Comentario de Job por el Dr. J. Vernon McGee

Compartimos los estudios del Dr. J. Vernon  y de su ministerio: “A través de la Biblia”, en esta ocasión las notas y comentarios del libro de Job.

También puedes ir a este link y tener otros estudios de este mismo autor.

Estos estudios están disponibles en Obrero Fiel, el audio de acá está ligado con esa página. Lo puedes oír desde acá mismo.

La descarga de los archivos lo puedes hacer más abajo en el link que disponemos para este fin.

Capítulo 1 - ESCUCHAR COMENTARIO DE 1:1-5…..1:6-2:3

Capítulo 2 - ESCUCHAR COMENTARIO DE 1:6-2:3…..2:4-3:12

Capítulo 3 - ESCUCHAR COMENTARIO DE 2:4-3:12…..3:13-26

Capítulo 4 - ESCUCHAR COMENTARIO DE 4:1-5:7

Capítulo 5 - ESCUCHAR COMENTARIO DE 4:1-5:7…..5:7-6:15

Capítulo 6 - ESCUCHAR COMENTARIO DE 5:7-6:15…..6:15-8:22

Capítulo 7 - ESCUCHAR COMENTARIO DE 6:15-8:22

Capítulo 8 - ESCUCHAR COMENTARIO DE 6:15-8:22

Capítulo 9 - ESCUCHAR COMENTARIO DE 9:1-10:22

Capítulo 10 - ESCUCHAR COMENTARIO DE 9:1-10:22

Capítulo 11 - ESCUCHAR COMENTARIO DE 11:1-13:4

Capítulo 12 - ESCUCHAR COMENTARIO DE 11:1-13:4

Capítulo 13 - ESCUCHAR COMENTARIO DE 11:1-13:4…..13:5-15:35

Capítulo 14 - ESCUCHAR COMENTARIO DE 13:5-15:35

Capítulo 15 - ESCUCHAR COMENTARIO DE 13:5-15:35

Capítulo 16 - ESCUCHAR COMENTARIO DE 16:1-18:2

Capítulo 17 - ESCUCHAR COMENTARIO DE 16:1-18:2

Capítulo 18 - ESCUCHAR COMENTARIO DE 16:1-18:2…..18:1-20:3

Capítulo 19 - ESCUCHAR COMENTARIO DE 18:1-20:3

Capítulo 20 - ESCUCHAR COMENTARIO DE 18:1-20:3…..20:4-22:2

Capítulo 21 - ESCUCHAR COMENTARIO DE 20:4-22:2…..21:1-23:17

Capítulo 22 - ESCUCHAR COMENTARIO DE 20:4-22:2…..21:1-23:17

Capítulo 23 - ESCUCHAR COMENTARIO DE 21:1-23:17

Capítulo 24 - ESCUCHAR COMENTARIO DE 24:1-26:7

Capítulo 25 - ESCUCHAR COMENTARIO DE 24:1-26:7

Capítulo 26 - ESCUCHAR COMENTARIO DE 24:1-26:7…..26:7-28:28

Capítulo 27 - ESCUCHAR COMENTARIO DE 26:7-28:28

Capítulo 28 - ESCUCHAR COMENTARIO DE 26:7-28:28

Capítulo 29 - ESCUCHAR COMENTARIO DE 29:1-30:31

Capítulo 30 - ESCUCHAR COMENTARIO DE 29:1-30:31

Capítulo 31 - ESCUCHAR COMENTARIO DE 31:1-32:3

Capítulo 32 - ESCUCHAR COMENTARIO DE 31:1-32:3…..32:4-33:30

Capítulo 33 - ESCUCHAR COMENTARIO DE 32:4-33:30…..33:1-33:33

Capítulo 34 - ESCUCHAR COMENTARIO DE 34:1-35:37

Capítulo 35 - ESCUCHAR COMENTARIO DE 34:1-35:37

Capítulo 36 - ESCUCHAR COMENTARIO DE 36:1-38:7

Capítulo 37 - ESCUCHAR COMENTARIO DE 36:1-38:7

Capítulo 38 - ESCUCHAR COMENTARIO DE 36:1-38:7…..38:8-42:17

Capítulo 39 - ESCUCHAR COMENTARIO DE 38:8-42:17

Capítulo 40 - ESCUCHAR COMENTARIO DE 38:8-42:17

Capítulo 41 - ESCUCHAR COMENTARIO DE 38:8-42:17

Capítulo 42 - ESCUCHAR COMENTARIO DE 38:8-42:17

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Comentario de Ester por el Dr. J. Vernon McGee

Compartimos los estudios del Dr. J. Vernon  y de su ministerio: “A través de la Biblia”, en esta ocasión las notas y comentarios del libro de Ester.

También puedes ir a este link y tener otros estudios de este mismo autor.

Estos estudios están disponibles en Obrero Fiel, el audio de acá está ligado con esa página. Lo puedes oír desde acá mismo.

La descarga de los archivos lo puedes hacer más abajo en el link que disponemos para este fin.

Capítulo 1 - ESCUCHAR COMENTARIO DE Introducción-1:1…..1:2-2:1

Capítulo 2 - ESCUCHAR COMENTARIO DE 1:2-2:1…..2:2-15…..2:16-3:6

Capítulo 3 - ESCUCHAR COMENTARIO DE 2:16-3:6…..3:7-4:2

Capítulo 4 - ESCUCHAR COMENTARIO DE 3:7-4:2…..4:3-5:4

Capítulo 5 - ESCUCHAR COMENTARIO DE 4:3-5:4…..5:5-6:9

Capítulo 6 - ESCUCHAR COMENTARIO DE 5:5-6:9…..6:7-7:10

Capítulo 7 - ESCUCHAR COMENTARIO DE 6:7-7:10

Capítulo 8 - ESCUCHAR COMENTARIO DE 8:1-17

Capítulo 9 - ESCUCHAR COMENTARIO DE 9:1-10:3

Capítulo 10 - ESCUCHAR COMENTARIO DE 9:1-10:3

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El Arrebatamiento por el Dr. Evis Luis Carballosa

Deseamos pasar a presentarles una exposición que hizo el Dr. Evis Luis Carballosa en Paraguay con respecto al tema del arrebatamiento de la iglesia. Esto ha sido compartido por FEMIPA.

El Dr, Evis Luis Carballosa es dispensacionalista, pre-milenial, pre-tribulacional.

 

Génesis en MP3 (La Biblia en Audio)

Queremos pasar a compartir el audio de la Biblia, en esta oportunidad es el libro del Génesis en la versión Reina Valera 1960 (RVR 60). Estos audios no están hospedados en este blog, sino que son un link de la web-site que los está compartiendo con todos nosotros.

También puedes hacer click en este link para seleccionar otro libro de la Biblia que ya tenemos disponible a través de este blog.

Libro del Génesis

Capítulos 1 al 5


Capítulos 11 al 15


Capítulos 21 al 25


Capítulos 31 al 35


Capítulos 41 al 45

Capítulos 6 al 10


Capítulos 16 al 20


Capítulos 26 al 30


Capítulos 36 al 40


Capítulos 46 al 50

Acá tiene todo el libro de Génesis en RVR60, puede ser descargado, solamente necesitas un software (programa) que te permita hacerlo. Acá puedes encontrar un link. Continuaremos ofreciendo el audio de las Sagradas Escrituras en próximas entregas. Agrademos al ministerio Family Radio Español por compartir estos link con nosotros.

El carácter del que hace discípulos

La Gran Comisión requiere de personas dedicadas. No depende de grandes programas, estrategias ni de buenas técnicas. Tampoco la idea está en tener la mejor tecnología, o la mejor infraestructura para el alcance de la misma; de lo único que necesita la Gran Comisión es de personas dedicadas, consagradas plenamente al Señor y dispuestas a realizar Su voluntad.

La forma más eficaz de alcanzar personas es a través de personas. Es precisamente en este punto cuando debemos de recordar que es lo que el Señor promete a aquellos que deciden comprometerse con este mandato, y es justamente la presencia de Jesucristo todos los días hasta el fin del mundo. Son las personas las que van a requerir de esa presencia, de hacer realidad esa promesa.

¿Cuál es la perspectiva qué debemos tener en todo esto? Simple y llanamente ser una persona que entiende lo que este proceso significa. Entender el costo y estar dispuesto a pagarlo.

La Gran Comisión es la formación de maestros. No debemos tener la idea que andamos en la búsqueda de simpatizantes, o adherentes a un movimiento, o simples seguidores; la Gran Comisión busca la formación de líderes, de maestros, para que estos puedan enseñar a otros.

Esto es algo que el escritor a los Hebreos esperaba de sus lectores, He. 5:11,12; ante una situación se esperaba que el trabajo que se hubiera hecho en ellos sería para que ya estuvieran enseñando a otros. Ese trabajo se había detenido porque ellos no habían sabido dar ese paso. Por eso afirmamos que la Gran Comisión es una labor de formación de maestros, no de niños fluctuantes. En la Gran Comisión debemos de buscar lo que apunta Pablo en 2 Ti. 2:2

“Adiestramiento para el discipulado es la obra espiritual de desarrollar  madurez en la vida de un cristiano y su reproducción en otro. Multiplicación es el adiestramiento para el discipulado de la tercera generación. Un multiplicador es un discípulo que está adiestrando a sus hijos espirituales para que se reproduzcan.”

El carácter del que hace discípulos

“Puesto que la clave para la transferencia de la vida consiste simplemente en pasar tiempo con el individuo y permitir que ocurra la demostración, la madurez de la persona que hace discípulos es extremadamente importante” Gary W. Kuhne

Pasaremos a considerar los pasajes de Tit. 1:5-9; I Ti. 3:1-7 y I Pe. 5:1-3

1.      Uno que hace discípulos tiene que ser irreprensible.

La idea es estar en las condiciones de no ser llamado a cuentas. El concepto de la palabra consiste en que la persona tiene un estilo de vida tal que no puede ser acusado de ningún cargo.

Esta característica está íntimamente relacionada con la impresión que mi vida causa en otros. La idea no es lograr ser absuelto si soy acusado de algo, sino, no estar nunca en la condición de acusado.

Un ejemplo es Timoteo en Hch. 16:2, era irreprensible ante los ojos de aquella comunidad, no hablamos de perfección, hablamos de reputación.

2.      Uno que hace discípulos tiene que ser devoto.

Cómo líderes debemos de ser fieles a nuestro cónyuge. Se exalta la lealtad, la pureza moral, la separación de los valores mundanos.

“Para algunos lectores es imposible aplicar literalmente este pasaje, por el hecho de no ser casados o de ser mujeres [sin embargo] la idea que desarrolla es la de entrega, la de ser devoto. El enfoque está en la cualidad de la relación, no solo en la singularidad de ella.” Gary W. Kuhne (Todas las citas de este autor son de su libro: “La Dinámica de Adiestrar Discípulos“)

“Los cristianos han de vivir por encima de las normas del mundo en el aspecto de la ética sexual. La madurez espiritual del cristiano es incompatible con la corriente del mundo en este aspecto de la vida.” Gene A. Getz (Todas las citas mencionadas de este autor son tomadas de su libro: “La Medida del Cristiano -Tito-”)

3.      El que se dedica a hacer discípulos tiene que ser respetado por su familia.

Igual al anterior, no es de aplicación universal, esto porque no todos están casados, ni tienen hijos. La idea no es la perfección en los niños, sino su tendencia hacia la fe en Cristo.

El problema que aquí se discute es un estilo de vida constante en que falta el respeto.

4.      El que hace discípulos no debe ser arrogante.

La idea acá es “ser dominado por el interés propio”, son los que soy ley a sí mismos. Siempre que puedan lograrán lo que quieran, los demás siempre están equivocados.

El requisito  lo que quiere decirnos es cuando se toma una postura arrogante y dogmática dónde no debe hacerse. Por ejemplo, es cuando una persona concluye que algo es cierto, por ende debe ser lo correcto y no cabe discusión alguna sobre el tema.

El apóstol Pedro los describe muy bien “[son] aquellos que, siguiendo la carne, andan en concupiscencia e inmundicia, y desprecian el señorío. Atrevidos y contumaces, no temen decir mal de las potestades superiores.”

Es claro que habrá momentos donde debemos ser rígidos, y otros dónde no serlo; para lograr discernir el sí o el no, habrá momentos que cometeremos errores. Estos errores nos darán un mayor beneficio si los afrontamos con la humildad debida, y no con una arrogancia absurda. Esto será de gran ejemplo para el discípulo que está aprendiendo.

5.      El que hace discípulos tiene que manejar la ira en forma correcta.

Significa: “ser inclinado a la ira”. La idea es de aquel que recurre prontamente a un espíritu desenfrenado para procurar dar solución a una situación.

Proverbios nos describe algunos casos:

  • Prv. 12:16 Aquel que es iracundo es calificado como necio.
  • Prv. 19:19 Aquel que recurre a la ira es capaz de llegar a mayores cosas y traer daños sobre otros.
  • Prv. 27:3, 4 Los tristes matices de la ira.
  • Prv. 29:11 El iracundo es esclavo a su propia debilidad.

6.      El que hace discípulos debe practicar la temperancia.

La idea de la palabra en griego no es solamente: “no dado al vino”, sino también, no ser controlado, esclavo de agentes externos; todo lo contrario, solamente del Espíritu Santo (Ef. 5:18). Esto es la temperancia.

El cristiano que está trabajando en su desarrollo espiritual no debe permitirse ser dominado por cualquier cosa que domine su cuerpo, nuble su pensamiento, o menoscabe su testimonio como cristiano. I Co. 6:12; 10:31

7.      El que hace discípulos no debe ser pendenciero.

La idea es que no debe ser una persona violenta, un golpeador. Es similar a no ser iracundo, sin embargo la palabra en el griego le da una dimensión diferente, no debe ser rencoroso.

Nos podemos volver pendencieros en temas interpersonales, doctrinales u otras esferas y lanzando contra estas personas agresiones físicas o verbales.

Por tal razón el mejor consejo es II Ti. 2:23-25

8.      El que hace discípulos no debe ser codicioso.

El enfoque particular de esta palabra griega está en las ganancias económicas o materiales. Se refiere a la idea de permitir que la vida sea dominada por el deseo del éxito en lo económico o material.

Esta actitud no sólo se refleja en la búsqueda de las ganancias económicas en el mundo secular, sino también en una preocupación no saludable con respecto a la economía de la iglesia. Es posible reemplazar la confianza en la continua provisión de Dios para nuestras necesidades por la tangible seguridad de una cuenta bancaria.

9.      El que hace discípulos debe ser hospedador.

El principio básico que respalda la práctica de la hospitalidad es el deseo de ayudar a las personas sin esperar alguna recompensa.

El principio consiste en estar dispuesto a ofrecer las cosas con las cuales Dios lo ha bendecido, pudiera ser la casa, el alimento, el dinero.

Es un reflejo parecido al amor de Cristo. Ro. 12:9-13; He. 13:1,2; I Pe. 4:8,9.

10.  El que hace discípulos debe ser amante de lo bueno.

Ser “amante de lo bueno” buscar lo bueno. Entonces la idea no es en estar dispuesto a hacer lo bueno, eso sería una actitud pasiva; la exhortación está para ser proactivo, es decir, buscar toda oportunidad para hacer lo bueno. Gá. 6:10; Ef. 2:10; Fil. 4:8.

El creyente maduro debe vencer con el bien el mal, Ro. 12:21.

11.  El que hace discípulos debe tener una mente sobria.

La palabra sobrio se utiliza, como adjetivo, para describir a una persona que domina sus facultades físicas, sicológica y espirituales.

El cristiano sobrio no está esclavo de los deseos carnales, ni de sus impulsos, ni de sus pasiones. La idea es que el discípulo debe ser dueño de sí mismo.

12.  El que hace discípulos ha de ser santo y justo.

Pablo no quería enseñar que los cristianos debemos de ser perfectos. Si somos honestos con nosotros mismos, aceptaremos que no estamos viviendo igual que Cristo en todos los aspectos de nuestra existencia.

Algunos creyentes ponen su confianza en una serie de reglas, o ritual religioso para medir su santidad, lo que se hace con esto es ignorar las cualidades internas, que son la clave para alcanzar la verdadera santidad.

La medida en que llevamos vidas santas depende de nuestra comunión con el Espíritu Santo y su plan para nuestra vida. El proceso para llegar a ser santos está íntimamente ligado con la forma que usamos nuestra mente. Ro. 12:1,2

Con respecto a: justo, en este contexto la idea es la persona que hace lo que es correcto o leal. Un buen ejemplo de la aplicación de esta palabra en este contexto es el caso de José, el esposo de María.

13.  El que hace discípulos tiene que tener dominio de sí mismo.

La idea es que sea dueño de sí mismo. Una idea más amplia aún es que el discípulo sea una persona disciplinada.

Debemos tener una vida disciplinada en todo nuestro ser integral, I Ts. 5:23.

El creyente debe tener control en su área física, sicológica y espiritual. Para todo esto debemos tener presente: Fil. 3:12-15; He. 12:1,2.

14.  El que hace discípulos debe de aferrarse a la Palabra.

“El hombre que fuera nombrado para ser anciano en Creta tenía que ser “retenedor de la palabra fiel”. No debía titubear en sus convicciones con respecto a la integridad de la misma, ni debía apartarse de su mensaje total.” Gene A. Getz.

Debo comprenderla, estar sometido a su verdad y autoridad; porque esto es algo que definitivamente debo de reproducir.

15.  El que hace discípulos ha de ser sano en la Palabra.

“Para tener una vida que sea digna de transferir, uno tiene que ser capaz de dar instrucción (o exhortar) con sana doctrina. Tiene que conocer la doctrina y ser capaz de comunicarla.” Gary W. Kuhne.

Debo saber conocer la doctrina bíblica para poder usarla personalmente,  aconsejar y corregir al discípulo.

16.  El que hace discípulos tiene que refutar el error.

Es aquel que asume la responsabilidad de refutar a los que se oponen a la sana doctrina. Hch. 20:28-31.

Sumando el concepto de “apto para enseñar” de I Ti. 3:2, la idea es la de tener la habilidad de instruir a otros de manera humilde, no arrogante, ni intimidadora, o a la defensiva; disponiéndose que en el ejercicio de su enseñanza puede también aprender. Este es el sentido de II Ti. 2:23ss.

Es un error pensar que “apto para enseñar” se refiere a la habilidad pedagógica de transmitir el conocimiento que se tiene.

17.  El que hace discípulos tiene que ser prudente.

La idea es la de una persona sensata, de buen juicio,  discreto, controlado, sensible.

Esta es la exhortación de Pablo a Tito para desarrollar esta virtud entre los líderes de Creta (Tit. 2:2-6), esta misma idea está presente en Ro. 12:3.

18.  El que hace discípulos tiene que saber manejar las cosas o sea gobernar.

La idea es que la persona debe ser un superintendente (RAE: persona a cuyo cargo está la dirección y cuidado de algo) de su casa.

El apóstol Pablo consideraba que una familia ordenada es la prueba verdadera de la madurez y habilidad de un hombre para dirigir a otros cristianos.

Esto implica que los hijos deben ser  razonablemente sumisos, respetuosos y obedientes; pero jamás se habla de una familia perfecta.

La atmósfera que Dios está exigiendo en el hogar es la que quiere que se reproduzca en la iglesia.

19.  El que hace discípulos no debe ser un nuevo convertido.

Todos estamos en la posibilidad de envanecernos y ser presa del orgullo, la diferencia con el neófito está en él está en condiciones más apropiadas para tener problemas con el orgullo, y no tener la suficiente madurez para discernir y así diagnosticarlo y atacarlo de manera oportuna. He. 5:14

La palabra envanecerse  nos la explica Gary W. Kuhne, en su libro: “La dinámica de adiestrar discípulos”:

“Inicialmente servía para describir lo que sucedía cuando una persona trataba de hacer fuego, y el humo subía y se metía en los ojos. La persona se alejaba de allí con lágrimas en los ojos. No estaba totalmente ciego. Todavía podía ver los objetos, pero no podía verlos como realmente eran. Todo era vago o borroso. […] El orgullo no lo ciega a uno totalmente, sino hasta el punto en que no ve las cosas como realmente son.”

20.  El que hace discípulos debe tener una buena imagen pública.

El concepto es simple, debe tener un buen testimonio de los de afuera.

Esto parece ser paradójico porque el mundo aborrecerá a todo discípulo genuino de Cristo (Jn. 17:14), si es así, ¿cómo podemos tenerlos como uno de los “termómetros” para elegir aquellos que desean trabajar en la vida de otros?

Eventualmente el mundo podría, o más bien, debería de odiarnos, pero lo que nunca deberían de hacer es desconfiar moralmente de nosotros, cuando Cristo fue crucificado, Pilato, tuvo que reconocer: “[Jesús] ¿qué mal ha hecho?” (Mt. 27:23). Y cuando es llevado a la cruz, el acta del decreto de condenación (Col. 2:14) de Cristo dice: “Este es Jesús, el Rey de los Judíos” (Mt. 27:37).

Fue condenado por la verdad, los dirigentes judíos no le querían por lo que Él proclamaba, pero no hallaron en Él tacha alguna.

21.  El que hace discípulos tiene que tener el deseo de servir a Dios.

Tengo realmente un entusiasmo de corazón por el hecho de ser obediente a la voluntad de Dios, en lo que queremos marcar el énfasis es en la actitud de uno hacia el servicio.

Mi servicio al Señor nace de un corazón agradecido hacia Él o por motivaciones incorrectas. Si hay un deseo genuino por nuestro servicio hacia Él, no habrá en nosotros ni condiciones (Lc. 9:57-62), ni pretensiones (Mr. 10:35-40).

22.  El que hace discípulos no debe estar motivado por el orgullo.

Cuán difícil se discernir la línea de respeto y admiración vs. la soberbia, la vanidad del que está en autoridad.

El líder ganará el respeto de los suyos por la gracia de Dios (Jo. 4:14), será responsabilidad del líder administrar esta gracia de Dios, o bien, usarla para su provecho.

23.  El que hace discípulos no debe ser dominante.

La idea de ser dominante se ve mejor en el señorío que se ejerce sobre otros (III Jn. 9, 10). Debemos guiar al rebaño, no empujarlo.

El resultado final que deja el ejercer dominio sobre los discípulos es la perpetua dependencia de éste sobre su mentor. Nosotros queremos formar líderes, no seguidores.

24.  El que hace discípulos tiene que ser un ejemplo.

Este punto resume todos los otros principios, los une a todos. Al asegurarnos en cumplir los anteriores principios podemos descansar que el ejemplo de uno es lo que debe ser.

Es acá donde comienza el ministerio de transferir una vida.

Comentario de Nehemías por el Dr. J. Vernon McGee

Compartimos los estudios del Dr. J. Vernon  y de su ministerio: “A través de la Biblia”, en esta ocasión las notas y comentarios del libro de Nehemías.

También puedes ir a este link y tener otros estudios de este mismo autor.

Estos estudios están disponibles en Obrero Fiel, el audio de acá está ligado con esa página. Lo puedes oír desde acá mismo.

La descarga de los archivos lo puedes hacer más abajo en el link que disponemos para este fin.

Capítulo 1 - ESCUCHAR COMENTARIO DE 1:1-6…..1:7-2:16

Capítulo 2 - ESCUCHAR COMENTARIO DE 1:7-2:16…..2:17-3:4

Capítulo 3 - ESCUCHAR COMENTARIO DE 2:17-3:4…..3:5-26…..3:28-32

Capítulo 4 - ESCUCHAR COMENTARIO DE 4:1-23

Capítulo 5 - ESCUCHAR COMENTARIO DE 5:1-19

Capítulo 6 - ESCUCHAR COMENTARIO DE 6:1-19

Capítulo 7 - ESCUCHAR COMENTARIO DE 7:1-73

Capítulo 8 - ESCUCHAR COMENTARIO DE 8:1-18

Capítulo 9 - ESCUCHAR COMENTARIO DE 9:1-38

Capítulo 10 - ESCUCHAR COMENTARIO DE 10:1-13:31

Capítulo 11 - ESCUCHAR COMENTARIO DE 10:1-13:31

Capítulo 12 - ESCUCHAR COMENTARIO DE 10:1-13:31

Capítulo 13 - ESCUCHAR COMENTARIO DE 10:1-13:31

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La doctrina que Jesús enseñó (Parte 2)

Esta es la continuación del último artículo de este tema (Salvación por Señorío). Más abajo puede acceder a todos los artículos.

EL SERMON DEL MONTE (Mateo 7:13-14)

Tal como lo explica MacArthur, “la salvación es una elección que cada persona debe efectuar, pero no es solo una decisión momentánea en el sentido en que, a menudo, la consideramos…en la culminación de todo lo que tenia para decir en el Sermón del Monte, el Señor demanda que cada persona elija entre seguir al mundo por el camino de fácil transitar, o seguirle a él por el camino difícil. En ninguna otra parte de la Escritura encontraras una definición más clara del evangelio según Jesús” (p. 180).

MacArthur enseña que “Cristo es la puerta; Él es el camino (página 181). Por primera vez en su libro finalmente llega a mencionar el evangelio tal como lo define Pablo en 1 Corintios 15. Acertadamente observa “que es la única base de la salvación. La muerte de Cristo sobre la Cruz pagó el precio por nuestros pecados (1 Corintios 15:3), y su resurrección revele que había conquistado la muerte (1 Corintios 15:20)” (p. 181).

Aún así, MacArthur insiste en que “entrar por la puerta estrecha no es fácil. El señala que, cuando se le preguntó: “Señor, ¿son pocos los que se salvan?”, el Señor respondió: “Esforzaos a entrar por la puerta angosta” (Lucas 13:23). Luego agrega que la palabra griega traducida “esforzaos” implica “una lucha agonizante, intensa, con un propósito” (p. 182). “El reino de Dios no es para personas que quieren a Jesús sin ningún cambio en sus vidas. Es solo para aquellos que lo buscan de todo corazón, aquellos que agonizan por entrar. Muchos de los que se acercan a la puerta, al descubrir el costo se alejan. No sea que alguna persona objete que esto es salvación por el esfuerzo humano, recuérdese que es solamente la capacitación de la gracia divina la que otorga el poder a una persona para que atraviese la puerta. En el quebrantamiento de un arrepentimiento concedido divinamente, en la pobreza de un espíritu humilde conferido divinamente, el poder de Dios se convierte en la fuente” (p. 183).

MacArthur es inexorable en cuanto a que “la salvación requiere una transformación total…produce un cambio de vida (p. 183). …Cuando una persona se convi­erte en creyente le declara la guerra al infierno, y el infierno devuelve el ataque. El seguir a Cristo puede costar la vida misma de una persona—ciertamente costará la vida de uno en el sentido espiritual. Necesitan solicitarlo los quebrantados de corazón y comprometidos” (p. 185).

No hay duda que, al final del Sermón del Monte, el Señor coloca dos puertas delante de la gente, dos caminos que conducen a dos destinos. Tal como lo declara MacArthur, Cristo es la puerta y el camino, pero asume que el “esforzarse” para entrar es una referencia en cuanto a agonizar por cambiar el estilo de vida de uno. Esto no tiene por que ser verdad en absoluto. La manera de entrar es confiar en Jesucristo. La idea de esforzarse es la de, buscar con vehemencia hacerlo, conver­tido en una prioridad, y evitar ser indiferente en cuanto a ello. La idea que Jesús establece es la de esforzarse para entrar, lo cual se hace por la fe, no esforzarte para que cambies tu vida. ¿Esforzarte para cambiar tu estilo de vida no sería salvación por el esfuerzo propio?

EL SERMON DEL MONTE (Mateo 7:21.23)

Jesús advirtió que no todo el que dice “Señor, Señor”, o que inclusive hace milagros poderosos, entrara en el reino de los cielos (Mateo 7:21-22). Él les dirá, “nunca os conocí…hacedores de maldad” (Mateo 7:23), y no hicieron la voluntad de mi Padre que está en los cielos (Mateo 7:21). El comentario de MacArthur sobre este pasaje es que lección aquí es que, si una persona vive una vida injusta de desobediencia, no importa lo que digas, o las buenas cosas que haya hecho, es un incrédulo en peligro de condenación eterna. Esta es una advertencia muy fuerte, pero es una parte indispensable del evangelio según Jesús”. Por medio de eso, quiere decir que una persona que dice sin hacer, y escucha sin obedecer, no es creyente (pp. 189-192). “Esta es una repetición final del tema central del Sermón del Monte—que aquellos que no manifiestan una justicia genuina no entraran en el reino de los cielos” (p. 192).

Debemos admitir que las personas a las cuales Jesús les habló en Mateo 7:21-23 practicaban el libertinaje, pero ese no era el problema radical de ellos. Su problema fundamental era que no habían hecho “la voluntad de mi Padre que está en los cielos” (Mateo 7:21) y, consecuentemente, nunca habían conocido a Cristo (Mateo 7:23). La pregunta es: ¿Cuál es la voluntad de mi Padre que está en los cielos?”

Esa es una frase poco común en el Nuevo Testamento. La Escritura habla a menudo de la voluntad de Dios, pero solo raras ocasiones acerca de la voluntad del Padre. Jesús mismo nos dice: “Y este es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero. Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en el, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero” (Juan 6:39-40). La voluntad del Padre es creer en el Hijo y, así, conocerle. Esa es la idea de Mateo 7:21-23.

Obsérvese cuidadosamente que MacArthur está enseñando que obedecer a Cristo es una parte “indispensable” (p. 189) del evangelio. MacArthur define al que obedece come “el que considera la responsabilidad, el que entiende a que se está comprometiendo, y quiere hacerlo bien. Este es el hombre que oye y obedece” (Mateo 7:24) (p. 194). Aunque MacArthur dice repetidas veces que no cree en la salvación por obras, lo que dice en este capítulo, como así también en otros lugares del libro, suena come que si cree. Lo que escribe es, en su mejor aspecto, descui­dado y confuso, y en Io peor del mismo, la salvación por obras. El sí dijo que alguien lo acusaría de enseñar la salvación por obras (pagina xiii). Con seguridad uno puede ver por qué pensó eso.

DISCIPULADO

La tesis de MacArthur es que “cada creyente es discípulo” (p. 196). Cualquier distinción entre creyente y discípulo es “puramente artificial” (p. 196), y un llamado al discipulado cristiano definitivamente demanda “dedicación total”. Es una consagración plena sin guardarse nada de manera consciente o deliberada” (p. 197). Lo que sigue es un poco confuso. En cierto momento parece estar argumentando que estos son requisitos del discipulado o condiciones de la salvación. Por ejemplo, dice: “Nuestro Señor aún les enseñó que implicaba la fe de ellos en la salvación, y les recordaba constantemente del compromiso que habían hecho cuando escogieron seguirle a Él”  (p. 198). Por otra parte, señala que discipulado significa confesar a Cristo delante de los hombres, y luego pregunta: “¿Significa eso que la confesión delante de los hombres es una condición para convertirse en un creyente verdadero?

No, pero quiere decir que una característica de todo creyente genuino es que él o ella si confiese a Cristo delante de los hombres… La confesión es una obra humana; es impulsada por Dios, subsecuente al acto de creer, pero inseparable del mismo. Nuevamente, es una característica de la fe verdadera, no una condición adicional de la salvación” (pp. 198, 199).

El niega que la confesión sea una condición para convertirse en creyente, pero declara que es “inseparable” del hecho de creer. ¡A menos que el “creer” no sea necesario para la salvación, esto es una confusión total!

La falacia en el argumento de MacArthur es que no hay diferencia entre ser “creyente” y “ser discípulo”, entre la filiación y el discipulado. Pero la Escritura enseña que, en el momento en que una persona cree, se le da la dádiva de la vida eterna (Juan 3:16; Juan 3:37, etc.). Ser discípulo es algo totalmente diferente. La palabra griega traducida “discípulo” quiere decir aprendiz, alumno. Cuando se utiliza para designar a un aprendiz de Cristo, el término tiene una variedad de significados. En un sentido, su significado evoluciona. Al principio, se usa en un sentido general con relación a cualquier persona que aprende de Cristo (Mateo 8:21; Lucas 16:17; Juan 4:1). Aparentemente, algunos de estos discípulos ni siquiera eran salvos (Juan 6:60-66). Todos estos aprendieron de Cristo, pero no viajaron con Él. La palabra discípulo también se utiliza específicamente con relación a los doce apóstoles que abandonaron sus ocupaciones y viajaron con Cristo (Mateo 4:18-20; Mateo 10:1; etc.). Así que, en los evangelios, un discípulo era cualquier persona, desde un simple aprendiz que no confiaba en Cristo hasta un compañero constante que viajaba con Él.

Algunos, obviamente, no aprendieron mucho; por lo tanto, Cristo tuvo que definir que era un verdadero aprendiz, es decir, un discípulo genuino.

Para aprender realmente, una persona debe hacer más que llamarse estudiante y escuchar a un maestro. Hay una vasta diferencia entre anotarse en una clase y verdaderamente aprender la lección. En el caso de aprender de Cristo, uno debe comenzar confiando en él (Juan 8:30). Pero simplemente confiar en Cristo para la vida eterna no garantiza que esa persona aprendiera de él; por eso, “…Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en Él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra serás verdaderamente mis discípulos” (Juan 8:31). La palabra traducida “verdad­eramente” quiere decir “realmente”. El verdadero discípulo no es solo uno que ha confiado en Cristo (Juan 8:30), sino uno que también ha comenzado a obedecer los mandatos de Cristo (Juan 8:31). En otras palabras, Jesús les dijo a los que creyeron y por lo tanto, tenían vida eterna: Ahora bien, si realmente quieren aprender, deben continuar en mi Palabra, es decir, obedecerme. Hay, pues, una diferencia entre ser “creyente” y ser “discípulo”.

Debería ser claramente obvio que hay una diferencia entre ser creyente y ser
discípulo. En el momento en que una persona confía en Cristo, se le otorga el don de la vida eterna (Juan 4:10 Romanos 6:23). Es justificado “gratuitamente” (Romanos 3:24; Apocalipsis 22:17). Por otra parte, ser discípulo tiene un precio (Lucas 14:28). Esto no es una paradoja, es una simple declaración de hecho.

Si aun existe alguna duda en cuanto a que haya una diferencia entre ser creyente y ser discípulo. Considérese cuidadosamente Mateo 28:19, 20. Unido al mandato de “hacer discípulos aparecen tres verbos: ir, bautizar y enseñar. El ir incluye presentarles a Cristo a las personas (comparar Marcos 16:15, 16). El bautismo identifica al creyente con el cuerpo de creyentes, tal como  un anillo de bodas identifica a la persona como casada. Enseñar es, por supuesto, instrucción. El proceso del discipulado, pues, involucra la presentación de Cristo a la persona, la identificación con el cuerpo de Cristo, e la instrucción en los mandatos de Cristo. Para decir lo mismo de otro modo, para que una persona sea discípulo, debe confiar en Cristo, ser bautizado, y comenzar a obedecer sus mandamientos. Si ser discípulo es lo mismo que ser creyente, entonces, para ir al cielo uno debe ser bautizado y obedecer los mandatos de Cristo.

SEÑORÍO

MacArthur afirma que “ciertamente la palabra Señor significa deidad donde­quiera que la Escritura, en conexión con el mensaje del evangelio, denomina a Jesús `Señor’. La verdad de que Cristo es Dios es un componente fundamental del mensaje del evangelio. Ninguna persona que niegue la deidad de Cristo puede ser salva (1 Juan 4:2, 3)” (p. 208). Luego dice que “pero en la idea de deidad esta inherente la autoridad, el dominio y el derecho de mandar. Una persona que vive en rebelión contra la autoridad de Cristo no lo reconoce como Señor en ningún sentido (comparar Tito 1:16)” (p. 208, 209). Insistiendo pues, en que el señorío “involucra las ideas de dominio, autoridad, soberanía y el derecho a gobernar”, MacArthur defiende que en la frase “confiese que Jesús es Señor de Romanos 10:9, está implícita la idea de que “la persona que se allega a Cristo para la salvación debe hacerlo en obediencia a Él, es decir, con una disposición a someterse a Él como Señor” (p. 207).

La palabra “Señor” en el Nuevo Testamento tiene una variedad de significados, incluyendo “señor”, “dueño”, “amo”, y “Dios”. Cuando se utiliza en relación a Cristo, frecuentemente significa “Dios”. La razón de esto, y la prueba de esto, es simple. En el Antiguo Testamento, los judíos no pronunciaban el nombre personal de Dios. En lugar de eso, decían “Señor” (Jehová). En la Septuaginta, la traducción griega del Antiguo Testamento, el término “Señor” se utiliza para el nombre de Dios; así que, la palabra “Señor” simplemente significa Dios. Al llamar a Jesucristo “el Señor Jesucristo”, el Nuevo Testamento le está atribuyendo deidad. Esa no es solo la opinión de los dispensacionalistas.  Están de acuerdo no menos que todos estos: el obispo Westcott, B. B. Warfield, J. Gresham Machen y, más recientemente el artículo en el Nuevo Diccionario de Teología Neotestamentaria (para citas y referencias véase El Señorío para Salvación ¿Es Bíblico? de G. Michael Cocoris, pp. 13,15). Tal como llegué a la conclusión en ese folleto sobre Señorío para Salvación publicado en 1983:

La idea es que el Nuevo Testamento está defendiendo que Jesucristo es Señor, es decir, que él es Dios y que como el Dios-hombre, es nuestro Salvador. La palabra “Señor”, en la frase “Cree en el Señor Jesucristo”, no se diferencia de un equivalente moderno tal como “pon tu confianza en el Presidente Reagan”. El término “Presidente es su título. Indica su posición y su capacidad para cumplir sus promesas. En forma similar, el término “Señor”, cuando se aplica a Jesucristo, indica su posición como Dios y, por lo tanto, su capacidad para salvarnos y concedernos la vida eterna (p. 15).

Quizá sería útil una ilustración. Utilizando el método de MacArthur, alguien podría decir que “Tenemos que creer en el Señor Jesucristo. El significado de Cristo es que Él es el futuro Rey davídico del reino. Por lo tanto, la implicancia es que, si no crees en Cristo como el futuro rey, no puedes ser salvo”.

Ni los términos que Jesús utilizó, ni la doctrina que enseñó, pueden sustentar la conclusión de que el evangelio según Jesús era el señorío para la salvación. Mas bien, Jesús mismo dijo: Todo el que cree en el unigénito tiene vida eterna (Juan 3:16).

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Los Evangelios son fidedignos (Los Evangelios Sinópticos)

LOS EVANGELIOS

1. Los Evangelios Sinópticos

Investiguemos más detalladamente los Evangelios. Ya hemos indicado algunas de las evidencias que pueden ofrecerse con relación a las fechas y la atestación temprana de ellos, y a esta altura hemos de ver qué puede decirse sobre sus orígenes y credibilidad. Sabemos que desde los comienzos mismos del cristianismo el estudio de los Evangelios se llevó a cabo con toda sinceridad y tenacidad. Ya en los primeros años del siglo segundo, Papías, obispo de Hierápolis, recogió datos sobre ellos y otros afines entre los cristianos que pertenecieron a una generación anterior a la suya, vale decir, entre personas que Habían conversado personalmente con los apóstoles. En el prefacio de una obra que Papías escribió en cinco volúmenes entre los años 130 al 140, titulada An Exposition of the Oracles of the Lord (Una Exposición de los Oráculos, o Dichos, del Señor), perdida en la actualidad, a no ser por unos pocos fragmentos citados por otros autores, dice:

Pero yo no vacilaré en escribir para vosotros, junto con mis

interpretaciones, todo cuanto aprendí de los Presbíteros,

garantizando su verdad. Porque yo no me regocijé con

aquellos que dicen mucho, como hace la mayoría, sino con

aquellos que enseñan la verdad; ni tampoco con los que

refieren los mandamientos de otros, sino en aquellos que

relatan los mandamientos dados por el Señor para la fe, y que

proceden de la misma Verdad. Además, si entretanto me salía

al encuentro alguna persona que había sido compañero de los

Presbíteros, les inquiría acerca de los dichos de los Presbíteros

— qué dijo Andrés, o Pedro, o Felipe, o Tomás, o Santiago, o

Juan o Mateo o cualquier otro de los discípulos del Señor; qué

dijo Aristión y el Presbítero Juan, los discípulos del Señor.

Porque yo supuse que lo que podría deducir de los libros era

de menos valor para mí que la viva voz de las personas

sobrevivientes todavía (iii.39).

Entre las muchas cosas que Papías aprendió de aquellos presbíteros, —o ancianos— figura la información relacionada con los orígenes de los Evangelios que hemos de considerar inmediatamente. Desde entonces hasta nuestros días los hombres han perseguido la misma finalidad, y han tratado de encontrar, no sólo toda la evidencia externa e interna que les ha sido posible sino que se han esforzado por descubrir todo aquello que se halla conectado con fuentes que van más allá de los Evangelios que han llegado hasta nosotros. No es posible negar la atracción que acompaña a este tipo de estudios llamado “Crítica de las Fuentes”. Pero la búsqueda de los orígenes del Evangelio y su reconstrucción hipotética, puede resultar engorrosa para el estudiante que tiene la tendencia a olvidar que los Evangelios actuales, tal como los tenemos desde el siglo primero en forma literaria, son más importantes que los documentos putativos que pueden ser sospechados de ser sus fuentes, ya sea porque han desaparecido, si es que existieron alguna vez, mientras que los Evangelios los hemos tenido siempre desde el principio hasta el presente. También ha de recordarse que la Crítica de las Fuentes, interesante como es, ofrece, necesariamente, resultados menos seguros que la Crítica Textual, debido a que debe admitir una cantidad tanto mayor de elemento especulativo. Vale la pena tomar buena nota de las palabras precauterales que apuntamos a renglón seguido, muy especialmente porque provienen del ya desaparecido eminente Profesor F. J. Foakes-Jackson, quien se distinguió como crítico del Nuevo Testamento:

Los escrituristas reconocen una variedad de fuentes de los

Evangelios y Hechos, cuando se trata del Nuevo Testamento.

Como lo hicieron sus antecesores con el Antiguo Testamento,

se percataron que para producir los libros hebreos y

cristianos, tal como los tenemos, se hizo uso de documentos

anteriores. Pero cuáles son tales fechas es asunto conjetural, y

para ello se inventaron símbolos que expresen lo que se

supone que ellos representan. Ingeniosa, y hasta científica

como es, sin duda, la Crítica de las Fuentes, es hipotética,

porque después de todo lo único que puede hacer es arriesgar

una conjetura de los documentos que se usaron, e imaginar el

método empleado por los escritores o redactores que

produjeron los libros actuales del Antiguo y Nuevo

Testamento (Joséphus and the Jetos, 1930, pág. xiii).

La verificación de los orígenes de nuestros Evangelios tiene un gran valor, siempre que se tengan in mente las limitaciones de este tipo de crítica literaria. Si las fechas que hemos sugerido en un capítulo anterior para la composición de los Evangelios son en lo más mínimo correctas, quiere decir, entonces, que no se produjo un lapso muy largo entre los anales evangélicos y los sucesos que relatan. Si, con todo, es posible demostrar con probabilidad razonable que los anales dependen de otros documentos anteriores, total o parcialmente, entonces el caso de la genuinidad de los relatos de los Evangelios queda muy robustecido.

El estudio comparativo de los Evangelios en sí conduce a ciertas conclusiones. No toma mucho tiempo constatar que los Evangelios constituyen dos agrupaciones naturales: los tres primeros forman un grupo, y el cuarto es uno por sí mismo, Más adelante hemos de considerar el problema del Cuarto Evangelio. Por ahora incursionaremos en los tres primeros, llamados Sinópticos desde los días de Johann Jakob Griesbach (1745-1812), por cuanto esos evangelios se prestan a ser arreglados o dispuestos sinópticamente, es decir, en una forma en que los tres pueden ser considerados en conjunto. No se necesita un estudio detallado para descubrir que los tres contienen una gran cantidad de material que les es común. Encontramos, por ejemplo, que del meollo de los 661 versículos con que cuenta Marcos, 606 aparecen en el de Mateo, y que unos 380 del de Marcos reaparecen en Lucas con muy poca variación. O, si lo observamos desde otro ángulo, de los 1068 versículos que contiene Mateo, unos 500 se encuentran en Marcos también; y de los 1149 de Lucas, unos 380 paralelan con Marcos. En Marcos aparecen solamente 31 que no tienen paralelos ni en Mateo ni en Lucas.

Si comparamos a Mateo y Lucas entre sí, constatamos que entre los dos contienen unos 250 versículos que no encuentran paralelo en Marcos. Este material se halla forjado en un lenguaje tal que es, a veces, prácticamente idéntico en Mateo y Lucas; otras, revela divergencias fundamentales, todo lo cual quiere decir que restan en Mateo unos 300 versículos que contienen narraciones y discursos que son peculiares a Mateo, y unos 520 versículos en Lucas que contienen material que no se encuentra en los demás evangelios.

Estos hechos son muy fáciles de comprobar. La especulación aparece cuando queremos explicarlos. En ciertas ocasiones el material común a dos o más de los Sinópticos es tan verbalmente exacto, que apenas se puede pensar que la identidad sea accidental. En el correr de la Inglaterra del siglo pasado se solía explicar que la identidad o similitud de lenguaje se debía al hecho de que los evangelistas reproducen el lenguaje del Evangelio oral primitivo, que fuera el proclamado en los primeros días de la Iglesia. Este es el punto de vista que explaya Alford por ejemplo en su Greek Testament (El Testamento Griego), y en Introduction to the Study of the Gospels (Introducción al Estudio de los Evangelios), por Wescott. Tal teoría cayó en desuso más tarde debido a que muchos fenómenos fueron explicados de un modo más adecuado mediante fuentes documentarías; pero hubo, y hay todavía, mucho que decir al respecto, y esa posición ha vuelto a reaparecer en nuestro día bajo un aspecto un tanto diferente con el nombre de Crítica de Formas.

La Crítica de Formas pretende recuperar “las formas” orales, “moldes” o “patrones” en que fueron volcadas originariamente la predicación y enseñanza de los apóstoles, aún antes de la circulación de las fuentes documentales que están más allá de nuestros Evangelios. Este método de investigación encontró popularidad desde los años de la guerra 1914-1918, y su valor ha sido exagerado en ciertos centros de investigación, aunque es verdad que de él surgen uno o dos puntos de importancia. Uno de ellos es que la hipótesis de las fuentes documentarías es en sí tan inadecuada para explicar todos los hechos, como lo fue “la teoría oral” expuesta por Alford y Wescott; porque es indudable que una gran parte de la popularidad reciente de la Crítica de Formas se debe a la poca satisfacción que proporcionaron los magros resultados de una centuria de trabajos diligentes realizados por la Crítica de las Fuentes.

Otro aspecto de importancia que enfatiza la Crítica de Formas es la tendencia universal existente en los tiempos antiguos que estereotipaba “las formas” en que se vaciaban la predicación y enseñanzas religiosas. Esa tendencia puede ser rastreada ampliamente en el antiguo mundo gentil y judío, y se halla presente, también, en el material de nuestros Evangelios. El Profesor F. W. Grosheide, de Amsterdam, Holanda, dice que “En los días de los apóstoles existía una predicación estereotipada (aramea y griega…) de los hechos y palabras de Jesús, y esta predicación, esta tradición oral es la que constituye la fuente principal de nuestros Evangelios Sinópticos” (Evangelical Quarterly, iii, pág. 64).

No nos agradan los estilos orales o literarios, estereotipados; preferimos la variedad; pero aún en nuestra vida moderna aparecen ocasiones en que se nos imponen estilos estereotipados. Cuando el oficial de justicia presenta evidencias en los tribunales, no adorna el relato con las gracias de la oratoria sino que se adhiere, hasta donde le es posible, al curso de los acontecimientos que narra. Lo que el relato carece en toque artístico, lo gana en exactitud. El estilo estereotipado de muchos relatos y discursos de los Evangelios tiene la misma finalidad: garantizar la exactitud del meollo. Resulta con frecuencia que los informes de incidentes y dichos similares, aparecen, muy parecidos, debido a que se ha preservado “una forma definida”. Pero no deducimos de esta similitud de lenguaje y de marcos que las dos narraciones similares son relatos duplicados de uno y del mismo suceso, o que dos parábolas semejantes, como la de la fiesta de bodas de Mateo 22:2 y sig., y la de la gran cena de Lucas 14:16 y sig., son, necesariamente, versiones variadas de una y la misma parábola; como tampoco llegaríamos a la conclusión que porque un agente de policía describe dos accidentes callejeros de automóviles, y emplea casi las mismas palabras y giros de expresión, ofrece, en realidad, dos versiones variadas de un sólo y mismo accidente.

Pero es probable que el resultado más importante que ofrece la Crítica de Formas es que jamás encontramos a un Jesús que no sea supernatural, no importa hasta dónde nos conduzcan las investigaciones practicadas en los vericuetos de las raíces de la narración evangélica, o en la forma en que se clasifique el material. La clasificación del material de nuestro Evangelio en “formas” no es, en modo alguno, la más apropiada; pero añade un método nuevo que agrupa un tipo de material a otros ya conocidos, y capacita observar que esta nueva clasificación rinde los mismos resultados que las demás, vale decir, las de las fuentes o las del material subjetivo. Estas agrupaciones revelan que todas las partes de los anales del Evangelio reflejan un cuadro consistente de Jesús como Mesías, el Hijo de Dios; todas concuerdan en enfatizar el significado mesiánico de todo cuando dijo e hizo y, citando al Profesor C. H. Dodd decimos que “Por más que excavemos en los estratos de los Evangelios, no podemos encontrar una tradición alternativa” “History and the Gospel”, La Historia y el Evangelio, 1938, pág. 103). Así es cómo la Crítica de Formas contribuye a desmoronar ” al Jesús liberal” tan acariciado por la teología anterior al año 1914, que era una ficción de la imaginación humana, totalmente distinto a la Figura del Hijo de Dios que retratan los cuatro Evangelios1. Antiguamente se descuidaba por lo general el Evangelio de Marcos por ser más breve que los demás y porque contiene poco que no pueda ser hallado en sus compañeros. Agustín, obispo de Hipona, dice, por ejemplo, que parece ser que Marcos hubiera seguido a Mateo “como si fuera su lacayo y compilador, por decir así” (De Consensu Evangelistarum, i.4). Pero quienquiera que analice una sinopsis de los Evangelios que muestre el material común dispuesto en columnas paralelas, constatará que, generalmente, es Mateo quien abrevia y no Marcos. Ya sabemos que Marcos omite más de la mitad del material que contiene Mateo; pero en el material que los dos tienen en común, Marcos es más completo que Mateo, por lo general. El estudio más detenido de los detalles lingüísticos y terarios de los Evangelios, realizados en los últimos años, hace pensar a muchos entendidos que en realidad Marcos resulta ser en su forma definitiva el más antiguo de los Sinópticos, y que sirve de fuente a Mateo y a Lucas. Esta “hipótesis marcana”, como se la llama, fue adumbrada en el siglo xvni; pero fué Carlos Lachmann (1793-1851), quien le dio bases estables en 1835 al demostrar que el orden de los tres Sinópticos es el orden de Marcos, puesto que Marcos y Mateo concuerdan, a veces, en orden contra Lucas; y Marcos y Lucas con frecuencia aún mayor contra Mateo, mientras Mateo y Lucas nunca concuerdan en orden contra Marcos. Parece ser, entonces, que Marcos es la norma de donde se desvían ocasionalmente los otros dos. A esto se debe añadir el hecho de que la mayor parte del material céntrico de Marcos reaparece en Mateo y Lucas y que conserva una buena parte del lenguaje de Marcos y que, en base a la crítica literaria, parecería que las diferencias de presentación del material común entre Marcos, por una parte, y Mateo y Lucas por la otra, se explican más fácilmente por la prioridad de Marcos, más bien que por la prioridad de Mateo o de Lucas. Pero, aunque la hipótesis marcana es la que impera todavía, ha sido puesta en tela de juicio por escrituristas de gran nombradía y habilidad. De allí que el gran erudito alemán Teodoro von Zahn sostenga que Mateo compuso su Evangelio primero en arameo; que nuestro Marcos griego fuera compuesto después dependiendo parcialmente en el arameo de Mateo, y que el arameo de Mateo fuera entonces vertido al griego con la ayuda del Marcos griego (Introduction to tifie New Testament, 1909, ii, pág. 601). El punto de vista que expresan Dom Juan Chapman en su obra Mateo, Marcos y Lucas, 1937, y Dom B. C. Butler en su “The Oñginality of St. Matthew’s Gospel (La Originalidad del Evangelio de San Mateo, 1951), es menos complicada que la de Zahn, porque hacen girar la teoría marcana sobre su eje, y arguyen la dependencia de Mateo sobre el Marcos griego, y la de Lucas sobre el Mateo griego.

No es posible presentar la fuerza de la hipótesis marcana en una o dos sentencias; la evidencia es acumulativa, y se la puede apreciar mejor estudiándola en una buena sinopsis, preferentemente griega, aunque una buena porción de la evidencia se echa de ver en una versión inglesa que esté al día, —y en una buena española, diríamos nosotros, si es que está al día, también—, sinopsis en que los tres Evangelios están distribuidos paralelamente entre sí y que esté libre de prejuicios en favor de una u otra hipótesis. Los estudiantes de griego deben examinar los datos lingüísticos tal como los ofrece Sir John Hawkins en la segunda edición de 1909 de su Horae Synopticae, junto con la sinopsis. El desaparecido Profesor J. H. Ropes dice que la hipótesis marcana es “el único resultado seguro que surge de la vasta e incesante labor invertida en el llamado Problema Sinóptico y que se ha producido en la totalidad de los últimos cien años, y aún más” (The Synoptic Gospels, 1934, pág. 93).

Ya sea que aceptemos esta conclusión o no, no resulta tan sorprendente, como podría aparecer al primer golpe de vista, que Marcos, o algo muy semejante, haya sido empleado como fuente por los otros dos Sinópticos, cuando pensamos en lo que Marcos es en realidad. En su Historia Eclesiástica (iii.39), Eusebio preserva unas pocas sentencias escritas por Papías en las que el obispo de Hierápolis relata el origen del evangelio que nos ocupa, y dice haber recibido la información de una persona a quien denomina “el Presbítero”:

Marcos, siendo el intérprete de Pedro, escribió con precisión

lo que éste Pedro mencionó, ya fuesen dichos o hechos de

Cristo; aunque no lo hizo ordenadamente. Porque él no fué ni

un oyente ni un compañero del Señor; pero más tarde, corno

dije, él acompañó a Pedro, quien adaptó sus enseñanzas a las

necesidades que se presentaban, no como quien efectúa la

compilación de los Dichos del Señor. De modo que al escribir

las cosas que Pedro le mencionó, Marcos no se equivocó,

porque prestó atención a una sola cosa: no omitir nada de lo

que había oído, ni incluir ninguna aseveración falsa.

Esta referencia ha recibido mayor luz en el correr de los últimos años. Ciertos críticos de formas, deseosos de encontrar qué hay detrás del Segundo Evangelio, lo han enfocado como si estuviera formado simplemente por narraciones y dichos independientes transmitidos oralmente en la Iglesia Primitiva, y enlazados por una especie de cemento editor en la forma de sumarios generalizados sin ninguna clase de valor histórico. El profesor C. H. Dodd examinó esos “sumarios generalizados” en un artículo que publicó en el Expository Times, xliii, pág. 396 y sig., de junio de 1932, titulado “The Framework of the Cospel Narrative”, o sea “El Armazón de la Narración del Evangelio”, en el que señala que, lejos de ser inventos editoriales, constituyen el bosquejo consecutivo de la narración del Evangelio, si es que se los une entre sí. Ahora bien: en algunos de los primeros resúmenes de la predicación cristiana que aparecen en el libro de Hechos, llamados “Kerygma”, damos con bosquejos que son similares o bosquejos que son parciales de la narración evangélica (Hechos 2:14 y sig., 3:12 y sig., 10:36 y sig., 13:16 y sig., como también 1ª Corintios 11:23 y sig., 15:3 y sig.). Estos bosquejos, que aparecen en Hechos y en las Epístolas, cubren el período comprendido entre la predicación de Juan el Bautista y la Resurrección de Cristo, y dan más énfasis a los relatos de la Pasión. Pero esta es precisamente la finalidad del Segundo Evangelio donde el bosquejo está relleno con incidentes que ilustran la vida de Cristo, tal como se emplean generalmente en la predicación. Parece ser, entonces, que Marcos es una exposición del relato evangélico, por decirlo así y, hablando en forma generalizada, tal como se exponía en los tiempos de la Iglesia Primitiva de modo que, frente a la descripción que Papías refiere de Marcos como intérprete de Pedro, vale la pena observar que Pedro es el predicador principal del Evangelio en los primeros capítulos de Hechos. En una serie de estudios lingüísticos de precisión realizados por el Profesor C. H. Turner, titulados “Marcan Usage” (“Usos Márcanos”) y publicados en el Journal of Theological Studies de los años 1924 y 1925, se explaya aún más la autoridad petrina que trasluce el Evangelio de Marcos, y muestran, entre otras cosas, cómo el empleo del indefinido “ellos” por parte de Marcos, parece traducir con frecuencia el recuerdo del “nosotros” de Pedro. Puesto que Pedro fué el dirigente de los Doce Apóstoles que fueron los compañeros permanentes del Señor durante el período que cubre el Evangelio de Marcos quiere decir que las credenciales de este Evangelio son de un muy alto valor2.

El punto de vista que aboga que Marcos lleva sobre sí el peso de los otros dos Sinópticos no es tan diferente, en esencia, del ángulo más antiguo que sostenía que los elementos comunes a los tres Sinópticos corresponden a la predicación oral generalizada en la Iglesia Primitiva. Marcos es, en gran parte, esa predicación oral estampada en manuscritos. Pero la disposición en que la predicación oral aparece en Mateo y en Lucas es, en forma considerable, el modo que Marcos le ha impreso quien no sólo actuó como intérprete de Pedro, traduciendo, presumiblemente, el arameo galileo de Pedro al griego, sino escribiendo, también, la substancia de la predicación tal cual la escuchó de los labios de Pedro. (Esto no quiere decir que en el Segundo Evangelio no haya nada, necesariamente, que no sea lo que Marcos aprendió de Pedro). Mucho puede decirse en favor del punto de vista que sostiene que este Evangelio fue escrito en arameo primeramente y luego vertido al griego, forma en que ha llegado hasta nosotros. “Marcos es el más arameo de los Evangelios”, dice el Dr. W. P. Howard en la obra Grammar of the New Testament de Moulton y Howard, ii (1929), pág. 481, y otros eruditos suministran argumentos sanos que corroboran el punto de vista que afirma que el griego de Marcos trasluce muchos indicios que permiten entrever la traducción aramea.

El evangelio griego que poseemos revela el efecto perjudicial

de la influencia aramea en la pureza del estilo griego, y hasta

en la sintaxis y detalles expresivos, especialmente en

Marcos… Para mí resulta un enigma cómo una persona de

tan buena educación, que sabía tanto griego, pudo escribir de

su propia cabeza un estilo griego tan bárbaro. Por otra parte,

un hombre que supiera bien el griego y tradujera un libro al

arameo en forma más bien literal, es muy probable que

produjera exactamente el resultado que tenemos a la vista J.

H. Ropes, The Synoptic Gospels, págs. 96 y 98).

El Evangelio que se predicaba entonces dio más énfasis a lo que Jesús hizo más bien que a lo que dijo. La proclama que produjo la conversión de los judíos y gentiles consistió en Las Buenas Nuevas de que la muerte y triunfo del Salvador consiguió la remisión de los pecados y abrió el reino de los cielos a todos los que creyeran. Pero, una vez hechos cristianos, tuvieron que aprender mucho más y, en particular, Los Dichos de Jesús; y llama la atención que la mayor parte del material común a Mateo y a Lucas que no es marcano, consiste de Los Dichos de Jesús. Esta situación forjó la conjetura de otro documento anterior del cual Mateo y Lucas extrajeron el material que no es marcano pero que les es común, documento que se conoce generalmente por “Q”, que representa la palabra alemana Quelle que significa fuente, y que enfoca una colección de Dichos de Jesús. Cualquiera sea la veracidad acerca de tal documento, conviene usar a “Q” como el símbolo que denota a este material que es común a Mateo y a Lucas, pero que no es marcano. El griego revela evidencias de que este material “Q” fue vertido del arameo. El Profesor T. W. Manson, de Mánchester, Inglaterra, que escribe con mucha autoridad sobre la materia, dice que, en su opinión, “cuanto más se estudian los datos que se poseen, tanto más se confirma uno mismo en la creencia de que detrás del ‘Q’ griego, existe un documento aramáico” (Expository Times, xlvii, 1935-1936, pág. 8). Sabemos que el arameo era lenguaje común en Palestina en los tiempos de Cristo, especialmente en Galilea, y que es muy probable que haya sido el que hablara el Señor y sus apóstoles. Los escritores neotestamentarios lo denominan “hebreo” por lo general, y no lo distinguen en nombre de la lengua hermana en que fué escrito el Antiguo Testamento. En otro fragmento de Papías encontramos la prueba de la existencia de un documento arameo de fecha más temprana aún, el que dice:

Mateo compiló la Logia en lengua hebrea’, [esto es, aramea],

y cada cual la tradujo lo mejor que pudo3.

Varias son las sugerencias propuestas para explicar el significado del término Logia que literalmente quiere decir Dichos u Oráculos; pero la explicación más probable es que se trate de una colección de los Dichos de nuestro Señor con un prefacio que relate los comienzos de su ministerio, y que lleve agregada alguna narración. El Profesor B. S. Easton sugiere que el Señor indicó personalmente que sus discursos fuesen memorizados (Christ in the Gospels, 1930, pág. 41). El fallecido Dr. J. Rendell Harris sugiere, en otro sentido, que se tomaron notas taquigráficas de los discursos del Señor (Expósitory Times, 1936-1937, xlviii, pág. 186). Estas ideas, que de ningún modo son inferencias de Papías, cuadran muy bien, sin embargo, con la evidencia que él presenta; porque entre los doce apóstoles nadie mejor que Mateo para actuar de taquígrafo puesto que había ejercido el cargo de recolector de impuestos, y la evidencia interna que indica que el idioma original de “Q” es el arameo, concuerda con la gran probabilidad de que éste fuera el lenguaje usado comúnmente por el Salvador, y también con la afirmación de Papías en el sentido de que Mateo compiló la Logia en arameo. La otra declaración de Papías de que cada cual tradujo lo mejor que pudo, da a entender que existían varias versiones griegas del mismo, lo que explica, en parte, ciertas diferencias que aparecen en los Dichos de Jesús comunes al Primer y al Tercer Evangelios; porque es posible demostrar que en muchos lugares donde el griego difiere entre estos evangelios, el arameo fundamenta las mismas variantes que las de las versiones griegas.

Otro hecho interesante que surge cuando intentamos de reconstruir el arameo original en que fueron hablados los Dichos de Jesús, tal como los encontramos en los Evangelios, es que muchos de ellos presentan características poéticas. Esos paralelismos se observan hasta en las traducciones, señal tan inequívoca de la poesía del Antiguo Testamento 5 porque vertidas al arameo dejan entrever un ritmo poético regular y, en ciertos casos, hasta rima. El fallecido Profesor C. F. Burney recalca especialmente el hecho en su obra The Poetry of the Lord, (La Poesía del Señor, 1925). Porque resulta más probable recordar un discurso trazado sobre un plan fácilmente reconocible, y es dable suponer que Jesús usara la poesía para que los discípulos memorizaran sus enseñanzas. Citamos, además, al Profesor Dodd cuando dice, “Puesto que Jesús apareció como un profeta entre sus contemporáneos, y los profetas acostumbraban presentar los oráculos en forma versificada, resulta perfectamente creíble que poseamos algo que se asemeja a la ipsissima verba del Señor” (History and Gospel, pág. 89 ysig.)-

Todo esto quiere decir que, del mismo modo que dimos con razones que ponen al descubierto la autoridad de evidencias contemporáneas que fundamentan la narración del Evangelio que Marcos conserva, los Dichos del Señor aparecen reforzados por una autoridad que es igualmente admisible. Pero, en adición a los discursos de Mateo que encuentran ciertos paralelos con los de Lucas, existen otros que ocurren en el Primer Evangelio solamente y que, para los fines de la conveniencia, pueden ser rotulados con la letra “M”. En su obra The Four Gospels, (Los Cuatro Evangelios), 1924, B. H. Streeter considera que “M” es una fuente separada, y otros críticos adoptan la misma postura. Sin embargo, no faltan quienes creen que se trata de una posición innecesaria. Existe otra posibilidad que fué expresada por W. C. Alien hace más de treinta años en una obra que tituló Oxford Studies in the Synoptic Problem, (Estudios de Oxford sobre el Problema Sinóptico) (edic. W. Sanday, 1911), págs. 233 y sig.), y más recientemente por el Profesor Easton en The Cospel before the Gospels, (El Evangelio antes que los Evangelios), 1928, pág. 26 y Christ in the Gospels, (Cristo en los Evangelios), pág. 16, en el sentido de que “M” formó parte originariamente de la misma colección de Logias que “Q”. Pero resulta que “Q” muestra también indicios inconfundibles de ser una versión del arameo, como lo es “M”. El hecho de que no haya nada, o muy poco, en Lucas que corresponda a “M”, puede ser explicado con bastante suficiencia por el hecho de que las referencias judías son más explícitas con respecto a los discursos “M”, desde que no sirven los fines que lleva el Tercer Evangelio. Esto quiere decir que la compilación de la Logia que menciona Papías ha sido enfocada con las evidencias constituidas por los Dichos de Jesús, tal como aparecen en forma negativa en “Q” y en “M” y que incluyen, posiblemente, citas del Antiguo Testamento usadas como pasajes demostrativos o “Testimonios” mesiánicos. También es posible que Marcos haya conocido esa “Logia Mateana” y que la haya usado para preparar su Evangelio.

La dependencia que se sugiere tuvo Marcos sobre la obra aramea da Mateo, seguida por la dependencia del griego de Mateo sobre Marcos, ofrece “un problema de gran complejidad”, al decir del Profesor Easton, “que nunca llegará indudablemente, a una solución final’ pero no debemos olvidar que el problema existe” (Christ in the Gospels, págs. 19 y sig.). Tal dependencia satisface a la hipótesis marcana, por una parte y, por la otra, a los argumentos que Zahn, Chapman y Butler emplean para fundamentar sus teorías en lo que respecta a las relaciones que guardan los dos primeros Evangelios.

Según esta última posición, el Primer Evangelio representa la substancia de la predicación apostólica, narrada por Marcos y expandida por la incorporación de otro material y, en particular, por una versión de la Logia de Mateo que circuló originariamente entre las comunidades judío-cristianas de Palestina, según parece. El plan de Mateo se basa en el arreglo del material que contiene los discursos, dividido en cinco secciones principales, cada una de las cuales termina con frases como esta: “Y fue que, como Jesús acabó estas palabras…” (Véase Mateo 7:28; 11:1; 13: 53; 19:1 y 26:1). El Dr. Levertoff explica este arreglo diciendo que el Primer Evangelio representó una Tora nueva para los judío-cristianos, dividida en cinco porciones como la Tora mosaica, y que “la secuencia de los hechos que narra Mateo corresponden cronológicamente con el calendario litúrgico judío” New Commentary on Holy Scripture, (Nuevo Comentario sobre la Sagrada Escritura, por Gors, 1928: Nuevo Testamento, pág. 129).

Aunque varios de los Dichos de Jesús que aparecen en ¿Lucas son casi similares verbalmente a los que encuentran en Mateo (véase Lucas 10:21 y sig., con Mateo 11:25-27), y otros son razonablemente parecidos, en cambio, otros muestran diferencias considerables y no es necesario suponer que para los últimos el Primer y el Tercer Evangelio dependieron entre sí, sobre la misma base documental. Por ejemplo: No es probable que las versiones mateanas y lucanas de las Bienaventuranzas procedan del mismo documento (véase Mateo 5:3 y sig., con Lucas 6:20 y sig.). Contamos con la propia afirmación de Lucas en el sentido de que fueron muchos los que tentaron trazar un relato de la historia de los Evangelios (Lucas 1:1), y no es necesario apurar la posición en el sentido de que todo el material que no es marcano, que en alguna forma pertenece a Mateo o a Lucas, tiene que haber derivado de una sola fuente escrita. Parecería que Lucas hubiera conocido la Logia de Mateo en época muy temprana y, evidentemente, en una o más de sus versiones griegas. Pero él contó con otras fuentes informativas y a ellas debe particularmente las narraciones y parábolas que prestan el encanto y la belleza que son tan conspicuos en este Evangelio. A este material, tan característico de Lucas, se le puede asignar convenientemente el símbolo “L”.

La tradición más antigua afirma que Lucas era oriundo de Antioquía (véase más adelante el capítulo VII). Si fuera así, tuvo la oportunidad de aprender muchas cosas de los fundadores de la iglesia antioqueña, que fue la primera entre las gentiles (Hechos 11:19 y sig.). También puede haberse encontrado con el apóstol Pedro, quien visitó en cierta ocasión a esta iglesia (Gálatas 2:11 y sig.). Lucas revela un interés especial por la familia de Herodes. ¿Será porque conoció a Manaen, hermano adoptivo de Herodes Antipas y uno de los maestros de la iglesia de Antioquía? (Hechos 13:1). Además debe haber aprendido mucho del apóstol Pablo. Aunque el gran apóstol no era seguidor de Jesús antes de la crucifixión, con todo, debe haberse empeñado grandemente por conocer todo lo que pudiera informarle acerca de su Señor, después de convertido (véase el capítulo VI). ¿Acerca de qué conversarían Pedro y Pablo la quincena que pasaron juntos en Jerusalén alrededor del año 35? (Gálatas 1: 18). El Profesor Dodd contesta la pregunta diciendo que “sin duda no hablarían todo el tiempo acerca del tiempo” (The Apostolic Prea-ching and its Developments, La Predicación Apostólica y su Desarrollo Ulterior, 1936, pág. 26). Para Pablo fue una oportunidad magnífica escuchar la histeria de Jesús de labios de quien tenía datos de primera agua y de fuente tan insuperable.

Por otra parte, parece que Lucas vivió dos años en o cerca de Jerusalén mientras duró la última visita que Pablo hizo a Jerusalén antes de su arresto en Cesárea (véase Hechos 24:17). Si así fuera, esos años le ofrecieron la oportunidad única de acrecentar su conocimiento de Jesús y de la iglesia primitiva. El Profesor C. C. Torrey, de la Universidad de Yale, alega que fue durante esos años que Lucas reunió “una colección de documentos semíticos relacionados con la vida y obra de Jesús, los arregló con suma habilidad y luego los volcó al griego que constituye el Tercer Evangelio” (Our Translated Gospel, La Traducción de nuestro Evangelio, pág. ix). Pero aunque existen muchos aramaísmos en el griego del material especial de Lucas, un buen número de ellos no dejan entrever que provienen de documentos arameos escritos sino de una tradición aramea oral, que Lucas recibió de diversas informaciones palestinas. Harnack en particular, y otros investigadores también, .dan sus razones para creer que una gran parte de la información que Lucas emplea en el Tercer Evangelio y Hechos de los Apóstoles, la obtuvo de Felipe de Cesárea y de su familia (Hechos 21:8 y sig.). En su Historia Eclesiástica (iii. 31, 39), Eusebio informa que las cuatro hijas de Felipe gozaban fama en la iglesia de ser autoridades sobre la historia de los primeros tiempos de la iglesia, y lo afirma basado en la autoridad de Papías y de otros escritores primitivos. La narración de la Natividad, tal cual aparece en el primer y segundo capítulos de Lucas, depende tan evidentemente del punto de vista de María como la narración de la Natividad de Mateo depende del punto de vista de José, y puede haber sido recibida directamente dé la misma madre del Señor o, posiblemente, del discípulo amado que la recibió en su casa después de la Crucifixión (Juan 19:26 y sig.). B. W. Broomfield muestra de un modo especial en su obra John, Peter and the Fourth Gospel, (Juan, Pedro y el Cuarto Evangelio,) 1934, que Lucas es, de los tres Sinópticos, quien muestra un mayor número de contactos con el Cuarto Evangelio, detalle que puede comprenderse perfectamente bien si es que Lucas debe al apóstol Juan parte de su información. J. V. Bartlet en Oxford Studies in the Synoptic Problem, pág. 352 y sig., y el Profesor J. A. Findlay en The Gospel according to St. Luke, pág. 14, también sugieren la existencia de esa procedencia.

Luego, pasados esos dos años, Lucas acompañó a Pablo a Roma, donde aparece en compañía del gran apóstol junto con Marcos alrededor del año 60 (Colos. 4:10, 14; Filemón 24). El contacto que mantuvo con Marcos entonces es prueba suficiente como para dar razón de la procedencia de los relatos márcanos. Este resumen del modo cómo pudo haberse trazado el Tercer Evangelio se basa en evidencias bíblicas que concuerdan perfectamente bien con la evidencia interna de este libro, fundadas sobre la crítica literaria que B. H. Streeter formula en su obra The Four Gospels, (Los Cuatro Evangelios), 1924, y el Dr. Vincent Taylor en la suya, Behind the Third Gospel, 1926. La evidencia presentada por ellos sugiere que Lucas amplió su primera versión de la Logia mateana, agregando la información que consiguió posteriormente de otras fuentes, especialmente en Palestina. El primer bosquejo que trazó, formado por “Q” -f- “L” lleva el nombre “Proto Lucas”, aunque no existen pruebas de que jamás haya sido publicado separadamente. Según los autores mencionados, quedó ampliado posteriormente por la inserción de grupos de materiales en bloque provenientes de Marcos, especialmente en aquellos lugares donde no traslada el material de Marcos al que ya existía. Así, dicen, surgió el Tercer Evangelio que tenemos ahora. Lucas afirma en el Prólogo de su Evangelio que ha recorrido escrupulosamente toda la gama de los sucesos desde el principio, y es evidente que lo hizo puesto que tuvo a su alcance las mejores autoridades a su alrededor para luego compaginar el material a la manera de un historiador consumado. En el capítulo VII aparecen otros datos relacionados con el valor histórico de este Evangelio y de Hechos de los Apóstoles. También puede consultarse la obra de D. M. Mclntyre, Some Notes on the Gospels, (Apuntes sobre los Evangelios), 1943, págs. 24 y sig., y 28 y sig.

Jamás debemos caer en el error de suponer que una vez que hemos arribado a la conclusión sobre los orígenes de una obra literaria, sabemos todo cuanto se puede aprender sobre ella. La Crítica de las Fuentes no es nada más que la investigación que antecede al trabajo efectivo. ¿Quién pensará que ya se ha dicho todo lo referente sobre las obras históricas de Shakespeare por el hecho de que se hayan descubierto las fuentes? Igual sucede con los Evangelios: cualesquiera sean las fuentes, tenemos los Evangelios a la vista, cada uno como una obra literaria individual, con su propio punto de vista característico que es el que, en gran parte, contralora la elección y la preparación del material que contiene. Pero cuando tratamos de descubrir cómo fueron compuestos, es preciso tener mucho cuidado de no considerarlos como si fuesen compilaciones hechas a base de tijera y engrudo.

Cada uno de los Evangelios fue escrito teniendo presente ante todo un tipo determinado de lectores, con el objeto de presentar a Jesús de Nazaret como el Hijo de Dios y el Salvador del mundo. Marcos titula su trabajo, “Verdaderamente este hombre era el Hijo de Dios” (Marcos 15:39). Podemos imaginar muy bien cuan efectivo habrá resultado este testimonio en Roma donde, al parecer, este escrito vio la luz. Lucas, el médico gentil, que heredara las tradiciones de la narración histórica griega, compuso su obra después de investigar con diligencia para que los lectores supieran a ciencia cierta los orígenes de la verdad cristiana que se les presentaba, y consiguió infundir en su obra tal espíritu de amplia simpatía humana que son muchos los escritores que se han visto constreñidos a declarar, junto con Ernesto Renán, que el Evangelio de Lucas “es el libro más hermoso del mundo”. Mateo ocupa, por derecho, su lugar como cabeza del canon del Nuevo Testamento, porque ¿qué otro libro podría ocupar ese puesto tan apropiadamente como para constituir el eslabón entre el Antiguo y el Nuevo Testamento, y como la obra que proclama en palabras semejantes a las del primer libro del Antiguo Testamento cuando dice, “el libro de la generación de Jesús el Mesías, el Hijo de David, el Hijo de Abraham”? Éste es el más judío de los Evangelios, aunque está libre de todo particularismo nacional o exclusivismo religioso, porque es el que termina con la proclama victoriosa del Rey de Israel a sus súbditos, “Id, por tanto, por todo el mundo y haced discípulos de entre todas las naciones” (Mateo 28:19). (Véase el artículo del autor titulado “El final del primer Evangelio” en el Evangélica! Quarterly, xii (1940), págs. 203 y sig.).

Adolfo Harnack tiene un párrafo en su obra Date of the Acts

and the Synoptic Gospels que dice:

En cuanto a la forma, el libro de Mateo continúa siendo el

libro más antiguo del Evangelio’. Los otros conservan el

rango y la dignidad de tales porque fueron colocados

conjuntamente al Evangelio de Mateo, el cual, desde el

principio, y a desemejanza de los demás, pretende ser un libro

eclesiástico. En cuanto al lugar de origen del primer

evangelio, Palestina es el único que puede ser tomado en

consideración. Fue en ese país que el libro de los

judío-cristianos liberales se mantuvo frente a frente con los

escribas y fariseos. De ahí que no pueda haber surgido de

entre ‘los miríadas’ de judío-cristianos que se entrevistaron

con Pablo en su última visita, puesto que todos eran celosos

guardadores de la Ley, sino entre el círculo de judío-cristianos

helenistas que moraban en Jerusalén y Palestina y que

rastreaban su procedencia espiritual desde los tiempos de

Esteban, y de cuyo medio surgieron los misioneros que

primero predicaron (en Antioquía) el Evangelio a los gentiles.

Fue mediante tales cristianos, que abandonaron Palestina,

que el Evangelio de Mateo fue llevado al Asia Menor y otros

centros cristianos, después de ocurrida la gran catástrofe [es

decir, la caída y destrucción de Jerusalén en el año 70] (pág. 135).

Las evidencias ponen de manifiesto que las fuentes escritas de los Evangelios Sinópticos provienen de los alrededores del año 60 D. C. Varias de ellas pueden ser rastreadas hasta llevarlas a las notas que se tomaron de los discursos del Señor mientras las palabras brotaban de sus labios. Las fuentes orales proceden desde los mismos comienzos de la literatura cristiana, lo que quiere decir que, de hecho, todo el tiempo nos encontramos con evidencias que proporcionan testigos oculares. Los predicadores originarios del Evangelio supieron el valor que tiene el testimonio de primera agua, porque vemos que vez tras vez hicieron uso de él. La afirmación constante y confirmada que presentaban era, “Nosotros somos testigos de estas cosas”, y no puede haber sido cosa tan fácil inventar enseñanzas y hechos de Jesús en aquellos tiempos primitivos como ciertos escritores parecen suponer, cuando abundaban tantos discípulos que recordaban todo cuanto había dicho y hecho el Señor. La verdad es que las evidencias ponen de manifiesto que los cristianos primitivos tuvieron sumo cuidado de distinguir entre los Dichos de Jesús y sus propias inferencias. Cuando el apóstol Pablo discute el enojoso problema del matrimonio y el divorcio en la 1a. Corintios 7, por ejemplo, se cuida muy bien en hacer notar la distinción, “Yo, no el Señor” y, otra vez, “No yo, sino el Señor”.

Pero no sólo tuvieron que habérselas los predicadores primitivos con testigos amistosos; hubo otros que estuvieron menos dispuestos pero que también estaban enterados de los hechos principales del ministerio y muerte de Jesús. Los discípulos no podían exponerse a la presentación de inexactitudes, — no digamos nada del manipuleo malicioso de los hechos, — que hubieran sido descubiertas de inmediato por quienes se hubiesen sentido más que felices de poder hacerlo. Pero sucedió todo lo contrario: uno de los puntos fuertes que surgen de la predicación originaria de los apóstoles, es la confianza con que apelan a los conocimientos que poseían quienes escuchaban. No sólo dijeron, “Nosotros somos testigos de estas cosas” sino que agregaron, “como vosotros mismos sabéis” (Hechos 2:22). Si hubiese existido cualquier tendencia a apartarse de los hechos de un modo efectivo, la presencia de posibles testigos hostiles entre el auditorio hubiera servido de correctivo posterior.

Quiere decir, por tanto, que los Evangelios Sinópticos ofrecen lo que estuvo compuesto en su mayoría unos cuarenta años después de la muerte de Cristo, material que ya había tomado forma en una época anterior, hasta antes de la muerte del Señor, y que, además de ser la mayor parte del material de primera mano, fue transmitido mediante tres o cuatro canales independientes entre sí y dignos de entera confianza y que concurren en la presentación que formulan de los hechos básicos de la fe cristiana. Cuerda triple que no es cosa fácil romper.

7 En mis obras, The Books and the Parchrnents, 1950, pp. 94 y sig., y The Growing Day, 1951, pp. 91 y sig., trato más ampliamente el problema de la canonicidad.

Temas anteriores

Tema # 1 El Canon del Nuevo Testamento

Tema # 2 Los Documentos del Nuevo Testamento, su fecha y atestación

Tema # 3 ¿Son fidedignos los documentos del Nuevo Testamento?

Tomado del libro: ¿Son fidedignos los documentos del Nuevo Testamento?, escrito por F.F. Bruce

Notas:

1 El Arzobispo William Temple, de la Iglesia de Inglaterra, dice que “Siempre me ha resultado un rrusterio el motivo que alguien haya podido haber tenido para crucificar al Cristo del Protestantismo Liberal” (Readings in St. Johrís Gospel, p. xxiv). Véanse también las observaciones agudas que formula el demonio Screw¬tape sobre “el Jesús histórico” en The Screwtape Letters, por C. S. Lewis, págs. 116 y sig., traducido al español bajo el título Cartas a un diablo novato.

2 Es probable que Marcos haya dejado estampado alguno de sus recuerdos personales. Se afirma generalmente que él es el joven que escapa a duras penas en el momento del arresto de Jesús (Marcos 14: 51 y sig.), y existe alguna base para pensar que la última cena tuvo lugar en casa de sus padres (véase Hechos 12:12).

3 Eusebio también lo conserva en su Historia Eclesiástica, iií.39.

4 Cuando el Señor Jesús pendía de la cruz, encomendó al Discípulo Amado el cuidado de su madre (Juan 19:26 y sig.). La comparación de Mateo 27:56 y Marcos 15:40 con Juan 19:25 sugiere que Salomé, la madre de Santiago y Juan, era la hermana de la madre del Señor. Era, pues, natural que Jesús encomendara a su primo el cuidado de su madre, primo que creía en Él, más bien que a sus propios hermanos que no creyeron en Él hasta después que resucitó de entre los muertos.

La Gran Necesidad de Dios

¨Y se maravillo Dios¨. Estas palabras son realmente sorprendentes. Lo atrevido de la idea es suficiente para dejar pasmado al cristiano, y forzarle las atención sobre el asunto, si es sincero, sea hombre, mujer o niño. ¡Un Dios que esta maravillado! Que extraordinario es esto, ¡Cuan atónito vamos a quedar en el momento que descubramos el porqué Dios se está maravillando!, nos decimos, Sin embargo cuando lo sabemos, al parecer, no nos causa mucha impresión. De todas formas, si lo consideramos con cuidado, nos daremos cuenta de que es una cosa de la mayor importancia para todo creyente en el Señor Jesús. No hay nada más, en realidad, que sea tan vital, de tanta trascendencia, para nuestro bienestar espiritual.

En aquella ocasión Dios ¨se maravillo de que no hubiera quien intercediese¨ (Isaías 59:16) o que ¨se interpusiese¨, que ¨se pusiera en la brecha¨ como dicen otras traducciones. Pero esto era en los días de antaño, antes de la venida de nuestro Señor Jesucristo ¨lleno de gracia y de verdad¨; antes del derramamiento del Espíritu Santo, lleno de gracia y poder, para ¨ayudar a nuestras flaquezas¨, para ¨interceder el mismo por nosotros¨. (Romanos 8:26) Si, y este maravillarse de Dios ocurrió antes de las asombrosas promesas de nuestro Señor respecto a la oración; antes de que los hombres supieran mucho sobre la oración, en los días en que los sacrificios por los pecados eran mucho más importantes en sus ojos que la suplica por los pecadores.

Por tanto, ¿Cuánto más maravillado debe sentirse Dios hoy? Porque, ¡cuán pocos son los que saben que es realmente la oración que prevalece! ¿Cuántos de los que decimos que creemos en la oración, creemos realmente en el poder de la oración?

Antes de dar un paso más adelante, el autor quiere suplicar al que lee este libro que no lo haga apresuradamente, un capitulo tras otro. No es esta la manera de leer y sacar provecho de este libro. Mucho, muchísimo, depende del caso que haga el lector del contenido del libro. Porque todo depende de la oración.

¿Por qué los cristianos nos consideramos derrotados con tanta frecuencia? La respuesta es: Porque oramos tan poco. ¿Por qué los miembros de las iglesias que somos activos nos hallamos desalentados alicaídos? Porque oramos tan poco.

¿Por qué vemos a tan pocos que son atraídos ¨de las tinieblas a la luz¨ por nuestro ministerio? Porque oramos tan poco.

¿Por qué nuestras iglesias no ¨están ardiendo¨ por el Señor? Porque oramos de veras con tan poca frecuencia.

El Señor Jesús tiene el mismo poder hoy que antes, que siempre. El Señor Jesús está deseoso de que los hombres sean salvos, hoy y siempre. Su brazo no se ha acortado para salvar; pero El no puede alargar este brazo a menos que nosotros oremos, oremos mas de verdad.

Podemos estar seguros de esto: ¨el secreto de todos nuestros fracasos es el fallo de la oración privada¨.

Si Dios ¨se maravillaba¨ en los días de Isaías, no tenemos de que sorprendernos de que en los días en que estaba sobre la tierra, nuestro Señor se ¨maravillara¨ también de la incredulidad de algunos, la cual le impedía hacer prodigios y milagros en sus ciudades (Marcos 6:6).

Pero hemos de recordar que aquellos que eran culpables de esta incredulidad no veían belleza en El para que le desearan y creyeran en El, como dice Isaías. ¡Cuánto más, puede , debe ¨maravillarse¨ hoy, cuando ve entre nosotros, que de veras le amamos y le adoramos, tan pocos que ¨invoquen su nombre, que se despierten para apoyarse en Dios¨ (Isaías 64:7). Sin duda, la existencia de un cristiano que prácticamente no ore es algo asombroso. Estos son días de extraños sucesos y presagios funestos. De hecho hay muchas evidencias de que se trata de ¨los últimos tiempos¨, en que Dios prometió derramar su Espíritu —el Espíritu suplica sobre toda carne (Joel 2:28). Con todo, la inmensa mayoría de cristianos apenas tiene idea de lo que ¨suplicación¨ significa: y muchas de nuestras iglesias no solo no celebran reuniones de oración, sino que sin sonrojarse consideran que no hay necesidad de tales reuniones y aun parecen tener lastima del que desea celebrarlas.

La iglesia Anglicana reconoce la importancia del culto de oración, y espera que sus ministros lean las plegarias de la iglesia cada mañana y cada noche.

Pero, cuando esto se hace, ¿no está con frecuencia vacía la iglesia? Y ¿no son leídas las oraciones a una velocidad que impide la verdadera adoración? Por la expresión ¨oración común¨ se entiende no oración que afecta a todos, sino otro significado: oración vaga e indefinida.

Y ¿Qué diremos de aquellas iglesias en que se celebran aun más las reuniones de oración semanales que se consideran ya pasadas de moda? ¿No podríamos decir también que son ¨débiles¨ estas reuniones? Recordemos que C. H. Spurgeon tenía el gozo de poder decir que cada lunes por la noche dirigía una reunión de oración ¨a la que asistían entre mil y mil doscientas personas de un modo regular¨.

Hermanos ¿hemos dejado de creer en la oración? Si en su iglesia aun se reúnen semanalmente para la oración, ¿no es un hecho que la gran mayoría de los miembros de la iglesia nunca asoman a la reunión? Si ni aun piensan en ir. ¿Por qué? ¿Quién tiene la culpa?

¡Solo es una reunión de oración¡ hemos oído decir muchas veces. ¿Cuántos de los que leen ahora estas líneas han asistido y disfrutado en una reunión de oración? ¿Se trataba de gozo o simplemente de un deber? Por favor, que se me perdone por hacer tantas preguntas y por señalar lo que me parece a mí son debilidades peligrosas y una deficiencia lamentables en nuestras iglesias. No estoy tratando de criticar, ni mucho menos condenar. Esto lo puede hacer todo el mundo. Mi anhelo es despertar en los cristianos el ¨deseo de apoyarse en Dios¨ como nunca antes. Lo que deseo es animar, estimular, elevar.

Nunca somos tan altos como cuando estábamos de rodillas. ¿Criticar? Quien puede atreverse a criticar a otro. Cuando miramos en nuestro propio pasado y vemos cuantos periodos de la propia vida se han deslizado sin oración, las palabras de crítica se desvanecen antes de llegar a los labios.

Pero creemos que  ha llegado la hora de dar un toque de corneta a los individuos y a la iglesia,  llamándolos… a la oración.

Ahora bien. ¿Vamos a atrevernos a afrontar este asunto de la oración? Parece una cuestión insensata, porque, ¿no es la oración una parte integrante de todas las religiones? Creo que debo pedir a los lectores que consideren este asunto con imparcialidad y franqueza. ¿Creemos realmente en el poder de la oración? ¿Es la oración, realmente ¨hacer mover la  mano que hace mover el mundo¨?

¿Me afectan de veras las órdenes respecto a  la oración que dio Dios? ¿Son validas todavía las promesas de Dios respecto ala  oración? Todos hemos musitando: ¡Si, si, si, mientras leíamos estas preguntas. ¿Nos  atreveríamos a decir no a algunas de ellas lo dudo, ¡pero sin embargo…!

¿Se le ha ocurrido alguna vez que Dios no dio  nunca ninguna orden innecesaria o una orden cuyo cumplimiento fuese dejado a  nuestra opción? ¿Creemos realmente que Dios no hizo nunca una promesa que no  pudiera o estuviera dispuesto a cumplir? Nuestro Señor dio tres grandes órdenes  de acción específicas: Orad… Id… Haced…

¿Las obedecemos? ¡Cuantas veces su orden  <<Haced>> es repetida por los predicadores de hoy! Parece como si  hubiera sido la única orden de dio. ¡Cuan pocas veces se nos recuerdan en  cambio <<Orad>> e <<Id>>. Y a pesar de todo, sin  obediencia al <<Orad>> no sirve de mucho ni <<Haced>>  ni <<Id>>.

De hecho se puede mostrar fácilmente que toda  falta de éxito, o sea, todo fracaso en la vida espiritual y en la obra  cristiana es debido a la falta de oración se trate de la calidad o la cantidad.  A menos que oremos rectamente no podemos vivir o servir bien. Esto puede  parecer una exageración a primera vista, pero, cuando más pensamos en ello, a  la luz de las escrituras, más nos convencemos de que se trata de una afirmación  correcta.

Ahora bien cuando comencemos a ver lo que la Biblia  tiene que decir sobre este tema tan maravilloso y lleno de misterio, nos  esforzaremos por leer alguna de las promesas del Señor, como si nunca las hubiéramos  leído antes. ¿Cuál será el resultado?

Hace unos veinte años el autor estaba  estudiando en un Seminario Teológico. Una mañana, temprano, un compañero de  estudios—que hoy es uno de los misioneros mas destacados de Inglaterra—,  Irrumpió en mi habitación llevando en alto una Biblia en la mano. Y aunque se  preparaba para el ministerio, era en aquel entonces un convertido a Cristo  reciente.

Este joven había ido a la universidad  diciendo que <<no le importaban nada estas cosas>>. Era muy  popular, listo, le gustaban los deportes, se había destacado entre sus  compañeros de curso en su <<collage>>, cuando Cristo le llamo.  Acepto a Cristo Jesús como su Salvador personal, y se hizo un fiel seguidor del  Maestro. La Biblia era un libro comparativamente nuevo para él, y al leerla  hacia constantemente <<descubrimientos>> en ella. En aquel día  memorable, en que invadió la calma de mi habitación, estaba gritando excitado,  con la cara radiante de gozo y asombro; << ¿Crees esto? ¿Es realmente  verdad?>> << ¿Qué es lo que debo creer?>> le pregunte, dando una mirada a la Biblia que tenia abierta, con poca sorpresa. <<Pues,  esto…>> me dijo, y leyó con emoción en San Mateo 21: 21-22 Si tenéis fe y no dudáis, no solo haréis esto…  sino que todo lo que pidáis en oración, creyendo, lo recibiréis. ¿Crees esto? ¿Es verdad? <<Si>>, le conteste con mucha sorpresa por su entusiasmo, <<naturalmente es verdad; por lo menos yo lo creo.

¡Pero, por mi mente cruzaron toda clase de ideas! <<Bueno>>, dijo él. <<esto es una promesa magnifica. Me parece a mí que no tiene límites. ¿Por qué no oramos mas?>> y se marcho, dejándome sumido en pensamientos profundos. Nunca había considerado estos versículos de esta manera. Cerrada la puerta, cuando el ávido seguidor del maestro ya se había ido, tuve una visión de mi salvador, de su amor y poder como no la había tenido antes. Tuve una visión de una vida de oración —si—, poder ilimitado, que vi que dependían solo de dos cosas, de la fe y la oración. En aquel momento estaba emocionado. Caí de rodillas e incline la cabeza ante mi Señor. ¡Que de pensamientos surgieron en mi mente, que de esperazas y aspiraciones inundaron mi alma Dios me estaba hablando de una manera extraordinaria. Era un gran llamamiento a la oración. Pero –me avergüenzo de decirlo—no hice caso a la llamada.

¿En que falle? es verdad que ore un poco más que antes, pero no pareció ocurrir nada nuevo. ¿Porque? ¿Fue porque no me di cuenta de las elevadas exigencias que el Salvador hace en su vida interior a aquellos que oran de modo triunfante?

¿Fue porque fracase en estar ala altura en mi vida del criterio del <<amor perfecto>> que se describe de un modo tan hermoso en el capitulo trece de la primera Epístola a los Corintios?

Porque después de todo, la oración no es simplemente poner en acción una gran resolución <<a orar>>. Como David, tenemos que clamar: <<Crea en mi, OH Dios un corazón limpio>> (Salmo 51), antes de que podamos empezar a orar bien. Y las inspiradas palabras del Apóstol del amor deben ser tenidas en cuenta hoy como antes: <<Amados, si nuestro corazón no nos reprocha algo, tenemos confianza ante Dios; y lo que pedimos lo recibimos de Él>>.  (1 de Juan, 3:21,22).

<<Esto es verdadero, lo creo. >> Si, ciertamente, es una promesa ilimitada, y, sin embargo, ¡Cuan poco la ponemos en acción, cuan poco reclamamos de Cristo. Y nuestro Señor se <<maravilla>> de nuestra incredulidad. Pero, si por arte de magia pudiéramos leer los evangelios por primera vez, ¡que asombrosos los encontraríamos! ¿No nos <<maravillaríamos>>? Así que hoy, paso este gran llamamiento al lector. ¿Quiere usted hacer caso de él? O ¿caerá en oídos sordos y quedara sin oración?

¡Hermanos, despertémonos! El diablo nos ha puesto una venda sobre los ojos. Se esta esforzando ahora mismo para que no nos encaremos en serio con esta cuestión de la oración. Estas páginas presentes han sido escritas porque se me hizo una petición especial. Pero, hace ya muchos meses de esta petición. Todos los esfuerzos que he hecho para empezar a escribir han sido frustrados hasta ahora, e incluso ahora el autor es conciente de una extraña reticiencia y dificultad para hacerlo. Parece sentir un poder misterioso que le retiene la mano. ¿Se da cuenta el lector de que no hay nada que tema tanto el diablo como la oración? Lo que quiere es impedirnos que oremos. No tiene ningún temor incluso cuando nos ve estudiando la Biblia con diligencia (siempre y cuando dejemos de orar al hacerlo). Alguien ha dicho con sabiduría <<Satán se ríe de nuestros esfuerzos, se burla de nuestra prudencia, pero tiembla cuando oramos>>. Esto es sin duda familiar para usted… pero, ¿ora usted de verdad? Si no, el fracaso le esta rodando, por mas obvio que sea el éxito suyo de momento.

No olvidemos que la mayor cosa que podemos hacer por Dios es orar. Porque podemos realizar mucho mas con nuestras oraciones que con nuestras manos. La oración es omnipotente; ¡puede hacer nada menos que todo lo que puede hacer Dios¡ Cuando nosotros oramos, El Obra. Todo rendimiento en el servicio es el resultado en la oración, de las oraciones del que obra o de aquellos que oran en favor suyo. Todos creemos que sabemos orar, pero, quizá la mayoría deberíamos clamar, como los discípulos hicieron un día: <<Señor, enséñanos a orar>>.

¡Señor, por quien a Dios nos allegamos

Eres la Vida, la Verdad y el Camino!

Enséñanos la vía que has andado

Incluso Tú. ¡Enséñanos a orar!

Tomado de: El Cristiano de Rodillas

Auotr: Anónimo

Los Tres Tiempos de la Salvación

Cuando llegamos a ser cristianos por primera vez la mayor parte de nosotros solamente puede pensar de un tipo de salvación, la salvación de nuestras almas. En nuestro estudio bíblico tratamos automáticamente de encajar este significado en cada uso de la palabra. Pero pronto nos damos cuenta de que no siempre encaja.

Entonces nos llegamos a dar cuenta de que la salvación es una palabra muy general que significa liberación, seguridad, o salud. En Filipenses 1:19, por ejemplo, Pablo la utiliza con respecto a su esperada liberación de la prisión:

Porque sé que por vuestra oración y la suministración del Espíritu de Jesucristo, esto resultará en mi liberación.

En Filipenses 2:12 la salvación significa algo muy diferente; significa la solución de un problema que se había suscitado en la iglesia de Filipos. Había surgido un serio caso de desunión (Fil. 2: 1-4; 4:2). Pablo recuerda a los cristianos que la respuesta al problema era que todos ellos adquirieran la mente humilde y sacrificada del Señor Jesús. Entonces les dice en el versículo 12:
Por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho más ahora en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor.

En otras palabras: “Os he mostrado el camino de la liberación del problema en que estáis sumidos. Ahora trabajad en su solución con temor y temblor.”

Hay tres pasajes en los que se utiliza salvación para describir la liberación de morir ahogado:

Entonces los marineros procuraron huir de la nave, y habían echado el esquife al mar, aparentaban como que querían las anclas de proa Pero Pablo dijo al centurión y a los soldados: Si éstos no permanecen en la nave, vosotros no podéis salvaros. (Hch. 27:30, 31).

Por la fe, Noé, cuando fue advertido por Dios acerca de cosas que aún no se veían, con temor preparó el arca en que su casa se salvase (He. 11:7).

. . . fue y predicó a los espíritus encarcelados, los que en otro tiempo desobedecieron, cuando una vez esperaba la paciencia de Dios en los días de Noé, mientras se preparaba el arca, en la cual pocas personas, es decir, ocho, fueron salvadas por agua (1 P. 3:19,20).

Pero los usos de la palabra “salvo” y “salvación” en que estamos primariamente interesados son aquellos que tienen que ver con la liberación del pecado. Este es el significado más normal en el Nuevo Testamento.

Tenemos que aprender aquí a distinguir los tres tiempos de la salvación: pasado, presente y futuro:
Pasado: Fui salvado de la pena del pecado.
Presente: Estoy siendo salvado del poder del pecado.
Futuro: Seré salvado de la presencia del pecado.

Tiempo pasado
Hay aquí algunos versículos que hablan principalmente de la salvación de la pena del pecado:

“Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios” (Ef. 2:8).

[Dios] quien nos salvó y llamó con llamamiento santo (2 Ti. 1:9).

Nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo (Tit. 3:5).

Nota: En estos tres ejemplos la palabra “salvo” está en tiempo pretérito. No obstante, hay otros versículos que hablan de nuestra liberación de la pena del pecado que no se hallan en tiempo pasado.

y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos (Hch. 4:12).

Que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo (Ro. 10:9).

Así que, uno tiene que decidir por el contenido del versículo más que por el tiempo del verbo si lo que allí se significa es el tiempo pasado de la salvación. Si de lo que se trata es de la liberación de-una-vez-por-todas de la condenación del pecado, entonces se sabe que es el tiempo pasado de la salvación.

Tiempo presente
Aunque es verdad que he sido salvado, también es cierto que estoy siendo salvado cada día. He sido salvado de la condenación; estoy siendo salvado de daño. He sido salvado de la paga del pecado; estoy siendo salvado del poder del pecado. He sido salvado mediante la obra acabada de Cristo en la Cruz; estoy siendo salvado mediante Su vida y ministerio en mi favor a la diestra de Dios. Esto es lo que se quiere decir, por ejemplo, en Ro. 5:10

Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, habiendo sido reconciliados, seremos salvos por su vida. (Ro. 510)

El tiempo presente de la salvación es muy igual a la santificación; el proceso de ser separados del pecado y de la contaminación y ser acercados hacia Dios. Es acerca de esta salvación como un proceso continuo que leemos en

Por lo cual puede también salvar completamente a los que por medio de él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos. (He. 7:25)

Tiempo futuro
Finalmente, existe el aspecto futuro de la salvación. Cuando nos encontremos cara a cara con el Señor seremos salvados de la presencia del pecado. Nuestros cuerpos serán redimidos y glorificados. Los siguientes versículos describen la gloriosa consumación futura de nuestra salvación:

Porque ahora está más cerca de nosotros nuestra salvación que cuando creímos (Ro. 13: 11).

Pero nosotros, que somos del día, seamos sobrios, habiéndonos vestido con la coraza de fe y de amor, y con la esperanza de salvación como yelmo. Porque no nos ha puesto Dios para ira, sino para alcanzar salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo (1 Ts. 5:8,9).

Así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan (He. 9:28).

[Vosotros] que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero (1 P. 1:5).

Los tres tiempos
Si se encuentra dificultad en acoplar un versículo a uno de los tres tiempos, recuérdese que podría ser aplicable a los tres tiempos a la vez. Aquí tenemos un par de ejemplos:

y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados (Mt. 1 :21).

En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa (Ef. 1:13).

Así que, en casos como estos no se tiene que escoger, debido a que se aplican con la misma fuerza a las tres fases de la salvación.

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