Ester en MP3 (La Biblia en audio)


Queremos pasar a compartir el audio de la Biblia, en esta oportunidad es el libro de Ester en la versión Reina Valera 1960 (RVR 60). Estos audios no están hospedados en este blog, sino que son un link de la web-site que los está compartiendo con todos nosotros.

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Libro de Ester

Lectura capítulo por capítulo

Dios el Hijo: Su encarnación


Este es el capítulo # 8 del libro de Lewis Sperry Chafer, “Grandes Temas Bíblicos, 52 doctrinas claves de la Biblia sintetizadas y explicadas”. También es conocido como: Temas Doctrinales, o bien, Doctrinas Fundamentales.

Al considerar la encarnación deben de admitirse dos verdades importantes: 1) Cristo fue al mismo tiempo, y en un sentido absoluto, verdadero Dios y verdadero hombre; y 2) al hacerse Él carne, aun que dejó a un lado su Gloria, en ningún sentido dejó a un lado su deidad. En su encarnación Él retuvo cada atributo esencial de su deidad. Su total deidad y completa humanidad son esenciales para su obra en la cruz. Si Él no hubiera sido hombre, no podría haber muerto; si Él no hubiera sido Dios, su muerte no hubiera tenido tan infinito valor.

Juan declara (Jn. 1:1) que Cristo, quien era uno con Dios y era Dios desde toda la eternidad, se hizo carne y habitó entre nosotros (1:14). Pablo, asimismo, declara que Cristo, quien era en forma de Dios, tomó sobre sí mismo la semejanza de hombres (Fil. 2:6-7); “Dios fue manifestado en carne” (1 Ti. 3:16); y Él, quien fue la total revelación de la gloria de Dios, fue la exacta imagen de su persona (He. 1:3). Lucas, en más amplios detalles, presenta el hecho histórico de su encarnación, así como ambos su concepción y su nacimiento (Lc. 1:26-38; 2:5-7).

La Biblia presenta muchos contrastes, pero ninguno más sorprendente que aquel que Cristo en su persona debería ser al mismo tiempo verdadero Dios y verdadero hombre. Las ilustraciones de estos contrastes en las Escrituras son muchas: Él estuvo cansado (Jn. 4:6), y Él ofreció descanso a los que estaban trabajados y cargados (Mt. 11:28); Él tuvo hambre (Mt. 4:2), y Él era “el pan de vida” (Jn. 6:35); Él tuvo sed (Jn. 19:28), y Él era el agua de vida (Jn. 7:37). Él estuvo en agonía (Lc. 22:44), y curó toda clase de enfermedades y alivió todo dolor. Aunque había existido desde la eternidad (Jn. 8:58), Él creció “en edad” como crecen todos los hombres (Lc. 2:40). Sufrió la tentación (Mt. 4:1) y, como Dios, no podía ser tentado. Se limitó a sí mismo en su conocimiento (Lc. 2:52), aun cuando Él era la sabiduría de Dios.

Refiriéndose a su humillación, por la cual fue hecho un poco menor que los ángeles (He. 2:6-7), Él dice: “Mi Padre es mayor que yo” (Jn. 14:28); y “Yo y el Padre uno somos” (Jn. 10:30), y “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre” (Jn. 14:9). Él oraba (Lc. 6:12), y Él contestaba las oraciones (Hch. 10:31). Lloró ante la tumba de Lázaro (Jn. 11:35), y resucitó a los muertos (Jn. 11:43). Él preguntó: “¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?” (Mt. 16:13), y “no tenía necesidad de que nadie le diese testimonio del hombre, pues él sabía lo que había en el hombre” (Jn. 2:25). Cuando estaba en la cruz exclamó: “Dios mío, Dios mio, ¿por qué me has desamparado?” (Mr. 15:34). Pero el mismo Dios quien así clamó estaba en aquel momento “en Cristo reconciliando al mundo a sí” (2 Co. 5:19). Él es la vida eterna; sin embargo, murió por nosotros. Él es el hombre ideal para Dios y el Dios ideal para el hombre. De todo esto se desprende que el Señor Jesucristo vivió a veces su vida terrenal en la esfera de lo que es perfectamente humano, y en otras ocasiones en la esfera de lo que es perfectamente divino. Y es necesario tener presente que el hecho de su humanidad nunca puso límite, de ningún modo, a su Ser divino, ni le impulsó a echar mano de sus recursos divinos para suplir sus necesidades humanas. Él tenía el poder de convertir las piedras en pan a fin de saciar su hambre; pero jamás lo hizo.

EL HECHO DE LA HUMANIDAD DE CRISTO

  1. La humanidad de Cristo fue determinada antes de la fundación del mundo (Ef. 1:4-7; 3:11; Ap. 13:8). El principal significado del tipo del Cordero está en el cuerpo físico que se ofrece en sacrificio cruento a Dios.
  2. Cada tipo y profecía del Antiguo Testamento concerniente a Cristo, anticipa el advenimiento del Hijo de Dios en su encarnación.
  3. El hecho de la humanidad de Cristo se ve en la anunciación del ángel a María y en el nacimiento del Niño Jesús(Lc. 1:31-35).
  4. La vida terrenal de Cristo revela su humanidad: 1) Por sus nombres: “el Hijo del hombre”, “el Hijo de David”, u otros semejantes; 2) por su ascendencia terrenal: Se le menciona como “el primogénito de María” (Lc. 2:7), “la descendencia de David” (Hch. 2:30; 13:23), “la descendencia de Abraham” (He. 2:16), “nacido de mujer” (Gá. 4:4), “vástago de Judá” (Is. 11:1); 3) por el hecho de que Él poseía cuerpo, y alma, y espíritu humanos (Mt. 26:38; Jn. 13:21; 1 Jn. 4:2, 9); y 4) por las limitaciones humanas que Él mismo se impuso.
  5. La humanidad de Cristo se manifiesta en su muerte y resurreción. Fue un cuerpo humano el que sufrió la muerte en la cruz, y fue ese mismo cuerpo el que surgió de la tumba en gloriosa resurrección.
  6. La realidad de la humanidad de Cristo se ve también en su ascensión a los cielos y en el hecho de que Él está allí, en su cuerpo humano glorificado intercediendo por los suyos.
  7. Y en su segunda venida será “el mismo cuerpo” -aunque ya glorificado que adoptó en el milagro de la encarnación.

LAS RAZONES BIBLICAS DE LA ENCARNACION

  1. Cristo vino al mundo para revelar a Dios ante los hombres (Mt. 11:27; Jn. 1:18; 14:9; Ro. 5:8; 1 Jn. 3:16). Por medio de la encarnación, el Dios, a quien los hombres no podían comprender, se revela en términos que son accesibles al entendimiento humano.
  2. Cristo vino a revelar al hombre. Él es el Hombre ideal para Dios, y como tal, se presenta como un ejemplo para los que creen en Él (1 P. 2:21), aunque no para los inconversos, pues el objetivo de Dios en cuanto a ellos no es meramente reformarlos, sino salvarlos.
  3. Cristo vino a ofrecer un sacrificio por el pecado. Por esta causa, Él da alabanza por su cuerpo a Dios, y esto lo hace en relación con el verdadero sacrificio que por nuestro pecado Él ofreció en la cruz (He. 10:1-10).
  4. Cristo se hizo carne a fin de destruir las obras del diablo (Jn. 12:31; 16:11; Col. 2:13-15; He. 2:14; 1 Jn. 3:8).
  5. Cristo vino al mundo para ser “misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere” (He. 2:16-17; 8:1; 9:11-12, 24).
  6. Cristo se hizo carne para poder cumplir el pacto davídico (2 S.7:16; Lc. 1:31-33; Hch. 2:30-31, 36; Ro. 15:8). Él aparecerá en su cuerpo humano glorificado y reinará como “Rey de reyes y Señor de señores”, y se sentará en el trono de David su padre (Lc. 1:32; Ap. 19:16).
  7. Por medio de su encarnación, Cristo llegó a ser “Cabeza sobre todas las cosas y de la iglesia”, la cual es la Nueva Creación, o sea, la nueva raza humana (Ef. 1:22). En la encarnación, el Hijo de Dios tomó para sí, no solamente un cuerpo humano, sino también un alma y un espíritu humanos. Y poseyendo de este modo tanto la parte material como la inmaterial de la existencia humana, llegó a ser un hombre en todo el sentido que esta palabra encierra, y a identificarse tan estrecha y permanentemente con los hijos de los hombres, que Él es correctamente llamado “el postrer Adán”; y “el cuerpo de la gloria suya” (Fil. 3:21) es ahora una realidad que permanece para siempre.

El Cristo que es el Hijo Eterno, Jehová Dios, fue también el Hijo de María, el Niño de Nazaret, el Maestro de Judea, el Huésped de Betania, el Cordero del Calvario. Y un día se manifestará como el Rey de gloria, así como ahora es el Salvador. de los hombres, el Sumo Sacerdote que está en los cielos, el Esposo que viene por su Iglesia, y el Señor.

PREGUNTAS

  1. ¿Qué dos verdades importantes deben destacarse en el estudio de la encarnación del Hijo de Dios?
  2. Por qué es importante sostener ambas cosas: la completa deidad y la completa humanidad de Cristo?
  3. ¿Qué evidencia hay de que Cristo tenía una total humanidad?
  4. ¿Qué evidencia hay de que Cristo tuvo experiencias humanas normales?
  5. ¿Cómo se sostiene el hecho de su deidad aun cuando Cristo estuvo en la tierra?
  6. ¿Cómo está relacionada la encarnación con la revelación de Dios al hombre?
  7. ¿Cómo está relacionada la encarnación con el sacrificio de Cristo por el pecado?
  8. ¿Cuál es la relación de la encarnación con respecto a destruir las obras del diablo?
  9. ¿Cómo se relaciona la encarnación de Cristo con su oficio de Sumo Sacerdote?
  10. ¿Cuál es la relación del pacto davídico con la encarnación?
  11. ¿Cómo se relaciona la posición de Cristo como Cabeza sobre la iglesia con respecto a la encarnación?

Escrito por: Lewis Sperry Chafer

Fuente: Grandes Temas Bíblicos, 52 doctrinas clave de la Biblia sintetizadas y explicadas

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Dios el Hijo, su preexistencia


Este es el capítulo # 7 del libro de Lewis Sperry Chafer, “Grandes Temas Bíblicos, 52 doctrinas claves de la Biblia sintetizadas y explicadas”. También es conocido como: Temas Doctrinales, o bien, Doctrinas Fundamentales.

Siendo al mismo tiempo perfectamente humano y perfectamente divino, el Señor Jesucristo es semejante y a la vez distinto a los hijos de los hombres. Las Escrituras son muy claras respecto a la semejanza de Él con los humanos (Jn. 1:14; 1 Ti. 3:16; He. 2:14-17), y lo presentan como a un hombre que nació, vivió, sufrió y murió entre los hombres. Pero de igual manera la Biblia enseña que Él es diferente a nosotros, no solamente en el carácter impecable de su vida terrenal, en su muerte vicaria y en su gloriosa resurrección y ascensión, sino también en el hecho maravilloso de su preexistencia eterna.

En cuanto a su humanidad, Él tuvo principio, pues fue concebido por el poder del Espíritu Santo y nació de una virgen. En cuanto a su divinidad, Él no tuvo principio, pues ha existido desde la eternidad. En Isaías 9:6 leemos: «Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado.» La distinción es obvia entre el niño que nació y el Hijo que nos es dado.

Así también en Gálatas 4:4 se declara: «Cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley.» El que existía desde la eternidad, llegó a ser, en la plenitud del tiempo, «nacido (la descendencia) de mujer». Declarando que Cristo fue preexistente, meramente se afirma que Él existió antes de que se hubiera encarnado, puesto que todos los propósitos también afirman que Él existía desde toda la eternidad pasada. La idea de que Él era preexistente sólo en el sentido de ser el primero de todos los seres creados (la así llamada herejía arriana del siglo IV) no es una enseñanza moderna. Así las pruebas de su preexistencia y las pruebas para su eternidad pueden ser agrupadas juntas. Es también evidente que si Cristo es Dios, Él es eterno, y si Él es eterno, Él es Dios, y las pruebas para la deidad de Cristo y su eternidad se sostienen unas a otras.

La eternidad y deidad de Jesús es establecida por dos líneas de revelación: 1ª.) Declaraciones directas, y 2ª.) Implicaciones de la Escritura.

A. DECLARACIONES DIRECTAS DE LA ETERNIDAD Y DEIDAD DEL HIJO DE DIOS

La eternidad y deidad de Jesucristo están sostenidas en una vasta área de la Escritura, la cual afirma su infinita Persona y su existencia eterna igual con las otras Personas de la Trinidad. Este hecho no es afectado por su encarnación.

La Escritura declara en Juan 1:1-2: «En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios.» De acuerdo a Miqueas 5:2: «pero tú, Belén Efrata, pequeño para estar entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que será Señor en Israel; y sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad.»

Isaías 7:14 afirma su nacimiento virginal y le da el nombre de Emanuel, lo cual significa «Dios con nosotros». De acuerdo a Isaías 9:6-7, aunque Jesús fue un niño nacido, Él fue también dado como un Hijo y es llamado específicamente «el Dios fuerte». Cuando Cristo declaró en Juan 8:58:

«De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, yo soy», los judíos entendieron que esto era una afirmación de la deidad y la eternidad (cf. Ex. 3:14; Is. 43:13). En Juan 17:5, Cristo, en su oración, declaró: «Ahora, pues, Padre, glorifícame tú para contigo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese» (cf. Jn. 13:3). Filipenses 2:6-7 dice que Cristo fue «en forma de Dios» antes de su encarnación. Una declaración más explícita se hace en Colosenses 1:15-19, donde se declara que Jesucristo es, antes de toda la creación, el Creador mismo, y la imagen exacta del Dios invisible. En 1 Timoteo 3:16 se declara a Jesucristo como «Dios… manifestado en carne». En Hebreos 1:2-3 el hecho de que el, Hijo es el Creador y la exacta imagen de Dios se declara nuevamente, y su eternidad se afirma en 13:8 (cf. Ef. 1:4; Ap. 1:11). La Escritura declara muy a menudo que Cristo es eterno y que Él es Dios. La educación contemporánea, la cual acepta la Biblia como la autoridad irresistible con excepción de algunas sectas-, afirma la eternidad y deidad de Cristo.

B. IMPLICACIONES DE QUE EL HIJO DE DIOS ES ETERNO

La Palabra de Dios constante y consistentemente implica la preexistencia y eternidad del Señor Jesucristo. Entre las pruebas obvias de este hecho pueden resaltarse varias:

1. Las obras de la creación son adjudicadas a Cristo (Jn. 1:3; Col. 1:16; He. 1:10). Por lo tanto, Él antecede a toda la creación.

2. El Ángel de Jehová, cuya apariencia se recuerda a menudo en el Antiguo Testamento, no es otro que el Señor Jesucristo. Aunque Él aparece algunas veces como un ángel o aun como un hombre, Él lleva las marcas de la deidad. Él apareció a Agar (Gn. 16:7), a Abraham (Gn. 18:1; 22:11-12; véase Jn. 8:58), a Jacob (Gn. 48:15-16; véase también Gn. 31:11-13; 32:2432), a Moisés (Ex. 3:2, 14), a Josué (Jos. 5:13-14) y a Manoa (Jue. 13:19-22). Él es quien lucha por los suyos y los defiende (2 R. 19:35; 1 Cr. 21:15-16; Sal. 34:7; Zac. 14:1-4).

3. Los títulos adjudicados al Señor Jesucristo indican la eternidad de su Ser. Él es precisamente lo que sus nombres sugieren. Él es «el Alfa y Omega», «el Cristo», «Admirable», «Consejero», «Dios fuerte», «Padre eterno», «Dios», «Dios con nosotros», el «gran Dios y Salvador» y «Dios bendito para siempre». Estos títulos identifican al Señor Jesucristo con la revelación del Antiguo Testamento acerca de Jehová-Dios (compárese Mt. 1:23 con Is. 7:14; Mt. 4:7 con Dt. 6:16; Mr. 5:19 con Sal. 66:16, y Sal. 110:1 con Mt. 22:42-45).

Además, los nombres que el Nuevo Testamento le da al Hijo de Dios se hallan íntimamente relacionados con los títulos del Padre y del Espíritu, lo que indica que Cristo está en un plano de igualdad con la Primera y la Tercera Personas de la Trinidad (Mt. 28:19; Hch. 2:38; 1 Co. 1:3; 2 Co. 13:14; Jn. 14:1; 17:3; Ef. 6:23; Ap. 20:6; 22:3), y explícitamente Él es llamado Dios (Ro. 9:5; Jn. 1:1; Tít. 2:13; He. 1:8).

4. La preexistencia del Hijo de Dios se sobreentiende en el hecho de que Él tiene los atributos de la Deidad: Vida (Jn. 1:4), Existencia en sí mismo (Jn. 5:26), Inmutabilidad (He. 13:8), Verdad (Jn. 14:6), Amor (1 Jn. 3:16), Santidad (He. 7:26), Eternidad (Col. 1:17; He. 1:11), Omnipresencia (Mt. 28:20), Omnisciencia (1 Co. 4:5; Col. 2:3) y Omnipotencia (Mt. 28:18; Ap. 1:8).

5. De igual manera, la preexistencia de Cristo se sobreentiende en el hecho de que Él es adorado como Dios (Jn. 20:28; Hch. 7:59-60; He. 1:6). Por lo tanto, se concluye que siendo el Señor Jesucristo Dios, Él existe de eternidad a eternidad. Este capítulo, que recalca la Deidad de Cristo, debe estar inseparablemente relacionado con el que sigue, en el cual se da énfasis a la humanidad del Hijo de Dios, realizada a través de la encarnación.

PREGUNTAS

1. Contrastar la evidencia para las naturalezas humana y divina de Cristo.

2. ¿Cuáles son algunas de las evidencias para la eternidad del Hijo de Dios?

3. ¿Cómo la eternidad de Dios prueba su deidad?

4. ¿Qué implicaciones adicionales hay de sus obras que el Hijo de Dios es eterno?

5. ¿Cómo las obras del Hijo de Dios prueban su deidad?

6. ¿Cómo está sostenida la eternidad de Cristo por sus títulos?

7. ¿Cómo está la eternidad de Cristo sostenida por sus otros atributos?

8. ¿Cómo los atributos de Cristo prueban su deidad?

9. ¿Cuán importante es para nuestra fe cristiana la doctrina de la deidad y eternidad de Jesucristo?

Escrito por: Lewis Sperry Chafer

Fuente: Grandes Temas Bíblicos, 52 doctrinas clave de la Biblia sintetizadas y explicadas

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Dios el Padre


Este es el capítulo # 6 del libro de Lewis Sperry Chafer, “Grandes Temas Bíblicos, 52 doctrinas claves de la Biblia sintetizadas y explicadas”. También es conocido como: Temas Doctrinales, o bien, Doctrinas Fundamentales.

A. EL PADRE COMO LA PRIMERA PERSONA

Se indica que hay tres Personas en la Trinidad -el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo-y que ellas son un solo Dios. La Primera Persona es designada como el Padre. Por lo tanto, el Padre no es la Trinidad, el Hijo no es la Trinidad y el Espíritu tampoco es la Trinidad. La Trinidad incluye las tres Personas. Aunque la doctrina del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo está presentada en el Antiguo Testamento y estos términos se dan a las Personas de la Trinidad, el Nuevo Testamento define y revela la doctrina total. Y en esta revelación neotestamentaria el Padre aparece eligiendo, amando y dando; el Hijo se revela sufriendo, redimiendo y sustentando; mientras que el Espíritu se manifiesta regenerando, impartiendo poder y santificando. La revelación del Nuevo Testamento se centraliza en revelar a Jesucristo, pero a la vez, presentando a Cristo como el Hijo de Dios, la verdad de Dios el Padre es de esta manera revelada. Dado el orden irreversible del Padre mandando y comisionando al Hijo, y el Hijo mandando y comisionando al Espíritu Santo, el Padre se designa correctamente en teología como la Primera Persona sin rebajar en ninguna manera la inefable deidad de la Segunda o la Tercera Persona.

En la revelación concerniente a la paternidad de Dios pueden observarse cuatro aspectos diferentes:

  1. Dios como el Padre de toda la creación
  2. Dios el Padre por relación íntima;
  3. Dios como el Padre de nuestro Señor Jesucristo, y 4) Dios como el Padre de todos los que creen en Jesucristo como Salvador y Señor.

B. LA PATERNIDAD SOBRE LA CREACION

Aunque las tres Personas participaron en la creación y sostenimiento del universo físico y de las criaturas que existen en él, la Primera Persona, o sea Dios el Padre, en una manera especial es el Padre de toda la creación. De acuerdo a Efesios 3:14-15, Pablo escribe: «Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo, de quien toma nombre toda familia en los cielos y en la tierra.» Aquí toda la familia de criaturas morales, incluyendo ángeles y hombres, son declaradas para constituir una familia de la cual Dios es el Padre. De una manera similar, en Hebreos 12:9 la Primera Persona es nombrada como «el Padre de los espíritus», lo que parece otra vez incluir todos los seres morales tales como ángeles y hombres.

De acuerdo a Santiago 1:17, la Primera Persona es el «Padre de las luces», una expresión peculiar que parece indicar que Él es el originador de toda luz espiritual. En Job 38:7 los ángeles se describen como hijos de Dios (Job 1:6; 2:1). A Adán se le refiere como de Dios por creación en Lucas 3:38, por implicación, un hijo de Dios. Malaquías 2:10 hace la pregunta: « ¿No tenemos todos un mismo Padre? ¿No nos ha creado un mismo Dios?»

Pablo, dirigiéndose a los atenienses en la colina de Marte, lo incluyó en este argumento: «Siendo, pues, linaje de Dios» (Hch. 17:29). En 1 Corintios 8:6 se hace la declaración: «Para nosotros, sin embargo, sólo hay un Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas.»

En las bases de estos textos hay suficiente campo para concluir que la Primera Persona de la Trinidad, como el Creador, es el Padre de toda la creación, y que todas las criaturas que tienen vida física deben su origen a Él. Solamente en este sentido es correcto referirse a la paternidad universal de Dios. Todas las criaturas participan en este sentido en la hermandad universal de la creación. Esto no justifica, sin embargo, el mal uso de esta doctrina por los teólogos liberales para enseñar la salvación universal, o que cada hombre tiene a Dios como su Padre en un sentido espiritual.

C. LA PATERNIDAD POR UNA ÍNTIMA RELACION

El concepto y relación del padre y el hijo se usan en el Antiguo Testamento en muchas instancias para relacionar a Dios con Israel. De acuerdo a Éxodo 4:22, Moisés instruyó al Faraón: «Jehová ha dicho así: Israel es mi hijo, mi primogénito.» Esto era más que ser meramente su Creador y era menos que decir que ellos eran regenerados, pues no todo Israel tenía vida espiritual. Afirma una relación especial de cuidado divino y solicitud para con Israel similar a la de un padre hacia un hijo.

Prediciendo el favor especial sobre la casa de David, Dios reveló a David que su relación hacia Salomón sería como de un padre hacia un hijo. El dijo a David: «Yo le seré a él padre, y él me será a mi hijo» (2 S.7:14). En general, Dios declara que su cuidado como un Padre será sobre todos quienes confían en El como su Dios. De acuerdo al Salmo 103:13, la declaración se hace: «Como el padre se compadece de sus hijos, se compadece Jehová de los que le temen.»

D. EL PADRE DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO

La revelación más importante y extensa con respecto a la paternidad de Dios se relaciona con la vinculación de la Primera Persona a la Segunda Persona. La Primera Persona se describe como «el Dios y Padre de Nuestro Señor Jesucristo» (Ef. 1:3). La revelación teológica más comprensiva del Nuevo Testamento es que Dios el Padre, la Primera Persona, es el Padre del Señor Jesucristo, la Segunda Persona.

El hecho de que Jesucristo en el Nuevo Testamento se refiere frecuentemente como el Hijo de Dios, y que los atributos y obras de Dios le son constantemente asignados, constituye de una vez la prueba de la deidad de Jesucristo y la doctrina de la Trinidad como un todo, con Cristo como la Segunda Persona en relación a la Primera Persona, como un hijo está relacionado a un padre.

Los teólogos, desde el siglo l han luchado con una definición precisa de cómo Dios es el Padre de la Segunda Persona. Obviamente los términos «padre» e «hijo» son usados de parte de Dios para describir la íntima relación de la Primera y Segunda Persona, sin cumplir necesariamente todos los aspectos que serían verdaderos en una relación humana de padre e hijo. Esto es especialmente evidente en el hecho de que ambos -el Padre y el Hijo- son eternos. El error de Arrio en el siglo IV, que el Hijo fue el primero de todos los seres creados, fue denunciado por la Iglesia temprana como una herejía, en vista del hecho de que la Segunda Persona es tan eterna como la Primera Persona.

Algunos teólogos, mientras que afirmaban la preexistencia de la Segunda Persona, han intentado empezar el papel de la Segunda Persona como un Hijo en algún tiempo en la creación, en la Encarnación, o en algún punto subsiguiente de especial reconocimiento hacia la Segunda Persona, como su bautismo, su muerte, su resurrección o su ascensión. Todos estos puntos de vista, sin embargo, son falsos, ya que la Escritura parece indicar que la Segunda Persona ha sido un Hijo en relación a la Primera Persona desde toda la eternidad.

La relación de Padre e Hijo, por lo tanto, se refiere a la deidad y unidad de la Santa Trinidad desde toda la eternidad, en contraste a la Encarnación, en la cual el Padre estaba relacionado a la humanidad de Cristo, la cual empezó en un tiempo. Dentro de la ortodoxia, y en conformidad a ella, las palabras del Credo de Nicena (325 d.C.) -en respuesta a la herejía arriana del siglo IV- declaran: «el Unigénito Hijo de Dios, engendrado del Padre antes que todos los mundos; Dios de dioses, Luz de luz, Dios absoluto, engendrado, no hecho, siendo de una sustancia con el <Padre>. En igual manera, el Credo de Atanasio declara: «El Hijo es del Padre solamente; no hecho ni creado, sino engendrado… desde la eternidad de la sustancia del Padre.»

Usando los términos <Padre> e <Hijo> para describir la Primera y Segunda Personas, los términos son elevados a su más alto nivel, indicando unidad de vida, unidad de carácter y atributos, y aun una relación en la cual el Padre pudiera dar y enviar al Hijo, aun cuando esto se relaciona esencialmente con la obediencia del Hijo muriendo en la cruz. La obediencia de Cristo está basada sobre su calidad de Hijo, no en ninguna desigualdad con Dios el Padre en la unidad de la Trinidad.

Mientras que la relación entre la Primera y la Segunda Personas de la Trinidad es en realidad como la de un padre con su hijo y la de un hijo con su padre (2 Co. 1:3; Gá. 4:4; He. 1:2), el hecho en sí de esta relación ilustra una verdad vital que para hacerse accesible a nosotros condesciende a expresarse en la forma de pensamiento que corresponde a una mente finita.

Aunque brevemente mencionada en el Antiguo Testamento (Sal. 2:7; Is. 7:14; 9:6-7), es una de las enseñanzas más amplias del Nuevo Testamento, como puede verse en los puntos que señalamos a continuación:

  1. Se declara que el Hijo de Dios ha sido engendrado por el Padre (Sal. 2:7; Jn. 1:14, 18; 3:16, 18; 1 Jn. 4:9).
  2. El Padre reconoce como su Hijo al Señor Jesucristo (Mt. 3:17; 17:5; Lc. 9:35).
  3. El Señor Jesucristo reconoce a la Primera Persona de la Trinidad como su Padre (Mt. 11:27; 26:63-64; Lc. 22:29; Jn. 8:16-29, 33-44; 17:1).
  4. Los hombres reconocen que Dios el Padre es el Padre del Señor Jesucristo (Mt. 16:16; Mr. 15:39; Jn. 1:34, 49; Hch. 3:13).
  5. El Hijo manifiesta su reconocimiento del Padre sometiéndose a El (Jn. 8:29, 49).
  6. Aun los demonios reconocen la relación que existe entre el Padre y el Hijo (Mt. 8:29).

E. EL PADRE DE TODOS LOS QUE CREEN EN CRISTO

En contraste al concepto de Dios el Padre como el Creador, el cual se extiende a todas las criaturas, está la verdad de que Dios es el Padre, en una manera especial, de aquellos que creen en Cristo y han recibido la vida eterna.

El hecho de que Dios es el Padre de toda la creación no asegura la salvación de todos los hombres ni tampoco les da a todos vida eterna. La Escritura declara que hay salvación sólo para aquellos que han recibido a Cristo por la fe como su Salvador. La afirmación de que Dios el Padre es el Padre de toda la Humanidad, y que hay, por lo tanto, una hermandad universal entre los hombres, no significa que todos son salvos e irán al cielo. La Escritura enseña, en lugar de lo anterior, que sólo aquellos quienes creen en Cristo para salvación son hijos de Dios en un sentido espiritual. Esto no es en el terreno de su nacimiento natural dentro de la raza humana, ni en el terreno en el cual Dios es su Creador, sino más bien está basado sobre su nacimiento segundo, o espiritual, nacimiento dentro de la familia de Dios (Jn. 1:12; Gá. 3:26; Ef. 2:19; 3:15; 5:1).

Por medio de la obra de regeneración que efectúa el Espíritu Santo, el creyente es hecho un hijo legítimo de Dios. Y siendo Dios su Padre en verdad, el redimido es impulsado por el Espíritu a exclamar: «Abba, Padre.» Por haber nacido de Dios, es ya un participante de la naturaleza divina y, sobre la base de ese nacimiento, ha llegado a ser un heredero de Dios y coheredero con Cristo (Jn. 1:12-13; 3:3-6, Ro. 8:16-17; Tit. 3:4-7; 1 P. 1:4). El acto de impartir la naturaleza divina es una operación tan profunda efectuada en el creyente; que nunca se dice que la naturaleza así impartida pueda removerse por alguna causa.

Al llegar a la consideración de lo que las Escrituras enseñan tocante al poder y autoridad de Satanás en la actualidad, se darán más pruebas de que todos los hombres no son, por su nacimiento natural, hijos de Dios. Sobre este particular tenemos la evidencia de las más claras y directas enseñanzas del Señor Jesucristo. Refiriéndose a los que persisten en su incredulidad, El dice: «Vosotros sois de vuestro padre el diablo» (Jn. 8:44). Y de manera semejante se expresa cuando, al describir a los no regenerados, dice: «La cizaña son los hijos del malo» (Mt. 13:38). El apóstol Pablo dice que los no salvos son «hijos de desobediencia» e «hijos de ira» (Ef. 2:2-3).

Debe siempre recalcarse que ningún ser humano puede por su propia fuerza convertirse en un hijo de Dios. Esta es una transformación que sólo Dios es capaz de hacer, y El la efectúa únicamente a base de la sola condición que El mismo ha establecido, es decir, que Cristo sea creído y recibido en su carácter de único y suficiente Salvador (Jn. 1:12).

La paternidad de Dios es una doctrina importante del Nuevo Testamento (Jn. 20:17; 1 Co. 15:24; Ef. 1:3; 2:18; 4:6; Col. 1:12-13; 1 P. 1:3; 1 Jn. 1:3; 2:1, 22; 3:1). La seguridad del amor y el cuidado de nuestro Padre Celestial son un gran consuelo para los cristianos y un estímulo a la fe y la oración.

PREGUNTAS

1. ¿Cómo son contrastadas las obras del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo en el Nuevo Testamento?

2. ¿Cuáles son los cuatro aspectos distintos de la paternidad de Dios?

3. Resumir la evidencia de que Dios es el Padre de toda la creación.

4. ¿Qué significa la paternidad de Dios por relación íntima?

5. Tratar la pregunta de la eternidad de la relación de padre e hijo entre Dios el Padre y Jesucristo.

6. ¿Cuáles son algunas de las evidencias que sostienen el concepto de Dios el Padre en relación a Jesucristo el Hijo?

7. ¿Qué quiere decir que Dios es el Padre de todos los que creen en Cristo?

8. ¿Cómo un hombre se convierte en un hijo de Dios?

9. ¿Cuáles son algunos de los resultados de convertirse en un hijo de Dios?

10 ¿En qué error se incurre cuando se dice que todos los hombres son hijos de Dios?

11. ¿Cómo la paternidad de Dios provee de confortamiento a un creyente en Cristo?

Escrito por: Lewis Sperry Chafer

Fuente: Grandes Temas Bíblicos, 52 doctrinas clave de la Biblia sintetizadas y explicadas

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La Trinidad de Dios


Este es el capítulo # 5 del libro de Lewis Sperry Chafer, “Grandes Temas Bíblicos, 52 doctrinas claves de la Biblia sintetizadas y explicadas”. También es conocido como: Temas Doctrinales, o bien, Doctrinas Fundamentales.

A. EL CREER EN LA EXISTENCIA DE DIOS

La creencia de que existe un ser divino mucho más grande que el hombre, ha sido común en todas las culturas y civilizaciones. Esto se debe, en parte, al hecho de que el hombre razona que tiene que existir una explicación para nuestro mundo y para la experiencia humana y que sólo un ser superior al hombre serviría para poder explicarlo. El hombre, intuitivamente, por su propia naturaleza religiosa, propende a buscar un ser que de algún modo es mucho más alto y superior a él. Esto también puede ser explicado, en parte, por la obra del Espíritu Santo en el mundo y que se extiende a toda criatura, una obra que se designa en Teología como gracia común, en contraste con la obra especial del Espíritu relacionada con la salvación del hombre. El moderno fenómeno de muchos que afirman ser ateos surge de la perversión de la mente humana y la negación de que es posible cualquier explicación racional del universo. De acuerdo con esto, la Biblia declara que un ateo es un loco estúpido (Sal. 14:1).

Ordinariamente, el hombre no busca pruebas de su propia existencia, ni de la existencia de las cosas materiales, que reconoce por sus sentidos. Aunque Dios es invisible en su persona, su existencia es tan evidente que los hombres por lo general no requieren pruebas para el hecho de Dios. La duda de la existencia de Dios es debida evidentemente a la perversidad del propio hombre, a su ceguera y a la influencia satánica. La evidencia de la existencia de Dios en la creación es tan clara que el rechazarla es el fundamento de la condenación del mundo pagano, que no ha escuchado el Evangelio. Según Romanos 1:19-20, es “porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó, porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas”.

La revelación de Dios mediante los profetas, antes de que la Escritura fuese escrita, y la revelación procedente de la Escritura, ha penetrado, en cierto grado, la conciencia total del hombre hoy día. Aunque el mundo, en general, está ignorante de la revelación escriturística, algunos conceptos de Dios han penetrado en el pensamiento de todo el mundo, de tal forma que la creencia en una especie de Ser superior es generalmente cierta incluso entre hombres a quienes no ha llegado directamente la Escritura.

Aunque los antiguos filósofos griegos ignoraron la revelación bíblica, no habiéndoles sido familiar, hicieron, sin embargo, algunos intentos para explicar nuestro universo sobre la base de un Ser superior. Varios sistemas de pensamiento han evolucionado: 1) el politeísmo; es decir, la creencia en muchos dioses; 2) hilozoísmo, que identifica el principio de la vida encontrado en toda la creación como siendo Dios mismo; 3) materialismo, que arguye que la materia funciona por sí misma de acuerdo con una ley natural y no es preciso ningún dios para su funcionamiento, teoría que apoya el moderno evolucionismo; y 4) panteísmo, que sostiene que Dios es impersonal e idéntico con la propia Naturaleza, y que Dios es inmanente, pero no trascendente. Existen, así, muchas variantes de tales conceptos respecto a Dios.

Argumentando en favor de la existencia de Dios, procediendo de los hechos de la creación, aparte de la revelación de la Escritura, pueden observarse cuatro clases generales o líneas de razón:

  1. El argumento ontológico; sostiene que Dios tiene que existir, porque el hombre universalmente cree que existe. Esto, a veces, es llamado un argumento a priori.
  2. El argumento cosmológico; mantiene que todo efecto necesita tener una causa suficiente, y, por tanto, el universo, que es un efecto, tiene que haber tenido un Creador como causa. Implicada en este argumento está la complejidad de un universo ordenado, que no pudo haber tenido existencia accidente.
  3. El argumento teológico; resalta que cada diseño tiene que haber tenido un diseñador, y como la totalidad de la creación está intrincadamente diseñada e interrelacionada, tuvo, por tanto, que haber tenido un gran diseñador. El hecho de que todas las cosas funcionen juntas, indica que este diseñador ha tenido necesariamente que haber sido uno de infinito poder y sabiduría.
  4. El argumento antropológico; arguye que la naturaleza y existencia del hombre resulta absolutamente inexplicable de no ser por la creación de Dios, quien tiene una naturaleza similar, pero mucho mayor que la del hombre. Implicado en este argumento está el hecho de que el hombre tiene intelecto (capacidad para pensar), sensibilidad (capacidad para sentir) y voluntad (capacidad para realizar la elección moral). Tal extraordinaria capacidad apunta hacia el Uno que tiene similares pero mucho mayores capacidades y que ha creado al hombre.

Aunque estos argumentos en favor de la existencia de Dios tienen considerable validez y el hombre puede ser justamente condenado por rechazarlos (Ro. 1:18-20), no han sido suficientes para llevar al hombre en la apropiada relación con Dios o producir una fe real en Dios, sin la asistencia de la completa revelación de Dios, confirmando todos los hechos encontrados en la Naturaleza, pero añadiendo a la revelación natural muchas verdades que ésta no hubiera desvelado por sí.

B. LA UNIDAD DE LA DIVINA TRINIDAD

En general, el Antiguo Testamento recalca el énfasis de la unidad de Dios (Ex. 20:3; Dt. 6:4; Is. 44:6), un hecho que también se enseña en el Nuevo Testamento (Jn. 10:30; 14:9; 17:11, 22, 23; Col. 1:15). Tanto en el Antiguo como en una gran parte del Nuevo Testamento también se indica que Dios existe como una Trinidad: Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo. Muchos creen que la doctrina de la Trinidad está implícita en el uso de la palabra Elohim, como un nombre para Dios, y que está en una forma plural y parece referirse al Dios trino y uno.

En los principios del Génesis hay referencias al Espíritu de Dios, y los pronombres personales en plural se usan para Dios como en el Génesis 1:26; 3:22; 11:7. Frecuentemente, en el Antiguo Testamento hay distinción dentro de la naturaleza de Dios, en términos de Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Isaías, en 7:14, habla del Hijo como Emanuel, “Dios con nosotros”, que tiene que ser distinto del Dios Padre y del Espíritu. Este Hijo es llamado, en Isaías 9:6, “Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de Paz>. En el Salmo 2:7, Dios Padre, referido como “Yo”, indica que es su propósito tener a su Hijo como el supremo soberano sobre la tierra. Por lo mismo que el Padre y el Hijo quedan distinguidos, así Dios también se distingue del Espíritu Santo, como en el Salmo 104:30, donde el Señor envía a su Espíritu. A estas evidencias hay que añadir todas las referencias del Ángel de Jehová, que señala las apariciones del Hijo de Dios en el Antiguo Testamento como uno enviado por el Padre, y referencias al Espíritu del Señor, como el Espíritu Santo, distinto del Padre y del Hijo.

A esas evidencias del Antiguo Testamento el Nuevo añade una revelación adicional. Aquí, en la persona de Jesucristo, está el Dios Encarnado, concebido por el Espíritu Santo, y, con todo, Hijo de Dios, el Padre. En el bautismo de Jesús, la distinción de la Trinidad se hace evidente con Dios Padre hablando desde los cielos, el Espíritu Santo descendiendo como una paloma y esparciendo luz sobre El, y el propio Jesucristo bautizado (Mt. 3:16-17). Esas distinciones de la Trinidad se observan también en pasajes tales como Juan 14:16, donde el Padre y el Consolador quedan distinguidos del propio Cristo, y en Mateo 28:19, donde los discípulos son instruidos para bautizar a los creyentes “en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo”.

Las muchas indicaciones que hay, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, de que Dios existe o subsiste como trino y uno, han conformado la doctrina de la Trinidad como un hecho central de todas las creencias ortodoxas, desde los principios de la iglesia hasta los tiempos más modernos. Cualquier desviación de esto se considera como un apartamiento de la verdad escriturística. Aunque la palabra “trinidad” no se da en la Biblia, los hechos de la revelación escriturística no permiten otra explicación.
Aunque la doctrina de la Trinidad es un hecho central, el núcleo de la fe cristiana está más allá de la comprensión humana y no tiene paralelo en la experiencia del hombre. La mejor definición es el sostener que, aunque Dios es uno, El existe en tres personas. Estas personas son iguales, tienen los mismos atributos y son igualmente dignas de adoración, culto y fe. Con todo, la doctrina de la unidad de la Divinidad está clara en el sentido de que no hay tres dioses separados, como tres seres humanos separados, tales como Pedro, Santiago y Juan. De acuerdo con esto, la verdadera fe cristiana no es un triteísmo, como creencia en tres dioses. Por otra parte, la Trinidad no tiene que ser explicada como tres modalidades de existencia, es decir, que un solo Dios se manifiesta a sí mismo en tres formas. La Trinidad es esencial para el ser de Dios y es más que una forma de la revelación divina.

Las personas de la Trinidad, aunque tengan iguales atributos, difieren en ciertas propiedades. De aquí que la Primera Persona de la Trinidad sea llamada Padre. La Segunda Persona es llamada el Hijo, como enviada por el Padre. La Tercera Persona es el Espíritu Santo, que procede del Padre y del Hijo. Esto es llamado en teología la doctrina de la procesión, y el orden no es nunca invertido, es decir, el Hijo nunca envía al Padre, y el Espíritu Santo nunca envía al Hijo. De la naturaleza de la unicidad de la Divinidad no existe ilustración o paralelo en la experiencia humana. Así pues, esta doctrina tiene que ser aceptada por la fe sobre la base de la revelación escriturística, incluso aunque esté más allá de toda comprensión y definición humanas.

C. LOS NOMBRES DE DIOS

En el Antiguo Testamento hay tres nombres atribuidos a Dios. El primer nombre, “Jehová> o “Yavé”, es el nombre de Dios aplicado sólo al verdadero Dios. El primer nombre aparece en conexión con la creación en el Génesis 2:4, y el significado del nombre se define en el Éxodo 3:13-14 como “Yosoy el que soy>, es decir, el existente por sí mismo, el eterno Dios

El nombre más común para Dios en el Antiguo Testamento es Elohim, una palabra que es utilizada tanto para el verdadero Dios como para los dioses del mundo pagano. Este nombre aparece en el Génesis 1:1. Se ha debatido mucho este nombre, pero parece incluir la idea de ser el “Uno y Fuerte”, el Ser que tiene que ser temido y reverenciado. A causa de estar en una forma plural parece incluir a la Trinidad, aunque pueda ser usado también en las Personas individuales de la Trinidad.

El tercer nombre de Dios en el Antiguo Testamento es Adonai, que comúnmente significa “dueño o señor”, y es utilizado, no solamente de Dios como nuestro Dueño, sino también de los hombres que son amos sobre sus siervos. Con frecuencia se une a Elohin, como en Génesis 15:2; y cuando es usado así, recarga el énfasis del hecho de que Dios es nuestro Amo o Señor. Muchas combinaciones de estos nombres de Dios se encuentran a lo largo del Antiguo Testamento. El más frecuente es Jehová Elohim, o Adonai Elohim.

A estas combinaciones de los tres primitivos nombres de Dios hay que añadir muchos otros compuestos y que se encuentran en el Antiguo Testamento, tales como Jehová-jiré, que significa “el Señor proveerá” (Gn. 22:13-14); Jehová-rafah, “el Señor que sana” (Ex. 15:26); Jehová-nissi, “el Señor es nuestra bandera” (Ex. 17:8-15); Jehová-salom, “el Señor es nuestra paz” (Jue. 6:24); Jehová-sidkenu, “el Señor es nuestra justicia” (Jer. 23:6); Jehová-sama, “el Señor está presente” (Ez. 48:35).

En el Nuevo Testamento se encuentran títulos adicionales en donde la Primera Persona se distingue por “el Padre”, la Segunda como “el Hijo” y la Tercera como “el Espíritu Santo”. Estos títulos, por supuesto, se encuentran también en el Antiguo Testamento, pero son más comunes en el Nuevo. La discusión respecto a estos términos seguirá en los capítulos que tratan de las tres Personas de la Trinidad.

D. LOS ATRIBUTOS DE DIOS

En el Ser esencial de Dios hay ciertos atributos inherentes o cualidades esenciales de Dios. Tales atributos están eternamente mantenidos por el Dios Trino y Uno y son iguales para cada persona de la Divinidad. Incluído en dichos atributos está el hecho de que Dios es Espíritu (Jn. 4:24), Dios es vida (Jn. 5:26), Dios existe por sí mismo (Ex. 3:14), Dios es infinito (Sal. 145:3), Dios es inmutable o sin cambios (Sal. 102:27; Mal. 3:6; Stg. 1:17), Dios es la verdad (Dt. 32:4; Jn. 17:3), Dios es amor (1 Jn. 4:8), Dios es eterno (Sal. 90:2; Jer. 23:23-24), Dios es omnisciente (Sal. 147:4-5) y Dios es omnipotente (Mt. 19:26).

Otras variantes de tales atributos pueden verse en el hecho de que Dios es bueno, Dios es misericordioso y Dios es soberano. Todas las perfecciones están atribuidas a Dios de forma infinita, y sus obras, así como su Ser, son perfectos. El gran diseño y los detalles del universo son evidencia de su infinita grandeza y soberanía, su poder, su sabiduría. Su plan de Salvación, según está revelado en las Escrituras, es otra evidencia de su amor, su justicia y su gracia. Ningún aspecto de la creación es demasiado grande para que El tenga sobre todo lo existente un completo control, y ni siquiera el más pequeño detalle, incluso la caída de un gorrión, es demasiado pequeño para no quedar incluido en su plan soberano.

E. LA SOBERANIA DE DIOS

Los atributos de Dios ponen de manifiesto que Dios es lo supremo sobre todo lo existente. No queda nada sujeto a otro poder, autoridad o gloria y no está sujeto a ninguna entidad que sea superior a El. El representa la perfección hasta un grado infinito en cualquier aspecto de su Ser. El no puede jamás ser sorprendido, derrotado o disminuido. No obstante, sin sacrificar su autoridad o comprometer la realización final de su perfecta voluntad, Dios se ha complacido en dar a los hombres una medida de libertad y de elección, y para el ejercicio de esta elección Dios mantiene al hombre responsable.

A causa de estar el hombre, en su depravado estado, ciego e insensible a la obra de Dios, aparece claro en la Escritura que los hombres no deben apartarse de Dios, suprimiendo al Espíritu de sus corazones (Jn. 6:44; 16:7-11). Del lado humano, sin embargo, el hombre es responsable de su incredulidad y se le ordena que crea en el Señor Jesucristo con el objeto de que pueda ser salvado (Hch. 16:31). Es también verdad que en los asuntos de los hombres, especialmente de los cristianos, Dios actúa para que se cumpla su voluntad (Fil. 2:13). Con todo, El no fuerza a los hombres a que se entreguen a Dios, sino más bien les exhorta a que lo hagan (Ro. 12:1, 2).

El hecho de que Dios haya otorgado una cierta libertad al hombre no introduce un factor de incertidumbre en el universo, puesto que Dios se anticipa y conoce hasta el infinito todo lo que los hombres harán en respuesta a las influencias divinas y humanas y que se producen en sus vidas. Su soberanía, por tanto, se extiende infinitamente a todo acto, incluso si temporalmente ha de ser en el mal, por permitirlo, y que en última instancia todo redunda en que Dios pueda ser glorificado.

F. EL MANDATO DE DIOS

El propósito soberano de Dios se define teológicamente como el mandato de Dios, refiriéndose al plan general que incluye todos los acontecimientos de cualquier clase que puedan ocurrir. El mandato de Dios incluye esos acontecimientos que Dios hace por sí mismo, y también incluye todo lo que Dios lleva a cabo mediante la ley natural, sobre la cual El es absoluto soberano. Más difícil de comprender es el hecho de que su mandato soberano también se extiende a todos los actos de los hombres, los cuales están incluidos en su plan eterno.

Aunque sea incomprensible para nosotros, es evidente que el Dios omnisciente, teniendo un completo conocimiento de lo que el hombre hará en su libertad, al decidir conceder al hombre la libertad de elección, no introduce ningún elemento de incertidumbre. El plan divino, de acuerdo con esto, incluyó el permitir el pecado como Adán y Eva lo cometieron, con todos los resultados de esta comisión del pecado. Ello incluye el divino remedio de Cristo, muriendo en la cruz, y toda la obra del Espíritu Santo en llevar a los hombres el arrepentimiento y la fe.

Aunque la obra de Dios en el corazón humano es inescrutable, la Biblia determina claramente que si bien, de una parte, lo que el hombre hace fue incluido en el mandato eterno de Dios, de otra, el hombre opera con libertad de elegir y es responsable de sus libres actos de elección. El mandato de Dios no es el fatalismo –un control de todos los acontecimientos ciego y mecánico–, sino que es el plan inteligente, amoroso y sabio, en el cual el hombre, responsable de sus actos, se mantiene responsable por lo que hace, siendo, por lo demás, recompensado por sus buenas obras.

El mandato de Dios puede ser dividido en subdivisiones tales como su mandato de crear, su mandato de preservar el mundo, su mandato de Providencia y su sabio gobierno del universo. Su mandato incluye las promesas o alianzas de Dios, sus propósitos en la Divina Providencia y su gracia, supremamente manifestada hacia el hombre. Ante semejante Dios, el hombre sólo puede inclinarse en sumisión, en amor y en adoración.

PREGUNTAS

  1. ¿Cómo podemos estimar la creencia común en la existencia de Dios?
  2. ¿Por qué el ateísmo es irrazonable?
  3. ¿Con qué claridad se manifiesta la revelación de Dios en la Naturaleza?
  4. Definir cuatro sistemas de pensamiento que intenten explicar el universo sobre la base de un Ser superior.
  5. ¿Cuál es el argumento ontológico para la existencia de Dios?
  6. ¿Cuál es el argumento cosmológico para la existencia de Dios?
  7. ¿Cuál el argumento teológico?
  8. ¿En qué consiste el argumento antropológico para la existencia de Dios?
  9. ¿Hasta qué extremo recarga el énfasis el Antiguo Testamento la unidad de Dios?
  10. ¿En qué medida enseña el Antiguo Testamento la doctrina de la Trinidad?
  11. ¿Y en cuál medida, también, lo hace el Nuevo Testamento?
  12. Distinguir la doctrina de la Trinidad del triteísmo.
  13. ¿Por qué no puede explicarse la Trinidad como tres modos de la existencia de Dios?
  14. Explicar cómo la Trinidad se distingue por determinadas propiedades.
  15. Establecer y definir los tres nombres más importantes de Dios en el Antiguo Testamento.
  16. ¿Cuáles son algunos de los nombres compuestos que se mencionan para Dios en el Antiguo Testamento?
  17. ¿Cuáles son los nombres distintivos de las tres personas de la Trinidad en el Nuevo Testamento?
  18. Designar algunos de los atributos importantes de Dios según está revelado en la Escritura.
  19. ¿Qué es lo que quiere significarse por soberanía de Dios?
  20. ¿Qué quiere significarse por el mandato de Dios?
  21. ¿En qué forma puede ser subdividido el mandato de Dios?
  22. ¿De qué manera se distingue el mandato de Dios del fatalismo?
  23. ¿Por qué la revelación bíblica pide nuestra sumisión, nuestro amor y la adoración en relación con Dios?

Escrito por: Lewis Sperry Chafer

Fuente: Grandes Temas Bíblicos, 52 doctrinas clave de la Biblia sintetizadas y explicadas

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La Biblia como revelación divina


Este es el capítulo # 4 del libro de Lewis Sperry Chafer, “Grandes Temas Bíblicos, 52 doctrinas claves de la Biblia sintetizadas y explicadas”. También es conocido como: Temas Doctrinales, o bien, Doctrinas Fundamentales.

A. FORMAS DE LA REVELACION DIVINA

La Biblia tiene como objetivo y propósito el ser la revelación del ser, las obras y el programa de Dios. Que un Dios infinito buscase el revelarse a sí mismo a sus criaturas, es razonable y esencial para el cumplimiento de los propósitos de Dios en la creación. Es, por otra parte, natural que los seres racionales intenten saber algo respecto al Creador que les ha dado vida. Si el hombre es el más alto orden de las criaturas, que tiene la capacidad de reconocer y tener una intima comunión con el Creador, es, por tanto, también razonable esperar que el Creador se comunicase con sus criaturas, revelándoles su propósito y su voluntad. Hay tres vías de máxima importancia y que han sido utilizadas por Dios para revelarse a sí mismo.

1. La revelación de Dios en la creación. El poder eterno y el carácter de Dios se revelan por las cosas que han sido creadas (Ro. 1:20). El mundo de las cosas naturales, siendo una obra de Dios, muestra que Dios es un Dios infinito en poder y sabiduría y que ha diseñado y creado el mundo físico para un propósito inteligente. La revelación de Dios mediante la Naturaleza, sin embargo, tiene sus limitaciones,al no aparecer claramente manifestado el amor y la santidad de Dios. Mientras que la revelación en la Naturaleza es suficiente para que Dios pueda juzgar al mundo pagano por no adorarle como su Creador, no revela un camino de salvación mediante el cual los pecadores puedan ser reconciliados con un Dios santo, sagrado.

2. Revelación en Cristo. Una suprema revelación de Dios fue suministrada en la persona y la obra de Cristo, que nació en su debido tiempo (Gá. 4:4). El Hijo de Dios vino al mundo para revelar a Dios a los hombres en términos que pudiesen comprender. Por su llegada como hombre mediante el acto de la encarnación, los hechos relacionados con Dios, que de otra forma hubiesen sido muy difíciles para la comprensión humana, se trasladan al limitado alcance de la comprensión y el entendimiento humanos. Así pues, en Cristo, no sólo se revela el poder y la sabiduría de Dios, sino también su amor, la bondad divina, su santidad y su gracia. Cristo declaró:

“El que me ha visto a mí, ha visto al Padre” (Jn. 14:9). En consecuencia, el que conoce a Jesucristo, también conoce al Dios Padre.

3. La revelación en la Palabra escrita. La Palabra escrita de Dios es capaz, sin embargo, de revelar a Dios en términos incluso más explícitos de los que puedan ser observados en la persona y obra de Cristo. Como previamente se ha demostrado, es la Biblia la que nos presenta a Jesucristo tanto como el objeto de las profecías, como en su cumplimiento. Con todo, la Biblia va aún más allá; dando detalles respecto a Cristo, muestra el programa de Dios para Israel, para las naciones, así como para la iglesia, y trata de muchos otros temas de la historia del género humano y del universo. La Biblia no sólo presenta a Dios como su tema fundamental, sino que también nos muestra sus propósitos. La revelación escrita lo incluye todo en sí misma. Expone de la forma más clara y convincente todos los hechos que conciernen a Dios y que están revelados en la Naturaleza, y proporciona el único registro que atañe a la manifestación de Dios en Cristo. También se extiende la divina revelación en grandes detalles que se relacionan con Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, los ángeles, los demonios, el hombre, el pecado, la salvación, la gracia y la gloria. La Biblia, pues, puede ser considerada como el complemento perfecto de la divina revelación de Dios, parcialmente revelada en la Naturaleza, y más plenamente revelada en Cristo, y revelada completamente en la Palabra escrita.

B. REVELACION ESPECIAL

A través de toda la historia del hombre, Dios ha suministrado una revelación especial. Se registran muchas ocasiones en la Palabra de Dios en que habla directamente al hombre, como El lo hizo en el jardín del Edén, o a los profetas del Antiguo Testamento, o a los apóstoles en el Nuevo. Algunas de estas revelaciones especiales fueron registradas en la Biblia y forman el único y autorizado registro inspirado que tenemos de tal revelación especial.

Una vez completos los 66 libros de la Biblia, la revelación especial en el sentido ordinario de la expresión parece haber cesado. Nadie ha sido capaz de añadir con éxito un solo versículo a las Escrituras como declaración verdadera. Las añadiduras apócrifas son claramente inferiores y sin la inspiración propiamente dicha que caracteriza siempre todo escrito de la Escritura.

En lugar de la revelación especial, sin embargo, una obra del Espíritu Santo ha caracterizado especialmente la edad presente. Así como el Espíritu de Dios ilumina o arroja luz sobre las Escrituras, hay una forma legítima de tiempo presente en la revelación procedente de Dios, en la cual las enseñanzas de la Biblia se aclaran y se aplican a la vida de los individuos y las circunstancias.

Emparejada con la obra de iluminación está la obra del Espíritu como guía, cuando las verdades generales escriturísticas se aplican a las necesidades particulares de un individuo. Aunque ambas cosas -la guía y la iluminación- son obras genuinas de Dios, no garantizan que un individuo comprenda perfectamente la Biblia, o en todos los casos la comprenda adecuadamente con la guía de Dios. Así, mientras que la iluminación y la guía son una obra del Espíritu, no poseen la infalibilidad de la Escritura, puesto que los receptores son seres humanos de por sí falibles.

Aparte de esta obra del Espíritu de Dios, no obstante, al revelar lo que significa la Escritura, no hay comprensión real de la verdad, como se declara en 1 Corintios 2:10. La verdad de la Palabra de Dios necesita ser revelada a nosotros por el Espíritu de Dios, y necesitamos ser enseñados por el Espíritu (1 Co. 2:13). Según 1 Corintios 2:14, “… el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura y no las puéde entender, porque se han de discernir espiritualmente”. En consecuencia, la Biblia es un libro cerrado, por lo que respecta a su verdadero significado, para quien no sea cristiano y no esté enseñado por el Espíritu. Ello requiere, además, por parte del individuo estudioso de la Escritura, una íntima proximidad con Dios en la cual el Espíritu de Dios sea capaz de revelar su verdad.

C. INTERPRETACION

Al recibir la revelación que proviene a través del Espíritu Santo, en la forma en que El enseña la Palabra de Dios a un creyente en Cristo, los problemas de interpretación de la Biblia se hacen evidentes. Son necesarias ciertas reglas básicas si se tiene que comprender la ciencia de la interpretación, llamada “hermenéutica”. Aunque existe confianza y seguridad en el Espíritu Santo para la instrucción en la Palabra de Dios, hay ciertos principios que tienen que ser enumerados.

1. El propósito de la Biblia como un todo. Al interpretar la Biblia, cada texto tiene que ser tomado a la luz del contenido total de la Escritura, para que la Biblia no se contradiga a sí misma.

2. El mensaje particular de cada libro de la Biblia. La interpretación de la Escritura necesita siempre tomar en consideración el propósito del libro, del cual forma parte. Un estudio del Eclesiastés es, según esto, completamente diferente del de un libro como el Apocalipsis, o los Salmos, y la interpretación tiene que estar en relación con el propósito del libro.

3. A quién va dirigido. Mientras que toda la Escritura ha recibido por igual la inspiración de Dios, no toda Escritura es igualmente aplicable. Muchas falsas doctrinas se han producido mediante una errónea aplicación de la Escritura. De esta forma, la cuestión se plantea en lo concerniente a quién se considera en un pasaje particular. Es preciso distinguir la aplicación primaria y secundaria. La aplicación primaria puede extenderse sólo al individuo o grupo a quien va dirigida la Escritura, como, por ejemplo, la Epístola a los Gálatas o un salmo escrito por David. Hay casi siempre una segunda aplicación, cómo las verdades particulares se producen el texto escriturístico y que se descubre que tienen una aplicación general más allá de aquel a quien están realmente dirigidas. Así, mientras la ley en el Antiguo Testamento está dirigida a Israel, los cristianos pueden estudiarla con provecho como una revelación de la santidad de Dios, cambiando algunos particulares en su aplicación a nosotros.

4. El contexto. Una de las importantes consideraciones en la exposición de cualquier texto es considerar el contexto inmediato. Con frecuencia esto proporciona la pista para lo que fue escrito intencionadamente en esa declaración particular. La Escritura que precede y sigue cualquier versículo dado ayuda al lector a comprender tal versículo en sí mismo.

5. Las enseñanzas similares en otra parte de la Palabra de Dios. Ya que la Biblia no puede contradecirse a sí misma, cuando se hace una declaración teológica en un versículo ha de estar armonizada con cualquier otra declaración teológica similar en otra parte. Esta es la tarea particular de la teología sistemática, la cual intenta tomar toda la revelación divina y exponer de forma clara y convincente su contenido en una forma doctrinal que no sea contradictoria de cualquier porción o parte de la Sagrada Escritura. Con frecuencia, unos libros se complementan recíprocamente con otros. Por ejemplo, el libro del Apocalipsis repetidamente depende para su interpretación del libro de Daniel u otro del Antiguo Testamento, en sus profecías. Si el Espíritu Santo es el autor de la totalidad de la Palabra de Dios, lo que se dice en un lugar, debe ayudarnos a comprender lo que se dice en otro, en la Escritura.

6. Exégesis precisa de las palabras en un texto particular. La Biblia fue escrita originalmente en hebreo y en griego, y con frecuencia se presenta la dificultad de su correcta traducción. Por tanto, el conocimiento del lenguaje original es muy necesario para determinar con exactitud lo que dice el texto.

Los estudiosos de la Escritura que no disponen de esos recursos técnicos, pueden ayudarse frecuentemente por comentarios y exposiciones hechos por autores capacitados para arrojar luz sobre un texto particular. Aunque para la mayor parte de los propósitos una buena traducción es suficiente, un estudioso que ponga cuidado en su esfuerzo se ayudará a veces consultando trabajos de autoridades competentes, capaces de aclarar un texto específico.

Por añadidura, para determinar el significado real de las palabras, la adecuada interpretación asume que cada palabra tiene su significado literal normal, a menos que haya buenas razones para considerarla como una figura del discurso. Por ejemplo, la tierra prometida a Israel no debe ser considerada como una referencia al cielo, sino más bien como una referencia literal a la Tierra Santa. Por la misma razón, las promesas dadas a Israel no deberían ser espiritualizadas para aplicarlas a los creyentes gentiles en Cristo. La regla de interpretación es que las palabras deben tener su significado normal, a menos que el contexto indique claramente que se intenta emplear una figura de dicción en el discurso.

7. Precauciones contra los prejuicios. Si bien es adecuado para cualquier intérprete de la Escritura el aproximarse a un pasaje con la convicción teológica que surge del estudio de la totalidad de la Biblia, hay que tener cuidado en no retorcer el texto respecto a lo que no dice, con objeto de armonizarlo con ideas preconcebidas. Cada texto debe hablar por sí mismo, y ello hay que permitirlo incluso si deja temporalmente sin resolver algunos problemas de armonización con otra parte de la Escritura.

Al interpretar la Biblia, es importante considerar a la Escritura como una comprensiva revelación que tiene como fin el ser comprendida por todos los que son enseñados por el Espíritu. La Biblia tiene la intención de comunicar la verdad, y cuando está adecuadamente interpretada, contiene en sí un sistema de doctrina que es armonioso y no contradictorio.

PREGUNTAS

  1. ¿Por qué es razonable asumir que Dios haya deseado revelarse a sí mismo al hombre?
  2. ¿Cuál es la extensión y la limitación de la revelación en la Naturaleza?
  3. ¿Hasta qué extremo es Cristo una revelación de Dios?
  4. ¿Por qué ha sido la Palabra escrita necesaria para revelar a Dios completamente?
  5. ¿Cuáles son algunos de los temas más importantes de la revelación divina y que no pueden ser aprendidos en la Naturaleza?
  6. ¿Qué quiere significarse por revelación especial?
  7. ¿Qué obra del Espíritu ha reemplazado hoy la revelación especial y por qué es ello necesario?
  8. ¿Por qué es preciso tomar en consideración a la Biblia como un todo, al igual que el mensaje particular de cada libro de los que componen la Escritura?
  9. ¿Cuáles son los peligros de aplicar mal la Escritura, y por qué es preciso distinguir la aplicación primaria y secundaria?
  10. ¿A qué se contribuye con el contexto de cualquier pasaje?
  11. ¿Por qué es preciso que la interpretación de un texto esté en armonía con otros pasajes bíblicos?
  12. ¿Hasta qué extremo se requiere que la exégesis sea precisa?
  13. ¿Hasta qué extremo debería el significado normal de las palabras determinar el significado de un pasaje?
  14. ¿Cuál es el peligro de los prejuicios al interpretar la Escritura?

Escrito por: Lewis Sperry Chafer

Fuente: Grandes Temas Bíblicos, 52 doctrinas clave de la Biblia sintetizadas y explicadas

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Sistemas de Interpretación de la Profecía


LAS ÚLTIMAS PALABRAS de un amigo que parte están siempre llenas de significado, y las del Señor Jesucristo no son una excepción. Poco antes de que dejara esta tierra dijo El a Sus discípulos: «Volveré otra vez», y estas palabras han constituido la bendita esperanza de la Iglesia a través de los años de la ausencia del Señor. No obstante, muchos cristianos no han comprendido todo el significado de estas palabras, en tanto que otros, habiéndolas malentendido, han leído en ellas otros significados. No obstante, en esta consideración de las bases de la fe premilenial, no hay la intención de simplemente añadir a la cantidad de literatura de controversia que ya existe acerca de este tema, sino más bien se pretende cubrir la necesidad de una exposición completa del premilenialismo de una forma positiva.

Además, la intención no es la de mostrar que todos los premilenialistas concuerdan en cada punto de su sistema, puesto que es evidente que no es así, y aunque no se esquivarán las diferencias y dificultades, se mostrará que éstas no constituyen problemas principales que invaliden el sistema entero. En verdad, las líneas generales y básicas de la verdad permanecen firmes, y éstas forman una base inmutable de la fe premilenial. Existen dos grupos principales de premilenialistas:

1. La escuela histórica que cree en el reinado terrenal de mil años, pero que no hace una clara distinción entre Israel y la Iglesia.

2. Los dispensacionalistas, que ven un programa distinto para cada uno de ellos. Este libro presenta esta segunda postura. De todas maneras, no creemos que esta divergencia de opinión constituya un problema básico en el sentido que invalide el conjunto de la tesis milenial. De hecho, las líneas directrices que consideramos bíblicas permanecen en todo caso, y son ellas las que forman la base del premilenialismo.

I. SISTEMAS DE INTERPRETACIÓN

La palabra milenio, de la palabra latina mille (mil) y annus (año), no se halla en la Biblia, aunque su equivalente griego, , aparece seis veces en Apocalipsis 20:2-7. La palabra en sí misma indica meramente un período de tiempo de esta magnitud, pero con respecto a la creencia de tal período de tiempo que se denomina quiliasmo, milenarismo, o premilenialismo han surgido tres sistemas principales de interpretación.

Premilenialismo

En general, el sistema premilenial se puede caracterizar de la siguiente manera: los premilenialistas creen que la suya es la fe histórica de la Iglesia. Aferrándose a una interpretación literal de las Escrituras, creen que las promesas hechas a Abraham y a David son incondicionales y que han tenido o tendrán su cumplimiento literal. En ninguna manera estas promesas hechas a Israel han sido abrogadas o cumplidas por la Iglesia, la cual constituye un cuerpo distinto de esta edad, poseyendo promesas y un destino diferente del de Israel. Al final de esta edad, creen los premilenialistas que Cristo volverá por Su Iglesia, encontrándose con ella en el aire (no se trata de la Segunda Venida de Cristo), suceso el cual, denominado arrebatamiento o traslado, introducirá un período de siete años de tribulación sobre la tierra. Después de esto, el Señor volverá a la tierra (ahora sí se trata de la Segunda Venida de Cristo) para establecer Su reino sobre la tierra por mil años, durante los cuales se cumplirán las promesas dadas a Israel.

Los opositores al sistema premilenial han tratado de oscurecer los principales puntos inventando distinciones entre los premilenialistas históricos, los pretribulacionistas, los dispensacionalistas, y los ultradispensacionalistas.2 Tales distinciones carecen de justificación, dado que las diferencias involucradas son tan pequeñas, y dado que las raíces del premilenialismo son mucho más profundas.

Postmileníalismo

Este sistema, que obtuvo forma teológica con las enseñanzas de Daniel Whitby (1638-1726), enseña que la Segunda Venida de Cristo seguirá a los mil años de paz y de justicia. Aunque creyendo con la Iglesia primitiva que el reino vendrá con la Segunda Venida de Cristo, Whitby afirmó que mediante las actuales agencias del Evangelio toda maldad en el mundo sería corregida hasta que Cristo tuviera un reino espiritual durante mil años, después de cuyo período El vendría a juzgar y a concluir el presente orden.

Un postmilenialista más reciente, Lorraine Boettner, escribe así:

«…el mal, en todas sus formas, será finalmente reducido a proporciones insignificantes, los principios cristianos vendrán a ser la regla en lugar de la excepción, de manera que Cristo volverá a un mundo verdaderamente cristianizado… Las órdenes formales de Cristo son proclamar el evangelio al universo, conducir, durante el tiempo de la gracia, a un máximo de personas de todas las naciones a la conversión».

El mal ha progresado hasta tal punto en estas décadas últimas que esta teoría ha quedado arrojada al descrédito hasta el punto de que virtualmente nadie la acepta, a excepción de una pequeña minoría. Además, con su idea de un mundo liberado del mal, esta escuela ha dado involuntariamente origen al evangelio social, resultado de los esfuerzos humanos.

Amilenialismo

Una definición dada de esta enseñanza por parte de un amilenialista es tal como sigue: Esta es la enseñanza de que la única venida visible de Cristo a esta tierra que la Iglesia tiene que esperar será para juicio y que será seguida del estado eterno. Es antiquiliástica o amilenial, debido a que rechaza la doctrina de que tiene que haber dos resurrecciones con un intervalo de mil años entre ellas.

El amilenialismo nació de la teología de la Iglesia Romana que enseña que la Iglesia es el reino y que por ello está reinando o que debiera estar reinando ahora. Tuvo sus orígenes en las enseñanzas de Agustín que enseñaba que el milenio se tiene que interpretar espiritualmente como cumplido en la Iglesia. Mantenía él que el encadenamiento de Satanás tuvo lugar durante el ministerio terrenal de Cristo (Le. 10:18), que la primera resurrección es el nuevo nacimiento del creyente (Jn. 5:25), y que el milenio tiene que corresponderse, por ello, con el período interadventual de la era de la Iglesia. Pero, aunque Agustín interpretó Apocalipsis 20:1-6 como una recapitulación de los capítulos precedentes del libro, aceptó los mil años literalmente. No obstante, ya que la venida del Señor no tuvo lugar al final del primer milenio de la era cristiana, los amilenialistas actuales mantienen que mil, un número de perfección o de plenitud, es una referencia simbólica del período completo entre las dos Venidas de Cristo.

II. LA IMPORTANCIA DEL ESTUDIO DE LA PROFECÍA

No parece fuera de lugar dar unas pocas razones básicas de la razón de estar interesados en el estudio de temas proféticos y, en consecuencia, de la existencia de este libro.

En relación con Dios

Los cristianos debieran estar interesados en la profecía debido a lo que Dios es. O bien el mundo se halla fuera del control de Dios y Sus planes no son nada más que un montón de retazos, o bien El es absolutamente soberano, y tiene un plan que está llevando a cabo (Is. 46:11). Ciertas partes de este plan se han cumplido ya, y ello de manera literal; ello indica que el resto se cumplirá también literalmente. Así, la fe en las profecías es fe en Dios y en Su plan revelado.

En relación con las Escrituras

La profecía cumplida es una de las pruebas más poderosas de la verdad y exactitud de las Escrituras. Que las profecías que se han cumplido lo hayan sido por casualidad se halla fuera del reino de la probabilidad. Además, no hay escape de la responsabilidad de conocer y exponer las Escrituras proféticas ya que el siervo del Señor ha sido designado para declarar todo el consejo de Dios (Hch. 20:27). Dieciséis libros en el Antiguo Testamento y una vigésima parte del Nuevo Testamento son proféticos, y en verdad uno no puede dejar de lado una parte tan considerable de la Palabra de Dios. Ciertamente que no es el propósito de Dios que ninguna porción de Su Palabra sea menospreciada. Tampoco tiene que serlo el nuestro, si hemos de ser obedientes.

En relación con el creyente

El estudio de la profecía hará unas ciertas cosas por el creyente:

  1. Le guardará de falsas doctrinas y de falsas esperanzas.
  2. Le ayudará a hacer que lo invisible le sea real y creará dentro de la vida del creyente la misma atmósfera del cielo. No se puede hacer otra cosa que adorar, por ejemplo, cuando se lee Apocalipsis.
  3. Dará gozo en medio de la tribulación y de la aflicción (2.Co. 4:17).
  4. Incrementará la propia lealtad hacia Cristo y producirá un verdadero servicio abnegado hacia El.
  5. Cuando el creyente se da cuenta total de la gloria que constituye su futuro, se queda satisfecho con ser nada en el presente.
  6. La verdad profética es la única cosa que puede dar verdadero consuelo en tiempos de tristeza y de duelo (1.Ts. 4:13-18).
  7. Toda la Escritura es provechosa y la profecía no constituye ninguna excepción porque producirá y alentará una vida santa (1. Jn. 3:3).

Quiera el Espíritu Santo impedir que los que lean estas páginas sean solamente oidores de la Palabra profética, y quiera El incrementar en cada uno de nosotros el amor de la manifestación de nuestro Señor Jesucristo.

Notas editoriales
1.George E. Ladd, en Robert G. Clouse, ed., The Meaning of the Millennium: Four Views, p. 20.
2.Ver Oswald T. Allis, Prophecy and the Church, pp. 6-15, y Floyd E. Hamilton, The Basis of Millennial
Faith, pp. 21-30.
3.Lorraine Boettner, en Robert G. Clouse, ed., The Meaning of the Millennium: Four Views, p. 118.
4. Allis, op. cit., p. 2.

Autor: Charles Ryrie

Extracto del libro: “Bases de la Fe Premilenial”

Textos del TULIP examinados


“Vaya a su Biblia y lea por sí mismo en los únicos dos capítulos en los que esta palabra predestinar o predestinado se encuentra. El primero es Romanos 8:29-30, el otro capítulo es Efesios 1:5 y 11. Notará que no existe ninguna referencia en estos cuatro versículos al cielo o al infierno sino a la semejanza a Cristo eventualmente. En ninguna parte se nos dice en la Escritura que Dios predestinó a un hombre para ser salvo y a otro para perderse. Los hombres se salvan o se pierden eternamente debido a su actitud hacia el Señor Jesucristo. La predestinación significa que algún día todos los redimidos serán como el Señor Jesús”.

“D.L. Moody solía ponerlo muy simple: Los elegidos son los “todo aquel que crea”, los no elegidos son los “todo aquel que no crea”. Esto es exactamente lo que la Escritura enseña, la invitación es para todos, aquellos que la aceptan son los elegidos. Recuerde, nunca se nos dice que Cristo murió por los elegidos”.

“’Todo aquel’ significa todo aquel. Sólo un teólogo prejuiciado, con un interés personal, podría pensar que esto significa sólo los elegidos”.

Textos calvinismo examinados

15 de febrero 2006 (David Cloud, Servicio de Información Fundamental Bautista, PO Box 610368, Port Huron, MI 48061, 866-295-4143, fbns@wayoflife.org, para obtener instrucciones sobre la suscripción y darse de baja o cambiar las direcciones, ver el apartado de información en Al final del artículo) –

En este informe se analizan los principales textos probatorios para apoyar la doctrina del calvinismo, el Tulipán (TULIP, un acróstico, por sus siglas en inglés): depravación total, elección incondicional, expiación limitada, gracia irresistible y la perseverancia de los santos. Hemos decidido no tratar el último punto de la teología TULIP porque se define de diferentes maneras y por si esto significa simplemente que el salvado no se puede perderse, entonces estamos de acuerdo con él.

Sé por experiencia que un hombre que está firmemente comprometido con la teología de “la gracia soberana” no acepta mi interpretación de los siguientes pasajes. He dialogado con muchos calvinistas comprometidos y he aprendido que tienen una respuesta para todo y siempre, siempre, siempre se quejan de que los no-calvinistas no entiende el calvinismo. Uno puede estudiar profundamente el calvinismo, incluso leer “La Institución de la Religión Cristiana” por Juan Calvino, y citarles directamente de sus propios escritos, pero si tal persona sigue siendo un no-calvinista, siempre será acusado por no comprender y tergiversar el calvinismo.

Escribí este artículo para los muchos creyentes de hoy en día que están siendo sometidos nuevamente al calvinismo. Esto está ocurriendo mucho en los círculos bautistas fundamentales. Muchas iglesias que se establecieron como no-calvinistas y sus declaraciones de fe eran no-calvinista; ahora se está infiltrando el calvinismo, y en algunos casos, las iglesias están siendo tomadas por los calvinistas.

Mi única petición es que el lector cristiano ejerza su derecho dado por Dios a la “interpretación privada.” Esto significa que el creyente tiene el Espíritu Santo morando en él y es su guía espiritual, por tanto puede conocer la verdad. “Pero la unción que vosotros recibisteis de él permanece en vosotros, y no tenéis necesidad de que nadie os enseñe; así como la unción misma os enseña todas las cosas, y es verdadera, y no es mentira, según ella os ha enseñado, permaneced en él.” (1 Jn. 2:27). Por lo tanto, debemos “examinarlo todo y retened lo bueno” (1 Tes. 5:21.) Y en la búsqueda de “escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así.” (Hechos 17:11).

“El que quiera hacer la voluntad de Dios, conocerá si la doctrina es de Dios, o si yo hablo por mi propia cuenta.” (Jn. 7:17).

VERSÍCULOS que se utilizan para apoyar la definición calvinista de “la soberanía de Dios”

El error fundamental del calvinismo consiste en asignar una definición de “soberanía” divina (una palabra que en ninguna parte de las Escrituras aparece, sino que se utiliza en referencia a la magnífica omnipotencia de Dios) que hace imposible que el hombre tenga una opción en la salvación, aunque la Biblia dice que él la tiene, y luego construye sobre esa base defectuosa.

Arthur Pink comienza su libro “La Soberanía de Dios”, con tres capítulos sobre “la soberanía de Dios.” Después de citar los siguientes versículos claves, como Ef. 1:11, que dice que Dios hace todas las cosas según el designio de su voluntad, que concluye con estas palabras: “El Señor omnipotente reina. … Ningún planeta gira, ninguna estrella brilla, ni hay tormenta, ni movimiento de criatura, ni acto de un hombre, no hacer compras, pueden suceder de otra manera que Dios ha propuesto eternamente “(p. 46).

De hecho, los versos que Pink cita para probar esta conclusión no hacen tal cosa, y eso es lo que el hijo de Dios debe tener cuidado al examinar la teología. La correcta interpretación de la Biblia permite que las palabras de la Escritura hablen por sí mismas en lugar de forzar la teología de uno en ellos.

Decir que Dios anula la voluntad de los demonios y la de los pecadores para que Su voluntad divina y su programa general sean siempre en última instancia, logrado; no es lo mismo que decir que los demonios y los pecadores no tienen voluntad efectiva y que Dios todo lo que en realidad los propósitos que lo hacen. Para que Dios permite el mal algo y algo contrario a su voluntad, y después trabajar esa cosa en su programa general para todas las edades, para que “todas las cosas ayudan a bien” no es lo mismo que proponiéndose ella.

Vamos a examinar los textos principales calvinismo es una prueba de Dios “soberanía”:

Efesios 1:11“En él asimismo tuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad.”

Este es un verso maravilloso y nos dice cuán grande es Dios, pero no dice nada acerca de si Dios ha dado al hombre una voluntad y hasta qué punto puede ejercer esa voluntad. No dice nada acerca de si un pecador puede creer en Cristo para salvación. Decir que Dios hace todas las cosas según el designio de su voluntad no es contraria a la doctrina de que Dios creó al hombre con voluntad y con la capacidad de responder a Dios o rechazar a Dios. Es el calvinista que crea este supuesto “problema” y responde por su propia lógica más que por la clara enseñanza de la Escritura.

Daniel 4:35 “Y todos los habitantes de la tierra son considerados como nada; y él hace según su voluntad en el ejército del cielo, y entre los habitantes de la tierra, y no hay quien detenga su mano, y digo: él, ¿Qué haces?”

Esta declaración fue hecha por el rey Nabucodonosor, después de haber sido castigado por Dios y su razón había vuelto a él y se había arrepentido de su orgullo. Este verso está diciendo simplemente que Dios es Dios y Él gobierna en última instancia sobre los asuntos de los hombres. El versículo no dice nada sobre si el hombre puede aceptar o rechazar el evangelio, acerca de si la gracia de Dios es resistible. No dice nada sobre si Dios elige soberanamente a algunos hombres a la elección y la reprobación de algunos. Para que un pecador se niegan a arrepentirse no es “detener la mano de Dios”, porque el programa eterno de Dios a la derecha en rollos, independientemente de lo que los hombres individuales hacer en estos u otros asuntos.

Salmo 115:3“Nuestro Dios está en los cielos: que él ha hecho todo lo que él ha agradado.”

Sin duda, nos hace creer que Dios quiera que sea, y bendecid su nombre que lo que quiere siempre es justo y bueno. Además, Dios ha revelado Su voluntad en las Escrituras, y las Escrituras nos dicen que era su placer de enviar a Jesús a morir para que “todo aquel que en él cree no se pierda.”

Isaías 14:27 “Porque Jehová de los ejércitos lo ha determinado, ¿y quién lo impedirá? y su mano extendida, ¿quién la hará retroceder?”

El contexto de este versículo es la determinación de Dios para juzgar a las naciones. “Este es el consejo que está sobre toda la tierra: y esta es la mano que está extendida sobre todas las naciones” (versículo 26). En efecto, cuando Dios algo con fines Su voluntad no puede ser frustrado. Sin embargo, este versículo no dice nada sobre las elecciones Sovereign Sovereign o reprobación o la Gracia Irresistible o cualquiera de los puntos de la teología de tulipán.

Hechos 15:18 “Conocidas son a Dios todas sus obras desde el principio del mundo”.

Este versículo simplemente dice que Dios conoce todas sus obras y siempre ha conocido. No dice nada de una manera u otra acerca de cualquiera de los puntos de tulipán. Que Dios conoce todas sus obras desde el principio del mundo no quiere decir que los hombres son soberanamente elegidos para la salvación o reprobación. No quiere decir que todo lo que Dios pre-ordena lo que sucede.

Proverbios 16:9 “El corazón del hombre piensa su camino: Mas Jehová endereza sus pasos.”

Este versículo no es compatible con el calvinismo, porque dice que el corazón del hombre piensa su camino. Por lo tanto, enseña que el hombre tiene una voluntad que puede ejercer. El hecho de que las decisiones de Dios anula el hombre y tiene la última palabra en todos los asuntos no es contraria a la doctrina de que el hombre tiene una voluntad por la cual puede aceptar o rechazar la relación de Dios con él.

Proverbios 19:21 “Existen muchos aparatos en el corazón del hombre, sin embargo el consejo de Jehová, que se levantará.”

Una vez más, este versículo no es compatible con el calvinismo, porque dice que el hombre quiere las cosas en su corazón. El hecho de que el consejo de Dios anula la voluntad del hombre no es una defensa para el calvinismo. Los que las llamadas calvinista (por lo general falsa) “arminianos” creo que esto, también.

Proverbios 21:1 – “El corazón del rey está en las manos del Señor, como los ríos de agua: revolvió que por donde quiera que va.”

El hecho de que el Señor anula el corazón del rey no prueba que la doctrina calvinista de la predestinación soberana de todas las cosas ni tampoco probar la doctrina calvinista de que el hombre no puede aceptar o rechazar la oferta de salvación de Dios. Estos Proverbios enseñan la doctrina simple e importante que aunque el hombre tiene una voluntad que ejerce en el ámbito de la libertad que Dios le asigna, es Dios quien determina en última instancia si el hombre se le permite actuar fuera de su voluntad o no.

Proverbios 21:30 “No hay sabiduría, ni inteligencia, Ni consejo, contra Jehová.”

Este versículo significa que no hay consejo final contra el Señor y que Él siempre tiene la última palabra. Sabemos por otras Escrituras que el diablo y los pecadores se han hecho muchos consejos contra el Señor, pero que el abogado no puede permanecer. No se sigue que el hombre no tiene voluntad de que se puede ejercer a favor o en contra del Señor. Definitivamente, puede ejercer una voluntad y él lo hace y al hacerlo se ahorca con su propia cuerda, porque Dios siempre tiene la última palabra, y él ha dicho que “el que creyere y fuere bautizado, será salvo; sino el que cree no será condenado “(Marcos 16:16).

Salmo 33:11 “El consejo de Jehová permanecerá para siempre, los pensamientos de su corazón por todas las generaciones.”

Que el consejo del Señor permanece para siempre, y sabemos que lo hace, no significa que Dios no podría haber soberanamente decidido a crear al hombre con una voluntad que puede ejercer y con la capacidad ni siquiera para ir tan lejos como para creer en Dios o no creer en Dios.

Isaías 14:27“Porque Jehová de los ejércitos lo ha determinado, ¿y quién lo impedirá? y su mano extendida, ¿quién la hará retroceder? “

Nada de lo que los propósitos de Dios puede ser anulado, pero esto no quiere decir que Dios foreordains todo lo que sucede, incluso las decisiones y acciones de los hombres y los demonios. Dios se ha propuesto que “todo aquel que cree” en Cristo Jesús “no se pierda, mas tenga vida eterna.” Que el Dios Todopoderoso ha dado a los pecadores una opción en la materia no hace nada para derrocar a su soberanía o poder.

Isaías 46:9-10“Acordaos de las cosas anteriores ya pasadas, porque yo soy Dios, y no hay otro, yo soy Dios, y no hay ninguno como yo, que declaro el fin desde el principio, y desde la antigüedad cosas que aún no era hecho, diciendo: Mi consejo permanecerá, y haré todo lo que quiero. “

Que el consejo de Dios prevalecerá, y Él hará todas las de su placer, no quiere decir que “no hay acciones de los hombres, no hacer compras, pueden suceder de otra manera que Dios ha propuesto eternamente” (Rosa). Que Dios permita algo y, finalmente, a trabajar esa cosa en su programa general para todas las edades no es lo mismo que proponiéndose ella. El consejo de Dios se revela en las Escrituras, y no nos enteramos de que Dios ha dado al hombre una voluntad que puede ejercer en contra de Dios. Vemos esto en el Jardín del Edén, y en el caso de Adán, el primogénito de Eva a Caín, y en el caso del mundo antes del diluvio, y en el caso de la Torre de Babel, y en el caso de Israel antes de la llegada de Cristo, y en el caso de Israel durante los días terrenales de Cristo, y en el caso de los pecadores de hoy, ya lo largo de la historia.

Versos que son utilizados para apoyar la doctrina calvinista de la depravación total (la esclavitud de la voluntad)

De acuerdo con la doctrina calvinista de la depravación total, el hombre no sólo es injusto y los muertos en vuestros delitos y pecados, él es esta en un sentido tal que ni siquiera puede creer en Cristo para la salvación, en un sentido que no puede hacer ninguna elección en lo que respecta a la salvación. Desde que se la caída, el hombre ha estado en cautiverio por lo que ni siquiera pueden responder a la oferta de Dios de la gracia.

En palabras de la depravación total Confesión de Westminster se define de la siguiente manera: “El hombre, por su caída en un estado de pecado, ha perdido por completo toda la capacidad de voluntad para la salvación espiritual que acompaña cualquier bien, así que como hombre natural está enteramente opuesto a ese bueno, y los muertos en pecado, no es capaz, por su propia fuerza, convertirse a sí mismo, o para que se prepare thereunto”.

Como hemos dicho, la doctrina calvinista de la depravación total no termina simplemente con el hombre en una condición totalmente injusta, con una naturaleza caída y corrupta y el corazón y es incapaz de salvarse a sí mismo por sus obras. Esta doctrina implica también algo que se llama la “esclavitud de la voluntad.”

El Dr. Jeffrey Khoo, un presbiteriano que dirige el Lejano Oriente Bible College en Singapur (un acérrimo defensor de la fe y un hombre por quien tengo un gran respeto a pesar de nuestras diferencias), escribe: “la libertad de elección del hombre ha sido perdido desde la caída. … La Biblia enseña incapacidad del hombre y de la depravación total “(Arminianismo examinados, p. 4).

Cuando el Dr. Khoo habla de “incapacidad humana”, quiere decir no sólo que el pecador es incapaz de salvarse por sus obras, sino también que el pecador es incapaz de responder en la fe a la oferta de Dios de la salvación.

He desafiado a los calvinistas que me diera una sola Escritura que enseña, y que he examinado los libros de los calvinistas de un texto de prueba, pero en vano. Como veremos, los siguientes pasajes bíblicos que se pongan como textos de prueba no enseñan su doctrina en lo que respecta a la voluntad del hombre y su incapacidad para ejercer la fe.

Estamos totalmente de acuerdo que la Biblia enseña que el hombre es totalmente depravado en el sentido de que el pecador es corrupto e injusto y que no hay nada bueno en lo que es agradable delante de Dios y que es imposible para él para ganar la salvación a través de sus propias obras, PERO calvinismo va más allá y añade su propio toque personal único, que no es apoyada por las Escrituras, que el pecador es incapaz incluso de CREER y que su voluntad es tanto en la esclavitud del pecado que Él no puede aceptar o rechazar el Evangelio.

A continuación se presentan pasajes importantes que son utilizados por los calvinistas para apoyar la doctrina de la depravación total:

Efesios 2:1-3 – “Y os dio vida, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, en el que en otro tiempo anduvisteis conforme a la condición de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, los deseos de la carne y de la mente, y éramos por naturaleza hijos de ira, también como los demás . ”

Este pasaje no dice nada sobre el pecador no ser capaz de creer y nada acerca de la condición de su voluntad en lo que respecta a la aceptación o el rechazo del evangelio. Se dice que el pecador está muerto en delitos y pecados, camina de acuerdo con el curso de este mundo y de acuerdo con el príncipe de la potestad del aire, es un hijo de desobediencia, y es, por naturaleza, el hijo de la ira.

Pero esto no es lo mismo que la doctrina calvinista de la depravación total, que va más allá de las propias palabras de las Escrituras, como los que encontramos en este importante pasaje, y agrega el negocio de la voluntad del pecador y él no poder creer.

Isaías 64:6-7“Pero todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia; y caímos todos nosotros como la hoja, y nuestras iniquidades, como el viento, nos han quitado. Y no hay nadie que invoque tu nombre, para que se despierte para apoyarse en ti:. Porque has escondido tu rostro de nosotros, y nos has consumido, debido a nuestros pecados “

Una vez más, a pesar de que este versículo nos enseña que el hombre caído no tiene justicia que es agradable delante de Dios y que incluso sus justicias alegados son como trapos de inmundicia delante de un Dios tres veces santo, el verso no dice nada sobre la voluntad del hombre o de su capacidad o incapacidad para responder a la gracia de Dios.

Que no hay nadie que invoque el nombre del Señor, o se mueve a sí mismo para apoyarse en Dios no significa que el pecador es incapaz de responder a la gracia de Dios y no significa que no puede creer en el evangelio. Abandonado a sí mismo, el pecador no busca a Dios, ni invocar su nombre, sino a los pecadores no son abandonados a sí mismos. Se les da la luz (Juan 1:09), condenado (Jn. 16:8), y el atractivo de Cristo (Jn. 12:32). Dios ha ordenado que el evangelio sea predicado a todos los pecadores y que aquellos que creen serán salvos (Marcos 16:15-16), y no hay nada en Isaías 64:6-7 que dice que el pecador no puede creer en respuesta a Dios el trabajo de la iluminación, la convicción y el dibujo.

Romanos 3:10-18 – “Como está escrito: No hay justo, ni aun uno no: No hay quien entienda, No hay quien busque a Dios. Todos se desviaron del camino, a una se hicieron inútiles; no hay quien haga lo bueno, ni aun uno hace. Su garganta es un sepulcro abierto; con sus lenguas tratan engañosamente; el veneno de áspides hay debajo de sus labios: su boca está llena de maldición y de amargura Sus pies se apresuran para derramar sangre; Quebranto y desventura hay en sus caminos; y el camino de la paz no conocieron: No hay temor de Dios delante de sus ojos”.

Este pasaje es una condena directa del hombre caído. No es justo. No entiende ni buscar a Dios. Él ha salido del camino y de ser rentables. No hacer el bien. Su boca está llena de engaños y maldición y de amargura. No tiene temor de Dios.

Considere, sin embargo, que este pasaje no dice nada sobre la voluntad del hombre o de su capacidad o incapacidad para recibir el evangelio o el ejercicio de la fe. Que ningún pecador busca naturalmente a Dios no quiere decir que no puede creer en el evangelio cuando se le ofrece en el contexto de la iluminación de Dios (Jn. 1:9), la convicción (Juan 16:8), y el dibujo (Jn . 12:32).

Génesis 6:5“Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos de su corazón eran puro mal de continuo.”

Una vez más, no hay nada en este versículo acerca de la voluntad del hombre y de si puede o no creer en Dios y acepta su oferta de la gracia.

Jeremías 17:9“El corazón es engañoso sobre todas las cosas, y perverso: ¿quién lo conocerá?”

Este versículo trata el corazón del pecador, pero no su voluntad. Se nos dice claramente que el corazón del pecador es engañoso y perverso, y nadie puede entender adecuadamente la humanidad hoy en día, a menos que entender y creer esta enseñanza, pero no nos dice que el pecador no puede creer en el evangelio. No dice nada sobre la condición de la voluntad del pecador en lo que respecta a la fe de hacer ejercicio.

1 Corintios 2:14“Pero el hombre natural no percibe las cosas del Espíritu de Dios, porque le son locura a él y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente.”

Este versículo nos enseña que el hombre no salvo no recibe las cosas del Espíritu de Dios y no tiene la capacidad natural de discernir las cosas espirituales. Sin embargo, no dice nada acerca de la condición de la voluntad del hombre no salvo, o si es capaz de creer en el evangelio o no. Decir que el pecador no natural percibe las cosas que el Espíritu de Dios no es para decir que él no puede. Aparte de la iluminación divina, la convicción, y el dibujo, ningún pecador que responden al Evangelio, pero la iluminación, la convicción, y el dibujo se extiende a todos los pecadores (Juan 1:09; 16:8; 12:32). “Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre que viene al mundo” (Jn. 1:9).

2 Tesalonicenses 2:13“Pero nosotros debemos dar siempre gracias a Dios por vosotros, hermanos amados por el Señor, que Dios os haya escogido desde el principio para salvación, mediante la santificación por el Espíritu y la fe de la verdad”

Arthur Pink usa este versículo como prueba de la doctrina calvinista de que el nuevo nacimiento precede a la fe.

A la luz de los siguientes pasajes, es evidente que 2 Tes. 02:13 No se indica el orden exacto de las cosas.

El paso principal en el nuevo nacimiento es Juan 3. En el versículo 1-8 Jesús instruye a Nicodemo que debía nacer de nuevo, o no puede ver el reino de Dios. En el versículo 9, Nicodemo le preguntó a Jesús cómo puede ser esto. En el versículo 10-21, Jesús responde a esta pregunta y explica cómo un hombre nace de nuevo, y la respuesta es que ha nacido de nuevo por creer (Jn. 3:14-16)! Esto es exactamente lo que el calvinista dice que el pecador no puede hacer. ¿Cómo puede un hombre muerto creer, razones? Bueno, si vamos a tomar el “hombre muerto” analogía literalmente, a un hombre muerto no puede pecar tanto. Un hombre muerto, si se toma literalmente, no se puede rechazar el evangelio más de lo que puede aceptar el evangelio, pero las reclamaciones calvinista que mientras que el pecador muerto puede rechazar el evangelio, pero no puedo aceptarlo. Cuando la Biblia dice que el pecador está muerto en delitos y pecados que significa que está separado de la vida divina de Dios debido al pecado. Para tomar esta analogía más allá de la enseñanza actual de la Biblia y darle otros significados, como a la razón ya que el pecador está muerto en delitos y pecados que no debe ser capaz de creer, es pasar de la verdad a la herejía.

Efesios 1:13 también se da la orden de la salvación. “En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación. En el cual también desde que creísteis, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa de…” Primero el pecador cree y recibe el Espíritu Santo.

El orden de la salvación también es claro en Hechos 16:30-31, en el caso del carcelero de Filipos. “Y los sacó y les dijo: Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo? Y ellos dijeron: Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa. “Tenga en cuenta que el carcelero no había nacido de nuevo cuando se le preguntó qué debía hacer para ser salvo, y Pablo dijo que él debe creer en la Señor Jesucristo. Obviamente Pablo sabía que el pecador no salva puede hacer exactamente eso y para que creyendo que iba a nacer de nuevo.

El orden de la salvación, se aclara también en Efesios 2:8-9 – “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe, y esto no de vosotros pues es don de Dios: No por obras, para que nadie se gloríe. “Aquí nos encontramos con que la fe es el medio por el cual somos salvos, es la” mano que se extiende a aceptar el regalo de Dios “.

Es obvio a partir de los versículos anteriores que la fe precede y da lugar a la salvación.

Al mismo tiempo, es importante observar que desde la perspectiva de Dios, la santificación del Espíritu y la fe en la verdad ocurren simultáneamente. A pesar de que somos salvos por la fe, esa fe se ejerce en el contexto del Espíritu de Dios, iluminando y el dibujo y la condena y, finalmente, la regeneración y la santificación. Por tanto, sería humanamente imposible separar la “fe en la verdad” de la “santificación por el Espíritu.”

Versos que son utilizados para apoyar la doctrina calvinista de la elección incondicional y la reprobación SOBERANO

De acuerdo con esta doctrina, Dios incondicionalmente y “soberanamente” elige quien será salvado y que no se guardarán y esta elección no tiene nada que ver con lo que el pecador, incluyendo el ejercicio de la fe en el Evangelio. Consideremos las palabras de la Confesión de Westminster: “Por el decreto de Dios, la manifestación de su gloria, algunos hombres y ángeles son predestinados para la vida eterna y otros pre-ordenados a muerte eterna. Estos ángeles y hombres, así predestinados y pre-ordenados, están diseñados particular e inalterablemente, y su número es tan cierto y definido que no puede ser aumentado o disminuido. … El resto de la humanidad, Dios se complació, según el consejo inescrutable de su propia voluntad, por el cual la misericordia extiende o impide, como le plazca, para la gloria de su poder soberano sobre sus criaturas, a pasar de largo, y ordenarlas de modo que deshonraron y la ira por sus pecados, para alabanza de su gloriosa justicia. ”

Juan Calvino expresó la doctrina de la elección incondicional en estas palabras: “La predestinación que llamamos el decreto de Dios, que Él ha determinado en sí mismo, lo que tendría que ser de cada individuo de la humanidad. Porque no todos son creados con un destino similar: la vida eterna, pero está predestinado para algunos, y la condenación eterna para los demás “(Institución de la Religión Cristiana, Libro III, cap 21.).

Tenga en cuenta que la elección soberana está acompañada por la doctrina gemela de la reprobación soberana de los no elegidos. Calvino hizo hincapié en esto de la siguiente. “[Dios] se dedica a la destrucción de quien le plazca … que están predestinados a la muerte eterna, sin demérito de su cuenta, simplemente por su voluntad soberana. … Que ordena todas las cosas por su abogado y el decreto de tal manera, que algunos hombres nacen dedicado desde el vientre a una muerte segura, de que su nombre de gloria en su destrucción. … Dios elige a quien quiere como a sus hijos…, mientras que rechaza y reprueba los demás “(Institución de la Religión Cristiana, Libro III, cap. 23).

Los siguientes son los textos principales pruebas que son presentadas en apoyo de la elección soberana:

1 Pedro 1:2“Elegidos según la presciencia de Dios Padre en santificación del Espíritu, para obedecer y ser rociados con la sangre de Jesucristo: Gracia a vosotros y paz os sean multiplicados.”

Este versículo dice que la elección de Dios está basada en su conocimiento previo. La posición calvinista de serie en la presciencia es, básicamente, a acabar con ella por lo que es lo mismo que forewill, eliminando por completo la posibilidad de que la elección de Dios podría tener algo que ver con lo que prevé. Pero la palabra que Pedro utiliza para “presciencia” es una palabra que significa simplemente que Dios conoció de antemano lo que iba a suceder. Es la palabra griega “pronóstico”, que es una palabra todavía se usa comúnmente en nuestro idioma. Cuando un médico le da el pronóstico de una enfermedad, se describe la progresión normal de la enfermedad. Básicamente, es capaz de predecir el futuro, porque sabe de antemano qué va a pasar. La doctrina de la “presciencia”, si no es redefinido por el calvinismo, va un largo camino, aunque no todo el camino, para explicar el misterio de cómo Dios pudo elegir, pero el hombre puede elegir. No es, sin duda, más que conocimiento previo a la elección y no tienen la pretensión de ser capaz de explicar estas cosas por completo, pero el hecho es que la Palabra de Dios nos enseña que el conocimiento previo está involucrado y no se puede redefinir el significado de “predestinación”.

En su intento de redefinir la “presciencia” y moldearla en “predestinación”, el calvinista utiliza comúnmente Hechos 2:23, que dice que Jesús fue crucificado “por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios.” El calvinismo afirma que determinado consejo y conocimiento previo es la misma cosa, pero es evidente que se trata, en realidad, dos cosas diferentes. Los puntos calvinista que “determinado consejo” precede a “conocimiento previo”, pero es lo que deja de observar la “y”. Hechos 2:23 no dice que Jesús fue crucificado “por el determinado consejo, que es la presciencia de Dios”; dice que Jesús fue crucificado “por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios.” Que Dios elige de acuerdo a su presciencia no significa que Él elige exclusivamente de acuerdo a su determinado consejo, y este hecho no hace a Dios un Dios menor.

2 Timoteo 1:9 “Quien nos salvó y nos llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de que el mundo es mundo.”

Aunque este versículo dice que Dios no nos ha llamado por nuestras obras, sino por su gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de que el mundo es mundo, no dice que los salvos son “soberanamente” elegido y que su elección no tiene nada que ver con su fe y con la presciencia de Dios. Para que un pecador cree en Cristo no es una obra (Efesios 2:8-9).

2 Tesalonicenses 2:13 “Pero nosotros debemos dar siempre gracias a Dios por vosotros, hermanos amados por el Señor, que Dios os haya escogido desde el principio para salvación, mediante la santificación por el Espíritu y la fe de la verdad”

Este versículo no dice que las elecciones a la salvación no tiene nada que ver con la creencia de la verdad. Hay que leer que la doctrina en ella. De hecho, tomar sus palabras por su valor nominal, el versículo dice que la fe de la verdad es parte de nuestra elección y no dice que la elección no tiene nada que ver con Dios previendo la fe del pecador.

Efesios 1:3-5 “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en lugares celestiales en Cristo: Según como nos escogió en él antes de la fundación del mundo, que fuésemos santos y sin mancha delante de él en amor. habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad “

Este importante pasaje dice que el creyente es elegido en Cristo antes de la fundación del mundo, pero no nos dice la base para esta elección. Se dice que fue la buena voluntad de Cristo para el creyente predestinado para ser adoptados como hijos de Dios. Pero no dice nada de un modo u otro sobre el conocimiento previo y su papel en la elección. No dice nada acerca de las elecciones es el “soberano” la elección de Dios, independientemente de la fe del hombre.

La buena voluntad de Dios se refiere a lo que Dios ha determinado para el creyente, que es la adopción de niños por medio de Jesucristo.

Efesios 1:11“En él asimismo tuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad.”

Hay dos enseñanzas en este versículo que son relevantes para el calvinismo. En primer lugar, dice que el creyente es predestinado conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad. No se sigue, sin embargo, que la predestinación no tiene nada que ver con el conocimiento previo y que el hombre no tiene otra opción en la materia.

En segundo lugar, el versículo dice que Dios hace todas las cosas según el designio de su voluntad, una vez más el calvinismo definición de esto no se sigue automáticamente. Si Dios quiso hacer al hombre a Su propia imagen y decidido a dar al hombre la capacidad de rechazar a Dios, no sólo en el Jardín del Edén, sino en toda la historia del hombre hasta el día de hoy, que no estaría en contradicción con todo lo que se enseña en este versículo. Que todavía podría significar que Dios dispone todas las cosas según el designio de su voluntad. Dios sigue siendo “soberano”.

1 Corintios 1:26-29“Pues mirad vuestra vocación, hermanos, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles;: Pero, Dios ha escogido lo necio del mundo para avergonzar a los sabios, y Dios ha escogido lo débil del mundo para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, sí, y lo que no es, para reducir al deshacer lo que es: que nadie se jacte en su presencia “.

Este pasaje no dice que Dios salva a sólo un grupo preseleccionado de personas. El llamado discutido en este pasaje se refiere a cómo Dios no llama a quien llama. Esto es claro en los versos anteriores:

“Pues ya que en la sabiduría de Dios en el mundo por la sabiduría no conoció a Dios, agradó a Dios por la locura de la predicación para salvar a los que creen. Para los judíos piden señales y los griegos buscan sabiduría, pero nosotros predicamos a Cristo crucificado, para los judíos ciertamente tropezadero, y para los gentiles locura; mas para los llamados, tanto judíos y griegos, Cristo es poder de Dios y la sabiduría de Dios “(1 Cor. 1:21-24).

Dios decidió llamar o salvar a los hombres por medio del evangelio en lugar de a través de la intelectualidad o la filosofía o milagros o algún otro medio. Dios llama a los hombres por medio del evangelio. “A lo cual os llamó mediante nuestro evangelio, para alcanzar la gloria de nuestro Señor Jesucristo” (2 Tes. 2:14). Y puesto que el Evangelio debe ser predicado a “toda criatura” es evidente que Dios ofrece la salvación a todos los pecadores. Pero sólo aquellos que vienen a través de este medio señalado se guardan, y cuando nos fijamos en la Biblia iglesias fe, por la edad, vemos que los que vienen son por lo general de los peldaños más bajos de la sociedad. Ese es el plan de Dios. Los de la “clase humilde” son los que más fácilmente reconocen que necesitan la salvación. De este modo, Dios ha confundido a los soberbios.

¿Cuál es el “Don de Dios”?


Un estudio de Efesios 2:8,9

“Porque por gracia sois salvos por medio de la fe;

y esto no de vosotros,

pues es DON DE DIOS;

no por obras, para que nadie se gloríe.”

(Efesios 2:8-9)

¿Cuál es “EL DON DE DIOS” al que se refieren estos versículos? Esta es una pregunta clave que debe ser respondida con cuidado. Hay muchos que enseñan que, en este pasaje, Pablo se estaba refiriendo a la FE como el DON DE DIOS. Ellos dicen que una persona no puede ser salva a menos que Dios le de al pecador el don de la fe salvadora. Muchos de estos maestros [usualmente instruidos en la Teología Reformada o Teología del Pacto] insisten que la regeneración precede a la fe (es decir, que una persona debe haber nacido de nuevo antes de que pueda creer). Este punto de vista es inconsistente con la clara enseñanza de la Biblia. Por ejemplo, Juan 1:12 no dice: “Mas cuantos fueron regenerados, a ellos ÉL dio poder para creer en Su Nombre, a los que fueron hechos hijos de Dios”. También Juan 20:31 dice, “para que creyendo, tengáis vida”. No dice, “para que teniendo vida, podáis creer” (que es lo que uno esperaría que dijera, si la regeneración precediera a la fe). Para un estudio más detallado sobre esto ver ¿La Regeneración precede a la Fe?

¿Qué es “el don de Dios” en Efesios 2:8-9? ¿Es la fe o es alguna otra cosa?

La clave para entender Efesios 2:8-9 es identificar correctamente el antecedente del  pronombre “esto” (touto). El pronombre “esto” (v.8), ¿se refiere a la fe o se refiere a lasalvación? Hay quienes dicen que la “fe” es el don de Dios y hay otros que dicen que la “salvación” es el don de Dios. Consideraremos ahora estas dos maneras de interpretar este pasaje, como también otros dos puntos de vista que son una variación de los primeros dos:

#1 – La Fe es el Don de Dios

“Porque por gracia sois salvos por medio de la FE; y ESTA FE no es de vosotros, esta fe es don de Dios; esta fe no es por obras, para que nadie se gloríe” (en este caso el antecedente del pronombre se identifica como “fe”).

#2 – La Salvación es el Don de Dios

“Porque por gracia SOIS SALVOS por medio de la fe; y ESTA SALVACIÓN no es de vosotros, esta salvación es don de Dios; esta salvación no es por obras, para que nadie se gloríe” (en este caso el antecedente del pronombre es identificado como “salvación”, lo cual es la idea del verbo principal “sois salvos”).

La salvación es el don de Dios y este don es recibido por fe personal. El don es la salvación; y este don se recibe por fe.

Variación de la Postura #1

Hay una tercera postura que, al igual que la postura #1, dice que el don de Dios es la fe, pero que, al contrario del punto de vista #1, dice que la salvación, no la fe, “no es por obras”. Esta es la opinión de Charles Hodge y otros. Estos hombres comprenden que Pablo nunca diría que “la fe no es por obras” (por motivos que analizaremos más adelante) y por eso se ven obligados a colocar un paréntesis forzado y artificial en el medio de estos versículos. Esta opinión puede formularse como sigue:

“Porque por gracia sois salvos por medio de la fe (y esta fe no es de vosotros, esta fe es el don de Dios), no por obras (es decir, esta salvación no es por obras), para que nadie se gloríe”.

Si el pronombre se refiere realmente a la “fe”, entonces es mejor ser consistente con “fe” en todo el versículo. El motivo del paréntesis es que hombres como Hodge se dan cuenta que es difícil decir que la “fe no es por obras” y esta dificultad será analizada más adelante. Esta opinión de Charles Hodge y de otros es en realidad una variación del primer punto de vista mencionado, que dice que la “fe” es el antecedente del pronombre (“esto”). Ellos enseñan que la “fe” es el don de Dios. Ellos están en lo cierto al decir que la salvación no es por obras; ellos están equivocados cuando dicen que este pasaje enseña que la fe es el don de Dios.

Variación de la Postura #2

Hay una cuarta postura que dice que todo el proceso de salvación (incluyendo la fe) es el don de Dios: “él (el pecador que viene a Cristo) se da cuenta que todo el proceso de salvación es un don de Dios, incluso la gracia de Dios y su propia elección de creer (Efesios 2:8-9). Juan Calvino también era de esta opinión. Calvino no creía que ese pronombre se refiriera a la “fe”. El creía que se refería a la “salvación por gracia mediante la fe” (todo el proceso de salvación, incluida la fe). ¿Es la salvación el don de Dios? Esta postura diría que “sí”. ¿Es la fe el don de Dios? Esta postura diría nuevamente que “sí”, porque la fe es considerada parte de la totalidad del proceso de salvación. De modo que, según esta opinión, no solo la salvación, sino también la recepción de la salvación (“fe”), serían el don de Dios.

Este punto de vista confunde el don con la recepción del don. Esto conduce a un problema obvio. Pongámonos en el lugar del pecador. Si la fe en Cristo es el don de Dios, ¿cómorecibo esta fe? En lugar de preguntar, “¿Qué debo hacer para ser salvo?”, debo preguntar “¿Qué debo hacer para creer?” Si la fe es el don de Dios, ¿cómo obtengo este don? ¿Debo orar a Dios pidiendo el don de la fe? ¿O me siento y hago nada, con la esperanza de que sea uno de los escogidos a quienes será dado este don? ¿Cómo obtengo el don de la fe salvadora? Esto es muy confuso y nos impide poner nuestra mirada donde debemos ponerla, esto es en Jesucristo y ÉL crucificado.

Identificando el Antecedente

Algunos podrán argumentar que “fe” es el antecedente más próximo: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros” (Efesios 2:8). Es cierto que “fe” es el antecedente más próximo, pero puesto que hay numerosos casos en el Nuevo Testamento donde el antecedente más próximo no es el correcto, debemos ser cuidadosos al aplicar esta “regla”. Hay otras consideraciones más importantes.

Esta es la regla que la gramática griega exige seguir: Los pronombres están de acuerdo con sus antecedentes en género y número. Su caso está determinado por el propio artículo.

Esta regla es un fuerte argumento contra la afirmación de que el antecedente es “fe” porque “fe” no está de acuerdo con el género del pronombre. El pronombre “esto” (v.8) esNEUTRO, y la palabra “fe” (v.8) es FEMENINO. Si Pablo hubiese querido que sus lectores entendieran que el pronombre se refería a “fe”, entonces no hay razón para que no usara la forma femenina del pronombre. Si Pablo hubiese usado la forma femenina del pronombre, habría quedado claro y obvio que la FE es el don de Dios. Pablo no usó la forma femenina del pronombre.

¿Por qué usó Pablo el pronombre neutro? ¿Cuál es el antecedente? Si Pablo quería referirse a la idea contenida en el verbo principal (la idea de ser SALVO), habría sido perfectamente normal y apropiado usar el género neutro. Habría sido muy natural para Pablo decir, “Porque por gracias SOIS SALVOS por medio de la fe, y esta cosa de la cual estoy hablando, es decir, la salvación, no es de vosotros, es don de Dios…”  Si Pablo quería que el pronombre se refiriera a la idea contenida en el verbo, correspondía que usara la forma neutra.

Debemos ponderar con cuidado Efesios 2:8-9 para identificar correctamente el antecedente. Debemos preguntar, “¿De qué está hablando Pablo en Efesios 2:8-9? ¿Cuál es su punto principal?” Es obvio que Pablo está hablando de CÓMO UNA PERSONA ES SALVA. La idea principal de la frase se encuentra en el verbo “SOIS SALVOS”. ¿Cómo es salva una persona?

Efesios 2:8-9 responde esta pregunta clave. La salvación es por gracia. La salvación es mediante la fe. La salvación no es de vosotros. La salvación es el DON DE DIOS. La salvación no es por obras. Pablo no está dando una disertación sobre la fe, sino está dando una breve disertación sobre la salvación. Su tema principal es la SALVACIÓN. La fe es mencionada porque no puedes responder la pregunta “¿CÓMO ES SALVA UNA PERSONA?” sin mencionar la fe. Una persona es salva por creer en el Señor Jesucristo (Hechos 16:31). El don de Dios de la salvación tiene que ser recibido personalmente y es recibido por fe en el Señor Jesucristo.

EL DON DE DIOS – El Uso en el Nuevo Testamento

La Biblia se explica a sí misma. No necesitamos depender únicamente de Efesios 2:8 para descubrir qué es el don de Dios. Hay muchos otros pasajes en el Nuevo Testamento que nos dicen claramente cuál es el don de Dios. ¿Cómo se usa la expresión “don de Dios” en otras partes del Nuevo Testamento por Pablo y por otros?

Un estudio de otros lugares en que se usa la palabra “don” en el Nuevo Testamento indica lo siguiente:

δωρον  un don, un presente (sustantivo neutro)

Esta palabra se usa en referencia al “don de Dios” una sola vez, y se encuentra en el pasaje que estamos considerando (Efesios 2:8). Sin embargo, hay otras palabras griegas relacionadas que se han traducido como “don” y son las siguientes:

δωρεα  un don (sustantivo femenino)

Juan 4:10—el don de Dios es vida eterna (comparar v.14)

Hechos 2:38; 8:20, 10:45, 11:17—el don de Dios es el Espíritu Santo.

Romanos 5:15,17—estos versículos hablan del don de la justicia (justificación) y vida (comparar versículos 18, 21).

2 Corintios 9:15—este versículo habla del don inefable de Dios, que es Jesucristo.

Nótese que esta palabra nunca se usa para la fe.

δωρημα un don, un presente (sustantivo neutro)

Esta palabra nunca se usa para la FE, sino se usa para el don de Dios de la salvación o justificación (ver Romanos 5:16).

καρισμα un don dado gratuita y benignamente (sustantivo neutro)

Romanos 6:23—el don de Dios es vida eterna (comparar Romanos 5:15-16).

Esta palabra nunca se usa para FE (excepto en 1 Corintios 12:9, que habla del don transitorio del don de fe que obra milagros, pero no de la fe que salva).

* * * * * * *

Por lo tanto, en ningún otro lugar del Nuevo Testamento la palabra “DON” se refiere a la fe que salva, aunque reconocemos que si no fuera por la misericordia de Dios y Su benevolente capacitación e iluminación, no podría ejercitarse la fe salvadora (Juan 6:44, 65; Romanos 9:16, Mateo 11:27; 16:16-17; Hechos 16:14; etc.).

Hemos visto entonces que en el Nuevo Testamento hay muchos pasajes que hablan de la  SALVACIÓN (o justificación o vida eterna) como siendo el don de Dios, especialmente en los escritos de Pablo. En vista de esto, es más seguro identificar “el don de Dios” en Efesios 2:8 con la SALVACIÓN, a menos que hubiera algunas razones obvias para hacer otra cosa. Si Efesios 2:8 se refiriera a que la fe es el don de Dios, este sería el único lugar en el Nuevo Testamento en el que Pablo dijera algo así.

Puesto que el pronombre está en género neutro (que no está de acuerdo con el género femenino de la palabra “fe”) y puesto que el Nuevo Testamento, en otras partes, dice que la salvación es el don de Dios, tenemos buenas razones para concluir que, en Efesios 2:8, el don de Dios es la salvación.

“No por obras” – el Uso en el Nuevo Testamento

“No por obras, para que nadie se gloríe” (Efesios 2:9). ¿Qué cosa no es por obras? ¿Pablo está diciendo que la fe no es por obras o está diciendo que la salvación no es por obras? Nuevamente es útil hacer un estudio del empleo que Pablo hace en el Nuevo Testamento:

En Romanos 3:20 Pablo dice que la justificación no es por obras.En Romanos 3:27 Pablo dice que la justificación no es por obras.En Romanos 3:28 Pablo dice que la justificación es sin obras.

En Romanos 4:2, 6 Pablo dice que la justificación no es por obras.

En Romanos 9:11 Pablo dice que la elección no es por obras.

En Romanos 9:32 Pablo dice que la justicia no es por obras.

En Romanos 11:6 Pablo dice que la elección no es por obras.

En Gálatas 2:16 Pablo dice que la justificación no es por obras.

En 2 Timoteo 1:9 Pablo dice que la salvación y el llamamiento de Dios no son conforme a nuestras obras.

En Tito 3:5 Pablo dice que la salvación no es por obras.

Si Efesios 2:9 significa que la SALVACIÓN NO ES POR OBRAS, eso estaría en armonía con todos los pasajes mencionados. Pablo repite muchas veces que la salvación no es por obras, pero en ningún otro lugar en el Nuevo Testamento dice Pablo que “la fe no es por obras”. Pablo dice una y otra vez que la salvación (justificación) no es por obras, pero él nunca dice que la fe no es por obras. Sería torpe decir algo así. Que la fe no es por obras es tan obvio, que no es necesario decirlo. Como ha dicho John Eadie, “tu puedes decir que la salvación no es por obras, pero no puedes decir con propiedad que la fe no es por obras.” Por esto es que hombres como Hodge se ven obligados a poner un paréntesis en este pasaje: “sois salvos mediante la fe (y esto no de vosotros, pues es don de Dios) no por obras.” Hodge quiere que este versículo diga que la fe es el don de Dios (porque esto está de acuerdo con su Teología Reformada). Sin embargo, Hodge sabe que Pablo nunca diría que “la fe no es por obras”.

La Biblia dice repetidas veces que no somos salvos por obras (ver los versículos citados arriba). La Biblia también dice repetidas veces que somos salvos o justificados por fe (Romanos 5:1; etc.). Si un hombre no es salvo por obras, sino por fe, entonces es obvio que la fe no es una obra: “mas al que no obra, sino cree…” (Romanos 4:5). La fe y las obras no van juntas. La fe no es una obra. La obra es algo por lo cual nos podemos atribuir méritos. La obra es algo por lo cual podemos recibir recompensa. Obra es algo de lo cual nos podemos jactar. La obra es meritoria. La fe no es meritoria. Una persona no puede “merecer reconocimientos” o “jactarse” de su fe, porque la fe no es meritoria (no merece recompensa u honor). La fe no es algo de lo cual una persona pueda ufanarse. La fe no puede atribuirse méritos. La fe da todos los méritos a Cristo. La fe reconoce que Cristo recibe todo el mérito y alabanza y honor, porque ÉL lo hizo todo. La fe no es algo “bueno” que hace el hombre, sino es simplemente un reconocimiento de parte del hombre de que “no puedo hacer nada bueno, y que, por lo tanto, necesito un Salvador”. Solamente alguien que ignora totalmente el evangelio y el significado de “la fe”, podría tratar de atribuirse méritos por su fe. El hecho de creer no tiene mérito alguno.

Decir que la fe es una obra, es totalmente contrario a lo que el Nuevo Testamento enseña sobre la salvación. La salvación “no es por obras” y es totalmente “sin obras” (Romanos 3:28; 4:6). Los que creen, son los que “NO OBRAN” (Romanos 4:5). ¿Qué es lo que hacen entonces? Ellos DESCANSAN simplemente en la obra acabada de Cristo, quien lo hizo todo y lo pagó todo.

Si Efesios 2:9 habla de que la fe “no es por obras”, entonces este es el único lugar en el Nuevo Testamento en que Pablo hace una afirmación de esta naturaleza. Por otra parte, si este versículo está diciendo que la salvación no es por obras, esto estaría de acuerdo con lo que Pablo enseña frecuentemente en otras partes y este sería uno de los muchos versículos del Nuevo Testamento que enseña esta verdad.

Como ejemplo práctico, piense en cómo compartimos el mensaje de salvación con los que están perdidos. Muchas veces les decimos que la salvación no es por obras. Todas las religiones falsas enseñan algún tipo de salvación por medio de algún sistema de obras. Cuando compartimos el evangelio le decimos claramente a la gente que la salvación no es por obras y queno hay nada que ellos pueden hacer para ganar su salvación o para ganarse el favor de Dios. Por otra parte, no le decimos al pecador: “Amigo, la fe no es por obras. No puedes hacer nada para creer.” No, la fe es algo que el pecador debe hacer. El pecador es responsable de tomar a Dios por Su Palabra y descansar sobre la EXCELENCIA (quien ÉL es), la OBRA(lo que ÉL ha hecho) y la PALABRA (lo que ÉL ha dicho) del Salvador. Aunque la fe no es una obra meritoria, es algo que el hombre tiene que hacer: “Entonces le dijeron: ¿Qué debemos hacer para poner en práctica las obras de Dios? Respondió Jesús y les dijo: Esta es la obra de Dios, que CREÁIS en el que él ha enviado” (Juan 6:28-29). Es algo que el hombre es responsable de hacer y si no lo hace, es condenado (Juan 8:24; 3:18).

La Fe Salvadora

En Efesios 2:8, la fe no es el don. La fe es como recibimos el don. La fe es la mano del corazón que se extiende y recibe lo que, en Su benevolencia, Dios da. La fe es la respuesta del hombre a la bondadosa provisión y promesa de Dios. Fe es tomar a Dios por Su Palabra y descansar totalmente en Jesucristo, en QUIÉN ES ÉL, EN LO QUE ÉL HA HECHO y EN LO QUE ÉL HA DICHO.

Algunos calvinistas extremos tienden a hablar de la fe como de algo que el hombre no puede hacer. Esto es el resultado de una comprensión equivocada de la incapacidad del hombre. La pregunta que hizo el carcelero de Filipo era esta: “¿Qué debo hacer para ser salvo?” (Hechos 16:30). Algunos contestarían de esta manera: “¡Nada! No puedes hacer nada. Estás muerto y eres absolutamente incapaz de responder a Dios hasta que seas regenerado. No tienes ninguna parte en la salvación. Dios tiene que hacerlo todo. No puedes ejercer una fe salvadora”. Esta respuesta puede estar de acuerdo con el sistema teológico que uno tenga,  pero tiene un problema. Esto no es como respondieron Pablo y Silas a la pregunta. Pablo y Silas dijeron al carcelero que había algo que él podía hacer y que él era responsable de hacer: “CREE en el Señor Jesucristo” (Hechos 16:31 y comparar como respondió Pedro a una pregunta similar en Hechos 2:37-38).

Sea cual sea el sistema teológico que uno tenga, Hechos 16:31 es muy claro. Dios tiene que salvar; el hombre tiene que creer. Salvar es algo que tiene que hacer Dios. Creer es algo que el pecador tiene que hacer. Dios no cree en lugar del hombre. Aún William Hendricksen (que es Reformado en su teología y que cree que la fe es el don de Dios en Efesios 2:8), dice, “tanto la responsabilidad de creer como su diligencia son nuestras, porque Dios no cree por nosotros”. Otra ilustración podría ser el relato de las serpientes mortíferas en el desierto en Números 21. ¿Deberíamos decir que los israelitas no tuvieron que hacer su parte para liberarse de las mortíferas serpientes? ¡Por cierto que no! Su parte era MIRAR; la parte de Dios era SANAR. Ellos miraron y Dios los sanó.

La fe es cuando el pecador reconoce humildemente su desesperada necesidad y se da cuenta de que Dios tiene que realizar toda la salvación. La salvación es totalmente obra deDios; la fe es totalmente responsabilidad del hombre. El hombre no contribuye a su salvación. Es obra de Dios. Dios no contribuye a la incredulidad del hombre. Es obra del hombre. Solo Dios puede salvar; el hombre tiene que creer. Los que son salvos, sólo pueden dar gracias a Dios; los que se pierden, sólo pueden culparse a sí mismos. Dios recibe todo el mérito por la salvación del hombre; el incrédulo tiene que cargar con toda la culpa y la responsabilidad por su condenación eterna. La persona salva dice con gratitud, “Estoy en el cielo por causa de Dios”. La persona perdida tendrá que reconocer, “Estoy en el infierno por culpa mía”. Su condenación no se basa en que Dios lo rechazó a él, sino en que él rechazó a Dios (Marcos 16:16; 2 Tesalonicenses 2:10,12; Juan 5:40).

Jamás nadie estará en la presencia de Dios diciendo, “Estoy condenado porque Dios nunca me dio el don de la fe.” Tal excusa nunca será pronunciada. Todos los hombres son responsables de creer. A todos los hombres se les manda creer y arrepentirse (1 Juan 3:23 y Hechos 17:30). Dios dice, “Mirad a mí” (eso es fe), y sed salvos, todos los términos de la tierra” (Isaías 45:22). De acuerdo con 1 Timoteo 2:4, Dios quiere que TODOS LOS HOMBRES VENGAN a ÉL (y venir a Cristo es lo mismo que creer en ÉL –Juan 6:35). Los hombres son responsables de creer y de venir y de arrepentirse. Los hombres son condenados por toda la eternidad por no hacer esto (Juan 8:24; 3:18; etc.).

D. L. Moody dijo en una oportunidad, “Algunos dicen que la fe es el don de Dios. También lo es el aire, pero tú tienes que aspirarlo; también el pan, pero tú tienes que comerlo; también el agua, pero tú tienes que beberla. Algunos desean alguna especie de sentimientos milagrosos. Eso no es fe. ‘La fe es por el oír, y el oír, por la Palabra de Dios’. No se trata de que yo me siente a esperar que la fe me sobrevenga… soy yo quien debo tomar a Dios por Su Palabra”.

De acuerdo con el apóstol Pablo, fe es “estar plenamente convencido de que Dios es poderoso para hacer todo lo que ha prometido” (Romanos 4:20-21). Dios ha prometido salvar a todos los que se acercan a ÉL por medio de Cristo (Hebreos 7:25), y el hombre de fe está totalmente persuadido y convencido de que Dios hará esto. Nótese también que Romanos 4:3 y Romanos 4:5 hablan de “su fe” (la fe de Abraham), no la fe de Dios. Un estudio del verbo “creer” en el Nuevo Testamento revela que el sujeto del verbo es el hombre (siempre son hombres o personas los que creen) y el verbo se usa en su forma activa, lo que significa que son los hombres y las mujeres, niños y niñas, los que deben llevar a cabo la acción del verbo. Tales personas deben creer. Dios los responsabiliza por hacer o no hacer tal cosa.

¿Qué Diferencia Hace Todo Esto?

¿Por qué está mal decir que la FE es el don de Dios? ¿Hay realmente alguna diferencia? ¿Cuáles son las implicaciones prácticas de decir tal cosa?

Recomendaría un artículo escrito por Roy L. Aldrich titulado “El Don de Dios”. El autor demuestra convincentemente que la interpretación de Efesios 2:8 que dice que la FE es el DON DE DIOS lleva a la doctrina de la fe del hiper calvinismo, la que a su vez lleva a un plan de salvación que no es según las Escrituras. Shedd dice, “El calvinismo sostiene que la fe es totalmente de Dios, y que es uno de los resultados de la regeneración” (Dogmatic Theology, Vol. II, p.472). Esto tiene por resultado un plan de salvación extraño. Según Shedd, por cuanto el pecador no puede creer, él es instruido a realizar los siguientes deberes: 1) Leer y escuchar la Palabra divina; 2) Aplicar con seriedad su mente a la verdad; 3) Orar por el don del Espíritu Santo por convicción y regeneración (Dogmatic Theology, Vol.II, p.512-513). Arthur Pink está de acuerdo con Shedd diciendo que el creyente debe “pedir a Dios que le conceda el don del arrepentimiento y la fe” (“La Soberanía de Dios”). Aquí va el excelente comentario de Roy Aldrich: “La tragedia de esta posición es que pervierte el evangelio. El pecador es instruido equivocadamente a pedir a Dios lo que Dios ya le está exhortando que reciba. Se le está diciendo, en realidad, que la condición para la salvación es la oración en vez de la fe”.

Otra ilustración de esto viene del púlpito del Dr. John MacArthur, un maestro de la Biblia muy popular en América. El Dr. MacArthur cree y enseña que la fe es el don de Dios. Esta enseñanza tiene algunas implicancias prácticas y afectará la manera en que una persona presenta el evangelio.

Si la fe es el don de Dios, ¿CÓMO OBTENGO LA FE? ¿No hago nada con la esperanza de que Dios soberanamente me la otorgue? O, ¿clamo a Dios y le pido que me de el don de la fe salvadora? Aparentemente, el Dr. MacArthur mantiene esta segunda opción. Al final de uno de sus mensajes él dio una invitación para salvación y dijo lo siguiente: “La fe es un don de Dios…es permanente…la fe, que Dios da, engendra obediencia… Dios te la da y ÉL la sostiene…quiera Dios concederte la verdadera fe salvadora, un don permanente que comienza en humildad y quebrantamiento por el pecado y termina en obediencia para justicia. Esa es la verdadera fe y es un don que solamente Dios puede dar, y si la deseas, ora y pide que ÉL te la conceda”.

Nótese lo que MacArthur está haciendo. El no le está diciendo al pecador que crea en el Señor Jesucristo (Hechos 16:31), sino que ORE y PIDA A DIOS que le de el DON DE LA FE. Esto pervierte el evangelio de Cristo haciendo que la condición de la salvación sea la oración en lugar de la fe. A los pecadores se les manda que crean en Cristo. No se les manda que oren por el don de la fe.

* * * * * *

Efesios 2:8-9 no es complicado. Es uno de los primeros pasajes que memoricé como nuevo creyente. Siempre entendí que significaba que la salvación era el don gratuito de Dios, y que la fe era el medio por el cual yo recibía ese don. Solo cuando empecé a leer a ciertos teólogos, me di cuenta que había otra interpretación. Que Dios nos ayude a no complicar ni corromper el mensaje de salvación, un mensaje tan directo y sencillo, que hasta un niño lo puede entender.

 

Fuente: middletownbiblechurch.org

Autor: George Zeller,  Marzo 2000

Usado con permiso

Enseña MacArthur una salvación por gracia o por obras? (Parte 2)


El Sermón del Monte (Mateo 7:13-14)

Tal como lo explica MacArthur, “la salvación es una elección que cada persona debe efectuar, pero no es solo una decisión momentánea en el sentido en que, a menudo, la consideramos…en la culminación de todo lo que tenia para decir en el Sermón del Monte, el Señor demanda que cada persona elija entre seguir al mundo por el camino de fácil transitar, o seguirle a él por el camino difícil. En ninguna otra parte de la Escritura encontraras una definición más clara del evangelio según Jesús” (p. 180).

MacArthur enseña que “Cristo es la puerta; Él es el camino (página 181). Por primera vez en su libro finalmente llega a mencionar el evangelio tal como lo define Pablo en 1 Corintios 15. Acertadamente observa “que es la única base de la salvación. La muerte de Cristo sobre la Cruz pagó el precio por nuestros pecados (1 Corintios 15:3), y su resurrección revele que había conquistado la muerte (1 Corintios 15:20)” (p. 181).

Aún así, MacArthur insiste en que “entrar por la puerta estrecha no es fácil. El señala que, cuando se le preguntó: “Señor, ¿son pocos los que se salvan?”, el Señor respondió: “Esforzaos a entrar por la puerta angosta” (Lucas 13:23). Luego agrega que la palabra griega traducida “esforzaos” implica “una lucha agonizante, intensa, con un propósito” (p. 182). “El reino de Dios no es para personas que quieren a Jesús sin ningún cambio en sus vidas. Es solo para aquellos que lo buscan de todo corazón, aquellos que agonizan por entrar. Muchos de los que se acercan a la puerta, al descubrir el costo se alejan. No sea que alguna persona objete que esto es salvación por el esfuerzo humano, recuérdese que es solamente la capacitación de la gracia divina la que otorga el poder a una persona para que atraviese la puerta. En el quebrantamiento de un arrepentimiento concedido divinamente, en la pobreza de un espíritu humilde conferido divinamente, el poder de Dios se convierte en la fuente” (p. 183).

MacArthur es inexorable en cuanto a que “la salvación requiere una transformación total…produce un cambio de vida (p. 183). …Cuando una persona se convierte en creyente le declara la guerra al infierno, y el infierno devuelve el ataque. El seguir a Cristo puede costar la vida misma de una persona—ciertamente costará la vida de uno en el sentido espiritual. Necesitan solicitarlo los quebrantados de corazón y comprometidos” (p. 185).

No hay duda que, al final del Sermón del Monte, el Señor coloca dos puertas delante de la gente, dos caminos que conducen a dos destinos. Tal como lo declara MacArthur, Cristo es la puerta y el camino, pero asume que el “esforzarse” para entrar es una referencia en cuanto a agonizar por cambiar el estilo de vida de uno. Esto no tiene por que ser verdad en absoluto. La manera de entrar es confiar en Jesucristo. La idea de esforzarse es la de, buscar con vehemencia hacerlo, convertido en una prioridad, y evitar ser indiferente en cuanto a ello. La idea que Jesús establece es la de esforzarse para entrar, lo cual se hace per la fe, no esforzarte para que cambies tu vida. ¿Esforzarte para cambiar tu estilo de vida no sería salvación por el esfuerzo propio?

El Sermón del Monte (Mateo 7:21.23)

Jesús advirtió que no todo el que dice “Señor, Señor”, o que inclusive hace milagros poderosos, entrara en el reino de los cielos (Mateo 7:21-22). Él les dirá, “nunca os conocí…hacedores de maldad” (Mateo 7:23), y no hicieron la voluntad de mi Padre que está en los cielos (Mateo 7:21). El comentario de MacArthur sobre este pasaje es que lección aquí es que, si una persona vive una vida injusta de desobediencia, no importa lo que digas, o las buenas cosas que haya hecho, es un incrédulo en peligro de condenación eterna. Esta es una advertencia muy fuerte, pero es una parte indispensable del evangelio según Jesús”. Por medio de eso, quiere decir que una persona que dice sin hacer, y escucha sin obedecer, no es creyente (pp. 189-192). “Esta es una repetición final del tema central del Sermón del Monte—que aquellos que no manifiestan una justicia genuina no entraran en el reino de los cielos” (p. 192).

Debemos admitir que las personas a las cuales Jesús les habló en Mateo 7:21-23 practicaban el libertinaje, pero ese no era el problema radical de ellos. Su problema fundamental era que no habían hecho “la voluntad de mi Padre que está en los cielos” (Mateo 7:21) y, consecuentemente, nunca habían conocido a Cristo (Mateo 7:23). La pregunta es: ¿Cuál es la voluntad de mi Padre que está en los cielos?”

Esa es una frase poco común en el Nuevo Testamento. La Escritura habla a menudo de la voluntad de Dios, pero solo raras ocasiones acerca de la voluntad del Padre. Jesús mismo nos dice: “Y este es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero. Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en el, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero” (Juan 6:39-40). La voluntad del Padre es creer en el Hijo y, así, conocerle. Esa es la idea de Mateo 7:21-23.
Obsérvese cuidadosamente que MacArthur está enseñando que obedecer a Cristo es una parte “indispensable” (p. 189) del evangelio. MacArthur define al que obedece come “el que considera la responsabilidad, el que entiende a que se está comprometiendo, y quiere hacerlo bien. Este es el hombre que oye y obedece” (Mateo 7:24) (p. 194). Aunque MacArthur dice repetidas veces que no cree en la salvación por obras, lo que dice en este capítulo, como así también en otros lugares del libro, suena come que si cree. Lo que escribe es, en su mejor aspecto, descuidado y confuso, y en Io peor del mismo, la salvación por obras. El sí dijo que alguien lo acusaría de enseñar la salvación por obras (pagina xiii). Con seguridad uno puede ver por qué pensó eso.

Discipulado

La tesis de MacArthur es que “cada creyente es discípulo” (p. 196). Cualquier distinción entre creyente y discípulo es “puramente artificial” (p. 196), y un llamado al discipulado cristiano definitivamente demanda “dedicación total”. Es una consagración plena sin guardarse nada de manera consciente o deliberada” (p. 197). Lo que sigue es un poco confuso. En cierto memento parece estar argumentando que estos son requisitos del discipulado o condiciones de la salvación. Por ejemplo, dice: “Nuestro Señor aún les enseñó que implicaba la fe de ellos en la salvación, y les recordaba constantemente del compromiso que habían hecho cuando escogieron seguirle a Él” (p. 198). Por otra parte, señala que discipulado significa confesar a Cristo delante de los hombres, y luego pregunta: “¿Significa eso que la confesión delante de los hombres es una condición para convertirse en un creyente verdadero? No, pero quiere decir que una característica de todo creyente genuino es que él o ella si confiese a Cristo delante de los hombres… La confesión es una obra humana; es impulsada por Dios, subsecuente al acto de creer, pero inseparable del mismo. Nuevamente, es una característica de la fe verdadera, no una condición adicional de la salvación” (pp. 198, 199).

El niega que la confesión sea una condición para convertirse en creyente, pero declara que es “inseparable” del hecho de creer. ¡A menos que el “creer” no sea necesario para la salvación, esto es una confusión total!

La falacia en el argumento de MacArthur es que no hay diferencia entre ser “creyente” y “ser discípulo”, entre la filiación y el discipulado. Pero la Escritura enseña que, en el momento en que una persona cree, se le da la dádiva de la vida eterna (Juan 3:16; Juan 3:37, etc.). Ser discípulo es algo totalmente diferente. La palabra griega traducida “discípulo” quiere decir aprendiz, alumno. Cuando se utiliza para designar a un aprendiz de Cristo, el término tiene una variedad de significados. En un sentido, su significado evoluciona. Al principio, se usa en un sentido general con relación a cualquier persona que aprende de Cristo (Mateo 8:21; Lucas 16:17; Juan 4:1).

Aparentemente, algunos de estos discípulos ni siquiera eran salvos (Juan 6:60-66). Todos estos aprendieron de Cristo, pero no viajaron con Él. La palabra discípulo también se utiliza específicamente con relación a los doce apóstoles que abandonaron sus ocupaciones y viajaron con Cristo (Mateo 4:18-20; Mateo 10:1; etc.). Así que, en los evangelios, un discípulo era cualquier persona, desde un simple aprendiz que no confiaba en Cristo hasta un compañero constante que viajaba con Él. Algunos, obviamente, no aprendieron mucho; por lo tanto, Cristo tuvo que definir que era un verdadero aprendiz, es decir, un discípulo genuino.

Para aprender realmente, una persona debe hacer más que llamarse estudiante y escuchar a un maestro. Hay una vasta diferencia entre anotarse en una clase y verdaderamente aprender la lección. En el caso de aprender de Cristo, uno debe comenzar confiando en él (Juan 8:30). Pero simplemente confiar en Cristo para la vida eterna no garantiza que esa persona aprendiera de él; por eso, “…Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en Él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra serás verdaderamente mis discípulos” (Juan 8:31). La palabra traducida “verdaderamente” quiere decir “realmente”. El verdadero discípulo no es solo uno que ha confiado en Cristo (Juan 8:30), sino uno que también ha comenzado a obedecer los mandatos de Cristo (Juan 8:31). En otras palabras, Jesús les dijo a los que creyeron y por lo tanto, tenían vida eterna: Ahora bien, si realmente quieren aprender, deben continuar en mi Palabra, es decir, obedecerme. Hay, pues, una diferencia entre ser “creyente” y ser “discípulo”.

Debería ser claramente obvio que hay una diferencia entre ser creyente y ser discípulo. En el memento en que una persona confía en Cristo, se le otorga el don de la vida eterna (Juan 4:10 Romanos 6:23). Es justificado “gratuitamente” (Romanos 3:24; Apocalipsis 22:17). Por otra parte, ser discípulo tiene un precio (Lucas 14:28). Esto no es una paradoja, es una simple declaración de hecho.

Si aun existe alguna duda en cuanto a que haya una diferencia entre ser creyente y ser discípulo. Considérese cuidadosamente Mateo 28:19, 20. Unido al mandato de “hacer discípulos aparecen tres verbos: ir, bautizar y enseñar. El ir incluye presentarles a Cristo a las personas (comparar Marcos 16:15, 16). El bautismo identifica al creyente con el cuerpo de creyentes, tal como un anillo de bodas identifica a la persona como casada. Enseñar es, por supuesto, instrucción. El proceso del discipulado, pues, involucra presentación de Cristo a la persona, identificación con el cuerpo de Cristo, e instrucción en los mandatos de Cristo. Para decir lo mismo de, otro modo, para que una persona sea discípulo, debe confiar en Cristo, ser bautizado, y comenzar a obedecer sus mandamientos. Si ser discípulo es lo mismo que ser creyente, entonces, para ir al cielo uno debe ser bautizado y obedecer los mandatos de Cristo.

Señorío

MacArthur afirma que “ciertamente la palabra Señor significa deidad dondequiera que la Escritura, en conexión con el mensaje del evangelio, denomina a Jesús `Señor’. La verdad de que Cristo es Dios es un componente fundamental del mensaje del evangelio. Ninguna persona que niegue la deidad de Cristo puede ser salva (1 Juan 4:2, 3)” (p. 208). Luego dice que “pero en la idea de deidad esta inherente la autoridad, el dominio y el derecho de mandar. Una persona que vive en rebelión contra la autoridad de Cristo no lo reconoce como Señor en ningún sentido (comparar Tito 1:16)” (p. 208, 209). Insistiendo pues, en que el señorío “involucra las ideas de dominio, autoridad, soberanía y el derecho a gobernar”, MacArthur defiende que en la frase “confiese que Jesús es Señor de Romanos 10:9, está implícita la idea de que “la persona que se allega a Cristo para la salvación debe hacerlo en obediencia a Él, es decir, con una disposición a someterse a Él como Señor” (p. 207).

La palabra “Señor” en el Nuevo Testamento tiene una variedad de significados, incluyendo “señor”, “dueño”, “amo”, y “Dios”. Cuando se utiliza en relación a Cristo, frecuentemente significa “Dios”. La razón de esto, y la prueba de esto, es simple. En el Antigua Testamento, los judíos no pronunciaban el nombre personal de Dios. En lugar de eso, decían “Señor” (Jehová). En la Septuaginta, la traducción griega del Antiguo Testamento, el término “Señor” se utiliza para el nombre de Dios; así que, la palabra “Señor” simplemente significa Dios. Al llamar a Jesucristo “el Señor Jesucristo”, el Nuevo Testamento le está atribuyendo deidad. Esa no es solo la opinión de los dispensacionalistas. Están de acuerdo no menos que todos estos: el obispo Westcott, B. B. Warfield, J. Gresham Machen y, más recientemente el artículo en el Nuevo Diccionario de Teología Neotestamentaria (para citas y referencias véase El Señorío para Salvación ¿Es Bíblico? de G. Michael Cocoris, pp. 13,15). Tal como llegué a la conclusión en ese folleto sobre Señorío para Salvación publicado en 1983:

La idea es que el Nuevo Testamento está defendiendo que Jesucristo es Señor, es decir, que él es Dios y que como el Dios-hombre, es nuestro Salvador. La palabra “Señor”, en la frase “Cree en el Señor Jesucristo”, no se diferencia de un equivalente moderno tal como “pon tu confianza en el Presidente Reagan”. El término “Presidente es su título. Indica su posición y su capacidad para cumplir sus promesas. En forma similar, el término “Señor”, cuando se aplica a Jesucristo, indica su posición como Dios y, por lo tanto, su capacidad para salvarnos y concedernos la vida eterna (p. 15).

Quizá seria titil una ilustración. Utilizando el método de MacArthur, alguien podría decir que “Tenemos que creer en el Señor Jesucristo. El significado de Cristo es que Él es el futuro Rey davídico del reino. Por lo tanto, la implicancia es que, si no crees en Cristo come el futuro rey, no puedes ser salvo”.

Ni los términos que Jesús utilizó, ni la doctrina que enseñó, pueden sustentar la conclusión de que el evangelio según Jesús era el señorío para la salvación. Mas bien, Jesús mismo dijo: Todo el que cree en el unigénito tiene vida eterna (Juan 3:16).

Escrito por: Dr. Miguel Cocoris

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