en el Nuevo Testamento, y qué enseñan en general?
  3. ¿Cómo están involucradas las tres personas de la Trinidad en la regeneración del creyente?
  4. Describir la regeneración como está revelada en la figura del renacimiento.
  5. ¿Por qué se le llama al nuevo nacimiento la resurrección espiritual?
  6. ¿Cómo el hecho de que un creyente en Cristo es una nueva criatura es un resultado de la regeneración?
  7. ¿Por qué es imposible para la voluntad humana en sí misma producir el nuevo nacimiento?
  8. ¿En qué sentido la regeneración no es una experiencia?
  9. ¿Cómo se relaciona la experiencia con la regeneración?
  10. ¿De qué manera es la nueva naturaleza un resultado de la regeneración?
  11. ¿Qué nuevas experiencias vendrán a un creyente regenerado?
  12. ¿Cómo se relaciona la regeneración con la seguridad eterna?

Escrito por: Lewis Sperry Chafer

Fuente: Grandes Temas Bíblicos, 52 doctrinas clave de la Biblia sintetizadas y explicadas

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