Posteado por: Manuel Carvajal | 25 Noviembre 2009

La tormenta en la vida de los discípulos

Cúan hermoso es tener un día soleado y poder salir al parque con la familia, un buen amigo (a), etc., poder disfrutarlo al lado de esos seres queridos, de la maravillosa naturaleza creada por nuestro Dios, en fin, grandioso; especialemente después de algunos días lluviosos, fríos y nublados.

La gran mayoría prefiere los días soleados, en la vida cristiana también vamos a preferir los días de paz, seguridad, de victoria antes que los días de prueba, tribulación y angustia. Sin embargo esos días dejan grandes enseñanzas a nuestra a vida, más aún confiando que el Señor tiene control de estos días, tiene própositos específicos en nosotros a través de esos “valles de sombra de muerte”, entonces debemos de cambiar la perspectiva, la disposición cuando nos corresponde atravesar por ellos.

Es más, en muchas ocasiones nuestro Señor Jesucristo nos introduce en estos días, tal es el caso de los discípulos del Maestro en el pasje de Mt. 14:22-36, allí vemos como ellos se encontraban con nuestro Señor Jesucristo en medio del milagro de la alimentación de las 5.000 personas. Luego de haber estado con el Señor en un momento que Él manifestó su Gloria y poder en la reproducción de los alimentos, los discípulos son llevados al mar. Recuerda que es el Señor el que les dice que ingresen a la barca. ¿No sabría el Señor que se desataría tormenta?, ¡claro!, sin embargo tenía grandes lecciones para ellos en medio de tormenta y después de un momento de gran bendición.

Meditemos en las lecciones aprendidas por los disípulos:

  1. Las tormentas siempre vienen. Los discípulos como pescadores estaban acostumbrados a estas tormentas, sin embargo parece que ésta era mayor que otras que habían afrontado. Las pruebas siempre las vamos a tener presente en medio de nosotros. Recordemos, que es el Señor el que les hace entrar: “En seguida Jesús hizo a sus discípulos entrar en la barca e ir delante de él a la otra ribera [...]” Lc. 14:22. Las tormentas en nuestra vida siempre estarán allí, y en cada una de ellas nuestro Señor te conocimiento de las mismas, pero no te olvides… él está orando… y llegó en el momento preciso, no debemos de dudar, ni desmayar.
  2. Siempre hay un propósito en las tormentas. En el caso de Pedro podríamos decir que la tormenta en la vida de él era para prepararlo como líder delante de los otros. Siempre le criticamos porque dudó y se hundió, pero es el único que salió y caminó sobre el agua; los demás se quedarón en algo “mas seguro” para su criterio, dentro de barca.
  3. Aprender las lecciones que Dios tiene para nosotros nos prepara para estar fuera la barca. Como mencionamos anteriormente, aunque critiquemos a Pedro, es el único de los discípulos que caminó sobre las aguas. Se hundió, pero lo que aprendió allí no lo aprendió en ninun otro lugar.
  4. Si desviamos nuestra mirada del Señor, nos hundimos. Las circunstancias no deberían determinar nada en nuestra vida, los eventos del momento tomaron una mayor relevancia en Pedro antes que mantener su mirada el Señor. Nosotros hacemos lo mismo, ejercemos fe en su sacrifio en la cruz que tiene poder para perdonar nuestros pecados, pero no ejercemos la misma fe para creer en su pro Mt. 28:20 “y estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo.” ¡Son todos los días! Los buenos, y los difíciles, duros… también. Alguna vez te has preguntado a que distancia se encontraba el Señor de Pedro en el momento que comenzó a hundirse, a unos dos metros, y si decimos 10 metros, tal vez a una cuadra de distancia, ¿cómo saberlo? Pero podemos sacar una verdad espiritual en medio de esto. Entre los versos 30 y 31 leemos: “dio voces, diciendo: ¡Señor, sálvame! Al momento Jesús, extendiendo la mano, asió de él [...]“ El Señor pudo estar tan cerca como para extender su mano y tomarlo. Esto nos enseña que no importa que tan cerca estemos de él en una comunión íntima, si quitamos la mirada de Él igual nos hunidmos. Pero también podemos pensar que Pedro estaba aún lejos del Señor, que eso es lo que hizo atemorizarse más, imaginar todo lo que le falta para llegar a una “zona segura”, sin embargo cuando pidió ayuda… la mano del Señor estaba “al momento”. Esto nos permite aplicar que no importa cuán lejos esté ahora de mi Señor, si me estoy hundiendo en mis malas decisiones, en mi falta de fe, etc., lo único que necesito hacer es exclamar como Pedro: “¡Señor, sálvame!“.
  5. Cuando nuestra fe falla, Jesucristo no. Las dificualtades cambian día con día, pero esto no nos debe demotivar.
  6. Jesucristo calmará la tormenta en el momento oportuno. Debemos recordar que quien los introdujo en la tormenta fue el Señor mismo, él permaneció orando mientras ellos luchaban contra la tormenta, él sabía cuando llegar y detenerla. Lo que necesitamos es la confianza en Él, no desmayar en medio de la tormenta.
  7. Pasando por los tiempos difíciles esto siempre nos va aevar a adorar. Cristo es digno de toda adoración antes, en medio y luego de cada tormenta.
Posteado por: Manuel Carvajal | 23 Noviembre 2009

La herejía de que Jesús murió espiritualmente

Una base primordial del Movimiento Palabra de fe consiste en una enseñanza muy extraña acerca del sacrificio de Cristo. Dicho punto de vista fue sistematizado por primera vez por E.W. Kenyon en su obra Lo que sucedió entre la cruz y el trono. Kenyon no inventó esta doctrina ya que existía desde la Edad Media. Eso sí, fue el primero en sistematizarla en el siglo XX.

Teológicamente, a esta postura se la conoce como la herejía JME (Jesús murió espiritualmente) y constituye la fuente de una sorprendente cadena de errores, explicados a continuación:

El sacrificio del cuerpo y la sangre de Cristo en la cruz no expiaron el pecado; la muerte física de Cristo en la cruz ocurrió solamente para permitir que Él muriera en Su Espíritu. Él se hizo, literalmente, pecado en la cruz y puso sobre sí una naturaleza satánica, siendo entregado así a Satanás. En consecuencia, Cristo perdió su Deidad y fue al infierno como un hombre condenado.

Fue allí, no en la cruz, que cumplió sus sufrimientos por los pecados. Al cabo de tres días, el Espíritu Santo descendió al infierno y permitió que Jesús naciera de nuevo, restaurándose entonces su Deidad. Durante su estancia en el infierno, libró una batalla, luego de la cual Cristo tomó las llaves del infierno y la muerte, las arrebató del poder de Satán. Finalmente fue resucitado de los muertos y ocupó su lugar a la diestra del Padre. (No citado. Es un resumen de las enseñanzas.)

Por horrorosa que parezca esta enseñanza, aunque no lo crea, es aun peor. Debido a que Jesús tuvo que nacer de nuevo como cualquier otro pecador, con lo cual se le restauró su Deidad, el nuevo nacimiento de los creyentes también nos otorga deidad a nosotros. Nos volvemos dioses en nuestro espíritu.

Nuestros espíritus recreados son hechos a la imagen de Dios y son incapaces de pecar. Los cristianos pecan en la carne, pero no con su espíritu. Nosotros como dioses tenemos poder creador y, tal como Dios a través de su Palabra creó los mundos, en condición de dioses con espíritu perfecto tenemos igual poder con nuestras lenguas. Por medio de la confesión positiva, podemos proferir palabras creadoras como dioses y crear milagros de sanidad y prosperidad.

Las anteriores doctrinas blasfemas se encuentran en las enseñanzas citadas de Copeland. También declara Hagin: “La muerte física de Jesús en la cruz no fue suficiente para salvarnos.”(1) Le escuché a Hagin predicarlas en la radio en diciembre de 1984. Todos los maestros de la Palabra de fe sostienen la herejía JME, puesto que es la piedra angular de su teología.

El término “blasfemia” no es demasiado fuerte para calificar esas doctrinas. Tales enseñanzas equivalen a un ataque al valor de la cruz y de la sangre allí derramada. Si la cruz no fue un sacrificio suficiente, entonces la sangre derramada tampoco lo sería. Jesús no derramó su sangre en el Hades.
De acuerdo con la Biblia, ¿la expiación fue corporal o espiritual?
… haciendo la paz mediante la sangre que derramo en la cruz… los ha reconciliado en el cuerpo mortal de Cristo mediante su muerte… (Colosenses 1:20-23)
En él tenemos la redención mediante su sangre(Efesios 1:7) Y la sangre de su Hijo Jesucristo nos limpia de todo pecado (1 Juan 1:7)
… somos santificados mediante el sacrificio del cuerpo de Jesucristo ofrecido una vez y para siempre (Hebreos 10:10)
En este link, el lector hallará una lista de treinta versículos del Nuevo Testamento con los cuales se demuestra que el sacrificio de Cristo en la cruz fue con su cuerpo y su sangre (v.g. solo corporal). Jesús no murió en Su Espíritu.
De resultar insuficientes dichas referencias, escuchemos a Jesús directamente declarando cuándo se consumó la expiación de los pecados.
Al probar Jesús el vinagre, dijo: Todo se ha cumplido. Luego inclinó la cabeza y entregó el espíritu (Juan 19:30).

Pero ¿qué significa esto de que todo se ha cumplido? En el griego original, se usa el término tetelestai, el cual deriva del verbo común “terminar” (teleo) y se utilizaba para firmar recibos. Su significado es cancelado, i.e., pago por total.

¡Gloria a Dios! Todo lo que se requería para nuestra salvación se cumplió en ese instante… antes de que Jesús fuera a los infiernos, a donde descendió no como hombre condenado sino como Señor conquistador.

Y ¿qué es lo que manifiestan los maestros de la Palabra de fe acerca de este versículo? Copeland responde: “Cuando [Jesús] dijo todo se ha cumplido, en esa cruz, no estaba hablando del plan de redención. Este plan acababa de empezar, pues faltaba que transcurrieran tres días con sus noches…”(2)

¿Qué piensa Copeland que dijo Jesús al pronunciar estas palabras, si no se refería a la redención? Pues los problemas aumentan para la interpretación de Copeland:

Padre, en tus manos encomiendo mi Espíritu (Lucas 23:46).

¿Acaso suena esto como que Jesús iba a ser entregado a Satanás?

Y Jesús le dijo [al ladrón crucificado]: Ciertamente te digo, que hoy estarás conmigo en el paraíso.

¿Suena esto otro como que Jesús se iba a sufrir en el infierno cual hombre condenado?

¿En qué textos se basan los defensores de la doctrina JME?
Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu… (1 Pedro 3:18).

Los maestros de JME señalan que este texto significa que fue revivido en el Espíritu. Entonces habría tenido que estar muerto en el espíritu para poder ser revivido en él.

Pero hay problemas reales con esta interpretación, pues en el griego original hay dos pequeñas palabras intraducibles: men… de. En una cláusula, ellas connotan “por un lado” y “por otro lado.” De allí que, las palabras finales del versículo realmente significan algo como: “por un lado estuvo muerto en la carne, pero por el otro estaba vivo en el espíritu.” No solo que está totalmente lejos de ser una prueba a favor de la doctrina de JME, sino que es una fuerte evidencia en su contra.

El siguiente versículo confirma esta interpretación: Por medio del Espíritu fue y predicó a los espíritus encarcelados. ¿Acaso pensaremos que los espíritus en el infierno predican? En su contexto el versículo significa que Jesús estuvo muerto físicamente, pero vivo en Su Espíritu, lo cual le permitió descender a los mundos subterráneos y predicar allí.

Los defensores de JME también enfrentan un obstáculo con la frase una sola vez, del versículo 18, porque enseñan que Jesús murió dos veces: una muerte física y una espiritual. Pero se cavan su propia fosa al citar de este versículo ya que dice claramente que padeció una sola vez.

También se confunden con la palabra “justificar.”

Él se manifestó como hombre y fue vindicado por el Espíritu (1 Timoteo 3:16).

En la traducción inglesa, de la que dependen estos maestros, se usa la palabra “justificado,” en vez de “vindicado.” Se arriman a una definición errada de esta palabra. La JME enseña que habiendo sido Cristo justificado en el Espíritu, debió haber existido un tiempo en que Él habría sido injustificado legalmente, por tanto, murió en el Espíritu.

Nuevamente, la ignorancia de la lengua original es la base de esta falsa interpretación. El término justificar no significa, como la creencia popular supone, el ser hecho justos, sino ser declarado justos, o ser vindicados. La cláusula significa que el Espíritu de Dios declaró que Jesús es justo. Este es el testimonio del Padre respecto al Hijo en todo el Nuevo Testamento. El versículo entero es un resumen de la vida de Cristo y sigue el patrón de Su venida: “Se manifestó en la carne,” es la Encarnación. Justificado en el Espíritu, es la resurrección. Recibido en la gloria, es la ascensión.

Y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz (Colosenses 2:15).

Supuestamente este versículo comprueba que había una gran batalla en el infierno entre Jesús y Satanás.

Los maestros de JME deben estar desesperados para tener que recurrir a este versículo como evidencia, pues tan solo un atisbo al contexto derriba esa interpretación. Nótese el versículo anterior: anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz (Colosenses 2:14). Queda demostrado que fue allí en la cruz, no en el infierno, que triunfó sobre principados y potestades. Nuevamente el texto acaba con la herejía JME.

Y se dispuso con los impíos su sepultura, mas con los ricos fue en su muerte (Isaías 53:9).

Los defensores de JME citan este versículo porque insisten que la palabra muerte estaría en plural en el hebreo, lo cual probaría (según ellos) que Jesús murió dos veces… una muerte física y otra espiritual.

Todo estudiante principiante del idioma hebreo sabe que el sustantivo plural se usa a veces para recalcar su importancia. Entonces, aunque se aceptara que el sustantivo muerte esté aquí en plural, eso no puede ser la prueba de una doble muerte de Jesús. Simple y llanamente, significa que Isaías recalca la extremada importancia de Su muerte.

Sin embargo, es muy lejano a la verdad que este sustantivo esté en plural en el hebreo. Es el artículo que acompaña al sustantivo el que aparece en plural. Judith Matta lo explica de la siguiente manera en su obra Jesús nacido de nuevo:

“Es verdad que el artículo está en plural en algunos manuscritos, pero el sustantivo muerte no está en el texto hebreo. También es verdad que los manuscritos más antiguos no contienen el artículo Su en plural. Esto ha hecho asumir a los estudiosos que el artículo plural es meramente un error del copista, debido a que no acompaña a un sustantivo plural, como debería ser. Las presunciones de Kenyon en su artículo sobre un Jesús nacido de nuevo, se equilibran igual que lo haría un elefante, sobre una cabeza de alfiler; tanto él como sus defensores basan su postura en unos pocos manuscritos con un error del copista que no se encuentra en otros. Ningún traductor ha usado la palabra muertes en este versículo.”(3)

La Biblia indica: Porque no dejarás mi alma en el Hades, ni permitirás que tu Santo vea corrupción (Hechos 2:27).

La palabra griega Hades se refiere aquí al infierno. Como lo revela la narración de Lucas 16, sobre el hombre rico y Lázaro, el Hades se compone de dos partes: el lugar de tormento para los condenados y el seno de Abraham, o el paraíso, para los salvos. Estos dos sitios están cerca, tanto es así que el hombre rico podía ver a Lázaro en el otro lado. Jesús descendió al Hades, pero en ninguna parte de la Escritura se nos enseña que haya ido al lugar de los tormentos. Existe evidencia, sin duda, de que fue al paraíso; en Lucas 23:43 dice:

Hoy estarás conmigo en el paraíso Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? (Mateo 27:46)

Esta sería la prueba, según JME, de que Jesús estuvo totalmente separado del Padre en la cruz y que, por lo tanto, murió espiritualmente. De otra manera, ¿cómo hubiera podido interrumpirse la comunión entre el Padre y el Hijo?

La clave que devela lo dicho por Cristo en la cruz yace en la primera frase que pronunció: Dios mío. Notemos que no dijo: Padre mío, sino Dios mío. ¿Por qué se refirió al Padre como mi Dios, si Él mismo era Dios? La respuesta se basa en la comprensión de que fue también totalmente un ser humano.

En algunas ocasiones Jesús habla como Dios a los hombres, en otras habla como hombre a Dios, esto último sucede en la cruz y nos recuerda el pasaje de Juan 20:17 cuando, después de su resurrección, habló a María Magdalena de la siguiente manera: “Ve a mis hermanos y diles: Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios.”

Se identificó así como bajo las dos relaciones porque la resurrección ya se había cumplido.

Como hombre perfecto, estaba realizando el sacrificio perfecto para nosotros. Obviamente se rompió su comunión humana, pero no existe ni la mínima insinuación de que su Deidad o Espíritu se hubiera afectado. Más bien, varios textos indican lo contrario:

Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen (Lucas 23:34). Jamás serían esas palabras de naturaleza satánica. Padre, en tus manos encomiendo mi Espíritu, en Lucas 23:46, ¿Suenan acaso como las de un espíritu sin comunión con el Padre? ¿En manos de quién encomendaba Su Espíritu el Señor? ¿En manos de Dios Padre o de Satanás?

Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él (2 Corintios 5:21).
Los maestros de JME apoyan todo su peso en este versículo y lo consideran prueba suficiente de que Jesús literalmente se transformó en pecador en la cruz y de que sufrió muerte espiritual.

La clave para comprender este versículo se encuentra en la palabra hamartia, “pecado,” en la primera cláusula. Ser hecho pecado es una frase idiomática del hebreo, transferida al griego y que significa “ofrenda por pecado.”

La misma es usada de idéntica manera en Hebreos 10:6-8: holocaustos y expiaciones por el pecado no te agradaron sacrificio y ofrenda y holocaustos y expiaciones no quisiste. La frase, expiaciones por el pecado traduce lapalabra hamartia.

Por lo tanto, el significado de hamartia en 2 Corintios 5:21 es sacrificio por pecado u ofrenda para expiación, mas NO pecado en sí.

La palabra hebrea para ofrenda por pecado, chattah, es traducida en la Septuaginta (Antiguo Testamento griego) como hamartia, unas 94 veces en la ley mosaica, donde el significado es de ofrenda por pecado.

La ley levítica denomina cosa muy santa tanto a la ofrenda por el pecado como a la ofrenda por la culpa: Asimismo es la ley del sacrificio por la culpa; es cosa muy santa (Levítico 7:1); será comida en lugar santo, es cosa muy santa, como el sacrificio por el pecado, así es el sacrificio por la culpa; una misma ley tendrán (Levítico 6:6-7).

Nuestro Señor Jesucristo, que es el cumplimiento de estos prototipos, fue Santo en su nacimiento, Santo en su vida, Santo en la cruz, Santo en su muerte, Santo en el Hades, Santo en la resurrección, y sigue siéndolo delante de todos los ángeles que ante su trono le proclaman ¡Santo, santo, santo, Señor Dios todopoderoso!

Batalla en el infierno

El aspecto de la batalla en el infierno también presenta un agujero en su interpretación, pues no existe una sola porción de la Escritura que indique que Satán haya estado nunca en el infierno, ni que tenga dominio sobre este, ni que siquiera desee ir allí.

La Biblia enseña que Satanás es el príncipe de la potestad del aire (Efesios 2:2), que va y vuelve de la tierra (Job 1:7) y que fue desarmado en la cruz (Colosenses 2:14-15). Las historias de Satán versus Jesús en el infierno tienen sus orígenes en la mitología medieval, como por ejemplo el Infierno de Dante, y ahora perviven en la imaginación de los maestros de la Palabra de fe.

Así queda aclarado que los defensores de JME no tienen ningún soporte para su doctrina. ¿No se les ha dicho esto alguna vez? ¿Abandonarían ellos su posición confrontados por los hechos? Lo dudo, porque JME es la base y cimiento de la herejía de la nueva creación.

Herejía de la nueva creación

La historia de la batalla en el infierno continúa en que cuando Jesús nació de nuevo en el infierno, pudo recuperar su Deidad. Cuando nacemos de nuevo, también recuperaríamos nuestra deidad, la cual fuera perdida por Adán en el jardín del Edén, volviéndonos entonces dioses menores.

Copeland lo expone de la siguiente manera: Cuando Dios creó al hombre, le dio una voluntad con poder, la cual es realmente una voluntad divina, de un dios, debido a que el hombre tiene el poder de escoger su destino eterno. Solo un dios tiene ese tipo de opción.

Copeland no inició esta enseñanza. Su verdadero iniciador en el siglo XX fue Kenyon, que la formuló en sus obras El pacto de sangre y Verdades de la nueva creación. Kenyon insiste en que el creyente, tal cual un dios, podría caminar como Jesús, sin ninguna conciencia de inferioridad delante de Dios o Satanás…3 lo cual sería posible solo si fuésemos dioses.

Earl Paulk, en un programa televisado en California, lo pone aun más claro: “Hasta que comprendamos que somos dioses menores y comencemos a actuar como tales, no podemos manifestar el reino de Dios.” (4)

Como Dios creó en el principio todo a través de su palabra, nuestros espíritus divinos tendrían poder creativo similar. Cuando hablamos con palabras (ej. confesión positiva) estas también son creadoras y nos pueden traer salud y bienestar (así sostienen los defensores de la Palabra de fe).

Supuestamente, esta influencia de nuestras palabras habladas con el poder de nuestros espíritus divino-humanos, es tan poderosa que incluso el Señor Jesucristo es controlado por ellas.

El Dr. Paul Cho, pastor de la Iglesia más grande del mundo, en Seúl, Corea del Sur, declara que uno puede crear la presencia de Jesús con su boca. Si uno habla de salvación, el Salvador Jesús aparece. Si se habla de sanidad divina, aparece el Jesús sanador. Cristo está atado a los labios y palabras de quienes las pronuncian.

3 Kenyon, E.W., Blood Covenant, Kenyon Publishers, 1981 p. 53.

¿De veras? ¡Así podría tener al Señor Jesucristo como mi propio esclavo! ¡Él es mi siervo, atendiéndome a mí, no vice versa! Perdonen mi sarcasmo, pero tales enseñanzas blasfemas me causan enojo.

Incluso más allá, los líderes de la Palabra de fe añaden que nuestros espíritus humanos son recreados a la imagen de Dios, es decir perfectos. No podemos pecar en nuestro espíritu, solo en la carne.

Existe una gran diferencia entre “imagen” y “duplicado.” El espejo refleja mi imagen, pero no es un duplicado de mi persona. Es de vidrio, no de carne. Por más claro que sea el espejo, el reflejo representa solo una pequeña parte de lo que yo soy.

Igual sucede con la imagen de Dios. La palabra “imagen” no implica comunicación de sustancia divina o atributos divinos. Nosotros reflejamos ciertas características comunes con Dios, como el sentido moral y la voluntad, pero nada más.

Nuestros espíritus tienen atributos divinos, dicen, y conocen cosas que nosotros no conocemos. En su serie de grabaciones acerca de los dones espirituales, Hagin enseña que siempre debemos prestar atención a nuestros espíritus y, si lo hacemos, nunca nos equivocaremos.

Vayamos de regreso al Jardín del Edén y veamos dónde se encuentra la verdad:

¿Acaso encontramos en alguna parte de la Escritura que Adán hubiera tenido algún tipo de deidad? ¿Cómo podría algo ser restaurado si jamás existió? Si Adán la hubiera tenido, ¿por qué entonces Satanás se habría dado la molestia de ofrecer que los haría como dioses? Eva le habría replicado: Lo lamento, perdiste la venta hoy, ya tenemos eso.
Y la serpiente le dijo a la mujer: Vosotros no moriréis, sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal (Génesis 3:4-5).
Existe en la Biblia una promesa de que podemos volvernos como dioses. Pero hay que observar quién la hizo. ¡SATANÁS! Y aun ahora continúa haciendo esta misma promesa vana. ¿Qué dice Dios al respecto?

Yo soy Jehová, y ninguno más hay; no hay Dios fuera de mí (Isaías 45:5).

¿Qué dice la Biblia acerca de la condición del espíritu del cristiano?

Así que, amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios (2 Corintios 7:1).
¡Qué maravilla que un solo versículo de la Palabra de Dios pueda derribar toda una montaña de errores! Pablo comprendió que existe pecado del espíritu como pecado de la carne. Un creyente puede pecar en cualquiera de los dos niveles, pues existe pecado espiritual y pecado carnal. Uno de los pecados espirituales más usuales es el orgullo espiritual, valga la redundancia. Irónicamente, ¡este pecado es muy común entre los adherentes del Movimiento Palabra de fe!

¿Podemos buscar guía espiritual dentro de nuestro propio espíritu? Conozco, oh Jehová, que el hombre no es señor de su camino, ni del hombre que camina es el ordenar sus pasos (Jeremías 10:23).

En ningún lugar de la Escritura se nos indica que busquemos guía espiritual dentro de nosotros mismos. Debemos siempre buscar nuestra guía en el Espíritu de Dios. La carga de demostrar lo contrario queda sobre los hombros de los adherentes a la herejía que aquí se estudia. Pero, ¿qué evidencia presenta este movimiento herético para probar que los cristianos son dioses?

Uno de sus textos favoritos es Juan 10:34-36: Jesús les respondió: ¿No está escrito en vuestra ley: Yo dije, dioses sois? Si llamó dioses a aquellos a quienes vino la palabra de Dios (y la Escritura no puede ser quebrantada), ¿al que el Padre santificó y envió al mundo, vosotros decís: Tú blasfemas, porque dije Hijo de Dios soy?
Los defensores de JME consideran este texto como la evidencia suficiente desus puntos de vista. ¿Qué podría ser más claro que el simple enunciado de:sois dioses?

Retornemos al Salmo 82, del cual Jesús estaba citando y busquemos allí una aclaración. Los versículos 1 y 2 dicen: Dios está en la reunión de los dioses; en medio de los dioses juzga. ¿Hasta cuándo juzgaréis injustamente, y aceptaréis las personas de los impíos? ¿A qué “dioses” se refiere el salmista? A los jueces que habían sido nombrados para juzgar a Israel de acuerdo con la ley. El contexto en su totalidad confirma esto.

La palabra para “dioses” en hebreo es ELOHIM, la cual normalmente se usa para nombrar a Dios. Descubrimos en la Concordancia Strong que ocasionalmente es aplicada en manera deferente para los magistrados de la ley. El contexto del salmo lo confirma, siendo entonces los dioses aquellos jueces injustos que están enseñoreándose sobre el pueblo de Dios y oprimiéndolo. A pesar de su gran estatus en Israel, como si fueron dioses, ustedes son nada más que hombres, y como tal morirán bajo el juicio divino.
Yo dije: Vosotros sois dioses, y todos vosotros Hijos del Altísimo, pero como hombres moriréis… (vv. 6, 7).

¿De qué manera se relaciona lo anterior con el comentario de Jesús en Juan 10? Él estaba reprendiendo a los fariseos por las críticas injustas e irrazonables que le hacían. Les decía que no eran nada mejor que aquellos jueces injustos del Salmo 82. Si Dios les llamaba dioses, a quienes eran hombres corruptos, ¿cómo era que ellos le llamaban blasfemo a Él, que era el Justo, solo porque había dicho que es el Hijo de Dios?”

En efecto, lo que les decía era algo así como: “Vosotros, hipócritas, más pronto aceptaríais que aquellos jueces injustos fueran dioses, que al que ha demostrado su justicia por medio de los milagros.”

La cláusula sois dioses de ninguna manera puede ser tomada como que significa que los creyentes del Nuevo Testamento sean dioses creadores. Incluso si tal doctrina fuera cierta, no podría ser probada con este texto, porque nada de lo que este dice se refiere a los cristianos.

Solo una cosa podría ser peor que dar culto a un dios falso y esa sería que la persona se imagine a sí misma como un dios. Los maestros de Palabra de fe practican ambas cosas.

Artículo escrito por: Rev. Roger L. Smalling, D. Min. Reproducido con autorización.

Posteado por: Manuel Carvajal | 16 Noviembre 2009

¡Una salvación tan grande!

En posts anteriores hemos expuesto la respuesta que el Dr. Miguel Cocoris la da al Dr. John MacArthur sobre su tesis presentada en el libro “El Evangelio según Jesús”.

MacArthur propone que la manera de corregir las falacias y faltas de la creencia facilista es predicar y enseñar el evangelio según Jesús. Él insiste en que cree que la salvación es por gracia por medio de la fe, pero agrega que envuelve el alejarse del pecado y el someterse al señorío de Cristo. Este es un costo que se debe calcular y un precio que se debe pagar. Pero eso no constituye la salvación por obras, nos asegura el autor, ya que la salvación es la obra de un Dios soberano quien otorga “la fe salvadora, el arrepentimiento, la entrega, y la obediencia”. Por lo tanto, la salvación debe producir inevitablemente un cambio en el corazón y en la vida. Si no hay transformación del comportamiento, no existe obra de Dios, sino solo una profesión vacía en cuanto a creer ciertos hechos. El respaldo para esta posición se recoge a partir de conversaciones que Jesús mantuvo con diferentes individuos, las parábolas que contó, y las doctrinas que enseñó, especialmente en el Sermón del Monte.

En el proceso de explicar su opinión acerca del evangelio según Jesús, ya sea que haya tenido la intención de hacerlo o no, MacArthur presenta un sistema de salivación (mediante sistema, quiero decir que MacArthur ha seleccionado a partir del ministerio de Jesús información perteneciente a la salvación, y la ha organizado de tal manera que constituye una teología de la salvación.) Su sistema de salvación consiste en cuatro principios básicos: 1. Dios da arrepentimiento, fe, entrega y obediencia. 2. Habrá una inmediata transformación del comportamiento, capaz de ser percibida y observada. 3. Los creyente verdaderos tal vez caigan momentáneamente, pero a la postre perseverarán hasta el fin; y 4. Si una persona se desliza y se aparta, nunca ha sido genuinamente salva. En resumen, la salvación, es la obra de Dios, y en consecuencia, traerá como resultado una vida transformada que permanecerá.

Anteriormente hemos presentado la refutación a Nicodemo, la mujer del pozo, Mateo y el hombre ciego. Ahora nos disponemos a compartir los restantes.

El Joven Rico

En Mateo 19, un joven rico le preguntó a Cristo: “Maestro bueno, ¿qué haré para tener la vida eterna” (Mateo 19:16). Jesús le preguntó: ¿por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno sino uno: Dios. Mas si quieres entrar en la vida; guarda los mandamientos” (Mateo 19:17). Cuando el joven sostuvo que había hecho todo eso, Jesús le dijo: ”…anda, vende todo lo que tienes y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven y sígueme” (Mateo 19:21). El análisis que MacArthur hace de esta historia es que Cristo “dio un mensaje de obras y que, hasta este momento, ni siquiera mencionó la fe o los hechos de la redención” (p.79); “…nuestro Señor no reveló nada de sí mismo o de los hechos del evangelio. No invitó al hombre a que creyera” (p.83). según MacArthur, el asunto en esta historia es “¿obedecerá este hombre al Señor?… Cristo está diciendo: ¿vas a hacer lo que quiero que hagas? ¿Quién gobernará tu vida tú o yo?…” Él le estaba diciendo al joven, “a menos que Yo sea la máxima autoridad en tu vida, no hay salvación para ti” (pp. 86,87). Esto no quiere decir, nos asegura MacArthur, que una persona debe literalmente dar todo lo que posee para convertirse en creyente, pero sí tiene que estar dispuesto a abandonar todo. “el pedido que Jesús le hace a este hombre fue simplemente para establecer si estaba dispuesto a someter su vida a la soberanía de Dios” (p.87). MacArthur se apresura a agregar que él cree que la salvación es por gracia por medio de la fe, “pero las personas con fe genuina no se niegan a reconocer su pecaminosidad. Sienten que han ofendido la santidad de Dios, y no rechazan el Señorío de Cristo…la fe salvadora es un compromiso a dejar el pecado y seguir a Jesús a cualquier precio, Jesús no toma a ninguno que no esté dispuesto a venir bajo esos términos (p.87)… debe haber disposición para obedecer” (p.88).

¿Es verdad que, en este incidente, “nuestro Señor no reveló nada acerca de sí mismo” (p.83), o “los hechos del evangelio” (p.83), o “los hechos de la redención” (p.79), o “la fe” (p.79), y en cambio, “le dio un mensaje sobre obras “(p.79)? ¿Fue el mensaje de Cristo al rico, “a menos que sea la máxima autoridad en tu vida, no hay salvación para ti” (p.86, 87)? ¿Es la idea del pasaje que una persona debe estar “dispuesta a obedecer” para tener la vida eterna? Pienso que no.

Cuando este joven le preguntó a Jesucristo que tenía que hacer para tener vida eterna, en esencia Jesucristo le dijo tres cosas: 1) Debes reconocer quien soy Yo. Esa es la idea de la pregunta “¿por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno sino uno: Dios” (Mateo 19:17). Para tener la vida eterna uno debe reconocer que Jesucristo es Dios (Juan 20:31). 2) Debes saber que eres un pecador que necesita de un Salvador. Esa es la razón por la cuál Jesús le dio la ley (Mateo 19:17-19). Jesús estaba utilizando la ley legalmente (ver 1Tim 1:8-11). El propósito de la ley era revelar el pecado (Romanos 3:20). 3) Debes dejar de confiar en cualquier otra cosa, y confiar en mí. Esa es la razón por la cual el Señor le dijo al joven rico que vendiera todo lo que tenía para dárselo a los pobres. Un antiguo proverbio judío declara: “al que ama a Jehová, éste lo enriquece”. El joven rico opinaba que Dios lo amaba, y la prueba de ello eran las riquezas que poseía, en este sentido él estaba confiando en sus riquezas para la vida eterna. Una situación análoga en el día hoy sería decirle a una persona que confía que ser miembro de la iglesia le da la vida eterna, que cancele su membresía a la iglesia y comience a confiar en Cristo, en el relato Marcos sobre este incidente, después que el joven rico se alejó, y los discípulos expresaron su asombro ante lo que había sucedido, Jesús les dijo: “Hijos, ¡Cuán difícil le es entrar en el reino de Dios a los que confían en las riquezas” (Marcos 10:24). Con la palabra “difícil” Jesús quería decir que era imposible, porque continúa diciendo: “Más fácil es pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios. …Para los hombres es imposible…” (Marcos 10:25,27). Las palabras “los que confían en las riquezas” no aparecen en algunos manuscritos, pero están en la mayoría de ellos. El punto que Jesús estaba estableciendo tenía que ver con la fe.

¿Sobre que base llega MacArthur a la conclusión de que esta historia por un lado está enseñando que debes obedecer a Cristo (p.86), y al mismo tiempo por otra parte sólo está demandando disposición a obedecer (pp.87, 88)? Él pregunta: “¿Debemos nosotros literalmente entregar todo lo que poseemos para convertirnos en creyentes?” Su respuesta es “no”, pero sí tenemos que estar dispuestos a abandonar todo) Lucas 14:33), queriendo decir que no debemos aferrarnos a nada que tome un lugar de preeminencia por encima de Cristo” (p.87). En Mateo 19 o Lucas 14:33, ¿qué garantiza el criterio de que Cristo no está pidiendo obediencia literal, sino solamente disposición a obedecer? MacArthur se apresura a señalar que, cuando Jesús le dijo a Mateo “sígueme”, él literalmente lo hizo. ¿Habría sido salvo Mateo si hubiera estado solo dispuesto a seguir a Cristo, pero de hecho no lo hubiese concretado? (Por supuesto, Mateo 9 no es el llamado de Mateo para salvación, pero MacArthur así lo cree; por tanto, esta pregunta es con el objeto de reafirmar el concepto.)

La invitación “sígueme” es un llamado al discipulado, no a la conversión. La historia del joven rico es otra ilustración en cuanto a ello. Observa cuidadosamente que, si el joven rico hubiese hecho literalmente lo que Cristo le dijo que hiciese, habría tenido tesoro en el cielo antes de haber seguido a Cristo (Mateo 19:21). El problema del joven rico era que estaba confiando en su dinero. El señor le dijo que lo regalara. En ese momento, habría confiado en Cristo, y habría tenido tesoro en el cielo. Luego, después de la fe, Cristo lo invitó diciendo “sígueme”, convertirse en su discípulo.

Zaqueo

En Lucas 19 se registra el encuentro entre Zaqueo y Jesucristo. Zaqueo estaba buscando ver a Jesús, y se encontró con que Jesús lo estaba buscando a él para salvarlo. Zaqueo dijo:”He aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguno, so lo devuelvo cuadruplicado” (Lucas 19:8), y Jesús respondió: “Hoy ha venido la salvación a esta casa; por cuanto él también es hijo de Abraham” (Lucas 19:9). MacArthur correctamente llega a la conclusión de que: “la salvación no llegó a Zaqueo porque dio su dinero, sino porque fue un verdadero hijo de Abraham, es decir, un creyente. Fue salvo por la fe, y no por las obras” (p.95).

MacArthur también enseña que “la transformación instantánea y dramática” de Zaqueo era resultado esperado de la fe verdadera. …El resultado imprescindible de la obra salvadora de Dios es una persona transformada. …Si no ocurre un cambio así, no hay razón para creer que ha tenido lugar la salvación genuina” (p.96). Debemos admitir que Zaqueo fue instantánea y dramáticamente transformado, pero ¿bajo qué lógica llegamos a la conclusión de que “si no ocurre un cambio así, no hay razón para creer que ha tenido lugar la salvación genuina?”. Esta es una historia de la conversión de un hombre. Tal como MacArthur insiste en relación al caso de la mujer junto al pozo, “no podemos aislar este pasaje y, a partir de él, tratar de establecer un modelo y a partir de él, tratar de establecer un modelo para un presentación universal del evangelio” (p.49), ni tampoco podemos aislar este pasaje de Lucas y, a partir de él, establecer un modelo en cuanto al resultado universal de la salvación. Si lo hacemos, el resultado que debemos buscar es que todo convertido dé la mitad de todos sus bienes a los pobres, y restaure cuadruplicado cualquier cosa que le haya robado a alguna persona. ¿Cuál es la norma? ¿Es este pasaje una norma? ¿Cómo sabemos eso? ¿Qué otra persona en el Nuevo Testamento hizo esto? Respuesta: Nadie.

Judas

Según MacArthur, Judas es una ilustración de un creyente profesante que nunca ha sido genuinamente salvo. Es “un ejemplo sobresaliente de un creyente profesante que ha caído en la apostasía absoluta (p.99). Es “prueba de que una persona que es amiga de Jesús, aún así se puede volver contra Él, y de ese modo condenarse” (p.100). “Su fe nunca fue genuina” (p.102). Por el contrario los discípulos abandonaron a Cristo y Huyeron, pero regresaron” (pp. 103,104). “Judas era un falso discípulo. Era amigo de Jesús, pero no consagrado, por lo tanto, capaz de realizarla pero de las traiciones. Un discípulo verdadero puede caer, pero nunca se volverá en contra de Cristo” (p.105)

No hay duda de que Judas nunca fue salvo. Era el hijo de perdición (Juan 17:12). La Biblia nunca dice que Judas tuvo fe. Por lo tanto, so se puede utilizar como un ejemplo de una profesión salva. Él es una ilustración del hecho de que es posible ser “amigo de Jesús”, y no confiar verdaderamente en Él como salvador. Pero simplemente por el hecho de que un hombre fue amistoso, e inclusive fue contado como discípulo, pero finalmente lo traicionó, no comprueba, por más imaginación que se ejerza, que los “creyentes verdaderos perseverarán”. Según MacArthur, “si una persona se vuelve contra Cristo, es prueba que esa persona nunca fue salva” (p. 98). Judas no puede ilustrar lo que un verdadero creyente hará o dejará de hacer. Él no era un creyente verdadero, y la experiencia de los otros discípulos, en este caso, no prueba que un “discípulo verdadero… puede fallarle a Cristo, pero nunca se volverá contra él” (p. 105). Hay creyentes que caen, cometen el pecado de muerte, y nunca regresan al Señor antes de su prematura partida de esta tierra (1 Corintios 11:30).

La Multitud

La opinión de MacArthur es que la invitación del evangelio que aparece en Mateo 11 no era un suplica a los pecadores para que “aceptaran a Cristo”. Era, más bien, un “mandato a arrepentirse y a colocarse un yugo de sumisión” (p.107). “esta es una invitación para salvación, no simplemente una apelación a los creyentes para que entren en una experiencia de discipulado más profunda” (p.107). A partir de este pasaje, MacArthur bosqueja cinco elementos esenciales de la conversión genuina: humildad, revelación, arrepentimiento, fe y sumisión. MacArthur interpreta la orden “venid a mí” como una demanda para “ un giro completo, un cambio total de dirección” (p.111) como así también un mandato de creer en Cristo (p.112). la invitación de “tomad mi yugo sobre vosotros” es una invitación a la sumisión (p.112)e implica obediencia (p.113).

Un análisis cuidadoso de Mateo 11 revela que, una vez más, MacArthur ha convertido dos aspectos diferentes en una sola cosa. La filiación y el discipulado son dos cosas diferentes. Cuando Cristo dijo: “venid a mí” (Mateo 11:28), simplemente estaba diciendo “crean en mí) (comparar Juan 6:35). MacArthur señala acertadamente que “venir a Jesús es creer en él” (p.112). Cuando una persona hace eso, Jesús dijo que tendría descanso (Mateo 11:28). ¡Eso es salvación!

El paso siguiente a la salvación se describe en el próximo versículo, donde Jesús dijo: “llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí” (Mateo 11:29). Debería ser obvio que Mateo 11:29 no es una referencia a la salvación. En primer lugar, el versículo 28 dice que Cristo les había dado descanso. El hecho de llevar el yugo es algo que sucede después de recibir el descanso. En segundo lugar, llevar el yugo es aprender. Una persona no aprende con el fin de ser salva. En eso consiste el discipulado. De hecho, la palabra “discípulo”, aunque no se usa en este pasaje, significa ser un aprendiz.

Estas nueve conversaciones que Jesús tuvo con individuos no enseñan en absoluto el señorío para salvación. En realidad, ningún pasaje ni conversación de Jesús lo hace. Por otra parte, muchos versículos, especialmente en el evangelio de Juan, declaran enfáticamente que la fe sola en Cristo solo, trae vida eterna (ver Juan 3:16, 5:24; etc.)

Escrito por: Dr. Miguel Cocoris

Puedes conseguir el material completo en PDF acá.

Posteado por: Manuel Carvajal | 13 Noviembre 2009

Masturbación: ¿Cómo enfrentarla y salir victorioso?

El hecho de que un acto sexual como la masturbación sea muy practicado por la mayor parte de las personas (especialmente varones) no lo convierte en admisible. Respecto a la referencia de la Palabra sobre este asunto algunos citan el caso de Onán:

Génesis 38:9-10

Y sabiendo Onán que la simiente no había de ser suya, sucedía que cuando entraba á la mujer de su hermano vertía en tierra, por no dar simiente á su hermano. Y desagradó en ojos de Jehová lo que hacía, y también quitó a él la vida.

Aunque muchos otros dicen que la práctica de Onán no era precisamente masturbación, sin embargo en la lengua española se acepta el término onanismo como sinónimo de masturbación. Sin embargo la clasificación exacta del acto que cometía éste caballero sería materia de largos debates para gente como los abogados de Clinton y Lewinsky. ;-)

En temas como éste en los que la Biblia no es precisamente específica nos ofrece pautas generales que deben primar nuestra conducta. Trataré las que me han ayudado a lidiar con ésta situación, en verdad nada fácil de tratar para ninguno de nosotros y con la que todos debemos enfrentarnos.

Es importante que nos demos cuenta que a pesar de que cada uno tenga su lista de valores en los que decida creer que algo es malo o es bueno la única que puede mostrarnos lo que es correcto es la Palabra de Dios, si no estás de acuerdo con esto, no podrás explicarte lo que a continuación expongo. He aquí una lista de principios prácticos – son de mi propia cosecha y es la primera vez que los comparto así que son susceptibles a que se pulan más – que les serán útiles para tomar una posición a cerca del tema y hacerle frente como hombres (o mujeres).

1.- NO ABUSES DE TU LIBERTAD
Primera Corintios 10:23

Todo me es lícito, mas no todo conviene: todo me es lícito, mas no todo edifica.

Muchos cristianos y no cristianos abusan del la libertad que Dios nos da (algunos incluso usan versículos como pretexto de algún defecto de su conducta) y buscan su propio deleite y el pretexto siempre es el mismo “¿Acaso en la Biblia dice que es pecado?” de esta manera he encontrado jóvenes que me dicen “¿Acaso la Biblia dice que es pecado fumar?”, “¿Acaso la Biblia dice que es pecado tomar un vasito de vino de vez en cuando?”, “¿Acaso la Biblia dice que es pecado ver una película porno?”, “¿Acaso la Biblia dice que es pecado ir a la discoteca?” o, como es el caso que nos toca “¿Acaso la Biblia dice que es pecado masturbarse?”. Como vimos en el versículo citado aquellos que gozan de una nueva vida en Cristo tienen libertad de hacer todo lo que deseen hacer pero no todo nos conviene o nos aprovecha, y si no nos aprovecha o, mas bien nos hace daño ¿por qué hacerlo?

Seguramente ahora te estarás preguntando ¿qué tanto me conviene o aprovecha el masturbarme? Bien trataré de exponer algunas de las posiciones con las que me he topado cuando yo mismo formulé esta pregunta. Hay quienes te van a argumentar que masturbarte no tiene nada de malo, es mas hay quienes te dirán que te será provechoso y sé de consejeros, padres de familia e incluso médicos que lo recomiendan tanto a jóvenes como a señoritas, no obstante la única base “científica” con la que cuentan para decir que la masturbación es buena para la salud es que mucha gente lo hace y que (como todos sabemos) uno está muy tenso cuando se encuentra excitado sexualmente y que de alguna manera hay que relajarse. Por otro lado están los que te dirán que masturbarte te causará daños psicológicos y físicos indecibles desde que te crecerá pelos en las manos (cosa nada deseable para un varón y menos para una señorita) hasta los que te dirán que esta práctica te hará morir las neuronas de tu cerebro como si tomaras alguna droga, estas afirmaciones tampoco tienen un buen asidero científico ni médico y en mi criterio no son argumentos que un joven o adolescente medianamente informado acepte para creer que la masturbación es mala.

Bueno, pues, ¿entonces es bueno o malo masturbarse?, bien los principios siguientes te darán luces acerca de lo que Dios piensa sobre el asunto.

2.- NO PONGAS EN JUEGO TU SALUD ESPIRITUAL
Gálatas 5:17

Porque la carne desea contra el Espíritu, y el Espíritu contra la carne: y estas cosas se oponen la una á la otra, para que no hagáis lo que quisieres.

Más claro que el agua, los deseos de tu carne (entre ellos los sexuales) son en contra de el Espíritu Santo que mora en ti desde el momento de tu conversión y los del Espíritu Santo contra la carne. De más está decir que es bueno y saludable que un marido ame y desee a su esposa y viceversa, creo que eso no está en discusión. Lo que decimos aquí es que en el momento que un muchacho o una jovencita busca el deleite de su carne el Espíritu que mora en él o en ella se contrista y con el tiempo hasta se llega a cauterizar su conciencia de tal manera que pierde la capacidad para discernir la voluntad de Dios (hay argumento bíblico para esto último Primera Timoteo 4:2)

En nuestro contexto latinoamericano acostumbramos decir frecuentemente “que tiene de malo si no hago daño a nadie” o frases sinónimas. Personalmente creo que si bien con la práctica de la masturbación no conlleva ningún daño físico ni psicológico aparente si afecta seriamente al espíritu y al corazón del masturbador como veremos en el siguiente principio.

3.- GUARDA TU CORAZÓN
Mateo 5:28

Mas yo os digo, que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón.

La Palabra nos enseña que sobre toda cosa guardada guardemos nuestro corazón porque de él emana la vida (Proverbios 4:23) . Por otra parte Jesús nos enseñó que “cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón” por duro que parezca, en este punto es bueno que te acuerdes en que piensas mientras te masturbas, no ha de ser en el examen de matemáticas ni mucho menos en tu lectura devocional.

Bien si ya te has persuadido de que masturbarse es malo los siguientes principios te ayudarán a tomar victoria sobre éste aspecto de tu vida. Debo decir que si no estas convencido de que masturbarse es malo no importa lo que hagas para dejarlo jamás podrás hacerlo a si que si quieres dejarlo y todavía hay en ti dudas pide a Dios que te las quite Él lo hará.

4.- DESHAZ LOS NIDOS EN TU CABEZA
Segunda Corintios 10:5

Destruyendo consejos, y toda altura que se levanta contra la ciencia de Dios, y cautivando todo intento a la obediencia, de Cristo;

Un conocido maestro y gran amigo una vez me dijo una frase que a su vez leyó en algún lado y que me ha servido de mucho “No puedes evitar que los pájaros vuelen sobre tu cabeza, pero si puedes evitar que hagan un nido en ella”. En un mundo que explota el sexo más que ningún otro producto no podemos evitar ser bombardeados continuamente con mensajes obscenos y de sexo explícito, proposiciones indecentes y pornografía allá donde vayamos, en Internet, en los centros de estudios, en la calle, en los cines, en los medios de transporte, en el seno de nuestros hogares y aún en la propia iglesia se filtran mensajes destinados a seducirnos en ésta que es una de las áreas espirituales más flacas de todo ser humano. Ocasionalmente no podemos evitar que nuestro cuerpo reacciones ante tales estímulos o que cierta frase, música o imagen despierte nuestra atención excitándonos, al fin y al cabo somos (como diría Jeremías) seres sensuales (es decir con sentidos), lo que SI podemos evitar es que esos pensamientos permanezcan en nuestra mente durante más tiempo que el de “shock” es decir que inmediatamente vemos que se ha presentado una ocasión para fantasear con el sexo ilícito la desechemos y reemplacemos ese pensamiento con uno que sea de edificación en el espíritu, llevando nuestra mente “cautiva a los pies de Jesús”. No se trata de ponerse a meditar como quien se da un martillazo en la mano mientras repite “… no me va a doler, no me va a doler, no me va a doler, no me va a doler, … ” se trata de tomar medidas prácticas como las de quemar todos esos videos, cd’s, dvd’s, cuadros y revistas con mensajes sexuales que tienes en tu casa y que te estimulan sexualmente a masturbarte o eliminar los enlaces de Internet de sitios porno o cancelar la suscripción de las listas de “correo sensual” u olvidar los números de “llamadas eróticas” o dejarte de juntar con aquellas amistades cuya influencia pueda de alguna manera impulsarte a seguir en el mismo mal hábito.

Es bueno advertirte que como supondrás aunque no la busques la tentación estará ahí pero Dios te promete que no será más grande de lo que puedas manejar y además que te dará su Espíritu Santo para hacerle frente. De tu actitud frente a situaciones delicadas y tu respeto hacia el sexo opuesto puede depender el testimonio de Cristo que los otros reciban.

5.- REEMPLAZA TUS MALOS HÁBITOS POR BUENOS
Filipenses 4:8

Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si alguna alabanza, en esto pensad.

Es por demás conocido que sólo se puede vencer un mal hábito reemplazándolo por uno bueno. Especialmente cuando el problema raya en el límite de la adicción si se intenta abandonar sin llenar el vacío que deja generalmente genera ansiedad y nerviosismo que derivan en otro mal hábito o en una recaída. La necesidad imperiosa e incontenible que sienten algunas personas por masturbarse (o por disfrutar de la pornografía) no es porque en el ser humano exista una necesidad básica y vital por hacer estas cosas, sino mas bien se debe a que a fuerza de jugar con ellas con la tonta idea de poder controlarlas terminaron cayendo en la dependencia de éstos estímulos, llegando éstos a ser, en los casos más extremos de adicción , tan importantes como comer o hacer sus necesidades fisiológicas.

La solución ya sea que la persona se encuentre en cualquier nivel de dependencia o crea “controlar” su mal habito es remplazarlo por uno bueno como aconseja Filipenses 4:8 “, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si alguna alabanza” en esto debemos pensar. Por ejemplo el tiempo que invertías en ver revistas sucias o literatura sensual ahora inviértelo en leer tu Biblia o hacer un estudio bíblico; a la hora en que da esa novela que te estimula o la serie rosa de la TV ni siquiera estés cerca de la Televisión y busca de ir a la Iglesia o a hacer deporte o estudiar…

6.- SI DIOS TE MOSTRÓ QUIEN ES TU PAREJA DE POR VIDA CÁSATE
Primera Corintios 7:9

Y si no tienen don de continencia, cásense; que mejor es casarse que quemarse.
(Quiero tomar este asunto con pinzas para que no se mal interprete)

Toda pareja joven sabe que guardarse célibes en obediencia al Señor es una lucha grande. Si tienes una novia (o) y ustedes cuentan con la venia de Dios primeramente, de sus padres y pastores en segundo lugar para casarse es preferible que lo hagan sin darle muchas largas al asunto a estarse “quemando” como decía Pablo. De hecho la mayor parte de mis luchas y tentaciones finalizaron cuando contraje matrimonio. Suena difícil, y es cierto HAY QUE ESTAR PREPARADOS, ESTE NO ES UN CONSEJO PARA PAREJITAS DE ADOLESCENTES O JÓVENES INMADUROS en todo caso creo que si no estás preparado para afrontar un noviazgo “en serio” y estar enamorando te hace pecar es preferible que termines la relación. Yo mismo no me casé hasta cumplir los 24 años y para ese entonces tenía un título profesional y un trabajo estable, pero me fue muy difícil.

7.- SOBRE TODAS LAS COSAS BUSCA REFUGIO EN EL SEÑOR JESUCRISTO
Salmos 119:9

¿Con qué limpiará el joven su camino? Con guardar tu palabra?

Por último lo MAS IMPORTANTE DE TODO: Busca al Señor en oración y lectura de Su Palabra

Por increíble que parezca para la lógica humana la lectura constante y metódica de la Palabra de Dios limpia el accionar, el pensar y el sentir de quien la lee, me consta.

Proverbios 3:6
Reconócelo en todos tus caminos, Y él enderezará tus veredas.

Cuando entregas a Jesús un aspecto de tu vida Él lo toma y se hace cargo en un 100%, eso no es garantía de que en tu terquedad tu no te vuelvas a equivocar (al fin y al cabo somos carne de pecado) sin embargo Él promete que va a enderezar tus veredas (por más torcidas que éstas estén).

Nadie viene santo a los pies de Jesús, Romanos 3:23 dice que todos hemos pecado, pero podemos ser santificados con el perdón que Él nos da. Si no has recibido al Señor sinceramente y de corazón hazlo ahora mismo, si ya lo haz hecho y aún así caíste hoy es tiempo que te levantes y confieses tu pecado al Padre que está ansioso de perdonarte y limpiarte de toda la maldad (I de Juan 1:9).Espero que esto les sea de utilidad a los cientos que tienen que tratar con el problema de la masturbación en su persona o que ministran a hijos o discípulos que están luchando con ella.

Bendiciones

Fuente: Siguiendo sus pisadas

Autor: Igor Cabrera Berdeja

Posteado por: Manuel Carvajal | 11 Noviembre 2009

Principios para establecer metas

Queremos pasar a compartir una guía de principios para el establecimiento de metas. Esta guía es aplicable para todas las facetas de mi vida, tanto en el área personal, familiar, ministerial, laboral, etc.

Para lograr tus metas tienes que persistentemente concentrar tus pensamientos, prioridades y energía en ellas sin distraerte.

Dr. Harold Finch

Una meta es la declaración de un deseo nuestro de cómo anhelamos que sean las cosas en un determinado tiempo futuro, sobre la base de He. 11:1, una meta es una declaración de fe.

Debemos aprender a diferencia entre un propósito y una meta. Un propósito es un objetivo, un rumbo que queremos lograr, alcanzar pero que no necesariamente es medible, por el contrario la meta es un suceso en el futuro que es realizable y medible.

El primer paso en el éxito de alcanzar mis metas está en tener éxito de saber formularme las metas de una manera apropiada. Queremos compartir contigo unos consejos de cómo formularte metas:

  1. Las metas debe de escribirse. Cuando las escribimos nos obligamos que las mismas penetren hasta nuestro subconsciente de manera permanente. Lo que se anota no se olvida, dice un viejo adagio.
  2. Las metas tienen que ser específicas. Las metas deben de ser específicas porque necesitamos que sean medibles. Si el blanco no es claro no podremos saber si estamos avanzando y cuánto nos falta para llegar.
  3. Las metas tienen que tener fecha límite. Es necesario marcar un final para que eso nos ayude a determinar nuestro éxito o no, si no ponemos límite a nuestras metas es como jugar un campeonato mundial de futbol sin tiempo. ¡Qué desastre sería!
  4. Las metas tienen que ser personales. Cada cual debe ponerse sus propias metas; nadie puede formularse metas en vez tuyo, ni viceversa. No puedo formular metas cuando el resultado de las mismas no depende de mí.
  5. Las metas tienen que ser tanto a corto como a largo plazo. Las metas a corto plazo son los escalones para llegar a la meta de largo plazo. Me proveen de una herramienta de evaluación del avance de la meta.
  6. Las metas tienen que ser posibles. Las visiones imposibles se hacen realidad por medio de metas posibles. Vamos escalonando hasta llegar a lo que en un principio veíamos inalcanzable.
  7. Las metas tienen que ser audaces. Con esto queremos decir que nos tiene que desafiar a algo mayor. La audacia se aplica buscando la gloria para nuestro Dios, no para promovernos, esto me lleva al siguiente punto.
  8. Las metas no deben de ser avaras. La avaricia es pecado delante de Dios, cuando mis metas buscan la gloria propia en vez de la de Dios perdemos el beneficio de su dirección y poder.
  9. Las metas tienen que ser positivas. Cuando las metas son positivas mis pensamientos y acciones serán de igual manera positivos, esto colabora en el amor fraternal entre los hermanos en Cristo. No puedo formularme metas en detrimento de mis hermanos.

Toma esto como una guía para tu vida, practícalo y podrás ver que será más fácil evaluar el avance en tu vida como creyente.

Posteado por: Manuel Carvajal | 9 Noviembre 2009

Puntos verdaderos de la Doctrina de la Prosperidad

Suficiencia sí

Algunos de los puntos de la doctrina de la prosperidad son verdaderos y útiles en la medida en que su aplicación se enmarque dentro de los límites apropiados, algo que vale la pena revisar.

Como con muchas doctrinas conflictivas, hay aspectos que son verdaderos y otros falsos. Justamente por eso es controversial.

Examinemos 2 Corintios 9:6-12:

Pero esto digo: El que siembra escasamente, también segará escasamente: y el que siembra generosamente, generosamente también segará. Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre. Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundéis para toda buena obra; como está escrito: Repartió, dio a lospobres; su justicia permanece para siempre. Y el que da semilla al que siembra, y pan al que come, proveerá y multiplicará vuestra sementera, y aumentará los frutos de vuestra justicia, para que estéis enriquecidos en todo para toda liberalidad, la cual produce por medio de nosotros acción de gracias a Dios. Porque la ministración de este servicio no solamente suple lo que a los santos falta sino que también abunda en muchas acciones de gracias a Dios.

Estos versículos enseñan con claridad que la voluntad de Dios es que los creyentes vivan a un nivel superior al de la mera subsistencia. (Hay excepciones que serán tratadas más adelante.) Este texto puede ser entendido bajo tres principios:

La siembra y la cosecha

Repetidas veces en toda la Escritura vemos el principio de la siembra y la cosecha. Cristo lo enseñó como la ley fundamental de cómo opera el DAR en el reino de Dios. En Lucas 6:38 nos enseña:

Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo; porque con la misma medida con que medís, os volverán a medir.

También Pablo enseña que… todo lo que el hombre sembrare, eso también segará (Gálatas 6:7).

En el contexto de 2 Corintios 9 obviamente se refiere a dinero. Se expone el principio de que los cristianos pueden prosperar sobre el nivel de subsistencia y tener de sobra para dar a la obra del evangelio y a los que estén en necesidad.

El primer paso toma la ley de la siembra y la cosecha acompañado de un par de adverbios importantes: “escasamente” y “abundantemente.” Estos dos términos deben ser tomados en forma relativa, en proporción a los medios de cada uno y no en comparación a lo que otro pueda dar o a lo que el mundo pueda considerar “abundante.” Jesús reveló esto en el templo cuando una viuda desconocida entregó más que todos los demás (Lucas 21:3). A través de eso notamos que el DAR es cualitativo más no cuantitativo. Los maestros de la prosperidad están en lo correcto en este punto.

Motivos

Los motivos correctos son esenciales en el proceso. El término “generosamente” (eulogia, en griego) significa literalmente “bendición.” En el versículo 5 se le opone a “codicia” y se traduce “escasamente.”

Pablo enfatiza que el motivo del que da debe ser para ver bendiciones en otra persona y no el de obtener riquezas para sí mismo. La codicia no debe ser la motivación para dar. Los únicos motivos correctos son para la gloria de Dios y el aumento de las bendiciones a los demás.

No se debe olvidar a los pobres. Repartió, dio a los pobres, su justicia permanece para siempre (v. 9). Me sorprendió descubrir que el sujeto tácito (él), no se refiere a Dios, sino al creyente que da. Esta es una cita del Salmo 112 y, en su contexto, se refiere claramente al hombre justo.

Resultados de DAR

Ahora demos una mirada a los resultados generales de la obediencia a este patrón de dar:

Primeramente, el versículo 8 nos dice que Dios hará abundar todo tipo de gracia en nosotros. La gracia divina se hará evidente en cada instancia de nuestra vida. Podremos ser independientes. La palabra griega es autarkeia, que significa “autónomo,” implicando independencia y suficiencia. También dice que tendremos todo tipo de buenas obras y recibiremos no solo para cubrir nuestras propias necesidades, sino también para poder dar con generosidad y continuar con el ciclo.

En el versículo 10 vemos que Dios también aumentará los resultados de nuestro ministerio y los frutos de vuestra justicia. La palabra frutos (genemata, en griego) significa en este caso “retoños” o “progenie.” Es la forma sustantiva del verbo “engendrar.” Los frutos y los resultados de nuestro ministerio se ven aquí y aumentarán.

Seremos enriquecidos en todo con toda liberalidad, (v. 11). ¿Qué significa “liberalidad”? En griego, haplotes ordinariamente significa “sinceridad,” y se traduce como “generosidad.”

Fijémonos ahora en una palabra clave del contexto: “enriquecidos,” la cual es ploutizo en el original. Cuando se estudia otro idioma, a menudo uno puede descubrir el tono y sabor de cada palabra, más allá del significado simple del diccionario. Creo que el término “hacer rico” de la Nueva Versión Internacional es muy fuerte para este vocablo. Hay otro verbo relacionado que se usa en muchas otras partes de la Biblia.

Ploutizo no conlleva el significado de hacerse rico, como vemos cuando alguien dice: “Soy un hombre rico.” Esa es la palabra que uno esperaría escuchar cuando dos hombres de negocios dirían en un diálogo como el que sigue: “¿Cómo van los negocios?” A lo que el otro responde: “Me va bien.” Lo cual no significa que ya es rico, sino que su negocio va bien y está obteniendo una buena ganancia.

Prosperidad en el dar y el recibir

No debemos quedarnos con el superávit de la prosperidad. Este es el sentido literal de la frase enriquecidos con toda liberalidad. El saldo de la diferencia entre nuestras necesidades y nuestra prosperidad debe darse para la obra del evangelio.

Dios bendice a algunas personas para que puedan ser generosos, no para que se pongan a exhibir su prosperidad o a juzgar a otros cristianos pobres en cuanto a su falta de fe o a su espiritualidad.

He aquí la matemática del principio dado por Pablo: El ingreso próspero menos las necesidades presentes es igual lo que uno le da a Dios. El resultado se debe entregar a Dios y a su obra. El propósito de la prosperidad NO es una vida llena de lujos, sino el avance del evangelio.

Algunos maestros del movimiento reconocen esta interpretación, pero todavía sostienen la premisa básica de que la prosperidad es proporcional a nuestra justicia personal.

Bellas excepciones

La suficiencia es la voluntad de Dios para la mayoría de los cristianos. Aunque puede ocurrir una prueba ocasional, los creyentes experimentarán patrones coherentes de bendición económica, mientras van aprendiendo a ser obedientes al Señor en cuanto a DAR. Aunque aceptamos que esto es cierto en sentido general, Dios tiene algunas excepciones honrosas.

Algunos son llamados por Dios para que vivan en un nivel espiritual más elevado que la prosperidad. Hay algunos patrones en la Escritura en cuanto a las relaciones divinas con diferentes prioridades. Dios llama a algunos a que dejen unas bendiciones a favor de otros. No que sean ellos menos dignos, sino más dignos.

Excepción # 1: Cierto tipo de misioneros

Ya estáis saciados, ya estáis ricos, sin nosotros reináis. ¡Y ojalá reinaseis, para que nosotros reinásemos también juntamente con vosotros! Porque según pienso, Dios nos ha exhibido a nosotros los apóstoles como postreros…

Los corintios tenían un problema: su orgullo espiritual. Dios los había bendecido materialmente, porque Pablo menciona que son ricos (1 Corintios 4:8). Habían evidentemente llegado a cierto nivel de comprensión de los principios gubernamentales del reino de Dios porque Pablo dice “reináis”… Y vemos cómo se burla el apóstol del orgullo espiritual de ellos, que había surgido después de haberse hecho ricos.

Podemos imaginarnos a los corintios diciendo: “¡Cielos! Hemos llegado verdaderamente a las fuentes de la fe, del poder y de la prosperidad. Hemos llegado a comprender los principios que gobiernan el reino de Dios. Hemos empezado a reinar realmente en vida con Cristo, con sabiduría y honor. Y no solo eso, sino que entramos a un nivel de vida que ni siquiera Pablo comprende. Después de todo, él es pobre. Si tuviera fe también sería rico, como nosotros. Tenemos que orar por Pablo para que Dios le dé la fe que necesita.”

Así que Pablo tuvo que quitar el velo que cubría los ojos de los corintios para que pudieran ver que habían caído en el pecado de orgullo espiritual. Pablo tuvo que explicarles que su llamado al apostolado era algo que sobrepasaba cualquier cosa que ellos conocieran. Observen cómo pone al descubierto el apóstol ese orgullo.

Nosotros somos insensatos por amor a Cristo, mas vosotros prudentes en Cristo; nosotros débiles, mas vosotros fuertes, vosotros honorables, mas nosotros despreciados (1 Corintios 4:10).

Algunas personas son llamadas a una vida de sufrimiento intercesor para bien del cuerpo de Cristo. Pablo menciona esto en Colosenses 1:24: “y cumplo en mi carne lo que falta de las aflicciones de Cristo por su cuerpo, que es la iglesia.”

Este sufrimiento intercesor no es expiatorio, porque este aspecto fue totalmente cumplido en la cruz. Pero hay una vida intercesora de sufrimiento para bien del cuerpo de Cristo. Se menciona en el contexto cómo la vivió el gran apóstol: Hasta esta hora padecemos hambre, tenemos sed, estamos desnudos, somos abofeteados, y no tenemos morada fija (1 Corintios 4:11). Un ministerio intercesor de este tipo requería no solo oraciones, sino cierta vida que lo llevara. Él vivió en un nivel mucho más profundo que la mayoría de los ministros experimentan.

Los corintios, inmaduros espiritualmente, no podían haber sido llamados por Dios para nada más allá que la mera prosperidad.

Excepción # 2: Persecución

En Hebreos 11, así como en otros lugares de la Biblia y de la Historia de la Iglesia, podemos observar que muchos cristianos se han visto forzados a sufrir escasez, dentro de la soberana voluntad de Dios, como resultado directo de su posición firme en la verdad. Esto se evidencia en naciones detrás de la Cortina de Hierro. En Hebreos 11:37 leemos:

Fueron apedreados, aserrados, puestos a prueba, muertos a filo de espada, anduvieron de aquí para allá cubiertos de pieles de ovejas y de cabras, pobres, angustiados, maltratados; de los cuales el mundo no era digno…

Dios tiene una perspectiva diferente a la nuestra acerca de la persecución. Somos como los que observan un tapiz por el lado contrario, que cuando vemos una hebra que parece totalmente fuera de lugar deseamos arrancarla; pero vista del lado correcto, vemos que la misma hebra no solo está bien colocada sino que en realidad es ¡el tema principal de la obra!

Dios desea que sus hijos compartan Su gloria, pero ciertos aspectos de esta no pueden existir sin oposición. No hay héroes sin aventura; ni medallas olímpicas sin competencia, ni coronas sin cruces.

Una gloria obtenida fácilmente no es tal cosa. La gloria del luchador no está solo en su fuerza, sino en la de sus oponentes. El hecho de que en la lucha del cristiano, las armas usadas sean débiles, solo aumenta su gloria. David derrota a la espada, la lanza y la armadura del gigante con una piedra de honda. Jesús conquista a la muerte sometiéndose a ella. Los cristianos derrotan a la mano hostil dando la otra mejilla.

La persecución es, entonces, tanto el sello de la salvación del creyente como la perdición del incrédulo. Por eso es que Dios puede verla como una necesidad en ciertos casos. A veces las privaciones pueden ser resultado de presiones mundanas, y no solo una muestra de que la gente no sabe manejar las finanzas.

Excepción # 3: Crecimiento espiritual

No lo digo porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación. Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia, como para tener necesidad. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece (Filipenses 4:11-13).

Pablo se enfrentó con un dilema encantador que todo misionero encuentra al agradecer a sus auspiciantes. Él quiere que ellos entiendan su gratitud hacia la generosidad que le muestran, pero clarifica que no depende de ellos. Ve al Señor como su sustentador a pesar de que estaba en tiempo de necesidad.

Pablo confiesa haber sufrido a veces de escasez, lo cual lo hizo humilde. ¿Quién se pararía frente a él a acusarlo de falta de fe?

Un maestro de la “Palabra” de fe escribe que el término “contentarme” significa en realidad “suficiencia” y que es el mismo vocablo utilizado en 2 Corintios 9:8. Indica que Pablo realmente quiso expresar que no solo vivía en riqueza, sino que predicaba y enseñaba acerca de la prosperidad como parte de la expiación.

Las palabras “contentarme” (Filipenses 4:11) y “suficiencia” (2 Corintios 9:8) son básicamente las mismas en griego: autarkes y autarkeia son “suficiente” y “suficiencia,” respectivamente. En esto, el dicho maestro está en lo correcto. Pero cae en error al no observar que la forma verbal de la cual ambas palabras se derivan, se encuentra también en 1 Timoteo 6:8: “Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto.” Aquí no hay lugar para la doctrina de la prosperidad.

Autarkeia es una palabra con dos significados, dependiendo de los límites del contexto. Puede significar “suficiencia” o “contentamiento.” En 2 Corintios 9:8 significa lo primero, por fuerza del contexto. Pero no significa esto mismo en Filipenses 4, porque allí el contexto es diferente. Los maestros de la prosperidad ignoran estas palabras, “humilde” y “hambriento” o “padeciendo necesidad,” del versículo 12. La Escritura no se puede forzar de esta manera para adaptarse a una doctrina.

¿Desea Dios que vivamos todos en la pobreza? ¿Es santa la pobreza? Ciertamente que no, pues asumir que la voluntad de Dios es que todos seamos pobres, es igualmente erróneo que asumir que la prosperidad es para todos. Ambas presunciones se basan en suposiciones que no hallan fundamento en la Escritura.

La doctrina de la pobreza no es necesariamente opuesta a la doctrina de la prosperidad. Hay una tercera opción, la cual es bíblica y es el CONTENTAMIENTO.

En la Primera Carta a Timoteo (6:5-8) leemos: “disputas necias de hombres corruptos de entendimiento y privados de la verdad, que toman la piedad como fuente de ganancia, apártate de los tales. Pero gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento; porque nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar. Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto.”

Pablo está preocupado principalmente por los judaizantes de su propio tiempo, pues ellos eran sus perseguidores y quienes le causaban continuamente problemas al evangelio.

Los judaizantes mantenían la misma premisa del mensaje de la prosperidad actual. Pablo revela su causa en el versículo 4, que es el orgullo espiritual. Ese problema es tanto la raíz como el fruto del árbol.

Pero, ¿qué significa el contentamiento? En la voz media del griego (como se ve en los versículos anteriores), significa “estar satisfecho.” Un cristiano debe tener suficiente gracia de Dios y poder espiritual para llegar a un punto de su fe en el que descanse en Cristo y sus circunstancias exteriores parezcan irrelevantes ante su relación con Dios.

Esto último no debe entenderse como resignación a la pobreza o a la opresión; tampoco como un fatalismo o estado trascendental de la mente. Es una forma de descanso en la fe, en la cual las circunstancias externas no son vistas como el reflejo de una condición espiritual. Es decir, todo lo opuesto a las premisas de los mensajeros de la fe.

Un creyente equilibrado no ve a la prisión a causa del evangelio como un juicio divino, o un revés financiero como una falta de fe. Tampoco mide su espiritualidad y la compara con su cuenta bancaria. El verdadero creyente madura en Cristo lo suficiente como para dejar de medir su realidad espiritual de tales maneras y, por lo tanto, está contento en cualquier condición en la que Dios le coloque, siempre y cuando sepa que viene de Él. Su barómetro espiritual es interno, no externo.

En ninguna de las cuarenta publicaciones que he examinado hasta aquí, he podido encontrar ninguna referencia a 1 Timoteo 6:5-6. Ninguno de los líderes del movimiento ni siquiera intenta explicarla en sus términos. Simple y llanamente evitan mencionarla o citarla. Dios nos promete suficiencia, para que podamos tener un sentido total de seguridad en Él en cuanto a nuestras necesidades materiales. Junto con esto también ha provisto de suficientes excepciones a la regla, para que no seamos nunca tentados a juzgar a nuestro hermano porque tenga menos. A los ojos de Dios, tal vez este hermano tenga realmente más.

Artículo escrito por: Rev. Roger L. Smalling, D. Min. Reproducido con autorización.

Posteado por: Manuel Carvajal | 8 Noviembre 2009

Enlace TV al descubierto

Trae mucho dolor a mi corazón tener que compartirles algunos reportajes que se han publicado en TV abierta en Costa Rica, (Teletica, canal 7) con respecto a Enlace TV, el periodista Greivin Moya le ha titulado “Transnacional de la fe”.

En esta oportunidad presentamos dos reportajes, titulados “Críticas a Enlace TV y Maratónicas de Enlace TV.

Puedes ver los 5 reportajes en mi canal de YouTube. Es justo decir que la única explicación que dieron los de Enlace a la opinión pública en Costa Rica es una publicación en el diario de mayor circulación La Nación, esto lo hacen el último día de los reportajes, el 6 de noviembre de 2009. Acá puedes leer su nota.

Todavía debemos de seguir levantando el pendón del apóstol Pedro

“Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aun negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina. Y muchos seguirán sus disoluciones, por causa de los cuales el camino de la verdad será blasfemado, y por avaricia harán mercadería de vosotros con palabras fingidas. Sobre los tales ya de largo tiempo la condenación no se tarda, y su perdición no se duerme. (II Pe. 2:1-3)

Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto; no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey.” (I Pe. 5:2,3)

Posteado por: Manuel Carvajal | 7 Noviembre 2009

¿Por qué sufren los cristianos?

Quisiera, con la ayuda del Señor, compartir hoy algunas cosas relacionadas con los padecimientos o los sufrimientos que un cristiano tiene, intentando delante del Señor buscar algunas razones por qué sufren los cristianos.

No pretendemos decir todo en un mensaje, encontrar todas las causas, todos los porqués; pero algunas cosas quisiéramos exponer, de lo que el Señor nos ha mostrado en este último tiempo, para que estemos apercibidos, para que sepamos cómo enfrentar las dificultades cuando vienen.

La santidad encarnada

Vamos a comenzar viendo algunos versículos en 1ª de Pedro 1:15-16: “…sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo”.

¿Qué tiene que ver esto de la santidad con el sufrimiento de los cristianos? El Señor dice: “Yo soy santo”. Nosotros sabemos que Dios es santo; nosotros cantamos una canción que dice: “Santo, santo, santo”. Los ángeles también cantan esa canción. En los cielos hay alabanzas por la santidad de Dios.

Pero también dice: “…como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir”. El camino de la santidad nos produce muchas veces dolor, sufrimiento. Como un hermano ha dicho, si queremos caminar con Dios, tenemos que hacerlo a su manera, no a nuestra manera. Dios no se acomoda a nuestra manera de vivir; somos nosotros los que tenemos que acomodarnos a la manera de Dios.

Y en nosotros no mora el bien; en nosotros está el pecado. Desde que Adán cayó, toda la raza humana cayó, y es esclava del pecado. El Señor Jesucristo vino para darnos vida, para darnos libertad. ¡Bendita es la obra del Señor Jesús en la cruz! El Señor Jesús nos justificó, según Romanos 5, y según Romanos 6 nos santificó, y según Romanos 8 nos glorificó. Qué preciosa enseñanza, qué preciosa realidad encontramos en Cristo.

Pero, hermanos, el hecho de que el Señor nos haya santificado al morir en la cruz, juntamente incluyéndonos a nosotros, el viejo hombre, esa santidad de la cual se habla allí es una santidad imputada, una santidad atribuida. “Él es santo y él nos santifica”, dice en otra parte la Escritura.

Pero, para que esa santidad de Dios pueda encarnarse, pueda verse en nuestra vida, ahí hay un motivo de sufrimiento, porque nosotros, a buenas y a primeras, no vamos a acomodar nuestro paso al paso de Dios. Sabiendo que él es santo, nosotros vamos a querer conservar todavía algunas viejas maneras de ser, algunas viejas maneras de vivir, y vamos a querer seguir llevando con nosotros muchas cosas que el mundo hace, que el mundo dice.

Eso puede suceder durante algún tiempo. Podemos vivir la vida cristiana dos, tres, cuatro años, cinco años, y a nosotros nos parece que es posible vivir así, diciendo: “Tú eres santo, santo, santo”, y nosotros viviendo de una manera “pecaminosa, pecaminosa, pecaminosa”.

Puede pasar algún tiempo en que eso sea así; pero puede llegar y debe llegar un día en que Dios nos dice: “A ver, un momentito, tú dices que yo soy santo, y que yo soy tu Padre. A ver, acomodemos un poco tu vida, hagamos algunas adecuaciones en tu vida, para que tú, cuando me digas que yo soy santo, eso salga de una boca que es santa, y proceda de una vida que es santa”. No sólo esta santificación atribuida o imputada, de que porque él es santo nosotros somos santificados en él. No, sino que nosotros seamos transformados en santidad; es decir, la santidad impregnada, personificada, en nosotros.

Ustedes conocen esa palabra que dice: “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios”. Y Verbo se puede traducir como Palabra. Entonces, podemos decir también ese versículo así: “En el principio era la Palabra, y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios”. Y leyendo más abajo en el versículo 14 de ese mismo capítulo dice: “Y aquel Verbo fue hecho carne”. Es decir, “la Palabra se hizo carne”. Eso se dice del Señor Jesús.

Pero, he aquí, hermanos, un gran acontecimiento tiene que suceder en nosotros también. “La Palabra se hizo carne”. En ti y en mí, la Palabra tiene que hacerse carne.

En el caso del Señor Jesús, primero estaba la Palabra, porque él era eternamente la Palabra, y luego se hizo carne. En nosotros, al revés, primero somos carne, y después recibimos la Palabra, y nos transformamos de acuerdo a esa Palabra, de tal manera que nosotros seamos también una Palabra encarnada.

Cuántas cosas estamos creyendo nosotros, confesando, sin que eso sea vida, sin que eso esté encarnado en nosotros. Cuando el Señor, en un momento dado, nos muestra cuántas cosas yo digo que no están encarnadas, eso produce una sensación muy grande de dolor, de vergüenza.

Participar de su santidad

Hebreos 12:10: “Y aquéllos, ciertamente por pocos días nos disciplinaban como a ellos les parecía, pero éste para lo que nos es provechoso, para que participemos de su santidad”. Dice aquí que el Padre nos disciplina para que participemos de su santidad.
Ahora, quisiéramos destacar la palabra ‘participemos’. ¿Qué significará ‘participemos’? Para que nosotros participemos de su santidad. ¿Significará algo así como ‘conocer’? ¿Para que ‘conozcamos’ de su santidad? No. ‘Participar’ tiene que ver con la vida, algo práctico.

En realidad, participar de su santidad es llegar a ser santo como él es santo. Pero eso, no en doctrina, hermanos, no en conocimiento bíblico, sino en nuestra carne, nuestra alma. Entonces, he aquí una causa, un motivo de dolor y de aflicción.
En el Salmo 39, hay un versículo que es dolorosamente real. Dice: “Con castigos por el pecado corriges al hombre, y deshaces como polilla lo más estimado de él”. Aquí está de nuevo la disciplina. La disciplina viene como una corrección por el pecado. Pero luego dice: “…y deshaces…”. O sea, junto con corregir por el pecado, dice que deshace como polilla lo más estimado de él. Y eso produce dolor.

¿Qué cosas el Señor está deshaciendo en nuestras vidas? Cosas estimadas, cosas valoradas; cosas que nos producen satisfacción, nos producen orgullo. El Señor deshace todo eso. El camino de la santidad es un camino doloroso.

No estamos hablando aquí, como digo, de la doctrina, de la enseñanza de la santidad, sino de la vivencia, de la encarnación de la santidad en nosotros. Entonces, en un profeta se dice: “¿Andarán dos juntos si no estuvieren de acuerdo?”. El Señor nos dice: “El que quiere ser mi discípulo, tome su cruz y sígame”. Ya seguimos al Señor Jesús, pero, ¿de qué manera lo seguimos, a la manera nuestra o la manera suya, con las normas nuestras o con las normas suyas? El Señor nos dice: “O andas a mi manera, o no andamos juntos. O tú cambias… Yo no voy a cambiar para acomodarme a ti”. Esto es fuerte.

Un hermano dice: “Las condiciones para tener compañerismo con Dios no son fáciles; son severas”. Por ejemplo, es necesaria una verdadera separación del mundo. No podemos marchar nosotros al son de dos melodías – la melodía del mundo y la melodía del evangelio. Y las melodías del mundo son muy seductoras. No podemos ir con Cristo y, al mismo tiempo, ir con todas las demás cosas que cargamos o traemos del mundo.

La exigencia del Señor Jesús trae una gran perturbación al corazón, trae un momento de ‘impasse’ muy fuerte. Puede haber un momento en que no entendemos nada qué está pasando. Aparentemente, lo he hecho todo bien; aparentemente, todo está normal. Pero por dentro hay un verdadero temporal; en el corazón, hay un terremoto. El día se nubló. “¿Qué pasa, Señor?”.

Puede pasar algún tiempo, algunos días, semanas, a veces, meses. Puede ser que no entendamos qué pasa, hasta que de pronto el Señor nos empieza a dar luz acerca de cuantas cosas tienen que ser removidas en nosotros. Y el Señor nos dice: “Si quieres caminar conmigo, tienes que hacerlo a mi manera, bajo mis principios, según mis normas; porque yo soy santo”.
“Señor, pero, a ver, ¿en qué punto exactamente está mi problema?”. Y el Señor parece que guarda silencio, no nos aclara de inmediato cuál es el punto. Y pasan otros días de desconcierto, de dolor, de angustia. Y de repente, el Señor muestra una pequeña cosita, y después otra cosa. Cómo quisiéramos entonces que el tiempo transcurriera rápido, y que el Señor nos dijera de una vez todo lo que quiere decirnos, todo aquello en que le estamos ofendiendo, todo aquello en que su santidad no es satisfecha en nosotros. Pero a veces suele pasar un doloroso tiempo de espera.

¿Cómo nos hace partícipes él de su santidad? La santidad es dolorosa. Veamos 1ª Juan 1:9: “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad”. Por mucho tiempo este versículo no lo había entendido con mayor profundidad, porque me parecía que “perdonar nuestros pecados” y “limpiarnos de toda maldad” eran cosas sinónimas. Pecado y maldad, perdonar o limpiar, era como lo mismo. En la traducción que nosotros usamos no está muy claro el sentido original, pero en otras traducciones está mejor. Como ésta: “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y purificarnos de toda iniquidad”. La Biblia de Jerusalén dice: “…y purificarnos de toda injusticia”.

Entonces, aquí está más clara la diferencia; son dos trabajos distintos que hace el Señor. Por un lado, si nosotros confesamos nuestros pecados, él perdona nuestros pecados en virtud de la sangre de nuestro Señor Jesús. Esa es una cosa. Pero lo otro es purificarnos de toda iniquidad. La purificación tiene que ver con la depuración; nos trae a la mente un horno con un metal -el oro, por ejemplo- que es sometido a altas temperaturas para ser depurado, limpiado. Porque nosotros, de acuerdo a la primera parte de este versículo, podemos ser perdonados de nuestros pecados, pero seguir pecando otra vez, y otra vez, y otra vez.

Pero si el Señor nos purifica de nuestra iniquidad, es otra cosa diferente, es un trabajo distinto. Y ese trabajo de la purificación de la iniquidad no es un asunto de decirlo: “Ya, te purifico de la iniquidad”. Cuando alguien perdona a otro, dice simplemente: “Te perdono”. La palabra es suficiente. Pero la purificación implica un proceso. Cuando somos perdonados, estamos felices, porque nuestro pecado es perdonado. ¡Gracias, Señor, quedamos libres! Pero cuando somos purificados, eso trae dolor, trae angustia, sufrimientos. Cuando somos perdonados, no somos cambiados. Pero la purificación trae una transformación.

Para perdonar, basta una palabra; para purificar, se necesita el fuego de la aflicción. Por eso, David decía: “Purifícame, y seré limpio”. Pero no es asunto de este pecado que tenía que ser perdonado, cuando él pecó contra Dios en lo referente a Betsabé. Lo que David necesitaba no sólo era el perdón; era una transformación, para no volver a hacerlo.

En Zacarías 13:9, hay una palabra profética que tiene que ver con esto. Dice: “Y los meteré en el fuego, y los fundiré como se funde la plata, y los probaré como se prueba el oro”. Probar el oro, purificar el oro, someterlo a las temperaturas más altas, para que salga toda la impureza.

Amados hermanos y hermanas, pudiera ser que nosotros hemos sido perdonados de nuestros pecados una y otra vez. Pero ese perdón de nuestros pecados nos puede hasta convertir en un poco insensibles al pecado. Total, la sangre está disponible, hay perdón en la sangre del Señor. Pero, ¡cuidado!, que también con eso, junto con eso, llegará un momento en que el Señor nos purificará de nuestra iniquidad, y eso es doloroso. ¿Para qué? “…para que participemos de su santidad”.

Dios utiliza al diablo para tratar con nosotros

Hay también otro motivo de dolor, de aflicción para los cristianos, y tiene que ver con el diablo. Fíjense que, al menos en tres partes, la Escritura es muy explícita al decir que Dios utiliza al diablo para tratar con nosotros. Es como que Dios autoriza al diablo para tratar con nosotros. Claro, nosotros, como creyentes, sostenemos – y es la verdad – una verdad fundamental para nosotros, creemos que el Señor Jesús venció al diablo, que es un enemigo derrotado.

Pero, cuando Dios utiliza al diablo para herirnos, para tratarnos, entonces pareciera ser que el diablo tiene mucho poder, y que aunque nosotros pidamos socorro al Señor, el Señor no nos socorre, parece que todo se confunde: la proclamación no tiene fuerza, el nombre del Señor parece que no tiene poder. El enemigo viene, y con fuerza. ¿Cómo se entiende eso?

¿Se acuerdan en el primer capítulo de Job? Miren lo que dice. Aquí Satanás habla con Dios, y le dice: “¿Acaso teme Job a Dios de balde?”. En el versículo 9. “¿No le has cercado alrededor a él y a su casa y a todo lo que tiene? Al trabajo de sus manos has dado bendición; por tanto, sus bienes han aumentado sobre la tierra. Pero extiende ahora tu mano y toca todo lo que tiene, y verás si no blasfema contra ti en tu misma presencia. Dijo Jehová a Satanás: He aquí, todo lo que tiene está en tu mano…”. Aquí Dios autoriza al diablo para que toque todo lo que Job tenía. Y de pronto, de un día para otro, Job pierde no sólo sus bienes, sus animales, sino sus hijos.

El Señor Jesús, en Lucas 22:31-32 dice: “Dijo también el Señor: Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo; pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte”. Satanás pidió a Pedro para zarandearlo y, ¿cuál fue la respuesta del Señor a Satanás? ¿Sí o no? ¡Sí! “Sí, te autorizo”. Dice: “Yo he rogado por ti, que tu fe no falte”. O sea, el Señor no dice: “Yo he rogado por ti para que no seas zarandeado”. ¿Verdad que no dice así? Dice: “…para que tu fe no falte”. Para que, en medio del zarandeo, tu fe no falte.

Ahora, hay un tercer caso en 2ª Corintios 12:7-9. Dice: “Y para que la grandeza de las revelaciones no me exaltase desmedidamente, me fue dado un aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás que me abofetee, para que no me enaltezca sobremanera; respecto a lo cual tres veces he rogado al Señor, que lo quite de mí. Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo”.

¿Qué pasó aquí? Dios permitió que, de parte de Satanás, hubiera alguien -un demonio, seguramente, o alguna cosa – que abofetee a Pablo. Fíjense lo que significa abofetear a un siervo de Dios. Y Pablo dice: “Por favor, quita al que me abofetea”. Y el Señor dice: “No”. Aquí está de nuevo Satanás, siendo usado por Dios para tratar con sus siervos.

Ahora, intentemos por un minuto, saber por qué razón Dios permitió que Job fuera tocado; por qué era necesario que Pedro fuera zarandeado, y por qué era necesario que Pablo fuera abofeteado.

Si miramos a los dos primeros, a Job y a Pedro, vemos que se parecen en varias cosas. Primero, ambos sobresalían entre sus iguales. Segundo, ambos tenían ascendiente sobre los demás; es decir, eran personas que estaban ubicadas en un sitial como de liderazgo. Job era una persona respetada en su tiempo, todos los hombres de su época lo admiraban. Pedro, entre los discípulos, era el más prominente. Tercero, ambos tenían un gran concepto de sí mismos. Cuando Job hace uno de sus discursos por ahí, en uno de los capítulos de su libro, habla maravillas de sí mismo. Y Pedro, cuando dice: “Aunque todos se escandalicen de ti, yo no me escandalizaré de ti; todos podrán hacerlo, pero yo, no”. Tenían un alto concepto de sí.

Yo me imagino al Señor viendo a Job, viendo a Pedro; escuchando a Job, escuchando a Pedro, hasta que llega el día en que dice: “Yo a estos dos no los soporto más. ¡Son tan petulantes, son tan presumidos! Ellos no se conocen a sí mismos. Voy a permitir que el diablo los toque, para que quede en evidencia lo que ellos verdaderamente son”.

Y entonces, después de todo lo que pasa con Job – que llegó a estar enfermo de una forma horrible, que aun su esposa lo menospreció y le habló duramente – Job llega a humillarse hasta el polvo, hasta las cenizas, y dice: “Señor, yo no te conocía, mas ahora mis ojos te ven. Yo pongo la mano en mi boca para no hablar más necedades. Pongo la mano en mi boca para no hablar delante de ti. Soy un necio”.

Y Pedro. ¿Se imaginan esos tres días, mientras el Señor estuvo en la tumba? ¡Cuántas cosas Pedro habrá pensado! ¡Cuántas cosas se habrá lamentado! Por eso, Pedro, después, cuando viene de vuelta, el Señor le dice: “Tú, Pedro, ¿me amas?”. Y Pedro le dice: “Sí, Señor, yo, yo te aprecio”. “Pedro, ¿me amas”. “Señor, yo te estimo”. “Pedro, ¿me amas?”. “Ah, Señor, tú sabes todas las cosas, tú sabes que yo te estimo”. Nunca Pedro se atreve a decirle ahí: “Yo te amo”.

En esta versión que nosotros usamos, la Reina-Valera dice: “Yo te amo”. Pero en el griego no es la misma palabra; es otra palabra menor, como cuando nosotros decimos: “Yo te estimo, yo te aprecio”. Pedro no se atreve ni siquiera a decirle: “Señor, yo te amo”, porque recién lo había negado.

Después del zarandeo, Pedro fue otra persona. Entonces, claro, Dios es todopoderoso. El diablo es poderoso; pero el Señor es todopoderoso. Y el diablo, a veces, sin darse cuenta, pero sin poder evitarlo, sirve a los propósitos de Dios, para nuestro bien. Claro, cuando Dios le permite al diablo que zarandee a Pedro, Satanás se va con todo, no sólo para zarandearlo, sino para destruirlo. Porque el diablo quiere destruir. Sin embargo, allí está el límite que Dios le pone.

Dios siempre le pone un límite al diablo cuando trata con nosotros. Por eso, respecto a Job, le dice: “Toca todo lo que él tiene, pero a él no lo toques”. Y después, cuando se trata de Pedro, el Señor dice: “Yo he rogado por ti, para que tu fe no falte”. Es decir, junto con Dios permitir aquello, él mismo le pone límite, para que no lo destruya, porque si no, nos destruiría. Pero, ¡bendito sea Dios!, él tiene todo poder.

Y aun estas experiencias dolorosas de las cuales estamos hablando son permitidas por el amor de Dios. Todo lo que Dios hace con nosotros, lo hace por amor. Él nos conoce tan bien, él sabe que no hay otra forma para ser purificados, a no ser el fuego de la aflicción, el fuego de la angustia.

Hermanos, en estos días hemos sabido de muchos hermanos y hermanas que están pasando por aflicciones, por pruebas, por tribulaciones. Estamos aquí intentando encontrar algunas causas, algunas razones de por qué sufren los cristianos.

Hemos hablado de que nosotros tenemos que ser hechos santos, transformados en personas santas, y hemos dicho que, para eso, no sólo nuestros pecados tienen perdonados, sino que nosotros tenemos que ser purificados de toda iniquidad. Estamos diciendo aquí que a veces Dios permite que Satanás nos toque. Todas estas cosas pueden suceder.

En el caso de Pablo, él fue abofeteado. Claro, Pablo había recibido tantas bendiciones espirituales, que él podría considerarse un ’súper cristiano’. “¿Quién ha estado en el tercer cielo? ¿Quién tiene la revelación que yo tengo”, podría decir Pablo. Y podría decirle a un hermano pequeño: “Y tú, ¿quién eres para que me hables a mí así?”.

Entonces, Dios le envía a alguien que lo abofetee. Y una bofetada, ustedes saben, no sólo es dolorosa; sino, más que eso, es vergonzosa. Cuando una persona es abofeteada, yo creo que lo que más le duele es la vergüenza de haber sido abofeteada. ¡Y Pablo era abofeteado! Pero él había aprendido a caminar con ese aguijón, de tal manera que dice: “Me glorío en las dificultades, me glorío en las angustias, me glorío en los golpes que recibo; porque cuando soy débil, cuando soy humillado, cuando soy avergonzado, entonces soy fuerte”.

Ahora, aquí hay un asunto importante que tenemos que decir. Hay una parte de la Escritura en que nos dice que nos humillemos bajo la poderosa mano de Dios, que él nos exaltará cuando fuere tiempo. Y dice también que nosotros debemos resistir al diablo.

Aquí hay algo que tenemos que aclarar. Cuando estamos pasando por este tipo de aflicciones, por este zarandeo, cuando sentimos que el enemigo nos hostiliza, nos rodea por todas partes, ¿nos dejaremos llevar para que haga todo lo que quiera con nosotros? ¡No! Nosotros tenemos que, de acuerdo a esta Palabra, someternos, humillarnos bajo la poderosa mano de Dios, y luego, cuando eso ocurra, recibiremos la gracia, la fuerza para resistir al diablo. Aceptamos lo que viene de Dios, en humillación, en sometimiento; pero tenemos que estar atentos para que el diablo no se aproveche de nuestra debilidad.

Someternos a Dios – ahí está la clave. Si nos sometemos a Dios, nos humillamos bajo la poderosa mano de Dios, diciéndole: “Señor, tú eres justo, tú eres santo. Este dolor que me ha venido, esta aflicción que estoy sufriendo, la merecía, Señor. Veo que es necesaria para mí. Veo que este horno de aflicción era preciso que lo viviera. Señor, yo me humillo delante de ti; no tengo quejas, Señor, no tengo reclamos”. Eso es humillarse bajo la poderosa mano de Dios. Y estar ahí, en silencio, esperando con paciencia, hasta que la tempestad amaine, hasta que el Sol de justicia se levante.

Escandalizarse del Señor

Aquí hay, entonces, algunas explicaciones al dolor, al sufrimiento. Pero, para terminar, quisiera referirme a otra clase de sufrimiento, que no tiene una muy clara explicación. Veamos Mateo 11:2-6:

“Y al oír Juan, en la cárcel, los hechos de Cristo, le envió dos de sus discípulos, para preguntarle: ¿Eres tú aquel que había de venir, o esperaremos a otro? Respondiendo Jesús, les dijo: Id, y haced saber a Juan las cosas que oís y veis. Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados, y a los pobres es anunciado el evangelio; y bienaventurado es el que no halle tropiezo en mí”.

Juan está en la cárcel. Y vemos a Juan aquí, que, por primera vez en su ministerio tan fiel, tan exitoso, él tuvo una duda. Fíjense qué cosa extraña: la duda no la tuvo Juan al comienzo de su ministerio, sino al final. He aquí una debilidad de Juan. Y le envía a preguntar al Señor: “¿Eres tú aquel que había de venir?”. Y Juan se olvida que él mismo había dicho: “Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”.

Tan grande es su turbación; tan grande es la tempestad que se le vino encima a Juan, que él llega a dudar que ese Jesús sea el Cristo. ¿Quién puede entenderlo? Entonces, ¿qué es lo que hace el Señor para darle la respuesta a Juan? Sana a los ciegos, a los cojos los hace andar; hace un montón de milagros allí, en presencia de los mensajeros de Juan, y les dice: “Vayan a Juan y díganle, cuéntenle. Y díganle. “Bienaventurado es el que no halle tropiezo en mí”. ¡Extrañas palabras!

Juan está en la cárcel. Él ha predicado que Jesús vendría con poder, para limpiar su era, para guardar el trigo en el granero y para quemar la paja. Él ha predicado que Jesús vendrá como libertador, lleno de juicio. Y aquí ve a Jesús sanando enfermos, ¡y él, Juan, su siervo fiel, está en la cárcel! Jesús no lo va a ver, Jesús no lo va a consolar. Juan podía decir: “Jesús liberta a los cautivos… y a mí no me liberta”.

Este es un punto que también puede sucedernos a nosotros. En algún momento de nuestra vida nos sentimos como encarcelados. “El Señor hace milagros por doquier, pero a mí no me mira, ni me escucha, ni se acuerda de mí. Estoy en la cárcel”. ¿Cómo explicamos eso?

Las palabras del Señor a Juan –“Bienaventurado es el que no halle tropiezo en mí”– significan esto: “Bienaventurado es el que no se ofende conmigo, el que no se enoja conmigo, el que no tropieza en mí”.

Hay momentos en la vida de un cristiano en que las oraciones parecen no ser respondidas. Y eso produce cansancio, produce desesperanza, desaliento. Y entonces, aun en el corazón de un fiel cristiano, pudiera levantarse una queja contra el Señor. “Todos los demás reciben bendición; yo no. ¿Qué te pasa conmigo, Señor? ¿Por qué me tratas así? ¿No eres compasivo, no eres tierno, no eres misericordioso? ¿No levantas tú al caído? ¿Y yo, Señor?”.

Dice el Señor: “Bienaventurado es el que no halle tropiezo en mí”, dando a entender con eso que no son muchos, no son todos, los bienaventurados. Es decir, da a entender que hay mucha gente que tropieza en Cristo, que se escandaliza de él, que se vuelve atrás y no quiere seguirlo más. Porque él es muy exigente; porque a veces, cuando pedimos una cosa, el Señor nos da otra. Le pedimos paz, y parece que nos da aflicción; le pedimos paciencia, y vienen problemas. Queremos acercarnos a Dios -¿le ha pasado a usted?- y comienza una multitud de problemas, como si él no nos escuchara, como si él no quisiera que le sirviéramos.

Muchas victorias se obtienen lenta y dolorosamente. ¿Por qué, si él tiene todo poder? El podría hacer así, y este vicio que yo tengo podría ser quitado… Sin embargo, ¡es tan lentamente la forma en que yo obtengo la victoria y con tanta dificultad! Las respuestas de Dios son lentas, a veces demasiado lentas.

Y los silencios de Dios… Usted ha orado por la conversión de sus seres queridos, de algún hijo, de algún nieto. Pero ahí él está, duro, como siempre – o peor que nunca. El Señor guarda silencio. ¿Nos escandalizaremos con él? Diremos: “Señor, por favor, ¿hasta cuándo? ¿Eres o no Dios poderoso? ¿Tienes poder o no para libertar?”. Y el Señor guarda silencio. Usted oró, buscando alivio de alguna angustia, y no hay alivio. Parece que la carga es más pesada que antes. Entonces, en esas condiciones, ser leal a Cristo, es cansador, fatigoso.

Algo parecido ocurrió con las hermanas de Lázaro. El Señor estuvo varios días lejos, y Lázaro enfermo. Y Lázaro muere, y él llega después. “Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no habría muerto”. El Señor parecía que estaba distraído. “Está ocupado en tantas cosas; a mí no me ve, no me escucha. Parece que tienes algunos ‘regalones’, y yo no soy regalón de él”.

Cuando nosotros oramos, a veces el Señor dice “Sí”, y a veces dice “No”. A veces no dice nada. Pero, sobre todo lo que estamos diciendo, por encima de todo lo que estamos diciendo, él nos ama, y su amor por nosotros es doloroso también. Porque el que ama, sufre. “El amor es sufrido”. Él sufre por nosotros, con nosotros. Porque él nos ve sufrir, y él sufre, pero él sabe que no hay alternativa para nuestro sufrimiento.

Él dice: “Hijo, yo no puedo evitarte el sufrimiento, porque es a través de este sufrimiento que tu oración va a ser contestada”. Porque nosotros habíamos orado: “Señor, quiero convertirme a ti de todo corazón, quiero servirte de todo corazón, quiero amarte de todo corazón. Transfórmame a tu imagen”. Y cuando el Señor empieza a contestar la oración, lo hace a través de esto, a través de estas aflicciones. Porque esa es la manera como somos transformados. Esa es la manera, ese es el “Sí” de él muchas veces.

A veces, una oración no respondida es la mayor bendición para nosotros. La razón de sus “No” es enriquecernos, y no empobrecernos; la razón de su silencio es transformarnos, y no destruirnos. Sus propósitos son más altos; no los alcanzamos a ver. Las respuestas del Señor son más grandes que nuestras peticiones. Austin-Sparks dice: “Las palabras del Señor son como plata; pero sus silencios son como oro”.

Si usted nunca ha pasado esta clase de aflicción, no va a entender de qué estoy hablando, y puede parecer que este mensaje no tiene mucho sentido. Pero si usted ha vivido algo de esto, sabrá de qué estamos hablando. Sus silencios no tienen una explicación, muchas veces. Pero el Señor nos dice: “Bienaventurado eres si no te ofendes conmigo”.

¿Estamos ofendidos con él, porque él no nos ha respondido, porque él no nos ha socorrido a tiempo? ¿Estamos ofendidos con él? ¿Estamos como con un resquemor en el corazón, como con un desánimo? Decir: “No, no sigo más, no puedo más. La vida del mundo es tan fácil, es tan placentera. O, incluso, hay mismos cristianos que parece que nunca viven lo que yo estoy viviendo. No me comprometo más, no me consagro más… ¡Puros problemas!”.

Si nosotros tenemos esa actitud, significa que estamos ofendidos con él, significa que estamos tropezando en él, que nos estamos escandalizando en él. Y él le dijo a Juan: “Bienaventurado es el que no halle tropiezo en mí”. Es como si el Señor nos dijera: “Mira, yo soy el Señor; yo sé lo que tengo que hacer. No me pidas explicaciones”.

Oh, a veces podemos decir: “Jesucristo es el Señor”. Fácilmente decirlo. Pero, ¿sabe lo que significa decir eso? Significa decir que él tiene toda la autoridad en nosotros para hacer y para no hacer. Decir: “Tú eres santo, santo, santo”, puede costarnos un gran precio en algún momento dado. Porque él no permitirá para siempre que nosotros le digamos eso a él, y que no seamos santos en toda nuestra manera de vivir. ¡El Señor tenga misericordia de nosotros!

Les leo un pensamiento de David Wilkerson para terminar. Dice: “La parte más difícil de la fe es la última media hora, justo antes de cuando Dios te va a responder. Cuando estamos a punto de renunciar, o de escandalizarnos, Dios comienza a actuar”. Amén.

Escrito por: Eliseo Apablaza

Fuente: http://www.aguasvivas.cl/centenario/sufren.htm

Posteado por: Manuel Carvajal | 4 Noviembre 2009

Jesucristo llama a Mateo

Acá estamos continuando con los temas basados en el libro del Dr. John MacArthur, según su tesis, nuestro Señor Jesucristo expuso el evangelio de la gracia de una manera clara cuando conversó con diferentes personas que los Evangelios nos registran, ya hemos mencionado a Nicodemo y a la mujer samaritana, en esta oportunidad analizaremos a Mateo, el evangelista. Nuevamente continuaremos con la misma rutina, examinando lo que el Dr. MacArthur nos dice en su libro, El Evangelio según Jesús, y luego daremos un vistazo a las Escrituras.

En Mateo 9, Jesús le dijo a Mateo, un recaudador de impuestos, “sígueme” (Mateo 9:9). Luego, Jesús comió en la casa de Mateo (Mateo 9:10). Cuando los fariseos se quejaron de que Jesús estaba comiendo con “publicanos y pecadores”, Jesús respondió que no había venido a llamar a Justos, sino a pecadores al arrepentimiento (Mateo 9:10-13). MacArthur denomina esto “la conversión de Mateo”. Señala que Lucas agrega: “dejándolo todo” (Lucas 5:28). Luego dice; el (es decir, Mateo) pagó un gran precio; quizá un precio más elevado que cualquiera de los otros discípulos” (p.61,62). “sabía para que se estaba comprometiendo. Había considerado el costo, y estaba preparado para obedecer” (p.63)

¿Registra Mateo 9 la conversión de Mateo o su llamado al discipulado? ¿dejó él todo con el fin de que sus pecados le fueran perdonados o para convertirse en un discípulo y siervo de Cristo?. Anteriormente, en el evangelio de Mateo, la invitación de Pedro y Andrés de “sígueme” (Mateo 4:19) no fue un llamado a la conversión, sino al discipulado. ¡No hay manera de que la invitación de Mateo 4 pudiese ser la conversión de ellos porque ya eran convertidos! En Juan 1, que cronológicamente sucedió antes de Mateo 4, ellos descubrieron quién era Jesús (ver Juan 1:40-42). Juan dice específicamente que creyeron  (Juan 2:11). Fue después de su fe en Cristo que Él los invitó diciendo “síganme”. Mateo 9 no es el llamado de Mateo para la salvación, sino su llamado para el discipulado.

Además de la declaración de Jesús de que no había venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento, no se halla un comentario en cuanto a la conversión de Mateo, sino más bien una observación diferente a la crítica de los fariseos de que estaba comiendo con “publicanos y pecadores” (Mateo 9:11). Mateo 9 no es la enseñanza de que Mateo “pagó un gran precio… calculó el costo y estuvo preparado para obedecer  de manera que se le perdonase los pecados. Está enseñando que hizo todo eso para seguir a Cristo. Recuerda, tal como MacArthur mismo lo señaló en el capítulo 3, el agua viva es “gratuita” (p. 58). Si Jesús pagó el precio, entonces Mateo no tenía que hacerlo. Si Mateo pagó el precio, ¿por qué tuvo que pagarlo Jesús? Si Jesús pagó el precio, y Mateo tuvo que pagarlo también, entonces, la salvación se pagó dos veces. ¡La verdad es que la salvación era demasiado costosa para que Mateo la pudiese pagar de alguna manera!

Posteado por: Manuel Carvajal | 1 Noviembre 2009

El Ciego frente al Señor Jesucristo

El ciego frente al Señor Jesucristo

MacArthur acusa que “aquellos que argumentan contra el señorío para salvación tienen una tendencia a ver al fe como un mero consentimiento intelectual hacia una serio de hechos bíblicos. Para ellos el evangelio es, al fin y al cabo, una cuestión académica, una lista de información histórica y doctrinal básicas en cuanto a la muerte, sepultura y resurrección de Cristo. El creer en esos hechos constituye la fe salvadora” (p.67). Luego argumenta que, no fue una lección de teología la que trajo como consecuencia la transformación de del ciego en Juan 9, sino un milagro de la gracia de Dios (p.69). El ciego no obtuvo la vista porque fue expuesto a la luz, ya que como lo expone correctamente Juan, “la ceguera no es afectada por la cantidad de luz. Un ciego a la luz del día es de la misma manera ciego en la oscuridad. Toda la luz del mundo no puede hacer que los ojos del ciego vean. La única cosa que puede curar la ceguera física es la cirugía o un milagro” (p.73)

MacArthur también extrae de esta historia el hecho de que si la salvación “es verdaderamente al obra de Dios, no puede tener defecto. No puede dejar de tener efecto en el comportamiento del individuo. No puede existir sin que sus deseos cambien o su conducta se altere. No puede traer como resultado una vida infructuosa. Es la obra de Dios, y continuará con firmeza desde su inicio hasta la perfección final (filipenses 1:16)” (p.74).

MacArthur claramente acusa a los que rechazan el señorío para salvación de enseñar que la salvación es simplemente otorgar asentamiento intelectual a los hechos bíblicos. Previamente en el libro, dirige esa acusación hacia mi (pp.88,45), y en este capítulo, acusa de la misma cosa al Dr. Tom Constable miembro del cuerpo facultativo del seminario de Dallar. Cita el artículo de Constable titulado “el mensaje del evangelio” en Walvoord: un tributo, y deja la impresión de que Constable cree que todo lo que se necesita para que una persona sea salva es creer hechos. Ni yo (Miguel Cocoris), ni Tom Constable creemos que todo lo que tiene que hacer una persona para ser salva es creer hechos. En la bibliografía de El Evangelio según Jesús, John incluye el libro que yo escribí sobre evangelismo titulado Evangelismo: un enfoque Bíblico. En ese libro tengo un capítulo titulado “Qué es la Fe”, en el cual expongo muy claramente que la fe es más que un consentimiento mental. Es confianza en la Persona de Jesucristo (ver pp 73-77). En su libro el Evangelio según Jesús nunca hace referencia a eso en ninguna parte, ni al libro sobre evangelismo. En el capítulo de Constable que cita MacArthur, para definir la fe Constable cita a Chafer. Su definición es “creer es lo opuesto a hacer algo: es confiar en otro a cambio” (página 205). A lo largo del artículo, Contable constantemente se refiere a creer como confiar. Dice cosas tales como “no hay otra cosa que el hombre deba hacer, sino confiar en la obra de Cristo, como suficiente para su salvación (p.204)…Una persona se convierte en creyente cuando transfiere su confianza sacándola de cualquier otra cosa en la cual haya estado confiando para salvación, y la coloca en Jesucristo y en lo que él hizo sobre la Cruz. Esta es una acción que abarca al hombre todo: intelecto, emociones y voluntad” (p.206). MacArthur simplemente ha malinterpretado a aquellos a quienes los puntos de vista que está buscando desacreditar.

¿Qué sucede con la manera en que MacArthur considera Juan 9? Es correcto cuando dice que “la visión espiritual depende de la iniciativa de Dios y del poder de Dios, ofrecidos por la gracia divina y soberana” (p.73). También es acertado cuando señala que “el enseñarle teología a un pagano no lo llevará a tener fe en Cristo” (p. 74). La cuestión es: ¿Qué hizo el ciego para ser salvo?, y no qué se le requirió para que fuese sanado? El texto indica que todo lo que él hizo fue creer que Jesús era el Hijo de Dios (ver Juan 9:35-38). La palabra traducida “creer2 quiere decir “confiar”.

MacArthur señala que, tan pronto como creyó, el ciego adoró, y llega a la conclusión de que esta historia está enseñando que la salvación es una obra sobrenatural de Dios que no puede ser defectuosa (p.74). “Hace una diferencia en la vida de aquella persona cuyos ojos le han sido abiertos” (p.76). ¿Se basa esto en el hecho de que el ciego adoró una vez después de la fe? No hay duda de que este hombre por lo menos adoró en una oportunidad después de haber creído (Juan 9:38). ¿Significa esto que todos los que venían a Cristo le adoraban inmediatamente? MacArthur no quería convertir en norma la historia de la mujer junto al pozo, pero insiste es que esta sí lo es. ¿Qué lógica aplica?

Escrito por: Miguel Cocoris

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