¡Una salvación tan grande!


En posts anteriores hemos expuesto la respuesta que el Dr. Miguel Cocoris la da al Dr. John MacArthur sobre su tesis presentada en el libro “El Evangelio según Jesús”.

MacArthur propone que la manera de corregir las falacias y faltas de la creencia facilista es predicar y enseñar el evangelio según Jesús. Él insiste en que cree que la salvación es por gracia por medio de la fe, pero agrega que envuelve el alejarse del pecado y el someterse al señorío de Cristo. Este es un costo que se debe calcular y un precio que se debe pagar. Pero eso no constituye la salvación por obras, nos asegura el autor, ya que la salvación es la obra de un Dios soberano quien otorga “la fe salvadora, el arrepentimiento, la entrega, y la obediencia”. Por lo tanto, la salvación debe producir inevitablemente un cambio en el corazón y en la vida. Si no hay transformación del comportamiento, no existe obra de Dios, sino solo una profesión vacía en cuanto a creer ciertos hechos. El respaldo para esta posición se recoge a partir de conversaciones que Jesús mantuvo con diferentes individuos, las parábolas que contó, y las doctrinas que enseñó, especialmente en el Sermón del Monte.

En el proceso de explicar su opinión acerca del evangelio según Jesús, ya sea que haya tenido la intención de hacerlo o no, MacArthur presenta un sistema de salivación (mediante sistema, quiero decir que MacArthur ha seleccionado a partir del ministerio de Jesús información perteneciente a la salvación, y la ha organizado de tal manera que constituye una teología de la salvación.) Su sistema de salvación consiste en cuatro principios básicos: 1. Dios da arrepentimiento, fe, entrega y obediencia. 2. Habrá una inmediata transformación del comportamiento, capaz de ser percibida y observada. 3. Los creyente verdaderos tal vez caigan momentáneamente, pero a la postre perseverarán hasta el fin; y 4. Si una persona se desliza y se aparta, nunca ha sido genuinamente salva. En resumen, la salvación, es la obra de Dios, y en consecuencia, traerá como resultado una vida transformada que permanecerá.

Anteriormente hemos presentado la refutación a Nicodemo, la mujer del pozo, Mateo y el hombre ciego. Ahora nos disponemos a compartir los restantes.

El Joven Rico

En Mateo 19, un joven rico le preguntó a Cristo: “Maestro bueno, ¿qué haré para tener la vida eterna” (Mateo 19:16). Jesús le preguntó: ¿por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno sino uno: Dios. Mas si quieres entrar en la vida; guarda los mandamientos” (Mateo 19:17). Cuando el joven sostuvo que había hecho todo eso, Jesús le dijo: ”…anda, vende todo lo que tienes y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven y sígueme” (Mateo 19:21). El análisis que MacArthur hace de esta historia es que Cristo “dio un mensaje de obras y que, hasta este momento, ni siquiera mencionó la fe o los hechos de la redención” (p.79); “…nuestro Señor no reveló nada de sí mismo o de los hechos del evangelio. No invitó al hombre a que creyera” (p.83). según MacArthur, el asunto en esta historia es “¿obedecerá este hombre al Señor?… Cristo está diciendo: ¿vas a hacer lo que quiero que hagas? ¿Quién gobernará tu vida tú o yo?…” Él le estaba diciendo al joven, “a menos que Yo sea la máxima autoridad en tu vida, no hay salvación para ti” (pp. 86,87). Esto no quiere decir, nos asegura MacArthur, que una persona debe literalmente dar todo lo que posee para convertirse en creyente, pero sí tiene que estar dispuesto a abandonar todo. “el pedido que Jesús le hace a este hombre fue simplemente para establecer si estaba dispuesto a someter su vida a la soberanía de Dios” (p.87). MacArthur se apresura a agregar que él cree que la salvación es por gracia por medio de la fe, “pero las personas con fe genuina no se niegan a reconocer su pecaminosidad. Sienten que han ofendido la santidad de Dios, y no rechazan el Señorío de Cristo…la fe salvadora es un compromiso a dejar el pecado y seguir a Jesús a cualquier precio, Jesús no toma a ninguno que no esté dispuesto a venir bajo esos términos (p.87)… debe haber disposición para obedecer” (p.88).

¿Es verdad que, en este incidente, “nuestro Señor no reveló nada acerca de sí mismo” (p.83), o “los hechos del evangelio” (p.83), o “los hechos de la redención” (p.79), o “la fe” (p.79), y en cambio, “le dio un mensaje sobre obras “(p.79)? ¿Fue el mensaje de Cristo al rico, “a menos que sea la máxima autoridad en tu vida, no hay salvación para ti” (p.86, 87)? ¿Es la idea del pasaje que una persona debe estar “dispuesta a obedecer” para tener la vida eterna? Pienso que no.

Cuando este joven le preguntó a Jesucristo que tenía que hacer para tener vida eterna, en esencia Jesucristo le dijo tres cosas: 1) Debes reconocer quien soy Yo. Esa es la idea de la pregunta “¿por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno sino uno: Dios” (Mateo 19:17). Para tener la vida eterna uno debe reconocer que Jesucristo es Dios (Juan 20:31). 2) Debes saber que eres un pecador que necesita de un Salvador. Esa es la razón por la cuál Jesús le dio la ley (Mateo 19:17-19). Jesús estaba utilizando la ley legalmente (ver 1Tim 1:8-11). El propósito de la ley era revelar el pecado (Romanos 3:20). 3) Debes dejar de confiar en cualquier otra cosa, y confiar en mí. Esa es la razón por la cual el Señor le dijo al joven rico que vendiera todo lo que tenía para dárselo a los pobres. Un antiguo proverbio judío declara: “al que ama a Jehová, éste lo enriquece”. El joven rico opinaba que Dios lo amaba, y la prueba de ello eran las riquezas que poseía, en este sentido él estaba confiando en sus riquezas para la vida eterna. Una situación análoga en el día hoy sería decirle a una persona que confía que ser miembro de la iglesia le da la vida eterna, que cancele su membresía a la iglesia y comience a confiar en Cristo, en el relato Marcos sobre este incidente, después que el joven rico se alejó, y los discípulos expresaron su asombro ante lo que había sucedido, Jesús les dijo: “Hijos, ¡Cuán difícil le es entrar en el reino de Dios a los que confían en las riquezas” (Marcos 10:24). Con la palabra “difícil” Jesús quería decir que era imposible, porque continúa diciendo: “Más fácil es pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios. …Para los hombres es imposible…” (Marcos 10:25,27). Las palabras “los que confían en las riquezas” no aparecen en algunos manuscritos, pero están en la mayoría de ellos. El punto que Jesús estaba estableciendo tenía que ver con la fe.

¿Sobre que base llega MacArthur a la conclusión de que esta historia por un lado está enseñando que debes obedecer a Cristo (p.86), y al mismo tiempo por otra parte sólo está demandando disposición a obedecer (pp.87, 88)? Él pregunta: “¿Debemos nosotros literalmente entregar todo lo que poseemos para convertirnos en creyentes?” Su respuesta es “no”, pero sí tenemos que estar dispuestos a abandonar todo) Lucas 14:33), queriendo decir que no debemos aferrarnos a nada que tome un lugar de preeminencia por encima de Cristo” (p.87). En Mateo 19 o Lucas 14:33, ¿qué garantiza el criterio de que Cristo no está pidiendo obediencia literal, sino solamente disposición a obedecer? MacArthur se apresura a señalar que, cuando Jesús le dijo a Mateo “sígueme”, él literalmente lo hizo. ¿Habría sido salvo Mateo si hubiera estado solo dispuesto a seguir a Cristo, pero de hecho no lo hubiese concretado? (Por supuesto, Mateo 9 no es el llamado de Mateo para salvación, pero MacArthur así lo cree; por tanto, esta pregunta es con el objeto de reafirmar el concepto.)

La invitación “sígueme” es un llamado al discipulado, no a la conversión. La historia del joven rico es otra ilustración en cuanto a ello. Observa cuidadosamente que, si el joven rico hubiese hecho literalmente lo que Cristo le dijo que hiciese, habría tenido tesoro en el cielo antes de haber seguido a Cristo (Mateo 19:21). El problema del joven rico era que estaba confiando en su dinero. El señor le dijo que lo regalara. En ese momento, habría confiado en Cristo, y habría tenido tesoro en el cielo. Luego, después de la fe, Cristo lo invitó diciendo “sígueme”, convertirse en su discípulo.

Zaqueo

En Lucas 19 se registra el encuentro entre Zaqueo y Jesucristo. Zaqueo estaba buscando ver a Jesús, y se encontró con que Jesús lo estaba buscando a él para salvarlo. Zaqueo dijo:”He aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguno, so lo devuelvo cuadruplicado” (Lucas 19:8), y Jesús respondió: “Hoy ha venido la salvación a esta casa; por cuanto él también es hijo de Abraham” (Lucas 19:9). MacArthur correctamente llega a la conclusión de que: “la salvación no llegó a Zaqueo porque dio su dinero, sino porque fue un verdadero hijo de Abraham, es decir, un creyente. Fue salvo por la fe, y no por las obras” (p.95).

MacArthur también enseña que “la transformación instantánea y dramática” de Zaqueo era resultado esperado de la fe verdadera. …El resultado imprescindible de la obra salvadora de Dios es una persona transformada. …Si no ocurre un cambio así, no hay razón para creer que ha tenido lugar la salvación genuina” (p.96). Debemos admitir que Zaqueo fue instantánea y dramáticamente transformado, pero ¿bajo qué lógica llegamos a la conclusión de que “si no ocurre un cambio así, no hay razón para creer que ha tenido lugar la salvación genuina?”. Esta es una historia de la conversión de un hombre. Tal como MacArthur insiste en relación al caso de la mujer junto al pozo, “no podemos aislar este pasaje y, a partir de él, tratar de establecer un modelo y a partir de él, tratar de establecer un modelo para un presentación universal del evangelio” (p.49), ni tampoco podemos aislar este pasaje de Lucas y, a partir de él, establecer un modelo en cuanto al resultado universal de la salvación. Si lo hacemos, el resultado que debemos buscar es que todo convertido dé la mitad de todos sus bienes a los pobres, y restaure cuadruplicado cualquier cosa que le haya robado a alguna persona. ¿Cuál es la norma? ¿Es este pasaje una norma? ¿Cómo sabemos eso? ¿Qué otra persona en el Nuevo Testamento hizo esto? Respuesta: Nadie.

Judas

Según MacArthur, Judas es una ilustración de un creyente profesante que nunca ha sido genuinamente salvo. Es “un ejemplo sobresaliente de un creyente profesante que ha caído en la apostasía absoluta (p.99). Es “prueba de que una persona que es amiga de Jesús, aún así se puede volver contra Él, y de ese modo condenarse” (p.100). “Su fe nunca fue genuina” (p.102). Por el contrario los discípulos abandonaron a Cristo y Huyeron, pero regresaron” (pp. 103,104). “Judas era un falso discípulo. Era amigo de Jesús, pero no consagrado, por lo tanto, capaz de realizarla pero de las traiciones. Un discípulo verdadero puede caer, pero nunca se volverá en contra de Cristo” (p.105)

No hay duda de que Judas nunca fue salvo. Era el hijo de perdición (Juan 17:12). La Biblia nunca dice que Judas tuvo fe. Por lo tanto, so se puede utilizar como un ejemplo de una profesión salva. Él es una ilustración del hecho de que es posible ser “amigo de Jesús”, y no confiar verdaderamente en Él como salvador. Pero simplemente por el hecho de que un hombre fue amistoso, e inclusive fue contado como discípulo, pero finalmente lo traicionó, no comprueba, por más imaginación que se ejerza, que los “creyentes verdaderos perseverarán”. Según MacArthur, “si una persona se vuelve contra Cristo, es prueba que esa persona nunca fue salva” (p. 98). Judas no puede ilustrar lo que un verdadero creyente hará o dejará de hacer. Él no era un creyente verdadero, y la experiencia de los otros discípulos, en este caso, no prueba que un “discípulo verdadero… puede fallarle a Cristo, pero nunca se volverá contra él” (p. 105). Hay creyentes que caen, cometen el pecado de muerte, y nunca regresan al Señor antes de su prematura partida de esta tierra (1 Corintios 11:30).

La Multitud

La opinión de MacArthur es que la invitación del evangelio que aparece en Mateo 11 no era un suplica a los pecadores para que “aceptaran a Cristo”. Era, más bien, un “mandato a arrepentirse y a colocarse un yugo de sumisión” (p.107). “esta es una invitación para salvación, no simplemente una apelación a los creyentes para que entren en una experiencia de discipulado más profunda” (p.107). A partir de este pasaje, MacArthur bosqueja cinco elementos esenciales de la conversión genuina: humildad, revelación, arrepentimiento, fe y sumisión. MacArthur interpreta la orden “venid a mí” como una demanda para “ un giro completo, un cambio total de dirección” (p.111) como así también un mandato de creer en Cristo (p.112). la invitación de “tomad mi yugo sobre vosotros” es una invitación a la sumisión (p.112)e implica obediencia (p.113).

Un análisis cuidadoso de Mateo 11 revela que, una vez más, MacArthur ha convertido dos aspectos diferentes en una sola cosa. La filiación y el discipulado son dos cosas diferentes. Cuando Cristo dijo: “venid a mí” (Mateo 11:28), simplemente estaba diciendo “crean en mí) (comparar Juan 6:35). MacArthur señala acertadamente que “venir a Jesús es creer en él” (p.112). Cuando una persona hace eso, Jesús dijo que tendría descanso (Mateo 11:28). ¡Eso es salvación!

El paso siguiente a la salvación se describe en el próximo versículo, donde Jesús dijo: “llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí” (Mateo 11:29). Debería ser obvio que Mateo 11:29 no es una referencia a la salvación. En primer lugar, el versículo 28 dice que Cristo les había dado descanso. El hecho de llevar el yugo es algo que sucede después de recibir el descanso. En segundo lugar, llevar el yugo es aprender. Una persona no aprende con el fin de ser salva. En eso consiste el discipulado. De hecho, la palabra “discípulo”, aunque no se usa en este pasaje, significa ser un aprendiz.

Estas nueve conversaciones que Jesús tuvo con individuos no enseñan en absoluto el señorío para salvación. En realidad, ningún pasaje ni conversación de Jesús lo hace. Por otra parte, muchos versículos, especialmente en el evangelio de Juan, declaran enfáticamente que la fe sola en Cristo solo, trae vida eterna (ver Juan 3:16, 5:24; etc.)

Escrito por: Dr. Miguel Cocoris

Puedes conseguir el material completo en PDF acá.

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