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Por qué hay líderes cristianos que caen en pecado?


Algunas de las historias más tristes que ha vivido la iglesia tiene que ver con líderes que caen en pecado y producen una gran vergüenza al pueblo de Dios. ¿Por qué sucede esto? ¿Cómo es que llegan a eso? Si has vivido de cerca el ver caer a un líder yo sé que duele. Recuerdo cuando un famoso predicador que era muy respetado cuando yo era niño cayó en adulterio y su caída fue usada por la televisión como burla para la iglesia. Al principio nadie podía creer que esto fuera verdad y hasta me acuerdo que mi mamá no podía creerlo aún después de que él mismo lo reconociera llorando por televisión. ¡Qué dolor! Pero era obvio que el problema no había comenzado el día que la noticia salió a la luz. Nadie con su equipo mental funcionando se levanta un día y dice: hoy voy a hacer un desastre con mi vida, lastimar a mucha gente y hacer quedar mal a Cristo. Todo comienza poco a poco. Mucho antes que nadie se entere. Empieza con un flojo sí en un momento de soledad. Emerge de a poco adentro del corazón descuidado. Dios me ha dado el curioso privilegio de trabajar en muchos sectores del cuerpo de Cristo. He pastoreado en distintos países, para diferentes denominaciones, trabajado para distintas organizaciones y hoy viajo por el mundo compartiendo con líderes de todo tipo. Al tener está posibilidad de ver al hombre en acción puedo notar los siguientes problemas como potenciales puertas a una caída estruendosa:

Líderes que se creen superados:

Aún el más respetado ministro de la palabra tiene que reconocer que puede caer en pecado. Somos pecadores y a menos que Jesús estuviera equivocado no hay bueno, ni aún uno (Mateo 19:17). Si ni siquiera ese de traje raro que siempre está conmovido y haciendo milagros en TV es justo por sus propios meritos. Todos tenemos una necesidad desesperada de Dios y no podemos confiarnos de nuestra propia justicia. “Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga.” (1 Corintios 10:12) El que cree estar exento de pecar ya abrió una puerta peligrosa. Además Mr. Satán tiene a los lideres de blanco preferido y la Biblia es clara en prevenirnos que el diablo está atento a nuestros pasos y por eso nosotros tenemos que estarlo aún más.

Líderes que están totalmente solos:

Muchas veces el liderazgo genera soledad. Sea porque uno se va de misión a otro lugar o porque uno está en el tope de una congregación y generó una plataforma donde nadie te puede decir nada negativo, muchos se quedan solos en el liderazgo cristiano. Así muchos se han alejado de todo contacto con la civilización y viven en la burbuja de su ministerio unipersonal. El problema es que a la llegada de la tentación están solos también y no tienen de quién agarrase. Todo en ellos es tan misterioso, secreto y solitario que pronto solo cuentan con su propio criterio para discernir lo que está bien y mal y eso puede ser muy engañoso. No importa lo importante que sea un líder, todos necesitamos amigos que nos sostengan, puedan decirnos cuando consideran que estamos equivocados y nos llamen la atención si estamos en terreno peligroso.

Líderes que tienen demasiado miedo a reconocer sus debilidades y tentaciones:

En muchos círculos cristianos existe el mito del súper líder. Esto fue creado por una generación que nunca hablaba de sus debilidades y pecados. Uno los escuchaba y jamás había nada negativo en sus vidas. Todo era ejemplar y no tenían ninguno de los problemas que tiene el resto de los humanos (todavía esto es cierto en algunos sectores y sobre todo en la televisión evangélica). Esto además se vio agravado Descargado de porque hemos sido el único ejercito que mata a sus heridos.¿Cómo? Muchos lideres han visto como otros han sido avergonzados por la iglesia en vez de ayudados y restaurados al estar en pecado. Entonces tienen miedo de confesar su debilidad.Recordemos que Jesús dijo que tire la primera piedra el que no tiene pecado. Un Jesús que estuvo atento a corregir pero siempre con amor. El camino de salida a este problema es que se levante una generación de lideres con autenticidad y transparencia. Yo soy un pecador y todavía hay cosas de mi carácter que me cuesta controlar. He tomado decisiones en el ministerio que han estado equivocadas y muchas veces he actuado con motivaciones erradas. Al reconocer eso quedo menos expuesto a crear una barrera de hipocresía que impida que otros demanden cuentas de mi vida y ministerio.

Demasiada exposición sin lugar para el refresco:

No es fácil ser responsable del crecimiento espiritual de otras personas. Algunos lideres pasan todo el tiempo dando sin separar un tiempo para recibir también. Esto los debilita y fastidia. Muchas de las historias de caídas de lideres dan cuenta que fueron en momentos de defensas bajas. Y si a la responsabilidad natural del liderazgo le agregamos fama, viajes y una agenda descomunal el refresco se necesita con más urgencia. Separar tiempo en familia, buenas vacaciones y también nutrirse del ministerio de otros previene un estado de debilitamiento. Claro que hay mucho más por decir pero por ultimo me gustaría ayudarte a responder una pregunta que es muy importante ¿Qué puedo hacer si conozco a algún líder que está en pecado? -Ayudarle confrontando su pecado. Cuando le señalas su pecado a alguien con amor le haces un favor. Primero vístete de misericordia no sea cosa que la confrontación tenga que ver con tu motivación de hundir a esta persona, mostrar tu espiritualidad, cuidar tu reputación o cualquier otra razón que no sea la de ayudar a esta persona y edificar el cuerpo de Cristo. – Haz exactamente lo que entiendas que Jesús hubiera hecho. Habla en privado y si no hay progreso habla con un testigo. Si te encuentras con que además del pecado hay hipocresía que pretende quedarse así, entonces si tienes que hablar con otros lideres y denunciar el pecado. ¿Y si yo he sido la persona herida por el pecado?

-Lo mismo pero además perdonar. No hay otra llave para liberar tu corazón y el de esta persona.

Fuente: www.libroselectronicosgratis.com

Masturbación: ¿Cómo enfrentarla y salir victorioso?


El hecho de que un acto sexual como la masturbación sea muy practicado por la mayor parte de las personas (especialmente varones) no lo convierte en admisible. Respecto a la referencia de la Palabra sobre este asunto algunos citan el caso de Onán:

Génesis 38:9-10

Y sabiendo Onán que la simiente no había de ser suya, sucedía que cuando entraba á la mujer de su hermano vertía en tierra, por no dar simiente á su hermano. Y desagradó en ojos de Jehová lo que hacía, y también quitó a él la vida.

Aunque muchos otros dicen que la práctica de Onán no era precisamente masturbación, sin embargo en la lengua española se acepta el término onanismo como sinónimo de masturbación. Sin embargo la clasificación exacta del acto que cometía éste caballero sería materia de largos debates para gente como los abogados de Clinton y Lewinsky. ;-)

En temas como éste en los que la Biblia no es precisamente específica nos ofrece pautas generales que deben primar nuestra conducta. Trataré las que me han ayudado a lidiar con ésta situación, en verdad nada fácil de tratar para ninguno de nosotros y con la que todos debemos enfrentarnos.

Es importante que nos demos cuenta que a pesar de que cada uno tenga su lista de valores en los que decida creer que algo es malo o es bueno la única que puede mostrarnos lo que es correcto es la Palabra de Dios, si no estás de acuerdo con esto, no podrás explicarte lo que a continuación expongo. He aquí una lista de principios prácticos – son de mi propia cosecha y es la primera vez que los comparto así que son susceptibles a que se pulan más – que les serán útiles para tomar una posición a cerca del tema y hacerle frente como hombres (o mujeres).

1.- NO ABUSES DE TU LIBERTAD
Primera Corintios 10:23

Todo me es lícito, mas no todo conviene: todo me es lícito, mas no todo edifica.

Muchos cristianos y no cristianos abusan del la libertad que Dios nos da (algunos incluso usan versículos como pretexto de algún defecto de su conducta) y buscan su propio deleite y el pretexto siempre es el mismo “¿Acaso en la Biblia dice que es pecado?” de esta manera he encontrado jóvenes que me dicen “¿Acaso la Biblia dice que es pecado fumar?”, “¿Acaso la Biblia dice que es pecado tomar un vasito de vino de vez en cuando?”, “¿Acaso la Biblia dice que es pecado ver una película porno?”, “¿Acaso la Biblia dice que es pecado ir a la discoteca?” o, como es el caso que nos toca “¿Acaso la Biblia dice que es pecado masturbarse?”. Como vimos en el versículo citado aquellos que gozan de una nueva vida en Cristo tienen libertad de hacer todo lo que deseen hacer pero no todo nos conviene o nos aprovecha, y si no nos aprovecha o, mas bien nos hace daño ¿por qué hacerlo?

Seguramente ahora te estarás preguntando ¿qué tanto me conviene o aprovecha el masturbarme? Bien trataré de exponer algunas de las posiciones con las que me he topado cuando yo mismo formulé esta pregunta. Hay quienes te van a argumentar que masturbarte no tiene nada de malo, es mas hay quienes te dirán que te será provechoso y sé de consejeros, padres de familia e incluso médicos que lo recomiendan tanto a jóvenes como a señoritas, no obstante la única base “científica” con la que cuentan para decir que la masturbación es buena para la salud es que mucha gente lo hace y que (como todos sabemos) uno está muy tenso cuando se encuentra excitado sexualmente y que de alguna manera hay que relajarse. Por otro lado están los que te dirán que masturbarte te causará daños psicológicos y físicos indecibles desde que te crecerá pelos en las manos (cosa nada deseable para un varón y menos para una señorita) hasta los que te dirán que esta práctica te hará morir las neuronas de tu cerebro como si tomaras alguna droga, estas afirmaciones tampoco tienen un buen asidero científico ni médico y en mi criterio no son argumentos que un joven o adolescente medianamente informado acepte para creer que la masturbación es mala.

Bueno, pues, ¿entonces es bueno o malo masturbarse?, bien los principios siguientes te darán luces acerca de lo que Dios piensa sobre el asunto.

2.- NO PONGAS EN JUEGO TU SALUD ESPIRITUAL
Gálatas 5:17

Porque la carne desea contra el Espíritu, y el Espíritu contra la carne: y estas cosas se oponen la una á la otra, para que no hagáis lo que quisieres.

Más claro que el agua, los deseos de tu carne (entre ellos los sexuales) son en contra de el Espíritu Santo que mora en ti desde el momento de tu conversión y los del Espíritu Santo contra la carne. De más está decir que es bueno y saludable que un marido ame y desee a su esposa y viceversa, creo que eso no está en discusión. Lo que decimos aquí es que en el momento que un muchacho o una jovencita busca el deleite de su carne el Espíritu que mora en él o en ella se contrista y con el tiempo hasta se llega a cauterizar su conciencia de tal manera que pierde la capacidad para discernir la voluntad de Dios (hay argumento bíblico para esto último Primera Timoteo 4:2)

En nuestro contexto latinoamericano acostumbramos decir frecuentemente “que tiene de malo si no hago daño a nadie” o frases sinónimas. Personalmente creo que si bien con la práctica de la masturbación no conlleva ningún daño físico ni psicológico aparente si afecta seriamente al espíritu y al corazón del masturbador como veremos en el siguiente principio.

3.- GUARDA TU CORAZÓN
Mateo 5:28

Mas yo os digo, que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón.

La Palabra nos enseña que sobre toda cosa guardada guardemos nuestro corazón porque de él emana la vida (Proverbios 4:23) . Por otra parte Jesús nos enseñó que “cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón” por duro que parezca, en este punto es bueno que te acuerdes en que piensas mientras te masturbas, no ha de ser en el examen de matemáticas ni mucho menos en tu lectura devocional.

Bien si ya te has persuadido de que masturbarse es malo los siguientes principios te ayudarán a tomar victoria sobre éste aspecto de tu vida. Debo decir que si no estas convencido de que masturbarse es malo no importa lo que hagas para dejarlo jamás podrás hacerlo a si que si quieres dejarlo y todavía hay en ti dudas pide a Dios que te las quite Él lo hará.

4.- DESHAZ LOS NIDOS EN TU CABEZA
Segunda Corintios 10:5

Destruyendo consejos, y toda altura que se levanta contra la ciencia de Dios, y cautivando todo intento a la obediencia, de Cristo;

Un conocido maestro y gran amigo una vez me dijo una frase que a su vez leyó en algún lado y que me ha servido de mucho “No puedes evitar que los pájaros vuelen sobre tu cabeza, pero si puedes evitar que hagan un nido en ella”. En un mundo que explota el sexo más que ningún otro producto no podemos evitar ser bombardeados continuamente con mensajes obscenos y de sexo explícito, proposiciones indecentes y pornografía allá donde vayamos, en Internet, en los centros de estudios, en la calle, en los cines, en los medios de transporte, en el seno de nuestros hogares y aún en la propia iglesia se filtran mensajes destinados a seducirnos en ésta que es una de las áreas espirituales más flacas de todo ser humano. Ocasionalmente no podemos evitar que nuestro cuerpo reacciones ante tales estímulos o que cierta frase, música o imagen despierte nuestra atención excitándonos, al fin y al cabo somos (como diría Jeremías) seres sensuales (es decir con sentidos), lo que SI podemos evitar es que esos pensamientos permanezcan en nuestra mente durante más tiempo que el de “shock” es decir que inmediatamente vemos que se ha presentado una ocasión para fantasear con el sexo ilícito la desechemos y reemplacemos ese pensamiento con uno que sea de edificación en el espíritu, llevando nuestra mente “cautiva a los pies de Jesús”. No se trata de ponerse a meditar como quien se da un martillazo en la mano mientras repite “… no me va a doler, no me va a doler, no me va a doler, no me va a doler, … ” se trata de tomar medidas prácticas como las de quemar todos esos videos, cd’s, dvd’s, cuadros y revistas con mensajes sexuales que tienes en tu casa y que te estimulan sexualmente a masturbarte o eliminar los enlaces de Internet de sitios porno o cancelar la suscripción de las listas de “correo sensual” u olvidar los números de “llamadas eróticas” o dejarte de juntar con aquellas amistades cuya influencia pueda de alguna manera impulsarte a seguir en el mismo mal hábito.

Es bueno advertirte que como supondrás aunque no la busques la tentación estará ahí pero Dios te promete que no será más grande de lo que puedas manejar y además que te dará su Espíritu Santo para hacerle frente. De tu actitud frente a situaciones delicadas y tu respeto hacia el sexo opuesto puede depender el testimonio de Cristo que los otros reciban.

5.- REEMPLAZA TUS MALOS HÁBITOS POR BUENOS
Filipenses 4:8

Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si alguna alabanza, en esto pensad.

Es por demás conocido que sólo se puede vencer un mal hábito reemplazándolo por uno bueno. Especialmente cuando el problema raya en el límite de la adicción si se intenta abandonar sin llenar el vacío que deja generalmente genera ansiedad y nerviosismo que derivan en otro mal hábito o en una recaída. La necesidad imperiosa e incontenible que sienten algunas personas por masturbarse (o por disfrutar de la pornografía) no es porque en el ser humano exista una necesidad básica y vital por hacer estas cosas, sino mas bien se debe a que a fuerza de jugar con ellas con la tonta idea de poder controlarlas terminaron cayendo en la dependencia de éstos estímulos, llegando éstos a ser, en los casos más extremos de adicción , tan importantes como comer o hacer sus necesidades fisiológicas.

La solución ya sea que la persona se encuentre en cualquier nivel de dependencia o crea “controlar” su mal habito es remplazarlo por uno bueno como aconseja Filipenses 4:8 “, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si alguna alabanza” en esto debemos pensar. Por ejemplo el tiempo que invertías en ver revistas sucias o literatura sensual ahora inviértelo en leer tu Biblia o hacer un estudio bíblico; a la hora en que da esa novela que te estimula o la serie rosa de la TV ni siquiera estés cerca de la Televisión y busca de ir a la Iglesia o a hacer deporte o estudiar…

6.- SI DIOS TE MOSTRÓ QUIEN ES TU PAREJA DE POR VIDA CÁSATE
Primera Corintios 7:9

Y si no tienen don de continencia, cásense; que mejor es casarse que quemarse.
(Quiero tomar este asunto con pinzas para que no se mal interprete)

Toda pareja joven sabe que guardarse célibes en obediencia al Señor es una lucha grande. Si tienes una novia (o) y ustedes cuentan con la venia de Dios primeramente, de sus padres y pastores en segundo lugar para casarse es preferible que lo hagan sin darle muchas largas al asunto a estarse “quemando” como decía Pablo. De hecho la mayor parte de mis luchas y tentaciones finalizaron cuando contraje matrimonio. Suena difícil, y es cierto HAY QUE ESTAR PREPARADOS, ESTE NO ES UN CONSEJO PARA PAREJITAS DE ADOLESCENTES O JÓVENES INMADUROS en todo caso creo que si no estás preparado para afrontar un noviazgo “en serio” y estar enamorando te hace pecar es preferible que termines la relación. Yo mismo no me casé hasta cumplir los 24 años y para ese entonces tenía un título profesional y un trabajo estable, pero me fue muy difícil.

7.- SOBRE TODAS LAS COSAS BUSCA REFUGIO EN EL SEÑOR JESUCRISTO
Salmos 119:9

¿Con qué limpiará el joven su camino? Con guardar tu palabra?

Por último lo MAS IMPORTANTE DE TODO: Busca al Señor en oración y lectura de Su Palabra

Por increíble que parezca para la lógica humana la lectura constante y metódica de la Palabra de Dios limpia el accionar, el pensar y el sentir de quien la lee, me consta.

Proverbios 3:6
Reconócelo en todos tus caminos, Y él enderezará tus veredas.

Cuando entregas a Jesús un aspecto de tu vida Él lo toma y se hace cargo en un 100%, eso no es garantía de que en tu terquedad tu no te vuelvas a equivocar (al fin y al cabo somos carne de pecado) sin embargo Él promete que va a enderezar tus veredas (por más torcidas que éstas estén).

Nadie viene santo a los pies de Jesús, Romanos 3:23 dice que todos hemos pecado, pero podemos ser santificados con el perdón que Él nos da. Si no has recibido al Señor sinceramente y de corazón hazlo ahora mismo, si ya lo haz hecho y aún así caíste hoy es tiempo que te levantes y confieses tu pecado al Padre que está ansioso de perdonarte y limpiarte de toda la maldad (I de Juan 1:9).Espero que esto les sea de utilidad a los cientos que tienen que tratar con el problema de la masturbación en su persona o que ministran a hijos o discípulos que están luchando con ella.

Bendiciones

Fuente: Siguiendo sus pisadas

Autor: Igor Cabrera Berdeja

¿Por qué sufren los cristianos?


Quisiera, con la ayuda del Señor, compartir hoy algunas cosas relacionadas con los padecimientos o los sufrimientos que un cristiano tiene, intentando delante del Señor buscar algunas razones por qué sufren los cristianos.

No pretendemos decir todo en un mensaje, encontrar todas las causas, todos los porqués; pero algunas cosas quisiéramos exponer, de lo que el Señor nos ha mostrado en este último tiempo, para que estemos apercibidos, para que sepamos cómo enfrentar las dificultades cuando vienen.

La santidad encarnada

Vamos a comenzar viendo algunos versículos en 1ª de Pedro 1:15-16: “…sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo”.

¿Qué tiene que ver esto de la santidad con el sufrimiento de los cristianos? El Señor dice: “Yo soy santo”. Nosotros sabemos que Dios es santo; nosotros cantamos una canción que dice: “Santo, santo, santo”. Los ángeles también cantan esa canción. En los cielos hay alabanzas por la santidad de Dios.

Pero también dice: “…como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir”. El camino de la santidad nos produce muchas veces dolor, sufrimiento. Como un hermano ha dicho, si queremos caminar con Dios, tenemos que hacerlo a su manera, no a nuestra manera. Dios no se acomoda a nuestra manera de vivir; somos nosotros los que tenemos que acomodarnos a la manera de Dios.

Y en nosotros no mora el bien; en nosotros está el pecado. Desde que Adán cayó, toda la raza humana cayó, y es esclava del pecado. El Señor Jesucristo vino para darnos vida, para darnos libertad. ¡Bendita es la obra del Señor Jesús en la cruz! El Señor Jesús nos justificó, según Romanos 5, y según Romanos 6 nos santificó, y según Romanos 8 nos glorificó. Qué preciosa enseñanza, qué preciosa realidad encontramos en Cristo.

Pero, hermanos, el hecho de que el Señor nos haya santificado al morir en la cruz, juntamente incluyéndonos a nosotros, el viejo hombre, esa santidad de la cual se habla allí es una santidad imputada, una santidad atribuida. “Él es santo y él nos santifica”, dice en otra parte la Escritura.

Pero, para que esa santidad de Dios pueda encarnarse, pueda verse en nuestra vida, ahí hay un motivo de sufrimiento, porque nosotros, a buenas y a primeras, no vamos a acomodar nuestro paso al paso de Dios. Sabiendo que él es santo, nosotros vamos a querer conservar todavía algunas viejas maneras de ser, algunas viejas maneras de vivir, y vamos a querer seguir llevando con nosotros muchas cosas que el mundo hace, que el mundo dice.

Eso puede suceder durante algún tiempo. Podemos vivir la vida cristiana dos, tres, cuatro años, cinco años, y a nosotros nos parece que es posible vivir así, diciendo: “Tú eres santo, santo, santo”, y nosotros viviendo de una manera “pecaminosa, pecaminosa, pecaminosa”.

Puede pasar algún tiempo en que eso sea así; pero puede llegar y debe llegar un día en que Dios nos dice: “A ver, un momentito, tú dices que yo soy santo, y que yo soy tu Padre. A ver, acomodemos un poco tu vida, hagamos algunas adecuaciones en tu vida, para que tú, cuando me digas que yo soy santo, eso salga de una boca que es santa, y proceda de una vida que es santa”. No sólo esta santificación atribuida o imputada, de que porque él es santo nosotros somos santificados en él. No, sino que nosotros seamos transformados en santidad; es decir, la santidad impregnada, personificada, en nosotros.

Ustedes conocen esa palabra que dice: “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios”. Y Verbo se puede traducir como Palabra. Entonces, podemos decir también ese versículo así: “En el principio era la Palabra, y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios”. Y leyendo más abajo en el versículo 14 de ese mismo capítulo dice: “Y aquel Verbo fue hecho carne”. Es decir, “la Palabra se hizo carne”. Eso se dice del Señor Jesús.

Pero, he aquí, hermanos, un gran acontecimiento tiene que suceder en nosotros también. “La Palabra se hizo carne”. En ti y en mí, la Palabra tiene que hacerse carne.

En el caso del Señor Jesús, primero estaba la Palabra, porque él era eternamente la Palabra, y luego se hizo carne. En nosotros, al revés, primero somos carne, y después recibimos la Palabra, y nos transformamos de acuerdo a esa Palabra, de tal manera que nosotros seamos también una Palabra encarnada.

Cuántas cosas estamos creyendo nosotros, confesando, sin que eso sea vida, sin que eso esté encarnado en nosotros. Cuando el Señor, en un momento dado, nos muestra cuántas cosas yo digo que no están encarnadas, eso produce una sensación muy grande de dolor, de vergüenza.

Participar de su santidad

Hebreos 12:10: “Y aquéllos, ciertamente por pocos días nos disciplinaban como a ellos les parecía, pero éste para lo que nos es provechoso, para que participemos de su santidad”. Dice aquí que el Padre nos disciplina para que participemos de su santidad.
Ahora, quisiéramos destacar la palabra ‘participemos’. ¿Qué significará ‘participemos’? Para que nosotros participemos de su santidad. ¿Significará algo así como ‘conocer’? ¿Para que ‘conozcamos’ de su santidad? No. ‘Participar’ tiene que ver con la vida, algo práctico.

En realidad, participar de su santidad es llegar a ser santo como él es santo. Pero eso, no en doctrina, hermanos, no en conocimiento bíblico, sino en nuestra carne, nuestra alma. Entonces, he aquí una causa, un motivo de dolor y de aflicción.
En el Salmo 39, hay un versículo que es dolorosamente real. Dice: “Con castigos por el pecado corriges al hombre, y deshaces como polilla lo más estimado de él”. Aquí está de nuevo la disciplina. La disciplina viene como una corrección por el pecado. Pero luego dice: “…y deshaces…”. O sea, junto con corregir por el pecado, dice que deshace como polilla lo más estimado de él. Y eso produce dolor.

¿Qué cosas el Señor está deshaciendo en nuestras vidas? Cosas estimadas, cosas valoradas; cosas que nos producen satisfacción, nos producen orgullo. El Señor deshace todo eso. El camino de la santidad es un camino doloroso.

No estamos hablando aquí, como digo, de la doctrina, de la enseñanza de la santidad, sino de la vivencia, de la encarnación de la santidad en nosotros. Entonces, en un profeta se dice: “¿Andarán dos juntos si no estuvieren de acuerdo?”. El Señor nos dice: “El que quiere ser mi discípulo, tome su cruz y sígame”. Ya seguimos al Señor Jesús, pero, ¿de qué manera lo seguimos, a la manera nuestra o la manera suya, con las normas nuestras o con las normas suyas? El Señor nos dice: “O andas a mi manera, o no andamos juntos. O tú cambias… Yo no voy a cambiar para acomodarme a ti”. Esto es fuerte.

Un hermano dice: “Las condiciones para tener compañerismo con Dios no son fáciles; son severas”. Por ejemplo, es necesaria una verdadera separación del mundo. No podemos marchar nosotros al son de dos melodías – la melodía del mundo y la melodía del evangelio. Y las melodías del mundo son muy seductoras. No podemos ir con Cristo y, al mismo tiempo, ir con todas las demás cosas que cargamos o traemos del mundo.

La exigencia del Señor Jesús trae una gran perturbación al corazón, trae un momento de ‘impasse’ muy fuerte. Puede haber un momento en que no entendemos nada qué está pasando. Aparentemente, lo he hecho todo bien; aparentemente, todo está normal. Pero por dentro hay un verdadero temporal; en el corazón, hay un terremoto. El día se nubló. “¿Qué pasa, Señor?”.

Puede pasar algún tiempo, algunos días, semanas, a veces, meses. Puede ser que no entendamos qué pasa, hasta que de pronto el Señor nos empieza a dar luz acerca de cuantas cosas tienen que ser removidas en nosotros. Y el Señor nos dice: “Si quieres caminar conmigo, tienes que hacerlo a mi manera, bajo mis principios, según mis normas; porque yo soy santo”.
“Señor, pero, a ver, ¿en qué punto exactamente está mi problema?”. Y el Señor parece que guarda silencio, no nos aclara de inmediato cuál es el punto. Y pasan otros días de desconcierto, de dolor, de angustia. Y de repente, el Señor muestra una pequeña cosita, y después otra cosa. Cómo quisiéramos entonces que el tiempo transcurriera rápido, y que el Señor nos dijera de una vez todo lo que quiere decirnos, todo aquello en que le estamos ofendiendo, todo aquello en que su santidad no es satisfecha en nosotros. Pero a veces suele pasar un doloroso tiempo de espera.

¿Cómo nos hace partícipes él de su santidad? La santidad es dolorosa. Veamos 1ª Juan 1:9: “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad”. Por mucho tiempo este versículo no lo había entendido con mayor profundidad, porque me parecía que “perdonar nuestros pecados” y “limpiarnos de toda maldad” eran cosas sinónimas. Pecado y maldad, perdonar o limpiar, era como lo mismo. En la traducción que nosotros usamos no está muy claro el sentido original, pero en otras traducciones está mejor. Como ésta: “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y purificarnos de toda iniquidad”. La Biblia de Jerusalén dice: “…y purificarnos de toda injusticia”.

Entonces, aquí está más clara la diferencia; son dos trabajos distintos que hace el Señor. Por un lado, si nosotros confesamos nuestros pecados, él perdona nuestros pecados en virtud de la sangre de nuestro Señor Jesús. Esa es una cosa. Pero lo otro es purificarnos de toda iniquidad. La purificación tiene que ver con la depuración; nos trae a la mente un horno con un metal -el oro, por ejemplo- que es sometido a altas temperaturas para ser depurado, limpiado. Porque nosotros, de acuerdo a la primera parte de este versículo, podemos ser perdonados de nuestros pecados, pero seguir pecando otra vez, y otra vez, y otra vez.

Pero si el Señor nos purifica de nuestra iniquidad, es otra cosa diferente, es un trabajo distinto. Y ese trabajo de la purificación de la iniquidad no es un asunto de decirlo: “Ya, te purifico de la iniquidad”. Cuando alguien perdona a otro, dice simplemente: “Te perdono”. La palabra es suficiente. Pero la purificación implica un proceso. Cuando somos perdonados, estamos felices, porque nuestro pecado es perdonado. ¡Gracias, Señor, quedamos libres! Pero cuando somos purificados, eso trae dolor, trae angustia, sufrimientos. Cuando somos perdonados, no somos cambiados. Pero la purificación trae una transformación.

Para perdonar, basta una palabra; para purificar, se necesita el fuego de la aflicción. Por eso, David decía: “Purifícame, y seré limpio”. Pero no es asunto de este pecado que tenía que ser perdonado, cuando él pecó contra Dios en lo referente a Betsabé. Lo que David necesitaba no sólo era el perdón; era una transformación, para no volver a hacerlo.

En Zacarías 13:9, hay una palabra profética que tiene que ver con esto. Dice: “Y los meteré en el fuego, y los fundiré como se funde la plata, y los probaré como se prueba el oro”. Probar el oro, purificar el oro, someterlo a las temperaturas más altas, para que salga toda la impureza.

Amados hermanos y hermanas, pudiera ser que nosotros hemos sido perdonados de nuestros pecados una y otra vez. Pero ese perdón de nuestros pecados nos puede hasta convertir en un poco insensibles al pecado. Total, la sangre está disponible, hay perdón en la sangre del Señor. Pero, ¡cuidado!, que también con eso, junto con eso, llegará un momento en que el Señor nos purificará de nuestra iniquidad, y eso es doloroso. ¿Para qué? “…para que participemos de su santidad”.

Dios utiliza al diablo para tratar con nosotros

Hay también otro motivo de dolor, de aflicción para los cristianos, y tiene que ver con el diablo. Fíjense que, al menos en tres partes, la Escritura es muy explícita al decir que Dios utiliza al diablo para tratar con nosotros. Es como que Dios autoriza al diablo para tratar con nosotros. Claro, nosotros, como creyentes, sostenemos – y es la verdad – una verdad fundamental para nosotros, creemos que el Señor Jesús venció al diablo, que es un enemigo derrotado.

Pero, cuando Dios utiliza al diablo para herirnos, para tratarnos, entonces pareciera ser que el diablo tiene mucho poder, y que aunque nosotros pidamos socorro al Señor, el Señor no nos socorre, parece que todo se confunde: la proclamación no tiene fuerza, el nombre del Señor parece que no tiene poder. El enemigo viene, y con fuerza. ¿Cómo se entiende eso?

¿Se acuerdan en el primer capítulo de Job? Miren lo que dice. Aquí Satanás habla con Dios, y le dice: “¿Acaso teme Job a Dios de balde?”. En el versículo 9. “¿No le has cercado alrededor a él y a su casa y a todo lo que tiene? Al trabajo de sus manos has dado bendición; por tanto, sus bienes han aumentado sobre la tierra. Pero extiende ahora tu mano y toca todo lo que tiene, y verás si no blasfema contra ti en tu misma presencia. Dijo Jehová a Satanás: He aquí, todo lo que tiene está en tu mano…”. Aquí Dios autoriza al diablo para que toque todo lo que Job tenía. Y de pronto, de un día para otro, Job pierde no sólo sus bienes, sus animales, sino sus hijos.

El Señor Jesús, en Lucas 22:31-32 dice: “Dijo también el Señor: Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo; pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte”. Satanás pidió a Pedro para zarandearlo y, ¿cuál fue la respuesta del Señor a Satanás? ¿Sí o no? ¡Sí! “Sí, te autorizo”. Dice: “Yo he rogado por ti, que tu fe no falte”. O sea, el Señor no dice: “Yo he rogado por ti para que no seas zarandeado”. ¿Verdad que no dice así? Dice: “…para que tu fe no falte”. Para que, en medio del zarandeo, tu fe no falte.

Ahora, hay un tercer caso en 2ª Corintios 12:7-9. Dice: “Y para que la grandeza de las revelaciones no me exaltase desmedidamente, me fue dado un aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás que me abofetee, para que no me enaltezca sobremanera; respecto a lo cual tres veces he rogado al Señor, que lo quite de mí. Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo”.

¿Qué pasó aquí? Dios permitió que, de parte de Satanás, hubiera alguien -un demonio, seguramente, o alguna cosa – que abofetee a Pablo. Fíjense lo que significa abofetear a un siervo de Dios. Y Pablo dice: “Por favor, quita al que me abofetea”. Y el Señor dice: “No”. Aquí está de nuevo Satanás, siendo usado por Dios para tratar con sus siervos.

Ahora, intentemos por un minuto, saber por qué razón Dios permitió que Job fuera tocado; por qué era necesario que Pedro fuera zarandeado, y por qué era necesario que Pablo fuera abofeteado.

Si miramos a los dos primeros, a Job y a Pedro, vemos que se parecen en varias cosas. Primero, ambos sobresalían entre sus iguales. Segundo, ambos tenían ascendiente sobre los demás; es decir, eran personas que estaban ubicadas en un sitial como de liderazgo. Job era una persona respetada en su tiempo, todos los hombres de su época lo admiraban. Pedro, entre los discípulos, era el más prominente. Tercero, ambos tenían un gran concepto de sí mismos. Cuando Job hace uno de sus discursos por ahí, en uno de los capítulos de su libro, habla maravillas de sí mismo. Y Pedro, cuando dice: “Aunque todos se escandalicen de ti, yo no me escandalizaré de ti; todos podrán hacerlo, pero yo, no”. Tenían un alto concepto de sí.

Yo me imagino al Señor viendo a Job, viendo a Pedro; escuchando a Job, escuchando a Pedro, hasta que llega el día en que dice: “Yo a estos dos no los soporto más. ¡Son tan petulantes, son tan presumidos! Ellos no se conocen a sí mismos. Voy a permitir que el diablo los toque, para que quede en evidencia lo que ellos verdaderamente son”.

Y entonces, después de todo lo que pasa con Job – que llegó a estar enfermo de una forma horrible, que aun su esposa lo menospreció y le habló duramente – Job llega a humillarse hasta el polvo, hasta las cenizas, y dice: “Señor, yo no te conocía, mas ahora mis ojos te ven. Yo pongo la mano en mi boca para no hablar más necedades. Pongo la mano en mi boca para no hablar delante de ti. Soy un necio”.

Y Pedro. ¿Se imaginan esos tres días, mientras el Señor estuvo en la tumba? ¡Cuántas cosas Pedro habrá pensado! ¡Cuántas cosas se habrá lamentado! Por eso, Pedro, después, cuando viene de vuelta, el Señor le dice: “Tú, Pedro, ¿me amas?”. Y Pedro le dice: “Sí, Señor, yo, yo te aprecio”. “Pedro, ¿me amas”. “Señor, yo te estimo”. “Pedro, ¿me amas?”. “Ah, Señor, tú sabes todas las cosas, tú sabes que yo te estimo”. Nunca Pedro se atreve a decirle ahí: “Yo te amo”.

En esta versión que nosotros usamos, la Reina-Valera dice: “Yo te amo”. Pero en el griego no es la misma palabra; es otra palabra menor, como cuando nosotros decimos: “Yo te estimo, yo te aprecio”. Pedro no se atreve ni siquiera a decirle: “Señor, yo te amo”, porque recién lo había negado.

Después del zarandeo, Pedro fue otra persona. Entonces, claro, Dios es todopoderoso. El diablo es poderoso; pero el Señor es todopoderoso. Y el diablo, a veces, sin darse cuenta, pero sin poder evitarlo, sirve a los propósitos de Dios, para nuestro bien. Claro, cuando Dios le permite al diablo que zarandee a Pedro, Satanás se va con todo, no sólo para zarandearlo, sino para destruirlo. Porque el diablo quiere destruir. Sin embargo, allí está el límite que Dios le pone.

Dios siempre le pone un límite al diablo cuando trata con nosotros. Por eso, respecto a Job, le dice: “Toca todo lo que él tiene, pero a él no lo toques”. Y después, cuando se trata de Pedro, el Señor dice: “Yo he rogado por ti, para que tu fe no falte”. Es decir, junto con Dios permitir aquello, él mismo le pone límite, para que no lo destruya, porque si no, nos destruiría. Pero, ¡bendito sea Dios!, él tiene todo poder.

Y aun estas experiencias dolorosas de las cuales estamos hablando son permitidas por el amor de Dios. Todo lo que Dios hace con nosotros, lo hace por amor. Él nos conoce tan bien, él sabe que no hay otra forma para ser purificados, a no ser el fuego de la aflicción, el fuego de la angustia.

Hermanos, en estos días hemos sabido de muchos hermanos y hermanas que están pasando por aflicciones, por pruebas, por tribulaciones. Estamos aquí intentando encontrar algunas causas, algunas razones de por qué sufren los cristianos.

Hemos hablado de que nosotros tenemos que ser hechos santos, transformados en personas santas, y hemos dicho que, para eso, no sólo nuestros pecados tienen perdonados, sino que nosotros tenemos que ser purificados de toda iniquidad. Estamos diciendo aquí que a veces Dios permite que Satanás nos toque. Todas estas cosas pueden suceder.

En el caso de Pablo, él fue abofeteado. Claro, Pablo había recibido tantas bendiciones espirituales, que él podría considerarse un ‘súper cristiano’. “¿Quién ha estado en el tercer cielo? ¿Quién tiene la revelación que yo tengo”, podría decir Pablo. Y podría decirle a un hermano pequeño: “Y tú, ¿quién eres para que me hables a mí así?”.

Entonces, Dios le envía a alguien que lo abofetee. Y una bofetada, ustedes saben, no sólo es dolorosa; sino, más que eso, es vergonzosa. Cuando una persona es abofeteada, yo creo que lo que más le duele es la vergüenza de haber sido abofeteada. ¡Y Pablo era abofeteado! Pero él había aprendido a caminar con ese aguijón, de tal manera que dice: “Me glorío en las dificultades, me glorío en las angustias, me glorío en los golpes que recibo; porque cuando soy débil, cuando soy humillado, cuando soy avergonzado, entonces soy fuerte”.

Ahora, aquí hay un asunto importante que tenemos que decir. Hay una parte de la Escritura en que nos dice que nos humillemos bajo la poderosa mano de Dios, que él nos exaltará cuando fuere tiempo. Y dice también que nosotros debemos resistir al diablo.

Aquí hay algo que tenemos que aclarar. Cuando estamos pasando por este tipo de aflicciones, por este zarandeo, cuando sentimos que el enemigo nos hostiliza, nos rodea por todas partes, ¿nos dejaremos llevar para que haga todo lo que quiera con nosotros? ¡No! Nosotros tenemos que, de acuerdo a esta Palabra, someternos, humillarnos bajo la poderosa mano de Dios, y luego, cuando eso ocurra, recibiremos la gracia, la fuerza para resistir al diablo. Aceptamos lo que viene de Dios, en humillación, en sometimiento; pero tenemos que estar atentos para que el diablo no se aproveche de nuestra debilidad.

Someternos a Dios – ahí está la clave. Si nos sometemos a Dios, nos humillamos bajo la poderosa mano de Dios, diciéndole: “Señor, tú eres justo, tú eres santo. Este dolor que me ha venido, esta aflicción que estoy sufriendo, la merecía, Señor. Veo que es necesaria para mí. Veo que este horno de aflicción era preciso que lo viviera. Señor, yo me humillo delante de ti; no tengo quejas, Señor, no tengo reclamos”. Eso es humillarse bajo la poderosa mano de Dios. Y estar ahí, en silencio, esperando con paciencia, hasta que la tempestad amaine, hasta que el Sol de justicia se levante.

Escandalizarse del Señor

Aquí hay, entonces, algunas explicaciones al dolor, al sufrimiento. Pero, para terminar, quisiera referirme a otra clase de sufrimiento, que no tiene una muy clara explicación. Veamos Mateo 11:2-6:

“Y al oír Juan, en la cárcel, los hechos de Cristo, le envió dos de sus discípulos, para preguntarle: ¿Eres tú aquel que había de venir, o esperaremos a otro? Respondiendo Jesús, les dijo: Id, y haced saber a Juan las cosas que oís y veis. Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados, y a los pobres es anunciado el evangelio; y bienaventurado es el que no halle tropiezo en mí”.

Juan está en la cárcel. Y vemos a Juan aquí, que, por primera vez en su ministerio tan fiel, tan exitoso, él tuvo una duda. Fíjense qué cosa extraña: la duda no la tuvo Juan al comienzo de su ministerio, sino al final. He aquí una debilidad de Juan. Y le envía a preguntar al Señor: “¿Eres tú aquel que había de venir?”. Y Juan se olvida que él mismo había dicho: “Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”.

Tan grande es su turbación; tan grande es la tempestad que se le vino encima a Juan, que él llega a dudar que ese Jesús sea el Cristo. ¿Quién puede entenderlo? Entonces, ¿qué es lo que hace el Señor para darle la respuesta a Juan? Sana a los ciegos, a los cojos los hace andar; hace un montón de milagros allí, en presencia de los mensajeros de Juan, y les dice: “Vayan a Juan y díganle, cuéntenle. Y díganle. “Bienaventurado es el que no halle tropiezo en mí”. ¡Extrañas palabras!

Juan está en la cárcel. Él ha predicado que Jesús vendría con poder, para limpiar su era, para guardar el trigo en el granero y para quemar la paja. Él ha predicado que Jesús vendrá como libertador, lleno de juicio. Y aquí ve a Jesús sanando enfermos, ¡y él, Juan, su siervo fiel, está en la cárcel! Jesús no lo va a ver, Jesús no lo va a consolar. Juan podía decir: “Jesús liberta a los cautivos… y a mí no me liberta”.

Este es un punto que también puede sucedernos a nosotros. En algún momento de nuestra vida nos sentimos como encarcelados. “El Señor hace milagros por doquier, pero a mí no me mira, ni me escucha, ni se acuerda de mí. Estoy en la cárcel”. ¿Cómo explicamos eso?

Las palabras del Señor a Juan –“Bienaventurado es el que no halle tropiezo en mí”– significan esto: “Bienaventurado es el que no se ofende conmigo, el que no se enoja conmigo, el que no tropieza en mí”.

Hay momentos en la vida de un cristiano en que las oraciones parecen no ser respondidas. Y eso produce cansancio, produce desesperanza, desaliento. Y entonces, aun en el corazón de un fiel cristiano, pudiera levantarse una queja contra el Señor. “Todos los demás reciben bendición; yo no. ¿Qué te pasa conmigo, Señor? ¿Por qué me tratas así? ¿No eres compasivo, no eres tierno, no eres misericordioso? ¿No levantas tú al caído? ¿Y yo, Señor?”.

Dice el Señor: “Bienaventurado es el que no halle tropiezo en mí”, dando a entender con eso que no son muchos, no son todos, los bienaventurados. Es decir, da a entender que hay mucha gente que tropieza en Cristo, que se escandaliza de él, que se vuelve atrás y no quiere seguirlo más. Porque él es muy exigente; porque a veces, cuando pedimos una cosa, el Señor nos da otra. Le pedimos paz, y parece que nos da aflicción; le pedimos paciencia, y vienen problemas. Queremos acercarnos a Dios -¿le ha pasado a usted?- y comienza una multitud de problemas, como si él no nos escuchara, como si él no quisiera que le sirviéramos.

Muchas victorias se obtienen lenta y dolorosamente. ¿Por qué, si él tiene todo poder? El podría hacer así, y este vicio que yo tengo podría ser quitado… Sin embargo, ¡es tan lentamente la forma en que yo obtengo la victoria y con tanta dificultad! Las respuestas de Dios son lentas, a veces demasiado lentas.

Y los silencios de Dios… Usted ha orado por la conversión de sus seres queridos, de algún hijo, de algún nieto. Pero ahí él está, duro, como siempre – o peor que nunca. El Señor guarda silencio. ¿Nos escandalizaremos con él? Diremos: “Señor, por favor, ¿hasta cuándo? ¿Eres o no Dios poderoso? ¿Tienes poder o no para libertar?”. Y el Señor guarda silencio. Usted oró, buscando alivio de alguna angustia, y no hay alivio. Parece que la carga es más pesada que antes. Entonces, en esas condiciones, ser leal a Cristo, es cansador, fatigoso.

Algo parecido ocurrió con las hermanas de Lázaro. El Señor estuvo varios días lejos, y Lázaro enfermo. Y Lázaro muere, y él llega después. “Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no habría muerto”. El Señor parecía que estaba distraído. “Está ocupado en tantas cosas; a mí no me ve, no me escucha. Parece que tienes algunos ‘regalones’, y yo no soy regalón de él”.

Cuando nosotros oramos, a veces el Señor dice “Sí”, y a veces dice “No”. A veces no dice nada. Pero, sobre todo lo que estamos diciendo, por encima de todo lo que estamos diciendo, él nos ama, y su amor por nosotros es doloroso también. Porque el que ama, sufre. “El amor es sufrido”. Él sufre por nosotros, con nosotros. Porque él nos ve sufrir, y él sufre, pero él sabe que no hay alternativa para nuestro sufrimiento.

Él dice: “Hijo, yo no puedo evitarte el sufrimiento, porque es a través de este sufrimiento que tu oración va a ser contestada”. Porque nosotros habíamos orado: “Señor, quiero convertirme a ti de todo corazón, quiero servirte de todo corazón, quiero amarte de todo corazón. Transfórmame a tu imagen”. Y cuando el Señor empieza a contestar la oración, lo hace a través de esto, a través de estas aflicciones. Porque esa es la manera como somos transformados. Esa es la manera, ese es el “Sí” de él muchas veces.

A veces, una oración no respondida es la mayor bendición para nosotros. La razón de sus “No” es enriquecernos, y no empobrecernos; la razón de su silencio es transformarnos, y no destruirnos. Sus propósitos son más altos; no los alcanzamos a ver. Las respuestas del Señor son más grandes que nuestras peticiones. Austin-Sparks dice: “Las palabras del Señor son como plata; pero sus silencios son como oro”.

Si usted nunca ha pasado esta clase de aflicción, no va a entender de qué estoy hablando, y puede parecer que este mensaje no tiene mucho sentido. Pero si usted ha vivido algo de esto, sabrá de qué estamos hablando. Sus silencios no tienen una explicación, muchas veces. Pero el Señor nos dice: “Bienaventurado eres si no te ofendes conmigo”.

¿Estamos ofendidos con él, porque él no nos ha respondido, porque él no nos ha socorrido a tiempo? ¿Estamos ofendidos con él? ¿Estamos como con un resquemor en el corazón, como con un desánimo? Decir: “No, no sigo más, no puedo más. La vida del mundo es tan fácil, es tan placentera. O, incluso, hay mismos cristianos que parece que nunca viven lo que yo estoy viviendo. No me comprometo más, no me consagro más… ¡Puros problemas!”.

Si nosotros tenemos esa actitud, significa que estamos ofendidos con él, significa que estamos tropezando en él, que nos estamos escandalizando en él. Y él le dijo a Juan: “Bienaventurado es el que no halle tropiezo en mí”. Es como si el Señor nos dijera: “Mira, yo soy el Señor; yo sé lo que tengo que hacer. No me pidas explicaciones”.

Oh, a veces podemos decir: “Jesucristo es el Señor”. Fácilmente decirlo. Pero, ¿sabe lo que significa decir eso? Significa decir que él tiene toda la autoridad en nosotros para hacer y para no hacer. Decir: “Tú eres santo, santo, santo”, puede costarnos un gran precio en algún momento dado. Porque él no permitirá para siempre que nosotros le digamos eso a él, y que no seamos santos en toda nuestra manera de vivir. ¡El Señor tenga misericordia de nosotros!

Les leo un pensamiento de David Wilkerson para terminar. Dice: “La parte más difícil de la fe es la última media hora, justo antes de cuando Dios te va a responder. Cuando estamos a punto de renunciar, o de escandalizarnos, Dios comienza a actuar”. Amén.

Escrito por: Eliseo Apablaza

Fuente: http://www.aguasvivas.cl/centenario/sufren.htm

Halloween, una fiesta pagana


Halloween, en esta oportunidad veremos su origen, sus fines y los cambios a través del tiempo.

¿Es esta festividad anti bíblica? ¿Por qué?

Esta festividad fue incluida al país por las escuelas y colegios bilingües, y se celebra el 31 de octubre de cada año. En algunos países esta festividad forma parte únicamente de las clases alta y media, pero en el nuestro es festejo para todas las clases.

En vista de que la gente ha tomado esta fiesta tan alegremente, creemos necesario hacer un relato histórico de la misma con el fin de que la gente se entere que es realmente.

El origen de “Halloween” se remonta a los Celtas, que vivían hace unos dos mil años en la región que hoy ocupan las islas británicas (Inglaterra-Escocia-Irlanda) y la parte norte de Francia. Su calendario comenzaba el 1 de noviembre, razón por la cuál el último día del año (31 de octubre) se hacía una festividad en honor a Samhain (señor de los muertos y príncipe de las tinieblas). Esta celebración marcaba el comienza de las épocas del frío, oscuridad y decadencia. En forma natural asociaron esta fiesta con la muerte humana. Los Celtas creían qua Samhain le permitía a las almas de los muertos volver a sus casas terrenales por ese día. En el atardecer de ese día, los sacerdotes y maestros celtas le ordenaban a la gente que sacaran sus hogueras, mientras los sacerdotes construían una inmensa fogata de roble, que se consideraba sagrado. Ahí se quemaban animales, cosechas y seres humanos como sacrificio. Las personas usaban disfraces hechos de piel de animales, con las cabezas de este. Además en esa fiesta, adivinaban la suerte del año venidero a través de los restos de los animales sacrificados.

Los romanos conquistaron a los celtas en el año 43 d. C. y gobernaron esta zona por 400 años, y así cambiaron la celebración de los celtas por dos festividades romanas. Una de ellas llamada “Feralia” que se celebraba a fines de octubre para honrar a la muerte y la otra era una festividad a la diosa “Pomona” que era la diosa de los árboles y los frutos, razón por la cual las manzanas se asocian a esta celebración.

Los romanos introdujeron el cristianismo a los celtas, pero estos mantuvieron muchas de sus costumbres que más bien influyeron en los romanos, tanto así que los romanos celebraban el 13 de mayo el “día de todos los santos difuntos” pero por toda la influencia celta, lo pasaron al 31 de octubre. Aquí nace el nombre de “Halloween”, porque era la tarde anterior al día de todos los santos. Sin embargo la palabra “Halloween” tiene otro significado, ya que ella proviene de “ALL HOWLS” que traducido literalmente es “todos los aullidos”, y en el concepto de la festividad se traduce como la tarde de todos los aullidos.

La tradición celta decía que Samhain reunía a todos los espíritus malignos, encarnándolos en los animales, por lo cual esta fiesta se asocia con gatos negros, murciélagos, búhos, etc.

La calabaza que se usa hoy, simboliza la cosecha de la festividad romana, pero su origen viene de Irlanda, donde un hombre llamado Jack, que era tan tacaño y miserable que no podía entrar al cielo, y por eso andaba errante por el mundo hasta el día del juicio, alumbrándose con una linterna.

A mediados de 1900 apareció un gran interés por la brujería en estas festividades (USA-EUROPA) lo cual se convirtió en una gran religión organizada, que ha atraído un gran número de adeptos.

Estas personas se reúnen anualmente en mini convenciones locales de 13 miembros o menos llamadas “Koven” las festividades de brujería se celebran 4 veces por año, siendo la más importante la que se celebra a finales de octubre, estas festividades se llaman “Sabat”, pero la que se celebra ese día 31 de octubre, se llama “Akelarre” que se deriva de AKE=cabrón y LARRE= prado, o sea, prado del cabrón. Se llama así porque en esas reuniones, se cree que el diablo toma forma de macho cabrío. Estas reuniones son para practicar las artes mágicas bajo la influencia o poder de Satanás.

Esta fue una reseña histórica de cómo nació y los cambios que ha sufrido la celebración de Halloween.

La Biblia, que es la Palabra de Dios, condena la brujería, condena la hechicería y la magia, bajo la ley del Antiguo Testamento a las personas que practicaban estas cosas se debían matar. (Ex. 22:18, Lev. 19:31, 20:27, Dt. 18:10) y en el Nuevo Testamento dice que los que practican tales cosas no heredaran el reino de los cielos. (Gá. 5:20, Apc. 22:15)

La Biblia dice que los creyentes estamos luchando continuamente con los poderes de las tinieblas espirituales de maldad en las regiones celestes. (Ef. 6:12) la Biblia también habla de magos con poderes sobrenaturales que no provienen de Dios (Hch. 18:9, 19:19). Se sabe además que los espíritus inmundos pueden pasar a morar a cuerpos de animales, (Lc. 8:33) también en las personas.

Ese día, 31 de octubre, hay una gran actividad de espíritus inmundos en las regiones celestes los cuales son invocados por los brujos del mundo entero. Ellos se contentan con las tinieblas y lo grotesco. Ese día hay un espíritu de muerte circundando la tierra (si hay duda consulte las estadísticas de muerte en USA ese día es mayor que cualquier otro.) Las noticias hablan de niños que fueron envenenados, o niños que mueren porque en las frutas introdujeron navajillas. Estos niños, muchas veces, salieron por las calles disfrazados inocentemente, gritando”… si me dan algo… no les haré bromas” y se han encontrado con la muerte. Este acto solo puede estar dirigido por Satanás, porque el vino a matar, a hurtar, y a destruir (Juan 10:10).

Tal vez usted diga: “bueno, yo ese día me vestiré de algo bueno” pero recordemos que el mismo diablo se viste de ángel de luz (2. Co. 11:14) Dios no quiere que nos hagamos partícipes con los demonios, razón por la cual no debemos unirnos a esta festividad. Si lo hacemos, la responsabilidad es nuestra y podemos ser reprendidos por el Señor.

Jesús dijo: “Yo soy la Luz del mundo y ustedes son iluminares en el mundo” y “no tengan comunión con las tinieblas” unirnos a esta fiesta es tener comunión con las tinieblas.

Enemigos del Creyente, principios de vida


Enemigos del creyente, principios de vida; en este blog vamos a compartir una lista de preguntas que nos ayudarán a formar principios de vida cristiana para saber cómo actuar, pensar, decidir en momentos en que tal vez no tenemos claro que es lo que dice la Biblia.

Esta lista pretender ser una guía, no una autoridad final, pues la lista apela a verdades escriturales a través de los cuestinonamientos que nos formula.

El orden tampoco representa una jerarquía en cuanto a la guía, simplemente era necesaro enumerarles.

El estar separado del Mundo debe ser para nosotros una lista interminable de puros NO, NO, NO o que sucede con todo aquello que en la Biblia “no sale”, cómo sabré que es correcto o no. Lo que debemos de entender es que como creyentes debemos de manejarnos por principios en nuestra vida, no por complacer nuestros deseos, sentimientos o emociones.

Veamos algunos principios:

¿Está claramente prohibido? Hay cosas que están claramente mal delante de Dios. Ej. He 13:4 “Honroso sea en todos el matrimonio, y el lecho sin mancilla; pero a los fornicarios y a los adúlteros los juzgará Dios”. En la actualidad hay muchos jóvenes que se preguntan si el sexo fuera del matrimonio está bien, pero Dios ha dicho claramente que es pecado. Así que, en realidad no debería haber ninguna duda en cuanto a esto.

¿Me expondrá a la tentación? ¡Qué tal el jugueteo con los besos y las caricias entre parejas! Ro. 13:14 “Sino vestíos del Señor Jesucristo, y no proveáis para los deseos de la carne.”

¿Me dañará el cuerpo? En 1 Co. 6:19, 20 se nos dice que nuestro cuerpo es el templo del E.S.  Cualquier cosa que dañe mi cuerpo contamina al templo de Dios en mí.

¿Forma hábito o esclaviza? Pablo señala que aunque algunas cosas pueden ser lícitas para él, “…no me dejaré dominar de ninguna.” 1 Co. 6:12.

¿Es un obstáculo para mi vida cristiana? “Por tanto, nosotros también en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe…” (He. 12:1,2) No puedo ganar un maratón en jeans y con botas.

¿Dañará a otros creyentes? “…decidid no poner tropiezo u ocasión de caer al hermano” Ro. 14:13, 21. Algunos creyentes podrían ser obstaculizados en su vida cristiana debido a tus acciones.

¿Es cuestionable? Ro. 14:23 ¿Qué pasa si tengo dudas? Mejor no hacerlo

¿Lo haría estando Cristo conmigo? Fil. 4:5, He. 13:5, Mt. 28:20. Si tengo al jefe de policía en el automóvil, entonces no voy a hacer nada indebido.   Alguien dijo: “¡Practica la presencia de Cristo!”

¿Puedo hacerlo para Dios y decir que es para su Gloria? 1 Co. 10:31, “… hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús” Col. 3:17 “… hacedlo de corazón, como para el Señor…” Col. 3:23. Una vez, algunos miembros de la iglesia invitaron aun famoso predicador a una actividad cuestionable. Todos se sorprendieron al ver que había asistido.  Justo antes de que comenzaran las actividades, se puso de pie y pidió permiso para pedir la bendición del Señor sobre todo lo que se iba a hacer. Todos los que estaban presentes se quedaron pasmados y se sintieron culpables.  La noche terminó siendo un periodo de estudio bíblico.  Díganme, muchachos, ¿qué les parece si les pido la bendición del Señor la próxima vez que tengan una cita, y luego la dedican para la gloria y honra de él?

¿Qué me agradaría estar haciendo cuando El regrese? 1 Jn. 3:2, 3; Mt. 24:42

¿Puedo testificar mientras lo hago? 1 Pe. 3:15

Enemigos del Creyente, la defensa frente al Mundo


Enemigos del creyente, la defensa frente al Mundo. La Biblia nos enseña que como hijos de Dios tenemos tres diferentes enemigos, uno de ellos es el Mundo.

En esta oportunidad queremos pasar a estudiar lo que el Mundo es, y cómo podemos defendernos de él, cuáles son las herramientas bíblicas que tenemos. También en medio de esto comprenderemos las implicaciones de lo que es ceder frente a él.

1.  ¿QUE ES EL MUNDO?

Es un sistema de principios y valores dirigidos por Satanás. Es uno de los enemigos del creyente. El “Mundo” lo conforman todos aquellos valores que se oponen a la palabra de Dios, los patrones que no van en armonía a la palabra de Dios. En 1 Juan lo vemos descrito como los “deseos de los ojos, los deseos de la carne y la vanagloria de la vida”.

El “Mundo” es muy bien descrito en 1 Jn. 2:15

“Deseos de la Carne”

Es todo aquello que produce satisfacción en mí y que no está fuera de la Palabra de Dios. Es vivir de acuerdo a mi propia mentalidad, es la ausencia de valores en la vida cristiana. Sin tan siquiera detenerme a pensar, es haciendo lo que viene a mi mente. Algunos ejemplos en los que podemos pensar son vivir en los placeres de la vida: alcohol, fumar, sexo, glotonería, codicia (riqueza, materialismo), pereza, dar lugar a los malos sentimientos (enojo, odio, rencor, amargura); murmuración, envidia.

“Deseos de los Ojos”

Es todo aquello que me seduce. La Palabra de Dios dice que el ojo nunca se sacia de ver, siempre desea ver más. Deseos de los ojos pueden ser: pornografía, materialismo, vanidad en el físico (belleza, fisiculturismo), amor ajeno (infidelidad, poner los “ojos” en otra persona), seducción, y cualquier otra cosa que traiga a mi vida satisfacción carnal.

Cuántas cosas entran a mi vida por los ojos, la envidia, la codicia, la comparación de bienes materiales, etc. Otros ejemplos pueden ser la bulimia, anorexia y las dos más nuevas: la enfermedad de tener un cuerpo “física, atléticamente saludable” y la de la comida vegetariana.

“Vanagloria de la Vida”

Este tema es bastante amplio porque puede ser cualquier cosa que me realice como persona, que fomenta mi orgullo y me hace sentirme mejor, superior delante de otros; pero no está considerando a la persona de Dios.

Pueden ser algunas: en el deporte, en el área académica, en el nivel socio-económico al que pertenezco, lo que el “Mundo” en una vida pasada me permitió experimentar, el renombre que tengo o puedo tener en un círculo de personas que me resultan importantes (amigos, compañeros de trabajo, estudio, familiares, etc.), en el trato con otras personas (muchachos con chicas). Puede ser que esté cubierto de espiritualidad: un buen líder, reflejo ser un muy buen creyente, la autoridad habla bien de mí, una persona que gana el concurso, etc.

Es interesante ponerse a pensar cuál va a ser el destino final de este Mundo, la Palabra de Dios dice que “… este mundo y sus deseos pasan…” Que tonto es tomar la opción del Mundo porque tendré un día de vergüenza en el día de Cristo.

El destino va a ser el juicio final. Un ejemplo que tenemos es Sodoma y Gomorra.

Para este momento tenemos muy claro lo que es el Mundo, y si pensamos lo que es su destino final, como es el caso de Sodoma y Gomorra, ¿tendremos alguna razón eterna, inteligente, o tan siquiera lógica para que tomemos lo que el Mundo nos ofrece?

2. NO AMAR AL MUNDO

La Defensa que tengo es No amar al Mundo.

La palabra “amar” aquí es AGAPE. Si entendemos que AGAPE es un amor incondicional, que busca el bien de todos, Ro. 15:2; no busca el mal de nadie, Ro. 13:8-10; que nace de la decisión, no de los sentimientos, Ro. 5:8; Dt. 7:7,8. ¿cómo podemos ser capaces de ejercer ese mismo amor hacia el Mundo?

Con ese amor es con el que Cristo está esperando que nosotros le correspondamos, o dicho de otra forma, es con el que la Escritura nos enseña que debemos amara a Dios. Jn. 14:15, 21,23; 15:10; 1 Jn. 2:5; 5:3; 2 Jn. 6. Esta demanda no la pudo cumplir Pedro cuando Cristo le preguntó ¿me amas? Jn. 21:15-19.

Amar al Mundo es identificarme con él, es anhelar hacer y vivir de lo que los inconversos viven. Es negar la Escritura cuando dice que Cristo vino para que tuviéramos vida y la tuviéramos en abundancia. Resulta que mi vida es pobre y la única forma donde la veo enriquecida es con el “Mundo”.

En la Escritura tenemos ejemplos de personas que amaron este Mundo y nos han quedado las consecuencias que vivieron para nuestra enseñanza.

Caín

Se dejó llevar por los deseos de la carne (malos sentimientos)
Acán Llevó al pueblo al pecado por tomar del anatema, los deseos de los ojos.
Sansón vivió entregado a los deseos de la carne y de los ojos.
David cayó ante los deseos de los ojos.
El Rico rechazó a Cristo por la vanagloria de la vida “riquezas”.
Ananías y Safira Buscaron la gloria de los hombres con sus ofrendas, vanagloria de la vida.
Los Fariseos Eran esclavos de la vanagloria de la vida.

El amar me lleva a identificarme con el Mundo. ¿En que cosas me identifico con el Mundo?

  • En los entretenimientos.
    • Música y farándula.
    • Cine y videos en casa.
    • Internet.
    • TV.
    • Video Juegos.
  • Los sentimientos.
  • Los hábitos.
  • Las disciplinas deportivas.
  • Las amistades.
  • Los pasatiempos.
  • En la moda.

Aquí está claro un concepto ABSOLUTO: si amo al Mundo no puedo amar a Dios. Jamás puedo engañarme con una cosa así. No puedo continuar siendo hipócrita. Stg. 4:4

Amar al Mundo es rechazar a Dios, es  convertirme en su enemigo.

Debemos de entender que enemigo, ecthra (ecthra) es aborrecedor, el que odia, hostil, adversario.

Se vuelve más interesante cuando estudiamos en quienes se aplica esta palabra.

  • Al Diablo. Mt. 13:19; Lc. 10:19
  • A la muerte. 1 Co. 15:26
  • A los hombres que se opusieron a Cristo. Mt. 13:25,28; 22:44; Mr. 12:36; Lc. 19:27; 20:43; Hch. 2:35; Ro. 11:28; Fil. 3:18; He. 1:13; 10:13
  • A los hombres que se oponen a los siervos de Dios. Ap. 11:5,12
  • A los hombres que se opusieron a la Nación de Israel. Lc. 1:71,74; 19:43
  • A los que se opusieron a la justicia. Hch. 13:10
  • De Israel en su enajenación. Ro. 11:28
  • De los no regenerados en su actitud hacia Dios. Ro. 5:10; Col. 1:21

3. NO CONFORMARNOS CON EL MUNDO

Ro12:2 Conformar: Tomar la forma de…

Cuando toma la forma del Mundo entonces jamás sabré lo que es la voluntad de Dios, no puedo ver que es buena, agradable y perfecta para mi vida.

Hay ejemplos claros de Hombres de Dios que no se conformaron a este Mundo, He. 11:24, 25,

(24) Por la fe Moisés, hecho ya grande, rehusó llamarse hijo de la hija de Faraón, (25) escogiendo antes ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los deleites temporales del pecado.

Moisés no quiso tomar la forma de los egipcios, antes bien dejó todo porque tenía la mirada puesta en la persona de Dios.

Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Col. 3:2

Mt. 13:22 Cuando tomo la forma del Mundo la P. de Dios se vuelve INFRUCTUOSA en mi vida. La Palabra de Dios dejó de trabajar en mí.

El que está en Cristo lleva fruto, Jn. 15:5, ¿cuál es tu fruto, hoy, como creyente? Si no lo hay es porque la palabra de Dios se volvió infructuosa en tu vida.

¿Qué es el fruto?

  • Lo que la palabra de Dios va transformando en mi vida.
  • La palabra de Dios ocupa un lugar importante en mi vida.
  • Para tomar decisiones me importa lo que Dios piensa.
  • Mi vida es un fiel reflejo de que Cristo está en mí.
  • Comparto el evangelio a los incrédulos.

¿Cómo llevo fruto?

Lc. 22:60-62 vs. Hch. 2:1, 2, 4, 14, 38, 41 (Llenura del Espíritu Santo)

Cada vez que me identificó con él. Cada vez que cambio las cosas espirituales por las cosas temporales de este sistema en el cual vivo “mundo”, entonces me ‘conformo’ con el Mundo.

Eje.: Cualquier cosa es más interesante que leer mi Biblia. Cualquier cosa es más interesante que mi asistencia a la iglesia.

Acá hemos tenido una descrición de lo que es el Mundo y cómo debemos hacerle frente, ahora está en nosotros tomar la decisión para generar en nosotros un cmabio.

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