La tormenta en la vida de los discípulos


Cúan hermoso es tener un día soleado y poder salir al parque con la familia, un buen amigo (a), etc., poder disfrutarlo al lado de esos seres queridos, de la maravillosa naturaleza creada por nuestro Dios, en fin, grandioso; especialemente después de algunos días lluviosos, fríos y nublados.

La gran mayoría prefiere los días soleados, en la vida cristiana también vamos a preferir los días de paz, seguridad, de victoria antes que los días de prueba, tribulación y angustia. Sin embargo esos días dejan grandes enseñanzas a nuestra a vida, más aún confiando que el Señor tiene control de estos días, tiene própositos específicos en nosotros a través de esos “valles de sombra de muerte”, entonces debemos de cambiar la perspectiva, la disposición cuando nos corresponde atravesar por ellos.

Es más, en muchas ocasiones nuestro Señor Jesucristo nos introduce en estos días, tal es el caso de los discípulos del Maestro en el pasje de Mt. 14:22-36, allí vemos como ellos se encontraban con nuestro Señor Jesucristo en medio del milagro de la alimentación de las 5.000 personas. Luego de haber estado con el Señor en un momento que Él manifestó su Gloria y poder en la reproducción de los alimentos, los discípulos son llevados al mar. Recuerda que es el Señor el que les dice que ingresen a la barca. ¿No sabría el Señor que se desataría tormenta?, ¡claro!, sin embargo tenía grandes lecciones para ellos en medio de tormenta y después de un momento de gran bendición.

Meditemos en las lecciones aprendidas por los disípulos:

  1. Las tormentas siempre vienen. Los discípulos como pescadores estaban acostumbrados a estas tormentas, sin embargo parece que ésta era mayor que otras que habían afrontado. Las pruebas siempre las vamos a tener presente en medio de nosotros. Recordemos, que es el Señor el que les hace entrar: “En seguida Jesús hizo a sus discípulos entrar en la barca e ir delante de él a la otra ribera […]” Lc. 14:22. Las tormentas en nuestra vida siempre estarán allí, y en cada una de ellas nuestro Señor te conocimiento de las mismas, pero no te olvides… él está orando… y llegó en el momento preciso, no debemos de dudar, ni desmayar.
  2. Siempre hay un propósito en las tormentas. En el caso de Pedro podríamos decir que la tormenta en la vida de él era para prepararlo como líder delante de los otros. Siempre le criticamos porque dudó y se hundió, pero es el único que salió y caminó sobre el agua; los demás se quedarón en algo “mas seguro” para su criterio, dentro de barca.
  3. Aprender las lecciones que Dios tiene para nosotros nos prepara para estar fuera la barca. Como mencionamos anteriormente, aunque critiquemos a Pedro, es el único de los discípulos que caminó sobre las aguas. Se hundió, pero lo que aprendió allí no lo aprendió en ninun otro lugar.
  4. Si desviamos nuestra mirada del Señor, nos hundimos. Las circunstancias no deberían determinar nada en nuestra vida, los eventos del momento tomaron una mayor relevancia en Pedro antes que mantener su mirada el Señor. Nosotros hacemos lo mismo, ejercemos fe en su sacrifio en la cruz que tiene poder para perdonar nuestros pecados, pero no ejercemos la misma fe para creer en su pro Mt. 28:20 “y estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo.” ¡Son todos los días! Los buenos, y los difíciles, duros… también. Alguna vez te has preguntado a que distancia se encontraba el Señor de Pedro en el momento que comenzó a hundirse, a unos dos metros, y si decimos 10 metros, tal vez a una cuadra de distancia, ¿cómo saberlo? Pero podemos sacar una verdad espiritual en medio de esto. Entre los versos 30 y 31 leemos: “dio voces, diciendo: ¡Señor, sálvame! Al momento Jesús, extendiendo la mano, asió de él […]” El Señor pudo estar tan cerca como para extender su mano y tomarlo. Esto nos enseña que no importa que tan cerca estemos de él en una comunión íntima, si quitamos la mirada de Él igual nos hunidmos. Pero también podemos pensar que Pedro estaba aún lejos del Señor, que eso es lo que hizo atemorizarse más, imaginar todo lo que le falta para llegar a una “zona segura”, sin embargo cuando pidió ayuda… la mano del Señor estaba “al momento”. Esto nos permite aplicar que no importa cuán lejos esté ahora de mi Señor, si me estoy hundiendo en mis malas decisiones, en mi falta de fe, etc., lo único que necesito hacer es exclamar como Pedro: “¡Señor, sálvame!“.
  5. Cuando nuestra fe falla, Jesucristo no. Las dificualtades cambian día con día, pero esto no nos debe demotivar.
  6. Jesucristo calmará la tormenta en el momento oportuno. Debemos recordar que quien los introdujo en la tormenta fue el Señor mismo, él permaneció orando mientras ellos luchaban contra la tormenta, él sabía cuando llegar y detenerla. Lo que necesitamos es la confianza en Él, no desmayar en medio de la tormenta.
  7. Pasando por los tiempos difíciles esto siempre nos va aevar a adorar. Cristo es digno de toda adoración antes, en medio y luego de cada tormenta.
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